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Miércoles 15 / febrero / 2017

Cuidado con el castigo

Filed under: Para la familia,Para profesores — prevemi — febrero 15th, 2017 — 1:56

El castigo es posiblemente una de las prácticas más utilizadas en el seno de la familia. Son diversos los que se emplean como “estrategia educativa”. Sin embargo, el uso sistemático del castigo como acción correctora principal puede acarrear consecuencias negativas que deben evitarse.

Por: Dionisio F. Zaldívar Pérez

Entendemos por castigo cualquier acción que ejecuta una persona, y que causa la aversión del que la recibe, empleado como elemento correctivo o de control con la finalidad de eliminar una conducta o comportamiento molesto o inadecuado.

Entre los castigos más frecuentes se encuentran:

El tiempo fuera (sacar o prohibir al sujeto permanecer en el lugar o contexto donde ha exhibido una conducta considerada molesta o inapropiada enviándolo a dormir, etc.)

El retiro de reforzadores o estímulos positivos (prohibición de ver la TV, de salir a jugar con los amigos, etc.)

El castigo físico (que por supuesto no tiene nada de educativo).

Las causas más frecuentes por las cuales se castiga a un niño son: desobedecer las órdenes o indicaciones de los adultos; actividad excesiva del niño (hiperactividad) que resulta molesta para los adultos; rebeldía (actitud desafiante ante los padres u otros adultos); mala comunicación padres-hijos; irritabilidad, frustración o malestar de los padres.

Es posible que las causas que explican el uso extendido del castigo estén relacionadas con su aparente eficacia y rapidez para controlar o detener el comportamiento inadecuado o molesto. Sin embargo, sobran los ejemplos de niños que a pesar de haber recibido castigo, incluso físico, por mostrar determinados comportamientos, siguen exhibiéndolo tan pronto se presenta la ocasión.

Diversos estudio han mostrado que los efectos supresores del castigo resultan momentáneos, que este no provoca el desaprendizaje del comportamiento castigado, ni ofrece en su lugar otra alternativa más adecuada por lo que en la primera ocasión se activa nuevamente.

El uso sistemático del castigo como acción correctora principal puede acarrear consecuencias negativas, entre las que podemos señalar: daño a la autoestima del niño, quien llega a desvalorizarse (baja autoestima); aparición de estados de tensión, estrés y agresividad; déficit de atención; pérdida de confianza en los padres; ansiedad o culpa de alguno de los miembros de la familia; y empleo de la mentira como medio de evitar el castigo.

Como pueden observarse, si bien el castigo aparece como una “rápida solución” a los problemas de comportamiento infantil, sus efectos no son permanentes y por lo general provocan más daño que beneficio.

Educar requiere paciencia y poder mostrar al educando las alternativas de comportamientos más efectivos, lo que se logra en primer lugar con el propio ejemplo de los padres, la adecuada comunicación con el niño, la exigencia apropiada, pero siempre con amor, con el uso de argumentos directos y lógicos que inviten al niño a reflexionar sobre las consecuencias de su comportamiento, no solo para él, sino también en las afectaciones que pueden provocar en los demás.

El castigo físico nunca puede considerarse como una acción educativa. Por el contrario, es generador de agresividad y aprendizaje de comportamientos violentos que serán mostrados más allá del contexto familiar, ya que pueden afectar no sólo el comportamiento psicológico del individuo, sino también el social.

Los padres que castigan físicamente a sus hijos están contribuyendo a la reproducción de conductas violentas en el ámbito de la sociedad e inducen al uso de la violencia como forma de ejercer el control sobre otros.

Educar es dialogar, es persuadir, es enseñar con el ejemplo. Agote estos recursos antes de imponerles un castigo sus hijos, estos y la sociedad se lo agradecerán.

Tomado de la sección Salud del periódico Trabajadores.

Obtenido de http://www.sld.cu/saludvida/jovenes/temas.php?idv=6200

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Martes 19 / febrero / 2013

Contribuya a la educación de su hijo

Filed under: Para la familia — prevemi — febrero 19th, 2013 — 15:50

¿Tiene su hijo entre 4 y 7 años de edad? Para contribuir a su desarrollo intelectual, fomentar la comunicación y fortalecer su personalidad, le ofrecemos algunas sugerencias de nuestros consejeros que seguramente les serán de utilidad y de objeto de reflexión. Educar con amor y dedicación a los hijos los ayudará a ser mejores personas.

Por: Guillermo Julio Ruiz Rodríguez

Dedicar de 15 a 30 minutos diarios a una conversación amena. Los temas deben centrarse, entre otros, en las interrogantes del niño, su vida en la escuela, su relación con maestros y amiguitos, las cosas que le preocupan, su apariencia personal, el fomento del amor por las personas y por la naturaleza, el valor de decir siempre la verdad…

Animarlo a hablar correctamente: el uso de adjetivos y de verbos.

Divertirse con juegos de palabras (versos, trabalenguas, frases…)

Fomentar el hábito de la lectura. Antes del 1er. grado, léale pasajes entretenidos y educativos adecuados a su edad.

Programar visitas a bibliotecas.

Garantizarle material de aprendizaje: creyones, papel, lápices…

Estimularlo y gratificarlo son excelentes opciones para que crezca su autoestima.

Ante cualquier logro de aprendizaje, (por pequeño que sea) comunicarle aceptación, alegría, confianza en si mismo.

Conversar con ellos sobre los lugares de interés en su comunidad (parques, museos, lugares históricos…)

Promover hábitos de salud: nutrición, descanso, aseo, escuchar música sin estridencias, juego…

Besar, abrazar, ofrecer muestras de contacto físico.

Respetar. Jamás agredir, ni emplear ironías degradantes u ofensivas.

Enseñar y reforzar el “Por Favor”, “Con su Permiso”, “Muchas Gracias”…

Amar siempre…

Obtenido de: http://www.sld.cu/saludvida/jovenes/temas.php?idv=6201

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