ene 29 2011
José Martí aún anda en Cuba dispuesto a morir por la libertad
Por Wilkie Delgado Correa
Un nuevo aniversario del nacimiento de José Martí, ocurrido el 28 de enero de 1853, nos convoca al recuerdo, la veneración, el homenaje y a mantener vivas sus ideas en el quehacer cotidiano del pueblo cubano y de esa patria común que es la humanidad. Y no puede ser de otra manera cuando se trata de alguien que, por sus luchas y la trascendencia de su pensamiento universal, merece honor imperecedero.
Con sus palabras certeras, más que con palabras propias, quisiera uno reflejar su significación para todos los tiempos. Y nada más simbólico que escoger unas ideas que sintetizan su personalidad extraordinaria dedicada a pensar y trabajar por el mejoramiento humano y sufrir y luchar por la libertad e independencia del pueblo de Cuba. En los campos insurrectos de la patria, preconizando la guerra necesaria de liberación, cayó sublimado por los más nobles ideales humanos.
Antes de su caída en combate en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895, había expresado su misión como hombre comprometido con el destino mayor de su patria: “A servir modestamente a los hombres me preparo; a andar con el libro al hombro, por los caminos de la vida nueva; a auxiliar, como soldado humilde, todo brioso y honrado propósito: a morir de la mano de la libertad, pobre y fieramente.”
Y es que vivió y murió convencido de lo que había afirmado con convicción absoluta: “Es la revolución lo que tenemos que salvar. Si la revolución marcha y vence, la patria será libreal fin y vivirá. Predicar sin cansancio el espíritu humano y democrático de nuestra revolución. Todo por los que padecen.”
¡Qué hermosa imagen literaria y simbólica sobre sus pasos de preparación de las batallas por la redención del hombre y del pueblo! ¡Qué hermoso símil para describir la misión de los hombres generosos, sintetizada en estas dos frases: “Yo soy el camino”. “¡Andaremos como la luz!”
Y junto a las anteriores ideas, la caracterización y definición precisa de su pueblo, y la crítica acerba a quienes desconocen sus virtudes y grandezas: “nuestro pueblo humilde que es -digan los necios lo que quieran-el verdadero grande.”
