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Martes 1 / octubre / 2013

Profesor Ignacio Ricardo Fajardo Egozcue

Filed under: Historia y celebridades — cardiocirugia — octubre 1st, 2013 — 22:18

En anestesiología solo hay procederes mayores

Por Paquita Armas Fonseca

fajardo1Aunque no son dogmas, mucho de verdad tienen los refranes, como aquel “de casta le viene al galgo”. Al Dr. Ignacio Ricardo Fajardo Egozcue este enunciado le viene como aro al dedo: su padre fue un destacado médico del que siguió sus pasos y hoy en su Villa Clara natal es un reconocido especialista.

Su trabajo ha hecho que merezca más de cincuenta distinciones de diversas categorías. Maestro de varias generaciones confiesa haberse quedado en su terruño aunque tuvo otras oportunidades.

Profesor Titular de Anestesiología y Reanimación de la Universidad de Ciencia Médicas de Villa Clara, es fundador del Cardiocentro Ernesto Che Guevara de esa provincia y desde el 2000 es su Jefe de Departamento de Docencia e Investigaciones.

El Dr. Fajardo ha participado en un número importante de innovaciones y racionalizaciones, ha publicado en revistas especializadas, libros y ponencias, además de realizar una amplia útil labor de investigación como el Estado de conciencia en anestesia de recuperación rápida para cirugía coronaria con el corazón latiendo. Proyecto de institucional del Cardiocentro de Villa Clara Enero 2007 hasta Diciembre 2009.

Es miembro de prestigiosas instituciones entre las que se encuentran el Colegio Médico de la República de Jamaica 1976, del Reino de Suecia 1987 y de la República de África del Sur 1996

En su actividad docente ha recibido e impartido cursos de post grado en Cuba y el extranjero, y una buena cantidad de alumnos lo ha tenido de tutor.

-¿Dónde Usted nació?

En la ciudad de Santa Clara, Las Villas, hoy Villa Clara.

-¿Tiene familiares médicos?

Sí, mi padre profesor titular de microbiología y laboratorio clínico

-¿Qué lo llevó a estudiar medicina?

Motivado por el trabajo de mi padre y el deseo de involucrarme en curar y ayudar a otros. ¿Dónde? : El primero y el segundo año en el Instituto superior de Ciencias médicas Victoria de Girón, en La Habana; del tercero al sexto año en el Hospital Celestino Hernández Robau de Santa Clara, Villa Clara

-¿Y anestesiología?

También en el Celestino Hernández Robau.

-¿Por qué regresó a Villa Clara? ¿Acaso no se le dieron otras oportunidades?

Por ser mi provincia, donde radican mis familiares más allegados y tener mis raíces. Deseché las otras propuestas.

-¿Qué se siente al ser fundador de un centro con un alto reconocimiento por parte de pacientes y profesionales?

Considero que ha sido para mí un alto reconocimiento. Un Honor. Me ha permitido sentirme realizado en mis aspiraciones de participar en un hecho significativo para nuestro pueblo, ha llenado mis expectativas de participar junto a muchos otros en algo que ha creado una diferencia para bien y un privilegio y motivación para continuar dando lo mejor de mí.

-¿Cuánto contribuye un anestesiólogo en una intervención quirúrgica?

El trabajo de atención a un enfermo cuyo tratamiento implica la realización de procederes quirúrgicos, posee la cualidad máxima de trabajo en equipo. El trabajo del anestesiólogo no solo es proporcionar las condiciones de analgesia para que el paciente no sienta dolor, sino que va mucho más allá. El cuidado del paciente, el mantenimiento de los signos vitales, su seguridad perioeratoria, el interactuar con los cirujanos para mantener en todo momento cubiertas las necesidades y requerimientos de la vida y bienestar del enfermo. La atención de los más mínimos detalles, el control de las afecciones no quirúrgicas que pueden tener los pacientes, su vigilancia y control. En fin es el especialista clínico que garantiza todos los aspectos concernientes a la seguridad y bienestar del paciente quirúrgico. Fuera del acto operatorio, son funciones no menos importantes del anestesiólogo los cuidados intensivos del paciente quirúrgico, la atención y tratamiento de las afecciones dolorosas que pueden presentar las personas en general.

-¿Y si se trata de una operación a corazón abierto cómo ve Usted la función del anestesiólogo?

En términos generales sus funciones son iguales que en otros procederes quirúrgicos, ya que si bien en cirugía hay operaciones mayores y menores, en anestesiología solo hay procederes mayores. Pero si es cierto que el hecho de estar trabajándose sobre un órgano en movimiento y absolutamente indispensable para la vida, esto crea situaciones particulares que obligan al anestesiólogo a dominar mucho más en detalles los conocimientos y habilidades de otras especialidades como la cardiología, los cuidados intensivos, etc. Y debe velar y actuar en una estrecha vinculación con lo que está ocurriendo en el campo quirúrgico con el paciente, por lo que considero que demanda esfuerzos extras de dedicación, comprometimiento, conocimientos, destreza y habilidades más allá de las habituales.

-¿Qué experiencias obtuvo de su trabajo en Jamaica y África?

Fueron muchas y muy variadas. Principalmente por ser países con sistemas de salud diferentes, donde no existe un sistema de salud integral y totalmente estructurado bajo el principio de todo para el paciente, sin importar los costos que se deriven de esto (Sin decir que la economía no importa, pero no se antepone a las necesidades del paciente) Por otra parte sobretodo en África las necesidades derivadas de atender pacientes con patologías exóticas o/y no existentes en Cuba. Me fue muy importante el tener que trabajar en condiciones que requirieron el atender otras esferas de la práctica médica, y/o en condiciones de esfuerzos laborales extremos. También el enfrentarme a medicamentos y equipos nuevos para nosotros.

- ¿Qué le aportó su estancia en Suecia?

Fue una experiencia única, de esas que se dan pocas veces en la vida de un profesional en nuestro medio. No solo me permitió una actualización del conocimiento al más alto nivel del primer mundo en la esfera de la medicina, sino que también lo más importante es que me permitió comprobar que con los conocimientos y preparación alcanzados en nuestro país, fui capaz de DAR LA TALLA en ese centro de nivel mundial, en igualdad con los profesionales que trabajaban ahí. Eso me ha servido de mucho en mi práctica profesional y considero que me ha permitido alcanzar y aportar éxitos significativos en mi vida profesional.

- Tiene Usted una profusa cantidad de trabajos publicados ¿acaso le interesa también escribir?

Pienso que sí, es una idea y deseo que me ha estado rondando desde hace ya algún tiempo. Tal vez lo intente en el futuro próximo.

- ¿Cuál es el primer consejo que le dirige a un joven anestesiólogo?

Desprenderse de la necesidad del reconocimiento profesional para trabajar. Pensar que la satisfacción de hacer las cosas al mejor nivel que sea capaz de logar es y será la máxima recompensa. Dedicación, desprendimiento, humanismo, esfuerzo continuo, modestia y mantener siempre el deseo de saber más y no menospreciar el conocimiento y la experiencia que cualquier persona te puede brindar deben ser los pilares de su conducta diaria. Recordar que el conocimiento es la única carga que no pesa y no sobra.

-Si volviera a nacer ¿escogería esa profesión? ¿Por qué?

Esta pregunta posee varias aristas. Yo quería estudiar cardiología cuando terminaba mis estudios de pregrado, sigo queriéndolo hacer. Me ofrecí voluntariamente para hacer anestesiología por el llamado que se hizo en ese momento para apoyar la especialidad luego del éxodo masivo de los primeros años de la Revolución. Por cosas de la vida ese deseo se ha cumplido para mí ya que desde que me inicié en la anestesia para cirugía cardiovascular (hace ya 35 años) he tenido que estudiar y practicar muchas cosas de la cardiología. Reconozco que aún me hubiera gustado dedicarme por estero a la cardiología, pero por otro lado no me arrepiento de haber escogido la Anestesiología, que tantas satisfacciones me ha brindado en la esfera profesional, por lo que creo que sí escogería de nuevo esta especialidad.

 

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Martes 30 / julio / 2013

Cuba: Una larga historia en la Cirugía Cardiovascular

Filed under: Historia y celebridades — cardiocirugia — julio 30th, 2013 — 22:51

sainzPor Profesor Humberto Sainz Cabrera

Aunque existen referencias de que durante el año 1941, en el Hospital Municipal de la infancia de La Habana, el Dr. Manuel Carbonell Salazar, con el auxilio anestésico del Dr. Mesa Quiñones operó a dos niños a los que le cerró la Persistencia de Ductus Arterioso, se considera que la cirugía cardiovascular dio sus primeros pasos en Cuba cuando en 1951 se fundó el Instituto de Cirugía Cardiovascular y Torácica en el Hospital Ortopédico de Avenida de los Presidentes y calle 29, en La Habana, (hoy Fructuoso Rodríguez).

A partir de entonces comenzaron las operaciones cardiovasculares llamadas “cerradas” que se realizan sin necesidad de una máquina de corazón pulmón o de circulación extracorpórea (CEC), equipo que sustituye las funciones del corazón y de los pulmones mientras dura el acto quirúrgico.

Para esa fecha, todavía el mundo no contaba con tales equipos que ni siquiera Julio Verne imaginó. En efecto, fue el 6 de mayo de 1953 que John Gibbon logró coronar con éxito el trabajo de toda su vida, al cerrar por primera vez, con el auxilio de una máquina corazón-pulmón de su invención, una comunicación interauricular en una joven mujer.

En el Instituto de Cirugía Cardiovascular y Torácica, fundado por los destacados cirujanos, doctores Antonio Rodríguez Díaz e Hilario Anido Fraguedo, con la adquisición en 1956, de una máquina de CEC, conocida como “Bomba de Lillehei”, iniciaron la cirugía cardíaca a corazón abierto con el auxilio anestesiológico de los doctores Francisco Gutiérrez Peláez y Servando Fernández Rebull. Desde esa fecha y hasta 1960 realizaron más de seiscientas operaciones a corazón abierto y cerrado, convirtiendo a nuestro país en uno de los cuatro primeros en el mundo (Estados Unidos, Cuba, Suecia y Francia) que en esa época desarrollaron la cirugía de corazón y de grandes vasos.

Simultáneamente, en el Hospital Municipal de la Infancia (Pedro Borrás) el Dr. Angel Giralt operó más de 400 niños afectados de cardiopatías congénitas tributarias de correcciones quirúrgicas a corazón cerrado, o sea, sin necesidad de circulación extracorpórea que eran diagnosticado con el auxilio angio cardiográfico en la Fundación de Cardiología, que funcionaba bajo la égida de los doctores Agustín Castellanos y Otto García Díaz.

A su vez, en el Hospital Infantil Arturo Aballí, el Dr. Rogelio Barata Rivero con la ayuda anestésica del Dr. Pedro Jiménez, realizaron numerosas intervenciones quirúrgicas cerradas y a corazón abierto contando con la “Bomba de Lillehei”, operada por su sobrino al que todos llamaban “Baratica”.

Mientras, en el Hospital Universitario General Calixto García, el Dr. Roberto Guerra realizó algunas operaciones cerradas y el Dr. Antero Sánchez a corazón abierto en el Hospital Arturo Aballí con la ayuda del Dr. Noel González Jiménez que había hecho pasantía en Minneapolis con el Dr. Walton Lillehei.

La mayor parte de esas operaciones se realizaron gratuitamente por los equipos médicos pero con los recursos materiales que eran comprados por los pacientes y familiares a la usanza de la época; también se hicieron operaciones en algunas clínicas privadas. El Instituto de Cirugía Cardiovascular y Torácica era apoyado por un patronato de filántropos habaneros.

Entre los años 1960 y 1962 los médicos que formaban los equipos quirúrgicos abandonaron el país y se interrumpió la cirugía cardiovascular hasta el año 1961, cuando el Ministerio de Salud Pública bajo la dirección del Dr. José Machado Ventura ante la necesidad creada, responsabilizó al Dr. Noel González Jiménez, que había trabajado junto al Dr. Antero Sánchez, con la tarea de formar un equipo de cirugía cardiovascular en el Hospital Comandante Manuel Fajardo donde el Dr. Roberto Guerra era Jefe del Departamento de Cirugía General y hacia donde se concentraron las máquinas y demás equipos para la circulación extracorpórea del Instituto y de los demás hospitales.

El Dr. Noel González Jiménez comenzó en 1961 el entrenamiento del equipo realizando operaciones en animales con el concurso de jóvenes cirujanos. En ese grupo participaron el Dr. Julio Tain Blázquez que le sucedería con el tiempo y Pedro Kilidjian Dejjian y los anestesiólogos Dr. Samuel Yelín Gringros y Gilberto Gil Ramos que también operaban las máquinas de CEC.

Con la colaboración del Dr. Castro Villagrana del Instituto de Cardiología de México, previamente adiestrado en Houston; en 1966 se reinició en humanos la cirugía a corazón abierto con circulación extracorpórea para el tratamiento de cardiopatías congénitas y malformaciones valvulares; hasta entonces algunas operaciones sobre defectos intracardiacos se operaron con técnicas de hipotermia de superficie.

Desde 1960 en varios centros hospitalarios de la Capital se llevaron a cabo operaciones “cerradas” particularmente la Comisurotomía Mitral por eminentes cirujanos y anestesiólogos de la época” donde se destacaron los doctores Guillermo Hernández Amador y Díaz Arrastía con Samuel Yelín e Israel Pérez en el Hospital Pediátrico William Soler; Eugenio Torroella Martínez Fortún, Emilio Camayd Zogbe y Alberto Porro de Zayas en el Hospital Nacional y el Dr. José Cambó Viñas en el Hospital Clínico Quirúrgico Joaquín Albarrán.

Consolidada la realización de la cirugía a corazón abierto en el ya creado Instituto de Cirugía Cardiovascular (1966), sus instalaciones quirúrgicas pasaron de la Sección C del Instituto del Radium al 4to. Piso del Hospital Cmdte. Manuel Fajardo; pero evidentemente se mostraban totalmente insuficientes para los fines de investigación, formación de especialistas y asistencia perioperatoria a los cardiópatas.

Atento a esa imperiosa necesidad de un inmueble que permitiera alcanzar esas metas, el Ministerio de Salud Pública decidió entregarle al naciente Instituto las facilidades que ofrecía una clínica moderna, bien diseñada, ubicada en El Vedado en la que a partir de Febrero de 1969 se constituyó el Instituto de Cirugía Cardiovascular dirigido por el Dr. Noel González Jiménez y donde figuraron como sus fundadores los doctores Julio Tain Blázquez, Felipe Rodiles Aldana, Manuel Jacas Tornés y José Arango Casado como Cirujanos; los doctores Hilario Cortina Alonso, Humberto Saínz Cabrera y Gilberto Gil Ramos como Anestesiólogos Reanimadores y Perfusionista y los doctores Florencio Gamio Capestany, Joaquín Bueno Leza y Mireya Amoedo Mon como cardiólogos y el Dr. Rolando Pereira Costa como Radiólogo; apoyados por un pequeño grupo de enfermeras : las Srtas. Luisa Jiménez, Enma Martí, Carmen Rosa Agüero, Amparo González, Amparo Rodríguez, Oralia García, Marta Corpión, Nora Mollinedo, Amanda y Yolanda de la Fuente más los técnicos de Laboratorio y Transfusiones: Omayra García, Carlos Cabrera y Francisco Sánchez

Es en este año de 1969 en el que como necesidad de la reanimación del estado crítico del paciente operado de corazón abierto, se creó en el ICCCV la que en la historia de la medicina cubana se reconoce como la primera Unidad de Cuidados en la que se aplicó los conceptos y rigores de la medicina intensiva, la UCIQ.

Durante la segunda mitad de la década de los años 70 y atendiendo a la voluntad política del Gobierno, se acometió por el Instituto, el adiestramiento de todo el personal médico y técnico que posteriormente fundaría los Cardiocentros de Santa Clara, Santiago de Cuba y el Pediátrico del Hospital William Soler de La Habana, los que paulatinamente abrieron sus puertas en la década de los 80, convirtiéndose de hecho el ICCCV en el “Alma Mater” de la Cirugía Cardiovascular cubana.

Actualmente funcionan en el país seis Cardiocentros, tres para adultos: Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, Hospital Hermanos Ameijeiras y CIMEQ; dos mixtos en los que se operan niños mayores de tres años y adultos en Villa Clara y Santiago de Cuba y el del Hospital William Soler, especializado en el tratamiento de cardiopatías congénitas y adquiridas en niños de todas las edades hasta los 18 años de edad. Anualmente se efectúan en nuestro país más de mil quinientas operaciones cardiovasculares.

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