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¿Cómo escribir artículos científicos?

By bmn | enero 21, 2013

La redacción científica

La comunicación científica, tal como hoy la conocemos, es un fenómeno relativamente nuevo. Las primeras revistas científicas datan del siglo XVII. En la actualidad se editan más de 70.000 revistas técnicas y científicas. Los primeros científicos escribían trabajos meramente descriptivos. Sin embargo, en el siglo XIX, se hizo necesario describir el método empleado. Es lo que hizo Pasteur, para convencer a los partidarios de la generación espontánea. De esta manera surge el formato IMRYD (Introducción, Métodos, Resultados y Discusión). Este formato responde a las preguntas básicas que el investigador debe contestar:

Introducción ¿Qué problema se estudió?
Métodos ¿Cómo se estudió dicho problema?
Resultados ¿Cuáles fueron los resultados?
Discusión ¿Qué significan dichos resultados?

La característica fundamental de un texto científico debe ser la claridad. Un trabajo científico resulta inútil si no es bien entendido por los lectores. Las palabras utilizadas deben ser sencillas, si es posible. El científico no busca lucirse con su redacción, ni pretende deslumbrar a nadie. Sin embargo, esta redacción debe ser correcta, y por ello todo investigador debe conocer bien el lenguaje. Para los autores españoles que pretendan publicar en revistas extranjeras, se presenta la barrera del inglés. Por ello, es aconsejable, si no se domina esta lengua, asesorarse con buenos traductores profesionales especializados.

El artículo científico

Un artículo científico es un informe escrito y publicado que presenta los resultados de una investigación. Para considerar un artículo científico como tal, debe ser difundido por una publicación válida. La definición de publicación válida, o publicación primaria, es compleja, pero, en general, incluye solamente revistas de cierto prestigio, que aparecen en índices internacionales (Index Medicus, etc..).

Existen otras formas de divulgar la información científica: comunicaciones a congresos, tesis doctorales, etc.., pero no poseen la validez ni la difusión de la revista científica. El artículo debe de proporcionar la suficiente información para que los lectores puedan evaluar las observaciones, y, en su caso, repetir el experimento. Debe de estar a disposición de la comunidad científica sin restricciones.

El artículo científico debe ser organizado siguiendo los requisitos de la publicación. La estructura clásica del artículo es: introducción, material y métodos, resultados y conclusiones. (Existen excepciones, como la presentación de casos clínicos extraordinarios, que no pueden ajustarse exactamente a este esquema). Un artículo científico no es una obra literaria. Esta estructura no es caprichosa, es la más simple y eficaz posible. El estilo debe ser conciso. Hay que pensar que, para mantenerse al día en cualquier rama de la ciencia, hay que leer gran cantidad de artículos. Por lo tanto, la grandilocuencia sobra.

Existen otros artículos, llamados de revisión, que no presentan datos originales, sino que recogen el estado actual de una cuestión determinada. Estos trabajos, cuando están bien hechos, pueden ser de utilidad, y han cobrado mayor importancia con la corriente actual de la medicina basada en la evidencia. Un tipo especial de artículo de revisión es el llamado meta-análisis. En este caso, si bien se utilizan datos de distintos autores, se realiza un nuevo análisis, logrando mayor poder estadístico.

Respecto a las comunicaciones a los congresos, es conveniente que, si los datos presentados corresponden a un trabajo original y de interés, sean publicados de nuevo en una revista, para asegurar su difusión.

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