Diabetes mellitus

26 septiembre 2012

La cirugía contra la obesidad parece reducir los riesgos cardiacos

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 8:27
Tras seis años, observan una remisión de la diabetes y unos niveles más bajos de presión arterial y colesterol
 Junto con la promesa de una pérdida significativa de peso, la cirugía de derivación gástrica podría revertir la diabetes en algunas personas y mejorar los factores de riesgo de la enfermedad cardiaca, como la presión arterial y el colesterol altos, según una investigación reciente.
“Los individuos que se someten a cirugía de derivación gástrica pierden una cantidad significativa de peso. A los dos años, habían perdido 35 por ciento de su peso corporal inicial. A los seis años, la cifra era de alrededor de 28 por ciento, lo que muestra una pérdida de peso bastante duradera”, señaló el autor líder del estudio Ted Adams, profesor asociado adjunto de la división de genética cardiovascular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Utah, en Salt Lake City.
“A los seis años, entre los pacientes que tenían diabetes tipo 2 antes de la cirugía, el 62 por ciento ya no tenían un diagnóstico de diabetes. También hubo una remisión significativa en la hipertensión, el colesterol alto y los triglicéridos altos”, señaló Adams.
Los resultados aparecen en la edición del 19 de septiembre de la revista Journal of the American Medical Association.
La Dra. Anita Courcoulas, jefa de cirugía bariátrica mínimamente invasiva y general del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh, y autora de un editorial acompañante, también señaló que en el grupo de cirugía se previnieron muchos casos de diabetes tipo 2. “Apenas dos por ciento de las personas del grupo de cirugía bariátrica desarrollaron diabetes tipo 2″, apuntó, mientras que en los grupos de control del estudio, la tasa de desarrollo de diabetes tipo 2 fue de hasta 17 por ciento.
El estudio de Adams incluyó a más de 1,150 personas gravemente obesas que se sometieron a cirugía de derivación gástrica entre 2000 y 2011. El índice de masa corporal (IMC, una medida de la grasa corporal) promedio fue de 46. Un IMC por encima de 40 se considera como obesidad mórbida.
Courcoulas señaló que, en general, se piensa en la cirugía para perder peso si alguien tiene un IMC de al menos 40, o un IMC de entre 35 y 40 junto con una afección médica grave, como diabetes tipo 2 o hipertensión.
El estudio también incluyó dos grupos de control. Un grupo de control contó con 417 personas que habían pensado en la cirugía, pero que no se la hicieron. El otro grupo de control contó con 321 personas gravemente obesas elegidas al azar, que no habían considerado la cirugía para perder peso.
En una cirugía de derivación gástrica, los médicos dividen el estómago en dos secciones y conectan la pequeña sección superior, o bolsa, con el intestino delgado. Dado que la bolsa solo puede contener una cantidad pequeña de comida, el organismo absorbe menos calorías.
En Estados Unidos, donde un tercio de los adultos son obesos y están en riesgo de problemas de salud graves relacionados con el peso, la cirugía para perder peso se hace cada vez más común.
“El estudio mostró que la derivación gástrica llevó a una pérdida de peso duradera, y a un impacto duradero sobre las afecciones de salud”, aseguró Courcoulas.
Sin embargo, la cirugía podría no ser para todos. “Los pacientes deben hablar con sus médicos y enfocarse en los riesgos de sus problemas de salud actuales, además de los riesgos futuros de salud, y sopesar dichos riesgos con los de la cirugía”, aconsejó Adams. Unos ajustes al estilo de vida, como modificar la dieta y la actividad física, deben conformar la base de cualquier cambio que las personas deseen hacer.
Otros dos estudios que también aparecen en la edición actual de la JAMA observaron distintos aspectos de la cirugía para perder peso, que incluye la derivación gástrica y procedimientos de bandas. Un estudio, llevado a cabo en Suecia, comparó los costos de salud a largo plazo de poco más de 2,000 personas obesas que se sometieron a cirugía bariátrica y un número similar de personas obesas de la misma edad que no se sometieron a la cirugía (el grupo de control).
Tras 20 años, el grupo de cirugía tenía una pérdida promedio de peso de 18 por ciento del peso corporal, frente a apenas 1 por ciento en el grupo de control. En términos del peso en sí, se trata de una diferencia de unos 20 kilos (44 libras). Los investigadores hallaron que en los seis años tras la cirugía, los pacientes quirúrgicos usaron más atención como pacientes internos y ambulatorios. Pero entre el séptimo y el vigésimo años, los que se sometieron a cirugía tuvieron unos costos farmacológicos y cardiovasculares más bajos.
“El equipo sueco halló que las necesidades de atención de salud se igualan con el tiempo, pero lo que realmente se necesita es un análisis formal de la rentabilidad”, planteó Courcoulas.
El otro estudio, llevado a cabo en Australia, comparó a 30 pacientes de cirugía para perder peso con 30 personas en una dieta de muy pocas calorías para ver qué grupo mostraba una mejora más significativa en los síntomas de apnea del sueño. Los pacientes de cirugía se sometieron a un procedimiento de bandas gástricas, y perdieron en promedio casi 28 kilos (61 libras), mientras que los que estaban a dieta perdieron 5 kilos (unas 11 libras). Ambos grupos experimentaron menos episodios de apnea del sueño, pero la diferencia entre los dos grupos no fue significativa.
Courcoulas apuntó que ese hallazgo fue “algo desconcertante. Es difícil explicar por qué no hubo una relación entre la pérdida de peso y la apnea del sueño”, dado que el trastorno del sueño se asocia con el sobrepeso y la obesidad. Añadió que “se requiere más trabajo para comprender el mecanismo”.
MARTES, 18 de septiembre (HealthDay News) —
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_129438.html

27 junio 2012

Los suplementos de calcio podrían incrementar el riesgo cardíaco

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 8:20
Muchos estadounidenses mayores toman complementos de calcio para prevenir la pérdida ósea, pero podían aumentar significativamente el riesgo de un ataque cardiaco, sugiere un estudio reciente.
 Esos complementos no ayudan a prevenir ataques cardiacos ni accidentes cerebrovasculares (ACV), como habían sugerido algunas investigaciones anteriores, afirman los autores del estudio. Pero el calcio de la dieta podría reducir el riesgo, anotaron.
 “Aunque una ingesta moderadamente alta de calcio a partir de la dieta podría conllevar un riesgo más bajo de ataque cardiaco, no sucede así con la ingesta complementaria de calcio”, aseguró la investigadora líder Sabine Rohrmann, de la división de epidemiología y prevención del cáncer del Instituto de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Zúrich, en Suiza.
 
“En lugar de tomar complementos de calcio, los hombres y las mujeres que deseen aumentar su ingesta de calcio deben confiar en los alimentos, como los productos lácteos bajos en grasa o el agua mineral, [que son] ricos en calcio”, sentenció.
 
El informe aparece en la edición en línea del 23 de mayo de la revista Heart.
 
Para el estudio, el grupo de Rohrmann recolectó datos sobre casi 24,000 personas de Heidelberg, Alemania, que participaron en un estudio llamado Investigación prospectiva europea sobre el cáncer y la nutrición.
 
Todos los participantes tenían entre 35 y 64 años cuando se unieron al estudio entre 1994 y 1998.
 
Los investigadores les preguntaron sobre sus dietas y si tomaban complementos de vitaminas y/o minerales.
 
Durante un seguimiento promedio de once años, hubo 354 ataques cardiacos, 260 ACV y 267 muertes por causas cardiovasculares entre todos los participantes, anotaron los investigadores.
 
Los participantes cuya ingesta de calcio de todas las fuentes era moderada, de 820 miligramos (mg) al día, tenían un riesgo más bajo de ataque cardiaco que aquellos cuya ingesta era inferior, hallaron los investigadores.
 
Sin embargo, aquellos cuya ingesta superaba los 1,100 mg no tenían un riesgo sustancialmente más bajo. Tampoco hubo una cantidad en que el calcio se relacionara con un menor riesgo de ACV.
 
Cuando el equipo de Rohrmann observó específicamente los complementos de calcio, halló un aumento de 86 por ciento en los ataques cardiacos entre las personas que los tomaban con regularidad, en comparación con las personas que no tomaban ningún complemento.
El Dr. Robert Recker, director del Centro de Investigación sobre la Osteoporosis de la Universidad de Creighton y presidente de la Fundación Nacional de la Osteoporosis (National Osteoporosis Foundation) no estuvo de acuerdo con los resultados.
 
“Estos hallazgos me parecen dudosos”, dijo. “Es difícil comprender por qué el calcio de la dieta puede reducir el riesgo de ataque cardiaco, y los complementos aumentarlo”.
 
Recker señaló que cree que los hallazgos podrían reflejar un sesgo en el que los que ya estaban en riesgo de ataque cardiaco tomaron complementos con la esperanza de reducir el riesgo, pero algunos sufrieron de ataques cardiacos de cualquier forma.
 
Dado que el mecanismo no puede ser descrito, los hallazgos podrían tener fallas, anotó.
 
Recker añadió que los complementos de calcio sí previenen un número significativo de fracturas. “En Estados Unidos, la incidencia de fracturas por la osteoporosis es mayor que la incidencia combinada de enfermedad cardiaca, ataque cardiaco y ACV”, señaló.
 
Recomendó tomar un complemento de calcio solo si no se obtiene suficiente calcio de la dieta. Si no consume muchos productos lácteos, Recker aconsejó tomar dos dosis separadas de 500 mg de calcio al día.
 
Pero el Dr. Ian Reid, profesor de medicina y endocrinología de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda, y autor de un editorial acompañante en la revista, apuntó que los hallazgos son similares a su propio estudio.
 
“Este estudio provee evidencia confirmatoria de que el calcio tomado como complemento parece aumentar el riesgo de ataques cardiacos, mientras que tener una dieta que incluya algunos alimentos ricos en calcio no parece conferir el mismo riesgo”, comentó.
 
Reid sugirió que las dosis altas de calcio podrían dañar las paredes de los vasos sanguíneos, lo que lleva a ataques cardiacos.
 
“La mayoría de personas no deben tomar complementos de calcio”, aseguró. “Se debe obtener el calcio necesario de la dieta, en lugar de tomar complementos”.
 
En términos de la reducción de las fracturas, Reid dijo que según su estudio, que fue publicado en una edición en línea de la revista BMJ en julio de 2010, los complementos de calcio podrían reducir las fracturas en 10 por ciento, pero pueden aumentar el riesgo de ataque cardiaco en 25 por ciento.
 
Dijo que su estudio mostró que si mil personas reciben calcio durante cinco años, se prevendrán 26 fracturas, pero también habrá 14 ataques cardiacos, 10 ACV y 13 muertes.
 
En un comentario sobre el nuevo estudio, el Dr. Gregg Fonarow, profesor de cardiología de la Universidad de California en Los Ángeles, añadió que “se ha planteado la hipótesis de que los cambios abruptos en las concentraciones de calcio en sangre con los complementos de calcio podría contribuir a efectos cardiovasculares adversos”.
 
Declaró que “aunque se necesitan más estudios, los complementos de calcio solo deben ser usados en las personas en que los beneficios potenciales superen a los riesgos potenciales”.
 
Aunque el estudio encontró una relación entre la ingesta de calcio y los ataques cardiacos, no demuestra que exista una relación de causa y efecto.
 
FUENTES: Sabine Rohrmann, Ph.D., M.P.H., professor, cancer epidemiology and prevention division, Institute of Social and Preventive Medicine, University of Zurich, Switzerland; Ian Reid, M.D., faculty of medical and health sciences, University of Auckland, New Zealand; Robert R. Recker, M.D., professor, medicine, director, Osteoporosis Research Center, Creighton University, Omaha, Neb., and president, National Osteoporosis Foundation; Gregg C. Fonarow, M.D., professor, cardiology, University of California, Los Angeles; May 23, 2012, Heart, online.

7 marzo 2012

El chocolate podría ser bueno para el corazón

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 9:22
chocolate
NUEVA YORK (Reuters Health) – Comer chocolate no es sólo un placer para el paladar, también podría tener algunos beneficios tangibles para el corazón, como una ligera reducción de la presión arterial, según un estudio en el que participaron más de 1.000 personas.
La investigación, que combinó los resultados de 42 estudios más pequeños y fue publicada en el American Journal of Clinical Nutrition, también halló que los involucrados presentaron pequeñas mejorías en los vasos sanguíneos y una caída en sus niveles de insulina.
Una serie de estudios realizados en el pasado habían indicado que los amantes del chocolate parecían tener índices más bajos de ciertos riesgos cardíacos, como la presión alta.
“Mi consejo sería que si a la gente le gusta el chocolate negro, comer un poco en lugar de otros ‘caprichos’ está bien, y puede ser beneficioso”, dijo la directora del estudio Lee Hooper, en el Norwich Medical School en Reino Unido.
“Sin embargo, la evidencia no es aún no lo suficientemente sólida para sugerir que todos deberíamos estar haciéndolo (comer chocolate negro)”, indicó.
Advirtió que los estudios implicados no eran ni lo suficientemente amplios ni prolongados en el tiempo como para concluir que comer chocolate tenga algún efecto en el riesgo de una persona de sufrir “un ataque al corazón o cerebral”.
En contraste con estudios del pasado, que eran en gran medida de observación y no pudieron probar causa-efecto – que decían que el chocolate en sí mismo causaba los cambios – el actual estudio se centró en las pruebas clínicas.
Los investigadores pedían a los participantes que comieran o no chocolate y después los observaban para ver los cambios en la presión arterial, el colesterol y otros factores de riesgo cardiacos.
Hooper y su equipo reunieron datos de más de 42 pruebas clínicas de unas 1.300 personas y encontraron que los que comían chocolate tenían unos puntos por debajo en las lecturas de su presión sanguínea, junto con niveles de insulina más bajos y otros beneficios.
Aunque no está claro por qué el chocolate tiene este efecto, se cree que se debe a los compuestos conocidos como flavonoides, que están también presentes en alimentos como nueces, soja, té y vino.
Sin embargo, los investigadores reconocieron deficiencias en su estudio, incluidos diversos resultados entre las personas implicadas en las pruebas – algunos sanos, otros con problemas de salud crónicos – y diferentes formas de analizar los efectos del chocolate.
Algunos estudios utilizaron bebidas con cacao, otros chocolate sólido y algunos suplementos de cacao. También variaba el tiempo de tratamiento, aunque la mayoría de las pruebas durante menos de seis semanas.
La gran pregunta radicaría en si los beneficios superan a los inconvenientes del chocolate. Basándose en los estudios que utilizaron, el equipo de Hooper escribió que se podrían necesitar cientos de calorías de chocolate para ver los efectos en la insulina y la presión arterial y que eso supondría un problema para la cintura.
“Desde una perspectiva práctica es prematuro aconsejar a las personas que coman chocolate o cacao para disminuir su riesgo a una enfermedad cardiovascular”, dijo Alice Lichtenstein, directora del laboratorio de nutrición cardiovascular en la Tufts University en Boston, que no participó en el estudio.
Por ahora, añadió, si disfrutas de un poco de chocolate en tu vida, probablemente puedas seguir haciéndolo. Sencillamente, es recomendable no añadir más cantidad con la esperanza que ayude al corazón.
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=74838
 

11 enero 2012

El tratamiento quirúrgico bariátrico reduce los episodios cardiovasculares, pero los mecanismos resultan un misterio

Filed under: Temas interesantes — Arturo Hernández Yero @ 9:48
(Artículo original en inglés, heartwire; 3 ene. 2012)Gotemburgo, Suecia. Un nuevo análisis del estudio SOS (Swedish Obese Subjects) demostró que el tratamiento quirúrgico bariátrico condujo a una reducción del 30% en la frecuencia de episodios cardiovasculares en pacientes obesos, en comparación con los que recibieron tratamiento habitual, así como una disminución de casi 50% en las muertes de origen cardiovascular, después de casi 15 años de seguimiento[1]. El Dr. Lars Sjöström (Hospital de la Universidad de Sahlgrenska, Gotemburgo, Suecia) y sus colaboradores comunican sus hallazgos en el número del 4 de enero de 2012 de Journal of the American Medical Association.
El Dr. Sjöström dijo a heartwire: “Esto es muy importante pues ningún tratamiento no quirúrgico de la obesidad ha podido disminuir la enfermedad cardiovascular”. Añadió: “El tratamiento quirúrgico bariátrico muestra hasta el momento la posibilidad singular de disminuir los episodios cardiovasculares. SOS es el único estudio prospectivo en este campo pero dos estudios retrospectivos en torno al tratamiento quirúrgico bariátrico coinciden con nuestros hallazgos”.
El tratamiento quirúrgico bariátrico muestra hasta el momento la posibilidad singular de reducir los episodios cardiovasculares.
Sin embargo, los resultados también muestran que ni el índice de masa corporal (IMC) al inicio — antes de la operación — ni la pérdida de peso después del tratamiento quirúrgico pronosticaban la utilidad del tratamiento quirúrgico por lo que respecta a la disminución de la frecuencia de enfermedades cardiovasculares. No obstante, en el análisis retrospectivo la concentración inicial de insulina se relacionó considerablemente con una futura ventaja cardiovascular de manera que los pacientes con altas concentraciones de insulina tuvieron un pronóstico más favorable.
Sin embargo, puede tardar 10 años desentrañar cuáles criterios específicos pronosticarán mejor en quién será máxima la utilidad del tratamiento quirúrgico bariátrico, dicen el Dr. Sjöström y sus colaboradores.
Los beneficios para la supervivencia son mínimos y el tratamiento quirúrgico no está indicado en obesos sanos
En un editorial concomitante [2], el Dr. Edward H. Livingstone (University of Texas Southwestern Medical Center, Dallas) observa que “Los beneficios del tratamiento quirúrgico bariátrico no están relacionados con la pérdida de peso, el principal motivo por el cual se llevan a cabo estas operaciones”. Y hace notar que si bien hay diferencias significativas en los episodios cardiovasculares y los fallecimientos entre los grupos de pacientes con y sin tratamiento quirúrgico en estos últimos datos del estudio SOS, “la diferencia absoluta entre los grupos fue pequeña”.
Observa que analizados en conjunto con los resultados de otros estudios efectuados en el campo, estos hallazgos indican que la posible ventaja más clara del tratamiento quirúrgico de la obesidad -supervivencia más prolongada- “en el mejor de los casos sólo mejora en grado mínimo”.
Por tanto, termina diciendo, los pacientes obesos que por lo demás están sanos no se debieran someter a tratamiento quirúrgico bariátrico, pues “las ventajas esperadas en la salud no necesariamente superan los riesgos de las operaciones para bajar de peso”.
No obstante, el Dr. Sjöström dice que no está de acuerdo con esta conclusión. Hace notar: «Por ejemplo, en nuestro estudio sobre la mortalidad global, publicado en New England Journal of Medicine en 2007 [3], observamos un efecto muy significativo sobre la mortalidad pese a que se tomó en cuenta la mortalidad postoperatoria (0,25%)».
Es necesario identificar en quiénes es más útil el tratamiento quirúrgico bariátrico
El Dr. Sjöström dijo a heartwire que es clave el hallazgo de que el IMC no pronostica quién obtendrá beneficio cardiovascular con el tratamiento quirúrgico bariátrico, ya que «todas las directrices en torno al tratamiento quirúrgico bariátrico están basadas en el IMC. Consideramos que estas directrices deben modificarse de tal manera que se pueda seleccionar a los pacientes en quienes es más útil». Livingstone está de acuerdo. “El IMC por sí solo no se debiera utilizar como un criterio para el tratamiento de la obesidad o las operaciones bariátricas”.
El IMC por sí solo no se debiera utilizar como un criterio para el tratamiento de la obesidad o las operaciones bariátricas.
Lo que parece tener importancia central, dice el Dr. Sjöström, es si los pacientes se han de operar o no. Señala: “La falta de relaciones significativas entre el cambio de peso y la reducción del riesgo en el grupo con tratamiento quirúrgico podría ser un problema de potencia estadística”. Como alternativa, los cambios en otros factores además del peso corporal son más importantes para la reducción del riesgo cardiovascular. Sería muy importante comprender tales mecanismos pues podría ser factible simularlos con métodos no quirúrgicos.
Es tiempo de que el NIH valore la evidencia científica disponible y proporcione recomendaciones actualizadas para los procedimientos bariátricos en el tratamiento de la obesidad.
El Dr. Livingstone dijo a heartwire que considera que las personas obesas debieran valorarse si tienen una complicación grave establecida, por ejemplo, diabetes, hipertensión grave o apnea del sueño obstructiva o si son pacientes con artrosis que necesitan una artroplastia.
Y recomienda una revaloración científica de los factores implícitos. Recomienda: «Es tiempo que el US National Institutes of Health [NIH] convoque a otro comité de expertos para valorar en forma rigurosa la evidencia científica disponible y proporcione recomendaciones actualizadas para los procedimientos bariátricos en el tratamiento de la obesidad».
La identificación de subgrupos específicos que se beneficien del tratamiento quirúrgico puede tardar 10 años
En su artículo, Sjöström et al describen sus últimos hallazgos en el estudio SOS, basándose en 2010 pacientes obesos que fueron sometidos a procedimientos de cirugía bariátrica y 2037 individuos de control equiparados durante el mismo periodo que recibieron tratamiento habitual, hasta finales de diciembre de 2009, con una mediana de seguimiento de 14,7 años. Los participantes tenían entre 37 y 60 años de edad y debían tener un IMC mínimo de 34 en el caso de los hombres y de un mínimo de 38 en las mujeres. En los que se sometieron a tratamiento quirúrgico se llevó a cabo derivación gástrica (13,7%), cerclaje con banda (18,7%) o gastroplastia con banda vertical (68,1%).
El criterio principal de valoración del estudio SOS — mortalidad total — se redujo significativamente entre los que se sometieron a tratamiento quirúrgico bariátrico, según se comunicó con anterioridad. Los episodios de infarto de miocardio y accidente cerebrovascular se definieron de antemano como criterios secundarios de valoración y se valoraron por separado y en forma combinada.
Los procedimientos de cirugía bariátrica se relacionaron con un menor número de muertes de origen cardiovascular (28 en el grupo con tratamiento quirúrgico frente a 49 en el grupo de control; cociente de riesgos instantáneos ajustado (0,47; p = 0,002). El número de episodios cardiovasculares mortales o no mortales iniciales en total — IM o accidente cerebrovascular, lo que ocurriese primero — también fue más bajo en el grupo que se sometió a tratamiento quirúrgico (199 episodios frente a 234; cociente de riesgos instantáneos ajustado; 0,67; p < 0,001).
Los investigadores señalan que “Las operaciones bariátricas evitan los episodios cardiovasculares”. Hacen notar que estos últimos resultados, “así como las relaciones entre las operaciones bariátricas y los resultados favorables comunicados con anterioridad -en relación con los cambios en el peso corporal a largo plazo, factores de riesgo cardiovascular, calidad de vida, diabetes, cáncer y mortalidad-demuestran que los procedimientos de cirugía bariátrica conllevan múltiples ventajas, algunas de las cuales son independientes del grado de reducción de peso logrado por el tratamiento quirúrgico”.
No obstante, afirman que es prematuro tomar decisiones clínicas basadas en su análisis retrospectivo -p. ej., el hallazgo de que la insulina inicial sea un factor pronóstico de quién obtendrá el máximo beneficio cardiovascular de la operación bariátrica. Tales efectos del tratamiento precisarán confirmación en estudios prospectivos comparativos realizados en subgrupos con alto riesgo especificados al inicio y esto puede tardar “un mínimo de 10 años”.
Mientras tanto, las decisiones clínicas “se deben basar en la mejor evidencia científica disponible”.
Sjöström refiere haber recibido becas irrestrictas de Sanofi-Aventis y Johnson & Johnson para el estudio SOS; recibir honorarios por conferencias y asesoría de AstraZeneca, Biovitrium, Bristol-Myers Squibb, GlaxoSmithKline, Johnson & Johnson, Lenimen, Merck, Novo Nordisk, Hoffman LaRoche, Sanofi-Aventis y Servier; y ser propietario de acciones en Lenimen y presidente de su Junta de Consejo. Las declaraciones de conflicto de intereses de los coautores se enumeran en el artículo original. Livingstone refiere no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.
Referencias
1. Sjöström L, Peltonen M, Jacobs P, et al. Bariatric surgery and long-term cardiovascular events. JAMA 2012; 307:56-65.
2. Livingstone EH. Inadequacy of IMC as an indicator for bariatric surgery. JAMA 2012; 307: 88-89.
3. Sjöström L, Narbro K, Sjöström CD, et al. Swedish Obese Subjects Study. Effects of bariatric surgery on mortality in Swedish obese subjects. N Engl J Med 2007; 357:741-752. 
http://www.theheart.org/article/1337431.do

14 diciembre 2011

Asocian deficiencia vitamina D con enfermedad cardíaca y muerte

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 8:02

 Tras analizar datos de más de 10.000 pacientes, un equipo estadounidense halló que el 70 por ciento tenía deficiencia de vitamina D, con un riesgo cardíaco mucho más alto que el resto de la población y el doble de posibilidad de morir.
 Pero el uso de suplementos para corregir esa deficiencia redujo un 60 por ciento el riesgo de morir, indicaron los expertos de la University of Kansas.
 “Esperábamos observar una relación entre la enfermedad cardíaca y la deficiencia de vitamina D, pero nos sorprendió con qué solidez”, dijo el doctor James L. Vacek, del Hospital y Centro Médico de la University of Kansas. “Fue mucho más profunda que lo que esperábamos”, agregó.
 La deficiencia de vitamina D está asociada con una gran cantidad de enfermedades, pero pocos estudios habían demostrado que los suplementos podrían prevenirlas.
 El equipo de Vacek revisó datos de 10.899 adultos, a los que se les habían medido los niveles de vitamina D en sangre en el hospital de la universidad. En más del 70 por ciento, los niveles estaban por debajo de los 30 ng/ml, que es el valor considerado saludable.
 Tras considerar la historia clínica de los pacientes, los tratamientos farmacológicos y otros factores, los cardiólogos observaron que las personas con deficiencia de vitamina D eran dos veces más propensas a tener diabetes, un 40 por ciento más propensas a tener hipertensión y un 30 por ciento más propensas a desarrollar cardiomiopatía (enfermedad del músculo cardíaco) que las personas sin deficiencia del nutriente.
 Además, ese grupo tenía tres veces más riesgo de morir por cualquier causa que los que no tenían deficiencia de vitamina D, según publica el equipo en American Journal of Cardiology.
 Al concentrarse en los usuarios de suplementos de vitamina D, el equipo observó que el riesgo de morir por cualquier causa era un 60 por ciento más bajo que en el resto de los participantes, aunque el efecto fue aún mayor en aquellos con deficiencia de la vitamina al momento de la evaluación.
 El estudio no prueba que la vitamina D sea la responsable de los efectos observados; otros factores, como la enfermedad, podrían explicar las diferencias asociadas con el estado de salud y los niveles de vitamina D registrados.
 El último relevamiento nacional sobre salud y nutrición de la población (National Health and Nutrition Examination Survey) estimó que entre el 25 y el 57 por ciento de los adultos de Estados Unidos tienen niveles insuficientes de vitamina D.
 Vacek lo atribuyó a la forma de obtener el nutriente: dijo que debería ser un 90 por ciento a través del sol y apenas un 10 por ciento a través de la alimentación.
 El cuerpo humano produce la vitamina D cuando la piel se expone al sol. Ciertos alimentos, como los pescados grasos, los huevos y la leche enriquecida, también aportan el nutriente.
 Para absorber una cantidad suficiente de vitamina D al sol, hay que exponer todo el cuerpo durante por lo menos 20 minutos diarios en las estaciones más cálidas, pero Vacek dijo que la mayoría de la población no pasa tiempo suficiente al aire libre.
Por Kimberly Hayes Taylor
NUEVA YORK (Reuters Health) –
FUENTE: The American Journal of Cardiology, online 7 de noviembre del 2011
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=73772

Un nivel moderadamente elevado de colesterol LDL implica riesgo de cardiopatía

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 7:39
En el transcurso de una jornada científica celebrada en Madrid, el Nobel de Medicina Joseph L. Goldstein recuerda que el colesterol “malo” es un factor causal “clave” de enfermedad coronaria.
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El profesor Arturo Fernández-Cruz, con el Premio Nobel de Medicina Joseph L Goldstein.
El Nobel de Medicina Joseph L. Goldstein ha asegura, en el transcurso del “XXX Memorial Fernández-Cruz”, celebrado en Madrid, que un nivel moderadamente elevado de colesterol LDL implica riesgo de cardiopatía coronaria. En esta jornada científica, que ha estado dirigida por el director del Área de Prevención Cardiovascular del hospital Clínico San Carlos, el profesor Arturo Fernández-Cruz, Golsdstein ha recordado que la comunidad científica ha aceptado que el colesterol LDL es un factor causal “clave” de la enfermedad coronaria.
Asimismo, este experto ha explicado de que los descubrimientos de los receptores de LDL y de su vía de metabolismo (SREBPs) han conducido a una comprensión molecular de cómo las estatinas reducen los niveles de “colesterol malo”. También, ha mencionado el hallazgo de que la proteína PCSK9, regulador de los receptores de LDL, puede suponer una manera de abordar la hipercolesterolemia familiar.
El Nobel ha recordado que la Asociación Americana del Corazón recomienda actualmente controlar el nivel de colesterol cada cinco años, a partir de los veinte. De esta manera, el experto ha señalado que si se detectan altos niveles de “colesterol malo” en la juventud es fácil controlarlo con cambios en el estilo de vida y, si es necesario, con fármacos.
Goldstein fue galardonado con el Nóbel de Medicina en 1985 por sus trabajos sobre el colesterol y la relación entre el aumento de sus niveles en sangre y la formación de depósitos grasos vasculares y la arteriosclerosis. Asimismo, este experto demostró, en colaboración con Michael S. Brown, la existencia en la membrana celular de receptores que captan y degradan las LDL plasmáticas.
JANO.es • 12 Diciembre 2011 13:44
http://www.jano.es/jano/actualidad/ultimas/noticias/janoes/nivel/moderadamente/elevado/colesterol/ldl/implica/riesgo/cardiopatia/_f-11+iditem-15731+idtabla-1?utm_source=JANO&utm_medium=email&utm_campaign=Jano+diario+%2812%2F12%2F2011%29

12 noviembre 2011

El control glucémico estricto no reduce riesgo cardíaco en diabetes

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 8:40

corazon

 El control intensivo de la glucosa en sangre no reduce el riesgo de que los pacientes con diabetes tipo 2 desarrollen insuficiencia cardíaca, y un meta-análisis revela que el manejo estricto con tiazolidinediona aumentaría ese riesgo.
El autor principal del estudio señaló que esto “se suma a evidencia reciente de la falta de beneficios macrovasculares (contra infartos, accidentes cerebrovasculares y ahora insuficiencia cardíaca) del control glucémico más intensivo”.
Pero el investigador, doctor John J. V. McMurray, del Centro de Investigación Cardiovascular BHF de Glasgow, en el Reino Unido, recordó “que un mejor control glucémico reduce el riesgo de tener complicaciones microvasculares”, como la enfermedad ocular diabética, la nefropatía y la neuropatía.
Según publica American Heart Journal, el equipo de McMurray no halló que el control estricto de la glucosa reduzca el riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca.
El análisis incluyó ocho estudios que habían comparado un tratamiento intensivo para disminuir la glucosa con una terapia estandarizada en un total de 37.229 diabéticos tipo 2. El seguimiento duró entre dos y 20 años.
Se registraron 1.469 problemas asociados con insuficiencia cardíaca; el 55 por ciento ocurrió en el grupo tratado con el régimen intensivo. La diferencia promedio en el nivel de hemoglobina glucosilada entre los grupos fue del 0,9 por ciento.
Y el control intensivo de la glucosa no influyó en la aparición de problemas asociados con la insuficiencia cardíaca al aumentar el riesgo apenas un 20 por ciento, comparado con los tratamientos convencionales.
De todos modos, “la estimación del riesgo fue muy heterogénea, con casi un 70 por ciento de variabilidad entre los estudios, algo atribuible a la heterogeneidad y no al azar”, escribe el equipo.
Al analizar un subgrupo de pacientes, la razón de posibilidad de que tuvieran algún problema asociado con la insuficiencia cardíaca fue de 1,33 con el control glucémico intensivo con tiazolidinediona.
Existen varios motivos por los que el control glucémico intensivo no reduciría el riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca “que predicen los estudios epidemiológicos”.
Los autores sostienen que estos resultados revelan “que la duración del tratamiento o el seguimiento es insuficiente o que la intervención terapéutica es demasiado tardía en el curso de la enfermedad, la toxicidad colateral de las terapias utilizadas, o que la hiperglucemia no causa directamente insuficiencia cardíaca en los diabéticos (es decir, que es un marcador, no un mediador)”.
FUENTE: American Heart Journal, online 10 de octubre del 2011
Por Megan Brooks
NUEVA YORK (Reuters Health)
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=73571

26 julio 2011

Aconsejar a las personas que consuman menos sal no es el mejor enfoque para reducir las ECV

Filed under: Temas varios — Arturo Hernández Yero @ 8:41
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 En un nuevo análisis de Cochrane se ha llegado a la conclusión de que no hay pruebas claras de ventajas – por lo que respecta a evitar los episodios cardiovasculares y las muertes – con aconsejar a las personas que disminuyan la ingesta de sal en los alimentos [1]. Sin embargo, el autor principal, Dr. Rod S Taylor (Universidad de Exeter, Reino Unido), está resaltando que no recomienda modificar la recomendación de que las personas consuman menos sal; más bien, es la forma en que esto se logra lo que al parecer es importante.
Dijo a heartwire: “Una de las cuestiones que observamos fue que una cosa es decir a las personas que reduzcan su ingesta de sal y otra cosa muy diferente es que ellos lo cumplan y esto es un mensaje importante para la salud pública. No identificamos datos sólidos. Nuestros hallazgos son un poco neutrales con respecto al efecto de la reducción de la sal de los alimentos sobre la mortalidad y la presentación de ECV en el futuro. ”
En cambio, dice el Dr. Taylor, las acciones se deben enfocar en otros medios para ayudar a las personas a reducir su ingesta de sal, observando que “75% de la sal que consumimos está oculta, de manera que necesitamos lograr la intervención de la industria alimentaria”. Es probable que este sea un medio más práctico y económico de reducir la ingesta de sal en la población general en vez de enfocarse en los consejos de alimentación a los individuos, terminaron diciendo él y sus colaboradores en su artículo publicado el 6 de julio de 2011 en la Base de Datos de Análisis Sistemáticos de Cochrane. La investigación también aparece en el American Journal of Hypertension [2].
Sin embargo, los críticos dicen que este nuevo análisis está basado sólo en siete estudios que no fueron diseñados para valorar los efectos de las intervenciones de reducción de sodio sobre los episodios CV y la mortalidad y por tanto no es fiable.
Los críticos dicen que los análisis no son rigurosos y que las conclusiones no son fiables
En el análisis, Taylor y sus colaboradores analizaron siete estudios aleatorizados comparativos — tres de normotensos, dos de hipertensos, uno de una población mixta de normotensos e hipertensos y otro de pacientes con insuficiencia cardiaca — con un mínimo de seis meses de seguimiento en los que se analizaban las intervenciones para reducir la sal de los alimentos y los comparaban con la alimentación habitual, de control o placebo o con ninguna intervención. El Dr. Taylor explicó: “Los estudios se realizaron en una mezcla de grupos de pacientes, pero básicamente fueron personas que no tenían enfermedad cardiovascular previa”.
En total se incluyeron 6257 individuos y hubo 665 muertes. Taylor reconoce que si bien pudieron confirmar que la reducción de la sal se relacionaba con reducciones del sodio urinario de entre 27 y 39 mmol/día y reducciones de la TA sistólica de entre 1 y 4 mm Hg (hasta por un año en algunos estudios), no pudieron verificar que esta reducción se mantuviese a más largo plazo, una desventaja importante.
Los riesgos relativos de mortalidad por todas las causas en normotensos para el método de reducción de sal fueron 0,90 para el seguimiento más prolongado y 0,96 para los hipertensos. En el caso de la morbilidad cardiovascular, las cifras fueron 0,71 y 0,84. Taylor y colaboradores llegan a la conclusión de que: “nuestro análisis se enfoca en consejos relativos a la alimentación y no ha mostrado datos sólidos que respalden este enfoque”.
Sin embargo, los autores de los estudios incluidos en el metanálisis tienen una serie de críticas al ensayo.
El Dr. Lawrence Appel (Johns Hopkins University Medical School, Baltimore, MD) dijo a heartwire. “El análisis realizado por Taylor añade poco a nuestros conocimientos acerca de los efectos de la reducción de sodio sobre la salud. Ninguno de los estudios incluidos fue concebido para valorar los efectos de las intervenciones de reducción de sodio en los episodios de enfermedades cardiovasculares y mortalidad”, dice, e “incluso en conjunto, el número de episodios es pequeño y es limitada la potencia estadística”.
Y la Dra. Nancy R Cook (Harvard Medical School, Boston, MA) dijo: “Este fue un análisis burdo de los resultados en estos estudios y por tanto se pierde información. A mi parecer, varios de los estudios no tuvieron una representación adecuada y los resultados del análisis no son fiables. Lo único que hicieron fue un recuento simple del número de episodios. No utilizaron datos de pacientes individuales como lo hicimos en nuestros estudios; nuestro resultado fue significativo. Afirman que no hay pruebas indicativas de un efecto, pero los análisis son diferentes.” Y señala que las reducciones del riesgo relativo de morbilidad CV citadas por Taylor et al, aunque no son estadísticamente significativas, «son muy considerables» y sostiene que habrían sido significativas si los autores hubiesen utilizado un método de análisis diferente.
El Dr. Appel está de acuerdo: “Los autores truncaron la mejor serie de estudios, TOHP1 y TOHP2, que tienen un seguimiento prolongado de >10 años, sólo al periodo de su estudio, 1,5 años para TOHP1 y tres años para TOHP2. Esta serie de estudios, con seguimiento prolongado, documentó una reducción importante de los episodios de ECV”.
El Dr. Appel también se muestra muy crítico en torno a la inclusión del estudio sobre la restricción de sal en pacientes con insuficiencia cardiaca (que también estaban tomando antihipertensivos), considerándolo “irrelevante”.
Continúa el debate en torno a los estudios con criterios de valoración consistentes sobre la reducción de sodio
El Dr. Taylor admite que el análisis puede no haber tenido la potencia suficiente y dice que se precisarían datos de un mínimo de 18.000 individuos a fin de poder determinar cualquier ventaja clara para la salud.
Él y sus colaboradores afirman que los hallazgos “respaldan” la recomendación reciente de que se realicen más estudios aleatorizados y a gran escala, rigurosos, que permitan definir la demostración de la ventaja cardiovascular que conlleva la reducción de la sal de los alimentos. Añaden que en esos estudios se han de valorar las intervenciones al nivel de la población que posiblemente conduzcan a reducciones sostenidas de la ingesta de sal y que sean proporcionadas a las directrices de salud pública actuales.
Sin embargo, el Dr. Appel reitera lo que por años han estado señalando muchas campañas para reducir la ingesta de sodio al nivel de la población: «Para las exposiciones crónicas a factores de riesgo -tales como tabaquismo, exceso de ingesta de sal, exceso de peso e ingesta insuficiente de frutas y verduras- los estudios con variables clínicas consistentes no son realistas, dada la dificultad de lograr y mantener un contraste suficiente, costos, logística, duración y aspectos éticos.
“Cabe hacer notar que no hay ningún estudio sobre pérdida de peso con variables consistentes para la reducción de peso en una población general y sólo algunos estudios de resultados en relación con el cese del tabaquismo, la mayor parte de ellos sin potencia”. Sin embargo, se dispone de pruebas sólidas para recomendar la pérdida de peso y el cese de tabaquismo. Lo mismo es verdad para el sodio. La base de las recomendaciones de la restricción de sodio se sustenta en pruebas persuasivas indicativas de que la reducción del sodio disminuye la TA. No se han realizado estudios de reducción de sodio con variables clínicas consistentes y no se realizarán.
Consenso en que la reducción de sodio en los alimentos procesados es el camino a seguir
Mientras tanto, Katharine Jenner (directora de la campaña Acción de Consenso para la Sal y la Salud, Londres, Reino Unido) señala que los autores del análisis, de hecho, se contradicen a sí mismos. Contrario al encabezamiento de conclusión de los autores -el comunicado de prensa de la biblioteca Cochrane [3] anuncia «El reducir la sal no disminuye la posibilidad de morir» — el análisis demuestra también que la reducción de la ingesta de sal disminuye la tensión arterial y ellos están señalando «nuestros hallazgos no son congruentes con la creencia de que la reducción de sal es útil en personas normotensas e hipertensas».
La Dra. Jenner dice: «Es muy desalentador que el mensaje de este pequeño análisis afirme que la reducción de la sal pueda no ser útil; esta es una conclusión completamente inadecuada, dadas las pruebas sólidas y el consenso general de salud pública de que la sal aumenta la tensión arterial y esto conduce a enfermedades cardiovasculares».
Sin embargo, le agrada que los autores reconozcan que la reformulación por la industria alimentaria, más que los consejos alimentarios a los individuos, sea la estrategia más rentable para reducir la sal en los países desarrollados.
El Dr. Taylor dijo a heartwire «No disponemos de ningún dato que indique ningún daño relacionado con reducir la sal de los alimentos procesados. Es necesario lograr la intervención de la industria de los alimentos». Sin embargo, añade que será importante valorar los efectos de la reducción voluntaria de la sal de los alimentos por la industria.
La Dra. Jenner está de acuerdo: «Respaldamos plenamente la valoración de tales programas.»
Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés pertinente. Los Dres. Appel y Cook son autores de los estudios incluidos en el metanálisis.
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 15 JUL 2011 09H16 EST
Referencias
1. Taylor RS, Ashton KE, Moxham T, et al. Reduced dietary salt for the prevention of cardiovascular disease. Cochrane Database of Systematic Reviews 2011; DOI: 10.1002/14651858.CD009217. Disponible en: http://www2.cochrane.org/reviews.
2. Taylor RS, Ashton KE, Moxham T, et al. Reduced dietary salt for the prevention of cardiovascular disease: a meta-analysis of randomized controlled trials (Cochrane Review). Am J Hypertension 2011; doi:10.1038/ajh.2011.115 Disponible en: http://www.nature.com/ajh/index.html.
3. Cochrane Library. Cutting down on salt doesn’t reduce your chance of dying [comunicado de prensa]. 6 de julio de 2011. Disponible aquí.
http://www.theheart.org/article/1251491.do?utm_campaign=newsletter&utm_medium=email&utm_source=20110726_World_ES
Artículo original en inglés, heartwire; 5 jul. 2011) Exeter, RU —
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Autor: Arturo Hernández Yero | Contáctenos
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