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24 diciembre 2005

Gustavo Kourí : Un hombre para la ciencia

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El director del Instituto de Medicina Tropical es fundador del sistema cubano de investigaciones biomédicas y, junto a su compañera María Guadalupe Guzmán, eminencia en la lucha contra el dengue. Con su aporte ha contribuido a salvar muchas vidas de cubanos.

Por: IRAMIS ALONSO y BÁRBARA AVENDAÑO
nacionales@bohemia.co.cu
(23 de diciembre de 2005)

Gustavo Kourí Flores estaba predestinado para la ciencia. Desde niño adoptó la bata blanca como uniforme y conoció la rutina de los laboratorios al lado de su padre Pedro Kourí, patriarca de la Parasitología cubana.

El director del actual Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) tiene una respetable historia como investigador. En su amplia oficina queda poco espacio útil. Por doquier pululan papeles, revistas, libros, fotos, y decenas de diplomas cubren las paredes. Mucho hay que agradecerle a este hombre, de hablar prolijo pero pausado, en el control del dengue y su agente trasmisor, el mosquito Aedes aegypti. En la conversación que sobre su vida tuvo con BOHEMIA, Pedro fue referencia constante. Como si un irrompible cordón umbilical le impidiera independizar su indiscutible aporte a la ciencia cubana de la obra de su padre.

Foto: GILBERTO RABASSA

“Papá era brillante. El fue el primer expediente de su curso en la carrera de Medicina, con la extraordinaria cifra de 31 sobresalientes y 24 premios. Ya trabajando logró que la cátedra de parasitología fuera modelo en la universidad e hizo todo un trabajo teórico investigativo excepcional para aquella época. No tenía una formación como investigador sino como médico, pero recibía visitas de todas partes; estudiantes de la Universidad norteamericana de Cornell venían cada año a formarse aquí con él.

“En su laboratorio privado (Laboratorios Kuba), se producían muchos medicamentos, algunos incluso para exportar, lo que le permitía tener una vida sin grandes privaciones, aunque no lujosa, y sacar algún dinero para la investigación, porque entonces no había ningún apoyo oficial a la ciencia.

“Pedro era muy callado y estudioso. Recuerdo que mamá decía: hagan silencio ahora que papá está estudiando.”

“Cuando triunfa la Revolución, se une a los profesores universitarios que no renunciaron. Sin haber sido un luchador revolucionario, era una persona progresista, simpatizante del Partido Comunista. Entonces decidió entregar los laboratorios a la Revolución, que se los pagó hasta el último centavo, y se quedó como asesor de la nueva industria farmacéutica.”

Aunque muchas familias libanesas han dejado huellas en la historia de la medicina nacional, fue casi un milagro que los Kourí llegaran a científicos en esta pequeña isla del Caribe. Como aplicados descendientes de fenicios, los abuelos Santiago y Nejhie (María) abandonaron la aldea Hatchid, en el valle sagrado del Líbano, hacia los finales del siglo XIX, y se echaron a la mar buscando mejor sustento para sus tres hijos ya nacidos. Su destino, como el de tantos, Norteamérica.

En Haití hicieron un alto en el camino y tuvieron cinco hijos más, pero al pretender tomar rumbo a los Estados Unidos, las autoridades sanitarias les impidieron montarse en el barco. A bordo de la nave, el pequeño Pedro no dejaba de llorar y los médicos creyeron que padecía de alguna enfermedad. Para viajar a la Isla no había tantos requisitos y por casualidad en el puerto se encontraba un barco que iba hacia Santiago de Cuba, así que torcieron rumbo y se asentaron en la oriental villa.

Con los ahorros traídos, Santiago y María montaron una tienda dedicada a la venta de joyas y ropas, pero en vez de seguir la usanza de que los hijos (diez finalmente) continuaran el negocio de los padres, se esforzaron para que estudiaran.

Esa misma vocación hacia el estudio trasmitiría Pedro a los cuatro vástagos nacidos del matrimonio con la técnica de laboratorio Mercedes Flores. El dinero se gastaba en buenos colegios. Así, Alberto, Juan y Gustavo optaron por seguir los caminos de la Medicina. De todos ellos, Gustavo fue el más apegado. Llegó a convertirse en secretario de su padre y participante en las investigaciones.

Ganarse un nombre

En Minas de Frío, durante su servicio social, hablando con Fidel

La pasión del joven Gustavo era hurgar en los enigmas de la parasitología, aunque para ello sacrificara su tiempo libre y las vacaciones. “Durante mis estudios médicos hice clínica y cirugía. Para aprender, porque no me gustaban. Yo lo que quería era ser microbiólogo o parasitólogo.”

Después de graduado de Doctor en Medicina en 1962, el servicio social en Minas de Frío le dio la posibilidad de palpar algunos de los males descritos por los textos y apenas observados en el laboratorio. De aquella estancia, recuerda la noche en que permaneció durante cinco horas conversando en un banco con Fidel Castro, quien volvía a la Sierra después del triunfo. “Quizo saber cómo me iba y dijo que los médicos recién graduados no tendríamos experiencia, pero habíamos ido a sustituir a las recogedoras y curanderos en la montaña.” Y no solo alumbramientos difíciles debió atender el “habanerito”, sino a los muchos accidentados en aquellos parajes. “Incluso tuve que levantar cadáveres.”

Al regreso comenzó a prepararse en Microbiología. La influencia de Pedro había sido muy grande, pero el hijo quería valer por sí mismo y no por su apellido. “Papá, que aún estaba vivo, quiso saber por qué no escogía Parasitología y le manifesté mi inclinación hacia la Virología. El señaló que los virus también eran parásitos, lo que ultramicroscópicos.”

El muchacho creyó irrevocable su decisión de asumir aquella especialidad. Sin embargo, en 1965, cuando iniciaba la residencia, ocurrió el llamado para formar a los especialistas que integrarían el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC). Junto a otros 11 soñadores permaneció dos años entre fórmulas químicas, físicas y algoritmos matemáticos, hasta que se terminaron las edificaciones, y ocupó la subdirección de investigaciones de aquel prometedor proyecto científico.

En 1993 el Fidel inaugura las nuevas instalaciones del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí. En su discurso abogó porque este fuera un centro no solo para Cuba, sino para toda la humanidad

A partir de 1970 el doctor Kourí Flores asumió como vicedecano de la Facultad de Medicina; tres años después pasó a vicerrector de Investigaciones y postgrado de la Universidad de La Habana. Cuando se fundó el Ministerio de Educación Superior, lo nombraron director nacional en igual área. Pero nunca abandonó el laboratorio: por esa época ya había presentado su primer doctorado en Ciencias Médicas, acerca del virus de la rubéola.

En noviembre de 1977, Fidel convocó a fortalecer el Instituto de Medicina Tropical. Un año después, 14 trabajadores, distribuidos en igual cantidad de casas, empezaron las labores científico-investigativas. Al frente del grupo estuvo, desde el principio, Gustavo. “El líder de la Revolución cubana había dicho que no se podía permitir que la historia nos pasara la cuenta por enfermar a la población al ejercer el internacionalismo. Por tanto, teníamos que hacer de este, un instituto de nivel internacional en el menor tiempo posible.

“Nuestros objetivos fueron, en primer lugar, proteger a la población cubana contra la introducción o reintroducción de enfermedades consideradas exóticas, como la malaria, que ya se había erradicado; y en segundo orden, ayudar a los países del Tercer Mundo. A estos propósitos se añadió el de desarrollar la ciencia en el campo de la Bacteriología, Virología, Micología y Parasitología, Epidemiología e Infectología. Luego vino la atención integral al paciente de SIDA.”

En aquellos momentos se estableció un sistema de vigilancia epidemiológica y surgieron los llamados centros de control en la fuente, en países como Angola, Mozambique y Etiopía, donde cumplían misiones muchos cubanos.

En aquellos momentos se estableció un sistema de vigilancia epidemiológica y surgieron los llamados centros de control en la fuente, en países como Angola, Mozambique y Etiopía, donde cumplían misiones muchos cubanos.

“En los años 80, se chequearon más de 700 mil personas, y fueron detectadas alrededor de siete mil enfermedades exóticas, todas tratadas en el IPK e instituciones de salud de las Fuerzas Armadas. La gente venía directo del aeropuerto para nuestro centro. A los extranjeros que arribaban a Cuba se les examinaba durante tres días. Luego el sistema se descentralizó, pues era imposible mantenerlo por siempre; hoy estamos tratando de restablecerlo para nuestros colaboradores en las diferentes áreas geográficas porque cada día aparecen nuevos padecimientos.”

El dengue no cree en nadie

“Dedico buen tiempo a revisar artículos que se publicarán en revistas de impacto además de asesorar a sus autores.”

El doctor Gustavo y su colectivo enfrentan las distintas infecciones, a abiendas de que la culpa de su azote la tiene el hombre. “Los gérmenes tratan de sobrevivir.

Cuando yo era niño escuchaba que querían matar a los leones y tigres por ser fieras, pero éramos los humanos quienes nos metíamos con ellos. Durante el Período Especial, apenas bajó la economía, los casos de tuberculosis se duplicaron. Cuando esta mejoró, el índice de la enfermedad comenzó a descender. El asunto no era el bacilo.”

La eliminación de la tuberculosis en Cuba es una de las líneas de investigación priorizadas por el IPK, solo precedida por los estudios sobre dengue. Además se han hecho importantes pesquisas en poliomielitis, se continúan los análisis del virus asociado a la neuropatía, del sida, de otras enfermedades bacterianas y parasitarias, y se hacen las evaluaciones de vacunas humanas producidas por centros del Polo Científico como la de la hepatitis B, meningitis, Haemofilus Influenzae B y cólera.

Aunque se considera que en Cuba no hay ningún parásito de alta mortalidad, en el IPK se investiga a nivel de laboratorio la malaria, en busca de productos naturales para su tratamiento, y la leishmania, común en otros países.

“Tenemos en proyecto hacer una encuesta nacional de parasitismo intestinal. Al tomar sus alimentos del ser humano, los parásitos, aunque no provoquen una enfermedad grave, sí pueden afectar el desarrollo físico e intelectual del individuo a largo plazo. Los índices de parasitismo intestinal son aún elevados, aunque afectan con menos intensidad, por lo que han dejado de constituir un problema de salud para la población.

“Hoy en Cuba podemos permitirnos realizar estudios que casi nadie realiza, como el que iniciaremos sobre el citomegalovirus, que si infecta a la madre durante el embarazo, puede producir afectaciones en el feto y discapacidades en el recién nacido. Queremos hacer nuevos aportes a la población cubana y a la humanidad.”

Aunque son variados los temas en los cuales el IPK escudriña, el dengue es el que más repercute. Las investigaciones epidemiológicas al respecto tienen primer lugar mundial. Cuba, Chile y Uruguay, son las únicas naciones de América Latina y el Caribe que no sufren dengue endémico. Después de la epidemia de 1981, vino la del 97, que solo azotó el municipio de Santiago de Cuba. Ante las dimensiones que tomó la ocurrida entre los años 2001 y 2002, fue decisiva la alerta hecha por el instituto a la dirección del Estado.

El dengue se cataloga en clásico y hemorrágico, pero se manifiesta de diferentes formas: hay pacientes que presentan únicamente fiebre indiferenciada, pero al analizar su sangre se comprueba que portan el virus; otros se infestan, pero no tienen síntomas. “Como todas las muestras se comprobaban en nuestro laboratorio de referencia, teníamos la información real de los casos positivos. Cuando en el último brote se creía que había mil, ya existían nueve mil. Hubo necesidad de alertar para evitar que el dengue saliera de la capital. Cumplimos nuestro papel y no hubo transmisión importante en otras provincias.”

A cuatro años de aquel último brote, el director del IPK se queda pensativo ante el equipo de periodistas de BOHEMIA y exterioriza su preocupación ante la necesidad de prevenir mejor el dengue. “Si la comunidad no participa, será imposible evitarlo. Para ello, se requiere un plan de comunicación social más efectivo.” Porque el dengue no cree en nadie.

Que siga la tradición

Como sus abuelos, Gustavo Kourí ha formado una extensa familia. De su primer matrimonio tiene tres hijos (William, Vivian y Gustavo), que le han dado ya cuatro nietos. Del segundo, con la profesora María Guadalupe Guzmán, investigadora del propio IPK, nació Pedrito hace 18 años.

“Cuando era pequeño, siempre estaba metido aquí, haciendo sus trastadas y decía que este era su instituto. Recuerdo que una vez Fidel estaba visitando el centro y él le dice: “Déjame ver tu estrella”. El Comandante se inclina, se la muestra y entonces Pedrito comenta: “Es chiquitica”, y Fidel le responde: “Pero tú no sabes cómo pesa”. Y en aquella foto en que me está condecorando como Héroe del Trabajo, la pregunta de Fidel era: “Cómo anda Pedrito”. Se acordaba de sus ocurrencias.

“Él es muy buen muchacho, estudia Informática. Nosotros no hemos tratado de influir en su elección. Llamarse Pedro Kourí en este mundo de la ciencia es una responsabilidad muy grande.”

El doctor Gustavo Kourí contribuyó a salvar la vida de muchos niños durante la epidemia de dengue hemorrágico de 1981

–Su esposa tiene una labor muy reconocida en los estudios sobre el dengue.

–Guadalupe es una personalidad científica: miembro del grupo de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para dengue. Tiene un rendimiento increíble en cuanto a publicaciones, un reconocimiento a nivel mundial y aquí nadie la conoce fuera del ámbito académico.

“Ese es un problema en nuestro país. Y me duele. Hay espacios diarios para la cultura, para el deporte, pero muy pocos para la ciencia. Nadie sabe quiénes ganaron los premios de la Academia este año. La ciencia cubana ha tenido un desarrollo tremendo, pero hay que crear un mayor ambiente en la población porque si no las generaciones futuras no escogerán este camino. La ciencia requiere dedicación, mucho estudio, y lo que ofrece son satisfacciones morales o algún premio que desde el punto de vista monetario no tiene gran significación.”

Con su esposa María Guadalupe, un binomio a la caza del dengue

–¿Cómo es su vida cotidiana?

-Entro al instituto a las siete y media de la mañana y salgo sobre las cinco o seis de la tarde. A veces me agobio con tantas reuniones, pero hemos creado siete subdirecciones, una estructura que ayuda a descentralizar. Algunos fines de semana debo preparar conferencias. Hace un tiempo tuve que organizar seis exposiciones para dar en México en apenas diez días, un maratón. Me he convertido en un esclavo de la computadora y el correo electrónico. Ya no estoy en el laboratorio, pero reviso los artículos que van a salir publicados, asesoro a los autores. Y leo mucho.

“En la casa trato de descansar, porque ya cumplo 70 años y tengo problemas visuales por una diabetes no controlada. Incluso debo cambiar el carné de identidad porque bajé mucho de peso y no me reconocen.”

–¿Qué literatura prefiere?

–A mí me gusta la temática histórica. También me agrada la música, Bárbara Streisand, por ejemplo, o Silvio Rodríguez, de quien tengo la colección completa. (Señala hacia el lado de la computadora donde se arracima un grupo de CD). Lo que pasa es que no tengo mucho tiempo para eso, ni para ver televisión. Mi vida está dedicada al instituto y a mi familia. Mi hobby es la ciencia.

–¿Usted cree que su padre pudo entrever adónde podía llegar un centro como este?

–Recién encontramos en el museo un documento con una especie de organigrama de un instituto parecido al actual IPK. Pero creo que gracias a una decisión política de Fidel, de apoyo a la investigación, lo logrado en materia de ciencia, de beneficio social, está por encima de los sueños de Pedro Kourí.

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Fuente: Revista Bohemia
http://www.bohemia.cu/2005/12/03/SUMARIOS/cienciatecnologia/kouri.html

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