Aquel 27 de noviembre de 1871

Filed under: ¿Sabía que...? — noviembre 25th, 2019 — 5:00 am — Tania Izquierdo

Monumento-27-de-noviembre-2

¡Y más que un mundo, más! Cuando se muere / En brazos de la patria agradecida, / La muerte acaba, la prisión se rompe; / ¡Empieza al fin, con el morir, la vida!

Así expresó José Martí su pesar por aquel horrendo e impune crimen en su poema “A mis hermanos muertos el 27 de noviembre”. No existe alma honesta en el mundo que no haya condenado de una manera u otra aquel abuso de poder. No fue más que una expresión de impotencia del coloniaje. Una de tantas que recoje la historia. Pero esta en particular, tocó fondo dolorosamente en el pueblo cubano.

El hecho

En la tarde del 24 de noviembre de 1871 los alumnos del primer curso de Medicina estaban esperando en el Anfiteatro Anatómico la llegada de su profesor Pablo Valencia y García, quien a las 3:00 p.m. debía impartir una clase de Anatomía. Su ubicación actual corresponde a las calles San Lázaro, Vapor, Espada y Aramburo, como limitantes del cementerio y el anfiteatro anatómico colindando con éste por su lado de Vapor, hoy municipio Centro Habana.

La tardanza del profesor, por un examen que tenía en el edificio de la Universidad, motivó a algunos estudiantes a buscar otras actividades. Unos se dispusieron a asistir a las prácticas de disección que explicaba el doctor Domingo Fernández Cubas. Otros fueron a dar un corto paseo por el Cementerio de la calle Espada, que estaba al lado del Anfiteatro Anatómico. Cuatro de los jóvenes estudiantes (Anacleto Bermúdez, Ángel Laborde, José de Marcos y Juan Pascual Rodríguez) decidieron hacer travesuras montando el carruaje del cementerio que servía para transportar los cadáveres destinados a la sala de disección, y pasearon con él por la plaza que se encontraba delante del cementerio. Otro de los estudiantes (Alonso Álvarez de la Campa, 16 años) tomó una flor que estaba delante de las oficinas del cementerio.

Los jóvenes estudiantes reían y se divertían, algo propio de la edad. Sin embargo, el vigilante del lugar Vicente Cobas, no lo entendió así, y mortificado y enfurecido, porque los estudiantes supuestamente habían estropeado su jardín, decidió hacer una falsa delación al gobernador político Dionisio López Roberts, en la que acusaba a los muchachos de haber rayado el cristal que cubría el nicho donde reposaban los restos del periodista español Gonzalo Castañón.

Al día siguiente 25 de noviembre de 1871, llegó el gobernador Dionisio López Roberts al cementerio y a la Universidad colindante, dispuesto a apresar a todos los esudiantes que pudiera. Primero trató de arrestar a todos los estudiantes de segundo curso, pero su profesor Juan Manuel Sánchez Bustamante y García del Barrio se opuso enérgicamente.

Entonces se dirigió al aula del primer curso. Su profesor Pablo Valencia y García se asustó y no impidió que 45 de sus 46 estudiantes fueran arrestados, directamente en su aula universitaria.

Los estudiantes fueron procesados en juicio sumarísimo 2 veces. El primer juicio comenzó al día siguiente 26 de noviembre, bajo las órdenes del Segundo Cabo, General Crespo, por encontrarse ausente el Conde de Valmaseda. El juicio dictaminó sentencias suaves, algo que no fue aceptado por los Voluntarios al servicio del Gobierno español, amotinados frente al edificio de la cárcel, quienes manifestaron su inconformidad con las sentencias y exigieron que se formara otro Consejo de Guerra más severo.

Inmediatamente se forma un segundo Consejo de Guerra, que siguió deliberando hasta el día 27 al mediodía, sopesando la cantidad de estudiantes a condenar a la pena máxima. Al final, decidieron que ocho estudiantes serían fusilados. Los cinco primeros fueron fáciles de escoger: los cuatro que pasearon en el carrejón, y el que arrancó la flor. Los otros tres estudiantes fueron escogidos al azar entre el resto, como escarmiento.

El Consejo de Guerra firmó la sentencia a la 1:00 p.m. y leyó el fallo. Ocho estudiantes debían morir. Del resto, 11 fueron condenados a seis años de prisión, 20 a cuatro años, y cuatro a seis meses, además de que los bienes de todos quedaron sujetos a las responsabilidades civiles determinadas por las leyes.

Contrario a la pintura más conocida, a los estudiantes los asesinaron de dos en dos, con las manos atadas a la espalda, de rodillas y de espaldas al pelotón de fusilamiento. De la sentencia definitiva al momento final apenas pasaron poco más de tres horas. Casi siglo y medio después, todavía los mitos y la realidad se entrelazan para contar esta historia de horror y tristeza.

Aunque España trató de apartar este suceso de la Guerra de los Diez Años que en ese momento estaba desarrollándose con toda fuerza en Cuba, estaba claro que este fusilamiento pretendía aterrorizar a la población cubana dando un escarmiento ejemplar, para frenar el sentimiento independentista de los cubanos, aunque el resultado fue todo lo contrario. Tanto el abominable crimen, como el inconcebible proceso judicial que lo precedió, contribuyeron a reforzar estos sentimientos independentistas.

Voces

Con solo 19 años, Fermín Valdés Domínguez ya tenía en su historia la fundación junto a José Martí del periódico “El Diablo Cojuelo” y una condena de seis meses acusado de infidencia. Sin embargo, quizás durante toda su vida nunca estuvo tan cerca de la muerte como en aquellos días de 1871. Fermín fue uno de los estudiantes conducidos a prisión en la tarde del 25 de noviembre.

«Momentos fueron aquellos terribles para nosotros; aquella galera era nuestra capilla. Aquella ansiedad, que no era mayor que la de toda la noche y todo el día, duró una hora. Todo indicaba que iba a consumarse el crimen, pues la capilla de la cárcel esperaba ya a las víctimas; una compañía de Voluntarios la custodiaba, y aun no sabíamos quién había de morir».

En el segundo Consejo de Guerra, Fermín y una decena de estudiantes recibieron la condena de seis años de cárcel. Otros debían cumplir penas de cuatro años. No obstante, luego de varias gestiones y gracias al escándalo desatado en algunos países por el fusilamiento de los jóvenes, a mediados de 1872 el Rey Amadeo I firmó un indulto para todos y sin rehabilitarlos públicamente los deportó a España.

Nada más llegar a aquel país, Fermín comenzó un titánico trabajo para denunciar la injusticia cometida con sus compañeros muertos. En el primer aniversario de los hechos circuló por Madrid un impreso que recordaba a los estudiantes y en años sucesivos publicó varias ediciones de su libro “Los Voluntarios de La Habana en el acontecimiento de los estudiantes de Medicina”.

Junto a ello, en enero de 1887 logró que uno de los hijos de Gonzalo Castañón confirmara la normalidad del nicho de su padre, un testimonio que echó por tierra la justificación empleada 16 años antes para fusilar a los estudiantes. A su vez, impulsó la exhumación de los restos de sus compañeros y recaudó fondos para erigir el actual monolito funerario. Más tarde, él también reposaría allí.

Teodoro Zertucha tenía diecinueve años cuando ocurrieron aquellos funestos sucesos y no se encontraba allí aquella tarde. Cuando lo entrevistaron en noviembre de 1946, contaba con 94 años de edad y permanecía recluido en la Sala Inclán en la Quinta Covadonga, en La Habana (hoy Hospital “Salvador Allende”).

Este venerable anciano, al igual que Fernándo Méndez Capote, eran en aquella época, los únicos supervivientes que existían de aquellos trágicos acontecimientos. Increíblemente el doctor Zertucha estaba muy lúcido. Recordaba todo, o casi todo lo ocurrido con sus compañeros de clase.

Por unas amistades se enteró de que los Voluntarios tenían cercados en el aula a sus compañeros. No obstante, decidió presentarse y correr la misma suerte que ellos.

Dijo Zertucha: «Ni mis compañeros ni yo habíamos cometido delito alguno para que se nos detuviera… No tuve dificultades para entrar. Me dejaron hacerlo con la pasión del que ha tendido una trampa y espera, sin impacientarse, a que sus víctimas vayan cayendo en la misma».

«Los presos nos comunicaron entonces que fusilarían a dos. Las voces volvieron a rugir. Otro toque de silencio y la muchedumbre de Voluntarios y toques de silencio, así fuimos enterándonos que se fusilaría a ocho… Consternados nos mirábamos unos a otros. ¿Quiénes de nosotros serían los elegidos para ser llevados al paredón?»

«Separaron primeramente a los cuatro que habían confesado que en el Cementerio, una tarde, habían tomado el carro donde se conducían los cadáveres de los pobres de solemnidad, para dar una vuelta por dentro del mismo Cementerio, mientras llegaba el profesor.»

«¡Qué ajenos estaban ellos cuando dieron aquella vuelta, que estaban sellando sus destinos y que en ese mismo carro, unas horas más tarde, se llevarían sus cadáveres al cementerio!»

«Alonso Álvarez de la Campa fue también sacado. Había jugado con un rosal arrancándole una flor. Ese era todo su delito. Con él se completaban cinco. Los colocaron en una bartolina. Faltaban tres. Vimos entonces venir hacia la galera donde estábamos a un coronel de Voluntarios, seguido de varios oficiales. Traía en las manos un papel. Leyó tres nombres. Uno era Bermúdez, sí, Anacleto Bermúdez. Otro era Marcos Medina. Del tercero no puedo acordarme ahora. Pero con esos tres completaban los ocho».

«Vimos entrar ocho curas. Eran los confesores. Media hora más tarde vimos salir a nuestros compañeros. Iban con las manos esposadas. Junto a cada uno de los condenados marchaba el confesor pidiendo al cielo que recibiese aquellas almas inocentes.»

«Marcharon por entre una doble fila de Voluntarios que los miraban indiferentes. Levantando las manos esposadas cuando pasaban por cerca de nuestra galera nos decían adiós. Iban serenos. Yo los vi ir…»

Historias

La muerte de cinco hombres negros el mismo día del fusilamiento de los estudiantes de Medicina es tal vez la más mítica y desconocida de las historias que hasta hoy llegan en torno al 27 de noviembre de 1871.

Para unos, aquellos hombres pertenecían a la sociedad secreta Abakuá y se lanzaron casi al suicidio en cofradía con uno de los suyos. Para otros, ese acto es la muestra para negar que no todos los cubanos quedaron indiferentes ante el crimen.

Sin embargo, todos coinciden en un elemento: al parecer en el acto murieron cinco negros liderados por el hermano de leche de Alonso Álvarez de la Campa, el más joven de los estudiantes condenados. De hecho, esa es la versión que sostiene la película cubana “Inocencia”, inspirada en los sucesos del 27 de noviembre.

Desde el 27 de noviembre de 2006 los miembros de la sociedad Abakuá realizan una peregrinación hasta un jagüey situado en la esquina de Morro y Colón en La Habana Vieja, el lugar donde según la tradición cayó uno de los negros aquel día. Luego siguen su recorrido hasta el templete erigido en el sitio donde murieron los estudiantes. Lo cierto es, que la historia de los cinco negros muertos casi junto a los estudiantes de Medicina, aun necesita conocimientos mayores.

Homenaje

homenaje-estudiantes-medici

Cada 27 de noviembre es preciso recordar la valía de jóvenes como aquellos, una cualidad casi inherente a los que son y serán profesionales cubanos de la Salud. La profesora, doctora e historiadora María del Carmen Amaro, recuerda ser muy pequeña cuando en su natal Matanzas escuchó hablar sobre el trágico suceso, porque, además de la injusticia, un hijo de la Atenas de Cuba, Carlos de Jesús Verdugo y Martínez, de solo 16 años, contaba entre los condenados a muerte y quien, además, no se encontraba tan siquiera en la Capital cuando ocurrieron los hechos.

Como esos jóvenes que recién comenzaban su vida en el camino de la Medicina, nuestros médicos tienen amén de la profesionalidad, grandes baluartes: las aptitudes y los valores. Por eso recordamos la fecha, por eso y porque la vida vuelve a colocar coincidencias históricas en este noviembre, todas para recordar el gran sentido humanista de nuestro pueblo y sus galenos.

Edición: Lic. Tania izquierdo Pamias

Fuentes y referencias:

- «Ni mis compañeros ni yo habíamos cometido delito alguno». Testimonio de un sobreviviente de los sucesos del 27 de noviembre de 1871. Periódico Granma. Hoy en la Histroia. Delfín Xiqués Cutiño | 26 de noviembre de 2018

- Fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina. Cuba Militar Wiki

- Sucesos del 27 de Noviembre: Cuatro historias contra el odio (+ Video). Especiales. Yunier Javier Sifonte Díaz | 27 noviembre 2018

- El más profundo acercamiento a la verdad. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana. Maria Karla Villar y Rachell Cowan | noviembre 28, 2018

- El día 27 de noviembre de 1871. Portal José Martí. Pedro J. de La Torre; Fermín Valdés Domínguez

- Sangre de inocentes. Portal José Martí. José Martí

- Fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina. Cubaeduca. Historia. Roberto Gómez Montano

- María del Carmen Amaro: “Recordar a los ocho estudiantes de medicina es también un homenaje a nuestro sistema de Salud”. Redacción Cubadebate | 27 de noviembre de 2018

Los inicios de la radiología en Cuba

Filed under: ¿Sabía que...? — noviembre 6th, 2019 — 5:00 am — Mirta Nuñez Gudas

padre-de-la-radiologia-Cuba

Por sus valiosos aportes en el estudio de las aplicaciones de las radiaciones en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, el Dr. Francisco Domínguez Roldán es considerado con justicia como el “padre de la Radiología en Cuba”.

Francisco Domínguez Roldán (1864-1942) nació en La Habana el 15 de febrero de 1864, en el seno de una familia acomodada. Después de estudiar en el Colegio Carcasés y en los Escolapios de Guanabacoa, se graduó de Bachiller a los trece años. Gracias a un permiso especial, pudo matricularse en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana. En 1883 y contando sólo diecinueve años de edad, obtuvo el grado de Licenciado en Medicina con notas de sobresaliente.

Atendiendo a disposiciones vigentes por parte del gobierno español que no permitían obtener el Doctorado en Medicina en La Habana, marchó a Madrid, España, donde logró dicho título después de presentar su Tesis “Contribución al Estudio de la fiebre amarilla” (1885), inspirada en las enseñanzas de su maestro y amigo el Dr. Carlos J. Finlay.

En lugar de retornar a Cuba e iniciar su carrera profesional, y en conformidad con su padre, viaja primero a París y luego rematricula la carrera de Medicina, que cursó durante los seis años siguientes. Es recibido al externato en 1887, y más tarde al internato, uno de los concursos de oposición más difíciles del mundo científico en aquellos momentos. Fueron sus maestros los doctores Jules Luys, Charles Walther, Len Lefort, Jean Guyon y Simon Duplay. Tambiém conoció personalmente a Luis Pasteur. Logró graduarse en 1892.

De regreso a Cuba fue nombrado Catedrático Auxiliar de Medicina Operatoria, para enseñar Anatomía Topográfica y Operaciones. Más tarde fue nombrado cirujano del Hospital “Mercedes”, donde introduce la asepsia y la antisepsia.

En febrero de 1896 dejó su próspera carrera para pelear en la manigua por la independencia de la Patria, al lado del General Lacret. En el campo de batalla tiene el honor de atender al Generalísimo y Jefe de la Revolución, Máximo Gómez; en el cumplimiento de esta misión obtiene el grado de Teniente Coronel y a su regreso a La Habana parte de inmediato a la capital francesa, esta vez para actualizar sus conocimientos y ponerse al día en los últimos adelantos de la ciencia.

Durante dicha visita tuvo la oportunidad de conocer a Pierre y Marie Curie. Nuevamente en Cuba, se reintegró a la Cátedra de Anatomía Topográfica y Operaciones de la Universidad de La Habana, donde creó una escuela en la técnica quirúrgica cubana. Uniendo la práctica a la teoría, fabricó él mismo los primeros aparatos de Radiología, y en 1906, tras un viaje a Europa, instaló en el Hospital Mercedes el primer Departamento de Radiología de Cuba, inaugurado el 1 de mayo de 1907, del cual fue fundador y su primer director.

En los años siguientes organizó el Departamento de Radiología de la Quinta Covadonga (actual Hospital “Salvador Allende”) del que también fue fundador y primer director, así como los de la Benéfica (actual Hospital “Miguel Enríquez”) y del Hospital “General Calixto García”, todos los cuales cooperaron eficazmente al progreso de los estudios y práctica radiológica en Cuba.

Asistió como delegado de Cuba al Congreso de Radiología de Barcelona, en 1910. Posteriormente, fue nombrado por el presidente de la república, Mario García Menocal, para ocupar la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, tarea que desempeñó desde 1917 hasta 1919.

Durante varias décadas dió a conocer diversos artículos en publicaciones periódicas cubanas y extranjeras; en La Habana, por ejemplo, publicó en los Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, en la Revista de Ciencias Médicas, en la Revista de la Escuela de Medicina, en los Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos, en la Revista de Medicina y Cirugía y en la Revista Vida Nueva, así como en periódicos como El Mundo, mientras que en el exterior colaboró con la Revista de Ciencias Médicas de Buenos Aires, con la Revista de Medicina de México, con la American Medicine, de Filadelfia, así como con el Boletín de la Academia de Medicina de París.

Entre 1935 y 1941 publicó más de una docena de trabajos referidos a las investigaciones de Finlay, una postal con el retrato de aquel gran científico cubano, realizado por el Doctor Esteban Valderrama, una cartilla para los niños cubanos y hasta un boceto de drama cinematográfico.

El 25 de abril de 1942 , la muerte le impidió culminar la edición española de su libro sobre Carlos J. Finlay.

Edición: Lic. Tania izquierdo Pamias y Dra. Mirta Núñez Gudás

Fuentes y referencias::

- El Dr. Domínguez Roldán visto por el estudiante Mario Dihigo. Ferreira Moreno VG. Rev Méd Electrón [Internet]. 2016 Sep-Oct;38(5)

- Biografía del Dr. Francisco Domínguez Roldán. María Luisa Domínguez-Roldán. Cuadernos de Historia de la Salud Pública. 1964

- Francisco Domínguez. Ecured

Últimos días de la viruela en el mundo

Filed under: ¿Sabía que...? — octubre 25th, 2019 — 12:15 am — Mirta Nuñez Gudas

viruela

A fines de 1975, Rahima Banu, una niña de tres años de Bangladesh, fue la última persona en el mundo que enfermó de viruela mayor de manera natural y la última persona en Asia en tener viruela activa. La pequeña fue aislada en casa, custodiada durante las 24 horas del día para evitar contacto con otras personas, hasta que superó la etapa infecciosa de la enfermedad. Continue Reading »

Denton A. Cooley, pionero del transplante cardíaco

Filed under: ¿Sabía que...? — septiembre 22nd, 2019 — 10:43 am — Mirta Nuñez Gudas

En mayo de 1968, el Dr. Denton Arthur Cooley (1920 – 2016) efectuó el primer trasplante cardíaco exitoso de Norteamérica. Si bien el paciente requirió luego un retrasplante, vivió alrededor de 7 meses, pudiendo ser dado de alta a su hogar. El 4 de abril de 1969, en el St. Luke’s Hospital de Houston, al no disponer de un corazón para trasplantarle a una mujer de 47 años con una enfermedad del músculo cardíaco, implantó temporalmente un corazón mecánico construido con silicona. Este corazón artificial experimental se utilizó durante 64 horas, y se retiró cuando se dispuso de un corazón humano. Aunque la paciente murió poco después a consecuencia de una neumonía, la intervención de Cooley se considera un éxito completo. Continue Reading »

Profesor Harald zur Hausen: virus y cáncer

Filed under: ¿Sabía que...? — septiembre 4th, 2019 — 5:00 am — Mirta Nuñez Gudas

Harald-zur-HausenLa infección por virus del papiloma humano (VPH) es una de las infecciones de transmisión sexual (ITS) más comunes en el mundo. Cualquier persona sexualmente activa puede contraer el VPH. Hay muchos tipos de VPH y algunos de ellos no causan problemas de salud. Por lo general, las infecciones causadas por este virus suelen desaparecer sin ninguna intervención unos meses después de haberse contraído, y alrededor del 90% remite al cabo de 2 años. Pero un pequeño porcentaje de estas infecciones, causadas por determinados tipos de VPH, puede persistir y convertirse en cáncer.

Hoy 4 de septiembre, en que celebramos el Día Mundial de la Salud Sexual, es un buen momento para destacar el descubrimiento del papel de estos virus en el cáncer cérvicouterino, segundo tipo de cáncer más frecuente en las mujeres de las regiones menos desarrolladas donde, según la Organización Mundial de la Salud, se estiman unos 570 000 nuevos casos en el 2018 (el 84% de los nuevos casos mundiales).

El profesor y médico investigador Harald zur Hausen (1936 – Gelsenkirchen, Alemania) fue nombrado en 1972 presidente del recién establecido Instituto de Virología Clínica en Erlangen-Nürnberg. En ese momento de su vida contaba ya con varios años de experiencia en la investigación del virus de Epstein-Barr (VEB).

Durante mucho tiempo se sospechó que el cáncer de cuello uterino era causado por un agente infeccioso. A fines de la década de 1960, el herpes simple tipo 2 (HSV-2) surgió como el principal sospechoso basado en algunas observaciones seroepidemiológicas.

Con el apoyo de sus colegas, zur Hausen utilizó la misma técnica de análisis conque investigó la presencia de ADN del virus de Epstein-Barr en muestras de cáncer humano, para buscar secuencias de HSV-2 en biopsias de cáncer cervical. Todos los primero intentos, sin embargo, fracasaron.

Años atrás, había estudiado una gran cantidad de informes anecdóticos que describían la conversión maligna de las verrugas genitales en carcinomas de células escamosas. Dado que se había demostrado que las verrugas genitales contenían partículas típicas del virus del papiloma, esto provocó la sospecha de que el virus de la verruga genital podría ser el agente causante del cáncer cervical. En base a esta hipótesis, el doctor zur Hausen inició un programa de investigación sobre el virus del papiloma en Erlangen.

Con la ayuda del Hospital de Dermatología local, recibieron una gran cantidad de biopsias de verrugas plantares y en 1974, publicaron un primer informe demostrando una hibridación cruzada del ADN del virus de la verruga plantar con otras verrugas. Las verrugas genitales y las biopsias de cáncer cervical fueron negativas. Esta fue la primera pista de que existen diferentes tipos de virus del papiloma. En los años siguientes, el doctor zur Hausen y su equipo, de conjunto con el grupo de Gérard Orth en París, pudieron identificar la pluralidad de la familia del virus del papiloma humano al aislar un número cada vez mayor de nuevos tipos.

En 1977, Harald zur Hausen fue nombrado presidente del Instituto de Virología de la Universidad de Friburgo, Alemania. La mayoría de los miembros de su equipo en Erlangen se unieron a él para continuar con los estudios sobre los virus del papiloma humano.

A fines de 1979, Lutz Gissmann y Ethel-Michele de Villiers, ambos del equipo de trabajo del Dr. zur Hausen, aislaron y clonaron con éxito el primer ADN de las verrugas genitales, el VPH-6. Inicialmente fue decepcionante no detectar este ADN en las biopsias de cáncer de cuello uterino. Sin embargo, el ADN del VPH-6 resultó ser útil para aislar otro virus del papiloma de verruga genital estrechamente relacionado, el VPH-11, inicialmente de un papiloma laríngeo.

Al utilizar el VPH-11 como patrón, una de cada 24 biopsias de cáncer de cuello uterino resultó positiva. Además, en otras biopsias se hicieron visibles algunas bandas débiles, lo que permitió especular que podrían representar indicios de la presencia de tipos de VPH relacionados pero diferentes en estos cánceres. El equipo clonó estas bandas con éxito.

En 1983 se logró documentar el aislamiento del VPH-16 y en 1984, el aislamiento del ADN del VPH-18. Entre las observaciones realizadas durante este periodo, se vió que el ADN del VPH-16 estaba presente en aproximadamente el 50% de las biopsias de cáncer de cuello uterino y el VPH-18 en algo más del 20%, incluidas varias líneas celulares de cáncer de cuello uterino, entre ellas la línea HeLa.

En los primeros dos años después de aislar los VPH 16 y 18, quedó claro que estos virus desempeñaban un papel importante en el desarrollo del cáncer cervical: el ADN viral se encontró comúnmente en un estado integrado, lo que indica la clonalidad del tumor. Además, parte del genoma viral con frecuencia se eliminó en el proceso de integración. Dos genes virales, E6 y E7, se transcribieron consistentemente en las células cancerosas. Las lesiones precursoras del cáncer cervical también contenían estos virus y expresaban los genes respectivos.

Los primeros contactos con compañías farmacéuticas para el desarrollo de vacunas contra el VPH fracasaron, en vista de un análisis de mercado realizado por una de ellas que indicó que no habría mercado disponible. Afortunadamente, esto cambió en años posteriores.

La hipótesis inicial de que el cáncer de cuello uterino fue causado por los virus del papiloma, el aislamiento exitoso y la caracterización de los dos tipos de VPH más frecuentes en este cáncer y los pasos posteriores que conducen a una mejor comprensión del mecanismo de la carcinogénesis mediada por el VPH y, finalmente, al desarrollo de una vacuna preventiva, se citaron como las principales razones para otorgarle el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en el 2008.

Edición: Lic. Tania izquierdo Pamias y Dra. Mirta Núñez Gudás

Fuentes y referencias:

Science Connections. Scientific Profiles. Harald zur Hausen

The Noble Prize. Harald zur Hausen. Biographical

Día Mundial de la Salud Sexual

MedlinePlus. Virus del papiloma humano

Organización Mundial de la Salud. Notas descriptivas. Papilomavirus humanos (PVH) y cáncer cervicouterino

 

El médico del Moncada

Filed under: ¿Sabía que...? — julio 1st, 2019 — 8:08 am — Mirta Nuñez Gudas

Mario-Muñoz-MonroyCuando se concibió la audaz acción del asalto a los cuarteles “Moncada” en Santiago de Cuba y “Carlos Manuel de Céspedes” en Bayamo, el entonces joven abogado Fidel Castro Ruz previó, que como en toda lucha armada, existía la posibilidad de sufrir bajas en el combate, tanto entre los militares como entre los propios asaltantes. Por este motivo tuvo en cuenta el aseguramiento médico a la acción y el doctor matancero Mario Muñoz Monroy fue el galeno a quien el líder del movimiento seleccionó para apoyar la acción armada que tomaría la fortaleza militar de Santiago de Cuba. Continue Reading »

Older Posts »