Diabetes mellitus

16 junio 2015

La medicina basada en evidencias, ¿un movimiento en crisis?

Filed under: Temas de IntraMed — Arturo Hernández Yero @ 8:28

La medicina basada en la evidencia está en crisis. Si bien ha logrado muchos resultados positivos, también ha tenido algunas consecuencias involuntarias negativas. Una agenda preliminar para que el movimiento se vuelva a centrar en proporcionar evidencia útil, que se pueda asociar con el contexto, con los conocimientos y la experiencia de los profesionales a fin de lograr un tratamiento óptimo
Autor: Greenhalgh T, Howick J, MaskreyN Fuente: BMJ 2014; 348:g3725 Evidence based medicine: a movement in crisis?
Del sitio IntraMed

Mortalidad y eventos cardiovasculares en relación con la ingesta de sodio y potasio

Filed under: Temas varios — Arturo Hernández Yero @ 8:18

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La ingesta de sodio de 3 a 6 gr. por día (estimada a partir de la excreción urinaria de sodio) se asocia con menor riesgo de mortalidad y de eventos cardiovasculares, en comparación con la incorporación de cantidades más altas o más bajas de sodio.

La ingesta diaria de sodio en casi todas las poblaciones es de 3 a 6 g (7.5 a 15 g de sal por día). Sin embargo, según las recomendaciones vigentes, no debería ser superior a 1.5 a 2.4 g, una cantidad muy difícil de lograr en el contexto de los hábitos nutricionales actuales de la mayoría de las personas.
Se ha visto que la reducción de la ingesta de sodio se asocia con disminuciones de la presión arterial; sin embargo, los efectos sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular todavía no se conocen con precisión. En los estudios prospectivos realizados hasta ahora, destinados a conocer la asociación entre el consumo de sal y los índices de eventos cardiovasculares y de mortalidad, se observaron resultados contradictorios. Por ejemplo, diversos trabajos demostraron un incremento del riesgo de enfermedad cardiovascular y de mortalidad en las personas que ingieren menos de 3 g de sodio por día, en comparación con el consumo promedio. No obstante, muchos de estos estudios incluyeron a sujetos con riesgo cardiovascular alto, de modo que las cohortes no fueron representativas de la población general. Se sabe que las vinculaciones entre la incorporación de sodio y la enfermedad cardiovascular son complejas y que pueden ser modificadas por otros elementos presentes en la dieta, por ejemplo el potasio, también asociado con el riesgo cardiovascular.

El objetivo del presente estudio prospectivo, realizado en 101 945 sujetos de los 5 continentes, fue determinar la asociación entre la excreción urinaria de sodio y potasio, la mortalidad y la incidencia de eventos cardiovasculares.

Pacientes y métodos

El Prospective Urban Rural Epidemiology (PURE) fue una investigación epidemiológica en gran escala que incluyó a 156 424 sujetos de 35 a 70 años, residentes en 628 comunidades urbanas y rurales de 17 países con distinto nivel socioeconómico. El reclutamiento se inició en enero de 2003; para el presente análisis se incluyeron 101 945 participantes del PURE para quienes se dispuso de resultados en muestras de orina tomadas por la mañana, en condiciones de ayuno.

Las muestras se procesaron en el Clinical Research Laboratory, Hamilton Health Sciences, Hamilton, Canadá (el laboratorio central para 14 países) o en laboratorios locales, con métodos estandarizados. En las muestras matutinas de orina se estimó la excreción urinaria de sodio y potasio en 24 horas con la fórmula de Kawasaki. A su vez, estos valores se consideraron marcadores de la ingesta de los minerales. Mediante un cuestionario se conocieron los antecedentes clínicos y los tratamientos utilizados; en formularios estandarizados se registraron los eventos cardiovasculares mayores y la mortalidad, con definiciones establecidas de antemano. Para el presente estudio se analizaron todos los eventos registrados en la base de datos del PURE hasta octubre de 2013.

Las diferencias en las variables categóricas y continuas entre las distintas categorías de pacientes según la excreción promedio estimada (EPE) de sodio y potasio se evaluaron con pruebas de la chial cuadrado y análisis de la varianza, respectivamente. El criterio principal de valoración fue el parámetro combinado que incluyó la mortalidad por cualquier causa y los eventos cardiovasculares mayores (mortalidad por causas cardiovasculares, accidente cerebrovascular [ACV], infarto agudo de miocardio [IAM] o insuficiencia cardíaca). Los niveles de referencia aplicados para la excreción urinaria diaria de sodio y potasio fueron de 4 a 5.99 g por día y de menos de 1.50 g, respectivamente. Mediante modelos de regresión multivariados de 3 secuencias y ecuaciones de estimación generalizadas se conocieron las asociaciones entre la excreción urinaria de sodio y potasio, la mortalidad y los eventos cardiovasculares, con ajuste según numerosos factores de confusión. Con la finalidad de reducir la causalidad inversa, en análisis específicos se excluyeron los enfermos con antecedentes de enfermedad cardiovascular y de neoplasias, y los que presentaron eventos en los 2 primeros años de seguimiento. Asimismo, se realizaron análisis de sensibilidad con puntajes de propensión (PP) para comparar la influencia de la excreción elevada de sodio (6 g o más por día), la excreción moderada (3 a 5.99 g por día) y la excreción baja (menos de 3 g por día).

Resultados

El 42% de los 101 945 participantes provenían de China. La EPE de sodio en la orina de 24 horas fue de 4.93 g, en tanto que la de potasio fue de 2.12 g. Las cifras promedio de presión arterial sistólica (PAS) y diastólica (PAD) fueron más altas en los participantes con EPE más alta de sodio (p < 0.001). Los enfermos fueron seguidos durante una media de 3.7 años; el 95% de ellos completaron el período de observación.
El criterio principal combinado de análisis (muerte o un evento cardiovascular mayor) se observó en 3 317 enfermos (3.3%); 650 pacientes murieron por eventos cardiovasculares, 857 presentaron IAM, 872 tuvieron ACV y 261 presentaron insuficiencia cardíaca.

En los modelos multivariados, en comparación con los sujetos con EPE de sodio de 4 a 5.99 g por día (grupo de referencia), los pacientes con EPE de 7 g diarios o más tuvieron un riesgo más alto del criterio combinado de evolución (odds ratio [OR] = 1.15; intervalo de confianza del 95% [IC 95%]: 1.02 a 1.30), de mortalidad por cualquier causa (OR = 1.25; IC 95%: 1.07 a 1.48), de eventos cardiovasculares mayores (OR = 1.16; IC 95% 1.01 a 1.34), de mortalidad por causas cardiovasculares (OR = 1.54; IC 95%: 1.21 a 1.95), y de ACV mortal o que motivara la internación (OR = 1.29; IC 95%: 1.02 a 1.63). La asociación entre la EPE alta de sodio (7 g o más por día) y el criterio principal combinado de análisis, los eventos cardiovasculares mayores, y el ACV mortal o que motivó la internación se atenuó y dejó de ser significativa en los modelos con ajuste según las cifras de presión arterial o el diagnóstico previo de hipertensión arterial; la asociación con la mortalidad por cualquier causa, en cambio, se mantuvo significativa.

La EPE de menos de 3 g diarios de sodio también se asoció con un aumento del riesgo del parámetro primario combinado de análisis (OR = 1.27; IC 95%: 1.12 a 1.44), de mortalidad por cualquier causa (OR = 1.38; IC 95%: 1.15 a 1.66), de eventos cardiovasculares mayores (OR = 1.30; IC 95%: 1.13 a 1.50), de mortalidad por causas cardiovasculares (OR = 1.77; IC 95%: 1.36 a 2.31), y de ACV mortal o que motivó la internación (OR = 1.37; IC 95%: 1.07 a 1.76). Las interacciones se mantuvieron significativas en los modelos que consideraron la presión arterial o el antecedente de hipertensión arterial.
En comparación con la EPE de potasio de menos de 1.50 g por día, la EPE más alta se asoció con una reducción del riesgo de mortalidad y de eventos cardiovasculares en los modelos multivariados. No se encontraron evidencias de interacciones entre la EPE de sodio y potasio, y el criterio principal de valoración (p = 0.55).

La hipertensión arterial afectó la asociación entre la EPE alta de sodio y el parámetro combinado de análisis (p = 0.02 para la interacción). Se comprobó un riesgo considerablemente más alto en los sujetos hipertensos y con EPE de sodio de 6 a 6.99 g por día (OR = 1.14; IC 95%: 1 a 1.30), o de 7 g o más por día (OR = 1.21; IC 95%: 1.05 a 1.40); en cambio, no se observaron relaciones significativas en los enfermos sin hipertensión arterial.
La exclusión de los pacientes con antecedentes de enfermedad cardiovascular (al inicio) o de neoplasia (al inicio o durante el seguimiento) y de los que presentaron eventos en el primer año del seguimiento no modificó, en forma significativa, los resultados de los primeros análisis. Sin embargo, en los modelos en los cuales se excluyeron los pacientes que presentaron eventos en el transcurso de los 2 primeros años, las asociaciones entre la EPE baja de sodio (< 3 g por día) y la EPE alta de sodio (6 a 6.9 g por día) y el criterio principal de valoración fueron significativas. En los análisis con PP que incluyeron a 21 220 pacientes, la EPE baja de sodio (< 3 g diarios), en comparación con la EPE de referencia (3 a 5.99 g por día), se asoció con un aumento del riesgo del parámetro combinado de valoración (OR = 1.26; IC 95%: 1.09 a 1.46). En un análisis similar, con la inclusión de 40 618 enfermos, la EPE alta de sodio (6 g o más por día) aumentó el riesgo del criterio principal de valoración (OR = 1.19; IC 95%: 1.06 a 1.34).

Discusión y conclusiones

En el presente estudio internacional y prospectivo, realizado en una amplia muestra de pacientes, se analizó la asociación entre la ingesta de sodio y potasio (estimada a partir de la excreción urinaria) y la evolución cardiovascular. Los índices más bajos de mortalidad y de eventos cardiovasculares se comprobaron en los enfermos con una EPE de sodio en 24 horas de 3 a 6 g; los niveles más altos y más bajos se asociaron con un aumento del riesgo, el cual adoptó una forma de “J”. Sin embargo, la vinculación entre la excreción alta de sodio, y el mayor riesgo de mortalidad y eventos cardiovasculares sólo se observó en los sujetos con hipertensión arterial y, por lo tanto, se redujo en los modelos que consideraron las cifras de presión arterial. Por el contrario, la asociación entre la menor excreción de sodio y el incremento del riesgo se constató en los pacientes hipertensos, como también en los enfermos sin hipertensión arterial, fenómenos que sugieren la participación de otros mecanismos, y no sólo de la hipertensión arterial, en la relación.

Las guías vigentes recomiendan una ingesta máxima diaria de sodio de 1.5 a 2.4 g; estas normativas se basaron en los resultados de diversos estudios a corto plazo en los cuales la menor ingesta de sodio se asoció con disminuciones moderadas de la presión arterial. Las pautas se establecieron al presumir una relación lineal entre la incorporación de sodio en la dieta y la presión arterial, y entre ésta y el riesgo de eventos cardiovasculares. En este contexto, no existiría un umbral inferior de seguridad. Sin embargo, no debe olvidarse que el sodio cumple un papel importante en distintos procesos fisiológicos; por ejemplo, la incorporación de sodio < 3 g diarios se asocia con una activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona.
A diferencia de los estudios anteriores, en el PURE se incluyeron casi exclusivamente pacientes sin antecedentes de enfermedad cardiovascular; además, la exclusión de los enfermos con estos antecedentes o con historia de neoplasias y diabetes, de los fumadores y de los pacientes que presentaron eventos en el transcurso de los primeros 2 años no modificó los resultados de los modelos primarios.

En el estudio, la mayor EPE de potasio en la orina de 24 horas se acompañó de un riesgo más bajo del parámetro combinado de evolución. Un estudio previo en pequeña escala sugirió los mismos efectos: los enfermos que ingirieron cantidades más bajas de sodio y contenidos más altos de potasio (mediante el uso de sales enriquecidas en potasio) tuvieron menor riesgo de mortalidad y de enfermedad cardiovascular. Los hallazgos podrían obedecer directamente a los efectos de la dieta sobre la presión arterial o, indirectamente, al consumo de dietas más saludables, ricas en frutas y verduras, con contenidos altos de potasio.

Una de las principales limitaciones del presente estudio tuvo que ver con el hecho de que la excreción de sodio y potasio en 24 horas se estimó a partir de los valores obtenidos en las muestras de orina recogidas por la mañana; los autores destacan que, probablemente, este abordaje sea menos confiable que el que consiste en la determinación de los niveles de sodio y potasio en la orina de 24 horas, especialmente en lo que respecta a la eliminación de potasio. Asimismo, tal como ocurre con los estudios de observación, no pudo eliminarse por completo la posibilidad de algún factor residual de sesgo. Por último, en el trabajo se consideraron distintas poblaciones, las cuales ingieren clásicamente diferentes cantidades de sodio en la dieta.

En conclusión, en el presente estudio se analizaron las asociaciones entre la EPE de sodio y potasio, y el riesgo de mortalidad y de eventos cardiovasculares en una amplia cohorte de participantes en un estudio prospectivo internacional. La ingesta promedio estimada de sodio de 3 g a 6 g por día se asoció con un riesgo más bajo de mortalidad y de eventos cardiovasculares, en comparación con la incorporación de cantidades más altas o más bajas de sodio en la dieta. Igualmente, en comparación con la EPE de potasio de menos de 1.50 g diarios, los niveles más altos de excreción se asociaron con una disminución del parámetro combinado de análisis.
Autor: O’Donnel M, Mente A, Yusuf S y colaboradores New England Journal of Medicine 371(7): 612-623, Ago 2014
SIIC – Sociedad Iberoamericana de Información Científica

http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=85863&uid=445164&fuente=inews

El gusto por la cocina facilitó la aparición del cerebro humano

Filed under: Temas varios — Arturo Hernández Yero @ 8:10

Los chimpancés, los animales más próximos a los humanos, tienen capacidad para entender el proceso de cocinado y valoran sus resultados.
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El cerebro es una herramienta muy útil, pero muy cara de mantener. Se suele estimar que, aunque solo constituye el 2% de la masa del cuerpo, consume el 25% de la energía. En reposo, este órgano gasta casi diez veces más que el músculo. Esa característica ha hecho necesario buscar explicaciones a los mecanismos que utilizó la evolución para hacer posible la expansión del cerebro, que ha doblado su tamaño desde hace algo más de dos millones de años, cuando se sitúa la aparición de los primeros humanos.
Un problema fundamental es la alimentación. Para explicar el origen de la gran cantidad de energía necesaria para alimentar el cerebro humano, algunos investigadores, como el español Manuel Domínguez-Rodrigo, han apuntado a una dieta cada vez más carnívora. Otros, sin embargo, consideran que la carne sola no resolvería el problema.
Richard Wrangham, profesor de antropología biológica de la Universidad de Harvard (EE UU), estima que, si comiésemos como los chimpancés, necesitaríamos cinco kilos de alimento diario para sobrevivir. Además, procesar toda esa comida, en la que se incluyen frutas y algunos animales pequeños, requeriría pasar seis horas diarias masticando. En su opinión, el cambio que habría liberado la energía necesaria de la comida es la cocina. Pasados por el fuego, los alimentos se vuelven más fáciles de digerir y en la misma cantidad que crudos dejan más calorías en el organismo.
Un chimpancé dedica casi la mitad de su día a masticar, frente al 4,7% requerido por los humanos
La semana pasada, Félix Warneken, Alexandra G. Rosati, de las universidades de Harvard y Yale (EE UU), publicaron los resultados de un estudio que sugiere que el germen de la capacidad para cocinar habría aparecido hace más de seis millones de años, cuando vivió el último ancestro común entre los humanos y el chimpancé, nuestro pariente más cercano. En un grupo de experimentos con chimpancés, mostraron que estos animales prefieren la comida cocinada a la cruda, entienden lo que sucede con la comida cruda cuando se cocina y pueden aplicar ese conocimiento en distintos contextos, y son capaces de guardar o arriesgar comida cruda a cambio de tener la oportunidad de cocinarla para comérsela después.
Este gusto por la comida cocinada y la capacidad para entender cómo se produce habría permitido que los humanos comenzasen a pasar sus alimentos por el fuego poco después de controlarlo. Pese a esta tendencia, el problema para la hipótesis de Wrangham se encuentra en la dificultad para encontrar pruebas definitivas del uso del fuego hace casi dos millones de años, cuando comenzaron los cambios que permitieron la aparición de los humanos modernos. Muchos antropólogos consideran que no existen evidencias fiables de dominio del fuego hasta hace medio millón de años, otro momento en el que se observa un salto adelante en la evolución del tamaño cerebral. Para ellos sería posible que el aumento del consumo de carne facilitase la primera revolución y la cocina de los alimentos, la segunda.
Algunos hallazgos recientes, como los realizados en la cueva de Wonderwerk, en Sudáfrica, indican, no obstante, que los humanos de hace más de un millón de años, probablemente Homo erectus, ya utilizaban el fuego, aunque no es sencillo determinar si eso significaba que eran capaces de dominarlo o mantenían fuegos obtenidos de fuentes naturales.
El fuego también facilitó el crecimiento del cerebro favoreciendo la aparición del lenguaje
Una incorporación antigua de la cocina sería una manera de explicar cómo fue posible la transformación física de los humanos que protagonizaron los erectus. La dieta más fácil de procesar habría permitido una reducción en el tamaño de los colmillos y la longitud del intestino, liberando energía para cebar un cerebro en crecimiento.
Sin embargo, el fuego no es lo único que diferencia la dieta humana de la de los chimpancés. En una época de crisis, cuando los cambios climáticos transformaron los bosques tropicales en los que vivían los ancestros humanos en regiones de sabana, se produjeron innovaciones que cambiarían el rumbo evolutivo de aquellas especies de primates. Entre otras cosas, las proteínas de origen animal ganaron espacio en la dieta, a través de la carroña y, luego, de la caza, pero en general se añadieron fuentes diversas de alimentos energéticos. El uso de herramientas, que también se empezó a generalizar en aquel tiempo, ayudaría a sustituir los grandes aparatos digestivos y el tiempo necesario para masticar la comida necesaria para sobrevivir. En un estudio publicado en PNAS, Wrangham y otros colaboradores calcularon el tiempo que los chimpancés, los humanos y algunas especies extintas pasaban cada día masticando y comiendo. Los chimpancés ocupan en estos menesteres el 48% de su tiempo frente al 4,7 estimado para los humanos. Una especie extinta como el Homo erectus empleaba el 6,1% de su tiempo a masticar y comer y los neandertales llegaban al 7%.
Esta liberación de tiempo y energía, además de facilitar cambios físicos habría tenido consecuencias sociales. Eudald Carbonell, investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y codirector de los yacimientos de Atapuerca, considera que el control del fuego y su aplicación a la cocina fue relevante para el crecimiento del cerebro humano. Sin embargo, recordando que los grandes cambios evolutivos no suelen tener una explicación única y simple, considera que el papel más relevante del fuego en la humanización “fue sobre todo la introducción del lenguaje”. En su opinión, esta herramienta con la que se construyó la sociedad surgió alrededor del fuego y fue “el lenguaje el factor fundamental que impulsó el crecimiento del cerebro”.

DANIEL MEDIAVILLA 13 JUN 2015 – 14:17 CEST

http://elpais.com/elpais/2015/06/10/ciencia/1433931634_070626.html

Hallado otro posible ancestro de todos los humanos

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 8:03

Excavaciones en Etiopía desvelan una nueva especie de australopiteco que vivió en el mismo tiempo y lugar que ‘Lucy’, hace 3,5 millones de años.
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Hasta hace muy poco, la pregunta de cómo éramos los humanos antes de ser humanos tenía una respuesta clara: Lucy. Así se llama al esqueleto de australopiteco más célebre por pertenecer a la especie de la que proviene el género humano. Era un mono erguido que no llegaba al metro y medio y con un cerebro tres veces más pequeño que el nuestro, pero era nuestro origen y por eso cobró fama hasta convertirse casi en una estrella. Eso era hasta ahora, pues un nuevo hallazgo acaba de confirmar que Lucy coexistió con otras especies de homínidos que también podrían ser nuestros ancestros y cuya simple existencia embarulla el árbol genealógico humano para hacerlo mucho más creíble e interesante.
La nueva especie descubierta se llama Australopithecus deyiremeday acaba de ser presentada en sociedad por sus descubridores. Lo más interesante de estos nuevos fósiles hallados en la región de Afar de Etiopía, un maxilar y dos mandíbulas, es que tienen entre 3,3 y 3,5 millones de años, es decir, son coetáneos de la especie de Lucy, losAustralopithecus afarensis. Aún más interesante es que los restos se han hallado en Woranso-Mille, a unos 30 kilómetros de distancia de donde vivían los afarensis.
La historia oficial decía que Lucy y los suyos vivieron hace entre 3,7 y 3 millones de años. De su linaje brotaron dos nuevas ramas, hace unos 2,5 millones de años. De una salió un homínido con una imponente cabeza de gorila y enormes dientes para triturar alimentos muy duros: el parantropus. En la otra estaban los primeros miembros del género Homo. Mientras los parantropus se extinguieron, la segunda rama, la humana, experimentó una auténtica explosión de formas y especies que cohabitaron durante miles de años y de la que los Homo sapiens somos los únicos descendientes vivos.

La existencia de esta nueva especie hallada en Etiopía y descrita hoy en la revista científica Nature redibuja ese árbol clásico y le pone al menos dos ramas iniciales. “Es tan probable que esta nueva especie sea el ancestro del género Homo como que lo sea Lucy”, explica a Materia el paleoantropólogo etíope Johannes Haile-Selassie, jefe de las excavaciones e investigador del Museo de Historia Natural de Cleveland (EEUU). No es la primera vez que se sugiere, en contra el dogma, que hubo varias especies que coexistieron en África en el mismo tiempo, todas con posibilidades de ser nuestro ancestro. Ahí está el Kenyanthropus platyops, una mezcla de humano y australopiteco que vivió en Kenia y cuyo fósil sigue sin ser aceptado por buena parte de los científicos por estar muy deformado. Hace unos días un estudio mostró que este homínido pudo desarrollar las primeras herramientas de piedra -una tecnología que se pensaba únicamente humana- 700.000 años antes que nuestro género Homo.
En Sudáfrica, un nuevo análisis de otro fósil excepcional conocido como Little Foot demostró en abril que esta especie también fue coetánea de Lucy. Ya en 2012, el propio Haile-Selassie encontró en Etiopía un pie fósil de hace 3,4 millones de años que no era nada parecido al de los afarensis, pero no le bastó para probar que tenía una nueva especie entre manos. Ahora está convencido de que suAustralopithecus deyiremeda prueba que el mosaico de formas con que la evolución genera nuevas especies y géneros estaba representado en Etiopía con al menos dos australopitecos coetáneos que anticipaban a su manera a los humanos. “La cara y la estructura de la mandíbula de esta nueva especie son más evolucionadas queLucy”, resalta el experto. Sin embargo, “sus caninos superiores parecen más primitivos”. En el estudio también ha participado Luis Gibert, geólogo experto en datación de la Universidad de Barcelona. Gibert colabora desde 2010 en las excavaciones de Woranso-Mille y ha sido responsable responsable de la contextualización cronoestratigráfica y sedimentológica de los fósiles encontrados.

Investigadores ajenos al estudio reconocen que este y otros trabajos le dan un revolcón a la evolución humana clásica. “En mis clases siempre digo que Lucy es el mejor candidato a ser el ancestro de los humanos, pero ahora ya no lo sabemos”, reconoce Carlos Lorenzo, paleoantropólogo y profesor de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona.
El nuevo árbol de familia que dibujan estos hallazgos tiene muchas más ramas, es mucho más tupido y se parece más a lo que vemos en cualquier otra parte del reino animal. Lo raro eran los linajes lineales que más parecían de reyes godos que de especies. De este nuevo estudio Lorenzo destaca la mezcla de rasgos humanos y australopitecos que tiene el deyiremeda y resalta que esa misma mezcla es la que se observaba en los restos del humano más antiguo hallado hasta ahora, precisamente en el yacimiento de Ledi-Geraru, a unas pocas decenas de kilómetros de donde ha aparecido este nuevo australopiteco.
Fred Spoor, investigador del Instituto Max Planck de Biología Evolutiva, apunta en Nature que posiblemente fuera esta nueva especie la que desarrollara esas primeras herramientas líticas encontradas en Kenia.
Ahora Haile-Selassie quiere volver al yacimiento etíope en busca de nuevos especímenes para estudiar si aquel pie primitivo, con pulgar oponible como el de un chimpancé, perteneció a la misma especie recién descubierta. Esos pies, señala, no son de australopiteco, sino deArdipithecus ramidus, otra especie más antigua que vivió hace 4,4 millones de años también en Etiopía y que pudo ser el origen de los australopitecos y los humanos. Demostrar que tuvo esos dos rasgos tan diferentes “sería fascinante”, resalta Haile-Selassie, relamiéndose con darle otra sacudida a nuestro árbol de familia.

http://elpais.com/elpais/2015/05/27/ciencia/1432739554_940956.html?rel=lom

Autor: Arturo Hernández Yero | Contáctenos
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