Diabetes mellitus

30 mayo 2016

Un estudio modifica el pensamiento actual sobre la dieta “occidental” frente a la mediterránea en la cardiopatía isquémica

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 13:58

CHICAGO, IL. Consumir alimentos fritos, bebidas azucaradas y otros componentes de una dieta “occidental” no incrementó el riesgo de eventos cardiovasculares adversos graves en un estudio de prevención secundaria de más de 15.000 pacientes con cardiopatía isquémica crónica de alto riesgo, pero consumir alimentos característicos de una dieta mediterránea típica de hecho redujo ese riesgo en una mediana de 3,7 años de seguimiento.[1]
“Esto fue sorprendente, y desconocemos los motivos”, dijo el investigador, el Dr. Ralph A. Stewart (Universidad de Auckland, Nueva Zelanda) a heartwire de Medscape.
Como era de esperar, el apego a un tipo de dieta mediterránea tradicional que resalta la importancia de granos integrales, frutas, verduras, legumbres, pescado y menos carne se relacionó con menos eventos cardiovasculares adversos graves. En los pacientes con una puntuación de dieta mediterránea de más de 12, un incremento de un punto en la puntuación de la dieta mediterránea se relacionó con un menor riesgo de eventos cardiovasculares adversos graves, este se mantuvo significativo después del ajuste completo (hazard ratio [HR]: 0,95; p = 0,007) y fue congruente para las diversas regiones geográficas y subgrupo de pacientes especificados de antemano.
En contraste, no hubo ninguna relación entre el incremento en la puntuación en la dieta occidental y los eventos cardiovasculares adversos graves en modelos sin ajuste o con ajuste, informan los investigadores en su estudio, publicado en versión electrónica el 24 de abril de 2016 en elEuropean Heart Journal.
Los datos no deben malinterpretarse como una luz verde para que los pacientes con cardiopatía isquémica crónica consuman alimentos no saludables; más bien, “necesitamos esforzarnos más en incrementar los alimentos saludables que parecen ser más protectores”, dijo Stewart.
El Dr. Laurence Sperling (Centro de Prevención de Cardiopatía Emory, Atlanta, Georgia), quien no intervino en el estudio, dijo a heartwire que aun cuando la repercusión de la dieta occidental fuese nula, la dieta mediterránea era protectora y que se dispone de sólida evidencia que respalda que “un patrón alimentario de tipo mediterráneo sería el método de alimentación preferido”.
Una explicación de los inesperados resultados en los datos de la dieta occidental podría ser que la puntuación fuese una medida relativamente burda de los alimentos reales ingeridos, de manera que fácilmente se podrían pasar por alto efectos adversos moderados de alimentos específicos, dijo Stewart.
Se utilizó un cuestionario simple de frecuencia de alimentos, autoadministrado por 15.482 participantes de 39 países en el estudio STABILITY para informar sobre cuántas veces en una semana típica consumían alimentos comunes y alcohol. Los puntos fueron asignados para la puntuación de la dieta mediterránea con base en los alimentos de la dieta mediterránea en estudios previos y para la puntuación de la dieta occidental con base en el consumo de granos refinados, dulces y postres, bebidas azucaradas y alimentos fritos. No se incluyeron los lípidos alimentarios en ninguna de las dos puntuaciones.
“En análisis separados, la puntuación de la dieta mediterránea se relacionó sólo débilmente o no se relacionó con los lípidos plasmáticos, la glucosa en ayunas y la presión arterial medida, de manera que creo que este tipo de alimentación sólo tiene una pequeña influencia en los factores de riesgo habituales”, dijo Stewart. “Otro aspecto a tomar en cuenta es que los alimentos de la puntuación de la dieta occidental posiblemente contribuyan a la obesidad, cuya importancia para la salud en el curso de la vida conocemos. Sin embargo, son menos seguras las ventajas de la reducción de peso en personas mayores con cardiopatía documentada”.
La edad promedio de los pacientes fue de 64,2 años y el 81,1% eran del sexo masculino.
El menor riesgo de muerte, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular en pacientes con una puntuacion de la dieta mediterránea alta parece indicar que los alimentos como las frutas y verduras, el pescado y el consumo moderado de alcohol, tienen un efecto protector, dijo. “Sin embargo, la mayoría de los pacientes con cardiopatía isquémica estable a nivel mundial no comen suficientes alimentos de este tipo para lograr este beneficio”.
Sperling observó que la ventaja de la alimentación no suele ser bien apreciada por cardiólogos, pese a la evidencia de estudios recientes, como PREDIMED, que demostró una reducción de 30% en los desenlaces cardiovasculares en pacientes con cardiopatía isquémica crónica de alto riesgo que seguían una dieta mediterránea complementada con aceite de oliva extra virgen o frutos secos mixtos.
“Esto tiene la misma potencia que todos los medicamentos que aceptamos -estatinas o inhibidores de ECA- y ciertamente más potencia que realizar una angioplastia en una persona con angina de pecho estable”, dijo.
Al inicio, la mayoría de los pacientes estaban recibiendo medicamentos antihipertensivos y a casi 97% se le administraba una estatina. “Por consiguiente los resultados parecen indicar que las ventajas de este tipo de alimentación (dieta mediterránea) son adicionales a las ventajas conocidas de las estatinas”, observó Stewart.
El Dr. Michael H. Davidson (Universidad de Chicago, Ilinois), quien no intervino en el análisis, dijo que los datos del cambio de paradigma reciente en la reducción del riesgo cardiovascular, resaltado por el Comité Asesor de las Directrices Alimentarias en el 2015, aparte del colesterol de los alimentos.
Dijo: “Contamos con datos que indican que no tiene un beneficio cardiovascular decir a las personas que dejen de consumir grasas saturadas y que reduzcan su ingesta de colesterol alimentario. Sin embargo, ahora el estudio de prevención secundaria PREDIMED muestra evidencia de que incorporar alimentos saludables de una alimentación de tipo mediterránea puede proporcionar una ventaja cardiovascular”.
No obstante, señaló Stewart, puesto que no pudieron estimar de manera confiable los lípidos de la alimentación con base en el cuestionario de frecuencia de alimentos, el estudio no pudo abordar la importancia de reducir los lípidos saturados.
El estudio fue financiado por GlaxoSmithKline, que también solventó la publicación de acceso gratuito al artículo. Stewart informó recibir apoyo salarial a través de una Beca para Médico Clínico del Consejo de Investigación en Salud de Nueva Zelanda. Los conflictos de interés de los coautores se enumeran en el artículo. Sperling declaró no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. Davidson informó ser un investigador de STABILITY.

Patrice Wendling
10 de mayo de 2016
Siga a Patrice Wendling en Twitter @pwendl. Para más información de theheart.org, síganos enTwitter y Facebook .

http://espanol.medscape.com/verarticulo/5900375?nlid=104969_4001&src=WNL_esmdpls_160516_mscpedit_gen&impid=1098503#vp_1

Estrategias cognitivas en la toma de decisiones clínicas

Filed under: Temas de IntraMed — Arturo Hernández Yero @ 13:50

¿Cómo pensamos los médicos?
Existe un interés creciente en la investigación de los procesos de toma de decisiones médicas, para mejorar el desempeño de los individuos y de los equipos encargados del cuidado de la salud y para evaluar la eficacia de distintas intervenciones educativas en contextos específicos.

Del sitio IntraMed

¿Puede la actividad física frenar el Alzhéimer?

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 13:47

La enfermedad de Alzheimer afecta a dos de cada diez personas con 80 años.

Aunque posee un fuerte componente genético, ¿podemos cambiar algo en nuestra vida cotidiana para prevenirlo o ralentizarlo? La respuesta es sí. Está demostrado que ser físicamente activo ralentiza e incluso corrige la evolución de muchas alteraciones cerebrales ocurridas en la enfermedad y sus consecuencias cognitivas y comportamentales.
La enfermedad de Alzheimer afecta a 36 millones de personas en todo el mundo -se estima que cada siete segundos se diagnostica un nuevo caso-. Su prevalencia se duplica cada cinco años tras haber cumplido los 60. La pérdida de memoria y las alteraciones cognitivas y comportamentales condicionan la dependencia y calidad de vida de los pacientes ocasionando, en última instancia, la muerte por causas indirectas.
El tratamiento farmacológico está encaminado a frenar la evolución de algunos de sus síntomas aunque, desafortunadamente, no reducen ni mucho menos revierten de forma sustancial las alteraciones cognitivas ocasionadas. Por ello, en la actualidad se impulsan terapias alternativas como la psicoterapia, la terapia cognitiva y el ejercicio físico, que han demostrado su potencial atenuando su fisiopatología y, en consecuencia, reduciendo la sintomatología.
Hace más de 2.000 años el poeta latino Juvenal ya señalaba la relación entre la salud física y la salud mental a través de su máxima “Mens sana in corpore sano”. Si bien no le faltaba razón, en la actualidad matizamos que hacerejercicio físico de forma regular –150 minutos a la semana de ejercicio de intensidad moderada-intensa según la Organización Mundial de la Salud (OMS)– mejora la estructura y funcionamiento de nuestro cerebro a través de diversos mecanismos biológicos que cada vez vamos comprendiendo más.
Beneficios para el cerebro
Hace escasas décadas se pensaba que todo beneficio producido por el ejercicio físico a nivel cerebral estaba regulado por fenómenos psicológicos -efectos ansiolíticos y antidepresivos, euforia, placer- y sociológicos -las interacciones sociales y el enriquecimiento ambiental han demostrado beneficios sobre el cerebro-. A día de hoy sabemos que el ejercicio físico modula orgánica y estructuralmente el tejido cerebral a través de diversos mecanismos biológicos como el incremento del número de células nerviosas (neurogénesis) en regiones críticas para esta enfermedad como el hipocampo, aumentando la densidad de sus conexiones (plasticidad sináptica), mejorando el flujo sanguíneo cerebral, el metabolismo, reduciendo el daño oxidativo, así como mejorando la degradación de productos de desecho tóxicos como la proteína β-amiloide o los residuos ocasionados por la muerte de las neuronas.
Las investigaciones que estudian las mejoras cerebrales producidas por el ejercicio han sido desarrolladas fundamentalmente en modelos animales y, en menor medida, aunque digno de mención dadas las evidentes dificultades éticas y técnicas, en humanos. En estos estudios se ha demostrado que para que una acción muscular tenga consecuencias a nivel cerebral deben activarse diferentes señales que incluyen hormonas, neurotransmisores, defensas antioxidantes y factores neurotróficos, como el Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés), que media en la supervivencia, reparación y proliferación de las neuronas y cuyo déficit se ha relacionado con un mayor riesgo de padecer una enfermedad neurodegenerativa.
El estilo de vida influye
Recientemente hemos publicado un estudio de meta-análisis en la revistaMayo Clinic Proceedings en el cual analizamos el riesgo de padecer Alzheimer en base a la actividad física realizada en los años previos en 23.345 personas de entre 70 y 80 años. En el estudio demostramos que aquellas personas que habían sido físicamente activas, según las recomendaciones de la OMS, durante aproximadamente los 5 años previos, tuvieron una posibilidad de desarrollar alzhéimer un 40% menor en comparación con las personas sedentarias.

Hoy sabemos que muchas de las regiones cerebrales y funciones afectadas en la enfermedad de Alzheimer son susceptibles de mejorar estructural y funcionalmente gracias al ejercicio físico regular. Aunque el riesgo de padecer esta demencia posee un fuerte componente genético, el alzhéimer también puede ser modulado por factores modificables como el estilo de vida. En la actualidad pocas intervenciones, por no decir ninguna, producen efectos tan pleiotrópicos (que afectan a múltiples características) y coadyuvantes (que contribuyen de forma complementaria a producir un efecto, por ejemplo, de un fármaco) sobre la evolución de la enfermedad de Alzheimer.

Autores: Helios Pareja y Alejandro Lucía
Investigadores de la Universidad Europea. Su grupo de investigación se dedica a entender los mecanismos biológicos por los que el ejercicio ayuda a prevenir (e incluso a tratar) numerosas enfermedades. Este artículo ha sido escrito en colaboración con el Departamento de Comunicación de la Universidad Europea.

Fuente: Revista Muy Interesante

Autor: Arturo Hernández Yero | Contáctenos
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