Diabetes mellitus

13 julio 2018

Las abreviaciones en medicina pueden ser un DDC (dolor de cabeza)

Filed under: Temas varios — Arturo Hernández Yero @ 17:21

Matías A. Loewy

Buenos Aires, ARG. Las abreviaciones o procedimientos de la lengua que acortan una palabra o expresión compleja están muy extendidos en la escritura de los médicos y representan una barrera para la comunicación entre profesionales, así como un riesgo potencial para la seguridad de los pacientes, de acuerdo con la alerta de un médico argentino, líder en el desarrollo de un sistema informático para la detección automática y la gestión de las abreviaciones en los documentos clínicos de su hospital.
“Las abreviaciones pueden significar distintas cosas para distintas personas”, dijo a Medscape en Español el Dr. Martín Díaz Maffini, especialista en medicina interna e informática médica del Hospital Alemán de Buenos Aires, en Argentina.
Tal cual precisó, el término “abreviación” incluye las abreviaturas (palabras acortadas por suspensión o contracción de caracteres, como mg en lugar de miligramo), las siglas (palabras que se forman al agrupar las letras iniciales de una expresión compleja, como BCG en lugar de bacilo de Calmette y Guérin), los sigloides (variantes de la sigla en las que se usan caracteres secundarios o segundas letras de las palabras que componen la expresión, como CaCU en lugar de cáncer de cuello uterino) y los acrónimos (aquellas siglas que se puede leer en español con naturalidad sílaba a sílaba, como TAC por tomografía axial computada, o MAPA por monitoreo ambulatorio de la presión arterial).
egún reveló el Dr. Díaz Maffini, el análisis de 1.450 notas de evolución clínica de pacientes ambulatorios en historias clínicas electrónicas (en su institución) mostró que 76% contenía al menos una abreviación. El promedio fue de 6,8 abreviaciones por texto escrito, con un máximo de 86. “Es un problema enorme”, puntualizó durante una presentación en el VIII Foro de IT Salud Argentina, llevado a cabo el 12 de junio, organizado por Usuaria (Asociación Argentina de Usuarios de la Informática y las Telecomunicaciones) en la sede de la Academia Nacional de Medicina, en Buenos Aires.
Significados equívocos: Desastre inminente
Casi 5% de los errores de medicación reportados por centros de salud se han atribuido al uso de abreviaciones que son malinterpretadas por el personal, según un estudio liderado en 2007 por Luigi Brunetti, Pharm.D., profesor asociado de Farmacia de la Rutgers University, en New Brunswick, Estados Unidos.[1]
Uno de los riesgos más tangibles de los malentendidos se relaciona con las prescripciones. Los autores citaron un caso: Paciente de 62 años en hemodiálisis cuyo médico, para tratar una infección viral, indicó aciclovir “con HD”, esto es, una vez al día con cada sesión de diálisis (dado que se trata de un fármaco que requiere ajustar la dosis por la función renal). Pero la sigla se leyó “TID”, que son las siglas de una locución latina que significa “tres veces al día”. Las consecuencias del equívoco fueron desastrosas; la administración de tres dosis diarias de aciclovir durante dos días condujo a un rápido deterioro de la función mental, delirio y muerte.
Los médicos no solo recurren a las abreviaciones para escribir más rápido y ahorrar tiempo. Ya en 1915, un comité británico alertó sobre la práctica de muchos profesionales que inventaban su “lista privada de fórmulas” (abreviaciones) para direccionar sus prescripciones a determinadas farmacias del vecindario que disponían de copias para interpretarlas.[2] Más habitual es que se usen de manera “piadosa” en informes de alta o en prescripciones para evitar nombrar de manera directa patologías que se consideran socialmente dolorosas, incurables o vergonzosas, como cáncer o tuberculosis.[3] Pero el Dr. Díaz Maffini sospecha que en su abuso también puede haber cierto propósito “criptográfico”: “Escribo para mí, no para que entienda el otro”, puntualizó.
emitió por primera vez una lista de abreviaciones en inglés que no deben ser usadas con el objeto de “mejorar la efectividad de la comunicación entre los profesionales de la salud” y contribuir a asegurar la seguridad de los pacientes. Entre otras, la lista prohíbe el uso de las letras “U” o “u” para denotar “unidades”, dado que puede dar lugar a confusión con el número “0” (cero), el número “4” (cuatro) o “cc” (centímetros cúbicos); de la sigla “IU” (unidad internacional), porque se puede malinterpretar como “IV” (intravenoso) o el número “10”; y de la sigla “MS”, porque puede aludir tanto al sulfato de magnesio como al sulfato de morfina. En todos los casos, se recomienda escribir las palabras enteras.[4]
El Institute for Safe Medication Practices (ISMP) también propone desde 2005 una lista de abreviaciones, símbolos y designaciones de dosis que “nunca deben ser usados cuando se comunica información médica” por la frecuencia con que son malinterpretados y con la que aparecen involucrados en errores de medicación. El listado añade otras siglas propias del idioma, tales como BT (bedtime u hora de acostarse), que puede confundirse con BID (expresión en latín para denotar “dos veces al día”); OD u o.d. (once daily o una vez al día), que ha llevado a que se viertan soluciones líquidas orales sobre el ojo derecho (OD: Oculus dexter) de pacientes e IN (intranasal), que puede ser interpretado como “IM” o “IV”.[5]
Sin embargo, más allá de las recomendaciones, “el uso de las abreviaciones sigue siendo un problema y cualquier método que impacta negativamente en la comunicación tiene el potencial de contribuir a los errores médicos o de medicación”, señaló el Dr. Brunetti a Medscape en Español. Un flamante análisis del ISMP Canadá concluyó que “las abreviaciones, símbolos y designaciones de dosis (que no debían ser usados según un listado de 2006) continúan contribuyendo a incidentes perjudiciales de medicación en algunos establecimientos de salud”.[6]
De acuerdo con la literatura, muchos de los riesgos de incomprensión de las abreviaturas y siglas derivan de la polisemia (abreviaciones que tienen más de un significado distinto) y de la sinonimia (distintas abreviaciones para designar el mismo término o expresión).
A modo de ejemplo, en el diccionario en línea de siglas médicas de la Sociedad Española de Documentación Médica (SEDOM),[7] el acrónimo CAP devuelve siete expresiones de origen posibles: centro de atención primaria, ciclofosfamida-adriamicina-cisplatino, community-adquired pneumonia, complejo areola pezón, Comunidad Autónoma del País Vasco, conducto arterioso permeable y contracciones auriculares prematuras. El Dr. Díaz Maffini recopiló y publicó en la intranet de su hospital un listado de 180 abreviaciones “no permitidas”, con cerca de 400 significados distintos. La sigla “IC”, por ejemplo, puede referirse alternativamente a implante coclear, insuficiencia cardiaca, índice cintura, índice cardíaco e interconsulta.
El uso de abreviaciones constituye uno de los principales atropellos que se producen en el lenguaje médico y es el propio profesional quien sufre las consecuencias”, protestó en un reciente artículo de revisión el Dr. Juan Carlos Araujo, especialista en cirugía general y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zulia, en Maracaibo, Venezuela.[8]
El creciente enfoque multidisciplinario de la atención médica aumenta el riesgo de malentendidos. Un estudio británico de 2008 comprobó que las abreviaciones usadas por los cirujanos ortopédicos en las historias clínicas eran interpretadas de manera correcta apenas más de la mitad de las veces por colegas de la misma especialidad, pero la tasa de “aciertos” disminuía notoriamente cuando se interrogaba a otros miembros del equipo de salud. “Es un desastre inminente”, alertaron los autores.[9] Una situación similar se comprobó cuando abreviaciones usadas por pediatras fueron leídas por otros especialistas clínicos.[10] El Dr. Araujo compartió la preocupación en su artículo: “Es bastante frecuente recibir informes de médicos de otra especialidad que, debido a un exceso de siglas, resultan prácticamente ininteligibles de signos difícilmente descifrables para el destinatario, haciendo inútil el trabajo realizado al escribirlo”.
La situación en Latinoamérica y España
En un análisis conducido por el Dr. Díaz Maffini sobre las 384.000 evoluciones ambulatorias escritas durante un semestre en su hospital de Buenos Aires, las abreviaciones más utilizadas fueron mG, MG y Mg (2,5%), seguidas de OD (1,44%) y OI (1,40%).
La extensión de la práctica de acortar palabras también ha sido verificada en otros estudios realizados en Iberoamérica. En 2012, médicos colombianos liderados por el Dr. Carlos Velasco-Benítez, pediatra, gastroenterólogo y profesor de la Universidad del Valle, en Cali, Colombia, revisaron 200 historias clínicas de niños internados en un hospital universitario e identificaron 293 siglas y abreviaturas escritas en 5.759 oportunidades, con un promedio de 28,8 por historia. Las diez abreviaciones más usadas fueron las siguientes: FC (frecuencia cardiaca), FR (frecuencia respiratoria), T (temperatura), OP (origen y procedencia), AP (análisis y plan), SNC (sistema nervioso central), TA (tensión arterial), TBC (tuberculosis), RX (radiografía) y EA (enfermedad actual).
En el mismo estudio, la sigla más polisémica resultó ser SS; según el contexto, podía ser la abreviación de semanas, seguridad social, se solicita, segundos y solución salina. También se hallaron 12 abreviaciones inventadas (4%) sin significado asignable. “Lo que preocupa son los peligros de separación, incomprensión y ruptura de la comunicación entre médicos, fenómeno que se refleja en la interacción médico-paciente y al final en la salud de los niños por cuenta del error médico”, destacaron el Dr. Velasco-Benítez y sus colegas.[11]
En otro trabajo, publicado en 2016, el Dr. Francisco Soto-Arnáez y cuatro colegas españoles revisaron informes de alta y órdenes de prescripción anotadas en 78 historias clínicas electrónicas de un hospital de Madrid. El 100% de las historias presentaba abreviaciones, con un promedio de 38,95 (mínimo = 4 y máximo = 85). La sigla más frecuente fue HTA (hipertensión arterial), con 98 apariciones, seguida de AP, una sigla polisémica que, según el caso, puede significar antecedentes personales, atención primaria, auscultación pulmonar, anatomía patológica o anteroposterior. Asimismo, los autores identificaron 28 abreviaturas consideradas de riesgo y cuyo uso está desaconsejado, tales como “SC”, “CLK” o “U”.[12] Las abreviaciones también están muy extendidas en los informes de enfermería al alta, con el agravante de que tres cuartas partes de los términos abreviados admiten más de una interpretación.[13]
En diálogo con Medscape en Español, el autor principal del primero de los estudios, Domingo Palacios-Ceña, Ph. D., diplomado en enfermería y profesor titular del Departamento de Fisioterapia, Terapia Ocupacional, Rehabilitación y Medicina Física de la Universidad Rey Juan Carlos, en Madrid, España, aseguró que los estudios observacionales sin intervención muestran que “cuando se usan acrónimos (abreviaciones) puede aumentar entre dos y diez veces la probabilidad de que un paciente tenga un suceso adverso debido a esta práctica. Sin embargo, el riesgo concreto y exacto depende de factores como la intervención, el servicio médico o de enfermería, el tipo de hospital y la existencia (o no) de protocolos para eliminar esta práctica”.
Estrategias para limitar el riesgo
El primero de los enfoques adoptados para contener el problema ha sido la elaboración de listados institucionales de abreviaciones consideradas de riesgo que no debían ser utilizados por los profesionales, así como sesiones educativas de concientización que incluyen charlas, carteles y hasta etiquetas autoadhesivas recordatorias. Pero la efectividad de estos métodos ha mostrado ser limitada,[14] más allá de que algunos hospitales reportaran éxitos con estrategias focalizadas y “no confrontativas” de educación.[15,16]
El Dr. Díaz Maffini señaló que la literatura muestra que la publicación de listas de abreviaciones no permitidas puede ser contraproducente e inspira en algunos casos a los profesionales para empezar a utilizarlas. Es lo que ocurrió en su hospital: “Algunas abreviaciones que se usaban pasaron a utilizarse menos, y otras que no se usaban aparecieron con mayor frecuencia”, resumió.
La tecnología ha resultado una aliada. La introducción y difusión de órdenes de medicación electrónicas “redujo e incluso eliminó muchos tipos de errores asociados con las abreviaciones”, dijo el Dr. Brunetti a Medscape en Español. Un reciente estudio multicéntrico en hospitales de Canadá mostró que la tasa de uso de abreviaciones peligrosas era del 0,4% en órdenes electrónicas frente a 24,1% en aquellas escritas sobre papel.[17]
Pero, en el caso de las historias clínicas electrónicas y otros documentos digitales, existen espacios libres para registrar las evoluciones diarias y otras indicaciones, por lo que subsiste el riesgo de incomunicación e incomprensión entre distintos profesionales tratantes. Y pese a que se han diseñado sistemas informáticos que detectan las abreviaciones, su corrección automática post facto no es posible sin la validación posterior de un clínico.
Para salvar esa limitación, un equipo dirigido por Hua Xu, PhD, director del Centro de Biomedicina Computacional del Centro de Ciencias de la Salud de la University of Texas, en Houston, desarrolló el prototipo de un sistema que reconoce abreviaciones en las historias clínicas electrónicas y, en tiempo real, interactúa con el autor de esa anotación para verificar el sentido correcto. En un ensayo preliminar, el sistema logró desambiguar de manera adecuada el 88,8% de un conjunto seleccionado de 25 abreviaciones muy polisémicas. Además, solo demandó un 5% más de tiempo.[18] Sin embargo, no hay registros de que esa primera prueba se hubiera aplicado a mayor escala en centros de salud.
Un enfoque similar, pero “más operativo” y de aplicación más inmediata, es el que está desarrollando el equipo del Dr. Díaz Maffini. El sistema también va a desplegar un menú de alternativas de significados en tiempo real cada vez que el médico escriba una abreviación, con una primera opción fijada por defecto en función del servicio o de las opiniones o respuestas anteriores de cada profesional, de modo tal de limitar la llamada “fatiga por alarma” (cuando la repetición de alarmas produce un estado de desensibilización o reducción del estado de alerta).
Si el médico que anota la sigla “OI” es, por ejemplo, un oftalmólogo, la primera alternativa que presentará el sistema será “ojo izquierdo”. Pero si se trata de un audiólogo, será “oído izquierdo”. Asimismo, si determinado profesional suele escribir una abreviación con cierto sentido, el sistema va a “aprender” a priorizar esa alternativa (a validar) en el menú.
El plan piloto se iniciará en agosto próximo, en una primera instancia, para los registros clínicos de pacientes ambulatorios. “El objetivo es que el sistema funcione bien [en la detección de abreviaciones] y que interfiera mínimamente en el flujo de trabajo del médico. Trabajamos mucho en el diseño de la interfase para que sea lo menos intrusiva posible y genere el salto cualitativo que queremos: que mejore la calidad de las notas clínicas y evoluciones”, se esperanzó el Dr. Díaz Maffini.
Para el Dr. Brunetti, cualquier estrategia para desalentar el uso de abreviaturas o facilitar su desambiguación debe incluir a quienes las utilizan como “parte de la solución”, en lugar de culpabilizar a los “infractores”.
En tanto, Palacios-Ceña encomió toda iniciativa institucional que apunte a minimizar el uso de las abreviaciones. “Aunque el riesgo sea mínimo, ¿usted asumiría el riesgo de llevar a un familiar a un centro sanitario [que no adopte esa política]?”, preguntó.
Los Dres. Díaz Maffini, Brunetti, y Palacios-Ceña declararon no tener conflictos de interés económico pertinentes.
Referencias
1.Brunetti L, Santell JP, Hicks RW. The impact of abbreviations on patient safety. Jt Comm J Qual Patient Saf. Sep 2007;33(9):576-83. PMID: 17915532. Artículo
2.The use of abbreviations in prescribing. Hospital (Lond 1886). 20 Nov 1915; 59(1536):166. PMID: 29823916. Artículo
3.Aleixandre R, Amador I. Problemas del lenguaje médico actual. (II) Abreviaciones y epónimos. Papeles Médicos. Ene 2001; 10: 170-176. Artículo
4.The Joint Comission. Facts about the Official Do Not Use’ List of Abbreviations. Publicado el 9 de junio de 2017. Disponible en: https://www.jointcommission.org/facts_about_do_not_use_list/
5.Institute for Safe Medication Practices. List of Error-Prone Abbreviations. Publicado el 2 de octubre de 2017. Disponible en: https://www.ismp.org/recommendations/error-prone-abbreviations-list
6.Reafi¬rming the ‘Do Not Use: Dangerous Abbreviations, Symbols and Dose Designations’ List. Institute for Safe Medication Practices. 30 May 2018.;18(4). Boletín
7.Diccionario de siglas médicas. Consultado en versión electrónica. Disponible en: http://www.sedom.es/diccionario/
8.Araujo C JC. Reflexiones en torno al lenguaje médico actual, los epónimos y abreviaciones. Las razones de su existencia y los principales problemas que plantea su uso. Revista Biosalud. 2017; 16(1): 93-104 doi: 10.17151/biosa.2017.16.1.10. Artículo
9.Parvaiz MA, Subramanian A, Kendall NS. The use of abbreviations in medical records in a multidisciplinary world–an imminent disaster. Commun Med. 2008;5(1):25-33. doi: 10.1558/cam.v5i1.25. PMID: 19363877. Resumen
10.Sheppard JE, Weidner LC, Zakai S, Fountain-Polley S, Williams J. Ambiguous abbreviations: an audit of abbreviations in paediatric note keeping. Arch Dis Child. Mar 2008; 93(3):204-6. doi: 10.1136/adc.2007.128132. PMID: 17986605. Artículo
11.Velasco-Benítez CA, Montes J, Patiño M. Uso y abuso de abreviaturas en las historias clínicas: una reflexión sobre la comunicación entre profesionales de la salud y la interacción médico-paciente. Revista Gastrohnup. Ene-Abr 2014;16(1): 4-10. Artículo
12.Soto-Arnáez F, Sebastián-Viana T, Carrasco-Garrido P, Fernández de las Peñas C, Palacios-Ceña D. El uso de abreviaturas no recomendadas en el informe de alta y prescripción médica: estudio observacional retrospectivo. An Sist Sanit Navar. Sep-Dic 2016;39(3):379-387. Artículo
13.Simón García L, Soto Arnáez F, Fernández Rico M, Hervás RE, y cols. Uso de abreviaturas y acrónimos en informes de Enfermería al alta. 5° Congreso Nacional de Enfermería en Cirugía. Presentado el 27-29 de mayo de 2015; Valladolid, España. Resumen
14.Traynor K. Enforcement outdoes education at eliminating unsafe abbreviations. Am J Health Syst Pharm. 1 Jul 2004;61(13):1314, 1317, 1322. PMID: 15287220. Artículo
15.Horon K, Hayek K, Montgomery C. Prohibited Abbreviations: Seeking to Educate, Not Enforce. Can J Hosp Pharm. Jul 2012;65(4):294-9. PMID: 22919107. Artículo
16.Haseeb A, Winit-Watjana W, Bakhsh A-RR, Erlgall M, y cols. Effectiveness of a pharmacist-led educational intervention to reduce the use of high-risk abbreviations in an acute care setting in Saudi Arabia: a quasi-experimental study. BMJ Open. 16 Jun 2016;6(6):e011401. doi:10.1136/bmjopen-2016-011401. PMID: 27311911. Artículo
17.Cheung S, Hoi S, Fernandes O, Huh J, y cols. Audit on the use of dangerous abbreviations, symbols, and dose designations in paper compared to electronic medication orders: a multicenter study. Ann Pharmacother. Abr 2018;52(4):332-337. doi: 10.1177/1060028017740140. PMID: 29099233. Resumen
18.Wu Y, Denny JC, Rosenbloom ST, Miller RA, y cols. A Preliminary Study of Clinical Abbreviation Disambiguation in Real Time. Applied Clinical Informatics. 3 Jun 2015;6(2):364-374. doi:10.4338/ACI-2014-10-RA-0088. PMID: 26171081. Resumen
Fecha:4/07/2018
Fuente: Medscape. Las abreviaciones en medicina pueden ser un DDC (dolor de cabeza) – Medscape – 3 de jul de 2018.

https://espanol.medscape.com/verarticulo/5902899?nlid=123246_4001&src=WNL_esmdpls_180709_mscpedit_gen&uac=120961CT&impid=1679756&faf=1

¿Aumentan los anticonceptivos orales el riesgo de diabetes después de la menopausia?

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Becky McCall

ORLANDO, USA. La utilización previa de anticonceptivos orales aumenta la prevalencia de resistencia a la insulina y diabetes, entre mujeres posmenopáusicas, muestra el primer estudio de su clase en Corea del Sur.[1]
El Dr. Sung-Woo Kim, del Daegu Catholic University Hospital, Corea del Sur, presentó los resultados del estudio transversal en el Congreso Anual de la American Diabetes Association (ADA) de 2018.
“El presente estudio demostró una relación definida entre el uso previo de anticonceptivos orales y un aumento en la prevalencia de diabetes en mujeres posmenopáusicas, sobre todo en quienes los utilizaron por más de seis meses”, expresó el Dr. Kim en una entrevista con Medscape Noticias Médicas.
Sin embargo, añadió que incluso en mujeres no diabéticas, “el uso de anticonceptivos orales se relacionó significativamente con niveles más altos de insulina en ayunas, y resistencia a la insulina”.
La moderadora de la sesión, Julie Bower, Ph. D., profesora asociada de epidemiología en la Ohio State University, Columbus, Estados Unidos, preguntó al Dr. Kim sobre la sincronización del desarrollo de diabetes con el uso del anticonceptivo oral.
“Estudios previos en mujeres más jóvenes no han encontrado una relación entre el uso de anticonceptivos orales y el desarrollo de diabetes. ¿Considera que esta relación es algo que solo se observa a una edad más avanzada?”, cuestionó.
El Dr. Kim respondió: “Estas mujeres posmenopáusicas habían estado recibiendo anticonceptivos orales durante más tiempo que en los estudios previos en que se analizó el uso actual, y pueden transcurrir muchos años antes de que aparezca diabetes debida a resistencia a la insulina, así que se necesita observación a largo plazo”.
Otra posible explicación es que esta cohorte “tomó versiones más antiguas de los anticonceptivos”, señaló.
Primer estudio en analizar la diabetes posmenopáusica
El Dr. Kim explicó que el estrógeno es un regulador importante de la homeostasis de la glucosa.
Y reconoció que en dos estudios prospectivos previos a gran escala, realizados en mujeres relativamente jóvenes (premenopáusicas), se había evaluado el efecto del uso actual de anticonceptivos orales sobre la presentación inicial de diabetes, pero no encontraron ninguna relación, aunque señaló que en estos estudios los periodos de seguimiento fueron limitados.
Datos del estudio retrospectivo transversal fueron obtenidos de la extensa Encuesta Nacional para el Examen de la Salud y la Nutrición de Corea (KHANES) basada en la población de 2007 a 2012.
Se obtuvo información sobre la duración del uso de anticonceptivos orales, la edad a la que ocurrió la menopausia, y a la que se estableció el diagnóstico de diabetes, el uso de terapia de reemplazo hormonal, hipertensión, hiperlipidemia, antecedente de tabaquismo, consumo de alcohol, y actividad física.
El estudio incluyó a 6554 mujeres posmenopáusicas de alrededor de 65 años de edad. De estas, 849 tenían diabetes y habían utilizado anticonceptivos orales durante más de seis meses, mientras que 409 tenían diabetes, pero habían utilizado el anticonceptivo oral por menos de seis meses.
Además, se contó con los niveles de glucosa en ayunas e insulina para 3338 de las mujeres posmenopáusicas no diabéticas, de manera que también se analizó la relación entre la resistencia a la insulina y el uso previo de anticonceptivo.
Riesgo de diabetes casi 35% más alto si el anticonceptivo oral se utilizó por más de seis meses
De las mujeres que habían utilizado anticonceptivos orales durante más de seis meses, 19,4% tenía diabetes. El porcentaje disminuyó a 14,4% para las que utilizaban anticonceptivos orales por menos de seis meses, en comparación con 14,3% en el grupo de referencia de mujeres que nunca los habían tomado, informó el Dr. Kim.
Esto significó que la prevalencia de diabetes fue aproximadamente 35% más alta, incluso después del ajuste con respecto a múltiples factores de confusión en las participantes posmenopáusicas que habían tomado la píldora durante más de seis meses, en comparación con las que nunca habían tomado anticonceptivos orales (odds ratio: 1,34; p < 0,01).
Por lo que respecta al riesgo de diabetes asociado a la duración del uso de anticonceptivos orales, el odds ratio para cada mes de uso fue de 1,005 (p < 0,01).
“La prevalencia de la diabetes mostró una tendencia creciente de 0,5% por un mes de uso de anticonceptivo oral”, puntualizó el Dr. Kim.
“Estos resultados indican que el uso prolongado de anticonceptivos orales en la edad reproductiva puede ser un factor de riesgo potencial para la presentación de diabetes después de la menopausia”, afirmó.
Tomar anticonceptivos orales durante más de seis meses también condujo a un incremento significativo de los niveles de insulina en ayunas, y resistencia a la insulina (esta última evaluada justificando el modelo homeostático de resistencia a la insulina) en participantes no diabéticas, en comparación con las que nunca habían utilizado la píldora anticonceptiva.
Las circunstancias cambian
La Dra. Bower concluyó: “Sabemos que las exposiciones que ocurren a una edad más temprana pueden influir en los desenlaces de salud muchos años más tarde, pero pueden cambiar mucho las circunstancias, y complicar las cosas”.
Los siguientes pasos han de incluir “analizar estos y otros datos con más detenimiento para determinar si el riesgo más alto se debe a los anticonceptivos orales, o a otros factores de riesgo relacionados con la diabetes, que puedan asociarse al uso de anticonceptivos orales o ser resultado de ello”.
El Dr. Kim reconoció que el estudio tuvo varias limitaciones y añadió que “se necesita más investigación para aclarar el efecto de los anticonceptivos orales a largo plazo sobre el riesgo de diabetes a una edad más avanzada”.
El Dr. Kim y la Dra. Bower han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.
Referencias
Kim SW, Kim R, Jeon E, Lee JH, Shon HS. 177-OR: Past Use of Oral Contraceptives and Diabetesin Post-Menopausal Women. Congreso de la American Diabetes Association (ADA) de 2018. Presentado el 24 de junio de 2018; Orlando, Estados Unidos. Resumen
Fecha:6/07/2018
Fuente: ¿Aumentan los anticonceptivos orales el riesgo de diabetes después de la menopausia? – Medscape – 6 de jul de 2018.

https://espanol.medscape.com/verarticulo/5902917?nlid=123246_4001&src=WNL_esmdpls_180709_mscpedit_gen&uac=120961CT&impid=1679756&faf=1

La diabetes mellitus como factor protector del aneurisma de aorta abdominal: posibles mecanismos

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Autores: Elisenda Climent, David Benaiges Boix, Juan José Chillarón Jordán, Juana Antonia Flores Le Roux, Juan Pedro-Botet Montoya
Localización: Clínica e investigación en arteriosclerosis, ISSN 1578-1879, Vol. 30, Nº. 4, 2018, págs. 181-187

Resumen
El aneurisma de aorta abdominal (AAA) comparte diversos factores de riesgo con la aterosclerosis. De entre estos la diabetes mellitus (DM) podría tener un efecto negativo en la formación, crecimiento y expansión del AAA. En este sentido, diversas revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados hasta 2016 han mostrado resultados concordantes en cuanto al posible efecto protector de la DM en la formación y progresión del AAA.
No obstante, los mecanismos fisiopatológicos de esta supuesta protección son aún desconocidos. Parece que tanto la hiperglucemia como la hiperinsulinemia asociadas a la DM, al causar un incremento de los productos de glicación avanzada, una disminución de la fibrinólisis y alteraciones en las células musculares lisas, comportarían un menor riesgo de expansión aneurismática. Se considera que este papel protector está principalmente mediado por una disminución de las metaloproteasas, en concreto la tipo 2 y 9. Además, los fármacos utilizados en el tratamiento tanto de la DM tipo 2 como de la hipertensión arterial y la dislipidemia también podrían desempeñar un papel en este efecto protector. La metformina, las tiazolidinedionas, los inhibidores del DPP4, las estatinas y los inhibidores de la enzima conversora de la angiotensina han sido evaluados en este sentido.
En conclusión, los estudios publicados hasta el momento parecen confirmar el efecto protector de la DM en la formación y expansión del AAA, aunque son necesarios futuros estudios a largo plazo para confirmar los mecanismos fisiopatológicos implicados, así como el papel de la medicación concomitante.
Fecha:13/07/2018
Fuente: Dialnet

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6494310

 

“La alteración del sueño y los ritmos circadianos puede dañar la salud”

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Michael W. Young, Premio Nobel de Medicina
El premio Nobel de Medicina advierte sobre los riesgos de ignorar los relojes biológicos del cuerpo.

La vida en la Tierra no es constante a lo largo del día. Los animales, las plantas, incluso las bacterias varían su actividad con un ritmo adaptado a las rotaciones de 24 horas del planeta. Cada célula porta un reloj bioquímico interno que, gracias a la acumulación nocturna de ciertas proteínas y a la degradación de las mismas durante el día, asegura la periodicidad de procesos tan importantes como el sueño o el hambre, en el caso de los animales. Michael W. Young (Miami, 1949) es uno de los científicos que descubrió cómo funciona el reloj. Junto con Jeffrey C. Hall y Michael Rosbash recibió el Premio Nobel de Medicina el año pasado por describir el sistema de autorregulación de estas proteínas que gobierna los ritmos circadianos (del latín circa, alrededor, y dies, día).
“La alteración del sueño y de los ritmos circadianos puede dañar la salud” Preguntas que te haces cada año sobre el cambio de hora
Young empezó sus experimentos con moscas del vinagre, pero los científicos saben que estos relojes están presentes en todos los organismos multicelulares y también en microbios de una sola célula. Ahora, el genetista de la Universidad de Rockefeller está centrado en descubrir qué papel juegan los relojes circadianos en la regulación del sueño humano. “Qué agradable ha sido, poder empezar con la mosca y 40 años más tarde estar descifrando el mismo problema en los humanos”, decía Young la pasada semana durante un acto en Madrid, al que acudió para recibir el premio de la Fundación Fernández-Cruz.
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Entrevista
Pregunta: ¿Sabemos para qué sirve el sueño?
Respuesta: No lo sabemos todavía. Hay muchas sugerencias, suposiciones, hipótesis. Estamos afrontando este problema buscando mutaciones que varían la cantidad de sueño. Nos interesan especialmente las mutaciones que reducen el sueño: ¿qué pasa cuando una mosca de laboratorio duerme mucho menos que una mosca normal? Hemos identificado mutaciones que afectan a distintos genes y reducen en un 30% o 40% la cantidad de sueño. Las moscas afectadas siempre viven menos. El resultado final es menos longevidad, pero queremos saber por qué.
P: Usted investiga cambios genéticos que causan trastornos de sueño en las personas. ¿Son comunes estas mutaciones?
R: Es difícil de adivinar. Solo hemos mirado un trastorno por ahora, el síndrome de la fase del sueño retrasada. Los afectados son noctámbulos crónicos. Son personas que no pueden levantarse por la mañana y no se duermen hasta bien pasada la medianoche. Es un trastorno bastante común. El 5% de la población de EE UU viene a la clínica quejándose de algo así. Lo que hemos encontrado es que un 20% de esos casos tiene un cambio genético.
Ahí hay un impacto muy claro del cambio genético en el trastorno, pero apenas hemos empezado a abordar estas preguntas. La forma de afrontarlas es buscando en bases de datos genéticas. Buscamos variaciones que existen en la población humana y tratamos de relacionar los genes conocidos por afectar a los patrones de sueño y vigilia para averiguar si las mutaciones que hemos encontrado se asocian con trastornos del sueño. Le damos la vuelta un poco a la pregunta: primero encontramos un cambio genético en un gen que podría afectar al sueño, y luego vemos si realmente lo hace.
P: Aparte de reducir el sueño, la mutación de un reloj biológico puede manifestarse en cualquier órgano del cuerpo. ¿Podría tener otras consecuencias para la salud?
En animales, cuando no funciona el reloj biológico del páncreas, se da una respuesta como la diabetes. Sospecho que pasaría lo mismo si perdemos los relojes biológicos de nuestro páncreas
R: Sí, los efectos de las mutaciones que alteran el sueño o los ritmos circadianos pueden tener consecuencias de salud importantes. En animales sabemos que cuando no funciona el reloj biológico, por ejemplo en el páncreas, se da una respuesta como la diabetes. Sospecho que pasaría lo mismo si perdemos los relojes biológicos de nuestro páncreas, tendríamos un problema similar. Desde luego nos sentimos mal cuando nuestros relojes internos se desincronizan tras un viaje a través de zonas horarias. Creo que ese es un buen punto de partida para pensar en lo que puede pasar cuando alteras varios relojes, cuando no tienes un complemento completo de oscilaciones sincronizadas en el cuerpo.
P: ¿Considera que hay desinformación, entre el público y los profesionales de la medicina, acerca del funcionamiento de los ritmos circadianos?
R: Pues tengo un compañero que ha estudiado los receptores de los fármacos más comunes, como las estatinas o la aspirina, y algo así como la mitad de los receptores más comunes oscilan por un reloj circadiano. Tienen un ritmo, lo cual sugiere que habrá momentos del día óptimos para administrar la medicina. Y no siempre será la misma: cada fármaco será a una hora. También sabemos, por ejemplo en la quimioterapia, que la toxicidad del tratamiento varía mucho en función de la hora del día. Así que incluso los efectos secundarios de las drogas pueden ser importantes en ese sentido.
En la quimioterapia, la toxicidad del tratamiento varía mucho en función de la hora del día.
Más allá de las terapias y del tratamiento de la enfermedad, en la sociedad ahora tenemos luces eléctricas, y la habilidad de comer a cualquier hora, del día o de la noche. Si sucumbimos a la falta de rutina, va a haber un conflicto con lo que intenta hacer nuestro cuerpo. Porque nuestro cuerpo se basa en los relojes. Cada célula del cuerpo lleva un reloj que atiende a cuándo comemos, cuándo vemos la luz solar, una variedad enorme de señales del entorno. Realmente estamos diseñados para que haya coherencia entre todos esos relojes, que corran al tiempo y concuerden en la hora del día.
P: Entonces, ¿puede ser distinto el funcionamiento del reloj en cada órgano?
R: Sí. De hecho los relojes biológicos, incluso dentro de un solo cuerpo, pueden tener acción independiente. Por ejemplo, si solo comes por la noche, si te despiertas en medio de la noche y comes, y luego te vuelves a dormir, y luego estás por ahí todo el día pero no comes, vas a tener cambios muy profundos en cada reloj. La zona horaria de tu hígado o de tus pulmones será distinta a la de tu cabeza. Puedes existir en varias zonas horarias a la vez si no prestas atención a la sincronización de estos relojes.
P: ¿Cómo podemos ajustar nuestros ritmos circadianos, por ejemplo después de un viaje en avión?
Hay que pensar en dónde estaríamos antes de la invención de la luz eléctrica. Ese es el entorno en el que evolucionaron estos relojes
R: Hemos aprendido que hay varios aspectos muy importantes y cosas que podemos hacer para tener el sistema circadiano más consistente posible. Esto incluye el horario de las comidas, algo que sabemos gracias a muchos estudios en animales que reflejan lo que se conoce del reloj biológico humano. Es importante comer solo durante períodos de actividad del día, comer en medio de la noche no es bueno. Eso sería una señal para nuestro hígado y nuestros pulmones, y para nuestros músculos esqueléticos de que estamos en otra zona horaria. La luz también es muy importante. La exposición a la luz solar tiene un efecto tremendo sobre los relojes del cerebro que controlan nuestros ciclos de actividad.
Hay que pensar en dónde estaríamos antes de la invención de la luz eléctrica. Evolucionamos en un entorno con ciclos de temperatura muy fuertes, ciclos de luz y oscuridad muy marcados. No nos despertábamos para comer; comíamos cuando estábamos activos, durante el día. Ese es el entorno en el que evolucionaron estos relojes, y están diseñados para correr al unísono bajo estas condiciones. Eso es a lo que hay que prestar atención.
Fecha:4/07/2018
Fuente: El País, España

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Autor: Arturo Hernández Yero | Contáctenos
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