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Viernes 16 / junio / 2017

Cómo educar niños en edad escolar

Filed under: Para la familia — prevemi — junio 16th, 2017 — 14:45

Durante la infancia intermedia de su pequeño habrá muchos cambios en la familia. Su hijo es más independiente que antes, puede cuidarse mejor y es más capaz de contribuir con los quehaceres domésticos y otras responsabilidades del hogar. La mayoría de familias descubre que pueden establecer rutinas y en muchas formas la vida parece más organizada. Sin embargo, los pequeños siguen necesitando guía y supervisión de los padres.

Durante los años de la infancia intermedia, los padres tienen dos tareas que son especialmente importantes. La primera es aprender a permitir y alentar a su hijo a que ingrese solo al mundo nuevo de la escuela y los amigos. La segunda es aprender a ser padres a la distancia. Cuando los niños entran a la escuela, los padres pasan menos de la mitad del tiempo que pasaban con ellos antes. Entonces, los padres deben ser más eficientes, más alertas y seguir muy involucrados en las vidas de sus hijos para poder supervisarlos, guiarlos y apoyarlos de forma efectiva.

Durante los años escolares su pequeño puede desarrollar más autoconfianza, superar miedos y dudas de sí mismo, probar los límites de su independencia, buscar modelos a seguir y aprender e interiorizar valores morales y espirituales. Usted y el resto de la familia deben prestar especial atención a las siguientes áreas, que se volverán cada vez más significativas durante esta época de la vida:

Escuela

La escuela asume un papel central en la vida de su pequeño cuando llega a la edad de cinco o seis años y gran parte de su atención y energía se aleja de la unidad familiar y se enfoca en la escuela. Los años de escuela primaria pueden convertirse en una época de inmensa satisfacción y entusiasmo. A medida que aprende a leer y dominar otras destrezas académicas, desarrollará un amor por el aprendizaje y orgullo por sus logros. Esto puede contribuir a su autoestima, no solo gracias a sus logros en el salón de clases, sino también a medida que se separa exitosamente del entorno de casa. En el proceso, su maestro puede convertirse en una fuente de apoyo y un ejemplo importante en su vida.

Sin embargo, para algunos niños, la escuela puede causar frustración y estrés. Las discapacidades del aprendizaje pueden interferir con el placer de aprender. Los malos hábitos de estudio o la falta de motivación pueden crear dificultades académicas. A veces los pequeños tienen una mala relación con sus maestros o pueden sufrir de ansiedad por separación que puede interferir con su asistencia a la escuela.

Para hacer que la educación de su hijo sea lo más positiva y productiva posible, supervise de cerca su progreso académico y adaptación social y conozca a los maestros. Hable con su hijo acerca de lo que está aprendiendo en la clase y qué siente de ir a la escuela. Anímelo a que demuestre las nuevas destrezas que aprenda y las practique con usted. Supervise las tareas escolares (pero no las haga usted) y asegúrese de que se prepare bien para los exámenes. Limite la cantidad de televisión que ve y anímelo a que lea, escriba y se exprese creativamente a través de pasatiempos y deportes. Si él (o el maestro) reporta algún área problemática, hable abiertamente con el personal de la escuela e intente determinar la mejor forma de ayudar a su pequeño a superar las dificultades. Consulte con el pediatra para que le dé sugerencias para resolver estos problemas.

Amistades

Por más importante que sea la familia para su hijo, los amigos y conocidos se volverán cada vez más importantes durante la infancia intermedia. Pasará más tiempo con sus compañeros, tanto dentro como fuera de la escuela. Estos compañeros de juego le harán compañía y su pequeño probablemente se preocupará por que los amigos lo acepten socialmente. Sentirá una necesidad fuerte de pertenencia (ser igual que los otros) y reconocimiento (que lo consideren único).

La familia también tendrá que lidiar con el estrés asociado a las relaciones de su hijo con los compañeros. Eventualmente podría tener conflictos con los amigos, lo cual puede menguar su autoestima. Tal vez lo excluyan de un círculo al cual realmente quiere pertenecer, lo que le causará tristeza y soledad.

Durante estos años, vigile la selección de amigos de su hijo y supervise, pero no interfiera, con sus actividades de juego. Preocúpese por conocer a los padres de los amigos y comparta con ellos sus observaciones sobre las actividades de los niños. Ofrezca apoyo, comprensión y guía a su hijo cuando surjan problemas en las relaciones con sus compañeros. Cuando haya conflictos, intente entender cómo se siente su hijo al respecto y lo que él ve como los factores que contribuyen al problema. Luego discutan cómo el otro niño podría ver el problema y juntos busquen formas para resolver el conflicto. Al mismo tiempo recuerde que la familia no puede resolver cada una de las dificultades con los compañeros; por ejemplo, no puede correr al parque de recreo e intervenir siempre que surja un conflicto. Aun así, puede brindar apoyo y guía, transmitiendo sus propios valores y expectativas.

Actividades externas

Durante la infancia intermedia, su pequeño se interesará por varias actividades externas, que van desde deportes a Scouts, hasta lecciones de música y clubes. Muchas de estas actividades requerirán que la familia se comprometa en términos de tiempo y, en algunos casos, dinero. También pueden requerir paciencia y tolerancia de los padres mientras los niños experimentan con diferentes programas antes de encontrar los que prefieren.

En general, la familia (particularmente los padres) deben tener la disposición de apoyar al niño con recursos, estímulo, supervisión, transporte y, a veces, participación directa.

Información obtenida de: http://www.healthychildren.org/spanish/family-life/family-dynamics/paginas/parenting-school-age-children.aspx

Nota: imagen obtenida de: http://www.healthychildren.org/SiteCollectionImages/GS-GD-childstemperment.jpg

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Jueves 30 / marzo / 2017

Niños o niñas problema ¿Culpabilidad de los Padres? (Parte II)

Filed under: adolescencia,Para la familia — prevemi — marzo 30th, 2017 — 2:55

Para cualquier familia la educación de sus hijos es una preocupación fundamental. Para muchos, es una tarea que, con independencia de una u otra inevitable escaramuza, transcurre sin grandes complejidades. Para otros es tarea mucho más difícil, sobre todo cuando tienen hijos que exhiben en mayor o menor grado, comportamientos problemáticos que entorpecen su formación. Comprender lo que ocurre es muy importante… pero más importante es saber qué hacer.

Por: Miguel Ángel Roca Perara

“Lo he intentado todo… ¡pero ya nada funciona!” Con esta declaración empiezan a contar sus cuitas los padres de casi todos los “niños-problema”, de aquí que su demanda implícita, no declarada, sea “¡ofrézcame algo distinto!”.

Para quienes trabajamos en cualquiera de lo que se define como profesiones de ayuda, rápidamente surge la tentación de tener a mano y ofertar de inmediato ese “algo distinto”… sin tener en cuenta que podemos simplificar o trivializar un asunto de alta complejidad y, de nuevo, ofrecer “más de lo mismo”, lo que agudiza la situación de desesperanza y desamparo que ya había hecho presa de los padres de estos niños.

¿Qué hacer entonces? Sin ánimos de recetar ni de ofrecer inexistentes panaceas para un asunto de difícil pronóstico —no por el asunto en sí mismo, sino por la multiplicidad de contingencias en su entorno que muchas veces escapan al control—, y tomando en cuenta la enorme variabilidad de diferencias individuales y contextuales presentes para cada niño, me atrevería a hacer algunas reflexiones:

Primero que todo, resulta pertinente ofrecer una sencilla respuesta a la interrogante que da título a este trabajo ¿Culpabilidad de los padres? NO ¿Responsabilidad en mayor o menor medida? SÍ. Puede parecer una simpleza, pero es casi una declaración de principios para que los padres puedan asumir una postura efectiva al afrontar las dificultades de sus hijos, ¡aún sin tratarse de niños-problema!

Pido excusas para una momentánea digresión que quiero hacer —polémica con toda intención— y que me va a servir para comentar algunas ideas que quiero expresar a continuación. A mi padre le gustaba decir que cuando uno tiene un caballo y vive en la montaña, está obligado a llevarlo todos los días al río a tomar agua. La forma en que usted lleve al caballo a beber agua es su responsabilidad y su asunto, usted decide si baja al caballo a todo galope montaña abajo, dándole “espolazos” de todo tipo, si baja despacito, si baja caminando a su lado, e incluso —si usted es lo suficientemente fuerte para ello— si se echa al caballo sobre sus hombros… Cualquiera de estas formas —¡como casi todo en la vida!— tiene sus ventajas y desventajas. Pero una vez que el caballo llegó al río, si tomó agua o no, e incluso la cantidad de agua que tomó, ¡es un asunto del caballo! Como se dice en un conocido programa televisivo, ¡saque usted sus propias conclusiones!

En la vida algunos asuntos están en manos de uno, pero otros muchos se escapan de control, aún con nuestras mejores intenciones, de ahí el riesgo de sentirse culpable por todo lo que ocurre alrededor… incluida la crianza de los hijos. Cuando una persona se siente culpable de algo se siente mala, inefectiva, incapaz; trata de resolver las cosas por sus propios medios para “pagar lo mal hecho”. Ello les quita participación en la solución de los problemas a los demás, y los convierte en cómodos censores de todo lo que sale mal. Paradójicamente, muchas veces, cuando la persona es verdaderamente culpable de algo apenas experimenta nada de lo referido.

Por esta razón, y por el hecho real de que es imposible que alguien sea culpable de todo lo que acontece en su cotidianidad —lo que no excluye la responsabilidad que sí tienen las personas ante determinados acontecimientos de la vida—, en las Ciencias Sociales, y particularmente en la Psicoterapia, se ha incluido el confuso término “empoderamiento” —proveniente de la expresión en lengua inglesa, de difícil traducción “empowerment”— que, más allá de complejas consideraciones semánticas, nos habla de la intencionalidad de hacer que los padres vivencien la sensación de poder (Webster-Stratton y Herbert).

Y lograr esto —por una vía u otra— presupone que los padres incrementen su autoestima, que sientan que no son simples marionetas en manos de sus hijos, que pueden haber hecho muchas cosas mal pero que también han hecho otras cosas mejor, que se entrenen en formas comunicativas más efectivas que les permitan hacer valer sus derechos, que sean capaces de comprometer a los demás —¡que también tienen responsabilidades!— en hacer de sus hijos buenos ciudadanos. Alcanzarlo no es tarea fácil, pero cuando se logra, se incrementa la sensación de autoridad que es percibida por sus hijos como una señal de que la impunidad, en que hasta ahora iban las cosas, muy pronto puede empezar a extinguirse: Cuando un hijo ve a sus padres débiles e impotentes siente que puede hacer lo que le venga en ganas porque “no pasa nada”… pero cuando los ve “poderosos”, se autocontrola un poco más.

De todos modos, comencé por decir que iba a ser polémico con intención, y dejar las cosas aquí sería, confirmar que los padres SÍ eran culpables de los problemas de sus hijos y que con sólo atenderlos y orientarlos a ellos todo estaría resuelto. Nada más lejos de la realidad, la más simple de las problemáticas en la educación infantil es siempre multi-causada y todos y cada uno de los factores causales o influyentes deben ser tenidos en cuenta en la búsqueda de una óptima solución.

Los factores constitucionales y genéticos se mezclan con los factores culturales y ambientales de una manera tan compleja que ninguno de ellos debe ser ignorado.

La falta de concentración, la torpeza motora, la hiperactividad, o el comportamiento delictivo de un niño, pueden estar sustentados por algún tipo de disfunción o lesión neurológica, e incluso, por determinadas condiciones temperamentales dadas por el tipo de Actividad Nerviosa Superior, que de no ser correctamente atendidas y tratadas pueden hacer fracasar a la más elaborada estrategia educativa. Es importante el enfoque interdisciplinario por cuanto un niño puede tener un comportamiento muy inadaptado y problemático a pesar de tener las óptimas condiciones físicas y de salud, y viceversa, un niño con importantes lesiones neurológicas puede estar muy bien integrado y adaptado a su entorno social. Es aquí, entonces, donde el aprendizaje y el contexto sociocultural, particular pero no exclusivamente familiar, en el que a un determinado niño o niña le ha tocado vivir, deben ser seriamente tomados en consideración.

Desde la más tierna infancia, los niños son expuestos, y aprenden bien de ellos, a determinados modelos… que no necesariamente son los mejores portadores de las normas y valores a los que convoca la sociedad. Es lamentable, pero cuando un niño o niña ha estado expuesto desde su más tierna infancia como parte de su cotidianidad —sobre todo en el contexto familiar, pero también en la barriada, en la escuela o en la sociedad en su conjunto— a la violencia, a comportamientos destructivos, a la irresponsabilidad y la violación de las más elementales normas de convivencia, incluidos los derechos de los demás, y reproduce estas conductas en otros contextos, se comporta de manera “adaptativa”, acorde a lo que aprendió… aunque ello no tenga nada que ver o incluso contradiga lo que la cultura y la sociedad pretenden.

En estos casos el pronóstico es mucho más reservado; los psicoterapeutas de experiencia saben que es muy difícil —¡aunque no del todo imposible!— fomentar un comportamiento social conforme a las expectativas socialmente deseadas cuando el niño está constantemente expuesto a modelos no deseables que contradicen estas expectativas… sin pretensiones lapidarias podríamos citar el sabio refrán de “hijo de gatos, caza ratones”. Lo cierto es que es mucho más fácil, si se parte de cero, fomentar lo positivo que “desmontar” comportamientos no deseados (Reinecke y cols.) para implementar entonces otras conductas y actitudes más deseables.

Aún en estos casos, aunque conservador, prefiero no ser fatalista (y sí consecuente) con lo que he defendido acerca de la multicausalidad. Muchos de estos niños o niñas, a pesar de una alta y real responsabilidad de los padres en su comportamiento, llegan a ser buenos ciudadanos gracias a la efectividad educativa de otras influencias (otros familiares, los vecinos, la escuela, las instituciones sociales, etc.) e inclusive gracias a su propio auto desarrollo y crecimiento personal.

Están implícitas, entonces, otras dos ideas fundamentales para brindarles atención y lograr su óptima inserción social: el papel de otras personas e instituciones más allá de la familia, y el propio potencial humano del niño o niña en cuestión.

Otras personas o instituciones pueden de esta manera, resultar decisivas para lograr revertir, para bien, la condición de niños-problema. Pueden hacerse muchas cosas por parte de otros familiares, vecinos y sobre todo la escuela, pero lo esencial radica en no estigmatizar, ni discriminar, ni “etiquetar” a este niño, o niña, y su familia; ello sólo agudizaría la problemática, como señalábamos en la primera parte de este trabajo.

Asumir una postura de inclusión y aceptación es siempre mucho más beneficioso que la nociva exclusión que hace sentir a la persona —en el caso que nos ocupa, el niño y su familia— como discriminada y marginada, lo que genera irritación y resentimiento, que lejos de favorecer, agravan la situación. Cualquier problema humano es resuelto de manera más efectiva cuando se tiene acceso a sólidas y efectivas redes de apoyo social (Roca y Pérez) que cuando se está privado de sus muy beneficiosos efectos potenciales.

De igual manera, el uso de “etiquetas” (“malcriado”, “irresponsable”, “insoportable”, “pre-delincuente”, etc.) debe ser erradicado pues las mismas “se quedan” y la persona puede tender a comportarse en consecuencia con lo que estas expresan.

Afortunadamente no siempre sucede así, aunque “queden” las etiquetas. Desde lo anecdótico, tengo un buen amigo de adolescencia y juventud al que por su desordenado comportamiento cotidiano le decían “el loco”. Más de 30 años después, nunca ha visitado un Hospital Psiquiátrico, es un calmado padre de familia y excelente ingeniero… pero cada vez que nos reunimos sigue siendo “el loco”; favorablemente el no se lo cree.

Hemos abordado los factores presentes en esta problemática y apenas hemos hablado sobre el principal protagonista de todo el proceso (Roca, 1998): el niño o la niña en cuestión. No basta con modificar, aunque sea para bien, todo aquello que conspira contra su óptima inserción social; es imprescindible trabajar con él o ella, sobre todo porque regularmente ha sido víctima de maltrato en su amor propio y valía personal, o tiene pocas habilidades para comunicarse productivamente con los demás y que, por esa razón, ha sido tantas veces rechazado, o rechazada, que su comportamiento y actitudes hacia los demás son regularmente hostiles…

A estos niños hay que dedicarles tiempo y tener mucha paciencia con ellos. Es muy importante centrarse más en lo bueno que hacen que en reprocharles lo que suponemos que hacen mal y deberían hacer mejor:

Se le hace más bien a un niño que se esforzó mucho para un examen y obtuvo calificaciones de 89 puntos cuando le ponemos una mano en el hombro y le decimos con satisfacción que “¡casi sacas Excelente… para la próxima lo logras!” que cuando a otro niño que obtuvo 99 puntos lo miramos con cara de decepción y le preguntamos “¿dónde fue que perdiste el punto?”. Por lo general al niño problema se le trata de esta última manera: magnificando sus insuficiencias y minimizando o ignorando sus logros…

Es igualmente importante, cuando sea inevitable reprenderlo, censurar sus actos y no a la persona: no es lo mismo decirle “¡dijiste una mentira!”, que “¡tú eres un mentiroso!”. En el primer caso se sanciona el acto, en el segundo se califica a una persona; en el primer caso se trata de un hecho casual, en el segundo se afirma que la persona ES así y por lo tanto tiene pocas posibilidades de cambiar.

En cualquier caso, con estos niños —más allá de diferencias individuales que siempre dan una dirección específica al trabajo profesional—, no se debe perder cualquier oportunidad de elogio, de reconocer aquello que han hecho bien y de fortalecer su amor propio, a la par de no desaprovechar ocasión alguna para fomentar en ellos cualquier habilidad que los ayude a desempeñarse eficazmente en el complejo entramado de sus relaciones interpersonales cotidianas.

En torno a un “niño o niña-problema” giran muchos vectores de fuerza a tener en cuenta, para comprenderlo y para lograr vías que implementen su óptima inserción social, que trascienden muchas veces la no poca importante responsabilidad de los padres. Entonces, volvemos a la historieta inicial ¿a qué se deberá que un caballo no quiera tomar agua y otro sí, o que uno tome más que el otro?

http://www.sld.cu/saludvida/jovenes/temas.php?idv=6209

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Jueves 28 / abril / 2016

Bullying, intimidación, maltrato entre iguales o acoso escolar

Filed under: adolescencia,bullying,Para la familia — prevemi — abril 28th, 2016 — 9:50

BullyingLa intimidación es cuando una persona o grupo intenta repetidamente lastimar a alguien que es más débil o que cree que es más débil. Algunas veces implica ataques directos, como golpes, insultos, provocaciones o burlas. Otras veces es indirecta, como difundir rumores o intentar que otros rechacen a alguien.

¿Qué es el bullying?

El bullying es una forma grave y específica de violencia escolar, un maltrato normalmente intencionado y perjudicial de un estudiante hacia otro compañero,  generalmente más débil, al que convierte en su víctima habitual. Suele ser persistente y reiterado, puede durar semanas, meses e incluso años.  La mayoría de los agresores actúan movidos por un abuso de poder y un deseo de intimidar y dominar. No es un conflicto  normal entre pares, sino que se trata de un problema sobre el que todos los adultos debemos involucrarnos y detener con urgencia.

Si bien hay determinados rasgos que nos hacen pensar que un chico tiene más posibilidades de verse involucrado en una situación de bullying, como hostigado  o  como hostigador, todos los que participan en alguna medida están siendo afectados.

“Creemos firmemente que el bullying se aprende y, por lo tanto, también puede desaprenderse. No se trata de etiquetar ni humillar a los  estudiantes que acosan, sino de ayudarlos a abandonar esa manera de comportarse”, explica la Lic. Candelaria Irazusta,  psicóloga del Departamento Infantojuvenil de INECO. “Para  esto, es necesario que los adultos responsables  (padres y docentes) asuman que el problema existe, que es más frecuente de lo que parece, que tengan conciencia de su importancia  y de las consecuencias graves que puede tener y,  especialmente que ellos deben  intervenir lo más pronto posible porque las situaciones de malestar crónico si no se detienen, crecen”, enfatiza la especialista.

¿Cómo darme cuenta si mi hijo sufre bullying?:

Señales de alerta en la escuela y en las tareas escolares:

-Cambio repentino en la asistencia a clase o en el rendimiento académico.
-Éxito académico, parece el niño mimado o la niña mimada del profesor o de la profesora.
-Le cuesta concentrarse en clase, se distrae con facilidad.
-Se va tarde al recreo y regresa pronto a al aula.-
-Tiene algún tipo de dificultad en el aprendizaje.
-Falta de interés en las actividades o en actos de la escuela.
-Deja de asistir a actividades de la escuela que le gustaban.

Señales de alerta en cuanto a lo social:

-Solitario, retraído, aislado.
-Escasas o nulas habilidades sociales/interpersonales.
-No tiene amigos ni amigas o tiene menos que otros estudiantes; poco popular, suelen elegirlo último o última para formar grupos o equipos.
-No tiene sentido del humor o tiene un humor inapropiado.
-Otros estudiantes suelen burlarse o reírse de el o de ella, se meten con el o ella, le toman el pelo, lo menosprecian y/o insultan.    No sabe hacerse valer.
-Otros estudiantes lo molestan, y le dan patadas o golpes a menudo. No sabe defenderse.
-Utiliza un lenguaje corporal característico: hombros encorvados, cabeza gacha, no mira a las otras personas a los ojos, los rehúye.
-Tiene una diferencia ostensible que lo aparta de sus compañeros o compañeras.
-Prefiere la compañía de los adultos en los tiempos libres.
-Toma el pelo, molesta o irrita a otros, los provoca y no sabe cuando parar.
-Ha empezado de pronto a acosar a otros estudiantes.

Señales de alerta en lo fisico:

– Frecuentemente enfermo.
-Se queja frecuentemente de dolores de cabeza, de panza, etc.
-Arañazos, moretones, ropa u objetos personales rotos o dañados sin una explicación obvia.
-Repentino tartamudeo.
-Tiene una diferencia de carácter físico que lo aparta de sus iguales: lleva anteojos, tiene sobrepeso o pesa menos de lo que debería, es mas alto o mas bajo que sus compañeros,  habla raro, tiene un aspecto raro, anda raro.
-Cambio es su pauta de comidas: pérdida repentina de apetito.
-Torpe, descoordinado, le va mal en los deportes.

Señales de alerta en lo emocional, conductual:

-Cambio repentino de humor o de comportamiento.
-Pasivo, huraño, callado, tímido, retraído, irritable.
-Baja o nula autoestima y confianza en si mismo.
-En exceso sensible, cauto, apegado.
-Nervioso, ansioso, preocupado, temeroso, inseguro.
-Llora con facilidad, y a menudo, se angustia, sufre cambios de humor extremos.
-Irritable, problemático, agresivo, irascible, se revela contra otros (pero siempre pierde).
-Se culpa de los problemas/dificultades.
-Excesivamente preocupado por su seguridad personal; dedica mucho tiempo y esfuerzos a pensar/preocuparse por ir y volver a salvo del comedor escolar, del baño, del recreo,  evita siempre ciertos lugares de la escuela.
-Menciona la posibilidad de salir corriendo.
-Menciona la posibilidad de suicidio.

Puede ampliar más en el sitio Intimidación, de MedlinePlus.

Información obtebida del los sitios Intramed y MedlinePlus.

Nota: imagen obtenida del sitio de la Sociedad Chilena de Pediatría.

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Domingo 10 / enero / 2016

Adolescencia ¿Etapa crítica?

Filed under: adolescencia,Para estudiantes,Para la familia — prevemi — enero 10th, 2016 — 1:55

Adolescencia ¿Etapa crítica?
Comienzo de una serie que va a recorrer los momentos más importantes de la adolescencia: el encuentro con la sexualidad, las transformaciones biológicas y psicológicas y algunas recomendaciones para educar la sexualidad en este momento de la vida, a partir de un estudio realizado por la Cátedra de Sexología y Educación Sexual, del Instituto Pedagógico “Enrique J. Varona”.

Por: Aloyma Ravelo

La adolescencia transcurre, según la OMS, entre los 10 y 19 años. Sin embargo, hay quienes plantean que se extiende hasta los 23 ó 24 años, edad en que las muchachas y los muchachos terminan sus estudios universitarios y se insertan en la vida laboral.

Existe consenso en cuanto a que la primera parte de este período del desarrollo de la personalidad abarca hasta alrededor de los 15 años y recibe el nombre de adolescencia temprana y la siguiente, el de adolescencia tardía o juventud . Ambos períodos están íntimamente ínter conexionados, forman un sistema inseparable aunque, para su estudio, se divida en esos dos momentos.

La Dra. González señala que, de manera simplificada, se le suele designar como el tránsito de la infancia a la adultez, lo cual, sin dejar de ser absolutamente real no contempla toda la complejidad y magnitud de los cambios y las problemáticas por las que deben pasar los chicos y las chicas a lo largo de estas edades. La adolescencia es, en nuestro criterio —añade— la etapa de la vida de transformaciones más rápidas, profundas y radicales en todas las esferas (psicológica, biológica y social), solo comparable con la infancia temprana, donde, desde el nacimiento hasta los 36 a 40 meses, el infante se convierte de un ser totalmente desvalido, en un niño capaz de realizar por si solo, aunque naturalmente con la ayuda y apoyo del adulto, la mayoría de sus funciones vitales.

En la situación de los adolescentes, tanto mujeres o varones, el salto se hace mucho más agudo y riesgoso, si tenemos en cuenta que, al inicio de esta fase, se encuentran bajo la autoridad y el control absoluto de los mayores y que en unos breves años deberá desarrollar las competencias que les permitan autodeterminarse, tomar decisiones trascendentales para ellas, ellos y quienes los rodean, a fin de poder desempeñarse de manera independiente y responsable en la vida de pareja, familiar, laboral y social en general.

Es realmente importante hacer hincapié en esta cuestión del paso de la dependencia a la independencia por la que deben transitar los y las adolescentes, asunto que muchos padres y madres no hemos pensado en detalle y, sin dudas, esto, por si solo, hace compleja la situación. Por ello, acota la directora de CASES, que los adolescentes de ambos sexos, tienen el derecho de que se les prepare, se les abran los senderos para lograr el ejercicio de una vida rica, hermosa, plena de vivencias y experiencias, donde cada vez más dependan de sus propios esfuerzos, opciones y decisiones para las que deben tener en cuenta no solo sus intereses y necesidades sino, también, las de su contexto social.

En el II seminario colombiano “Sexualidad en la adolescencia”, realizado en l993, se planteó que la adolescencia es una faceta más de autodescubrimiento, de clarificación de la identidad y, lógicamente, de construcción y maduración. Mientras aprenden a conducir y manejar sus diferentes posiciones, es muy posible que se enfrenten a choques, confrontaciones, cambios de comportamiento y, sumado a esto, las pocas oportunidades que en ocasiones les ofrecen no sólo la familia, sino también, la sociedad. Por esta razón, suelen ser, muchas veces, censurados y sancionados socialmente. Calificados de improductivos, dependientes y desadaptados al medio.

Su nueva situación social, el conjunto de transformaciones internas y externas a los que están sometidos, suelen enfrentarlos a múltiples retos, desafíos; también a obstáculos y escollos generados, muchas veces, por los propios mayores, dificultades que deben vencer para arribar a una adultez responsable y feliz.

Los retos fundamentales que deben enfrentar y resolver los adolescentes para culminar con éxito el crecimiento y maduración a lo largo de estas edades, se refieren a tres esferas esenciales de la vida:

la profesional laboral
la ideológica, ética y social
de pareja y familiar

En condiciones educativas óptimas, desde el punto de vista psicológico, biológico y social, tanto chicas como chicos, acceden gradualmente a un conjunto de adquisiciones que los capacitan para este salto cualitativo en su existencia.

En el orden físico —manifiesta— en breve tiempo, adquieren la constitución y un conjunto amplio de capacidades y habilidades que los hacen aptos para asumir un desempeño más efectivo en su desenvolvimiento, en una variedad muy amplia y compleja de tareas y acciones que requieren de nuevas aptitudes corporales.

Desde el punto de vista intelectual, el pensamiento se hace cada vez más lógico y abstracto, reflexivo, lo que les posibilita explorar en lo más profundo de su intimidad psicológica, desarrollar su autoconciencia y autovaloración, y arribar a un conocimiento cada vez más objetivo de quienes les rodean y penetrar, progresivamente, en la esencia de su realidad circundante. De esta forma y paulatinamente —enfatiza— van conformado una cosmovisión, un conjunto de saberes, valores y actitudes hacia sí y su mundo que propicia su autorregulación más efectiva. Estos procesos estarán favorecidos por la riqueza afectiva y volitiva que alcanzan progresivamente en su vida psíquica. Ninguna de estas adquisiciones es ajena a la vida social y educacional en particular, son consecuencia y causa, a la vez, de los logros a que, en esta esfera, van arribando los y las adolescentes.

La especialista hace énfasis en este punto crucial: El sentimiento y la necesidad de independencia y autodeterminación que caracteriza el desarrollo de los y las adolescentes, los motiva a buscar la satisfacción de estas necesidades, fundamentalmente en el grupo de sus iguales y a poner ciertas “distancias” de la autoridad adulta. Puntualiza que son mecanismos indispensables para la maduración psicológica y social. Solo en la medida en que logren, poco a poco, ir dando (bajo la guía de los mayores, pero cada vez más por si solos), los pasos existenciales que les permitan adquirir los conocimientos, las capacidades, habilidades que los preparen para la vida autónoma, podrán acceder a la adultez.

Este sendero está colmado de vivencias muy enriquecedoras pero, también, suele estar minado de angustias, conflictos y contradicciones algunas intrínsecas, generadas por el propio desarrollo. Sin embargo, muchas de estas afectaciones están motivadas por las incomprensiones y el mal manejo de las personas encargadas de su educación. Estas personas suelen desconocer e ignorar las transformaciones y posibilidades esenciales de la etapa, anidan tabúes, temores, inseguridades con relación a ese “niño con apariencia y ansias de adulto” (así tienden a interpretar sus demandas), que los conducen a imponer regulaciones, represivas, a cubrirlos con un manto protector que no se aviene con sus nuevas necesidades y posibilidades y se convierten en un freno que engendra, no pocas veces, trastornos en su desarrollo.

Los estilos educativos autoritarios, el proteccionismo, la ignorancia o la negación de las naturales ansias de libertad y autonomía de estos chicos y chicas, les impide desplegar sus alas y emprender el necesario vuelo que los conducirán a vencer los retos y dificultades para alcanzar las mayores alturas en el crecimiento de su vida futura.

Los educadores tenemos que convertirnos en la guía que los ayude a alcanzar la madurez indispensable para que, finalmente, sean capaces de determinar por sí solos sus destinos existenciales, de trazar planes para el porvenir y convertirse en parte indispensable de las fuerzas transformadoras de éste en su vida personal y social.

La adolescencia constituye una fase indudablemente difícil, de gran vulnerabilidad, que requiere atención especial. Pero que, de ninguna manera, se debe considerar, por sí misma, como una etapa de crisis, rebeldía y rompimiento social; por el contrario, la propia historia del género humano demuestra que no han sido pocos los logros y triunfos, los aportes que ellos y ellas han brindado al crecimiento de la sociedad a lo largo de los siglos.

Obtenido del sitio Salud Vida, en Infomed, disponible en: http://www.sld.cu/saludvida/jovenes/temas.php?idv=6195

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Martes 27 / octubre / 2015

Ayudar a su hijo adolescente con los deberes escolares

Filed under: Para la familia — prevemi — octubre 27th, 2015 — 11:41

Ayudar a su hijo adolescente con los deberes escolares
Ayudar a su hijo adolescente con los deberes escolaresAsegúrese de que su hijo adolescente dispone de un lugar tranquilo, bien iluminado y carente de distracciones donde pueda estudiar y hacer los deberes. El lugar debería disponer de papel, bolígrafos, lápices, calculadora, un diccionario ortográfico, otro diccionario de ideas afines y cualquier otro material y libros de consulta necesarios. Debería estar alejado de posibles distracciones, como la televisión, el teléfono y los juegos de vídeo.

Ver artículo completo en: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/padres/help_teen_homework_esp.html

Nota: imagen obtenida de: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/padres/help_teen_homework_esp.html

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Martes 20 / octubre / 2015

Poner límites a los más pequeños

Filed under: Para la familia — prevemi — octubre 20th, 2015 — 11:35

Poner límites a los más pequeñosLos niños pequeños ponen a prueba nuestros nervios porque están explorando los límites en todos los aspectos del mundo que les rodea. Cada día, poco a poco, van aprendiendo nuevas habilidades y superando nuevos retos, y se sienten ansiosos y excitados ante la posibilidad de usar esos talentos.

Ver artículo completo en: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/emociones/toddler_tantrums_esp.html

Nota: imagen obtenida de: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/emociones/toddler_tantrums_esp.html

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Domingo 23 / agosto / 2015

Adolescentes y estrés: ¿Quién tiene tiempo para eso?

Filed under: adolescencia,Para la familia — prevemi — agosto 23rd, 2015 — 12:54

castigo_fisicoEl estrés es una reacción normal para la gente de todas las edades. La causa del estrés es el instinto que su cuerpo tiene para protegerse de la presión emocional o física o en situaciones extremas de peligro.

En el documento siguiente puede encontrar más detalles:
Adolescentes y estrés: ¿Quién tiene tiempo para eso? Es un documento en formato PDF y pesa 44 KB.

Nota: imagen obtenida de Internet.

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Martes 23 / junio / 2015

Salud dental del niño

Filed under: Para la familia — prevemi — junio 23rd, 2015 — 13:19

Salud dental de los niñosLos dientes sanos son importantes para la salud general de un niño. Desde el momento del nacimiento, hay cosas que se pueden hacer para promover los dientes sanos y prevenir caries. En los bebés, se deben limpiar los dientes con un paño suave y limpio o con un cepillo de dientes para bebés.

Ver más en el sitio Salud dental del niño.

Nota: imagen obtenida del sitio MedlinePlus.

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Jueves 12 / marzo / 2015

Efectos psicológicos del bullying duran años

Filed under: bullying,Para estudiantes,Para la familia,Para profesionales,salud escolar,Secciones especiales — prevemi — marzo 12th, 2015 — 10:50

Efectos psicológicos del bullying duran años

Efectos del bullying duran añosLa depresión y la ansiedad asociada con el hostigamiento escolar se prolongaron hasta por lo menos los 20 años de edad en un nuevo estudio publicado en JAMA Psychiatry. Los más afectados eran quienes habían sido hostigadores y hostigados.

“Obviamente, se conocen las consecuencias del bullying en el corto plazo. Me sorprendió que una década después de la victimización, en la transición a la edad adulta, aún siguiéramos viendo las marcas emocionales en las víctimas y los hostigadores/hostigados”, dijo el doctor William Copeland, autor principal del nuevo estudio de la Duke University, en Durham, Carolina del Norte.

El equipo estudió a 1.420 niños y adolescentes de la zona oeste de Carolina del Norte, a los que les preguntaron sobre sus experiencias con el hostigamiento, o bullying, en distintos momentos, entre los 9 y los 16 años. Luego se los controló hasta los 26 años para detectar trastornos psiquiátricos.

Un cuarto de los participantes y sus padres dijeron que habían sido hostigado por pares por lo menos una vez y uno de cada 10 admitió que había hostigado a otros niños.

Tras considerar las adversidades familiares de cada participante, el equipo observó que los que habían sido víctimas del bullying tenían algo más de riesgo que los adultos jóvenes sin esos antecedentes de padecer varios trastornos psiquiátricos.

Por ejemplo, el 6 por ciento de los jóvenes sin exposición al hostigamiento tenía un trastorno de ansiedad, comparado con el 24 por ciento de las exvíctimas del bullying entre pares y el 32 por ciento de los que habían sido hostigadores/hostigados.

Los niños que habían hostigado y habían sido hostigados eran los más propensos a padecer un trastorno de pánico o depresión en la juventud o a pensar en suicidarse.

“Esto no sorprende porque, en parte, es una reacción a la experiencia traumática del hostigamiento y, además, conviven con la experiencia de haber hostigado a otros”, dijo el doctor Mark Schuster, jefe de pediatría general del Hospital de Niños de Boston y profesor de la Facultad de Medicina de Harvard, que no participó del estudio.

Los jóvenes que sólo habían hostigado a otros tenían cuatro veces más riesgo de tener un trastorno de personalidad antisocial, que se caracteriza por la falta de empatía y el maltrato a otros.

Los trastornos psiquiátricos y los problemas familiares en la niñez estuvieron asociados con el bullying, pero no explicaron por completo la aparición de las complicaciones en el futuro.

Los autores dijeron que algunos de los trastornos en la edad adulta parecían ser una consecuencia directa del bullying.

El estudio “llama la atención a la gravedad del bullying y refuerza lo aprendido: que no es sólo un rito del crecimiento que todos los niños padecen y pueden soportarlo”, dijo Schuster.

Los autores recomendaron que las escuelas, los padres y los médicos trabajen juntos para prevenir el bullying. Para los niños que lo padecieron, Schuster recomendó el acompañamiento adulto para evitar consecuencias psicológicas futuras.

FUENTE: JAMA Psychiatry, 2013

Reuters Health

Obtenido de: http://www.sochipe.cl/aporta.php/noticias/mostrar-noticia/efectos-psicologicos-del-bullying-duran-anos/

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Jueves 25 / septiembre / 2014

Cómo enseñar la tolerancia a sus hijos

Filed under: Para la familia — prevemi — septiembre 25th, 2014 — 11:28

Cómo enseñar la tolerancia a sus hijosAlgunos padres acogen la idea de vivir en una sociedad increíblemente diversa. Otros tal vez tengan algunas dudas, especialmente si ellos mismos no han tenido mucho contacto con culturas diferentes. Muchos niños tienen mayor contacto con culturas diversas. Su círculo de amigos, sus compañeros de clase, sus equipos de atletismo son mucho más variados que los de una generación anterior.

Ver artículo completo en: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/emociones/tolerance-esp.html

Nota: imagen obtenida de: http://kidshealth.org/parent/en_espanol/emociones/tolerance-esp.html

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