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Martes 6 / noviembre / 2012

El sabio que soñaba con las bacterias

Filed under: Relevante — Tania Izquierdo — noviembre 6th, 2012 — 14:33

BacteriasAntiguamente ser médico de laboratorio no era un título y no tenía consideración alguna. Se estimaba que estos médicos nada sabían y que eran meros auxiliares de los médicos de asistencia. Como dijo un gran clínico cubano: «Ser médico de laboratorio ayer, fue casi una ignominia; hoy es una gloria». O como expresara el filósofo español Don José Ortega y Gasset: ¨El médico creyó que debía transformarse en hombre de ciencia, en sentido estricto, dejando de ser ‘médico de cabecera’ y haciéndose médico de laboratorio¨. Fueron muchos los médicos cubanos, capaces y abnegados, que en los primeros tiempos se van a familiarizar con las técnicas microbiológicas, pero entre ellos hay dos que son considerados como las figuras cimeras de esta especialidad en Cuba: los doctores Carlos J. Finlay y Juan Nicolás Dávalos Bentancourt. Ambos coincidieron en época, compartieron una gran amistad y aunaron sus esfuerzos, en más de una ocasión, en la consecución de importantes investigaciones científicas. Sin ellos no se puede hablar de los orígenes de esta rama de la medicina en Cuba. Del segundo de ellos se habla poco y con motivo de su natalicio, le dedicamos este espacio.

Nació en Sabanilla del Comendador (actual Juan Gualberto Gómez, Unión de Reyes, provincia de Matanzas), Cuba, el 6 de noviembre de 1857. Fue un destacado bacteriólogo que realizó importantes estudios y descubrimientos en la Medicina y contribuyó al desarrollo de la vacuna antidiftérica, aisló e identificó diferentes microorganismos patógenos y obtuvo sueros contra el tétanos y la fiebre tifoidea.

Dr. Juan Nicolás Dávalos BetancourtRealizó estudios de Medicina en la Universidad de La Habana, pero se graduó de Licenciado en Medicina y Cirugía en Madrid en 1886 y poco después, realizó estancias de estudios en Francia, Alemania, Inglaterra y los Estados Unidos. Fue nombrado Miembro Numerario de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana en 1895 y obtuvo el título de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana en 1899. Se destacó como una de las principales figuras científicas del Laboratorio Histobacteriológico creado en La Habana por Juan Santos Fernández Hernández, en 1887. Laborioso y tenaz, logró por esfuerzo propio ocupar el lugar más destacado en Cuba, en la especialidad que estudió. Aunque seco y reservado, tuvo innegables rasgos de bondad y desprendimiento. Hombre austero, enérgico y frío, dotado de gran paciencia, fue sin dudas, el precursor de la bacteriología en nuestro medio. Un gran periodista cubano, Víctor Muñoz, fue quien en crónica magistral, hizo la justa calificación del Dr. Dávalos: «El sabio que sueña con las bacterias».

Vacuna contra tétanos y difteria. Imagen: EcuredMientras trabajaba en el Laboratorio Histobacteriológico, diagnosticó casos del llamado carbunclo bacteridiano (ántrax) y obtuvo la vacuna contra el mismo,  junto al doctor Diego Tamayo, quien fue su compañero de trabajo. Dávalos fue un gran amigo de Finlay, a pesar de ser 24 años más joven que éste, y el sabio cubano lo consideraba y estimaba grandemente por sus trabajos en bacteriología. Investigó numerosas enfermedades tratando siempre de encontrar una vacuna, un suero, algún agente que pudiera contrarrestar la virulencia de la infección. Así lo vemos estudiando, no sólo el muermo y el carbunclo, sino también el paludismo, la fiebre amarilla, la lepra, la angina infecciosa, la fiebre tifoidea, el tétanos, la tuberculosis, la difteria y otras. En fiebre tifoidea trabajó mucho, y con la colaboración del Dr. Coronado, fue el primero que obtuvo en Cuba la sero-reacción Nidal positiva, de cuyo hecho dio cuenta a la Academia de Ciencias de La Habana. En algunos casos, su propio cuerpo sufrió la contaminación accidental de los gérmenes patógenos que investigaba, lo que, a cambio de la desventaja, le permitió obtener más directas experiencias. En consecuencia, contrajo la tuberculosis y la fiebre tifoidea; en una ocasión resultó inoculado de rabia durante la autopsia de un conejo y en otra de la virulenta toxina del tétanos.

Este hombre de ciencia, que tantas veces escapó a mortales enfermedades, falleció en La Habana el 4 de diciembre de 1910, víctima de una bronconeumonía a los 53 años. Fue sepultado en el panteón que acababa de construir la Academia de Ciencias en el Cementerio de Colón.

Fuente:
Juan Nicolás Dávalos Bentancourt. Ecurred
La medicina en Matanzas a fines del siglo XIX. Vida y obra del Dr. Juan Dávalos Betancourt. Ética en la ciencia y tecnología. Madrigal Lomba R, Alfonso Alba R. Rev méd electrón 2010;32(1).
Carlos J. Finlay y Juan N. Dávalos: dos figuras cimeras de la microbiología médica. Breve reseña histórica de los orígenes de esta ciencia en Cuba. Nodarse Hernández Rafael. Rev Cub Med Mil. 2008  Sep;  37(3).

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