Enfermería Cubana

27 julio 2020

Estrenan canción dedicada a personal de Enfermería

Filed under: Noticias — Xaily Gavilondo @ 15:57

I am a nurseCon gran gozo ha recibido la Enfermería internacional, el estreno este 25 de julio, de una canción a todas las enfermeras del mundo  “I am a nurse”<https://youtu.be/qVHo0ngr-E4> (Soy enfermera), escrita e interpretada por nuestro talentoso colega Colin Parish, por encargo del CIE.

EL propósito es que “I am a nurse” se convierta en un himno para los 27 millones de enfermeras de todo el mundo y que todos se unan para promocionar la canción entre los miembros de las diferentes asociaciones, sus familias y amigos. Esta iniciativa seguramente será un gran éxito ya que la letra refleja el coraje y la fortaleza de las enfermeras, especialmente en su lucha frente a la pandemia.
Esperamos que les guste la canción y el vídeo que la acompaña, en el que participan enfermeras, incluido el Coro de Enfermeras de Tonga, que muy amablemente se tomaron el tiempo de interpretarla y grabarla, en estos momentos difíciles.
Los beneficios de las ventas se destinarán a la Fundación Internacional Florence Nightingale del CIE, incluyendo su proyecto insignia, el Fondo para la Educación de las Niñas. La Fundación, como saben, apoya y complementa el trabajo y los objetivos del CIE, entre los cuales están el avance de la educación de enfermería, la investigación y los servicios para el bien público.

“I am a nurse” se grabó durante el apogeo de la pandemia COVID-19. Está disponible para su compra en Apple Music, Google Play, Amazon, Spotify y otros sitios web de venta y transmisión de música. Podrán ver y disfrutar del video de manera gratuita en YouTube pero les pedimos que animen a sus colegas, amigos y familiares a descargarlo, para que podamos obtener el mayor beneficio posible para esta gran causa.

Consejo Internacional de Enfermeras

23 julio 2020

Los enfermeros también lloran, el rostro y la historia de José Espino

Filed under: Noticias — Xaily Gavilondo @ 12:14

954EDF6D-4163-41F5-9CA0-59C7AC2A76DFMientras el avión que lo regresa a Cuba está en el aire, el enfermero intensivista José Espino Pedraza –32 años, primera misión internacionalista–piensa en su familia. La casa siempre se extraña. “Yo estaba desesperado por venir”, dice uno de los 34 colaboradores cubanos que enfrentaron la COVID-19 en Andorra.

Antes de salir de La Habana hacia el otro lado del Atlántico, tuvo el último abrazo del hogar: el de la madre, la hermana, la esposa y un hijo recién nacido. “Imagina, me fui el 28 de marzo y el niño cumplió dos meses el 24. Mi mujer es una heroína”, cuenta como quien sabe que el éxito y la tranquilidad de su misión también se debe al apoyo de Isabián y los pucheros del pequeño Joseph. La cara del contingente Henry Reeve son los médicos cubanos, pero su retaguardia descansa en la familia. Un binomio sin el que, irremediablemente, no hay victoria segura.

A 7.810 kilómetros de casa, José Espino cruzó a diario la zona roja en el hospital “Nostra Señora de Meritxell”, en Andorra la Vieja. Desde la capital del país europeo y durante tres meses y dos días, el enfermero cubano atendió a pacientes positivos a la COVID-19: “Tuvimos personas de 45 o 50 años, pero eran pocos, casi siempre los contagiados eran adultos mayores, los más vulnerables y con más complicaciones”.

Hace poco más de 24 horas que volvió “a casa”, junto a sus compañeros de misión. Conversamos unos breves minutos por teléfono, desde el centro de salud La Pradera, donde pasarán 14 días de cuarentena.

“Aunque de acá no salimos hasta ver al Presidente”, dijo recordando la invitación hecha por el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, cuando les dio la bienvenida a la Patria, para reunirse una vez cumplido este período e intercambiar experiencias sobre el programa cubano de enfrentamiento a la COVID-19.

–La situación epidemiológica era tensa cuando llegó la brigada médica…

–Sí. En Andorra tienen una terapia de diez camas y ya estaba llena. Habían habilitado otra en un hospital de día y la tenían prácticamente ocupada con pacientes graves con la COVID-19, por lo que se preparaba otra sala más por si empeoraba la situación.

José comenta que permaneció en la “terapia intensiva del hospital, donde todos los pacientes que atendí eran positivos a la COVID-19 y estaban ventilados, o sea, con un respirador mecánico”.

Cuando le preguntamos por la importancia de la enfermería en la estocada contra la pandemia, dice con orgullo: “es el día a día con el paciente, es el baño, la cura, los medicamentos en vena, estás muy cerca del virus, y hay que extremar mucho las medidas de bioseguridad”.

“Todo el tiempo estuve en zona roja”, remarca, no sin pausar la conversación los segundos suficientes para saber que hay cientos de imágenes y recuerdos que se le agolpa. Agrega entonces que, “gracias a las medidas que tomamos, ninguno de los profesionales cubanos enfermó”.

Desde que la pandemia llegó a Andorra han muerto allí 52 personas y otras 800 se han recuperado. El pequeño principado— ubicado entre Francia y España, en las montañas de los Pirineos— llegó a tener, de acuerdo con datos de su Ministerio de Salud, una tasa de infección de 1 100 personas por 100 000 habitantes, equivalente a las de las ciudades más afectadas de Europa.

“El día que el hospital nos dio la despedida fue cuando se dio la última alta de la COVID-19 en el país”, cuenta José y añade con la emoción a borbotones:

–Cuando los pacientes lograban despertar nos decían: “ustedes son cubanos, muchas gracias por venir a ayudarnos”. Era una experiencia que se repetía con todos. Recuerdo uno que estuvo entre la vida y la muerte y, después del alta, me llamó a mi móvil desde su casa para agradecerme por la atención y a Cuba por la ayuda humanitaria que tenía con su país.

El joven enfermero también agradece a ese país. “De Andorra me traigo muchas cosas”, afirma. “Conocí bellas personas, que son muy parecidas a los cubanos, allegados, amistosos, y se convirtieron en familia. Y en lo profesional aprendimos mutuamente. El Principado tiene una tecnología brillante como país del primer mundo, y eso nos costó un poco al principio. Pero a la semana ya estábamos a la par de ellos, porque le enfermería y la medicina, tanto en Andorra como en Cuba, es igual, y lo importante es la clínica y el paciente”, resume.

José Espino tiene 13 años de graduado y ama su profesión. Lo dice y no es difícil creerle cuando describe minuciosamente el rol que juegan los enfermeros y enfermeras en una terapia intensiva. Más aún, cómo han sido claves en la lucha contra la pandemia que los ha colocado en primera línea, siendo los más expuestos al virus.

—¿Por qué escogió la enfermería?

—Mi madre es enfermera retirada. Yo jugaba de niño con mi hermana a que ella siempre era la enferma y yo el que la curaba. Me apasionó la especialidad. Fue lo que vi desde pequeño  y un día le dije a mi mamá: yo quiero ser enfermero, y aquí estoy.

El hospital militar Carlos J. Finlay fue su primer centro de trabajo luego de graduado. Ahora labora en el policlínico Cristóbal Labra en el municipio de La Lisa, en La Habana, en una pequeña sala de cuidados intensivos de la cual dispone esta institución. Hacia allí piensa volver, luego del tiempo establecido, comenta.

A pesar de una ausencia de tres meses en el hogar, siente que siempre estuvo, de alguna forma, cerca. “Desde Cuba mi familia me dio ánimos, no dejaron de decirme que me cuidara siempre, que pensara en ellos, que extremara las medidas”.

“Yo desde allá le decía a mi esposa que para combatir la COVID-19 hay que seguir las cosas que dice el profe Durán por la televisión, y siempre protegerse con el nasobuco, el lavado constante de las manos y mantener la distancia. Hay que ver cómo empeoran los pacientes, cómo sufren por el agotamiento respiratorio. Esta es una enfermedad que ha cobrado muchas vidas. Por eso le recomiendo a las personas que extremen las medidas y dejen los besos y abrazos para después. Ya llegará el momento de eso”, reitera José a modo de consejo, esta vez para su pueblo.

Hace solo dos días, cuando lo vimos llorar en el aeropuerto “José Martí”, de La Habana, no sabíamos su nombre. En la pantalla que servía entonces como una especie de cercanía, suponíamos que el joven había visto alguna imagen conocida, o había escuchado alguna voz familiar, de los varios rostros y voces de seres queridos que grabaron también un mensaje para el recibimiento de los galenos.

Ahora lo sabemos: “Pusieron a mi familia: mi madre llorando, mi hermana, mi niño, de cinco meses ya, mi mujer, después mis sobrinitas hablando…vaya, me mataron”.

La emoción y las lágrimas fueron genuinas. Y sí, a veces, se muere de orgullo y felicidad, para vivir después y contar la vida como en la historia de José

Tomado de Cubadebate

El enfermero amante del deporte

Filed under: Noticias — Xaily Gavilondo @ 12:01

3602F96B-3302-45AC-91AF-DDEB7193E0A1Aunque podría asociarlo a deportes de fuerza, como la bala o el martillo, Oscar Luis Silveiro Martínez era esencialmente un corredor de distancias cortas: 100 y 200 metros. Y era bueno. Alto y corpulento, siempre quiso ser deportista. Pidió en primera opción la carrera de Cultura Física, pero la persona que tomó la decisión de darle la segunda opción, no se tomó el trabajo de conocerlo. Así, se vio de pronto en un aula de la Facultad de Matemáticas.

“Yo practicaba todos los deportes, me gustaba más el atletismo, pero los practicaba todos y era bueno. No estuve en escuelas deportivas, pero sí tuve un buen profesor en la comunidad que me ayudó en el deporte. Cuando competía en los juegos interfacultades nunca tuve rivales, ni entre la gente del Fajardo. Había buena rivalidad entre la facultad de Matemáticas y la de Cultura Física. En la Universidad era yo el que impartía las clases de educación física”.

Pero las matemáticas no eran su vocación. Salió desorientado y un amigo lo convenció de matricular enfermería. Se hizo enfermero en 1990 y le gustó la profesión. La Licenciatura la terminó en 2008. Hizo un Diplomado en Cuidados Intensivos y Emergencias. Trabaja desde hace 30 años en el Policlínico Antonio Maceo, del Casino Deportivo, en La Habana. Casado, con una hija de 24 años. Su esposa trabaja en el Centro Internacional de Salud La Pradera.

Entonces llegó la primera misión, y no fue la más sencilla. Integró el grupo de colaboradores que viajó al África para combatir el ébola. Estuvo en Sierra Leona, junto a otros 112 enfermeros. La segunda, unos meses después de su llegada, fue a la República Árabe Sarahui Democrática. Se había producido, con fuerza inusual, un fenómeno atmosférico que ocurre cada cinco o seis años en el desierto: las lluvias monzónicas. Fueron tan fuertes, y duraron tantos días, que el desierto se inundó.

Busqué la prensa de la época, para saber de qué me hablaba. El diario El Mundo de España, en una edición de octubre de 2015 titula su reportaje así: “Diluvio en el desierto del Sahara”. Viajaron cuatro médicos y dos enfermeros, y permanecieron cuatro meses. En esa zona del planeta ratificó lo que significa la solidaridad cubana: la mayoría de los jóvenes que conoció había vivido y estudiado en Cuba.

La tercera misión parecía ser más calmada: llegó a Bolivia en el último cuatrimestre de 2018, pero la misión se interrumpe en noviembre de 2019, por el golpe de estado que desplaza del poder al presidente legítimo, Evo Morales.

Sus padres viven en Pinar del Río, de donde realmente es. Son cuatro hermanos: uno vive en Consolación; otro, en San Cristóbal; y su hermana, la menor, de treinta y tantos años, que vive con sus padres, aunque tiene su propia familia. Su papá está jubilado, era ponchero y su mamá siempre fue ama de casa. “El sustento de ellos va por mí”, afirma. Se acercan los días y las expectativas del regreso. Pero Oscar —un poco se parece, por su aspecto físico, al lanzador pinareño Pedro Luis Lazo—, está centrado en lo que considera lo principal: terminar esta misión con éxito, como las demás.

Tomado de Cubadebate

El pianista y el enfermero Julio Ortiz

Filed under: Noticias — Xaily Gavilondo @ 11:46

9D8EF015-679C-4868-B8B9-362D79E5C9C2Dos hechos en nada relacionados –aunque originados por este hospital COVID- se sucedieron hoy: la inesperada y feliz visita del pianista, ¿se acuerdan?, el que estuvo enfermo, demasiado jovial para haber sido catalogado alguna vez de irascible, porque anda conspirando en algo que todavía no sabemos (y tiene que ver con nuestra despedida); y la visita nuestra al Dormitorio de Mujeres en situación de calle, porque un equipo de la televisión italiana anda por estos días haciendo un documental sobre la presencia médica cubana en Turín con motivo de la pandemia. Pero también hay fotógrafos que preparan libros de imágenes. En fin, que las cámaras se mezclan, se superponen unas a otras (incluyendo la mía) en estos días finales, y uno no puede conversar sin el sobresalto de saberse captado o incluso perseguido por algún lente. Hoy en la tarde –no sé si revelo secretos de filmación–, los muchachos tuvieron que salir y entrar varias veces al Hospital mientras dos drones los filmaban desde lo alto. Pero quiero presentar a otro integrante de la brigada.

Alguna relación prenatal con los almacenes tiene Julio Ortiz Rodríguez. En Angola, entre 1987 y 1988, cumplió su primera misión. El futuro enfermero pasaba entonces el Servicio Militar, y expresó su disposición a partir hacia aquel país en guerra. “No participé en combates, lo mío era la retaguardia, garantizar el suministro de armamentos y municiones”. Su segunda misión, ya como Licenciado en Enfermería fue en Venezuela. “Trabajé en la Coordinación Nacional como Jefe de Operaciones del Almacén Nacional de Equipos Médicos de la Misión. Estuve dos años y medio, del 2010 al 2013. Allí hice el curso de Emergencias y el Posbásico de Terapia Intensiva”. Ahora tiene 51 años, vive y trabaja en Cienfuegos, y es especialista comercial de la Empresa de Suministros Médicos, a cargo de la Reserva Estatal y Movilizativa. Su esposa también es enfermera; más aún, es la Jefa de Enfermería de la Dirección Provincial de Salud de Cienfuegos. “Aunque pertenezco a la Brigada Henry Reeve, esta misión me agarró de sorpresa. Supe que me solicitaban cuando recogía en La Habana los medicamentos y suministros para el combate al coronavirus que debía transportar hasta la provincia de Cienfuegos. Respondí que iría a donde hiciera falta. A las 3 de la tarde me dijeron: tienes que estar mañana en Colaboración. Llegué casi a las 2 de la madrugada a mi casa y a las 8 estaba de vuelta en La Habana. No tuve tiempo de arreglar nada”. Mientras viajaba de La Habana a Cienfuegos y de allí, nuevamente, a la capital del país, su esposa se encargaba de poner en orden sus papeles. Tiene un hijo de 20 años, de un matrimonio anterior, que cumple el Servicio Militar, como si recomenzara ahora su propia historia de vida. Le habían dicho que viajaría a Santa Lucía, en el Caribe, luego que a México, pero finalmente integró la brigada que partiría hacia Turín, en Italia. Se alegró, sobre todo porque había compartido habitación en la Unidad Central de Cooperación Médica, donde recibieron la preparación epidemiológica, con tres pinareños que estuvieron antes en el ébola, y que tenían el mismo destino. Menudo, de estatura media, es un hombre noble y llano como sus nuevos amigos. Su vínculo con los almacenes, en la paz y en la guerra, se asienta en su honestidad a toda prueba. Van y vienen los cuatro cada día, en horarios que se corren, de la residencia a la zona roja y viceversa. Ortiz ha dejado por unos meses su trabajo habitual, para contribuir, con sus propias manos, a salvar vidas.

Tomado de  Cubadebate

Presente Cuba en Séptima Conferencia Iberoamericana de profesionales de Enfermería

Filed under: Noticias — Xaily Gavilondo @ 10:13

A5A1279A-D8FB-4C53-B1DB-ACE2773EB7A7El pasado 9 de julio se celebró de manera online, la Séptima Conferencia Iberoamericana de profesionales de Enfermería, con la participacion de las presidentas de las Asociaciones de enfermeras de 27 paises.

Al igual que otras naciones latinoamericanas y del Caribe presentes, Cuba  expuso la situación actual de la pandemia de la covid-19 referente al número de contagiados, fallecidos, estrategias para el control y contencion, personal de la salud contagiado, entre otros datos de interés. La experiencia cubana fue muy bien valorada  por los conductores de la actividad.

Los participantes apoyaron la propuesta de mantener la inclusion del idioma español entre los idiomas del Consejo Internacional de Enfermeras (CIE).

Autor: Xaily Gavilondo | Contáctenos
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