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Viernes 7 / diciembre / 2012

Entrevista al Dr. José Pedro Martínez Larrarte, editor del sitio “Reumatología”

Filed under: entrevistas — José Pedro Martínez — diciembre 7th, 2012 — 11:11 PM

Entrevista al Dr. José Pedro Martínez Larrarte en el marco del XX aniversario de Infomed

jp1 En diciembre venidero la Red de Infomed arribará al aniversario 20 de su creación. En
ese período su principal objetivo ha sido difundir la información y el conocimiento
científico y técnico para los profesionales de la salud de Cuba. ¿En qué medida Infomed
ha facilitado su labor asistencial, docente o investigativa?

Considero a Infomed como un factor clave en el desarrollo y divulgación de los niveles científicos alcanzados por nuestro Sistema Nacional de Salud; incluida, desde luego, la especialidad de Reumatología a la cual represento.

En este sentido, puedo asegurar que esta red de información ha tenido una acción muy significativa en la formación y desarrollo de nuestros colegas, poniendo al alcance de todos un grupo de recursos de información y de superación profesional que se han revertido en el destacado nivel profesional logrado por la Reumatología en Cuba, reflejado en la mayor calidad asistencial que se presta en nuestro quehacer diario de consultas y salas de medicina.

2. En dos décadas de trabajo Infomed ha tratado de establecer una sólida interrelación
con sus usuarios, propiciando la realización y difusión de congresos, conferencias,
seminarios y talleres, tanto en el ámbito presencial como virtual. ¿Qué significación le
concede a tales alternativas?

Además de la importante labor que se desarrolla de manera sistemática en la página principal del portal de Infomed y en cada uno de los nodos provinciales, sitios de especialidades y diferentes instituciones científicas representadas en la red de información de salud de Cuba, podemos mencionar dos sitios que han conseguido gran trascendencia : ellos son la Universidad Virtual de Salud de Cuba, en cuya aula virtual se realizan actividades docentes y formativas de recursos humanos a través de los múltiples cursos, diplomados y maestrías virtuales que se ofrecen constantemente; el otro es Cencomed, ya que a través de sus herramientas de difusión conocemos y divulgamos los diferentes eventos y congresos que se realizan.

Por citar un ejemplo, a nuestros Congresos Internacionales de Reumatología, que hasta el pasado año tenían una frecuencia anual, se inscribían y asistían, además de la mayoría de nuestra comunidad nacional de reumatólogos, múltiples profesores y especialistas de otros países para compartir sus experiencias con nuestros colegas, gracias a la divulgación que se les hacía a estos eventos a través de Cencomed.

3 Me referiré a la Biblioteca Virtual de Salud de Cuba. ¿Qué opinión le merece la
colección de libros de autores cubanos y el segmento de revistas médicas cubanas que se
hallan en ese importante espacio?

La Biblioteca Virtual de Salud de Cuba probablemente sea el sitio dentro de la red telemática de nuestro país, con el sello de mayor autenticidad y representatividad de la labor puntual de la comunidad médica nacional.

Representa a través de sus múltiples libros y publicaciones seriadas, la mayor obra tácita de la comunidad médica cubana desarrollada en la actualidad. Es el espacio más citado y visitado por nuestra comunidad de salubristas y de una buena parte de otros lugares del mundo.

Por solo referirnos a un ejemplo, entre los años 2009 y 2011, estuvimos organizando la labor docente en la sede universitaria de salud de la capital de Guinea Ecuatorial, donde apenas existían recursos formativos para sus alumnos y residentes, que mantenían el mismo método de formación de nuestro país.
A través de la Biblioteca Virtual de Salud de Cuba y de algunas coordinaciones que establecimos con la Dra. Mirta Núñez, aquellos educandos tuvieron a su alcance la bibliografía necesaria para mantener un sistema de información profesional y, en consecuencia, alcanzar los conocimientos adecuados para transitar por los años académicos establecidos. Se convirtieron de esta forma en asiduos lectores de las ofertas que brinda este sitio.
4 ¿Desea añadir algo relacionado con la conmemoración que nos ocupa?

La labor de información sistemática que se ha mantenido durante este periodo de tiempo por parte de Infomed, es un acontecimiento que llena de regocijo y enaltece a su colectivo laboral y a la comunidad de salud de Cuba.

Sabemos que de una u otra forma, en esta red de personas que trabajan para elevar y mantener el conocimiento de nuestra comunidad, estamos representados todos, y de carácter particular nuestra labor diaria individual en cada consulta o acción médica que beneficia a nuestro país y otros pueblos del mundo. Estamos seguros que seguiremos desarrollándonos y compartiendo nuestras experiencias, y seguirá siendo Infomed el portal de excelencia de la comunidad médica de Cuba.

Por Jorge Noel Marqués

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Lunes 3 / diciembre / 2012

Un hecho poco conocido

Filed under: entrevistas — José Pedro Martínez — diciembre 3rd, 2012 — 10:29 PM

En conmemoración al aniversario 179 del Día de la Medicina Latinoamericana, este 3 de diciembre del 2012;  reproducimos por su actualidad y  puntualidad, el artículo  “Un hecho poco conocido” del periodista de Infomed Jorge Noel Marqués, tomado del sitio “Salud es el tema”

jnmUn hecho poco conocido

El descubrimiento del agente trasmisor de la fiebre amarilla en el siglo 19 está inobjetablemente ligado a la figura del insigne sabio cubano Carlos Juan Finlay.

Es muy conocida asimismo la posición adoptada por Walter Reed, (jefe de una comisión estadounidense que realizó trabajos de investigación en Cuba acerca de la afección) quien trató de apropiarse, inescrupulosamente, del singular hallazgo.

Sin embargo, hay un hecho escasamente difundido y es el que se refiere a la labor desplegada por Jesse William Lazear, también integrante de la aludida comitiva, el cual asumió una posición diametralmente opuesta a Reed y al resto de los componentes (los también doctores James Carroll y Arístides Agramonte) de ese grupo.

¿Cómo se vincula Lazear con Finlay?, ¿ Por qué Lazear colaboró con él?, ¿Por qué consideró acertadas sus formulaciones?.

Las respuestas a estas interrogantes y a otras que colocaré en el transcurso de este trabajo, posibilitarán una reflexión sobre algunas de las acciones más significativas desplegadas por este incansable y honesto investigador.

El vínculo que establecería Lazear con Finlay tiene como antecedente una epidemia de dengue que afectaba a las tropas de ocupación norteamericanas en Cuba.

Por ese motivo llega a La Habana el 13 de febrero de 1900, con la responsabilidad de realizar estudios bacteriológicos en el campamento de Columbia.

Después de fracasar en diversas pesquisas clínicas, en pruebas con el bacilo icteroides y en el campo bacteriológico, a Reed y a sus acompañantes no les quedó otra alternativa que escuchar los enunciados Finlaístas el 1 de agosto de 1900. En esa reunión a Lazear le fue encargado todo lo relacionado con la cría de los mosquitos.

Vinculado con este intercambio de opiniones es menester señalar tres consideraciones: en anotaciones realizadas por nuestro sabio (incluida sus obras completas) este indicó que los médicos estadounidenses iniciaron indagaciones en junio de 1900, con unas crías de huevos de un insecto idéntico que él le entregó a Lazear con anterioridad.

El otro elemento es que existen indicios de que Lazear se interesó por la fiebre amarilla desde que llegó a Cuba y tras realizar un periplo europeo, en 1895, verificó (conjuntamente con Wailly y Thayer) el descubrimiento de Ross y Grassi acerca de la trasmisión de la malaria por el mosquito anopheles, un hecho sin precedentes hasta ese momento.

Atendiendo a esa experiencia y animado en la factibilidad de que ese tipo de insecto pudiera ser el agente trasmisor de la enfermedad, Lazear capturaba todo tipo de Aedes con el fin de clasificarlos y estudiarlos.

Tal faena hizo que doctor Eduardo Anglés expresara: “Lazear se contagió con Finlay y todo el tiempo de que disponía lo dedicaba a la persecución y estudio de los mosquitos. Era en él una obsesión.”

Luego de fallar con los primeros nueve casos de experimentación, preparó un grupo de insectos. A uno de ellos lo contaminó mediante personas que diferían en cuanto a la intensidad de la enfermedad, aunque en todos los casos se hallaban entre el primero y segundo día del desencadenamiento del mal.

Aquél rechazaba picar nuevamente y surgió entonces un interesante episodio con Carroll. Este, uno los marcados detractores de Finlay, se ofreció para dar continuidad a la prueba, pero el 29 de agosto de 1900 padeció los primeros síntomas de la afección y el 31 tenía un cuadro completo de ella.

El soldado William Dean corrió igual suerte que Carroll (fue inoculado con el mismo animal y con otros tres mosquitos) y el día 5 de septiembre figuraba entre los individuos reportados con fiebre amarilla. Ante tal evidencia, Agramonte envió una comunicación a Reed en la cual informaba la veracidad de la teoría Finlaísta.

La comprobación de Lazear reafirmó inequívocamente lo expresado por el científico cubano el 14 de agosto de 1881, en la Real Academia de Ciencias Físicas y Naturales de La Habana, relacionado con el agente trasmisor de la enfermedad.

Sin embargo, Lazear no tenía autorización para realizar las indagaciones (salvo que fueran entre los mismos miembros de la comisión) y por tanto se vio impedido de darlas a conocer de manera oficial. ¿Qué pasó ulteriormente? ¿Detuvo sus investigaciones? ¿Qué ocurrió tras su fatídica muerte?.

Las referencias históricas señalan que prosiguió sus acciones de búsqueda en el campo bacteriológico y en las labores con los insectos, ya que estimaba que la solución del problema estaba en esa dirección.

Llegó entonces el 13 de septiembre de 1900, fecha que tuvo una particular significación para la vida del acucioso investigador.

Ese día, según versión oficial emitida, realizaba maniobras experimentales en el hospital Las Animas y un mosquito lo picó en su mano izquierda. El 19 del propio mes fue ingresado en la sala de enfermos de fiebre amarilla y el 25 de septiembre ocurrió su deceso.

En torno a este capítulo de su existencia hay diferentes interpretaciones: por un lado estudiosos señalan que Lazear no interrumpió la referida acción con un propósito experimental (cuestión que ya había perpetrado antes) mientras otros rechazan tal aseveración aduciendo que él conocía perfectamente el alto grado de peligrosidad de un hecho de este tipo y que su repentina muerte podía tener otra explicación.

Existe documentación de que ante sus primeros resultados adversos en su trabajo con los mosquitos, Lazear decidió inyectarse sangre de un amarílico, (un enfermo de fiebre amarilla) lo cual, incluso, practicó a otros voluntarios que lógicamente padecieron la enfermedad y luego se recuperaron.

Ello posee una especial trascendencia, pues así llegaba a la certeza de que Finlay tenía razón y de que los fallos iniciales guardaban relación con la maduración de los insectos. Aclaró, con su propia vida, de que la afección se trasladaba del individuo enfermo al sano siempre que ocurriese una inoculación en los primeros días de la enfermedad.

Las valiosas anotaciones de Lazear llegaron a manos de Reed a través de Albert E. Truby a quien solicitó cuidara sus pertenencias hasta su restablecimiento. Entre ellas figuraba una pequeña libreta de trabajo donde aparecían detalles pormenorizados acerca de sus indagaciones.

Con esta inapreciable información junto a otros datos suministrados por miembros de la comisión estadounidense y otros colaboradores, Reed presentó en la reunión número 23 de la Asociación Americana de Salud Pública, acontecida en Indianápolis, la ponencia denominada Etiología de la Fiebre Amarilla, Nota Preliminar.

La desaparición física de Lazear propició de que Reed hablara de algo sobre lo cual no había aportado nada y al mismo tiempo se observa cómo su encomiable labor era deliberadamente ignorada por aquél y por los restantes miembros de la comisión.

Paradoja histórica, pues incuestionablemente era él quien estaba mejor preparado desde el punto de vista técnico y profesional y cuya honradez científica quedó demostrada con su desinteresada actuación.

Lazear creyó en Finlay y no escatimó esfuerzos, de ninguna índole, para corroborar una teoría que revolucionó el mundo científico de finales del siglo 19.

Eso engrandece su presencia y le otorga espacios especiales, independientemente de que haya quedado registrado en mayor o menor medida en las páginas de un folleto o un libro o en el inevitable paso del tiempo.

Nota: Se agradece al licenciado José Antonio López Espinosa la documentación facilitada para la ejecución de este trabajo.

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Sábado 1 / diciembre / 2012

Entrevista a la profesora Gloria Varela Puente

Filed under: entrevistas — José Pedro Martínez — diciembre 1st, 2012 — 2:35 AM

Entrevista a la profesora Gloria Varela Puente

Dra. Gloria VarelaEntrevista ofrecida en el marco de La Jornada  en Homenaje al Trabajdor de la Salud 2002
27/Noviembre-3/Diciembre del 2002

¿Quién es?

Gloria Varela Puente, médico. Procedo de un pueblecito de la entonces provincia de Oriente. Allí hice mis primeros estudios en la escuela pública, con excelentes maestros, que me enseñaron la historia patriótica de nuestros predecesores, desde Céspedes, Maceo, Máximo Gómez; conocimos de nuestras guerras liberadoras, comprendimos que éramos cubanos y también la significación de la palabra Patria.

Profesora Gloria Varela

Un día nuestro maestro de sexto grado, Francisco Ulloa, nos leyó un texto sobre Martí que contenía aquella famosa frase: “conozco el monstruo porque he vivido en sus entrañas” y nos explicó algo de su significado. Desde entonces fui antiyanqui. En el Instituto de Santiago de Cuba continué el bachillerato donde todos los alumnos eran antibatistianos. En 1942 empiezo la carrera de medicina en la única universidad que teníamos, la de La Habana.

¿Por qué médico?

Había leído mucho, gustaba de la biografía de los grandes hombres; El Quijote, Freud, Bolívar, Lincoln. Estudié medicina porque me interesaba la psiquiatría, sin embargo, al pasar por cada asignatura olvidé la psiquiatría.
Aunque me gradué en 1949, desde 1947 trabajaba en los hospitales como alumna externa por concurso: Calixto García, Nuestra Señora de las Mercedes. Luego, nuevamente, en el Calixto García, dos años de médico interno por concurso: 1949-1951, en una sala de adultos.
En 1952 comencé a trabajar en el Hospital de Infancia de La Habana (hoy hospital Pedro Borrás) con un nombramiento de jornalero hasta 1959. Durante los siete años que duraba la carrera de medicina, asistí además a todos los conciertos de la Filarmónica, a todas las exposiciones de pintura y escultura, a casi todas las obras de teatro, ballet y ópera que en aquellos años eran frecuentes en La Habana, así como a otras actividades culturales.

¿Por qué profesor?

Con el triunfo de la revolución impregnada por el fervor revolucionario, los discursos de Fidel, los del Ché, los trabajos voluntarios, nos dedicamos más al estudio y a los diferentes cambios y leyes de la revolución.
En los años 1959 – 60 y 61 se produce el éxodo de los profesores de Medicina y con ellos miles de médicos partieron fuera del país.
En 1961 vino un compañero a hablarme de la necesidad de profesores y médicos. Yo no tenía ni la vocación ni la capacidad para ser profesora; no recuerdo sus argumentos para convencerme pero sí mi deseo de contribuir y ayudar en cualquier tarea y acepté desde ese momento.
A partir de entonces fui nombrada profesora, pasando por los diferentes estadios: Auxiliar, Titular, y actualmente Consultante.
De mis alumnos siempre he recibido respeto, admiración, afecto, compañerismo, motivación y alegría cuando curamos y aliviamos a nuestros niños.
De las autoridades universitarias y del ministerio recibí estímulos de todo tipo: medallas, diplomas, cartas, etc.
Durante este tiempo hice dos misiones una en Argelia (1964-1965) y otra a Mozambique (agosto del 78 a diciembre del 80) que reafirmaron mis sentimientos de compañerismo y solidaridad internacionalista.

¿Por qué es del grupo de los que se quedaron?

Porque tengo el convencimiento de que es el único sistema en que un individuo puede desarrollar toda su inteligencia, su capacidad intelectual y física; porque es más justo y porque cualquiera que sea su origen le confiere algo que se llama dignidad.

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