Diabetes mellitus

4 julio 2015

Alarmantes cifras de sobrepeso y obesidad en Estados Unidos

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 14:36

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Apenas el 25 por ciento de los hombres y el 33 por ciento de las mujeres tienen un peso saludable.

Menos de una tercera parte de los estadounidenses tienen actualmente un peso saludable, y el resto de la población tiene sobrepeso o es obesa, según un informe reciente.

Alrededor del 35 por ciento de los hombres y el 37 por ciento de las mujeres son obesos. Además, el 40 por ciento de los hombres y el 30 por ciento de las mujeres tienen sobrepeso, señalaron los investigadores en la edición del 22 de junio de la revista JAMA Internal Medicine.

“La obesidad no está mejorando. Está empeorando, y es realmente aterrador. Esto no tiene un buen aspecto”, dijo Lin Yang, asociada postdoctoral de investigación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en St. Louis.

La obesidad se ha vinculado con varias afecciones crónicas de salud, entre ellas la diabetes tipo 2, la enfermedad cardiaca, ciertos cánceres y la artritis, advirtió Yang.

“Esta generación de estadounidenses es la primera que tendrá una esperanza de vida más corta que la generación anterior, y la obesidad es uno de los factores contribuyentes más importantes a esta menor esperanza de vida, porque está fomentando muchas afecciones crónicas de salud”, comentó.

El nuevo informe usó datos de la Encuesta nacional de examen de salud y nutrición, reunidos entre 2007 y 2012 sobre más de 15,000 hombres y mujeres a partir de los 25 años de edad.

Según los datos, los investigadores calculan que más de 36 millones de hombres y casi 29 millones de mujeres de EE. UU. tienen sobrepeso actualmente. Unos 32 millones de hombres y 36 millones de mujeres son obesos, encontraron los investigadores.

El sobrepeso se define como tener un índice de masa corporal (IMC) de entre 25 y 29.9, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. El IMC se calcula comparando el peso de una persona con su estatura.

Por ejemplo, un hombre de 5 pies y 9 pulgadas (1.74 metros) que pese 169 libras (casi 77 kilos) y una mujer de 5 pies y 4 pulgadas (1.60 metros) que pese 146 libras (unos 66 kilos) tendrían un IMC de 25 y se considerarían de peso normal, según los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU.

Los CDC definen la obesidad como un IMC de 30 o más. Un hombre de 5 pies y 9 pulgadas que pese 203 libras (92 kilos) o más se considera obeso, al igual que una mujer de 5 pies y 4 pulgadas que pese 175 libras (79 kilos) o más.

La mayoría de estadounidenses tienen sobrepeso o son obesos hoy en día, en comparación con los datos de las encuestas federales reunidos entre 1988 y 1994, apuntó Yang.

En ese entonces, el 63 por ciento de los hombres y el 55 por ciento de las mujeres tenían sobrepeso o eran obesos, con un IMC de 25 o más. Hoy día, alrededor del 75 por ciento de los hombres y más o menos el 67 por ciento de las mujeres tienen sobrepeso o son obesos, según el estudio.

Las nuevas cifras sobre la obesidad no sorprendieron al Dr. Elliott Antman, presidente de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association).

“Concuerda con lo que ya sabíamos, y ofrece algunas cifras sobre la magnitud del problema”, dijo Antman sobre el nuevo estudio. “Identifica el problema, que es significativo”.

La obesidad se vincula con aumentos en la diabetes, la hipertensión y el colesterol elevado, “que convergen en un aumento en el riesgo de enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular”, advirtió.

El problema del peso de EE. UU. no se resolverá mediante una solución solo médica, dijeron Yang y Antman. Los políticos y autoridades a nivel federal, estatal y local tendrán que intervenir con políticas que aumenten el número de calorías que las personas queman y que reduzcan la cantidad de alimentos malsanos que consumen.

Por ejemplo, las comunidades deben adoptar planes que faciliten que la gente se desplace a pie o en bicicleta, en lugar sentarse en el coche, planteó Yang.

“EE. UU. es un país que depende mucho del coche. Sabemos que conducir el coche es una conducta sedentaria importante”, dijo. “Caminar o montar bicicleta con más frecuencia aumentaría la actividad física de todo el país”.

Los legisladores deben también encontrar formas de mejorar la disponibilidad de comida saludable y barata, dijo Antman. Ahora mismo, las comidas procesadas y las comidas rápidas que son ricas en azúcar, sal y grasas malsanas tienden a ser más asequibles y a estar más disponibles en las comunidades estadounidenses que las opciones más saludables.

“Las comidas rápidas son menos caras, de forma que los individuos que intentan alimentar a una familia grande podrían tender a comprarlas en lugar de los alimentos frescos, que son más difíciles de comprar y más costosos, y por tanto menos atractivos desde el punto de vista económico”, comentó.

FUENTES: Lin Yang, Ph.D., postdoctoral research associate, Washington University School of Medicine, St. Louis, Mo.; Elliott Antman, M.D., president, American Heart Association JAMA Internal Medicine

http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=87167&uid=445164&fuente=inews

27 mayo 2014

Las tasas de obesidad y sobrepeso aumentarán entre los adultos de casi todos los países europeos en 2030

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 15:50

El mayor incremento será principalmente en Irlanda y Reino Unido

Se prevé un aumento de las tasas de obesidad y sobrepeso en hombres y mujeres en casi todos los países de Europa en 2030, según un nuevo estudio. Sin embargo, las tasas de pronóstico varían en los 53 países, con niveles de obesidad masculina desde el 15 por ciento en Países Bajos y Bélgica hasta el 47 por ciento en Irlanda, donde también se proyectó la prevalencia más alta de obesidad femenina (47 por ciento) mientras la más baja fue en Rumanía (10 por ciento).

El estudio, realizado por investigadores de instituciones como la Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa, se presenta este viernes en el congreso EuroPRevent, que se celebra en  Ámsterdam, por la doctora Laura Webber, del Foro de Salud de Reino Unido. “Nuestro estudio presenta un cuadro preocupante de aumento de la obesidad en Europa. Se necesitan con urgencia políticas para revertir esta tendencia”, explica esta experta.

La investigación incorpora todos los datos disponibles sobre las tendencias del índice de masa corporal (IMC) y la obesidad/sobrepeso en 53 países europeos. “Este modelado estadístico permite prever las tendencias de la obesidad en el futuro y proporcionar estimaciones de la dinámica epidemiológica de la enfermedad”, según los autores del trabajo. Las definiciones se basaron en los cortes estándar de la OMS: peso saludable, el de un IMC de más de 24,99 kg/m2; sobrepeso y obesidad combinada, el de un IMC de más de 25 kg/m2, y obesidad, las personas con un IMC de más de 30 kg/m2.

En casi todos los países, se prevé que la proporción de sobrepeso y obesidad en los hombres aumente entre 2010 y 2030. Al explicar las variaciones en los niveles de obesidad proyectadas entre los países, los investigadores señalan el posible efecto del “posicionamiento económico” y el “tipo de mercado”.

“Reino Unido e Irlanda, donde la prevalencia de la obesidad es una de las más altas, poseen economías de mercado liberales reguladas similares a Estados Unidos, donde las acciones colectivas de las grandes empresas multinacionales de la alimentación para maximizar las ganancias alientan el consumo excesivo”, escriben. “Países Bajos, Alemania, Bélgica, Suecia, Dinamarca, Finlandia y Austria poseen economías de mercado más reguladas. La obesidad es, sin embargo, una enfermedad multifactorial”, agregan.

La doctora Webber recuerda que, por la complejidad de la obesidad, Naciones Unidas aconseja realizar un enfoque de prevención de la obesidad y las enfermedades relacionadas. “Se necesitan políticas que reduzcan la obesidad para evitar la mortalidad prematura y prevenir la presión económica sobre los sistemas de salud ya sobrecargados”, apuesta esta experta.

Finalmente, advirtió que los resultados de este estudio pueden estar subestimados porque no se sabe el aumento de la prevalencia del sobrepeso y la obesidad en la infancia en toda Europa, además de la escasa disponibilidad de datos en muchos países con los que se deben realizar estimaciones más ciertas en el futuro.

13/05/2014 – E.P.

http://www.elmedicointeractivo.com/noticias/internacional/126845/las-tasas-de-obesidad-y-sobrepeso-aumentaran-entre-los-adultos-de-casi-todos-los-paises-europeos-en-2030

20 marzo 2014

Los niños nacidos por cesárea son más propensos a tener sobrepeso en la edad adulta

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 14:37

La probabilidad de sufrir sobrepeso en los nacidos por cesárea es superior al 26 % en comparación con los nacidos por parto vaginal

Los niños que nacen por cesárea tienen más probabilidades de tener sobrepeso u obesidad en la edad adulta, según concluye un nuevo análisis con datos combinados de 15 estudios con más de 38.000 participantes y que se publica este en la revista’Plos One’. En concreto, las  probabilidades de tener sobrepeso u obesidad son un 26 por ciento más alto para los adultos nacidos por cesárea que los nacidos por parto vaginal.

Los investigadores, del ‘Imperial College London’, en Reino Unido, creen que que hay buenas razones por las que muchas mujeres deben someterse a una cesárea, pero las madres que eligen una cesárea deben ser conscientes de que puede haber consecuencias a largo plazo para sus hijos.

Alrededor de uno de entre tres o cuatro nacimientos en Inglaterra son por cesárea, alrededor de dos veces más que en 1990, pero en algunos países, la tasa es mucho más alta, con un 60 % de las madres en China y casi la mitad en Brasil que tienen hijos mediante este procedimiento. Algunos estudios previos han sugerido que las probabilidades de otros resultados adversos a largo plazo, como el asma y la diabetes tipo 1, también son más altos en los bebés que nacen por cesárea.

La nueva investigación, que incluye datos de diez países, detectó que el índice de masa corporal (IMC) promedio de los adultos nacidos por cesárea es de alrededor de la mitad de una unidad más que en los nacidos por parto vaginal.

Los autores reconocen que no pueden estar seguros de que el parto por cesárea haga que aumente el peso corporal, ya que la asociación puede ser explicada por otros factores que no se registraron en los datos que se estudiaron.

“Hay buenas razones por las que la cesárea puede ser la mejor opción para muchas madres y sus hijos y en ocasiones pueden salvar vidas. Sin embargo, tenemos que entender los resultados a largo plazo con el fin de proporcionar el mejor consejo para las mujeres que están considerando el parto por cesárea”, subraya la autora principal del estudio, la profesora Neena Modi, del Departamento de Medicina del ‘Imperial College London’.

“Este estudio muestra que los  nacidos por cesárea son más propensos a tener sobrepeso u obesidad más tarde en la vida. Ahora tenemos que determinar si éste es el resultado de la cesárea o si otras razones explican la asociación”, matiza.

Por su parte, otro de los investigadores, el doctor Matthew Hyde, entiende que “hay mecanismos plausibles por los que el parto por cesárea podría influir en el peso corporal después”. “Los tipos de bacterias saludables en el intestino difieren en los bebés que nacen por cesárea y por parto vaginal, algo que puede tener efectos amplios sobre su salud. También, la compresión del bebé durante el parto vaginal parece influir en qué genes se activan y esto podría tener un efecto a largo plazo sobre el metabolismo”, concluye.

http://www.elmedicointeractivo.com/noticias/internacional/125375/los-ninos-nacidos-por-cesarea-son-mas-propensos-a-tener-sobrepeso-en-la-edad-adulta

4 julio 2012

Obesidad y riesgo de cáncer. Factor de riesgo en aumento

Filed under: Temas varios — Arturo Hernández Yero @ 8:23
Dres. Renehan A, Tyson M, Zwahlen M y colaboradores
SIIC
Lancet 371(9612):569-578, Feb 2008
 
Introducción
El exceso de peso, definido como el índice de masa corporal (IMC) de entre 25 y 29.9 kg/m2 y la obesidad -IMC mayor de 30 kg/m2- se asociarían con un mayor riesgo de presentar distintos tumores. Sin embargo, debido a las diferencias en el diseño de los estudios realizados para demostrarlo, es difícil establecer claramente la relación entre el IMC y el riesgo de cáncer.
En 2007, en un informe de la World Cancer Research Fund se concluyó que el exceso de peso se asociaría con un riesgo mayor de adenocarcinoma de esófago, cáncer de páncreas, cáncer colorrectal, de mama en la posmenopausia, de endometrio y de riñón, y también que existe una relación probable con el cáncer de vesícula biliar. Sin embargo, no se ha estudiado si el exceso de peso se vincula con una mayor incidencia de tumores menos frecuentes, si el sexo influye sobre el riesgo y si el riesgo es similar en poblaciones diferentes.
Métodos
Para esta revisión sistemática, los autores analizaron los artículos de las bases de datos Medline y Embase en los que se evaluaba la asociación entre el peso y la incidencia de cáncer de diferentes localizaciones: colorrectal, gastroesofágico, hepatobiliar, leucemia, pulmón, melanoma, mieloma múltiple, linfomas no Hodgkin, páncreas, riñón, tiroides, próstata, mama, endometrio y ovarios. Incluyeron los estudios en los que se describía el IMC inicial de los pacientes y la incidencia de cáncer durante el seguimiento. En los trabajos se debía indicar por separado el riesgo en hombres y en mujeres -riesgo relativo, hazard ratio u odds ratio- con intervalos de confianza del 95%, y su relación con las tres categorías del IMC. Se incluyeron estudios de cohorte, estudios de casos y controles anidados de los estudios de cohorte y los grupos control de los ensayos clínicos controlados. Dos investigadores analizaron por separado los criterios de inclusión de los artículos seleccionados.
Dividieron a la población en 5 grupos según la proveniencia del estudio: norteamericanos (80% raza blanca), europeos y australianos, los provenientes de Asia y del Pacífico, los que incluían diversas razas y los que incluían principalmente individuos afroamericanos.
La calidad metodológica se evaluó en función de la duración del seguimiento, si el IMC era el informado por el paciente o medido por los investigadores y el método por el que se habían ajustado los resultados por los potenciales factores de confusión.
Las estimaciones de riesgo específicas para las diferentes categorías se transformaron en factores para estimar el cociente de riesgo (risk ratio) asociado con el aumento de 5 kg/m2 del IMC, y el valor asignado a cada categoría del IMC era el valor medio en las categorías cerradas y la mediana en las categorías abiertas. Combinaron el cociente de riesgo del incremento de 5 kg/m2 del IMC con el modelo de efectos al azar y utilizaron el factor para estimar el riesgo más ajustado.
Evaluaron la heterogeneidad de los estudios y realizaron análisis de meta-regresión para identificar las variables de cada estudio que modificaban la asociación entre el aumento del IMC y el riesgo de cáncer y que podrían influir en la heterogeneidad de los resultados. Realizaron luego análisis de sensibilidad y midieron la influencia de cada estudio sobre los resultados generales. También evaluaron la presencia de sesgos de publicación
Resultados
Se incluyeron 141 artículos que cumplían con los criterios preestablecidos. Estos trabajos se referían a 76 estudios -67 de cohorte, 6 de casos y controles anidados y 3 ensayos clínicos aleatorizados. Veintiocho provenían de EE. UU., 35 de Europa y Australia, 11 de Asia y el Pacífico, una cohorte era de distintas razas y en dos estudios se analizaron individuos de raza negra. La mayoría de los artículos habían sido publicados después de 2004.
En el análisis se incluyeron 282 137 casos de cáncer, 154 333 en hombres y 127 804 en mujeres, en un seguimiento de más de 133 000 000 personas/año. El tiempo de seguimiento, el método utilizado para determinar el IMC y el número de factores de confusión fueron diferentes para los distintos tumores.
En los hombres, el aumento del IMC se asoció con una mayor incidencia de adenocarcinoma de esófago (RR 1.52), tiroides (RR 1.33), colon (RR 1.24) y renal (RR 1.24) y se observó una relación más débil con el melanoma (RR 1.17), mieloma múltiple (RR 1.11), cáncer de recto (RR 1.09), leucemia (RR 1.08) y linfoma no Hodgkin (RR 1.06). Se verificó una elevada heterogeneidad entre los estudios en los que se analizaban los cánceres de tiroides y de hígado, mientras que en los otros fue moderada o baja.
En las mujeres, el incremento del IMC de 5 kg/m2 se asoció con el aumento de riesgo de cáncer de endometrio (RR 1.59), vesícula biliar (RR 1.59), renal (RR 1.34) y adenocarcinoma de esófago (RR 1.51), y se observó una relación más débil con el riesgo de leucemia (RR 1.17), cáncer de tiroides (RR1.14), cáncer de mama en la posmenopausia (RR 1.12), páncreas (RR 1.12), colon (RR 1.09) y linfomas no Hodgkin (RR 1.07). La heterogeneidad fue elevada para los cánceres de endometrio, pulmón y leucemia y moderada o baja para los tumores de otras localizaciones.
Asimismo, se observó una asociación negativa entre el incremento del IMC y el riesgo de cáncer de pulmón (RR 0.76 en los hombres y 0.8 en las mujeres), pero el tabaquismo, que en general se vincula con un IMC más bajo, es un factor de confusión importante para el análisis del riesgo de cáncer de pulmón. En 5 estudios prospectivos se comparó la relación entre el IMC y el cáncer de pulmón en pacientes tabaquistas y no tabaquistas, y se observó que el cociente de riesgo en los fumadores era de 0.76 (IC 95% 0.67- 0.85), mientras que no se encontró relación entre los no fumadores.
Los autores realizaron análisis de meta-regresión para evaluar si existían diferencias entre hombres y mujeres y verificaron una asociación más fuerte entre el aumento del IMC y el cáncer de colon y de recto en los hombres, mientras que en las mujeres, la relación más fuerte se observó respecto del cáncer renal. Las observaciones acerca del cáncer de colon se registraron en varios estudios, mientras que la relación entre el IMC y los otros tumores surgían principalmente de un estudio realizado en Noruega.
En todas las poblaciones se demostró la existencia de la asociación entre el IMC y el riesgo de cáncer, aunque la heterogeneidad de los estudios podría explicar las diferencias de los resultados respecto de algunos tumores. Por ejemplo, en los trabajos provenientes de Asia y del Pacífico se observó la relación entre el IMC y el cáncer de mama en mujeres premenopáusicas que no se registró en los estudios provenientes de otros lugares. Asimismo, la asociación entre el IMC y el cáncer de mama en la posmenopausia también fue más notoria en los ensayos en los que se analizaba esa población que en los realizados en EE.UU., Australia y Europa.
El riesgo de cáncer de mama en la posmenopausia fue similar en estudios en los que se incluían sólo mujeres posmenopáusicas y en aquellos que incluían tanto mujeres premenopáusicas como posmenopáusicas.
El método por el que se obtenía el IMC influyó sobre la asociación de este parámetro con el cáncer en las mujeres pero no en los hombres, y no se observaron otras variables dependientes de los estudios que modificaran los resultados.
Cuando el análisis se realizó con un modelo de efectos fijos en lugar de con un modelo de efectos aleatorios, los hallazgos fueron similares, aunque se comprobó que el cociente de riesgo para el cáncer de hígado y de tiroides era menor en los hombres y que el cociente de riesgo del cáncer de vesícula en las mujeres era más atenuado.
Los puntos intermedios determinados para el IMC por los autores del estudio no modificaron los resultados respecto de los valores asignados en otros ensayos clínicos.
Se observó que la asociación entre el aumento del IMC y el cáncer de endometrio no es lineal, y que el incremento del riesgo por cada 5 kg/m2 de aumento del IMC era más importante en aquellas personas con IMC mayor de 28 kg/m2 (RR 3.04).
Finalmente, se comprobó que existirían diferencias respecto del riesgo de cáncer de colon en hombres y en mujeres y que en los estudios con poblaciones más pequeñas este riesgo era más notorio. Sin embargo, estas diferencias se mantuvieron cuando se excluyeron del análisis los estudios en los que se habían incluido menos de 150 pacientes.
Discusión
El aumento del IMC se asocia con el incremento del riesgo de cáncer de diferentes localizaciones y, si bien este riesgo sería semejante en individuos de razas distintas, en los estudios provenientes de Asia y del Pacífico se encontró una relación más fuerte con el cáncer de mama; sin embargo, estas observaciones deberían ser confirmadas con nuevos ensayos clínicos.
Los autores explican que en la realización de los metanálisis siempre existe el riesgo de aparición de sesgos y de que los factores de confusión provenientes de los ensayos cínicos incluidos en la revisión influyan sobre los resultados. Para disminuir este riesgo, incluyeron únicamente estudios prospectivos y de cohorte anidados incluidos en los ensayos clínicos prospectivos y excluyeron otros estudios de casos y controles en los que la probabilidad de algunos sesgos es mayor. Asimismo, realizaron análisis de meta-regresión para evaluar la heterogeneidad de los trabajos. Demostraron que el método utilizado para la obtención del IMC (medición de la talla y el peso por los investigadores o la información brindada por los participantes) afecta los resultados y genera mayor heterogeneidad, y que este efecto sería más notorio en las mujeres que en los hombres.
El aumento del IMC se asocia con una mayor incidencia de algunos cánceres, aunque no de todos, y esta observación indicaría que esta relación no se debe a la presencia de sesgos o de factores de confusión. Sin embargo, los autores aclaran que en el análisis de algunos estudios no se incluyeron posibles factores de confusión, como el tabaquismo en relación con el cáncer escamoso de esófago, que se asocia con el incremento del riesgo de este tipo de tumor.
Con respecto al cáncer de mama en la posmenopausia se observó que el aumento del IMC, tanto antes de la menopausia como después de ésta, se vincula con un mayor riesgo, aunque explican que en los estudios no se evaluó la influencia de factores como el tratamiento de reemplazo hormonal o las imágenes de las mamografías que podrían ser factores de confusión.
Los autores expresan que otras medidas antropométricas, como la relación cintura-cadera o la circunferencia de cintura podrían ser superiores al IMC para evaluar la masa grasa visceral y, por lo tanto, la relación entre el exceso de peso y el riesgo de cáncer. Pero debido a que estas mediciones se habían registrado en pocos artículos, no pudieron evaluar esta relación.
Destacan que en este estudio se observaron diferencias entre hombres y mujeres en cuanto al impacto del IMC sobre el riesgo de cáncer, factor que se debería considerar en próximos trabajos al respecto.
Los mecanismos por los cuales la obesidad se asociaría con el riesgo de cáncer no se han establecido con claridad, pero los factores hormonales como la insulina y el factor de crecimiento 1 similar a la insulina (IGF-1), las hormonas sexuales y las adipoquinas podrían estar implicados. Si bien la insulina se vincula con los otros tres ejes hormonales, el papel de los distintos factores variaría en relación con los diferentes tipos de cáncer. La hiperinsulinemia crónica se asocia con el incremento del IGF-1 libre que produce cambios que favorecen la proliferación celular e inhiben la apoptosis y, por lo tanto, facilitaría la aparición de tumores.
El incremento del IGF-1 se asocia con un aumento del riesgo de cáncer de colon, recto y próstata y también con el cáncer de mama en la premenopausia. En las mujeres, la concentración de IGF-1 suele ser superior a la que se encuentra en los hombres.
El exceso de enzima aromatasa, secundario al exceso de tejido adiposo, podría estar relacionado con el aumento del riesgo de cáncer de mama en la posmenopausia. Esta enzima transforma los precursores androgénicos en estradiol. Asimismo, el exceso de estradiol promueve la proliferación de las células del endometrio e inhibe la apoptosis, y la hiperinsulinemia, que se vincula con la disminución de la concentración de globulina fijadora de hormonas sexuales, causa un incremento del estradiol biodisponible.
En las mujeres, a diferencia de lo que ocurre en los hombres, la obesidad se asocia con el aumento de la concentración de testosterona, lo que podría explicar algunas diferencias que se observan entre los dos sexos respecto de la relación del IMC con el riesgo de cáncer.
La concentración plasmática de adiponectina tiene una relación inversa con el IMC y se encuentra más elevada en las mujeres que en los hombres. Esta adipoquina aumenta la sensibilidad a la insulina y, en ensayos con animales, se ha demostrado que inhibe el crecimiento tumoral. En algunos estudios con seres humanos se ha demostrado una relación inversa entre la concentración de adiponectina y el riesgo de cáncer.
Sin embargo, estos no serían los únicos factores relacionados con la obesidad que favorecerían la aparición de tumores. Entre otros mecanismos se mencionan el efecto de las citoquinas inflamatorias, la alteración de la respuesta inmune, el estrés oxidativo, la hipertensión, la peroxidación de lípidos y el reflujo gastroesofágico.
En las sociedades occidentales, el número de personas con sobrepeso y obesidad ha aumentado en los últimos años, y se proyecta que seguirá en ascenso. Es posible que en los próximos años, el exceso de peso sea el factor relacionado con el estilo de vida asociado con mayor frecuencia con la aparición de tumores.
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=62776&uid=445164&fuente=inews

21 diciembre 2011

Sobrepeso y obesidad: prevención y tratamiento

Filed under: Temas varios — Arturo Hernández Yero @ 9:36
Un consenso de sociedades científicas establece nuevas recomendaciones nutricionales basadas en la evidencia para el exceso de peso
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¿Comer cinco comidas al día es aconsejable o no tiene trascendencia en el peso del individuo? ¿Adelgazan las dietas ricas en fibra? ¿Cuántas calorías deben consumirse por debajo de las requeridas cada día para perder peso? ¿Cuál es la mejor dieta para adelgazar? Estas son algunas de las dudas que se plantean tanto profesionales sanitarios como pacientes y la población en general. Sin embargo, a pesar de que algunas de las respuestas se repiten de forma insistente en los medios de comunicación y en boca de médicos y dietistas-nutricionistas, no todas están respaldadas por la evidencia científica. Por este motivo, con ellas ha empezado el consenso de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) sobre prevención y tratamiento del sobrepeso y la obesidad, presentado hace pocos días en el X Congreso de la SEEDO.
Factores relacionados con la obesidad
Los expertos han analizado los estudios publicados sobre la relación entre obesidad y aspectos tan variados como el tamaño de las raciones, el ambiente obesogénico, el efecto del desayuno, los aperitivos, algunos patrones alimentarios como la dieta mediterránea y las dietas vegetarianas, algunos alimentos (frutas y hortalizas, cereales integrales, azúcares, bebidas azucaradas, aceite de oliva, frutos secos, carne) y nutrientes como los hidratos de carbono y las tan famosas proteínas. Todo esto para la prevención del exceso de peso.
En el caso del tratamiento, se analiza la dieta hipocalórica equilibrada, dietas que modifican grasas frente a hidratos de carbono, dietas hiperproteicas, con sustitutos de comidas, dietas de muy bajo contenido calórico y la dieta mediterránea. Algunas de las principales recomendaciones prácticas para la prevención hacen referencia a la utilización de raciones de menor tamaño, limitar el consumo habitual de fast food y bebidas azucaradas, aumentar el consumo de fibra a partir de alimentos de origen vegetal y promover estrategias que hagan posible una disponibilidad y acceso fáciles a frutas y hortalizas.
Riesgo y prevención de sobrepeso y obesidad
La dieta mediterránea tendría un posible papel en la prevención del sobrepeso y obesidad
Pese a que se insiste en el papel del desayuno en la prevención de la ganancia de peso, las investigaciones que estudian la relación entre la omisión del desayuno en adultos y el riesgo de sobrepeso y obesidad son controvertidas e inconsistentes. Por ello, el documento no incluye ninguna recomendación en relación a esta comida. También se llega a la misma conclusión si se analiza la influencia que puede tener la frecuencia de las comidas y la variación del peso corporal.
En el caso de la dieta mediterránea, aunque los resultados son poco consistentes y las recomendaciones son precavidas, los estudios apuntan hacia un posible papel de este patrón alimentario en la prevención del sobrepeso y la obesidad. En este caso, se incluye una recomendación débil, que los autores advierten que puede variar con futuras investigaciones: una mayor adherencia a la dieta mediterránea podría prevenir el sobrepeso, la obesidad y el aumento del perímetro abdominal.
PROTEÍNAS Y PÉRDIDA DE PESO
Muchas de las dietas de moda, denominadas también dietas milagro, se basan en modificaciones dietéticas muy alejadas de las recomendaciones de las guías clínicas. Esto obliga a las sociedades científicas y agencias sanitarias a revisar la literatura científica y a emitir documentos de posicionamiento en aspectos relacionados, entre otros, con el papel de las proteínas y las dietas hiperproteicas o proteinadas en la pérdida de peso. El consenso FESNAD-SEEDO es claro al respecto: las evidencias referidas al consumo de proteínas (tanto animal como vegetal) y su efecto en la variación de peso o en la prevención de exceso de peso son insuficientes para establecer recomendaciones.
Para algunos de los alimentos ricos en proteínas, como la carne, la evidencia y la recomendación es más fuerte: el elevado consumo de carne y procesados cárnicos (tal y como sucede en nuestro entorno) podría incrementar la ganancia de peso y el perímetro abdominal, por lo que se recomienda limitar las altas ingestas con el fin de evitarlo. Por último, en el caso de las dietas hiperproteicas, se reconoce que a largo plazo (más de 12 meses, objetivo del tratamiento de la obesidad) no suponen una mayor pérdida de peso que las dietas convencionales ricas en hidratos de carbono.
Autor: Por MARIA MANERA
Fecha de publicación: 18 de noviembre de 2011

29 octubre 2011

Muchas personas piensan que su obesidad no es un problema

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 8:26

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Muchos pacientes con sobrepeso y obesos atendidos en los departamentos de emergencias de los hospitales no consideran que su peso plantee un riesgo para la salud, y muchos señalan que los médicos nunca le han dicho lo contrario, halla un estudio reciente.
 
Los investigadores plantearon dos preguntas a 450 pacientes seleccionados al azar que fueron atendidos en el departamento de emergencias de Shands en la Universidad de Florida: ¿Cree que su peso actual daña su salud?, y ¿Le ha dicho alguna vez un médico u otro profesional de la salud que tiene sobrepeso?
 
De los que reportaron que su peso era malsano, apenas 19 por ciento dijeron que habían hablado al respecto con un proveedor de atención de salud. Y apenas 30 por ciento de los que reportaron que un proveedor de la atención de salud les había dicho que su peso era malsano estaban de acuerdo con esa opinión, según el estudio.
 
Los investigadores también midieron el índice de masa corporal (IMC) y la circunferencia de la cintura, indicadores de la grasa corporal.
 
Alrededor de 47 por ciento de los hombres obesos y con sobrepeso dijeron que consideraban que su peso era un problema, mientras que 53 por ciento no lo dijeron.
 
Las mujeres parecían estar más al tanto de los problemas de salud que la obesidad plantea, señaló el autor del estudio, el Dr. Matthew Ryan, profesor asistente de medicina de emergencias en la Universidad de Florida, en Gainesville. Alrededor del 62 por ciento de las mujeres obesas o con sobrepeso dijeron que su peso dañaba su salud.
 
Solo entre las personas obesas, las que tenían un IMC a partir de 30, alrededor del 70 por ciento dijo que su peso no era bueno para la salud. Aún así, esto significa que tres de cada diez personas obesas no consideran su peso como un problema de salud, aunque claramente es así, señaló Ryan.
 
“Vemos las manifestaciones de la obesidad en el departamento de emergencias. La obesidad se relaciona directamente con otras enfermedades, como hipertensión, diabetes, cánceres, osteoartritis, enfermedad de la vesícula biliar, enfermedad cardiaca, accidentes cerebrovasculares y síndrome metabólico”, advirtió Ryan. “Vemos las exacerbaciones agudas de enfermedades crónicas”.
 
A pesar de los riesgos de salud, apenas 36 por ciento de los hombres con sobrepeso u obesos y 50 por ciento de las mujeres con sobrepeso u obesas reportaron que habían tenido una conversación con el médico sobre el peso.
 
“Es desconcertante”, señaló Keri Gans, dietista registrada y vocera de la Asociación Americana de Dietética (American Dietetic Association). “Las personas necesitan que los médicos les digan de forma directa que si no pierden peso se ponen en un mayor riesgo de enfermedad. Si los médicos no les dicen eso, quizás piensen que no hay nada de qué preocuparse”.
 
El estudio fue presentado el sábado en la reunión del Colegio Americano de Médicos de Emergencias (American College of Emergency Physicians), en San Francisco. Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.
 
Investigaciones anteriores han sugerido una discontinuidad entre el peso de los estadounidenses y las percepciones que tienen sobre el mismo. Una encuesta de Harris Interactive/HealthDay de casi 2,500 adultos de EE. UU., llevada a cabo en agosto de 2010, halló que 30 por ciento de aquellos cuyos IMC estaba en el rango de sobrepeso (de 25 a 29.9) creían que tenían un peso normal. Alrededor del 70 por ciento de los que eran obesos pensaban que simplemente tenían sobrepeso.
 
Entre los mórbidamente obesos, 39 por ciento pensaban que tenían sobrepeso, no obesidad, halló el estudio.
 
Un segundo estudio de Ryan, que también fue presentado en la conferencia, halló que las personas con sobrepeso y obesas aparecen de forma desproporcional en el departamento de emergencias.
 
Alrededor del 39 por ciento de las personas atendidas en la sala de emergencias de Florida eran obesas, frente a una tasa de obesidad de 26.6 por ciento en la población adulta general de ese estado según estadísticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.
 
Aunque los investigadores no observaron si habían acudido a emergencias debido a problemas relacionados con la obesidad, cabe suponer que algunos lo hicieron así, dijo Ryan, y añadió que cree que las cifras serían similares en otros departamentos de emergencias.
 
La investigación halló diferencias raciales en las actitudes sobre el peso. Entre los estadounidenses negros con sobrepeso y obesos, 53 por ciento dijeron que el peso era malo para su salud, y 40 por ciento dijeron que los médicos habían conversado con ellos al respecto. Entre los blancos, 60 por ciento de los que tenían sobrepeso u obesidad dijeron que su peso era malo para la salud, y 48 por ciento conversaron sobre ello con un médico.
 
Alrededor del 33 por ciento de los participantes del estudio eran negros, 52 por ciento blancos y los demás pertenecían a otras etnias.
 
Entre los factores que podrían influir sobre si la gente conversa o no sobre el peso con los médicos quizás se incluyan si tienen un médico de cabecera o fuente regular de atención, algo que los investigadores no preguntaron. También es posible que las personas estén avergonzadas de que les indicaran perder peso y no haberlo logrado, y por tanto mintieran diciendo que el médico nunca lo había mencionado, o simplemente que los consejos cayeran en “oídos sordos”, apuntó Gans.
 
Ryan recomienda que los pacientes salgan de emergencias con una remisión a un dietista y otros especialistas en la pérdida de peso, y que los médicos de atención primaria se aseguren de sacar el tiempo para abordar el tema con los pacientes.
 
Gans se mostró de acuerdo. Aunque los médicos de emergencias tienen poco tiempo, cuando los pacientes están enfermos y preocupados por su salud podría ser el momento oportuno para fomentar cambios.
 
“Desafortunadamente, nada sucede hasta que el paciente se siente temeroso”, aseguró Gans. “Lo veo muy frecuentemente. Les pregunto si tienen que esperar a tener diabetes para comenzar a perder peso. Si tienen que sufrir un ataque cardiaco. Y algunos contestan que sí”.
 
FUENTES: Matthew Ryan, M.D., Ph.D., assistant professor, emergency medicine, University of Florida, Gainesville; Keri Gans, R.D., spokesperson, American Dietetic Association; Oct. 15, 2011, presentations, American College of Emergency Physicians annual meeting, San Francisco
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=73224

Autor: Arturo Hernández Yero | Contáctenos
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