Instituto de Hematología e Inmunología

20 junio 2016

A propósito del Día Mundial de la Anemia Falciforme

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Eleva Cuba expectativa de vida en pacientes con Sicklemia

2016-06-17 14:33:47 / web@radiorebelde.icrt.cu

Eleva Cuba expectativa de vida en pacientes con Sicklemia

El Programa Nacional de Atención Integral a pacientes con Drepanocitosis, ha contribuido a elevar la expectativa de vida, y con mayor calidad, de los cubanos que padecen esa enfermedad genética conocida comúnmente como Sicklemia.

En declaraciones a la Agencia Cubana de Noticias, próximo a celebrarse el Día Mundial de la Sicklemia, el 19 de junio, el jefe del servicio de Pediatría del Instituto de Hematología e Inmunología, doctor Sergio Machín, afirmó que los pacientes de la Isla tienen la misma esperanza de vida que los de las naciones desarrolladas.

Reconocido como uno de los responsables de dicho Programa, Machín ejemplificó que en los años 60 del siglo pasado se decía que esta enfermedad era de la adolescencia porque no rebasaban los 15 o 20 años, y actualmente pueden llegar a la tercera edad.

Explicó que ahora se insiste como objetivo principal en la prevención, mediante la asesoría genética a las parejas de riesgo, la inclusión inmediata en estas acciones del recién nacido enfermo, y la vigilancia por todas las especialidades médicas.

(Noticiero Nacional de Radio)

10 junio 2016

Porque bella es la vida

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En el año en que el Instituto de Hematología e Inmunología llega a su cincuentenario, y justamente en los días en que se desarrolla la Jornada Nacional del Donante de Sangre, indagamos sobre parte del quehacer de esa institución

Autor: Lauren Céspedes Hernández | lauren@granma.cu

8 de junio de 2016 23:06:33

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La sangre es un componente que se utiliza en la ayuda para muchas enfermedades hematológicas. foto: José M. Correa

Se llama Alain Andrés. Probablemente no sepa bien lo que tiene, o tal vez sí. A los siete años, un niño vivaz, como lo describe su mamá, se percata de muchas cosas, incluso de las que no le di­cen, incluso de las que no entiende.
No hablamos con él, pero le vemos a través de la puerta de cristal que nos separa de su cubículo, en la sala 6to B del Ins­ti­tuto de Hematología e Inmunología. No debemos entrar, por los gérmenes con que lo podríamos contaminar. Ya es difícil preguntar, intrusamente, lo básico, lo obvio.
En su cabeza, redonda y pequeña, ya no hay rastro de pelo, efecto de la quimioterapia. La lucha empezó en el 2010 cuando, ex­plicó su progenitora, debutó con leucemia linfoide aguda.
El primer tratamiento lo recibió en Santa Clara, de donde es la familia. En ese entonces, cuenta Madilexys, su mamá, el niño se recuperó. Hasta un día en que tuvo fiebres altas. Y todo co­menzó otra vez. “En esta ocasión decidimos venir a La Habana, mudarnos para acá”.
Alain no nos mira. Está entretenido con su laptop en la cama y a ratos conversa con el niño de enfrente, también con su laptop en la cama. Parecen adultos, serios, responsables. Estos ni­ños aprenden muy pronto el lenguaje de los médicos, de los pa­dres, y hasta la actitud.
En esta sala, todos mencionan al doctor Machín, así le llaman a quien se convierte en la viva encarnación de la esperanza, de la buena noticia que ellos esperan. Es confianza, o algo mayor que se desborda en las crisis que viven: es la fe hecha persona.
Él lo sabe. Tal vez por eso, su principio, nos dijo, de no mentirles si ellos preguntan lo que tienen aún contra la voluntad protectora de sus padres. Sus palabras son irreductibles, son sabias, este hombre iría contra el mundo por defenderlas, pienso.
“Después que lo saben, son más cooperativos. Mientras piensan que es un catarro no entienden el porqué de tantos pinchazos y se resisten. Aquí todo es doloroso, nada se cura con un­güentos y gotitas”, dijo. La frase también duele, pero está llena de op­timismo, de seguridad, de certeza en que se curan. Y sí lo hacen.
Una de las estrategias de este médico es llevarles las historias de los que -siendo niños o adolescentes- pasaron por ahí y hoy son hombres y mujeres sanos.
El doctor Sergio Machín, quien es el jefe de Servicios de Pe­diatría del Instituto, fundado en 1966, y a partir del cual se comenzó el desarrollo de las especialidades de Inmunología y Hematología en el país, comentó algunas características del centro de referencia nacional y de las afecciones que se tratan.
“Aquí se asisten pacientes de todo el territorio nacional, mayormente de las provincias occidentales, que padecen todo tipo de enfermedades oncológicas malignas y no malignas, desde el punto de vista hematológico”.
“Nuestro servicio consta de dos salas con 22 camas. Una de aislamiento en la que se atienden enfermedades puramente oncopatológicas, y otra en la que además de las de este tipo se tratan no oncológicas, como la enfermedad hereditaria denominada anemia falciforme o drepanocitosis, esa que las personas conocen comúnmente por sicklemia, así como otros padecimientos de la sangre”.
Advierte que la sangre es un componente que se utiliza en muchas de las enfermedades hematológicas, las cuales en al­gún momento necesitan transfusión: la drepanocitosis, en ge­neral, es de las que más la requiere, pero también la talasemia, bastante inusual en Cuba, la leucemia, entre otras.
“La incidencia de esta última en nuestro país no cambia con respecto al resto del mundo. Nosotros estamos diagnosticando como promedio 80 casos en pediatría al año, que son tratados en seis hospitales, los cuales están diseminados por las provincias de Santiago de Cuba, Camagüey, Holguín, Santa Clara, Pi­nar del Río, y La Habana”.
El especialista distingue distintos tipos de esta enfermedad: linfoide aguda, la más frecuente en los niños, leucemia mieloide aguda y la mieloide crónica, ambas de rara aparición en me­nores de edad y muy usuales en adultos.
Sobre el tratamiento de la leucemia linfoide aguda, subraya que se sigue el protocolo de un grupo internacional del que es parte la institución y que tiene sede en Alemania, con resultados favorables que avalan del 70 al 80% de su curación.
Refirió que el tratamiento completo de las leucemias dura aproximadamente dos años y que su costo, a escala internacional, está valorado entre los 45 000 a 50 000 dólares por cada pa­ciente. “Los medicamentos que se importan son muy caros, pues la leucemia mieloide crónica, por ejemplo, requiere un fármaco mensualmente que cuesta alrededor de los 2 000 dólares”, acotó.
Enfatiza también en la drepanocitosis o sicklemia, dolencia que produce una destrucción de los glóbulos rojos más rápida que lo normal y la obstrucción de los vasos sanguíneos. Lo peculiar que el doctor remarca es que por complicaciones asociadas a ella se pueden requerir volúmenes considerables de sangre para la práctica de un tratamiento que se llama exanguíneotransfusión y que las personas comúnmente conocen co­mo cambio de sangre.
El especialista reconoce que sin este componente no sería posible. La sangre que otros donan, dicho de una manera hu­mana más que científica, es la que corre por muchos de los que están ingresados allí.
Y ese acto de regalar de tu propia vida, es la más valiosa filantropía. Esa que todos, sin excepción, agradecen.

9 junio 2016

¿Posee usted la hemoglobina AS?

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Si usted es portador o portadora de la hemoglobina AS, ello no significa en modo alguno que padezca sicklemia, una enfermedad que destruye los glóbulos rojos más rápido que lo aconsejable.

Pero si su futuro cónyuge también la posee, ambos correrían el riesgo de trasmitir a su descendencia la llamada anemia falciforme o drepanocítica.

Por esa razón la curiosidad en un caso como este no es solo pertinente, si no loable, en opinión de la licenciada en Química María Calvo Díaz, del Centro de Genética de Guantánamo.

Ella añade que si la hemoglobina de su pareja fuera AA, el temor sería infundado, puesto que de la combinación de esta con la AS, no se trasmite a la prole la dolencia.

La hemoglobina, precisa la entrevistada, es una sustancia proteica combinada con hierro, contenida en los glóbulos rojos y es la que trasmite la coloración a la sangre.

Una de sus funciones principales constituye la de tomar el oxígeno del aire de los pulmones y transportarlo hacia los tejidos, y en sentido inverso conduce el dióxido de carbono, una sustancia de desecho celular.

“Cuando una persona tiene el nivel de esa sustancia por debajo de la cantidad normal para su edad y sexo, padece de anemia”, sentencia la especialista.

Aunque existen muchas variantes de ese tipo de células en la sangre, la más común después de los seis meses de edad, es la A, pero hay unas 250 denominadas por su estructura molecular “variantes de hemoglobina” o “hemoglobinas anormales”.

Entre ellas sobresalen la S y C, las cuales por la frecuencia con que se detectan en Guantánamo, conceden a esta provincia el poco envidiable privilegio del más alto porcentaje de sicklémicos en el país: más del siete por ciento de su población total resulta portadora de las hemoglobinas S y C.

Hace décadas los diagnósticos prenatales se efectuaban en coordinación con el hospital materno infantil Ramón González Coro, de La Habana, pero actualmente al igual que el resto de los territorios, la más oriental del archipiélago dispone de la técnica que le permite prescindir de esa ayuda.

Por ejemplo, el equipo Hidrasys para electroforesis, realiza anualmente miles de determinaciones utilísimas para detectar en niños, desde los tres meses de nacidos, esa patología que, además de anemia, origina dolor en las articulaciones y los huesos, y lesiones en algunos órganos.06-07-hb

3 junio 2016

Revitalizar los ojos secos

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licUn nuevo colirio para el tratamiento del síndrome de los ojos secos se produce en Cuba como parte de un estudio desarrollado desde hace tres años, de forma conjunta, por el Instituto de Hematología e Inmunología, uno de los centros rectores de Medicina Regenerativa (MR) en el país, y los servicios de oftalmología del hospital Enrique Cabrera, en el habanero municipio Boyeros.

“El uso del colirio de lisado plaquetario en el síndrome de ojo seco, ha resultado confiable y efectivo para aquellos pacientes que eran refractarios a los tratamientos convencionales y, además, habían presentado reacciones alérgicas a las lágrimas artificiales. En los últimos años se aprecia un notable crecimiento en el empleo local del plasma rico en plaquetas a nivel mundial, debido a la capacidad de las mismas para regenerar y curar los tejidos dañados”, explicó la licenciada Ana Iris González Iglesia, jefa técnica del Departamento de Medicina Transfusional y encargada de la obtención y procesamiento de las plaquetas en este centro hospitalario.

La alternativa que hemos empleado -precisó- consiste en preparar el colirio a partir de la propia sangre del paciente bajo estrictas condiciones de esterilidad, sin adición de ningún preservante. A los pacientes se les extrae entre 40 y 50 ml de sangre venosa, recogida en tubos estériles que contiene una solución de anticoagulante. De forma inmediata se realiza una centrifugación y posteriormente se procede a la extracción del plasma rico en plaquetas y se envasa en frascos de colirio en un volumen aproximado de 5 ml.

Según la especialista, se realiza la crioconservación de las muestras a -40˚C, con el fin de romper o lisar las células y liberar todos los factores de crecimiento que tienen las plaquetas en su interior. Estos factores son responsables de regenerar y curar el tejido dañado del paciente.

El uso de este medicamento debe tener en cuenta las instrucciones del oftalmólogo, así como las orientaciones para su conservación en el hogar.

Comentó la especialista que, hasta el momento, el colirio de lisado plaquetario ha sido muy bien tolerado por todos los pacientes y no se han producido efectos adversos por su uso. Es un proceder sencillo y se puede hacer en cualquier lugar que tenga un mínimo de recursos, no existiendo probabilidad de transmisión de alguna patología por la sangre ya que es totalmente autólogo, o sea con la propia sangre del paciente.

Los resultados – destacó la licenciada- desde nuestro punto de vista se constatan a través del criterio de los propios beneficiados. “El mejor criterio es que ellos están muy contentos y refieren mejorías. Sin embargo, después del tratamiento un oftalmólogo realiza el seguimiento a los pacientes”.

Terapia con células madre llega a catorce provincias

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 Foto de Freddy Pérez Cabrera

Un total de 1 612 nuevos pacientes cubanos fueron tratados con células madre durante el 2015, cifra que sitúa a nuestro país dentro del reducido grupo de naciones del mundo que han comunicado una tasa de más de cien casos atendidos mediante la también llamada terapia celular por diez millones de habitantes.

Así lo informó el doctor en Ciencias Porfirio Hernández Ramírez, coordinador del Grupo de Medicina Regenerativa y Terapia Celular del Ministerio de Salud Pública, durante una conferencia magistral impartida en la recién efectuada Convención Ibero-Latinoame­ri­cana de Ciencias Básicas Biomédicas 2016, que reunió en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) a profesores, investigadores y estudiantes de Estados Unidos, España y Cuba.

En su disertación el profesor Hernández Ra­mírez indicó que la terapia celular ha sido introducida ya en 14 provincias, mientras, su­man 9 124 los casos a los cuales se les aplicó el promisorio método en la Mayor de las An­tillas, desde febrero del 2004 hasta el cierre del pasado año, fundamentalmente en las especialidades de angiología, ortopedia y traumatología.

Igualmente el doctor en Ciencias José Ar­mando Galván Cabrera, especialista de se­gundo grado en Bioquímica Clínica del Ins­ti­tuto de Hematología e Inmunología, resaltó que, si bien la terapia con células madre adultas ofrece un futuro esperanzador en la solución de complejas enfermedades, habrá que determinar, sin exceso de optimismo ni pesimismo, la verdadera dimensión de su utilidad.

También sesionó una mesa redonda titulada Medicina Regenerativa aplicada al Deporte, donde reconocidos investigadores del Instituto de Medicina Deportiva expusieron la experiencia cubana en esa línea de trabajo.

La cita estuvo organizada por la Sociedad Cubana de Ciencias Morfológicas y la ELAM, con el auspicio del proyecto Sviluppo de la CGIL-Roma, Lazio de Italia; el Instituto de Cien­cias Básicas y Preclínicas Victoria de Girón, el Consejo Nacional de Sociedades Científicas de Salud del Ministerio de Salud Pública, y la firma ALIAM Blanc-Labo SA, de Suiza.

20 mayo 2016

La Enciclopedia de Cuba

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DSCN0342En la presentación de la Enciclopedia de Cuba, de la que la Prof. DraC. Consuelo Macías Abraham es autora, durante el acto efectuado en la Sociedad Económica de Amigos del País.

11 mayo 2016

Consejo Científico de la Universidad de La Habana

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Alma-Mater-Universidad-de-La-Habana_3La sesión ordinaria del Consejo Científico de la Universidad de La Habana del pasado 20 de abril se dedicó al Panel: “La ciencia en Cuba y los Estados Unidos. Retos y perspectivas”, conducido por su Presidente, el Doctor Luis A. Montero Cabrera, quien también preside la Sociedad Cubana de Química.
Luis A. Montero: Tenemos una sesión de lujo del Consejo Científico de la Universidad de La Habana. Los Consejos Científicos se reúne los terceros miércoles de cada mes y el tema hoy es “La ciencia en Cuba y los Estados Unidos. Retos y perspectivas”.
Rafael Hernández, de la revista Temas; Raúl Rodríguez, del Centro de Estudios Hemisféricos y de los Estados Unidos; Agustín Lage Dávila, dirige el Centro de Inmunología Molecular, uno de los centros del complejo BioCubaFarma; el doctor Eduardo Torres-Cuevas, hoy dirige la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz conjuntamente con la Biblioteca Nacional José Martí; y Pedro Urra González, politólogo, sociólogo y comunicador, fundador de Infomed y profesor de la Universidad de La Habana.

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Rafael Hernández: La cultura estadounidense que está en nosotros
Rafael Hernández: Vivimos el momento más complejo del último medio siglo en nuestro país, de complejidad de las relaciones de la sociedad cubana, en primer lugar, consigo misma, con el Estado y con la política, con el mundo que nos rodea y con las ideas establecidas.
Hay una diferencia de momentos anteriores, en que podíamos estar en una situación muy tensa y difícil a nivel nacional, pero las cosas estaban muy claras y nítidas. Ahora no lo están. Nada es blanco y negro, nada se resuelve con el “estoy en contra”, “estoy a favor”. Casi todo lo importante está entre el “en contra” y “a favor”. Ni siquiera podemos decir que estamos dentro y afuera. El dentro y fuera dejaron de existir como espacios separados, incomunicados, distintos. No es posible discutir hacia adentro algo que no se discute hacia afuera, y al revés.
En esta nueva circunstancia, hay al menos tres dimensiones donde se expresa el cambio:
Uno. Es lo que estamos nosotros experimentando en los últimos años, el cambio en Cuba, la transformación, y no me refiero sólo a las políticas, me refiero a los cambios en la sociedad cubana, a la manera de pensar, a la cultura política del país, a la naturaleza del consenso en ese nuevo contexto.
Dos. El cambio en las relaciones globales, en el contexto internacional en el cual vivimos, lo que está pasando alrededor nuestro y la importancia de lo que está pasando en esas relaciones exteriores nuestras, que hoy son más dinámicas que nunca antes.
Tres. El cambio en la matriz misma de las relaciones con los Estados Unidos, en nuestra capacidad para pensarla con otro paradigma diferente, porque el mismo enfoque no nos va a servir para entender la dinámica compleja del momento actual.
Sobre las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos se habla mucho de que esto es una cuestión geopolítica, ¿qué quiere decir? Por lo menos hay tres derivaciones: a), que la ecuación de los intereses nacionales se hace más compleja, hay una diversidad de intereses de ambos lados, no hay uno solo; b), somos mucho más que dos, como decía la canción; hay actores regionales, hay actores internacionales… En cada uno de los dos lados hay múltiples actores; no es un canal mono, es un canal estéreo; y finalmente, el cambio en el contenido de la matriz de la relación es tan dramático como para poder decir que hoy cooperamos más que nunca.
De las cuatro dimensiones que identifico en la relación entre Cuba y los Estados Unidos históricamente, hay tres en donde no estamos peleando, sino cooperando: una, sorprendentemente, en la estratégico-militar. Los aparatos de seguridad y las fuerzas armadas de los dos lados no están enfrentados, cooperan; la diplomacia coopera más que nunca; y tres, las relaciones económicas, con todo y que el bloqueo sigue, los intereses económicos de ambos lados tienden a la cooperación. Las agencias económicas de ambos lados se sientan a hablar, y eso involucra a las instituciones culturales.
El ámbito donde seguimos enfrentados es el de la polaridad ideológica, pero el enfrentamiento se ha hecho infinitamente más complicado. La polaridad ideológica no es lo que era. Ahora es mucho más difícil de colocarse frente a ella, de insertarse eficazmente dentro de ella. Ellos no están del lado de allá; ellos vienen aquí, se paran aquí en un teatro, hablan aquí, y nosotros lo transmitimos por la televisión, y las cosas que dicen impactan de manera diversa y matizada en los distintos sectores de la sociedad cubana, y eso no es posible reducirlo a blanco y negro.
El impacto de la visita de Obama creo que no lo hemos analizado en toda su dimensión. Lamentablemente, lo que ha salido por los medios de comunicación, es bastante maniqueo, representativo de una vieja mentalidad; una nueva mentalidad no desconoce las diferencias, se acerca a ella de otra manera.
Se insiste en que estamos pasando de un enfrentamiento de un tipo a una guerra cultural. Esa guerra cultural ha existido siempre: es la cuestión de la hegemonía y la contrahegemonía, que tienen una dimensión cultural, pensada por los clásicos del marxismo como algo diferente de la dominación. La hegemonía construye consenso, una dimensión en que la cultura tiene un papel fundamental, es su eje central.
Este forcejeo hegemónico y contrahegemónico se está produciendo entre los Estados Unidos y el país de América Latina que muy probablemente tiene mayor cantidad de ingredientes de la cultura norteamericana en su propia condición cultural. Como yo no soy una autoridad en la materia, voy a citar a Fernando Ortiz:
“La vecindad de esta poderosa cultura (la de Estados Unidos) es uno de los más activos factores de la cultura nuestra. No nos ciegue el resquemor que en nosotros ha sido latente por sus invariables egoísmos, por sus frecuentes torpezas, a veces por sus maldades, y a menudo por sus desprecios. No es un problema de gratitud sino de objetividad.”
Lo expresó Fernando Ortiz, en 1949, en el teatro del edificio Varona, de la Universidad de La Habana, aquí mismo.
Esa cultura está presente en nosotros, en nuestra música bailable, en nuestra danza, en nuestra arquitectura, en nuestra plástica, pero también está presente en la cultura popular: en el béisbol, en las religiones protestantes, en nuestro concepto del espectáculo, en nuestra cultura de los medios de comunicación —la que heredamos—, el periodismo, la televisión, en nuestro gusto por el cine, y muchas cosas más. Nuestro sentido de la modernidad, el sentido del confort doméstico, nada de eso es ni africano, ni asiático, ni de las culturas autóctonas; todo eso tiene que ver con la modernidad que llegó a este país de los viajeros que iban a los Estados Unidos, y de las viajeras también, que escribieron sobre ese tema.
¿Esa cultura norteamericana que está en nosotros es una debilidad? Déjenme decirlo en términos de inmunología molecular, ya que Agustín (Lage) está aquí, ¿eso no será un antígeno, no es un anticuerpo? Es un anticuerpo, está dentro de nosotros, no podemos sacarnos los anticuerpos, según tengo entendido. En lugar de pretender el condón ideológico y menos en este país, ¿no sería conveniente que lo reconociéramos? Reconozcamos que tenemos los anticuerpos, porque si no lo reconocemos es como si estuviéramos medio avergonzados de tenerlos. Esos anticuerpos son nuestra fortaleza, están en nosotros, son los que nos pueden defender, es el sistema inmune que nos ayuda a defendernos de las agresiones de otros gérmenes.
Del total de los intercambios habidos entre Cuba y los Estados Unidos en los últimos cuatro años el 41 por ciento son acuerdos del Ministerio de Cultura. Estos intercambios crecieron en el 2015 en un 28 por ciento -casi la tercera parte- en relación con el año anterior. En ese terreno no solamente se está produciendo un avance, sino que nosotros estamos respondiendo, existe un diálogo, existe un diálogo en curso en el terreno de la cultura.
Agustín Lage: Las sociedades de Cuba y EEUU son genéticamente diferentes
Agustín Lage: Los científicos de las ciencias naturales somos reduccionistas y simplificadores, para eso se nos entrena. Admiro a los compañeros que trabajan las Ciencias Sociales, porque los problemas que ellos manejan son mucho más complicados que los que manejamos nosotros, y aquí recuerdo a Einstein, quien dijo que el objetivo de toda la ciencia es explicar la mayor cantidad posible de hechos con la menor cantidad posible de teorías e hipótesis. Esa es la filosofía reduccionista, y bueno, uno se ha educado en eso y piensa de esa manera.
Pido excusas porque voy a tratar de exponer dónde yo entiendo que está esa menor cantidad de hipótesis que explica la mayor cantidad de hechos. Es decir, dónde está la médula del problema, y por supuesto, voy a dejar afuera millones de aristas importantes y terminar con alguna reflexión sobre el papel de la Universidad.
Nosotros tenemos con los Estados Unidos de Norteamérica un diferendo histórico de 250 años. No empezó con la Revolución cubana, ni con Batista. Empezó a finales del siglo XVIII, unos años después de la Guerra de Independencia de las trece colonias. Tal diferendo histórico no es solamente una cuestión de soberanía nacional. Cuando se habla del diferendo histórico se suele hacer alusión a las veces que los americanos trataron de comprar Cuba y a su papel de neutralidad cómplice en la Guerra de Independencia, a sus esfuerzos por diferir la independencia de Cuba para que madurara. Es decir, a todos estos hechos que tienen que ver con la independencia del país, pero esa es solo una parte del problema.
Lo profundo del diferendo histórico es que hay una diferente concepción de la sociedad, de cómo se organiza la sociedad humana. No se puede olvidar que cuando los Estados Unidos de Norteamérica se independizaron, dejaron en pie la esclavitud, y la esclavitud duró casi cien años más después de la independencia y se acompañó de un programa expansionista.
La independencia de Cuba fue totalmente diferente. La abolición de la esclavitud se produjo el día primero, el día uno del Grito de Yara, fue su primer acto. Ambas sociedades tienen nacimientos diferentes, y por supuesto, la nuestra no nació con un programa expansionista. Si apelamos a las metáforas biológicas con las que Rafael empezó, hay una diferencia genética. Es decir, hay malformaciones congénitas aquí.
Y ese diferendo histórico lo describió Martí. Y como es lógico se extendió a la polémica ideológica entre el capitalismo y el socialismo. Pero el diferendo histórico tiene las raíces mucho antes, y eso tenemos que explicarlo y no con consignas. Esa diferencia de modelo de sociedad humana hay que hacérselo entender a las futuras generaciones. Deben comprender por qué ellos no pueden librarse de la Historia aunque quieran, y por qué el comportamiento, los ciclos históricos, son mucho más largos que una vida humana, y por qué el comportamiento nuestro, el de todos los días, está marcado por cosas que sucedieron hace doscientos años en el mundo, y nadie puede escapar de eso. Si no podemos escapar de eso, lo mejor que hacemos es entenderlo. Esa es la razón por la cual ese diferendo histórico va a continuar y se va a proyectar doscientos años más, quizás. Los jóvenes de hoy tienen que entender que ellos van a vivir ese diferendo, que no es solamente un problema vinculado a nuestra independencia como nación, es también una concepción diferente de la sociedad humana.
Si nosotros intentáramos disecar todo lo que dijo Obama en sus tres o cuatro intervenciones -la del foro de empresarios, la del Gran Teatro, la conferencia de prensa-, se pueden resumir en dos mensajes -acuérdense que confesé el defecto de la simplificación-. Mensaje uno: “olvidémonos de la Historia”. Mensaje dos: “démosle poder al sector privado”. Esos son los dos mensajes de Obama: todo lo demás es la Bestia, Pánfilo, todas esas cosas accesorias. Pero los dos mensajes centrales son esos y tiene una intencionalidad, por supuesto.
Quiere decir que nosotros nos vamos a enfrentar a esta nueva época de relación con los americanos sobre la base de una polémica que es esencialmente económica. El “olvidémonos de la Historia” es para que nos olvidemos del proceso que colocó la economía cubana como apéndice de la de los Estados Unidos, y ese proceso empezó a finales del siglo XVIII.
Hay datos de cómo ya en 1800 el comercio que se hacía con la Cuba colonizada era más grande hacia los Estados Unidos que hacia España. Es decir, muchos años antes de la Independencia empezó un proceso de colocar a la economía cubana como apéndice de la economía americana, que nos metió en el monocultivo del azúcar, que paró la industrialización; se inhibió por un esquema en el cual nosotros producimos azúcar o tabaco, lo enviábamos, y allá se industrializaba y luego lo importamos. Ese es el esquema que se montó. Lo interesante y lo peligroso es que ese esquema se puede volver a montar otra vez, ¿no? Se puede hacer sobre la base de la ciencia. Para eso sirve la historia, para que uno vea que las cosas ya sucedieron en Cuba.
Hay un análisis de cómo se montó la cooperación científica entre los Estados Unidos y Europa en el momento del Plan Marshall, y cómo se estructuró un modelo de cooperación que dejaba a la ciencia europea ocupada fundamentalmente de la ciencia básica. La ciencia conectada a la ingeniería, y por tanto a la producción, quedaba en manos de los Estados Unidos. Fue un diseño. Es una historia muy interesante que se ha estudiado poco y un esquema de cooperación que se está montando de nuevo, y que tiene cuatro pilares.
El primero es la colaboración fundamentalmente con el sector no estatal; el segundo pilar es una economía fundamentalmente de productos primarios y servicios al turismo; el tercero es una dependencia de la manufactura norteamericana; y el cuarto es un espacio grande de colaboración en ciencias sociales, medioambiente, ciencia básica, es decir, en todo aquello que crea conocimiento, pero no conecta al conocimiento con la producción. No podemos reaccionar impidiendo esa colaboración o construyendo la Muralla China. La tesis de la Muralla China en el mundo actual no la pueden aplicar ni los chinos, a pesar de ser un país de mil millones de habitantes.
Entonces lo que deberíamos evitar es que nos impongan una colaboración científica desconectada de la economía o que se conecte con la economía de forma independiente en sectores de bajo valor añadido.
Pienso que la Universidad tiene un rol trascendental y debe empeñarse en esa tarea, haciendo tres cosas: estudiando el diferendo histórico para entenderlo bien en sus orígenes; desplegando la conexión entre la ciencia y la economía en la industria cubana; y tercero, promoviendo formas de colaboración que abarquen simultáneamente la ciencia y la producción, no cada una por separado. Si la Universidad ayuda a hacer eso, estaría haciendo tremenda contribución para ganar esta batalla y creo que podemos hacerlo desde una posición de confianza en el triunfo.
Un poco en broma decía la primera vez que alguien me pidió que diera opiniones sobre el 17 de diciembre de 2014 y el diferendo Cuba-EEUU, dije: “Bueno, esto es igual que el doble juego de pelota en el Latino el domingo. Nosotros ganamos el primer juego. Pero ahora hay que jugar el segundo”. Es un desafío.
A diferencia de lo que hizo Rafael, que declaró al principio a quién iba a citar, quiero leer esta frase, sin decir desde el principio de quién es:
“La parte menos importante de nuestra tarea es que hagamos inofensivos a los explotadores y los despojemos; eso hay que hacerlo. Pero la segunda parte del triunfo es saber realizar lo que hay que hacer en la cuestión económica. Los comunistas hemos obtenido del pueblo una prórroga gracias a nuestra política justa, pero en esa prórroga que nos da el pueblo no están indicados los plazos. O salimos vencedores de esta prueba de emulación con el capital privado, o esto puede ser un fracaso completo.”
Se trata de un fragmento de un informe de Lenin al Congreso del Partido Comunista Bolchevique, en 1922. Demuestra que la batalla económica de los comunistas no es un fenómeno cubano, es una tarea que siempre ha estado en el horizonte de nuestros procesos. Carlos Marx no predijo el final del capitalismo porque fuera injusto, sino porque iba a ser ineficiente. Todos estudiamos el concepto de que las relaciones de producción traban el desarrollo de las fuerzas productivas. Nosotros tenemos que demostrar que la propiedad social es más eficiente que la propiedad privada. Posiblemente una pizzería del sector privado sea más eficiente que otra en el sector estatal, pero una fábrica de circuitos integrados es más eficiente en el sector estatal que en el sector privado.
La batalla del papel central de la empresa estatal socialista en la economía cubana, y la batalla de la conexión de la ciencia con la producción, son la misma batalla.
Raúl Rodríguez: El juego de ajedrez en la nueva etapa
Raúl Rodríguez: ¿Han tenido Cuba y Estados Unidos alguna vez una relación normal? No, pero como decía alguna vez Rafael Hernández, llegó la hora de dejar el ring de boxeo y tomar el tablero de ajedrez.
La administración han hablado de un cambio de táctica, y en este cambio de tácticas hay oportunidades que no debemos dejar pasar. El hecho de que la Unión Europea decida renegociar con Cuba; que en este país se hayan recibido en los últimos dieciséis meses más visitas de alto nivel que en cualquier otro período de la historia que uno pueda recordar, también tiene que ver con esto. Es importante tener en cuenta las oportunidades que se abren en esta coyuntura.
Un ejemplo claro es el aumento de los visitantes de Estados Unidos, que ha provocado muchas reacciones al interior de la sociedad estadounidense en cuanto a la percepción que ellos tienen sobre Cuba. Las encuestas indican que hay una apreciación favorable sobre Cuba en el público estadounidense en este momento. El tema Cuba ha llegado incluso a la cultura popular estadounidense, que influyen en cómo se percibe la Isla.
Hemos oído al Presidente de Estados Unidos admitir que Cuba tiene una forma diferente de organizar la política, la economía y la sociedad. Eso nunca se había escuchado en la historia de las relaciones de los países, que por primera vez no está basada en condicionamientos. Hay una idea de la normalización que puede ser beneficiosa para ambos países. Tampoco tiene precedentes que una pequeña isla, con la posición de principios que ha sostenido invariablemente, logre que el centro del imperialismo mundial cambie su política y le reconozca a esa isla lo que ha avanzado. Eso es algo también significativo.
Quedan pendientes temas importantes. Hay avances significativos en lo político-diplomático, en lo económico-comercial -a pesar de que el bloqueo es ley por la Helms-Burton, todo eso lo conocemos-, pero hay espacios importantes para el desarrollo de relaciones económicas. Por ejemplo, hay un convenio entre un instituto de Nueva York y Cuba para el desarrollo de la vacuna contra el cáncer de pulmón, que de concretarse –aborda la producción, investigación y distribución-, puede ser un modelo para las relaciones económicas entre Cuba y Estados Unidos.
Otro caso es el de la cadena StarwoodHotels& Resorts Worldwide que ha firmado un convenio para manejar tres hoteles en Cuba. Es interesante que tiene una reclamación a la Isla certificada por el Ministerio de Justicia de Estados Unidos en 1974, por un monto de 51 millones de dólares. Decidieron dejar eso a un lado y entrar a negociar con la Isla. Y otro acuerdo económico importante es con General Electric, una gran corporación especializada en tecnología médica, aviación, e incluso generación de energía.
Todos estos son acuerdos que se han estado negociando sobre la base de licencias. Hay zonas más fáciles para la cooperación y otras no tanto. En Guantánamo, los militares cubanos y los estadounidenses se reúnen cada seis meses; ahora, de ahí a que se restituya la base naval de Guantánamo, que es una aspiración legítima de nuestro pueblo, ya es un problema mayor.
Otras cuestiones importantes que habrá que resolver en el futuro: la Ley de Ajuste Cubano, el programa de parole a los médicos cubanos, el tema de la subversión -todavía se mantiene el dinero de la USAID para supuesta ayuda a la sociedad civil cubana-, el sostenimiento a Radio y TV Martí…
¿Es irreversible este proceso?, ¿desde qué punto de vista? Desde el punto de vista si se quiere técnico, el proceso es irreversible. Pero desde el punto de vista político, podría volver atrás. No por culpa de Cuba -nuestro gobierno se ha manifestado en muchísimas ocasiones a favor de la continuidad de este proceso-. Sin embargo, todo lo que ha hecho el presidente Obama está basado en órdenes ejecutivas; ahora, la cuestión es, ¿será políticamente irreversible, económicamente irreversible y hasta socioculturalmente irreversible?, esa es una pregunta interesante en el futuro.
Otro aspecto importante es cuáles son las cuestiones que obran a favor de la irreversibilidad. Se ha establecido durante estos catorce meses un diálogo profesional, un diálogo que trata de tener resultados y que construye confianza, y eso en la medida que siga ese camino, que parece ser que va a seguir, eso es importante.
Y lo otro, por supuesto, es el resultado de las próximas elecciones en Estados Unidos, donde Trump e Hilary son los más encaminados a tener la nominación. La irreversibilidad pasa también por el aumento de los intercambios económicos, académicos y culturales. En época de Bush los intercambios académicos y culturales se redujeron al mínimo, pero aún así se mantuvieron como una cuestión muy importante que contribuía a mantener el rigor, el respeto mutuo y la construcción de confianza.
Quizás haya pocas comunidades académicas en el mundo que conozcan tanto de Estados Unidos como la cubana, y podemos ayudar a conocer lo que está sucediendo y prepararnos para jugar ajedrez, ¿por qué no?
Eduardo Torres-Cuevas: Los caminos de la historia entre Cuba y EEUU
Eduardo Torres-Cuevas: Quisiera fijar una idea que me parece que es esencial, y es el marco conceptual y teórico en que se mueven las sociedades contemporáneas. No estamos en la modernidad. Estamos en la postmodernidad, donde uno de cuyos principios esenciales es: se acabó la historia, el fin de la historia, el fin de la ilustración, el fin de la razón. Por tanto, lo que estamos viendo tanto en el debate político en unas elecciones como las Estados Unidos o en la televisión, no es la transmisión de una cultura sino la transmisión de un espectáculo, que es mucho más atractivo que un discurso político.
La postmodernidad tiene sus lenguajes, tiene sus políticas y tiene su modo de ver en qué aspecto y en qué lugar está la ciencia, está la cultura a la antigua, y cuando digo la cultura a la antigua estoy hablando de lo que nosotros entendemos por cultura, y está el espectáculo que en gran medida sustituye, para una masa a la que se subestima, esa cultura difícil de entender. Eso explica lo de Pánfilo y el “¿Qué volá?”, utilizado por el Presidente Obama.
Es decir, no hay nada ingenuo. Ha cambiado el escenario, pero Obama es un hombre del nuevo escenario, y por tanto, lo que está diciendo y lo que está haciendo es acorde con los parámetros de las sociedades contemporáneas. Ese es el primer asunto. Ahora, necesita también un lenguaje más estructurado, una cosa es para esa masa que se subestima y otra cosa es para la inteligencia, que hay que captarla con otros mecanismos.
Ellos van a eludir siempre el terreno en el cual nosotros somos fuertes, y van a ser fuertes en los terrenos en los cuales nosotros somos más débiles. En el terreno del espectáculo, son más fuertes. Hay una obra de alguien que fue históricamente, y sigue siendo, un enemigo de la Revolución cubana, Mario Vargas Llosa, pero tiene un excelente libro que se titula La sociedad del espectáculo, y lo recomiendo, porque hace un análisis de la sociedad contemporánea extraordinario.
Otra propuesta es eliminar la historia, olvidar la historia. Tendremos que recordar también que nuestra historia y la de Estados Unidos nunca tuvieron una relación normal, ni tendrán una relación normal. Los Estados Unidos nos tienen a noventa millas, y nosotros los tenemos a noventa millas. Y la historia de los dos países está interrelacionada en lo bueno, en lo malo, en lo regular o en lo que se quiera, porque es una historia que nace con los dos países, con las dos naciones en el siglo XVIII, con el enfrentamiento a las grandes potencias, entre las cuales está Cuba metida dentro del imperio español, y está Estados Unidos dentro del imperio británico.
¿Cuántos cubanos conocen el papel de Cuba en la Independencia de los Estados Unidos?, ¿cuántos cubanos saben que fue decisivo el papel de Cuba en la independencia de los Estados Unidos, que el representante de España en el Congreso americano era un habanero, Juan de Miralles, y fue él quien negoció la ayuda a los estadounidenses? Cuando España y Francia dijeron que no podían enviar dinero al ejército de Washington, el financiamiento salió de La Habana, donde estaban, por cierto, un Francisco de Miranda y un Saint Simons. Es decir, La Habana era un centro político, económico, cultural.
Me parece que fundamental el ángulo “pueblo a pueblo”, que están explotando hoy. La música cubana no se concibe sin los componentes que le dio la música norteamericana; la jazz-band de Benny Moré era una jazz-band. Y los ritmos que se popularizaron, es porque en Nueva York había casa editoriales, como la RCA Victor, que vendía la música cubana en el mundo entero, pero al mismo tiempo nos vendían la de ellos, y entonces surgió el rock and roll, y aquí inventaron una cosa que se llamaba el Rockin’ Cha, y era una mezcla de las dos cosas. Y Los Platers, y Los Zafiros. Esa relación fue beneficiosa. Sin perder nuestra cultura se asimilaban elementos que enriquecían esa cultura.
Volví a leer el libro de Obama por estos días. El que él escribió en 2007 cuando se estaba presentando para la campaña presidencial. Se titula La audacia de la esperanza, pero tiene un subtítulo que habla más que el título: Reflexiones sobre como restaurar el sueño americano. ¿Qué ha cambiado? La forma del discurso, pero el contenido del discurso sigue siendo el sueño americano, edulcorado. ¿Por qué el presidente de los Estados Unidos ha dicho que va a llevar a cabo el sueño americano?, ¿cuál?, ¿cuál discurso presidencial en Estados Unidos no ha tenido en cuenta el sueño americano?
Lo interesante de Obama es que se presenta de otra forma, es otro estilo, cree en lo que dice. Pero dice cosas tan interesantes y lo cito:
“La política es hoy un negocio y no una vocación. Nuestra seguridad, a largo plazo, depende no sólo de que utilicemos nuestro poder militar de forma acertada, sino también de que aumentemos la cooperación con otras naciones.”
¿Es esto nuevo? ¿Es la teoría de la zanahoria y las cañoneras? ¿Remite o no a ese gran innovador de la política norteamericana que fue Franklin Delano Roosevelt? Volvemos a la necesidad de conocer nuestra historia más a fondo. Roosevelt quitó la Enmienda Platt, a partir de 1937 fue derogada. La República del ‘40 ya no tiene la Enmienda Platt, no tiene un apéndice a la Constitución cubana; pero tiene algo mucho más sutil, que es la forma en que se interrelacionaron el capital cubano y el capital norteamericano gracias al Tratado de Reciprocidad. A partir del crack del ‘29 lograron el dominio sobre las principales empresas cubanas. Por ejemplo, existían dos fábricas muy famosas de jabones y perfumes, Sabatés y Crusellas que fueron compradas por la Procter & Gamble y por la Colgate-Palmolive.
Volviendo a Obama. En el libro hay toda una parte relacionada con la política exterior donde él hace una crítica profunda a la política de Bush, sobre todo a su intervención en la guerra de Iraq, que fue uno de sus estandartes. Nueve años después Obama reconoce que uno de sus mayores errores fue Libia, ¿y cuál es la diferencia entre Bush y Obama a la hora de intervenir donde necesitaban poner los cañones? Y no obstante, tropieza incluso dos veces con la misma piedra: interviene luego en Siria.
Y hay otro asunto que trasciende a Cuba en la estrategia estadounidense: la necesidad de una estabilidad latinoamericana, además de recuperar los poderes que la derecha ha perdido en algunos países. Por eso el eje La Habana-Buenos Aires no fue casual. Una de las cosas que probablemente tiene muy claro este grupo de poder es que Cuba sí es una fuerza política decisiva en América Latina y que la izquierda latinoamericana siempre tendrá en la Revolución cubana un referente.
Pedro Urra: Una batalla cubana por la construcción de sentido
Pedro Urra: Lo que hace a Cuba particular es la existencia de una construcción histórica, nacional, de un proyecto de nación que desde la guerra de independencia reclama no solamente la soberanía política, formal, sino que incluye la opción de una República con todos y para el bien de todos. ¿Cómo puede convivir esa noción con el predominio de los intereses del capital? Ese es un elemento central para entender ese contexto y esas relaciones. El eje articulador es en qué medida nuestro proyecto es compatible, es viable, es posible de construir en ese marco de relaciones donde, efectivamente, estamos construyendo la relación con un país que es una potencia hegemónica imperialista, que tiene en estos momentos capacidad de articular una nueva política totalmente replanteada, y comunicacionalmente, además, excelente. Es un contexto de relaciones más complejo que le facilita de alguna manera tratar de reconstruir esa relación. Por eso la pregunta fundamental hoy es en qué medida Cuba acepta en esa relación la defensa de su proyecto, sin renunciar a la incorporación de la emancipación social de todos sus individuos y de la lucha por una sociedad de equidad, de justicia social, y no de exclusiones y de concentración de la riqueza, etcétera.
La otra pregunta que le sigue es en qué medida los Estados Unidos estarían en condiciones de aceptar una Cuba de este tipo. Es decir, una Cuba con un proyecto social de inclusión, de equidad, no una Cuba neoliberal, una Cuba sin límites en cuanto a la justicia social, la incorporación de su población a sus beneficios sociales, a una salud pública que justifique el tipo de proyecto de ciencias que tenemos. Porque tenemos una salud pública que se ha construido sobre la base del desarrollo de soluciones -estamos hablando de vacunas, de otros proyectos masivos, para la población; incluso una de sus diferencias y una de sus capacidades está asociada a ese ciclo integrado de desarrollo de medicamentos y productos para una sociedad que incorpora a toda la población. ¿En qué medida somos capaces de mantener ese proyecto como condición para el desarrollo de esas relaciones?
Obviamente estamos hablando de economía política, que no es tratar de reducir los problemas a la economía como ha ocurrido entre nosotros. Ese es el desafío.
¿Espacios?, claro que hay, y los espacios están asociados a la capacidad que tenga Cuba como proyecto de nación de, por un lado defender y mantener su proyecto de inclusión social, o compartir un proyecto que acepta la construcción de inversiones que vayan contra el medioambiente, que destruyan la naturaleza, y que comprometen a largo plazo la sostenibilidad de una nación y del planeta en su conjunto.
Cuando oigo hablar, por ejemplo, de los campos de golf, me imagino que las condiciones ambientales sean temas que se valoren, porque tiene que ver con el tipo de proyecto social que se desarrolla en Cuba, y también, con cierta zona del empresariado estadounidense. Es la idea de Tolstoi de la complejidad de la vida y de la existencia de numerosas dimensiones. Aunque los intereses del capital dominan estratégicamente la proyección de Estados Unidos desde el punto de vista de sus intereses, es una sociedad compleja, es una sociedad multipolar, donde, por supuesto, ahí están muchos de los espacios de articulación y posible colaboración de Cuba. La Isla puede representar, por ejemplo, un proyecto de agricultura sostenible, abierta, ecológica, que ellos no han podido hacer por la presión del capital, y que sin embargo Cuba, como proyecto social, puede buscar una alianza estratégica con determinados sectores en los Estados Unidos que defienden la agricultura sostenible.
O en el caso de lo que decía Lage. Cuba aparece como el país que ha demostrado un desarrollo de soluciones de medicamentos a nivel poblacional sin exclusión social, con el desarrollo más avanzado de la biotecnología, de ensayos clínicos masivos, etcétera. Eso tiene un gran potencial para negociar de igual a igual con zonas de ese país que tienen similares aspiraciones. Es un error reducir a los Estados Unidos al predominio absoluto del capital financiero sin saber que es una sociedad compleja, con una historia, con intereses, con diferentes niveles de economía, regiones, etcétera. Hay posibilidades y resquicios de que esa ciencia compartida no sea una ciencia de la subordinación, sino sea una ciencia que reconociendo esa complejidad inaugure un nuevo tipo de relación. Partiendo de un proyecto nacional, de un proyecto propio, nuestro, que tiene bien claro hacia dónde vamos y qué queremos hacer. No es la negociación de un estado nacional que supuestamente, por tener el poder estatal y el poder militar, es capaz de aceptar cualquier cosa de los Estados Unidos. Ahí está incluso el espacio de la construcción de la posibilidad de cooperación científica entre Estados Unidos y Cuba.
La ciencia cada vez más es un espacio de legitimación y de construcción del discurso. Y yo creo que una de las grandes batallas que tenemos por delante es la batalla por el sentido común. Esa frase de la batalla por el sentido común se la oí decir por primera vez al Vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, en un discurso para la izquierda europea recientemente. La ciencia se convierte en espacio de construcción de comunicación, de cooperación, de proyectos que defiendan aquel que queremos desarrollar, que tienen que ver con ese tipo de biotecnología que no es especulativa, cuyo objetivo no es estar en la Bolsa –lo que no excluye que esté ahí-, que no pierde el sentido de que es una biotecnología que está básicamente fundamentada en un propósito estratégico: el mejoramiento de la salud de una población que accede gratuitamente a la salud, y que en los Estados Unidos es uno de los propósitos de ciertos sectores, e incluso el mismo Obama es un defensor de ese tipo de proyectos.
Ahí se dan esos resquicios, se dan esas franjas de construcción de espacios comunes donde Cuba tendría una oportunidad muy grande, como proyecto social, de encontrar dentro de la propia sociedad norteamericana aquellos sectores y aquellos grupos de poder, digámoslo claramente, que pueden involucrarse en el vector estratégico de la construcción de una alternativa al neoliberalismo, a la globalización neoliberal, y a la reconstrucción de un proyecto social humano en esa etapa postmoderna, que es donde se da tal espacio.
Y en este espacio está internet, porque estamos hablando de ciencia y sentido común, estamos hablando de Cuba y Estados Unidos. Hemos perdido mucho tiempo con internet, hablando en términos propositivos, no porque no se hubiera entendido, yo me acuerdo que Agustín Lage, cuando empezamos en los años noventa a compartir lo que eso significaba, él fue uno de los fundadores de Infomed, confió en ese proyecto.
Esta es una batalla que viene desde hace mucho tiempo, y que a nosotros nos ha costado mucho trabajo ubicar en el espacio de un tema central, cómo vamos a mejorar la vida de los cubanos y cómo vamos a lograr una mayor participación de los cubanos, y cómo vamos lograr que la ciencia cubana se convierta en un elemento de mejoramiento de nuestra sociedad.
El asunto ha estado matizado por la geopolítica y por el predominio de la contradicción cubano-norteamericana durante muchos años. El tema de internet estuvo muy sesgado por elementos de seguridad nacional y por los temores, para decirlo claramente, no infundados, de lo que podía significar el uso de una tecnología de este tipo en un contexto como el cubano.
Hoy el escenario es completamente diferente. Hay una relación dialéctica, compleja pero dialéctica, entre tecnología y sociedad, y las sociedades se parecen a sus infraestructuras, y las infraestructuras se parecen a sus sociedades, no es algo mecánico, pero es algo que se da en simbiosis; entonces, lógicamente, postmodernidad e internet son una misma cosa de alguna manera. Se puede, por ejemplo, destruir a un Premio Nobel porque en una conferencia cometió el error de hacer un comentario desafortunado y una persona que hasta ese momento tenía una construcción social de legitimidad, a través del Twitter fue desbaratada. Hubo organizaciones que incluso terminaron botándolo por la presión de las llamadas redes sociales, que son una construcción postmoderna que ha ganado el sentido común. De modo que la batalla por el sentido común hoy día se da cada vez más en los espacios de las redes sociales y de internet, y de la infraestructura que hoy es parte de nuestra vida, y que en nuestro caso está fragmentada, está desarticulada, y lo peor de todo, está relegada totalmente en los ámbitos que debiera estar embebida de manera natural para poder ir adelante en esa batalla compleja, que es cultural, y que como decía Rafael, tiene que ver con la lucha por la hegemonía.
Aunque internet es un fenómeno totalmente norteamericano en términos históricos, forma parte también de sus contradicciones. Es una red que surgió en la Guerra Fría, asociada a la Crisis de Octubre cubana. Por razones históricas hasta nos es cercana, porque se trató de desarrollar una red que fuera infalible a los ataques nucleares, y que en cualquier lugar siempre siguiera existiendo. Esa red que hoy se ha convertido en infraestructura mundial de comunicación y de información, es hoy la plataforma fundamental de la búsqueda y de la lucha por la hegemonía a través de la conquista del sentido común, y también es la infraestructura de la construcción de la ciencia, que como ustedes saben, es social, y sobre todo en el caso de las ciencias sociales es también lucha política.
En el caso de los análisis sobre la visita de Obama hay acercamientos excelentes, como el que escribió el profesor Lage, y otras cosas impresentables, que tratan de simplificar una realidad muy compleja y que, lógicamente, requiere de una participación inteligente, informada, y una permanente lucha por el sentido común, donde las redes sociales y internet en general son un espacio definitivo. Si nosotros damos esa batalla y si nos preparamos incluso creando las condiciones materiales -porque los parques sirven para comunicarse y para verse por IMO y para resolver problemas inmediatos, pero no se puede hacer ciencia- Cuba podría participar de las discusiones fundamentales que hoy se dan en el campo de la ciencia, y de la construcción del proyecto de país que queremos hacer, que no podrá alcanzarse sin el uso de esos espacios de una manera mucho más sostenible, más racional, y mucho más lógica frente a los retos que tenemos delante.

8 abril 2016

7 de abril: Día Mundial de la Salud. “Apura el paso: Gánale a la diabetes”

Filed under: De interés — ihi @ 12:02

Cada año se elige para ese día un tema que pone de relieve una esfera de interés prioritario para la salud pública mundial. Al centrar la atención en problemas sanitarios específicos, esta conmemoración brinda la oportunidad de emprender acciones colectivas para proteger la salud y el bienestar de las personas.

El tema del Día Mundial de la Salud 2016 es: «Vence a la diabetes».

Los esfuerzos por prevenir y tratar la diabetes serán importantes para alcanzar la meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible 3 consistente en reducir la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles en una tercera parte para 2030.

Muchos sectores de la sociedad tienen una importante función que desempeñar, en particular los gobiernos, empleadores, docentes y fabricantes, así como la sociedad civil, el sector privado, los medios informativos y cada uno de nosotros.

24 marzo 2016

Obama y la economía cubana: Entender lo que no se dijo

Filed under: De interés,General — ihi @ 9:53

Obama y la economía cubana: Entender lo que no se dijo

23 marzo 2016 | 104 |
"Viva Cuba Libre", en en una calle de La Habana, este 22 de marzo de 2016. Foto: Desmond Boylan/ AP

“Viva Cuba Libre”, en en una calle de La Habana, este 22 de marzo de 2016. Foto: Desmond Boylan/ AP

Tuve la oportunidad de participar en varios encuentros con la delegación que acompañó al Presidente Obama y escucharlo en tres intervenciones; y siento ahora el deber de compartir con mis compañeros lo que interpreté de lo que se dijo, y también de lo que no se dijo, pues en política lo que se deja de decir suele ser tan importante como lo que se dice.

Hay dos direcciones complementarias de pensamiento para interpretar esta visita y todo el proceso de intento de normalización de las relaciones: interpretar lo que significa para una valoración del pasado, e interpretar lo que significa para una proyección hacia el futuro.

De cara al pasado es evidente que el proceso de normalización recién iniciado en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos hay que interpretarlo como una victoria mayúscula del pueblo revolucionario y socialista cubano, de sus convicciones, de su capacidad de resistencia y sacrificio, de su cultura, de su compromiso ético con la justicia social; así como también como una victoria de la solidaridad con Cuba de América Latina.

Hay cosas que nos resultan tan evidentes a los cubanos que a veces olvidamos subrayarlas.

  • Se inició esta normalización en vida de la generación histórica que hizo la Revolución, y conducida por líderes de esa misma generación.
  • Implicó un reconocimiento de la institucionalidad revolucionaria cubana, reconocimiento que no hubo hacia el Ejército Libertador en 1898, ni hacia el Ejército Rebelde en 1959 (si lo hubo, sin embargo, hacia las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista).
  • Incluyó un reconocimiento explícito de los logros de la Revolución, al menos en Educación y Salud (que fue lo que se mencionó)
  • Incluyó un reconocimiento explícito a la ayuda solidaria de Cuba hacia otros pueblos del mundo, y su aporte a causas nobles tales como la salud mundial, y la eliminación del apartheid en África.
  • Incluyó una aceptación explícita de que las decisiones sobre los cambios y los modelos socioeconómicos en Cuba corresponden exclusivamente a los cubanos, que tenemos (hemos ganado) el derecho a organizar nuestra sociedad de manera diferente a como otros lo hacen.
  • Implicó la declaración del abandono de la opción militar y subversiva, así como la intención de abandonar la coerción, como instrumentos de la política norteamericana hacia Cuba.
  • Expresó el reconocimiento del fracaso de las políticas hostiles contra Cuba de las administraciones precedentes, lo que implica (aunque no fuese declarado así) el reconocimiento de resistencia consciente del Pueblo Cubano, ya que las políticas hostiles solamente fracasan ante las resistencias tenaces.
  • Reconoció el sufrimiento que el bloqueo ha causado al Pueblo Cubano.
  • No partió este proceso de concesiones cubanas en uno solo de nuestros principios. Tampoco en los reclamos de cese del bloqueo y devolución del territorio ilegalmente ocupado en Guantánamo.
  • Incluyó el reconocimiento público de que los Estados Unidos estaban aislados en América Latina y en el mundo por su política hacia Cuba.

No creo que haya nadie medianamente lúcido e informado en el mundo que pueda interpretar este proceso de normalización en curso como otra cosa que no sea una victoria de Cuba en su diferendo histórico con los Estados Unidos.

De cara al pasado es esa la única interpretación posible.

Ahora bien, de cara al futuro las cosas son más complejas, y hay al menos dos interpretaciones extremas posibles, y sus variantes intermedias:

  • La hipótesis de la conspiración perversa
  • La hipótesis de las concepciones divergentes sobre la sociedad humana

En las calles de Cuba se discute hoy sobre ambas. Alerto al lector en este punto que no voy a argumentar por ahora a favor o en contra de una de estas dos hipótesis, o de las combinaciones diversas de ambas. Los acontecimientos futuros se encargarán de hacerlo, y cada cual sacará “sus propias conclusiones” en este “pasaje a lo desconocido”.

Quienes se adhieren a la hipótesis de la conspiración perversa ven las palabras del Presidente Obama como una falsa promesa o un sutil engaño que responde a un plan concebido para que abramos las puertas al capital norteamericano y a la influencia de sus medios de comunicación; para que permitamos la expansión en Cuba de un sector económicamente privilegiado, que con el tiempo se iría transformando en la base social de la restauración capitalista y el renunciamiento a la soberanía nacional. Serían los primeros pasos del camino de retorno hacia la Cuba de ricos y pobres, dictadores y mafiosos, que teníamos en los años 50.

Los cubanos que piensan así, tienen derecho a hacerlo: hay muchos hechos en la historia común que justifican esa enorme desconfianza. Son conocidos y no necesito enumerarlos aquí.

Mucha gente recuerda la famosa frase atribuida al Presidente Franklin D. Roosevelt cuando dijo del dictador nicaragüense Anastasio Somoza: Tal vez Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Ciertamente ni el Presidente Obama, ni las actuales generaciones de norteamericanos de buena voluntad (que hay muchos) tienen la culpa, como personas individuales, de las primeras etapas de esa trayectoria histórica. Pero también es innegable que esa historia está ahí, y que impone condicionamientos a lo que ellos pueden hacer, y a nuestra manera de interpretar lo que ellos hacen. Los procesos históricos son mucho más largos que una vida humana, y eventos ocurridos hace muchas décadas influyen en nuestras opciones de hoy, porque condicionan actitudes colectivas que tienen una existencia objetiva, relativamente independiente de las ideas y las intenciones de los líderes.

Aún distanciando al Presidente Obama de las políticas agresivas e inmorales de administraciones precedentes, que organizaron invasiones, cobijaron terroristas, estimularon asesinatos de líderes cubanos e implementaron el intento de rendir por hambre al Pueblo Cubano; aún estableciendo esa distinción, no se puede olvidar que Obama solo no es la clase política de los Estados Unidos. Hay muchos otros componentes del poder ahí, que siempre han estado presentes, lo están hoy, y lo estarán cuando termine el mandato de Obama dentro de algunos meses, y en el futuro previsible. Los estamos viendo en la campaña electoral en curso.

Para ser honesto con todo el que lea esta nota, debo reconocer que el Presidente Obama no dio aquí la impresión de ser el articulador de una conspiración perversa, sino la de ser un hombre inteligente y culto, que cree en lo que dice. Lo que sucede entonces es que las cosas en las que él cree (con todo su derecho) son diferentes a las que creemos nosotros (también con todo nuestro derecho).

Esa es la segunda hipótesis, la de las concepciones divergentes sobre la sociedad humana, las cuales fueron muy evidentes en todos los momentos de la visita a Cuba del Presidente Obama y su delegación, en todo lo que se dijo, y también en lo que se dejó de decir.

Fue muy claro que la dirección principal de la relación de los Estados Unidos con Cuba estará en el campo de la economía, y dentro de este, la estrategia principal será relacionarse con el sector no estatal y apoyarlo.

Fue muy claro, en el discurso y en los mensajes simbólicos, en tomar distancia de la economía estatal socialista cubana, como si la propiedad “estatal” significase propiedad de un ente extraño, y no propiedad de todo el pueblo como realmente es.

En la necesidad de que exista un sector no estatal en la economía cubana no tenemos divergencias. De hecho la expansión del espacio de los cuentapropistas y las cooperativas es parte de la implementación de los Lineamientos surgidos del 6º Congreso del Partido. Donde está la divergencia es en el rol que debe tener ese sector no estatal en nuestra economía:

  • Ellos lo ven como el componente principal de la economía; nosotros lo vemos como un complemento al componente principal que es la empresa estatal socialista. De hecho hoy ese sector no estatal, si bien se acerca a ser el 30% del empleo, no alcanza a aportar el 12% del PIB, lo que indica su carácter limitado para la generación de valor agregado.
  • Ellos lo hacen equivaler a “la innovación”; nosotros lo vemos como un sector de relativamente bajo valor agregado. La innovación está en la alta tecnología, la ciencia y la técnica, y sus conexiones con la empresa estatal socialista. El espíritu innovador del pueblo cubano se expresó en estos años de muchas otras maneras, tales como el desarrollo de la biotecnología y sus medicamentos y vacunas, la formación masiva de informáticos en la UCI, la agricultura urbana, la revolución energética y otros muchos logros del periodo especial, nada de lo cual se mencionó en los discursos de nuestros visitantes.
  • Ellos ven el emprendimiento privado como algo que “empodera” al pueblo; nosotros lo vemos como algo que empodera a “una parte” del pueblo, y relativamente pequeña. El protagonismo del pueblo está en las empresas estatales, y en nuestro gran sector presupuestado (que incluye la salud, la educación, el deporte, la seguridad ciudadana) que es donde se trabaja realmente para todo el pueblo y donde se genera la mayoría de la riqueza. No se puede aceptar el mensaje implícito de hacer equivaler el sector no estatal con “el pueblo cubano”. Eso no fue dicho de esa manera tan brutal, pero se interpreta del discurso de una forma demasiado clara.
  • Ellos separan tácitamente el concepto de “emprendimiento”, y el de propiedad estatal. Nosotros vemos en el sector estatal nuestras principales opciones de emprendimientos productivos. Así lo explicamos en el Foro de empresarios al ilustrar la organización en que trabajo (El Centro de Inmunología Molecular) como “una empresa con 11 millones de accionistas”.
  • Ellos ven al sector no estatal como una fuente de desarrollo social; nosotros lo vemos en un rol doble, pues también es una fuente de desigualdades sociales (de lo que ya tenemos evidencias, como ilustran los recientes debates sobre los precios de los alimentos), desigualdades que habrá que controlar con una política fiscal reflejo de nuestros valores.
  • Ellos creen en la función dinamizadora de la competencia (aunque este concepto ha sido cuestionado ya incluso por ideólogos serios de la economía capitalista). Nosotros conocemos su función depredadora y de erosión de la cohesión social, y creemos más en la dinámica que proviene de programas de país.
  • Ellos creen en que el mercado distribuye eficientemente la inversión respondiendo a la demanda; nosotros creemos que el mercado no responde a la demanda real sino a la “demanda solvente”, y profundiza las desigualdades sociales.
  • Ellos se apoyan en la trayectoria de desarrollo empresarial de los Estados Unidos, cuya economía despegó en el Siglo XIX, en condiciones de la economía mundial que son irrepetibles hoy. Nosotros sabemos que las realidades de los países subdesarrollados de economía dependiente son otras, especialmente en el Siglo XXI, y que el desarrollo económico y científico-técnico no ocurrirá a partir de pequeños emprendimientos privados en competencia, ni intentando reproducir la trayectoria de los países hoy industrializados, con 300 años de diferencia. Sería la receta de la perpetuación del subdesarrollo y la dependencia, con una economía diseñada como apéndice y complemento de la economía norteamericana, cosa que ya ocurrió en el Siglo XIX, cuando esa dependencia nos sumió en el monocultivo y cerró el camino de la industrialización. Para entender eso sirve la Historia, y por ello no podemos olvidarla.

Emprender el camino de la convivencia civilizada “con nuestras diferencias”, implica conocer bien a fondo y por todo el Pueblo Cubano, dónde es que están esas diferencias, para poder evitar que decisiones puntuales aparentemente racionales ante problemas económicos tácticos, nos puedan llevar a errores estratégicos; y peor aún, que otros nos empujen a ello, a través de las cosas que se dicen y las que no se dicen.

Supimos evitar esos errores en los inicios del periodo especial, ante la desaparición del campo socialista europeo y la marea ideológica neoliberal de los 90. Sabremos hacerlo mejor ahora.

La convivencia civilizada ciertamente nos aleja del riesgo y la barbarie de la guerra (militar y económica), pero no nos exonera de dar la batalla en el plano de las ideas.

Necesitamos vencer en esa batalla de ideas para poder vencer en la batalla económica.

La batalla económica del Siglo XXI cubano se dará en tres campos principales:

  1. El de la eficiencia y capacidad de crecimiento de la Empresa Estatal Socialista, y la inserción de esta en la economía mundial
  2. El de la conexión de la ciencia con la economía a través de empresas de alta tecnología, con productos y servicios de alto valor añadido que enriquezcan nuestra cartera de exportaciones
  3. El de la limitación consciente de la expansión de las desigualdades sociales, a través de la intervención del Estado Socialista

En esos campos se decidirá el Siglo XXI de los cubanos.

La batalla de ideas consiste en consolidar pensamiento y consenso sobre hacia donde queremos ir, y sobre los caminos concretos para llegar.

Las aguas del estrecho de La Florida no deben ser un campo de conflicto bélico, y es muy bueno para todos que así sea, pero esas aguas seguirán separando por mucho tiempo dos concepciones diferentes de la convivencia humana, de la organización de los hombres para la vida social y el trabajo, y de la distribución de sus frutos. Y también es muy bueno que así sea. Nuestro ideal de sociedad humana está enraizado en nuestra experiencia histórica y en el alma colectiva de los cubanos, sintetizada magistralmente por el pensamiento de José Martí. Él estudió y entendió mejor que nadie en su tiempo la sociedad norteamericana y dijo: “nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse”.

La creencia básica del capitalismo, incluso en los que así lo creen honestamente, es la construcción de prosperidad material basada en la propiedad privada y la competencia. La nuestra se basa en la creatividad movida por los ideales de equidad social y solidaridad entre las personas, incluidas las generaciones futuras. Nuestro concepto de sociedad es el futuro, y aunque el futuro se demore, atrapado en los condicionamientos objetivos del presente, sigue siendo el futuro por el que hay que luchar.

La propiedad privada y la competencia son el pasado, y aunque ese pasado siga existiendo necesariamente dentro del presente, pasado sigue siendo.

Hay que saber siempre ver los conceptos que están detrás de las palabras que se dicen, y las razones que están detrás de las palabras que no se dicen.

La batalla por nuestro ideal de convivencia humana estará en las manos de las actuales generaciones de jóvenes cubanos, que enfrentarán en su tiempo desafíos diferentes a los de las generaciones revolucionarias del Siglo XX, pero igualmente grandes y trascendentales, y también más complejos.

Al analizar la complejidad de sus desafíos les confieso que quisiera ingresar otra vez en la Unión de Jóvenes Comunistas, cuyo carnet (Nº7784, de 1963) tengo ahora mismo sobre mi mesa. Sigo siendo comunista, pero he de aceptar que ya no puedo seguir siendo “joven”. Pero si puedo compartir con los jóvenes el análisis de lo que hoy se dice, y la develación de lo que no se dice, y construir junto con ellos las herramientas intelectuales que necesitamos para las batallas que vienen.

José Martí escribió en abril de 1895: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: Ganémosla a pensamiento”.

22 marzo 2016

Cuba-EEUU, por un futuro sin bloqueos!

Filed under: De interés — ihi @ 8:52

El bloqueo impide la colaboración en materia de salud entre Cuba y EEUU: Agustín Lage

Dr. Agustín Lage

El acercamiento entre Cuba y Estados Unidos puede favorecer la colaboración bilateral en el ámbito de la biotecnología y la producción de medicamentos, aseveró hoy el director del Centro de Inmunología Molecular, Agustín Lage.

De acuerdo con el especialista cubano, ese trabajo conjunto beneficiaría a las poblaciones de ambos países, que enfrentan problemas de salud similares con alta incidencia de padecimientos como las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

El bloqueo mantenido por Washington contra La Habana obstaculizó hasta ahora el desarrollo de la cooperación, pero a raíz del acercamiento se abren nuevas posibilidades, agregó.

En primer lugar, el fin de las restricciones permitiría a la población norteamericana acceder a medicamentos de probada eficacia elaborados por la biotecnología cubana, entre los que se destacan una vacuna terapéutica para el cáncer del pulmón y el Heberprot P para el tratamiento del pie diabético.

Una segunda oportunidad sería transitar hacia la colaboración empresarial para producir medicamentos de forma conjunta, un objetivo que Lage consideró más complicado.

No obstante, comentó, ya están en marcha conversaciones entre instituciones de los dos estados para avanzar durante los próximos meses hacia ambos logros.

Sobre la visita a Cuba del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el especialista estimó que será un importante paso dentro del proceso encaminado a normalizar las relaciones bilaterales.

Lage explicó que la industria de la biotecnología tuvo un despegue casi simultáneo en Cuba y Estados Unidos y en los dos países ha alcanzado un desarrollo, lo que constituye una base propicia para la colaboración.

Añadió que en las últimas décadas sí hubo un intercambio entre científicos de las dos naciones, pero siempre estuvo limitado a causa del bloqueo económico, comercial y financiero.

Cuba considera que el fin de ese cerco es un paso fundamental de cara la normalización de los vínculos.

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Autor: ihi | Contáctenos
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