Homenaje a los estudiantes fusilados en 1871

Posted at — Mirta Nuñez Gudas — noviembre 26th, 2010 — 9:49 pm under Conmemoración

La sociedad cubana se llenó de luto y tristeza en noviembre de 1871 con el fusilamiento de ocho estudiantes, acusados injustamente de un delito que nunca cometieron por los representantes del gobierno colonial español, que poseían el poder político en la “siempre fiel Ysla de Cuba”.

El 22 de ese mes, los alumnos de primer año de Medicina de la Universidad de La Habana esperaban en el Anfiteatro de San Dionisio, junto al antiguo cementerio de Espada, por el profesor, quien finalmente ese día no asistió a sus clases habituales.

Mientras aguardaban, uno de los jóvenes tomó una flor, y todos fueron acusados de rayar el nicho que guardaba los restos mortales del periodista español Gonzalo Castañón, un defensor de los intereses de la Corona española desde su tribuna en el periódico habanero La Voz de Cuba, del cual era director.

Con solo esos datos, el gobernador político de La Habana, Mauricio López Roberts, sometió a un interrogatorio al capellán y a otras personas allegadas al cementerio; después arrestó a todos los integrantes de la clase de primer año de Medicina, mientras los miembros del Cuerpo de Voluntarios exigían la cabeza de los jóvenes cubanos, a pesar de que no tenían las pruebas de su culpabilidad.

Pocas horas más tarde, los alumnos fueron acusados de infidencia y sin pérdida de tiempo se constituyó un Consejo de Guerra, que emitió un veredicto que no resultó aprobado por el Capitán General de la Isla, pues lo devolvió sin su firma.

De inmediato, las autoridades hispanas crearon otro Consejo de Guerra con el objetivo de tener asegurado el fallo; esto se evidenció claramente por la rapidez del proceso y su nefasto resultado, dado a conocer poco después. Dada la demostrada ausencia de culpabilidad, existe la certeza de que con aquellos jóvenes, se cometió un verdadero asesinato, con visos de legalidad.

Ante el horrendo crimen, el capitán Federico Capdevila, defensor de los ocho estudiantes ,declaró: “Mi obligación como español, mi sagrado deber como defensor, mi honra de caballero y mi pundonor como oficial es proteger y amparar a los inocentes: lo son mis cuarenta y cinco defendidos”.

Años después, el doctor Fermín Valdés Domínguez, uno de los alumnos de aquel curso y finalmente condenado a seis meses de prisión, logró que al exhumarse los restos de Gonzalo Castañón, el hijo de éste hiciera una declaración por escrito en la que explicara el estado del nicho.

En el documento se dio a conocer que todo estaba en orden, con lo que se probó, una vez más, que los ocho estudiantes de Medicina, fusilados el 27 de noviembre de 1871, eran inocentes.

Fuente: Somos jóvenes

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