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Martes 14 / marzo / 2017

Niños o niñas problema ¿Culpabilidad de los padres? Parte I

Filed under: adolescencia,Para la familia — prevemi — marzo 14th, 2017 — 1:53

Es usual que cuando un niño, o una niña, manifiesta un comportamiento inadaptado, que genera problemas tanto en la escuela como en la comunidad y el hogar, de inmediato se culpabilice a los padres por la ausencia, insuficiencia o inadecuación de “correctos procedimientos” educativos… ¿Es absolutamente cierto esto? ¿No será posible que los padres lleguen a ser más víctimas que culpables de los inadecuados comportamientos del niño “problema”?

Por: Miguel Ángel Roca Perara

Hay pequeños que exhiben comportamientos poco adaptativos a los que ha dado en denominarse como niño, o niña, “problema”, “difíciles”, “imposibles” o con trastornos de conducta. En cualquier caso, está presente la idea de que se trata de una criatura desordenada, irreverente, desafiante, destructiva, indisciplinada y quien sabe cuantos epítetos más.

La presencia de un infante con estas características provoca malestar y consecuente rechazo en aquellos que están en su radio de acción y que, por lo regular, se manifiesta con la expresión de censura de “¡que niño más malcriado!” Y aquí empiezan precisamente nuestra reflexión y análisis en los que quisiéramos detenernos brevemente.

¿Qué significa ser “malcriado”? Si descomponemos el término, significa “ser-malcriado”, o sea, ¡maleducado! Y ¿a quién corresponde la responsabilidad de criar y educar a las nuevas generaciones? Evidentemente ¡a los padres! La “lógica” conclusión entonces sería que los padres son los responsables —o mejor dicho ¡culpables!— de las dificultades en el comportamiento de estos niños… y por lo tanto son juzgados y censurados, con tanta o más severidad que sus hijos, por tolerantes, indiferentes, poco enérgicos, flojos y otra serie de calificativos.

¿Es así realmente? A pocas cosas en la vida se pueden responder tajantemente con un sí o con un no, por la multiplicidad de aristas que todo tiene en la existencia humana. No ocurre nada distinto entonces en el asunto que nos ocupa, pero me corresponde tomar partido y evitar respuestas ambiguas, por lo que me atrevería entonces a afirmar que muchas veces los padres son víctimas más que culpables del comportamiento no deseado de sus hijos. Lo que sucede es que la familia es un complejo sistema y como todo sistema vivo evoluciona en el tiempo, por lo que todos los factores presentes se potencian entre sí a lo largo de la dimensión temporal, y es muy difícil identificar —cuando no imposible— dónde está la causa y dónde el efecto. Por ello, culpabilizar lapidariamente a los padres sería injusto y obstaculizaría el encontrar soluciones —¡que es, en última instancia, lo más importante!— a los problemas de conducta del niño “imposible”.

Webster-Stratton y Herbert se refieren a esta temática con la afirmación:

“Ser Padres de un Niño con Trastornos de Conducta: Familias bajo Asedio”

Ello implica que los padres que, desafortunada o lamentablemente, tienen un hijo con trastornos de conducta se encuentren bajo un constante hostigamiento derivado del mal comportamiento de sus hijos, por el malestar y desorden que estos provocan, que llega a hacerse incontrolable, y por el efecto de “ondulación” (del inglés ripple effect) que se produce y en el que, como veremos más adelante, se afectan las relaciones de los padres dentro y fuera del sistema familiar y —a modo de círculo vicioso— como consecuencia negativa, empeora el comportamiento inadaptado del niño.

Comencemos por tratar de comprender cómo son percibidos estos niños por sus padres y cuáles son los comportamientos que más resaltan al esbozar sus características: La primera de ellas es que el niño es visto como un “déspota” o “tirano” que busca imponer sus deseos o puntos de vista, e ignora o devalúa los de los demás y apela para ello a una de sus más desagradables peculiaridades: la agresividad.

Esta agresividad se expresa contra los padres, los hermanos, los coetáneos, los animales o los objetos, y es particularmente destructiva con estos últimos. Complicado puede ser la agresividad hacia otros infantes ya que estos tenderán a rechazar al niño “problema”, y los padres de aquellos le prohibirán jugar o relacionarse con él. Esto es lesivo para la socialización y vivencia de ser aceptado del niño “imposible”, a la vez que lastimará la sensibilidad y propiciará el enojo de sus propios padres, al percibir estos que su hijo es discriminado o rechazado por sus coetáneos y también por los padres de aquellos.

Los niños “problema” son, también, frecuentemente percibidos como desobedientes y desafiantes y que constantemente “prueban fuerzas” con los padres, al elevar sus exigencias en espiral infinita, cada vez que estos ceden a sus presiones y exigencias. Como resulta lógico suponer, los recursos de los padres se van agotando, se sienten cada vez más y más cansados hasta llegar a un literal estado de desesperanza —en el que ¡todo se intentó y nada funcionó!—, y se impone la “dictadura” del niño “imposible” dada la inhabilidad de los padres para manejarlo.

Es interesante que aunque los padres refieren muchas otras características no deseables como trastornos de los hábitos (sueño, alimentación, higiene, etc.), pobre adaptabilidad social, dificultades para aprender (no imputables a Retraso Mental), distractibilidad e hiperactividad, insisten en hacer énfasis especial en la presencia de ciertas cualidades positivas del niño, particularmente el hecho de ser un niño cariñoso… pero que cambia, para mal, muy rápido de estado de ánimo cuando algo le desagrada, lo que hace muy impredecible su comportamiento y conduce a que los padres estén siempre en guardia, a la expectativa de que algo malo vaya a suceder, dado que los problemas y dificultades pueden emerger en cualquier momento y lugar.

Es lógico suponer que la convivencia con un niño como el descrito, de cuyo bienestar y adaptación social se es responsable, tiene un impacto devastador en todo el sistema familiar, que empieza, —¡muy en particular!— por las propias relaciones maritales de los padres que, debido al desgaste en el esfuerzo por controlar al niño, disponen de muy poco tiempo para dedicarse a cultivar su intimidad, espacio al que debe brindársele especial atención en cualquier sistema familiar:

Hacer familia es mucho más que tener hijos… es algo que empezó por un proyecto de vida entre dos que se amaban, y que no deberían dejar de hacerlo, aunque sea en formas distintas.

Pero lamentablemente cuando se tiene un niño con determinado trastorno conductual, en las pocas ocasiones en que la pareja tiene algo de tiempo para íntimamente dedicarse el uno al otro, lo “malgastan” en largas conversaciones sobre el niño, o niña, “problema”.

Aquí es preciso señalar que generalmente es la madre quien permanece la mayor parte del tiempo con el niño y es por lo tanto la más “asediada” y la que más desgaste de recursos tiene; es más tensa su relación con el niño y está entonces más comprometido su bienestar emocional. Regularmente el padre, por el contrario, permanece menos tiempo con el niño y tiene con este una relación más fácil; el niño “problema” por lo general es mucho menos despótico y tiránico con la figura paterna, a quien tiende a respetar mucho más que a la figura materna.

Lo anterior puede contribuir a complicar las relaciones entre ambos padres, quienes tendrán apreciaciones diferentes del comportamiento problemático del niño: El padre se lamenta de que la madre no sólo se ocupa cada vez menos de él, sino que continuamente le reprocha por su poca colaboración en el manejo del niño al que él no ve tan problemático… la madre, por su lado, le reprochará al padre un distanciamiento y poca implicación, y también una supuesta insensibilidad y pasividad ante el comportamiento del niño que ella percibe como caótico. Este mutuo resentimiento sólo intensifica la tensión hogareña y la inefectividad en el manejo educativo del niño, que legitima el viejo refrán de: “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

En este contexto las madres refieren una sensación de incompetencia (de ¡ser un fiasco!), por sentirse culpables de haber fracasado en la educación de los hijos —fortalecido por el constante criticismo del esposo y otras personas significativas— y por la sensación de que su matrimonio y toda su vida son un desastre. La resultante es una paralizante depresión o una hostil actitud hacia todo, lo que en su conjunto no es más que una sensación de desesperanza y desamparo que ningún favor le hacen a la educación —¿o reeducación?— del niño.

El impacto de la presencia de un niño “imposible” en el hogar, con el que se convive a diario, se expande de manera tanto directa como indirecta a los hermanos. Directamente los hermanos son víctimas de las agresiones tanto físicas como verbales del niño imposible, que los hace sentirse mal en el hogar y desarrollar ellos mismos conductas hostiles o inadaptadas. Indirectamente se pueden comprometer las relaciones de los hermanos con sus padres, pues se sentirán relegados a un segundo plano al percibir que casi todas las preocupaciones de los padres giran en torno al niño imposible, que les roba la atención y cariño que creen merecer. Esto los puede llevar a comportamientos inadaptados en la competencia por la atención de los padres.

Estos últimos, a su vez, pueden tener elevadas expectativas compensatorias para con los hermanos, con exigencias de que sean un dechado de virtudes, una especie de “niño modelo” que reivindique el “fracaso” educativo con el niño “problema”. Se trata por lo regular de expectativas tan elevadas que, lejos de favorecer, lo que hacen es enturbiar las relaciones con los padres y complicar más aún la ya compleja situación familiar… lo que nuevamente en nada favorece un mejor comportamiento del niño.

Pero el impacto de las conductas inadaptadas del niño problema no se limita a la vida familiar, con frecuencia se generaliza a otros miembros de la familia extendida (abuelos, tíos, primos, etc.) quienes por lo general se distancian o asumen posiciones críticas y de rechazo al mal comportamiento del pequeño e insisten en aconsejar a los padres de este sobre como “deberían” tratarlo. Esto último en ocasiones —¡ironías y paradojas de la vida!— está reforzado por el hecho de que, según Webster-Stratton y Herbert:

“…algunas veces los niños no se comportan tan mal con los abuelos como sí lo hacen en el hogar…”

lo que significa una devaluación adicional a los ya desesperanzados padres quienes se sumen más aún en su sensación de desamparo e incompetencia; sensación que en nada contribuye a un mayor control del niño “problema” y por el contrario fortalece su comportamiento inadaptado.

Finalmente, el impacto de ser padre o madre de un niño con trastornos de conducta extiende a casi todo el sistema de relaciones interpersonales con la comunidad. El comportamiento inadaptado del niño “problema” conduce a un rechazo por parte de muchos miembros de los diferentes contextos humanos en que se mueven los padres, a una estigmatización y un aislamiento social… lo que se complica más aún, por cuanto los padres se “auto-aislarán” para evitar reproches y censuras y llegan a “enquistarse” en la vida hogareña lo que empeora la situación, dado que la diaria convivencia en el reducido espacio físico del hogar, lejos de relajar, tensa más aún una compleja situación que se hace intolerable.

Y es lamentable, según nuestra experiencia profesional, que cuando así ocurre es a la madre a quien —según la popular expresión— le toca “bailar con la más fea”, quien en más desventajosa posición queda, no sólo por ser quien más tiempo permanece con el niño y debe, en consecuencia, ser quien imponga (¿…?) la autoridad, sino porque con más frecuencia de la deseada otros miembros que pudieran ayudar, literalmente huyen de una situación ya desgastante: los hermanos, en cuanto pueden, no permanecen un minuto en casa y el padre sale a buscar aires más “frescos” que suelen conducir a rupturas matrimoniales y el distanciamiento paterno del hogar… lo que agudiza la situación pues ahora no sólo ya el niño ha visto perdida o debilitada la autoridad del padre (que como dijimos con anterioridad puede ser un efectivo muro de contención de la conducta inadecuada del pequeño), sino que la madre se sentirá más desamparada aún, abandonada afectivamente y por tanto más auto devaluada.

Entonces, amigo lector, ¿son en realidad tan culpables los padres por tener un niño “problema”? ¿No son también, en realidad, un poco víctimas? ¿No sería preferible en muchos casos —¡no todos!— tratar de comprenderlos y ayudarlos antes de censurarlos?

Unas palabras finales —¡por ahora!—, concluir aquí puede dejar a los que me lean una sensación demoledora de que ¡no hay nada que hacer! Nada más lejos de la realidad, es mucho lo que se puede hacer en aras de, al menos, mejorar y afrontar con una óptica más optimista situaciones como la descrita, pero este espacio es reducido, ¡dejémoslo como pronta continuación de este trabajo!

Obtenido de http://www.sld.cu/saludvida/jovenes/temas.php?idv=6206

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Martes 28 / febrero / 2017

Cómo criar a los niños para que se opongan a la violencia: lo que usted puede hacer

Filed under: Para la familia — prevemi — febrero 28th, 2017 — 10:03

logoLas investigaciones indican que la conducta violenta o agresiva suele aprenderse a una edad temprana. Sin embargo, los padres, familiares y otras personas que cuidan niños pueden ayudarles a aprender cómo enfrentar sus emociones sin usar la violencia.

Casi todos los días las noticias cuentan historias sobre niños que cometen actos de violencia, a menudo contra otros niños.

Las investigaciones indican que la conducta violenta o agresiva suele aprenderse a una edad temprana. Sin embargo, los padres, familiares y otras personas que cuidan niños pueden ayudarles a aprender cómo enfrentar sus emociones sin usar la violencia. Los padres y otras personas pueden también tomar medidas para reducir o minimizar la violencia.

Sugerencias para tratar con los niños

Los padres desempeñan un papel valioso para reducir la violencia al criar sus hijos en hogares seguros y llenos de afecto. Aquí presentamos algunas sugerencias que pueden resultar útiles. Es posible que no pueda seguir cada una exactamente, pero hacer todo lo que esté a su alcance supondrá una gran diferencia en las vidas de sus hijos.

Brinde a sus hijos amor y atención constantes

Cada niño necesita una relación fuerte y afectuosa con un padre u otro adulto para sentirse seguro y desarrollar un sentido de confianza. Hay menos probabilidad de que se desarrollen problemas de conducta y delincuencia en niños cuyos padres participan en sus vidas, en especial a una corta edad.

No es fácil demostrarle amor a un niño todo el tiempo. Puede resultar incluso más difícil si usted es joven, no tiene experiencia, su familia es monoparental, o si su hijo está enfermo o tiene necesidades especiales. Si su bebé parece sumamente difícil de cuidar y consolar, analice esto con su pediatra, con otro médico, un psicólogo o un proveedor de salud mental, quienes pueden darle consejos y recomendarle clases para padres en su localidad que enseñan formas positivas de lidiar con las dificultades en la crianza de los hijos.

Asegúrese de que sus hijos sean supervisados

Los niños dependen de sus padres y familiares para recibir aliento, protección y apoyo a medida que aprenden a pensar por sí mismos. Sin la supervisión adecuada, los niños no reciben la orientación que necesitan. Los estudios indican que los niños sin supervisión suelen tener problemas de conducta.

Insista en saber dónde están sus hijos en todo momento y quiénes son sus amigos. Cuando no pueda vigilar a sus hijos, pídale a una persona de confianza que los vigile por usted. Nunca deje a niños solos en la casa, aunque sea un breve período.

Anime a los niños en edad escolar y mayores a participar en actividades extracurriculares supervisadas como equipos deportivos, programas de tutoría o recreación organizada. Inscríbalos en programas comunitarios locales, en especial aquellos dirigidos por adultos cuyos valores usted respeta.

Acompañe a sus hijos a actividades de juego supervisadas y observe cómo se llevan con los demás. Enséñeles a sus hijos cómo responder adecuadamente cuando otros recurren a insultos o amenazas o lidian con el enojo dando golpes. Explíqueles que esas no son conductas adecuadas y anímelos a mantenerse alejados de los niños que se comportan así.

Muestre a sus hijos conductas adecuadas con su ejemplo

Los niños suelen aprender siguiendo un ejemplo. La conducta, valores y actitudes de los padres y hermanos tienen una gran influencia en los niños. Los valores de respeto, honestidad y orgullo de su familia y las tradiciones pueden ser fuentes importantes de fortaleza para los niños, en especial si se enfrentan con presiones negativas de otros niños de su edad, viven en una zona violenta o asisten a una escuela en una zona peligrosa.

La mayoría de los niños actúan agresivamente a veces y pueden golpear a otra persona. Sea firme con sus hijos con respecto a los posibles peligros que implica una conducta violenta. Recuerde también elogiar a sus hijos cuando resuelvan problemas en forma constructiva y sin recurrir a la violencia. Es más probable que los niños repitan las buenas conductas cuando son recompensados con atención y elogios.

Los padres alientan a veces conductas agresivas sin saberlo. Por ejemplo, algunos padres piensan que es bueno para un niño aprender a pelear. Enséñeles a sus hijos que es mejor solucionar las riñas hablando con calma, y no con puñetazos, amenazas o armas. Y más importante aún, no les pegue a sus hijos.

Sea consecuente con las reglas y disciplina

Cuando establezca una regla, aténgase a ella. Los niños necesitan una estructura con expectativas claras para su conducta. Establecer reglas y luego no hacerlas cumplir resulta confuso, esto puede suscitar que los niños se salgan con la suya.

Para establecer las reglas, los padres deben hacer participar a los niños siempre que sea posible. Explíqueles qué espera y cuáles son las consecuencias de no seguir las reglas. Esto los ayudará a aprender a comportarse de un modo que sea beneficioso para ellos y para quienes los rodean.

Mantenga la violencia lejos de su hogar

La violencia en el hogar puede causar miedo y ser dañina para los niños. Los niños necesitan un hogar seguro y lleno de afecto donde no tengan que crecer con miedo. Un niño que ha visto violencia en su hogar no siempre se vuelve violento, pero hay más probabilidad de que trate de resolver los conflictos a través de la violencia.

Procure que su hogar sea un lugar seguro y no violento, y siempre desanime el comportamiento violento entre hermanos. Tenga en cuenta también que las discusiones hostiles y agresivas entre los padres asustan a los niños y les dan un mal ejemplo.

Si hay situaciones de abuso o lesión física o verbal entre personas en su hogar, obtenga ayuda de un psicólogo u otro tipo de proveedor de salud mental. Este profesional lo ayudará a usted y a su familia a entender por qué se produce la violencia doméstica y cómo detenerla.

Procure que sus hijos no vean demasiada violencia en los medios de comunicación

Un informe publicado a comienzos de este mes confirmó nuevamente que ver demasiada violencia en televisión, en las películas y en los videojuegos puede tener un efecto negativo en los niños. Usted como padre, puede controlar la cantidad de violencia que sus hijos ven en los medios de comunicación. Estas son algunas ideas:

Limite el tiempo de ver televisión de 1 a 2 horas por día.

Asegúrese de saber qué programas de televisión miran sus hijos, qué películas ven y a qué tipos de videojuegos juegan.

Hable con sus hijos sobre la violencia que ven en los programas de televisión, en las películas y en los videojuegos.

Ayúdelos a entender cuán doloroso sería en la vida real y las graves consecuencias de las conductas violentas.

Analice con ellos maneras de resolver problemas sin recurrir a la violencia.

Ayude a sus hijos a oponerse a la violencia

Apoye a sus hijos a oponerse a la violencia. Enséñeles a responder con palabras firmes pero manteniendo la calma cuando otros insultan, amenazan o golpean a otra persona. Ayúdelos a entender que se necesita más coraje y liderazgo para oponerse a la violencia que para secundarla.

Ayude a sus hijos a aceptar y llevarse bien con otras personas de diversas razas y origen étnico. Enséñeles que criticar a las personas porque son diferentes es algo hiriente y que insultar es inaceptable. Asegúrese de que entiendan que usar palabras para comenzar o alentar la violencia, o aceptar silenciosamente una conducta violenta, es dañino. Advierta a sus hijos que las amenazas y los actos de intimidación pueden derivar en violencia.

Obtenido del sitio: American Psychological Association, disponible en: http://www.apa.org/centrodeapoyo/violencia.aspx

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Miércoles 15 / febrero / 2017

Cuidado con el castigo

Filed under: Para la familia,Para profesores — prevemi — febrero 15th, 2017 — 1:56

El castigo es posiblemente una de las prácticas más utilizadas en el seno de la familia. Son diversos los que se emplean como “estrategia educativa”. Sin embargo, el uso sistemático del castigo como acción correctora principal puede acarrear consecuencias negativas que deben evitarse.

Por: Dionisio F. Zaldívar Pérez

Entendemos por castigo cualquier acción que ejecuta una persona, y que causa la aversión del que la recibe, empleado como elemento correctivo o de control con la finalidad de eliminar una conducta o comportamiento molesto o inadecuado.

Entre los castigos más frecuentes se encuentran:

El tiempo fuera (sacar o prohibir al sujeto permanecer en el lugar o contexto donde ha exhibido una conducta considerada molesta o inapropiada enviándolo a dormir, etc.)

El retiro de reforzadores o estímulos positivos (prohibición de ver la TV, de salir a jugar con los amigos, etc.)

El castigo físico (que por supuesto no tiene nada de educativo).

Las causas más frecuentes por las cuales se castiga a un niño son: desobedecer las órdenes o indicaciones de los adultos; actividad excesiva del niño (hiperactividad) que resulta molesta para los adultos; rebeldía (actitud desafiante ante los padres u otros adultos); mala comunicación padres-hijos; irritabilidad, frustración o malestar de los padres.

Es posible que las causas que explican el uso extendido del castigo estén relacionadas con su aparente eficacia y rapidez para controlar o detener el comportamiento inadecuado o molesto. Sin embargo, sobran los ejemplos de niños que a pesar de haber recibido castigo, incluso físico, por mostrar determinados comportamientos, siguen exhibiéndolo tan pronto se presenta la ocasión.

Diversos estudio han mostrado que los efectos supresores del castigo resultan momentáneos, que este no provoca el desaprendizaje del comportamiento castigado, ni ofrece en su lugar otra alternativa más adecuada por lo que en la primera ocasión se activa nuevamente.

El uso sistemático del castigo como acción correctora principal puede acarrear consecuencias negativas, entre las que podemos señalar: daño a la autoestima del niño, quien llega a desvalorizarse (baja autoestima); aparición de estados de tensión, estrés y agresividad; déficit de atención; pérdida de confianza en los padres; ansiedad o culpa de alguno de los miembros de la familia; y empleo de la mentira como medio de evitar el castigo.

Como pueden observarse, si bien el castigo aparece como una “rápida solución” a los problemas de comportamiento infantil, sus efectos no son permanentes y por lo general provocan más daño que beneficio.

Educar requiere paciencia y poder mostrar al educando las alternativas de comportamientos más efectivos, lo que se logra en primer lugar con el propio ejemplo de los padres, la adecuada comunicación con el niño, la exigencia apropiada, pero siempre con amor, con el uso de argumentos directos y lógicos que inviten al niño a reflexionar sobre las consecuencias de su comportamiento, no solo para él, sino también en las afectaciones que pueden provocar en los demás.

El castigo físico nunca puede considerarse como una acción educativa. Por el contrario, es generador de agresividad y aprendizaje de comportamientos violentos que serán mostrados más allá del contexto familiar, ya que pueden afectar no sólo el comportamiento psicológico del individuo, sino también el social.

Los padres que castigan físicamente a sus hijos están contribuyendo a la reproducción de conductas violentas en el ámbito de la sociedad e inducen al uso de la violencia como forma de ejercer el control sobre otros.

Educar es dialogar, es persuadir, es enseñar con el ejemplo. Agote estos recursos antes de imponerles un castigo sus hijos, estos y la sociedad se lo agradecerán.

Tomado de la sección Salud del periódico Trabajadores.

Obtenido de http://www.sld.cu/saludvida/jovenes/temas.php?idv=6200

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Martes 31 / enero / 2017

Ese niño es imposible

Filed under: Para la familia — prevemi — enero 31st, 2017 — 1:57

La conducta infantil está multideterminada y el comportamiento de un niño tiene muchas más causales que el rigor o no rigor educativo que pueden emplear los padres. Factores genéticos, temperamentales, la apariencia física, las habilidades intelectuales, etcétera, son elementos del propio niño que pueden constituir un fértil terreno para la instauración de dificultades en su comportamiento.

“¡Qué niño más majadero!”, “¡El chiquillo ese es una pesadilla!”, “¡qué criatura más imposible!”, “¡qué fiñe más pesao!” A pesar de que mayoritariamente los niños reciben estas valoraciones de manera ocasional, que después no se repite, hay niños que son objeto frecuente de ellas pues su comportamiento es habitualmente censurado por los que lo rodean, debido al malestar que provocan.

Por: Miguel Ángel Roca Perara

¿Cuántas veces, no ha escuchado usted expresiones similares? Posiblemente en muchas ocasiones, aunque la mayoría de las veces los niños reciben estas valoraciones situacionalmente, como consecuencia de un comportamiento no adecuado o no bien visto por los que están a su alrededor, que después no se repite y no tiene mayores implicaciones. Sin embargo, hay niños que son objeto regular de ellas, pues su forma de actuar, casi siempre, es censurada por los que lo rodean, dado el malestar que generan.

En estrecha relación aparecen también juicios y valoraciones sobre la responsabilidad de los padres en la aparición y manifestaciones de los indeseados comportamientos y son frecuentes expresiones tales como: “¡los padres tienen la culpa por malcriarlos tanto!”, “¡qué clase de padres debe tener, que mira como lo tienen!”, “¡qué flojos deben ser tus padres!” Visto así todo parece conformar una vieja aseveración que dice: “niño con problemas… ¡familia con problemas!”

Es indiscutible el papel de la familia en la aparición de trastornos y dificultades en el comportamiento infantil; el déficit de habilidades educativas y los conflictos interpersonales entre los padres influyen negativamente sobre los menores en el establecimiento de límites y el autocontrol de la conducta. Pero establecer esta relación de manera lineal es simplificado y apresurado, y conduce a sentar a los padres en el banquillo de los acusados.

La conducta infantil está multideterminada y el comportamiento de un niño tiene muchas más causales que el rigor o no rigor educativo que pueden emplear los padres. Factores genéticos, temperamentales, la apariencia física, las habilidades intelectuales, etcétera, son elementos del propio niño que pueden constituir un fértil terreno para la instauración de dificultades en su comportamiento.

Es este el momento de abordar el asunto con una visión circular en el sentido de ver cómo el tener en el hogar un niño con severas dificultades de conducta afecta muy seriamente la dinámica familiar. No por gusto en ocasiones se ha afirmado que los padres de estos niños son padres “bajo asedio”, cuyas vidas giran, casi en su totalidad, en torno al problema de conducta del niño. Viven siempre aprehensivos, pendientes de que el niño no rompa algo, de que no hurte algún objeto, de que cumpla sus deberes, de que no se faje con otros niños, de que sea respetuoso… y ante el más mínimo fracaso en estos propósitos, lo sienten como una falla personal, como una sensación de ineficacia que se convierte en una extraña mezcla de hostilidad y compasión hacia el niño…, lo que agudiza su comportamiento indeseado. Vivencian muy intensamente el rechazo y la desaprobación de los demás, incluidos los familiares cercanos, llegando a sentirse estigmatizados. Sólo a modo de ejemplo, los padres de niños “normales” les prohíben la compañía con el niño “imposible”. Cuando así ocurre, los padres no sólo se retraen de la vida social, sino que desarrollan un reactivo sentimiento de protección excesiva hacia el niño, y crean condiciones que incrementan el comportamiento indeseado, confirman las opiniones de los demás en torno a su responsabilidad, y agudizan aún más la situación de estigmatización.

Como consecuencia de lo anterior se genera una hipersensibilidad en la vida familiar, que conduce a frecuentes conflictos entre sus miembros por las más insignificantes razones: los hermanos se sienten desatendidos, los padres pelean y llegan a separarse, el trato ofensivo e irrespetuoso llega a legitimarse… y nuevamente como consecuencia se agudizan las manifestaciones de conductas indeseadas.

No es mi pretensión legalizar y contemplar pasivamente el comportamiento indeseado de un niño, pero sí llamar la atención sobre el hecho de que tenemos posibilidades de contribuir a su mejoría y progresiva adaptación social: los padres deben buscar la ayuda profesional calificada, los familiares deben convertirse más en colaboradores que en jueces o fiscales, los maestros deben asumir como un desafío la correcta educación (¡o reeducación!) de estos niños, la comunidad debe contribuir a que los padres no se sientan aislados ni el niño “etiquetado”.

La palabra “imposible” es demasiado condenatoria para el encanto del mundo infantil. Si todos trabajamos de conjunto en aras de su bienestar, siempre será posible sacar a la luz todo lo que hay de bueno en un niño y hacer de él una persona socialmente útil.

Tomado de la sección Salud del periódico Trabajadores.

Obtenido de http://www.sld.cu/saludvida/jovenes/temas.php?idv=6204

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Sábado 21 / enero / 2017

Señales de advertencia de acoso escolar

Filed under: bullying,Para estudiantes,Para la familia — prevemi — enero 21st, 2017 — 10:15

Señal de coso escolarExisten numerosas señales de alerta que pueden indicar que alguien se encuentra involucrado en una situación de acoso escolar, ya sea como acosador o como acosado.

Reconocer las señales de alerta es un primer paso importante para actuar contra el acoso escolar. No todos los niños que son acosados o que acosan a otros piden ayuda.

Es importante hablar con los niños que evidencian señales de ser acosados o de acosar a otros. Estas señales de alerta también pueden poner de manifiesto otros problemas, como la depresión o el abuso de sustancias. Hablar con el niño puede ayudar a identificar la raíz del problema.

Señales de que un niño está siendo acosado
Señales de que el niño está acosando a otros
¿Por qué no piden ayuda los niños?

Señales de que un niño está siendo acosado:

Busque cambios en el niño. Sin embargo, es preciso tener en cuenta que no todos los niños que son acosados manifiestan señales de alerta.

Algunas señales que indican que hay un problema de acoso:

Lesiones inexplicables
Pérdida o rotura de ropa, libros, dispositivos electrónicos o joyas
Dolores de cabeza o estómago frecuentes, sensación de malestar o simulación de enfermedad
Cambios en los hábitos alimentarios, como saltarse horarios de comidas o atracarse. Los niños pueden llegar de la escuela con hambre porque no almorzaron.
Dificultad para conciliar el sueño o pesadillas frecuentes
Calificaciones bajas, pérdida de interés en las tareas escolares, o el niño se niega a ir a la escuela
Pérdida repentina de amigos o deseo de evitar situaciones sociales
Sentimientos de impotencia o disminución de la autoestima
Comportamiento autodestructivo como escaparse del hogar, autoinfligirse heridas o hablar de suicidio

Si conoce a alguien muy angustiado o en peligro, no ignore el problema. Busque ayuda cuanto antes.

Señales de que el niño está acosando a otros

Los niños pueden estar acosando a otros en los siguientes casos:

Cuando se involucran en agresiones físicas o verbales
Tienen amigos que acosan a otros
Son cada vez más agresivos
Son enviados con frecuencia a la dirección o a detención
No pueden explicar cómo obtuvieron dinero adicional o pertenencias nuevas
Culpan a otros de sus problemas
No asumen responsabilidad por sus actos
Son competitivos y se preocupan por su reputación y popularidad

¿Por qué no piden ayuda los niños?

Las estadísticas del Suplemento de delitos escolares 2008-2009 mostraron que un adulto es notificado solo en un tercio de los casos de acoso. Los niños no hablan con los adultos por varias razones:

El acoso escolar genera en el niño una sensación de impotencia. Los niños quieren manejar la situación por su cuenta para sentirse nuevamente en control. Es posible que teman ser vistos como débiles o chismosos.
Los niños pueden temer una represalia de parte del acosador.
El acoso escolar puede ser una experiencia humillante. Es posible que los niños no quieran que los adultos sepan qué se dice de ellos, sea verdadero o falso. Temen que los adultos los juzguen o los castiguen por ser débiles.
Los niños víctimas de acoso se sienten aislados socialmente. Es posible que sientan que no les importan a nadie o que nadie podría comprenderlos.
Los niños tienen miedo de ser rechazados por sus pares. Los amigos pueden ayudar a proteger a los niños del acoso y es posible que los niños tengan miedo de perder su protección.

Obtenido del sitio: stopbulliyng.gov, disponible en: http://espanol.stopbullying.gov/en-riesgo/se%C3%B1ales-de-advertencia/rr9/%C3%ADndice.html

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Lunes 16 / mayo / 2016

¿Disciplina o castigo?

Filed under: adolescencia,para conocer sobre,Para la familia,violencia — prevemi — mayo 16th, 2016 — 22:32

La disciplina en los niños implica impartirles formación y ayudarlos a desarrollar un criterio. El siguiente documento orienta sobre la disciplina y lo que se considera castigo: Disciplina o castigo.

Puede ampliar con la lectura de otro documento sobre el tema, titulado: Castigo sí o no, de la Dra. Esther Martínez García.

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Martes 3 / mayo / 2016

Problemas de comportamiento: lo que los padres pueden hacer para cambiar el comportamiento de sus niños

Filed under: Para la familia — prevemi — mayo 3rd, 2016 — 13:39

perretasEl comportamiento de un niño puede ser un problema si no cumple con las expectativas de la familia o si causa perturbación. Saber qué debe esperar de su niño en cada edad le ayudará a decidir qué es comportamiento normal.

En el siguiente documento puede buscar mayor información:

-Problemas de comportamiento: lo que los padres pueden hacer para cambiar el comportamiento de sus niños, está en formato PDF y pesa 51 KB.

Nota: imagen obtenida de Internet.

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Jueves 28 / abril / 2016

Bullying, intimidación, maltrato entre iguales o acoso escolar

Filed under: adolescencia,bullying,Para la familia — prevemi — abril 28th, 2016 — 9:50

BullyingLa intimidación es cuando una persona o grupo intenta repetidamente lastimar a alguien que es más débil o que cree que es más débil. Algunas veces implica ataques directos, como golpes, insultos, provocaciones o burlas. Otras veces es indirecta, como difundir rumores o intentar que otros rechacen a alguien.

¿Qué es el bullying?

El bullying es una forma grave y específica de violencia escolar, un maltrato normalmente intencionado y perjudicial de un estudiante hacia otro compañero,  generalmente más débil, al que convierte en su víctima habitual. Suele ser persistente y reiterado, puede durar semanas, meses e incluso años.  La mayoría de los agresores actúan movidos por un abuso de poder y un deseo de intimidar y dominar. No es un conflicto  normal entre pares, sino que se trata de un problema sobre el que todos los adultos debemos involucrarnos y detener con urgencia.

Si bien hay determinados rasgos que nos hacen pensar que un chico tiene más posibilidades de verse involucrado en una situación de bullying, como hostigado  o  como hostigador, todos los que participan en alguna medida están siendo afectados.

“Creemos firmemente que el bullying se aprende y, por lo tanto, también puede desaprenderse. No se trata de etiquetar ni humillar a los  estudiantes que acosan, sino de ayudarlos a abandonar esa manera de comportarse”, explica la Lic. Candelaria Irazusta,  psicóloga del Departamento Infantojuvenil de INECO. “Para  esto, es necesario que los adultos responsables  (padres y docentes) asuman que el problema existe, que es más frecuente de lo que parece, que tengan conciencia de su importancia  y de las consecuencias graves que puede tener y,  especialmente que ellos deben  intervenir lo más pronto posible porque las situaciones de malestar crónico si no se detienen, crecen”, enfatiza la especialista.

¿Cómo darme cuenta si mi hijo sufre bullying?:

Señales de alerta en la escuela y en las tareas escolares:

-Cambio repentino en la asistencia a clase o en el rendimiento académico.
-Éxito académico, parece el niño mimado o la niña mimada del profesor o de la profesora.
-Le cuesta concentrarse en clase, se distrae con facilidad.
-Se va tarde al recreo y regresa pronto a al aula.-
-Tiene algún tipo de dificultad en el aprendizaje.
-Falta de interés en las actividades o en actos de la escuela.
-Deja de asistir a actividades de la escuela que le gustaban.

Señales de alerta en cuanto a lo social:

-Solitario, retraído, aislado.
-Escasas o nulas habilidades sociales/interpersonales.
-No tiene amigos ni amigas o tiene menos que otros estudiantes; poco popular, suelen elegirlo último o última para formar grupos o equipos.
-No tiene sentido del humor o tiene un humor inapropiado.
-Otros estudiantes suelen burlarse o reírse de el o de ella, se meten con el o ella, le toman el pelo, lo menosprecian y/o insultan.    No sabe hacerse valer.
-Otros estudiantes lo molestan, y le dan patadas o golpes a menudo. No sabe defenderse.
-Utiliza un lenguaje corporal característico: hombros encorvados, cabeza gacha, no mira a las otras personas a los ojos, los rehúye.
-Tiene una diferencia ostensible que lo aparta de sus compañeros o compañeras.
-Prefiere la compañía de los adultos en los tiempos libres.
-Toma el pelo, molesta o irrita a otros, los provoca y no sabe cuando parar.
-Ha empezado de pronto a acosar a otros estudiantes.

Señales de alerta en lo fisico:

– Frecuentemente enfermo.
-Se queja frecuentemente de dolores de cabeza, de panza, etc.
-Arañazos, moretones, ropa u objetos personales rotos o dañados sin una explicación obvia.
-Repentino tartamudeo.
-Tiene una diferencia de carácter físico que lo aparta de sus iguales: lleva anteojos, tiene sobrepeso o pesa menos de lo que debería, es mas alto o mas bajo que sus compañeros,  habla raro, tiene un aspecto raro, anda raro.
-Cambio es su pauta de comidas: pérdida repentina de apetito.
-Torpe, descoordinado, le va mal en los deportes.

Señales de alerta en lo emocional, conductual:

-Cambio repentino de humor o de comportamiento.
-Pasivo, huraño, callado, tímido, retraído, irritable.
-Baja o nula autoestima y confianza en si mismo.
-En exceso sensible, cauto, apegado.
-Nervioso, ansioso, preocupado, temeroso, inseguro.
-Llora con facilidad, y a menudo, se angustia, sufre cambios de humor extremos.
-Irritable, problemático, agresivo, irascible, se revela contra otros (pero siempre pierde).
-Se culpa de los problemas/dificultades.
-Excesivamente preocupado por su seguridad personal; dedica mucho tiempo y esfuerzos a pensar/preocuparse por ir y volver a salvo del comedor escolar, del baño, del recreo,  evita siempre ciertos lugares de la escuela.
-Menciona la posibilidad de salir corriendo.
-Menciona la posibilidad de suicidio.

Puede ampliar más en el sitio Intimidación, de MedlinePlus.

Información obtebida del los sitios Intramed y MedlinePlus.

Nota: imagen obtenida del sitio de la Sociedad Chilena de Pediatría.

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Domingo 10 / enero / 2016

Adolescencia ¿Etapa crítica?

Filed under: adolescencia,Para estudiantes,Para la familia — prevemi — enero 10th, 2016 — 1:55

Adolescencia ¿Etapa crítica?
Comienzo de una serie que va a recorrer los momentos más importantes de la adolescencia: el encuentro con la sexualidad, las transformaciones biológicas y psicológicas y algunas recomendaciones para educar la sexualidad en este momento de la vida, a partir de un estudio realizado por la Cátedra de Sexología y Educación Sexual, del Instituto Pedagógico “Enrique J. Varona”.

Por: Aloyma Ravelo

La adolescencia transcurre, según la OMS, entre los 10 y 19 años. Sin embargo, hay quienes plantean que se extiende hasta los 23 ó 24 años, edad en que las muchachas y los muchachos terminan sus estudios universitarios y se insertan en la vida laboral.

Existe consenso en cuanto a que la primera parte de este período del desarrollo de la personalidad abarca hasta alrededor de los 15 años y recibe el nombre de adolescencia temprana y la siguiente, el de adolescencia tardía o juventud . Ambos períodos están íntimamente ínter conexionados, forman un sistema inseparable aunque, para su estudio, se divida en esos dos momentos.

La Dra. González señala que, de manera simplificada, se le suele designar como el tránsito de la infancia a la adultez, lo cual, sin dejar de ser absolutamente real no contempla toda la complejidad y magnitud de los cambios y las problemáticas por las que deben pasar los chicos y las chicas a lo largo de estas edades. La adolescencia es, en nuestro criterio —añade— la etapa de la vida de transformaciones más rápidas, profundas y radicales en todas las esferas (psicológica, biológica y social), solo comparable con la infancia temprana, donde, desde el nacimiento hasta los 36 a 40 meses, el infante se convierte de un ser totalmente desvalido, en un niño capaz de realizar por si solo, aunque naturalmente con la ayuda y apoyo del adulto, la mayoría de sus funciones vitales.

En la situación de los adolescentes, tanto mujeres o varones, el salto se hace mucho más agudo y riesgoso, si tenemos en cuenta que, al inicio de esta fase, se encuentran bajo la autoridad y el control absoluto de los mayores y que en unos breves años deberá desarrollar las competencias que les permitan autodeterminarse, tomar decisiones trascendentales para ellas, ellos y quienes los rodean, a fin de poder desempeñarse de manera independiente y responsable en la vida de pareja, familiar, laboral y social en general.

Es realmente importante hacer hincapié en esta cuestión del paso de la dependencia a la independencia por la que deben transitar los y las adolescentes, asunto que muchos padres y madres no hemos pensado en detalle y, sin dudas, esto, por si solo, hace compleja la situación. Por ello, acota la directora de CASES, que los adolescentes de ambos sexos, tienen el derecho de que se les prepare, se les abran los senderos para lograr el ejercicio de una vida rica, hermosa, plena de vivencias y experiencias, donde cada vez más dependan de sus propios esfuerzos, opciones y decisiones para las que deben tener en cuenta no solo sus intereses y necesidades sino, también, las de su contexto social.

En el II seminario colombiano “Sexualidad en la adolescencia”, realizado en l993, se planteó que la adolescencia es una faceta más de autodescubrimiento, de clarificación de la identidad y, lógicamente, de construcción y maduración. Mientras aprenden a conducir y manejar sus diferentes posiciones, es muy posible que se enfrenten a choques, confrontaciones, cambios de comportamiento y, sumado a esto, las pocas oportunidades que en ocasiones les ofrecen no sólo la familia, sino también, la sociedad. Por esta razón, suelen ser, muchas veces, censurados y sancionados socialmente. Calificados de improductivos, dependientes y desadaptados al medio.

Su nueva situación social, el conjunto de transformaciones internas y externas a los que están sometidos, suelen enfrentarlos a múltiples retos, desafíos; también a obstáculos y escollos generados, muchas veces, por los propios mayores, dificultades que deben vencer para arribar a una adultez responsable y feliz.

Los retos fundamentales que deben enfrentar y resolver los adolescentes para culminar con éxito el crecimiento y maduración a lo largo de estas edades, se refieren a tres esferas esenciales de la vida:

la profesional laboral
la ideológica, ética y social
de pareja y familiar

En condiciones educativas óptimas, desde el punto de vista psicológico, biológico y social, tanto chicas como chicos, acceden gradualmente a un conjunto de adquisiciones que los capacitan para este salto cualitativo en su existencia.

En el orden físico —manifiesta— en breve tiempo, adquieren la constitución y un conjunto amplio de capacidades y habilidades que los hacen aptos para asumir un desempeño más efectivo en su desenvolvimiento, en una variedad muy amplia y compleja de tareas y acciones que requieren de nuevas aptitudes corporales.

Desde el punto de vista intelectual, el pensamiento se hace cada vez más lógico y abstracto, reflexivo, lo que les posibilita explorar en lo más profundo de su intimidad psicológica, desarrollar su autoconciencia y autovaloración, y arribar a un conocimiento cada vez más objetivo de quienes les rodean y penetrar, progresivamente, en la esencia de su realidad circundante. De esta forma y paulatinamente —enfatiza— van conformado una cosmovisión, un conjunto de saberes, valores y actitudes hacia sí y su mundo que propicia su autorregulación más efectiva. Estos procesos estarán favorecidos por la riqueza afectiva y volitiva que alcanzan progresivamente en su vida psíquica. Ninguna de estas adquisiciones es ajena a la vida social y educacional en particular, son consecuencia y causa, a la vez, de los logros a que, en esta esfera, van arribando los y las adolescentes.

La especialista hace énfasis en este punto crucial: El sentimiento y la necesidad de independencia y autodeterminación que caracteriza el desarrollo de los y las adolescentes, los motiva a buscar la satisfacción de estas necesidades, fundamentalmente en el grupo de sus iguales y a poner ciertas “distancias” de la autoridad adulta. Puntualiza que son mecanismos indispensables para la maduración psicológica y social. Solo en la medida en que logren, poco a poco, ir dando (bajo la guía de los mayores, pero cada vez más por si solos), los pasos existenciales que les permitan adquirir los conocimientos, las capacidades, habilidades que los preparen para la vida autónoma, podrán acceder a la adultez.

Este sendero está colmado de vivencias muy enriquecedoras pero, también, suele estar minado de angustias, conflictos y contradicciones algunas intrínsecas, generadas por el propio desarrollo. Sin embargo, muchas de estas afectaciones están motivadas por las incomprensiones y el mal manejo de las personas encargadas de su educación. Estas personas suelen desconocer e ignorar las transformaciones y posibilidades esenciales de la etapa, anidan tabúes, temores, inseguridades con relación a ese “niño con apariencia y ansias de adulto” (así tienden a interpretar sus demandas), que los conducen a imponer regulaciones, represivas, a cubrirlos con un manto protector que no se aviene con sus nuevas necesidades y posibilidades y se convierten en un freno que engendra, no pocas veces, trastornos en su desarrollo.

Los estilos educativos autoritarios, el proteccionismo, la ignorancia o la negación de las naturales ansias de libertad y autonomía de estos chicos y chicas, les impide desplegar sus alas y emprender el necesario vuelo que los conducirán a vencer los retos y dificultades para alcanzar las mayores alturas en el crecimiento de su vida futura.

Los educadores tenemos que convertirnos en la guía que los ayude a alcanzar la madurez indispensable para que, finalmente, sean capaces de determinar por sí solos sus destinos existenciales, de trazar planes para el porvenir y convertirse en parte indispensable de las fuerzas transformadoras de éste en su vida personal y social.

La adolescencia constituye una fase indudablemente difícil, de gran vulnerabilidad, que requiere atención especial. Pero que, de ninguna manera, se debe considerar, por sí misma, como una etapa de crisis, rebeldía y rompimiento social; por el contrario, la propia historia del género humano demuestra que no han sido pocos los logros y triunfos, los aportes que ellos y ellas han brindado al crecimiento de la sociedad a lo largo de los siglos.

Obtenido del sitio Salud Vida, en Infomed, disponible en: http://www.sld.cu/saludvida/jovenes/temas.php?idv=6195

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Martes 1 / diciembre / 2015

Fumar durante el embarazo

Filed under: Para la familia — prevemi — diciembre 1st, 2015 — 14:38

Embarazada fumandoFumar es malo para usted. Puede causar graves problemas de salud, tal como cáncer, enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, enfermedad de las encías y enfermedades de los ojos que pueden conducir a la ceguera. El fumar puede afectar la salud de su bebé antes, durante y después del embarazo. Si fuma antes del embarazo, es posible que le resulte más difícil quedar embarazada.

Durante el embarazo, la placenta crece en su útero (matriz) y suministra alimentos y oxígeno al bebé a través del cordón umbilical. Cuando usted fuma durante el embarazo, le pasa las sustancias químicas perjudiciales a su bebé a través de la placenta y del cordón umbilical, que luego entran en la sangre del bebé. Eso puede causar problemas de salud para su bebé. Después del embarazo, el humo de segunda mano puede afectar la salud de su bebé.

Si fuma y está planeando quedar embarazada, deje el hábito antes de embarazarse. Si fuma y está embarazada, no es demasiado tarde para dejar el hábito del tabaco. Dejar de fumar ahora puede significar una enorme diferencia en la salud de su bebé.

¿Cómo puede el tabaco antes del embarazo afectarla a usted y a su bebé?

Las mujeres que fuman antes del embarazo corren el doble de riesgo que las no fumadoras de tener:

Problemas de fertilidad. Eso significa tener problemas para quedar embarazada.

Un embarazo ectópico. Sucede cuando el óvulo fertilizado se implanta fuera del útero (matriz) y comienza a crecer. El embarazo ectópico no puede dar como resultado el nacimiento del bebé. Puede causar problemas graves y peligrosos para la embarazada.

Ruptura prematura de las membranas (también llamada RPM). Sucede cuando el saco que rodea al bebé se rompe antes de que la mujer entre en trabajo de parto.

Desprendimiento de la placenta. Es un problema grave en el que la placenta se separa de la pared del útero antes del parto.

Placenta previa. Sucede cuando la placenta está muy baja en el útero y cubre todo o parte del cuello uterino. El cuello uterino es la abertura hacia el útero que está en la parte superior de la vagina.

¿Cómo puede el fumar durante el embarazo afectar a su bebé?

Cuando fuma estando embarazada, expone a su bebé a sustancias químicas peligrosas como la nicotina, el monóxido de carbono y el alquitrán. Esas sustancias químicas pueden reducir la cantidad de oxígeno que recibe su bebé. El oxígeno es realmente importante para ayudar a su bebé a crecer sano. La nicotina puede tener efectos perjudiciales para el corazón, los pulmones y el cerebro de su bebé.

Fumar durante el embarazo puede causar estos problemas a su bebé:

Restricción del crecimiento (también se dice que el bebé es pequeño para la edad gestacional). Esto significa que su bebé no aumenta el peso que debería antes de nacer. Ello puede causar que el bebé nazca con bajo peso.

Bajo peso al nacer. Eso significa que su bebé nace pesando menos de 5 libras, 8 onzas.

Nacimiento prematuro. Eso significa que su bebé nace demasiado pronto, antes de las 37 semanas de embarazo.

Defectos de nacimiento como labio leporino o fisura palatina (defectos de nacimiento en la boca del bebé). Los defectos de nacimiento son problemas de salud que están presentes cuando el bebé nace. Esos defectos cambian la forma o la función de una o más partes del cuerpo. Pueden ocasionar problemas en la salud en general, en cómo se desarrolla el cuerpo o cómo funciona.

Aborto espontáneo. Sucede cuando el bebé muere en la matriz antes de las 20 semanas de embarazo.

Nacimiento sin vida. Sucede cuando el bebé muere en el útero antes de nacer, pero después de las 20 semanas de embarazo.

Síndrome de muerte súbita infantil o del lactante (SIDS). Es la muerte inexplicada del bebé de menos de 1 año de edad.

Los bebés que nacen prematuramente y con bajo peso corren riesgo de sufrir graves problemas de salud, incluyendo discapacidades de por vida, como discapacidades intelectuales y problemas de aprendizaje, y en algunos casos la muerte.

¿Qué es el humo de segunda mano?

El humo de segunda mano es el humo que usted inhala del cigarrillo, cigarro o pipa de otra persona. Estar expuesta al humo de segunda mano durante el embarazo puede causar que su bebé nazca con bajo peso.

El humo de segunda mano es peligroso para su bebé después de nacer. En comparación con los bebés que no tienen humo a su alrededor, los bebés expuestos al humo de segunda mano:

Pueden tener crecimiento lento de los pulmones

Corren más riesgo de tener trastornos de salud como asma, bronquitis, neumonía, infecciones de oído y problemas respiratorios

Corren más riesgo de morir de SIDS

¿Qué es el humo de tercera mano?

El humo de tercera mano son los residuos de tabaco y el humo de tabaco. Puede incluir plomo, arsénico y monóxido de carbono. Es lo que se huele en la ropa, los muebles, las alfombras, las paredes y el cabello cuando han estado envueltos en humo o cerca del humo de tabaco. Es por eso que usted suele darse cuenta si alguien fuma por el olor de su ropa, casa o vehículo. El humo de tercera mano es el motivo por el que abrir una ventana o fumar en otra sala no es suficiente para proteger a los otros del tabaco.

Si está embarazada o acaba de tener un bebé, manténgase alejada del humo de tercera mano. Los bebés que respiran el humo de tercera mano pueden tener graves problemas de salud como asma y otros problemas de respiración, trastornos de aprendizaje y cáncer.

¿Qué son los cigarrillos electrónicos?

Los cigarrillos electrónicos (también llamados “e-cigarettes”) parecen cigarrillos comunes. Pero en lugar de encenderlos, funcionan a batería. Producen un vapor que usted inhala y contienen nicotina que viene en líquido. Al igual que la nicotina de los cigarrillos comunes, la nicotina de los cigarrillos electrónicos puede ser perjudicial para su bebé.

Usted puede volverse adicta a los cigarrillos electrónicos. La nicotina líquida en exceso puede causar náuseas (sentirse mal del estómago) y vómitos. Puede envenenarse con la nicotina líquida si la bebe o se absorbe por la piel. El envenenamiento por nicotina líquida puede causar náuseas, vómitos e irritación de los ojos. Una pequeña cantidad puede ser muy perjudicial e incluso mortal.

La nicotina líquida para los cigarrillos electrónicos se vende en pequeños tubos que pueden ser brillantes y coloridos. También viene en sabores como cereza o chicle de globo. Por esas cosas, pueden parecer divertidos y atrayentes, en especial para los niños.

Si está embarazada y usa cigarrillos electrónicos, o está pensando hacerlo, hable con su profesional de la salud.

¿Puede simplemente fumar menos? ¿O tiene que dejar por completo?

Si fuma, puede pensar que los cigarrillos light o suaves son una opción más segura durante el embarazo. Eso no es cierto. O quizás desee reducir la cantidad en lugar de dejar de fumar por completo. Es verdad que cuanto menos fume, mejor será para su bebé. Pero dejar por completo es lo mejor para su embarazo y para su bebé.

Cuanto antes deje de fumar durante el embarazo, más sana podrá estar usted y más sano podrá estar su bebé. Es mejor dejar de fumar antes de quedar embarazada. Pero dejar de fumar en cualquier momento del embarazo puede tener un efecto positivo en la vida de su bebé.

Además, cuando usted deja de fumar, jamás tendrá que salir otra vez a buscar un lugar donde fumar. Usted también tendrá:

Dientes más limpios

Mejor aliento

Menos marcas de manchas en los dedos

Menos arrugas en la piel

Un mejor sentido del olfato y del gusto

Más fuerza y energía para estar activa

Sugerencias para dejar de fumar

Si está tratando de dejar de fumar, estas sugerencias pueden resultarle útiles:

Anote sus motivos para dejar de fumar. Lea la lista cuando le tiente fumar.

Escoja una fecha para dejar. Ese día, tire a la basura todos sus cigarrillos o cigarros, encendedores y ceniceros.

Pídale a su pareja o a una amiga que le ayude a dejar el hábito. Llame a esa persona cuando tenga ganas de fumar. Manténgase alejada de lugares, actividades o personas que le hagan dar ganas de fumar.

Manténgase ocupada. Salga a caminar para ayudar a que la mente se distraiga y no piense en fumar. Use una pequeña pelota para el estrés o pruebe tejer o coser para mantener las manos ocupadas. Coma verduras o masque goma de mascar para mantener algo en la boca.

Beba agua en abundancia.

Pregunte a su profesional de la salud sobre los medios para dejar de fumar, como parches, goma de mascar, rociador nasal y medicamentos. No empiece a usarlos sin la aprobación de su profesional de la salud, en particular si está embarazada. Busque programas en su comunidad o en su lugar de trabajo para ayudarla a dejar de fumar. Esos se conocen como “programas de cesación del tabaco”. Pida información a su profesional de la salud sobre los programas ofrecidos en su área. Pregunte a su empleador qué servicios cubre su seguro de salud.

No se desanime si no puede dejar de fumar enseguida. ¡Siga intentándolo! Usted está haciendo lo que es mejor para usted y para su bebé.

Información obtenida de: http://nacersano.marchofdimes.org/embarazo/el-fumar.aspx

Noa: imagen obtenida de internet.

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