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25 enero 2007

Parasitología: Un extraño en tu interior

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Estudios de prevalencia de la trichomonosis en Cuba y la búsqueda de un candidato vacunal contra ella son dos investigaciones del Instituto Pedro Kourí premiadas por la Academia de Ciencias en 2006

Por: IRAMIS ALONSO PORRO
nacionales@bohemia.co.cu
(25 de enero de 2007)

Corría el año 1836, cuando el francés Alfred Donné (1801-1878) encontró en fluidos vaginales y uretrales un protozoo flagelado al que se denominó Trichomonas vaginalis. Probablemente, en ese momento Donné no imaginó el significado de su hallazgo, pero hoy sabemos que este parásito es el causante de la principal enfermedad de transmisión sexual (ITS), la trichomonosis vaginal, vinculada a la aparición del cáncer cervical.

Crédito: Archivo Bohemia

El parásito Trichomonas, que infecta cada año a unos 180 millones de personas, en especial adolescentes, es también culpable de enfermedad pélvica inflamatoria e infertilidad en las mujeres y de uretritis y prostatitis crónica en el hombre. Quienes se contagian durante el embarazo poseen predisposición al parto prematuro y a tener hijos de bajo peso al nacer, además de que como el resto de las ITS, la trichomonosis es cofactor del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

El impacto de las complicaciones y secuelas de la enfermedad no está en correspondencia, sin embargo, con el conocimiento existente a nivel mundial de sus mecanismos de patogenicidad y los factores de virulencia. El parásito descubierto por Donné es hoy uno de los menos estudiados. Se sabe que infecta el epitelio escamoso urogenital humano, pero el mecanismo exacto por el que entra en los tejidos se desconoce.

En esa búsqueda se han adentrado desde hace seis años investigadores del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK). Según la doctora Lázara Rojas, subdirectora de parasitología de ese centro científico, en la Isla existían muy pocos antecedentes de estudios que indicaran la prevalencia de la trichomonosis, o que profundizaran en factores asociados a la virulencia y susceptibilidad de T. vaginalis al medicamento metronidazol.


“Comenzamos a realizar el estudio con diferentes grupos poblacionales. El primero, de mujeres supuestamente sanas, como control, y los restantes formados por pacientes con patología de cuello uterino, mujeres con VIH/sida y parejas con trastornos de la fertilidad. Por último apuntamos a las adolescentes, con quienes indagamos con más intensidad, pues es el grupo más reacio a las opiniones médicas y en los cuales la presencia del parásito acarrea complicaciones en todo el curso de su vida.”

Un total de 750 jóvenes, clínicamente clasificadas como asintomáticas y sintomáticas leves, moderadas y severas, ofrecieron su consentimiento para ser parte del estudio. Todas, pacientes de las consultas infanto-juvenil, de interrupción de embarazo y de ITS del hospital ginecobstétrico capitalino Eusebio Hernández.

Hechos los exudados correspondientes, se obtuvieron 40 aislamientos de Trichomonas vaginalis, a los que se les realizaron diversas caracterizaciones: in vitro, in vivo con ratones de laboratorio, molecular y de resistencia al metronidazol.

Para la caracterización in vitro, los investigadores hicieron un ensayo de citoadhesión. “Corroboramos que en la medida en que los aislamientos fueran leves, moderados o severos, hubo más o menos adhesión a las células epiteliales humanas Hela, a partir del uso de la bromodioxoriudina, un nuevo proceder de marcaje con el que se mide cómo se pegan los parásitos a esas células sin emplear marcadores radiactivos, habitual en los kits existentes al efecto”, explicó la doctora Rojas.

Las pruebas en ratones demostraron
que la proteinasa de 62 kilodalton
protege contra  la infección
por Trichomonas
(Crédito: Randy Rodríguez Pagés)

“Otra arista del estudio, el análisis in vivo, mostró una estrecha correlación entre la intensidad de las lesiones observadas en los modelos animales, en dependencia de si los aislamientos inoculados eran de pacientes asintomáticas o sintomáticas leves, moderadas o severas.

La caracterización genética, por su parte, permitió adentrarse en un universo inédito. “Identificamos una banda de 490 pares de bases, hallada únicamente en los aislamientos procedentes de pacientes sintomáticas”, comentó la especialista en parasitología. “Ello habla a favor de un posible marcador genético de patogenicidad, primer reporte de tal hecho en el mundo”.

Toque de alerta

El metronidazol es, desde 1959, el medicamento de elección para el tratamiento de la trichomonosis, aunque desde muy temprano, a finales de la década del 60, se reportaron casos clínicos con infecciones refractarias después de un tratamiento adecuado con ese fármaco.

Las pruebas en ratones demostraron
que  la proteinasa de 62 kilodalton
protege contra la infección por Trichomonas
(Crédito: Randy Rodríguez Pagés)

Cuba no había emprendido nunca una pesquisa sobre la resistencia al metronidazol. De ahí que los investigadores del IPK consideraran oportuno adentrase en el asunto, más cuando resulta tan complejo desde el punto de vista científico obtener vacunas contra parásitos.

Al respecto, la doctora Lázara Rojas reveló a BOHEMIA que la mayor cantidad de aislamientos estudiados fueron susceptibles al metronidazol. Solo dos de ellos, provenientes de pacientes sintomáticas, fueron resistentes.

“Esto constituye un alerta para todos los que trabajamos en el sector salud. Tenemos que comenzar a buscar otras alternativas terapéuticas e, incluso, apuntar a la posibilidad futura de contar con una vacuna, que son los otros estudios que se vienen realizando en nuestra subdirección.

“El análisis nos permitió conocer que en el grupo de adolescentes estudiadas hay una frecuencia de trichomonosis de un 13,2 por ciento. Ahora hay que conseguir el financiamiento para darles continuidad a estas  investigaciones, lo cual no es fácil, pues, por lo general, en el mundo se presta más atención a enfermedades parasitarias como la malaria, que son causa de muerte inmediata y que no existen en nuestro país.”

Buscando protección

La máster en Bioquímica Hilda
María Hernández emplea el método
ELISA para la determinación de
anticuerpos en plasma
y exudados vaginales
(Crédito: Randy Rodríguez Pagés)

La aparición de resistencia al metronidazol en algunas de las pacientes que padecían trichomonosis y la no existencia de un candidato vacunal efectivo, sugirió a los científicos del IPK la conveniencia de desarrollar nuevas estrategias para el control de esa enfermedad.

“Así, en el año 2000 surgió un proyecto para evaluar en un modelo animal la posible capacidad inmunoprotectora de la proteinasa de 62 kilodalton (p62 kDa) que secreta el propio parásito”, explicó Hilda Hernández, investigadora de la subdirección de parasitología del Instituto Pedro Kourí.

Una proteinasa es una enzima que tiene una función catalítica dentro del organismo. En el caso de la elegida por los investigadores se purificó, entre otros objetivos, para obtener tres anticuerpos monoclonales contra ella. El propósito: inocular estos en modelos animales para someterlos luego a la acción de Trichomonas vaginalis, y evaluar si se obtenía o no protección.

Hilda Hernández compartió con BOHEMIA los halagadores resultados de estos experimentos: “El anticuerpo monoclonal 4D8 contra la proteinasa protegió a ratones infectados con el parásito por vía intraperitoneal. La investigación también probó que los tres anticuerpos obtenidos son capaces de inhibir la adhesión de Trichomonas a las células epiteliales, paso inicial de la infección”.

Otro momento del estudio contempló inmunizar intranasalmente a ratones con la proteinasa y adyuvantes y someterlos luego a la acción de Trichomonas vaginalis por vía intravaginal. El fin: determinar el efecto de esa inmunización para prevenir el contagio. El éxito fue rotundo. La respuesta de anticuerpos en exudados vaginales mostró un alto grado de protección para el grupo que recibió la proteinasa con el adyuvante tóxina colérica.


Ello echa por tierra los reportes de la literatura que consideraban a la proteinasa de 62 kilodalton como no inmunogénica. Todo parece indicar que es en su unión con el adyuvante que se induce el efecto protector, lo cual apunta a la continuidad de las investigaciones.

“El próximo paso en esta línea sería lograr la proteinasa por vía recombinante para evaluar nuevamente su comportamiento en ratones”, comentó Hernández, también máster en Bioquímica. “Ya escribimos el proyecto.
“Ahora buscamos el financiamiento.”

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Fuente: Revista Bohemia, 25 enero 2007
http://www.bohemia.cu/2007/01/25/cienciatecnologia/trichomonas.html

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