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Martes 8 / enero / 2013

José Francisco de Albear y Lara: más allá de la ingeniería

Filed under: Relevante — Tania Izquierdo — enero 8th, 2013 — 0:01

Francisco De Albear. Imagen: Radio BayamoAl cerrar sus ojos un 23 de octubre en La Habana, pero de 1887, el ingeniero José Francisco de Albear y Lara no pudo inaugurar el tercero de los acueductos que tuvo en el siglo XIX la villa San Cristóbal de La Habana. Este proyecto se le encomendó cuando era presidente de la Junta de Obras Públicas de Cuba y fue inaugurado en 1893, seis años después de su muerte. Luego de más de un siglo de construida, esta obra que lo inmortaliza suministra en la actualidad el 19 % del agua que recibe la capital y no consume combustible ni necesita tratamiento previo, excepto la cloración.

Nacido el 11 de enero de 1816 en el Castillo de los Tres Reyes del Morro, hijo del comandante de dicha fortaleza militar, coronel de ingenieros Francisco José de Albear y Hernández, natural de La Habana, y de Micaela Fernández de Lara y Vargas, oriunda de Trinidad; su ascendencia española más cercana provenía de su abuelo paterno, Francisco Antonio de Albear y Palacios, quien procedente de una localidad cercana a Santander había arribado a Cuba como militar, poco antes de 1762, participó en la defensa de La Habana frente a los ingleses y desempeñó con posterioridad importantes cargos en la Isla.

Siendo apenas un niño, solicitó su ingreso en el Regimiento de Lanceros del Rey, en 1826, mediante carta dirigida al sub-inspector general de las tropas de la Isla de Cuba, quien en correspondencia con ello le concedió los cordones de cadete en el arma de caballería, mediante decreto del 12 de agosto de 1826 del propio año, momento a partir del cual comenzaría el decurso de su antigüedad en la carrera militar.

Sus ansias de superación, le valieron la autorización para partir hacia España con el grado militar de Alférez de caballería, el 1 de julio de 1835, y realizar los exámenes de ingreso a la Academia de Ingenieros de Guadalajara, los cuales aprobó en julio del siguiente año con notas de sobresaliente.

Producto de la tensa situación generada en España como resultado de la guerra suscitada a la muerte del rey Fernando VII, entre los defensores del derecho al trono de su hija Isabel II y las huestes carlistas, el gobierno tomó la decisión de intensificar el régimen de estudio de los ingenieros militares, con el objetivo de disponer de sus servicios en el menor tiempo posible. Fue así como el joven Francisco de Albear se vio obligado a vencer, en sólo 3 años, las asignaturas previstas para un lustro, pero con las más altas calificaciones y el primer lugar de su grupo, lo cual le valió el ascenso al grado de teniente del Cuerpo de Ingenieros, otorgado por Real Orden de 26 de Diciembre de 1839, y la expresa felicitación del ingeniero general Antonio Remón Zarco del Valle.

Acueducto de Albear. Imagen: CubartePero Albear no sólo fue el ilustre ingeniero encargado en Cuba de múltiples obras de beneficio social y artífice del Canal de Vento, sino que su fructífera existencia abarcó también su participación directa en múltiples instituciones de carácter científico. Así, entre otras, fue: miembro corresponsal de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, fundador de la Sociedad Geográfica de Madrid, miembro ordinario de la Sociedad Científica de Bruselas, honorario y corresponsal de la Sociedad Británica de Fomento de Artes e Industrias, miembro de la Sociedad de las clases productoras de México, socio de mérito de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana y del Círculo de Hacendados de la Isla de Cuba, y socio de número y de mérito de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, en la cual llegó a ocupar el cargo de vicepresidente.

En honor a la más estricta justicia histórica, debe destacarse que el ya brigadier del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de España, desde el 21 de septiembre de 1876, Francisco de Albear y Fernández de Lara, jamás tuvo participación directa como militar durante el conflicto independentista del 68, ni en la denominada Guerra Chiquita; su vida y su esfuerzo estuvieron dedicados a las obras sociales en la tierra que lo vio nacer, y a la cual dedicó hasta su último aliento.

Fuente:
Red Cubana de la Ciencia
Ecured

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