Tag Archive 'Cuba'

Jueves 1 / noviembre / 2018

Primer caso de muerte por cáncer en Cuba

Filed under: ¿Sabía que...? — Mirta Nuñez Gudas — noviembre 1st, 2018 — 7:00 am

cuba 1637 mapaEl primer caso de muerte por cáncer registrado en Cuba, ocurrió el 4 de marzo de 1637. Se trataba de un ciudadano portugués, Antonio Hernández, fallecido a consecuencia de una úlcera maligna de la región facial. Los registros parroquiales del suceso se conservaron en los archivos de la Santa Iglesia Metropolitana, de San Cristóbal de La Habana. Así quedó registrado el hecho como Noli me tangere, es decir, ¨no tocar¨, que era como se definía el cáncer en aquella época. El europeo que venía a América sufría más que nadie el efecto dañino de los rayos solares del trópico, para los cuales no tenía ninguna defensa o adaptación antropológica. Continue Reading »

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Lunes 1 / octubre / 2018

Primera Sociedad Médica cubana

Filed under: ¿Sabía que...? — Tania Izquierdo — octubre 1st, 2018 — 12:17 pm

Sociedad estudios clinicos habanaEl 11 de octubre de 1879 se celebró en la sede de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana la sesión solemne inaugural de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, bajo la presidencia del Gobernador Civil de la provincia Alejandro Rodríguez Arias y con la presencia de sus miembros fundadores, de representantes de otras corporaciones científicas y literarias, de la Universidad, del Instituto de Segunda Enseñanza y de la Escuela Profesional de Pintura y Escultura de San Alejandro. Continue Reading »

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Domingo 22 / abril / 2018

El nacimiento de la Fisiología experimental en Cuba

Filed under: ¿Sabía que...? — Mirta Nuñez Gudas — abril 22nd, 2018 — 11:24 am

Dr. Ramón Grau San Martin

Los programas de investigaciones en Fisiología en Cuba comenzaron en el siglo XX, anteriormente quizás solo existieron intentos aislados estimulados por la notable influencia francesa que se vivió en la medicina cubana durante el siglo XIX.

Los trabajos reportados de ese tiempo incluyen proyectos realizados en un pequeño laboratorio que tenía la cátedra de Fisiología desde fines del siglo XIX. Allí se realizaron algunas investigaciones, cuyos resultados fueron publicados en la Revista de Medicina y Cirugía de La Habana bajo el título general de Trabajos del Laboratorio de Fisiología de la Escuela de Medicina.

Así vieron la luz “Ataxia cerebelosa experimental” (1903), por los doctores Pérez-Vento y Hernández Rodríguez; “Notas sobre la cromatolisis y las alteraciones cadavéricas de los centros nerviosos” (1906) y “Apuntes sobre experimentación del método gráfico en Fisiología” (1911); estos 2 últimos del doctor Pérez-Vento.

Pero no fue hasta la llegada a la cátedra 4 de Fisiología del doctor Grau San Martín, de innegable vocación por la investigación, que comenzaron los trabajos experimentales de modo sistemático. Con los pocos recursos de que disponía, inició en la investigación a sus colaboradores más cercanos y aparecIeron entonces los siguientes resultados, principalmente de marcado carácter clínico: “La cifra colesterinémica en el pronóstico de la tuberculosis” (1925), “Superioridad manifiesta del azúcar de caña sobre el extraído del maíz y de diversas féculas utilizables” (1926), “Nuevas prácticas en el tratamiento de la diabetes” (1927), “Relación entre el timo, la alimentación y el crecimiento” (1928), “El valor alimenticio del azúcar” (1929) y otros.

Uno de estos trabajos, “Metabolismo de los nucleoproteidos en el cáncer”, investigación acerca del metabolismo nitrogenado en las neoplasias y especialmente sobre el metabolismo de las purinas y el ácido úrico en noventa pacientes, fue realizado con la colaboración del Departamento del Cáncer del Hospital “Nuestra Señora de las Mercedes” y del Laboratorio Nacional; mereció ser publicado en 1927 por tres importantes revistas médicas del país: Anales de la Facultad de Medicina y Farmacia, Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y Boletín de la Liga contra el Cáncer.

A pesar de haberse paralizado las actividades docentes, primero, por el cierre de la Universidad y después durante el período revolucionario del 30, en el que tomó parte muy activa el doctor Grau, sus discípulos Rodríguez Sarabia y Velazco Castellanos, llevaron a cabo interesantes estudios cuyos resultados se publicaron en la revista Crónica Médico-Quirúrgica de La Habana, entre los que se citan: “Origen del vitaesterol D” (1934), “Consideraciones sobre gráficos de la presión intracardiaca” (1934), “El pequeño diástole general del corazón” (1934), “Estudio fisiológico del timo y de la epífisis” (1935), “Transformaciones de las grasas en el organismo” (1935), “Transformaciones de los núcleos proteicos” (1935) y “El pulso arterial” (1935).

A partir de 1940 las investigaciones del grupo de Grau se incrementarían. Se proyectaron estudios sobre cancerología experimental que comprendieron varios estudios.

Muy importantes fueron también las colaboraciones. El doctor Grau estableció relaciones de colaboración con los profesores investigadores doctores James B. Murphy y Philip B. White, de Rockefeller Institute for Medical Research y con el doctor Little, de Roscoe B., Jackson Memorial Laboratory, por lo que se recibieron en Cuba materiales para investigar el tumor espontáneo del ratón (C3H) y otros como el carcinoma del conejo, sarcoma del ratón y 2 pares de ratones cancerosos, resistente, entre muchos otros recursos. Los trabajos experimentales bajo la dirección del profesor Grau fueron realizados por el profesor Durán Quevedo, el doctor Clerch Rius y el estudiante peruano de apellido Risco.

Se proyectó entonces un nuevo Departamento de Investigaciones para la cátedra, que no se llegó a construir nunca, y se establecieron relaciones de colaboración con el Instituto del Cáncer de La Habana. El 10 de julio de 1944, algo más de un mes después de ser electo presidente de la República, el doctor Grau informaba a la dirección universitaria sobre estos primeros estudios experimentales: “Estimamos que hasta el momento no es posible derivar conclusiones de los trabajos efectuados, pero consideramos de la mayor importancia la continuación de estas experiencias, que seguramente han de poder extenderse si se presta, por la Universidad de La Habana, el debido concurso para terminar el departamento de animales y los medios indispensables para el sostenimiento y la multiplicación de aquellos, de acuerdo con el ofrecimiento del señor Rector.

El 4 de marzo de 1945, el doctor Durán Quevedo informaba que además de las investigaciones que oficialmente se realizaban habían agregado otras ocho dirigidas principalmente al cáncer. De todos estos trabajos experimentales se conservó en el Laboratorio de la cátedra de Fisiología, un relato de cada resultado, así como fotografías y películas en negro o a color de las diferentes etapas de su investigación, piezas anatómicas y los cortes histológicos.

En el II Congreso Nacional de Cancerología, celebrado en La Habana (mayo 7 a 12 de 1945), publicado después en la Revista de Medicina y Cirugía de La Habana, se presentaron y publicaron posteriormente varios trabajos sobre las dietas en el cáncer con estudios preclínicos en ratones y el azúcar en relación con la integridad dentaria, publicado este último en la Memoria del IV Congreso Nacional de Químicos Azucareros, La Habana, 1954. La ausencia del doctor Grau determinó en poco tiempo que no se siguieran en la cátedra los estudios de cancerología experimental, aunque se continuaron por el doctor Clerch Rius durante algunos años más tarde en el Instituto Nacional de Higiene.

Por esa época, se iniciaron líneas de investigación de muy discutidos y combatidos resultados sobre el uso de los azúcares en el tratamiento de la diabetes, dirigidos por el doctor Durán Quevedo. Se publicaron varios trabajos, hasta un total de diez entre 1952 y 1956, como resultados de esas investigaciones.

El interés por las investigaciones científicas, demostrado por los profesores de la cátedra de Fisiología hizo que, a pesar de las muchas dificultades por las que atravesaba la Universidad de La Habana, en abierto combate contra la dictadura de Batista, la Facultad de Medicina, a propuesta de dichos profesores y con la aprobación del Consejo Económico Universitario, creara en 1956 el Instituto de Fisiología “Solano Ramos”, como institución anexa a la Facultad de Medicina, adscripta a la cátedra de Fisiología.

Se erigiría en honor del fallecido profesor titular de Química Biológica, Decano de la Facultad de Medicina y Rector de la Universidad de La Habana, doctor Francisco Solano Ramos Delgado (1887-1928). Su reglamento fue aprobado por el Consejo Universitario el 1 de junio de 1956. La nueva entidad científica con sede en el local de la cátedra tenía como objetivos realizar investigaciones y publicarlas en una revista que sería el órgano oficial del instituto. Este estaría formado por la Junta de Gobierno, que agrupaba a todos los miembros titulares. Estos últimos lo eran la totalidad de los profesores de la cátedra, los que hubieran sido instructores o lo eran en esos momentos y todas las demás personas que fueran aceptadas por la Junta General. Más que con un presupuesto para sus actividades, la Institución debía sostenerse con “donaciones, legados, asignaciones, etcétera, previo a los informes favorables de su Junta de Gobierno y de la Facultad de Medicina” y con sus propias recaudaciones dadas “por las cuotas de matrículas de los cursos que ofrecía, por el importe de suscripción o venta de las publicaciones que realizara y por cualquiera otra recaudación aprobada por los organismos universitarios.

En sesión de 7 de febrero de 1958, el Consejo Universitario conoció el informe rendido por el doctor Durán Quevedo titulado “Un trienio de labor”, contentivo de los trabajos realizados en la cátedra de Fisiología y el Instituto de Fisiología “Solano Ramos”, con la colaboración económica del Banco Nacional de Cuba, cuyo informe no se ha encontrado en el Archivo Histórico de la Universidad de La Habana. El Instituto nacido en tan difíciles momentos no pudo sostenerse mucho tiempo y dejó de existir al abandonar sus cargos los profesores que lo habían fundado.

Se realizaron por Grau y sus discípulos colaboraciones con instituciones poderosas norteamericanas como la Rockefeller en las que se enviaban a Cuba productos y modelos animales para ser tratados en La Habana por investigadores cubanos. Según afirma Delgado García existen documentos de los reportes de los resultados de las colaboraciones. Lamentablemente el Dr. Grau tenía también vocación política y desde los años 30 aunque impulsaba las investigaciones dejó de involucrarse a fondo en ellas.

Ese abandono fue casi total tras obtener en elecciones la presidencia de la República en 1944, pero ello no altera el reconocimiento que debe hacerse a su indiscutible trayectoria como fisiólogo experimental. Los problemas políticos no empañan la ejecutoria en la investigación del que será recordado como el primer fisiólogo experimental de Cuba. Un antecedente de lo que sería el desarrollo de la Fisiología después del 1ro. de enero de 1959.

  1. La Fisiología experimental no médica

Rosalía González-Abreu Arencibia (1862-1930) se puede considerar como la primera fisióloga de primates de Cuba. Rosalía como sus dos hermanas fue educada en los Estados Unidos. Cuando fallecieron sus padres, la herencia fue cuantiosa. Entre estos bienes estaba la finca de palatino Las Delicias, más tarde conocida como Finca de los monos. La Finca tenía siete caballerías de tierra. Rosalía, además de su espíritu benefactor demostrado por sus donativos durante la guerra del 95, poseía una gran curiosidad y amor por los animales. Ella tuvo colecciones de guacamayos, papagayos, canarios, pavos reales, patos, gallos japoneses, águilas, osos, siervos conejos, caballos y un pequeño elefante.

Su interés por los monos comenzó en los últimos años del siglo XIX y en mayo de 1906, inauguró en la finca Las Delicias luego Finca de los monos. Rosalía estaba empeñada en estudiar las costumbres y hábitos alimenticios de los antropoides. Llenó la finca con unos 200 ejemplares pertenecientes a unas 40 especies de América, Europa, Asia y África. En su experimento destaca la historia de Anumá, chimpancé procreado y parido en cautiverio, suceso que tuvo lugar en la Finca de los Monos, el 27 de abril de 1915. Al nacer medía 53 centímetros de talla y 35 de circunferencia craneana, con un perímetro torácico de 37 centímetros. A los 10 años era corpulento, con la estatura aproximadamente de un hombre. Creció entre ternuras y halagos. Se mostraba gentil y amistoso, aunque algo malcriado por ser uno de los preferidos de la colonia.

Los simios de Rosalía no tardaron en llamar la atención de los medios científicos internacionales. El doctor Robert Mearns Yerkes, de la Universidad de Yale, presidente de una comisión de la Carnegie Institution, en 1924 declaró que “la Quinta de los Monos” de Doña Rosalía Abreu, era el experimento antropológico de mayor envergadura jamás realizado, después del estudio del lenguaje de los monos. Doña Rosalía había conseguido la hazaña de reproducir orangutanes en cautividad, lo cual no se había hecho en su época. Esto impresionó a Yerkes. Robert Mearns Yerkes (1876-1956) fue un psicólogo, etólogo y primatólogo norteamericano, precursor en el estudio comparativo de la inteligencia de humanos y primates, y del comportamiento social de gorilas y chimpancés.

En resumen, en la Finca de los Monos se realizaron observaciones científicas y entrenamientos que desarrollaron en los monos hábitos de convivencia con los humanos. Rosalía y sus sirvientes utilizaron sin saberlo un paradigma desconocido aún, el condicionamiento operante que sería descripto por Miller y Konorski en 1924 y más tarde divulgado como instrumental por Skinner en 1938. En este orden de ideas, Rosalía Abreu se convirtió en precursora de este modelo tan aplicado en la actualidad en los aprendizajes motores de la danza y el deporte. Lamentable y posiblemente debido a esa característica negativa del choteo, cuestión apuntada por Ortiz y Manach, Rosalía nunca fue reconocida y estimulada por su labor altruista y científica, sino por el contrario ridiculizada en sus acciones y vulgarizada en caricaturas y chismes canallescos, de prácticas infundadas de zoofilia. Ello proporciona la explicación que tras el fallecimiento de Rosalía en 1930 la colonia no haya sido acogida por las autoridades cubanas de entonces y fuera cedida a los investigadores norteamericanos que habían sido colaboradores de Rosalía en la finca y que sí reconocieron su obra.

Fuente: El origen de la Fisiología Experimental en Cuba.
Hernández Mesa N. Rev. Habanera de Ciencias Médicas. 2018;17:1.

Disponible en: http://www.revhabanera.sld.cu/index.php/rhab/article/view/2197/1966

 

 

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Martes 2 / mayo / 2017

Historia de la Puericultura en Cuba

Filed under: ¿Sabía que...? — Mirta Nuñez Gudas — mayo 2nd, 2017 — 11:15 am

puericultura1En la Edad Media los niños eran tratados como adultos pequeños.

A partir del Renacimiento surge mayor interés en la infancia. En 1722 aparece el término Pediatría en la Europa Central, y en 1865, por primera vez, es acuñado el término Puericultura por Alfred Pierre Caron, profesor en la Universidad de París.

Realizar consultas de Puericultura en la primera mitad del siglo XX en Cuba era prácticamente un lujo. Con el sistema único de salud y cobertura total de la atención primaria a partir de 1959, se lograron establecer consultas de Pediatría (1960) y Puericultura (1963) en los policlínicos.

El nuevo enfoque de la práctica médica preventivo-curativa influyó en el desarrollo de la Puericultura, con programas como: Atención integral al niño y la mujer, la normación de las especialidades, la reducción de la mortalidad infantil, la medición de indicadores de salud en la población cubana de 0 a 19 años, la dispensarización de niños y adolescentes, Puericultura prenatal, así como la evaluación de “Hospitales y policlínicos Amigos de la madre y el niño”. En 2004 fue creado un grupo multidisciplinario para el rescate de la calidad de las consultas de Puericultura, y se inauguró el Centro de Referencia Nacional de Puericultura en el año 2007, con funciones docentes, de investigación, asistenciales-metodológicas y administrativas. Sorprende la búsqueda de cómo se introdujo en Cuba la Puericultura, a través de Infomed e Internet, visitas a bibliotecas especializadas y la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública.

Fuente: Historia de la Puericultura en Cuba.
Román Lafont J, Álvarez Valdés G y Izquierdo Izquierdo ME.
Revista Cubana de Pediatría [revista en Internet]. 2017 [citado 2017 May 2];89(2):[aprox. 0 p.]. Disponible en:http://www.revpediatria.sld.cu/index.php/ped/article/view/225

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Sábado 3 / octubre / 2015

Dr. Miguel Galindo Sardiñas (1932- )

Filed under: ¿Sabía que...? — Mirta Nuñez Gudas — octubre 3rd, 2015 — 11:02 am

Miguel Galindo SardiñasDestacado salubrista cubano encargado por años del Programa Nacional de Inmunización, destino al que verdaderamente se ha consagrado como higienista social.

Nació el 29 de septiembre de 1932, en la Finca Tínima, del barrio Céspedes, en el municipio Manguito de la provincia Matanzas. Por azares de la vida, en 1852, también un 29 de septiembre, nació un gran salubrista cubano, el doctor Diego Tamayo Figueredo, eminente discípulo de Luis Pasteur, a quien se reconoce como el “padre de la microbiología cubana”. Tamayo Figueredo tuvo a su cargo la organización de los servicios sanitarios de Cuba y, entre otras importantes responsabilidades, fue Presidente de la Cruz Roja y de la Academia de Ciencias Médicas Físicas y Naturales de La Habana y Fundador de la Sociedad Cubana de Medicina Tropical.

Gracias al Dr. Gregorio Delgado García, Presidente de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina, que tuviera la encomienda de hacer el Elogio al Dr. Miguel Galindo Sardiñas, cuando fue propuesto como Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Salud Pública, en septiembre del año 1999, hemos podido conformar esta semblanza biográfica.

Desde muy pequeño, Galindo dio muestras de su amor al estudio y cursó la primera enseñanza en las escuelas públicas de la finca Tínima y del central azucarero Washington; la enseñanza primaria superior en la Academia Mederos del poblado de Santo Domingo, en la antigua provincia de Las Villas; el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, dirigido entonces por el destacado pedagogo doctor Pedro Monteagudo, donde se graduó en  1951 y la carrera de medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, donde finalmente se graduó después del Triunfo de la Revolución, en 1960, con la calificación de excelente.

Cumplió el Servicio Médico Social Rural en el Hospital “Héroes del Baire”, en Isla de Pinos, actual municipio especial Isla de la Juventud, donde comenzó su larga y provechosa carrera como salubrista. Allí, donde supuestamente estaría un año, permaneció durante algo más de ocho, primero como médico y director del Hospital “Héroes del Baire” y después como Director Regional de Salud Pública.

Ya con cinco años de práctica en el primer escalón del Sistema Nacional de Salud, tomó el Curso de Administración de Salud en la Escuela de Salud Pública de La Habana -fundada en 1965 y dirigida entonces por su fundador, el inolvidable doctor Carlos Martínez Reyes- donde se graduó con el trabajo “Información básica del Área de Salud de Isla de Pinos”, lo que unido a sus años de experiencia, le permitieron alcanzar el título de Especialista de Primer Grado en Epidemiología, y regresar a su puesto de Director Regional de Isla de Pinos por otros tres años.

En agosto de 1969 es nombrado Jefe del Departamento de Epidemiología de la Dirección Regional de Salud Pública de Guanabacoa y algo más de un año después pasa, con igual cargo, a la Dirección Regional de Salud Pública de Marianao donde llega a desempeñar el cargo de Subdirector de Higiene y Epidemiología.
 
Comienza en 1971 su labor como profesor de Epidemiología en la Facultad de Medicina No. 3 (luego, Facultad “Finlay-Albarrán”) del entonces Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, labor que desempeñó hasta 1984.

Entre tanto, a sabiendas de la necesidad de ampliar y profundizar conocimientos, así como su actualización, recibe dos cursos: “Epidemiología de las enfermedades crónicas” (1972) en Cuba y “Aseguramiento higiénico epidemiológico a eventos masivos” (1976) en Berlín, capital de la entonces República Democrática Alemana.

Ya con una sólida formación teórico-práctica en epidemiología, lograda en más de una década de intenso trabajo en la dirección y de estudio y enseñanza de tan valiosa rama de la medicina social, asciende en enero de 1977 a Jefe del Departamento de Epidemiología del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología de la capital.

Al año siguiente es seleccionado como  Jefe de la Delegación Médica en Guinea Bissau, África Occidental, a sólo cuatro años de su liberación del colonialismo portugués. En ese país desarrolló una notable labor, no sólo como jefe de la misión médica cubana, sino también como Asesor del Viceministro de Higiene y Epidemiología, como profesor de Epidemiología en el Hospital Simao Méndez y como ponente en la V Asamblea Nacional de Asuntos Sociales con el tema “Cuadro Epidemiológico Nacional”. Allí estaba cuando en noviembre de 1980 se produce la violenta deposición del Presidente Luis Cabral.

De regreso a Cuba en diciembre de ese año, se incorpora como Jefe del Departamento de Desinfección, Desratización y Desinsectación del Centro Provincial de Higiene y Epidemiología de la capital, donde luego de cinco meses de labor fue llamado al Viceministerio de Higiene y Epidemiología para ocupar la plaza de epidemiólogo a cargo del Programa Nacional de Inmunización, destino al que verdaderamente se ha consagrado como higienista social.

El doctor Galindo ha sido fiel a la tradición histórica de la medicina cubana en este campo. Baste recordar que el 4 de febrero de 1802 la Real Sociedad Patriótica de La Habana encargó al doctor Romay, su más relevante figura científica entonces, que emitiera opinión sobre el inmortal trabajo en el que Edward Jenner, en 1798, anunció al mundo el descubrimiento de la eficaz inoculación preventiva contra la viruela. El informe favorable de Romay dio inicio a activas acciones que permitieron, en febrero de 1804, comenzar su aplicación en La Habana y su distribución a distintas poblaciones de la colonia.

Tiempo después, en 1886, a sólo dos años de que Louis Pasteur probara la vacunación antirrábica en el perro, el Gobernador General de Cuba designó una comisión de médicos cubanos, integrada por los doctores Diego Tamayo Figueredo y Pedro Albarrán Domínguez, entre otros, para que estudiaran la vacunación antirrábica con Pasteur en París y la aplicaran en Cuba.

A inicios del siglo XX, en 1911, el doctor Juan Guiteras, entonces Director Nacional de Sanidad, envió al doctor Recio a los Estados Unidos a que estudiara con Russell la vacuna preparada por éste y el 9 de febrero del año siguiente comenzaba la vacunación en el Ejército Nacional, dirigida por el doctor Ferrer, entonces alto oficial de la Sanidad Militar.

Al triunfo de la Revolución, se hizo realidad la vacunación contra la poliomielitis, la tuberculosis, el tétanos, la difteria, la tosferina, la fiebre tifoidea, el sarampión, la rubéola, la parotiditis, la hepatitis B, la meningoencefalitis por meningococos B y C, materializando el sueño de los salubristas cubanos, del pasado y del presente, entre los que se encuentra el doctor Miguel A. Galindo Sardiñas, quien al frente del Programa Nacional de Inmunización ha realizado una destacada labor durante las últimas tres décadas, cuyo valor ha sido reconocido nacional e internacionalmente.

Con gran sentido de responsabilidad y compromiso social ha expuesto lo que Cuba ha logrado en este campo en sus informes y ponencias presentadas en más de un centenar de eventos científicos en Cuba y una veintena de otros países. Algunas de esas ponencias en eventos han aparecido luego en publicaciones nacionales e internacionales, que no sólo tienen valor científico y social, sino también –como bien ha expresado el Historiador Oficial de Salud Pública- como documentos primarios para la historiografía de la salud pública cubana, entre los cuales destacan:  “Antecedentes del Programa Nacional de Inmunización en Cuba” (1984); “Impacto del Programa Nacional de Inmunización sobre las enfermedades prevenibles por vacunas desde 1959 hasta 1987” (1989); “Informe preliminar del MINSAP de Cuba para optar por el Certificado de Erradicación de la Poliomielitis” (1994); “La inmunización en Cuba. Sus estrategias” (1997); “Programa Nacional de Control del Sarampión, Rubéola y Parotiditis. Logros alcanzados” (1986); “Estrategia cubana para el control de la Hepatitis B” (1998) y “Experiencia nacional e internacional en el empleo de la vacuna cubana antimeningocóccica B y C” (1993), entre otras.

El profesor Galindo ha llevado sus conocimientos a todo el sistema nacional de enseñanza médica superior, impartiendo cursos de posgrado sobre actualización en inmunología y en vacunación en las Facultades de Ciencias Médicas de Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma, Santiago de Cuba, Guantánamo y en Centros Provinciales de Higiene y Epidemiología de Pinar del Río, La Habana, Matanzas y Guantánamo, en el Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” y otros.

Por su prestigio profesional y profesoral, la Organización Panamericana de Salud (OPS) lo nombró Asesor Temporero en los Estados Unidos en 1981; se le otorgó por concurso el título de Especialista de Segundo Grado en Epidemiología en 1985; la Academia de Ciencias de Cuba evaluó los informes finales de investigaciones suyas, en 1991, 1994 y 1997, como resultados científico-técnicos destacados y lo nombró Miembro del Grupo de Expertos de Vacuna; el Ministerio de Salud Pública de Cuba lo nombró Presidente del Grupo Técnico Asesor y lo declaró Trabajador de Mérito de la Salud Pública en 1997 y la Organización Panamericana de Salud (OPS) reconoció su notable labor al otorgarle su Premio de Inmunización 1999.

Por su parte, la Sociedad Dominicana de Pediatría lo designó Miembro Honorari; la Sociedad Cubana de Higiene y Epidemiología le entregó su Diploma de Mérito Profesional por más de treinta años de labor en la especialidad con relevante dedicación a la docencia, investigación y administración y la Sociedad Cubana de Salud Pública, con el co-auspicio de la Sección de Medicina Social del  Ateneo “Juan César García”, del Hospital Universitario “General Calixto García” y de la Representación en Cuba de la OPS/OMS testimoniaron su alto reconocimiento a tan representativa personalidad de la epidemiología de nuestro país otorgándole la categoría de Miembro de Honor, el 16 de septiembre de 1999.

Hasta hoy, el infatigable médico, profesor e investigador Miguel Galindo Sardiñas, continúa su obra a favor de la salud de los cubanos y otros ciudadanos del mundo. ¡Gracias por estar con nosotros!

Colaboración: María del Carmen Amaro Cano
Vice-Presidenta Sociedad Cubana Historia de la Medicina

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Delgado García, G. Elogio al Dr. Miguel Galindo Sardiñas, propuesto como Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Salud Pública. Conferencia en la Sesión extraordinaria, 16 septiembre 1999.

Galindo Sardiñas, Miguel. C-Vitae. FCM “Finlay-Albarrán. UCM-H.

Galindo Sardiñas, Miguel. Expediente Estudiante No. 72598 Archivo Histórico UH.
García Mayo M. La introducción de la vacuna en Cuba. La Habana. Ed. Alfa, 1938.
Quintana Rodríguez J. Louis Pasteur y los médicos cubanos. Revista Bohemia. La Habana. 1949; 40: 116-119 y 123.
Roig de Leuchsenring Emilio. Juan Guiteras Gener: uno de los higienistas más notables del mundo. La Habana: Editorial Alfa. 1938. pp 12-4.

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Domingo 19 / abril / 2015

Louis Fontaine Cullembourg (1689-1737)

Filed under: ¿Sabía que...? — Mirta Nuñez Gudas — abril 19th, 2015 — 5:08 pm

Louis FountaineFue un francés descendiente de médicos y boticarios. Primer graduado como doctor en Medicina en la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, integrante de su primer claustro y primer decano de su Facultad de Medicina.

Nació el 18 de abril de 1689  en Clermont et Beauvaisis. Fue hijo del doctor en Medicina y regente de la Facultad de Medicina de la Universidad de París Philippe Fontaine.

Comenzó estudios de Medicina en la Universidad de Montpellier, el 30 de septiembre de 1711, y obtuvo el título de bachiller el 26 de enero de 1713. El 20 de abril del mismo año, tras haber sido electo consejero, solicitó autorización al decano para dar lecciones sobre diferencias entre  varias enfermedades. La solicitud fue aceptada, y al terminar el curso se le expidió una certificación, firmada por los más de cuarenta doctores, licenciados, bachilleres, consejeros y estudiantes que participaron en él. El 10 de junio siguiente se graduó como maestro en Artes y Filosofía; dos días después como licenciado en Medicina, y el 12 de julio siguiente obtuvo el grado de doctor.

El 6 de octubre de 1714 se le designó protomédico en la colonia francesa de Guarico, de donde se trasladó el 15 de enero de 1717 a la isla Tortuga. Desde allí solicitó al rey de España pasar a sus dominios, alegando indisposiciones ocasionadas por el clima.

El 19 de febrero de 1717 se presentó ante el Protomedicato habanero, con el fin de adquirir licencia para ejercer su profesión en la villa. En virtud de que, por ley, los graduados fuera de los dominios españoles no podían curar en ellos sin aprobación real, el Cabildo, con interés de retenerle por la carencia de médicos en La Habana, suplicó a Su Majestad despachara una cédula que admitiera a Fontaine como tal. El Real Decreto se expidió a su favor el 15 de enero de 1718, pero ya él había viajado a México con el objetivo de revalidar su título en aquel Real Protomedicato.

El 20 de diciembre de 1718 viajó a París, donde permaneció por algún tiempo; luego se trasladó a España, donde se le nombró médico del Real Hospital de la Coruña el 13 de diciembre de 1722. Allí permaneció hasta 1727, cuando regresó a La Habana.

El 19 de diciembre de 1727 presentó su documentación legal al Cabildo y el 15 de enero de 1728 se acordó otorgarle título de catedrático en Anatomía, que desempeñó gratuitamente. En los diez años que ocupó la Cátedra de Anatomía, aceptó que mantuviera su carácter teórico, y que no se practicaran disecciones en cadáveres, dadas las prescripciones impuestas por los dominicos.

Al ocurrir el 2 de marzo de 1728 el fallecimiento del bachiller Francisco González del Álamo, entonces protomédico regente, el doctor Francisco Teneza Rubira lo designó para ocupar la plaza de Fiscal del Protomedicato que aquel dejara vacante.

El 6 de septiembre de 1728 la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana le confirió los grados de licenciado y doctor en Medicina, y la Facultad de Medicina lo nombró su decano. Con ello se convirtió en el primer graduado como doctor en esa institución y en el primero que ocupara en ella un cargo de relevancia.

A raíz de ese nombramiento, Fontaine solicitó que se creara, para él, la plaza de protomédico segundo. Su reputación quedó demostrada por el gran número de recomendaciones que apoyaron su solicitud; entre ellas, las del mismo doctor Teneza, el gobernador, el rector y el claustro de la Universidad, además de las de todos los priores de conventos y órdenes religiosas. Por Real Decreto de 3 de julio de 1729 se le hizo merced del cargo de protomédico segundo, que aceptó el Cabildo el 16 de diciembre siguiente.

Algunas fuentes hacen constar que falleció el 29 de agosto de 1736; otras indican los mismos día y mes, pero del año 1737, mientras una tercera indica la fecha del 19 de julio de 1737. Su entierro se realizó en la Iglesia Parroquial Mayor de La Habana.

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