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Martes 27 / noviembre / 2012

Entrevista al Dr.Juan Carrizo Esteves, Rector de la Escuela Latinoamericana de Medicina

Filed under: entrevistas — José Pedro Martínez — noviembre 27th, 2012 — 11:27 PM

juan-carrizo-esteve.Entrevista al Dr.Juan Carrizo Esteves. Revista Cuba Internacional. 2012; No 1

La Habana, 27 nov. del 2012- El fallecido rector de la Escuela Latinoamericana de Medicina, Juan Carrizo, enfrentó el reto de la formación de médicos para el mundo con la pasión del joven que vive su primer amor.

Prensa Latina transmite íntegramente la entrevista que concediera el galeno y profesor titular, víctima la víspera de un tromboembolismo pulmonar a los 64 años de edad, al primer número de la revista Cuba Internacional de 2012.

Médicos para el mundo… formados en Cuba

Con casi 10 mil graduados para numerosos países, incluido Estados Unidos, la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) -en las afueras de La Habana- asume desde su apertura en 1999 una matrícula multinacional con recursos provenientes del Estado cubano.

Es conocida por sus resultados y yo diría que tiene un sello de calidad, humanismo e internacionalismo, expresó a Cuba Internacional , una publicación de la agencia Prensa Latina, el rector fundador de ese centro, Juan Carrizo, y para quien lo más importante es que se multiplique la experiencia en otras latitudes.

Sería bueno que otros siguieran el ejemplo de Cuba y Venezuela (la otra nación con una institución similar). Lo que pasa, lamentó, es que no todo el mundo tiene voluntad política de gastar su plata en ayudar al mundo.

Cuba Internacional (CI): ¿Cree usted que la ELAM tiene ya un sello? Si es así, ¿Cuál es?

Juan Carrizo (JC): La ELAM es vista como una bandera internacionalista de la salud pública cubana, de nuestro actuar y accionar diario en los campos de la salud y de la solidaridad. Por lo menos es la experiencia personal que he tenido en diferentes países, además de conversaciones con autoridades políticas extranjeras y de universidades.

CI: ¿Usted ve la multinacionalidad de la matrícula como desafío o como oportunidad?

JC: Pienso que es desafío y oportunidad. Desafío porque lidiamos con más culturas, idiosincrasias y hasta con percentiles educacionales muy variados…

Es un desafío de la escuela desde un principio con 24 nacionalidades y ahora la heterogeneidad es mayor (108 países).

Al mismo tiempo es una fortaleza cultural. Es una oportunidad porque más pueblos pueden beneficiarse con la institución. Sobre todo países pobres y pequeños que reciben un impacto extraordinario en el número de médicos que les aportamos.

CI: La ELAM ha asistido a países ante desastres naturales… ¿Cómo caracterizaría esa participación?

JC: Es muy importante, pues nos retroalimenta también. Nos ayuda a acelerar algo esencial de nuestra misión: que es formar médicos en la solidaridad internacionalista y la sensibilidad humana.

En Haití, por ejemplo, fueron más de 250 egresados. Y hemos apreciado el compromiso, responsabilidad y humanismo de esos profesionales, evaluados por organismos internacionales como la OPS (Organización Panamericana de la Salud), la OMS (Organización Mundial de Salud) y la UNICEF.(Fondo de Naciones Unidas para la Infancia)

Vimos cómo aquellos que no fueron por razones de capacidad, también tuvieron esa posición altruista y humana de querer ayudar. Todavía recibimos solicitudes para contribuir con ese pueblo.

CI: ¿Habría sido mejor tener estudiantes cubanos en la escuela?

JC: La experiencia que hemos tenido ha sido buena. Ellos van a trabajo voluntario, actividades políticas… Para todo, pero con una característica muy particular: que se sientan un poco en su medio, se adapten a nuestra universidad y a la sociedad.

CI: ¿Sería pretencioso hablar de un impacto en el mundo?

JC: Debe ser una aspiración. Vamos a rebasar los 10 mil graduados, que son parte del recurso humano de sus países.

Ya hoy tenemos directores municipales, de hospitales, en universidades, inclusive en gobiernos, que tienen algún grado de responsabilidad.

La aspiración debe ser que esos egresados puedan ayudar a las transformaciones que necesitan la salud pública y las universidades de América Latina y del resto del mundo.

CI: Si calculara en dinero, ¿cuánto ha aportado la ELAM?

JC: En Estados Unidos una universidad te puede costar 340, 240 o 100 mil dólares. Si multiplicas por 10 mil puedes sacar cuántos millones son. Si vemos el costo de una universidad latinoamericana en 40 mil o 50 mil, saca por ahí la cuenta.

El otro resultado es cualitativo; lo que representa un médico preparado integralmente para lo que hoy debería ser una ocupación en todos los países: la atención primaria de salud. Y son médicos preparados para eso.

Tal vez es incalculable el valor de un egresado de la Escuela Latinoamericana.

CI: ¿Cómo ve la ELAM del futuro?

JC: ¿La ELAM del futuro? La vi en el pasado, cuando comenzó; la veo en el presente y la visiono como una universidad formadora de médicos para el mundo. Lo tengo que decir así porque hoy es la vía de ingreso de todos los estudiantes que vienen por el programa gratuito internacionalista y de solidaridad de nuestro país en el campo de la medicina.

En el futuro seguirá ganando prestigio y autoridad. No solo por el número de egresados sino también por el ejemplo que irradien.

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Miércoles 10 / septiembre / 2008

Entrevista al Profesor Raimundo Llanio Navarro

Filed under: entrevistas — José Pedro Martínez — septiembre 10th, 2008 — 9:55 PM

“Reproducimos la entrevista realizada al Profesor Dr, Sc. Raimundo Llanio Navarro realizada en la jornada del día del trabajador de la salud / 27 de noviembre -3 de diciembre del 2002, por enaltecer los cimientos de nuestra salud pública  y lo ilustrativa que resulta de los principales y mas comunes valores de nuestra comunidad de salubristas

Entrevista al Profesor Dr, Sc. Raimundo Llanio Navarro

llanio1. ¿QUIÉN ES?

Profesor Dr, Sc. Raimundo Llanio Navarro

MEMORIAS DE INFANCIA Y JUVENTUD

. Provengo de una familia de clase media y no tuve riquezas ni grandes lujos, pero mi infancia fue feliz. Jugaba con los medios que tenía, me reunía con los muchachos en la calle que vivía.

Nací y pase la mayor parte de mi adolescencia en Artemisa.

Todos mis hermanos (algunos muertos ya), nacimos en Artemisa, donde ejercía mi padre como médico. Allí transcurrió la mayor parte de mi vida.

Mi padre, de nombre Enrique Llanio del Castillo, médico general, mi madre era Carlota Navarro González, descendiente de canarios, hija de españoles directamente, porque la mayor parte de los cubanos tenemos ascendencia española pero ella la tenía directa. El apellido Llanio es andaluz. Mi madre nació en Islas Canarias y tuvo un nivel escolar que llegó a la primaria, pero tenía una inteligencia natural extraordinaria: lo mismo pintaba, que tapizaba una silla, que bordaba, que cocinaba. Cualquier cosa que hacía, la hacía bien, sin haberlo estudiado nunca.

Las personas que más influyeron en la adolescencia durante mis estudios de secundaria en Artemisa fueron dos maestros que siempre recuerdo uno se llamaba Donatilo Cruz, que impartía Gramática y Literatura, hombre medio discriminado porque era mulato, un gran pedagogo, muy eminente, que lograba motivar mucho a los alumnos y siempre mantenía el interés de todos en sus clases; y la doctora María Teresa Ponzoa, bióloga, que enseñaba Ciencias Naturales y Anatomía.

Nunca se me olvidaron esos maestros porque me sentía muy bien en las clases de ellos, me sentía muy motivado e influyeron mucho en mí.

Cuando en mi adolescencia se abrió el Instituto No. 1 de La Habana, (situado en la calle Zulueta), estudié el Bachillerato en esta ciudad, no había libros ni conferencias, estudiaba por las notas de clases y en 21 meses me gradué de bachiller (hoy preuniversitario) con sobresaliente en todas las asignaturas y 12 premios siendo galardonado con la Medalla de Oro. Tal vez valga la pena decirte que tenía que venir de Artemisa todos los días para estudiar el preuniversitario
en ese Instituto.

VICISITUDES PARA ESTUDIAR MEDICINA

Cuando terminé en el Instituto Preuniversitario (entonces era el Bachillerato), que está en la calle Zulueta, el Instituto Número 1 de La Habana, viajaba desde Artemisa todos los días a las clases.

A pesar de haber obtenido el primer expediente de mi curso, y creerme que por eso iba a tener la matrícula gratis en la Escuela de Medicina, cuando llego a la Universidad pido la matrícula gratis en el primer año, empiezo a estudiar (eran tres exámenes parciales en esa época), me examino de los primeros parciales, y cuando sale la lista, de los que habían obtenido esa matricula me había sido denegada.

Vale la pena señalar que la matrícula gratis se la habían dado a hijos de profesores y a los amigos de todos los delegados y a gente muy rica por influencias y yo que era un individuo que tenía malas condiciones, económicas decían: No, porque mi padre era médico.

No podía pagar la matrícula. Sigo estudiando, hago una reclamación al decano. Termino los segundos parciales, sigo obteniendo notas sobresalientes y me vuelven a denegar la matrícula.

Entonces, me queda una sola alternativa: hacer la reclamación al rector de la Universidad, no al de la Escuela de Medicina.
Hago la reclamación al rector y me dicen que se va a estudiar, porque las reclamaciones que llegaban allí era un grupo pequeño. Sigo estudiando. Tengo sobresaliente en todas las asignaturas, me queda un solo examen. Y en ese momento me llaman del rectorado, y pienso: “ya tengo la matrícula”. Pero me llamaron para decirme: que como me queda un solo examen, me la van a dar, pero que no la vuelva a pedir, porque aunque me quede un examen no me la van a dar más. Así que para el próximo año no podía seguir estudiando.

No importaban las notas, las medallas que obtuve, los sobresalientes, los premios. Nada de eso interesaba.
Termino mi examen, y digo: ¿ahora cómo continúo mis estudios? Mi padre no podía pagar la matrícula y estaba en una situación muy difícil con los hijos, mi madre y la casa que tenía que mantener.

Entonces amigos me dicen: A ti te gusta el deporte tú dices que tu juegas pelota, que te gusta correr y nadar, si tú haces deporte pueden darte la matrícula deportiva, que no es la de la escuela de medicina, sino para los deportistas, te la dan y puedes estudiar. Bueno, voy a inscribirme en el estadio universitario al frente del cual estaba el doctor Barriento como jefe de aquel lugar.

Cuando llego allí me dicen, no es por hacer deportes por lo que le damos la matrícula, es porque usted se destaque y forme parte del equipo nacional de la universidad y entonces se le da la matrícula deportiva.

Voy entonces al famoso parque Martí, que en esa época era Militar, uno de los muchachos me prestó una trusa me ponen a nadar en la piscina de 25 metros con los nadadores que estaban preparándose para las competencias, y yo con todos mis defectos llego parejo con los demás.

Me dice, bueno tienes muchos errores, muchos defectos, pero puedes entrenar porque tienes velocidad.
¿Por qué yo tenía velocidad? Saliendo de Artemisa, hacia Pinar del Río, a dos kilómetros está la laguna La Canoa, una laguna enorme y allí yo iba con los amigos a nadar. Y el río Gamboa estaba a 10 kilómetros, allí había una represita y nadábamos en ella. Era más bien un entretenimiento, no había entrenado nunca pero parece que tenia velocidad.

Empiezo a practicar y a las cinco semanas eran las competencias de novicios (había novicios, junior y senior). Cuando llego a las competencias, a las cinco semanas, me coloco entre los tres primeros, gané el primer lugar. Pero los tres primeros pasaban a la categoría de junior, y subí de categoría. Sin embargo a la categoría senior sólo pasaba uno todos los años. A pesar de que entraban tres pasaba uno a los senior; al año siguiente entraban tres más, salía uno y quedaban cinco. Y así había como 12 acumulados y los nadadores se aburrían.
Cuando llegué a esa competencia había nueve esperando hacía cuatro o cinco años para entrar a los senior y tenía que competir con ellos y nada más pasaba uno. Con buena suerte obtuve el primer lugar, y en menos de dos meses pasé de los novicios a senior. Y al entrar en los senior ya representaba el team nacional de la Universidad y a partir de ahí me dieron la matrícula deportiva.

Pero eso me obligó a practicar todos los años siguientes y además de estudiar intensamente para ser de los primeros expedientes, tuve que practicar intensamente durante toda la carrera hasta que me gradué. En resumen el título de médico tuve que ganármelo nadando.

Quizás por eso siempre he pensado que cuando uno lo tiene todo fácil no lo aprecia adecuadamente, no lo valora, cree que se lo merece. Pero en aquella época esa era la situación de casi todos los estudiantes. De este modo pude estudiar la carrera de Medicina.

En los primeros años de mis estudios de medicina consideré mejor agregarme en algún hospital para aprender elementos prácticos y por fin conseguí trabajar en el departamento de tratamiento del hospital infantil ( hoy Pedro Borras) y te diré que allí si me sentí influido por una persona, precisamente una enfermera llamada Adelina que era la jefa.

A ese departamento acudían los niños más pobres, Adelina me entrenó unos días y me asignó la tarea de inyectar a unos 120 niños cada día cuyo estado de desnutrición era lamentable. Se les administraba calcio endovenoso 3 días a la semana y los otros 3 días se le inyectaba lipoide intramuscular para fijar el calcio.

Esto lo realizaba por la mañana y al terminar la tarea aproximadamente dos horas, me incorporaba con ella a drenar abscesos en la nalga producto de inyecciones mal puestas, enquistadas por falta de esterilidad en las agujas.
Estos pobres niños, débiles, casi famélicos, sufrían mucho cuando se les abría con el bisturí para drenar el pus, y al final se les colocaba una gasa como drenaje, para evitar que cerrara la herida, hasta que desapareciera la infección. Estas curas eran diarias y te podrás imaginar el sufrimiento de los niños y de nosotros.

Puedo decirte dos cosas: una que Adelina con su dedicación y entrega influyó positivamente en mi más que todos los profesores y además en ese lugar se resintió mucho mi sensibilidad ante el sufrimiento de los pequeños, a pesar de mi delicadeza al curarlos y la seguridad de que lograba disminuir sus sufrimientos. Esta fue otra razón que también determinó mi decisión y amor a la medicina.

Continuando con las vicisitudes de la carrera de medicina; al llegar al final del tercer año, antes de entrar al cuarto (la carrera era de cinco años), se sacaban a concurso las 20 primeras plazas.

En cada curso empezaban los estudios alrededor de 1 200,
a 1 300 estudiantes, pero nada más había 20 plazas. Esas 20 plazas eran por concurso riguroso, valorando los sobresalientes y los premios.

Al ganar la plaza de alumno interno por un año, cambió mi vida totalmente: primero tenía una cama en una litera de tres en los altos del cuerpo de guardia del Calixto García. (Es bueno recordar que esos momentos vivía en casa de mi abuela, lejísimo, tenía que caminar bárbaramente porque no tenía dinero ni para el pasaje);

segundo, tenía desayuno, almuerzo y comida en ese Calixto García. A veces escucho decir que la comida no es buena, imagínate la que había en el año 1944 cuando yo entré. Recordarte que el pan se lo compraban a los presos de la prisión del Príncipe, cercana al hospital.

Tercero, ganaba 20 pesos mensuales que para mí era un dineral, y tenía la posibilidad de rotar por todos los departamentos.

Una vez en el internado yo no hice como muchos que si le gustaba la medicina clínica, estaban en clínica; otros en cirugía, en ginecología. A los profesores no les interesaba que rotaran, le firmaban a todos para que no fueran por allí. Pero yo roté por todos los servicios: oftalmología, otorrinolaringología, ortopedia, ginecobstetricia, etcétera, y todo me ha servido en la vida.

Todos los conocimientos que aprendí me han ayudado: salvé la vida de mi hija por saber hacer parto, porque nació muerta y cuando se dieron por vencidos los obstetras yo le salvé la vida.

Lo que aprendí en las rotaciones por esos servicios me ayudó muchísimo, ya que había una gran cantidad de pacientes: porque todos los infelices venían al Calixto García. Así hice el 4to año como alumno interno.

Al año siguiente después de obtener 8 sobresalientes y 4 premios obtuve la plaza de alumno interno de 5to año ocupando en esta ocasión el tercer lugar.
No era fácil avanzar en esos momentos porque allí estaban los mejores y empecé el quinto año.

Tenía que seguir nadando. Nadaba para ser un deportista competitivo, de alto nivel, además de estudiar madrugadas y noches no sé si sabes que en aquella época los atletas eran los eternos estudiantes: llevaban 10 ó 12 años estudiando y nada más que hacían practicar. No estudiaban.

Yo tenía que enfrentar el reto de tratar de ser de los primeros expedientes y además ser de los mejores nadadores para poder mantener la matrícula por un lado y mantener la plaza de interno por el otro lado.

Al terminar el 5to año y por supuesto la carrera de Medicina, de nuevo a concurso para optar por la plaza de médico interno pero por 2 años.
De este modo obtuve una plaza de médico interno por dos años en el Hospital Calixto García de La Habana. Ese era el grupo privilegiado de 20.

En esa época había decidido ser Pediatra y por motivos coyunturales cuando me gradué de medico no pude ubicarme en la sala de pediatría del Calixto García y tuve que dedicarme a la medicina clínica en la sala Clínica Altos del Hospital Calixto García.

Al terminar esos dos años había posibilidad de ir a una oposición de residente.

En aquella época había dos plazas de residente de clínica, una de cirugía, una de obstetricia y una de pediatría, entre los que habían sido internos de ese curso y del anterior. Es decir entre los mejores de dos cursos (una selección de 40 entre unos 3 000 alumnos) y los 40 mejores eran los que se iban a batir por esas plazas. Si me quedaba fuera, ya no tenía nada más.

Al fin y al cabo, me llevé esa plaza y tuve dos años más como residente de clínica.

Después obtuve la plaza entre todos los residentes la de Jefe de Interno, que era prácticamente subdirector del Hospital, y fui director por sustitución en el Calixto García en aquellos años durante seis meses porque el director pidió licencia.

En resumen me gradué como médico en 1946, obtuve la plaza de medico interno, hasta el 1948, en 1949 fui a oposiciones de residentes y estuve hasta 1950 y en 1950 obtuve la de jefe de interno y me quedé un año más.

Vale la pena precisar que cuando me gradué como médico, con lo que ganaba y el sueldo de mi mujer, que era enfermera, nos casamos debiendo todo a plazo, y cuando terminaron todas estas plazas, al no tener sueldo, hubo momentos en que no pudimos pagar ni siquiera los plazos, y vivíamos de algunas guardias que hacía en clínicas particulares especialmente en la Clínica de Sanguily (hoy Instituto de Neurología). El único sueldo fijo que entraba a nuestro hogar era el de enfermera de mi mujer, como comprenderás muy bajo, sobre todo si te digo que teníamos una hija y había que pagar a una empleada que vivía en la casa para que la cuidara (ya que en aquella época no existían círculos infantiles) de lo contrario no podíamos trabajar. Fueron años muy difíciles, y a pesar de eso yo continuaba trabajando en la sala Clínica Altos del Hospital sin percibir remuneración alguna.

En estos años y hasta que triunfó la Revolución yo no tuve más plazas, ni sueldo. La Revolución me sorprende trabajando en el Calixto García, pero trabajando gratuitamente, porque como te dije desde el 1952 hasta el 59 no tuve ningún sueldo. Vivía de las guardias que hacía, especialmente donde está ahora el Instituto de Neurología (antigua Clínica Sanguily). Y todos los días de fiesta del año yo era el suplente, lo mismo la semana santa, el 24 de diciembre 24 de febrero, que el primero de mayo, el 31 de diciembre etc.

Me pagaban cinco pesos, 10 pesos y con eso vivía y con los 90 pesos que ganaba mi mujer de enfermera.

Nunca me he preocupado mucho por el dinero y tampoco he pensado que me voy a morir de hambre. Siempre aprovechaba las guardias para estudiar constantemente.

Durante los años en que trabaje sin remuneración en la sala Clínica Altos del Hospital Calixto García nunca acepté una plaza política en ninguna Casa de Socorro.

Así permanecí varios años, hasta que llegó la Revolución que me nombró profesor y me dio un sueldo decoroso que me ha permitido vivir todos estos años sin la angustia pasada.

Actualmente se encuentra en fase de revisión final el libro Síndromes, precisamente el número 19, que he dedicado al Periodo Especial pues lo empecé y trabajé en él estos diez años, para ser consecuente con un pensamiento que interioricé hace tiempo y que dice:
El pasado es dueño de los recuerdos,
El futuro es dueño de las ilusiones y las esperanzas,
Sólo el presente es nuestro,
Aprovechémoslo adecuadamente.
Mi mayor satisfacción es saber que los usuarios, médicos y técnicos se han nutrido de sus enseñanzas y los aprecian, y en algunos casos atesoran, según me han dicho, por la utilidad que para ellos representa.

“Mi mayor felicidad a lo largo de mi existencia profesional ha sido poder contribuir a sembrar en los que me acompañaron o se formaron a mi lado, la semilla de la inquietud científica, el deseo de superación y, fundamentalmente, la entrega al paciente y la sensibilidad humana en nuestro quehacer diario con los enfermos y los seres humanos que sufren”.

Hace tiempo escribí este pensamiento que resume lo que he tratado de ser y hacer en mi vida. He tenido la suerte de vivir lo suficiente para comprobar que en gran parte los que me rodearon y tuvieron confianza en mí para su formación, hoy se han destacado, y eso me llena de satisfacción. Además, lo considero la mejor recompensa a mi dedicación y entrega, porque estoy seguro que esas semillas se multiplican y continuarán dando frutos a los sucesores de ellos.

Cuando reflexiono sobre todos estos años, considero que mi vida ha sido un reto constante, como has podido comprobar.
En el orden personal, me sentiría más que satisfecho y compensado si el triunfo alcanzado sobre esos retos ha logrado: beneficiar a los enfermos, prestigiar a nuestra institución y lo que es más importante sumar este grano de arena a los éxitos de nuestro país en el mundo científico.

TITULOS Y CARGOS NACIONALES E INTERNACIONALES:

1. Doctor en Ciencias Médicas
2. Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de la Habana.
3. Profesor Titular Principal de Propedéutica Clínica y Medicina Interna del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana.
4. Miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba.
5. Director del Instituto Nacional de Gastroenterología.
6. Investigador Titular
7. Especialista de Segundo Grado en Gastroenterología.
8. Presidente de la Sociedad Cubana de Gastroenterología y Endoscopia.
9. Presidente del Tribunal Estatal de Gastroenterología.
10. Ex – Presidente del Tribunal Estatal de Medicina Interna.
11. Ex – Presidente del Tribunal Estatal de Farmacología.

CARGOS INTERNACIONALES RELEVANTES:

1. Ex – Presidente de la Sociedad Interamericana de Endoscopia Digestiva (SIED) 1991-1993.
2. Ex – Presidente de la Asociación Interamericana de Gastroenterología (AIGE) 1993-1995.
3. Ex – Vicepresidente de la Organización Mundial de Endoscopia Digestiva (OMED) 1994-1998.

PUBLICACIONES EN LIBROS NACIONALES E INTERNACIONALES

Autor de los siguientes Libros Nacionales:

1. Propedéutica Clínica. Primera Edición, Dos Tomos. Imprenta Nacional de Cuba. Habana, Cuba 1962.
2. Propedéutica Clínica. Segunda Edición, Dos Tomos. Empresa Consolidada de Artes Gráficas. Habana, Cuba 1963.
3. Laparoscopia en Urgencias. Editorial Científico Técnica. Habana, Cuba 1977.
4. Propedéutica Clínica y Fisiopatología Primera y Segunda Edición. Editorial Pueblo y Educación. Habana, Cuba 1981 y 1988.
5. Historia Clínica. Editorial Pueblo y Educación. Habana, Cuba 1987.
6. Parasitosis Intestinal. Editorial Pueblo y Educación. Habana, Cuba 1989.
7. Gastroenterología. Manual de Procedimientos de Diagnóstico
8. y Tratamiento. Editorial Pueblo y Educación. Habana, Cuba 1989.
9. Gastroenterología (Principios Básicos y Pruebas Diagnósticas). Editorial Pueblo y Educación. Habana, Cuba 1992.
10. Atlas en Colores de Laparoscopía. Editorial de Ciencias Médicas. Habana, Cuba (1992).
11. Laparoscopía en Urgencias (Segunda Edición) Editorial Pueblo y Educación. Habana, Cuba 1998.
12. Síndromes. (En etapa de Revisión Final). Editorial de Ciencias Médicas. La Habana, Cuba 2002.
13. Introducción a la Clínica. (En etapa de revisión final). Edito-
14. rial Pueblo y Educación. La Habana, Cuba 2002.
15. Propedéutica Clínica y Semiología Médica. En etapa de revisión final). Editorial Pueblo y Educación. La Habana, Cuba 2002.

Co – Autor de los siguientes Libros Nacionales:

1. Normas de Medicina. Primera y Segunda Edición. Editorial Ciencias Médicas La Habana, Cuba 1976.
2. Normas de Cirugía. Primera y Segunda Edición. Editorial Ciencia y Técnica. La Habana, Cuba 1983.
3. Normas de Ginecología. Primera y Segunda Edición. Instituto del Libro. La Habana, Cuba 1969.
4. Manual de Procedimientos de Medicina Interna. Instituto del Libro. La Habana 1970.
5. Medicina General Integral. Editorial Ciencias Médicas. La Habana 2000.

Co- Autor Libros Internacionales:

1. Urgencias Médicas. Tercera y Cuarta Edición. Editorial Alfa y Omega. República Dominicana 1981 y 1987.
2. Grandes Síndromes Digestivos. Editorial Jarpyo. Madrid España 1988.
3. Farbatlas de Laparoscopía. Editorial Schatahuer-Verlag-Stugart-New York. Alemania 1980.
4. Enfermedades del Aparato Digestivo. Editorial Interamericana-Mac Grav Hill. Madrid, España 1989.
5. Enfermedades Digestivas. Ediciones C E A , S.A. Barcelona España 1990.
6. Tópicos en Gastroenterología. Brasil. Editorial Médica Científica M E D C I LTDA. Río De Janeiro Brasil 1992.
7. Cirugía Video-Endoscópica Editorial Revinter Río de Janeiro. Brasil 1993.
8. Endoscopía Digestiva. Editorial Revinter. Río de Janeiro Brasil 1997.
9. Cirugía Laparoscópica. Editorial Mc Graw – Hill México. Segunda Edición 1997.

2.- PORQUE MEDICO y cómo debe ser un médico.

Eso lo he dicho muchas veces, y a veces lo explico mejor que otras.
Hace mas de 40 años leí los Consejos de Esculapio a su hijo que quería ser médico y comprendí que en ellos estaba contemplado mi pensamiento, y no porque los conociera, porque llevaba años de médico cuando conocí esos criterios. Eso no fue lo que me guió, pero encontré una versión antigua de lo que yo pensaba.

En mis estudios preuniversitarios, me sentía atraído por las ciencias biológicas y cuando veía amigos o familiares enfermos o accidentados me sentía conmovido. Además mi padre era médico en Artemisa. Pienso que esto influyo en mi decisión de estudiar medicina.
Creo que un médico tiene que tener muchas cualidades. Primero debe ser un individuo que tenga una ética en su manera de trabajar, de actuar y la forma de comportarse ante la sociedad, porque la sociedad espera de él todo, hasta poner la vida en sus manos.
Debe darse cuenta que tiene la responsabilidad de estudiar y mantenerse lo más actualizado que pueda, aunque por supuesto en la actualidad es prácticamente imposible leer lo que se publica.

Tiene que tener una característica fundamental que es calidad humana. Si el médico no tiene esa cualidad creo que debe dejar la Medicina, porque con la sensibilidad y la ternura se ayuda muchas veces más a un enfermo que con todos los conocimientos.

Fidel dijo una vez una frase que resume muchas de estas ideas:
“”Si en alguna profesión se necesitan además de grandes conocimientos una gran sensibilidad humana, es en la Medicina””.
Una más de sus genialidades.
Eso resume muy bien el pensamiento que ha guiado mi vida y mi desempeño como médico.
Pienso que los médicos deben comprender que la mayor autoridad en la sociedad la tiene el médico. Cuando muchas veces a los alumnos y colegas les hago esta pregunta nadie responde porque quizás piensan que la pueda tener alguna autoridad del país. Yo les hago la segunda pregunta: ¿algún dirigente o alguna autoridad puede pedirle a una persona que se desnude, le enseñe sus genitales y se deje realizar un tacto sin forzarla?… Bueno, esto quiere decir que al médico, se le reconoce más autoridad que a nadie.

Por lo tanto, el médico tiene que entender esto como un compromiso total en el que ni puede haber lascivia, ni miradas maliciosas, ni ponerse a tratar de sacar provecho de esa situación (ni al hombre ni a la mujer) y sentirse totalmente obligado con esa persona que es capaz de entregarle todas sus riquezas corporales y su pensamiento diciéndole intimidades que no le confiaría a nadie, y pone incluso su vida en sus mano.

El médico debe corresponder con esa entrega y para lograrla en necesario tener una gran sensibilidad humana y dedicarle el tiempo que requiera cada paciente, tratarlo amistosamente, compenetrarse con el y lograr que le confíe sus inquietudes (que a veces no lo dicen en las primeras entrevistas), estudiar y hacer su mayor esfuerzo y llamar a todo el que lo pueda ayudar
en el diagnóstico y/o tratamiento.

En mi criterio si no es así, no puede ser un buen médico porque nunca debe olvidar que “” él representa el aliento y la esperanza para ese débil ser humano que ve quebrantada su salud y lo mínimo que espera es solidaridad y humanismo”.
Esta frase es de un paciente y entrañable amigo, fallecido hace pocos años, quien me la envió en una carta de felicitación con motivo del Día del Médico.

3- PORQUE PROFESOR?

Desde que empece el primer año de medicina tuve necesidad de darle clases a otros alumnos por unos pesos pues mi situación económica era muy deficitaria y de este modo aunque era poco
lo que me pagaban me ayudaba a cubrir mis gastos. Así fue durante mi años de estudio.
Después de graduado (1946) y habiendo obtenido por concurso
la plaza de médico interno del hospital Calixto García, pasé a trabajar en la sala Clinica Altos de ese hospital y allí se impar-
tían clases de Patología General, por lo cual los profesores oficiales de la Escuela de Medicina me asignaron numerosas clases para impartirlas a los alumnos del 4 año de medicina.
Dos años después (1948) me nombraron Profesor Adscripto (con carácter honorario) y 2 años más tarde (1950) presenté una tesis
y ascendí a Profesor Instructor, también honorario y así continué hasta el triunfo de la revolución en 1959.
Un año después y debido al éxodo de casi todos los profesores
me nombraron profesor titular y me asignaron un sueldo por la universidad.
Lo primero que hice fue cambiarle el nombre a la asignatura que desde entonces se denomina Propedéutica Clínica, que es el nombre correcto y escribí los primeros libros de texto que no existían.

En resumen creo que soy de los profesores más antiguos de nuestra Facultad de Medicina y prácticamente desde mi graduación en 1946 hasta hoy he desempeñado la doble labor de asistencia y docencia.
Durante estos años he escrito mas de 24 libros una parte de
ellos para los estudiantes de medicina, estomatología y enfermería.
Actualmente sigo teniendo una gran vocación para la educación y creo haber contribuido a la enseñanza de todos los médicos, estomatólogos y licenciadas de enfermería de nuestro país.

4- PORQUE UD ES DEL GRUPO DE LOS QUE SE QUEDARON

Durante mi infancia, adolescencia y adultez nunca estuve afiliado a ninguna agrupación ni partido político.

Cuando triunfó la revolución y escuche las ideas que defen-
dían y trataban de desarrollar los compañeros que habían logrado derrocar y vencer al régimen político-militar reinante en todos esos años, comprendí la justicia de los planteamientos
enunciados y decidí colaborar con mis conocimientos y apoyo
incondicional a que se hicieran realidad los sueños de esos valientes luchadores.

Por eso encadené mi vida a la Revolución Cubana porque sus postulados y principios me han parecido siempre los más honestos al tratar de garantizarle a este pueblo y especialmente a los desposeídos todas las oportunidades que nunca tuvieron en su vida.
He defendido en muchos países estos principios porque a pesar de que hayamos cometido errores en la forma de instrumentarlos en algunas ocasiones, nunca han sido errores en los principios.
En diferentes ocasiones en polémicas honestas y sinceras con personas y profesionales de otros países les he dicho:
¿que derechos se supone que debe tener un niño al nacer, sea
en cuna pobre o rica?

En mi opinión:
El derecho a la vida, el derecho a la alimentación, el derecho al desarrollo, el derecho a la enseñanza, el derecho al trabajo, el derecho al deporte, el derecho a la cultura en sus diversas manifestaciones, el derecho a la felicidad, el derecho a formar un hogar y tener su descendencia garantizándole también estos derechos, y algunos otros.

Fíjense que no he dicho en ningún momento el derecho a las riquezas y a los placeres espurios, ni a grandes residencias, autos, yates, aviones, drogas, vicios de todo género, etc.

Creo firmemente que nadie que se considere honesto puede negar estas verdades que solamente se garantizan en una sociedad como la nuestra aquí o en cualquier latitud en que exista, cada una con sus características culturales, raciales o históricas.

Sabemos que siempre en todos los sistemas sociales existirán diferencias relacionadas con la vocación, la voluntad de superación y condiciones naturales o adquiridas de cada individuo, pero:

todos absolutamente todos deben tener garantizados por lo menos esos derechos.

Por estas consideraciones he dedicado la mayor parte de mi existencia a trabajar para contribuir de alguna manera a la consolidación de este sistema y no me arrepiento, sobre todo cuando miro retrospectivamente mi vida y contemplo el desarrollo y la cristalización de esos derechos en estos años.

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