Diabetes mellitus

7 mayo 2013

La cirugía para perder peso cambia los niveles de los genes que intervienen en el consumo y el almacenamiento de la grasa

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 9:49
La cirugía para perder peso cambia los niveles de los genes que intervienen en el consumo y el almacenamiento de la grasa, afirma un nuevo estudio.
 
Los hallazgos pueden ayudar a dirigir el desarrollo de nuevos fármacos que imiten la regulación genética que controla la pérdida de peso, afirmaron los autores del estudio, publicado en línea el 11 de abril en la revista Cell Reports.
 
“Aportamos evidencias de que en las personas con una obesidad grave, los niveles de unos genes específicos, que controlan cómo se consume y se almacena la grasa en el cuerpo cambian y reflejan una salud metabólica deficiente”, afirmó la autora principal, Juleen Zierath, profesora del Instituto Karolinska en Suecia, en un comunicado de prensa de la revista.
 
“Después de la cirugía (para perder peso) los niveles de estos genes vuelven a un estado saludable, lo que refleja la pérdida de peso y coincide con una mejora global en el metabolismo”, explicó Zierath.
 
La cirugía de pérdida de peso (también llamada cirugía bariátrica) puede ayudar a las personas obesas a que pierdan una gran cantidad de peso en poco tiempo. La cirugía también lleva a una remisión de la diabetes tipo 2 en muchos pacientes.
 
FUENTE: Cell Reports, news release
Robert Preidt  
               

La metformina controlaría la diabetes gestacional tan bien como la insulina

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 9:18

embarazada

 La metformina dio tan buen resultado como la insulina en un estudio aleatorizado sobre 94 mujeres con diabetes gestacional.
Publicado en American Journal of Obstetrics and Gynecology, el ensayo clínico replica los resultados de un estudio previo más grande que había comparado ambas terapias, según explicó el doctor Donald Coustan, obstetra de la Escuela de Medicina Brown de Providence, en Estados Unidos.
No obstante, Coustan consideró que los autores deberían haber trabajado más para destacar la importancia de informarles a las mujeres los riesgos potenciales en el corto y largo plazo que tiene la exposición intrauterina a la metformina y que aún no se conocen por completo.
El equipo de la doctora Cristiane Pavao Spaulonci, de la Universidad de Sao Paulo, en Brasil, indicó al azar el uso de metformina o insulina a un grupo de mujeres embarazadas que padecían diabetes gestacional y que no podían controlar la glucosa en sangre con dieta y ejercicio.
Con el tratamiento, las usuarias de metformina alcanzaron un nivel promedio de glucosa más bajo que las usuarias de insulina. Además, engordaron menos entre el inicio del tratamiento y el parto (0,43 versus 2,07 kg) y la frecuencia de hipoglucemia neonatal en sus bebés fue más baja (un 6,5 versus un 2,2 por ciento).
Doce mujeres tratadas con metformina necesitaron insulina suplementaria. El análisis de regresión logística reveló que una menor edad gestacional al momento del diagnóstico y los niveles de glucosa promedios previos al tratamiento podían predecir el riesgo de que una embarazada necesite insulina extra.
El 45,7 por ciento de las usuarias de metformina tuvo efectos adversos como náuseas y diarrea. Al grupo tratado con insulina no se le preguntó sobre esas complicaciones.
El equipo de Spaulonci explica que la metformina cruza la placenta y escribe que “mientras que hasta ahora no se han informado consecuencias adversas, no existen estudios prolongados y subsiste la posibilidad de que la programación uterina provoque cambios en la edad adulta, lo que podría ser bueno o malo”.
Coustan opinó que los efectos adversos detectados con el uso de la metformina y la falta de información sobre los efectos de la exposición intrauterina deberían haberse destacado más en el artículo.
En sus consultas, no utiliza metformina sino que les indica gliburida a las embarazadas con diabetes gestacional que deberían utilizar insulina pero la rechazan. Mientras que estudios previos habían demostrado que los niveles de metformina en el feto son dos veces más altos que en la sangre materna, dijo que los niveles de gliburida en el feto no superan la mitad de los niveles maternos.
“En la práctica, la insulina no cruza la placenta”, precisó y comentó que prefiere utilizarla para tratar a sus pacientes por las dudas que existen sobre el uso de la metformina y la gliburida durante la gestación.
“Soy muy cauteloso, pero pienso que pueden utilizarse si la paciente está adecuadamente informada sobre los riesgos desconocidos”, sostuvo.
Por Anne Harding
NUEVA YORK (Reuters Health) –
FUENTE: American Journal of Obstetrics and Gynecology, 2013
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_135809.html

Cuestionan el papel de la obesidad en la enfermedad inflamatoria intestinal

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 9:10

Obesidad-adolescente

 El índice de masa corporal (IMC) no estuvo asociado con la aparición de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) en un estudio de cohorte realizado en Europa.
Los resultados sugieren que la obesidad no elevaría el riesgo de desarrollar la enfermedad de Crohn (EC) o la colitis ulcerosa (CU), “aunque existen mecanismos biológicos probables por los que la obesidad participaría en la etiología de la EII”, dijo por e-mail el doctor Simon Chan, de la Escuela Norwich de Medicina de la Universidad de Anglia Oriental, Reino Unido.
La incidencia de la EC y la CU creció en las últimas décadas, como lo hizo la obesidad.
Para realizar el estudio publicado en American Journal of Gastroenterology, los autores analizaron datos de 300.724 adultos, que entre 1991 y 1998 habían ingresado al estudio EPIC sin EC o CU.
En ese momento, se les realizó una evaluación antropométrica (altura y peso), de actividad física y de consumo de calorías totales con cuestionarios validados.
En junio del 2004, 177 participantes habían desarrollado CU y 75 tenían EC; ambos grupos tenían, respectivamente, una edad promedio de 58 y 56 años. A cada uno de ellos se lo emparejó con cuatro participantes “control”.
Los autores no pudieron detectar alguna asociación entre el aumento del IMC y la aparición de la EC o la CU en los análisis ajustados según posibles factores que confundan. La falta de asociación fue consistente cuando el IMC fue considerado como una variable continua o binaria (IMC de entre 18,5 y 24,9 kg/m2 versus 25 kg/m2 o más).
Tampoco estuvieron asociados con la aparición de las EII el nivel de actividad física y el consumo de calorías totales.
“Esta falta de relación con el consumo de calorías totales sugiere que el consumo absoluto de nutrientes no estaría asociado con la etiología de las EII”, escriben los autores. ¿Sorprenden estos resultados? “Para ser honesto, no sabíamos qué esperar del estudio”, respondió Chan por e-mail.
“Existen mecanismos por los que la obesidad, que induce un estado proinflamatorio, podría ‘gatillar’ la EC o la CU -explicó-. De todos modos, cuando a la mayoría de los pacientes se les diagnostica EC o CU adelgazaron y no son obesos, lo que podría ser una consecuencia de su condición”.
Pero Chan aclaró que el equipo utilizó una sola medida de la obesidad, el IMC. “Nuestros resultados tienen que replicarse (y), quizás, se podría buscar si existen otras formas de medir la obesidad, como la relación cintura-cadera y la grasa mesentérica, para conocer si influye en la aparición de las EC o la CU.”
FUENTE: http://bit.ly/10JgHlw
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_133474.html
NUEVA YORK (Reuters Health)

Autor: Arturo Hernández Yero | Contáctenos
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