Diabetes mellitus

8 marzo 2016

Interrogantes en relación al rol de los antagonistas del SRA en la hipertensión de personas con diabetes

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 10:10

La diabetes no es una “indicación convincente” para el empleo de antagonista del sistema renina-angiotensina (SRA) en pacientes con hipertensión que no tienen nefropatía, señala un nuevo análisis sistemático y metanálisis.
Los hallazgos fueron publicados en versión electrónica el 11 de febrero en BMJ por el Dr. Sripal Bangalore, director de investigación en el laboratorio de cateterismo cardiaco y profesor asociado de medicina en la Escuela de Medicina en la Universidad de Nueva York, Nueva York, y sus colaboradores.
En su análisis de estudios aleatorizados y comparativos de 25.414 pacientes para un total de 95.910 años/paciente de seguimiento, el Dr. Bangalore y su equipo no descubrieron diferencias significativas entre los antagonistas del SRA -que comprenden los inhibidores de ECA y los antagonistas de receptor de angiotensina (ARA)- y otros antihipertensores por lo que respecta a los riesgos de muerte, muerte por causas cardiovasculares, infarto de miocardio, angina de pecho, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardiaca, revascularización o el criterio de valoración “duro” consistente en nefropatía en etapa terminal, en pacientes diabéticos con hipertensión, la mayoría de los cuales no tenía nefropatía al inicio.
“Cuando algo se convierte en una indicación convincente, significa que realmente hay que hacerlo. Sin embargo, sabemos que algunos pacientes no toleran determinados medicamentos y en algunos sistemas es posible que algunos fármacos sean más económicos que otros. Siempre es mejor tener opciones”, dijo el Dr. Bangalore a Medscape Medical News.
Reconoció que los antagonistas del SRA por lo general son bien tolerados y que todas las clases de antipertensores se comercializan en forma genérica, de manera que el costo no debiera ser un problema importante. Sin embargo, dijo, el aspecto importante es que “no es necesario agobiar a los pacientes diciéndoles que necesita este medicamento porque tienen diabetes… si hay un efecto secundario y el paciente no lo puede tolerar, esta representa otra opción”.
Sin embargo, en un comentario editorial complementario, el Dr. Sumit R. Majumdar, profesor de medicina en la Universidad de Alberta, Edmonton, dijo que los hallazgos pueden no significar mucho para los profesionales clínicos atareados que atienden a estos tipos de pacientes.
“Primeramente, muchos pacientes con diabetes ya tienen otras indicaciones convincentes para los antagonistas del SRA. En segundo lugar, dado que la mayoría de las personas con diabetes necesitan al menos dos o tres compuestos para controlar adecuadamente la presión arterial, probablemente no importa cuál compuesto se utilice primero, cualquiera de los esquemas que se suelen utilizar será eficaz”.
Opiniones contradictorias con respecto al empleo inicial de los antagonistas del SRA
Las directrices actuales difieren en esta cuestión. La American Diabetes Association (ADA), la American Society of Hipertension/International Society of Hipertensión y la National Kidney Foundation-Iniciativa para la Calidad de los Resultados en la Nefropatía recomiendan los antagonistas del SRA como antihipertensores de primera opción en todos los pacientes con diabetes.
Por otra parte, la Sociedad Europea de Cardiología y la Sociedad Europea de Hipertensión y el Octavo Comité Nacional Conjunto (JNC8) sobre Prevención, Detección, Evaluación y Tratamiento de la Hipertensión Arterial recomiendan cualquier clase de antihipertensor en personas con diabetes, con preferencia por los antagonistas del SRA solo cuando hay proteinuria o microalbuminuria.
Al pedirle su comentario sobre el artículo, el jefe científico de la ADA y funcionario médico Dr. Robert E. Ratner, dijo que la organización no estaría modificando su recomendación con base en este artículo. Primero que nada, dijo “los metanálisis muy raras veces dicen algo más allá de los artículos  individuales… prefiero analizar los datos originales y juzgar con base en ellos”.
Por lo demás, dijo el Dr. Ratner, la elección de las variables del análisis no refleja los resultados que importan más a las personas con diabetes.
“¿Por qué tratamos la hipertensión en personas con diabetes? El principal motivo individual es disminuir el avance de la insuficiencia renal. Lo que sabemos es que los inhibidores de la ECA y los antagonistas de receptor de angiotensina (ARA) claramente tienen un efecto útil sobre la evolución de la albuminuria y en el incremento de la creatinina sérica al doble. Detener el avance a la nefropatía realmente hace una enorme diferencia”.
Es más, añadió, “es difícil obtener datos definitivos sobre variables duras que tardan 40 años en ocurrir”.
El Dr. Majumdar está de acuerdo. “La principal limitación del nuevo estudio está relacionada con los criterios de valoración renales. Bangalore y sus colaboradores llegaron a la conclusión de que los antagonistas del SRA no confieren ninguna ventaja para el desenlace infrecuente pero fácil de tomar en cuenta que es la nefropatía en etapa terminal. Los autores descartan “el incremento al doble en la creatinina sérica” como una variable blanda, aunque se acepta en general como una medida sustitutiva robusta.
El Dr. Ratner también señaló que los compuestos alternativos tienen desventajas, entre ellas, el incremento de la glucemia y la hipopotasemia con los diuréticos tiazídicos y los resultados inferiores de los antagonistas de los canales del calcio en la insuficiencia cardiaca.
De hecho, añadió el Dr. Ratner, la recomendación de la ADA permite la elección y otorgó solo una calificación “C” a la evidencia para la recomendación de los inhibidores del SRA como primera opción precisamente porque proviene en su mayor parte de variables del ínterin “blandos”.
“No puedo discutir que la elección no sea mejor o que ante la falta de algún indicio de nefropatía no sea útil cualquier medida que reduzca la presión arterial. Sin embargo, me resulta difícil identificar un motivo para no utilizar los inhibidores de la ECA y los ARA en personas con diabetes que tienen algún signo de nefropatía y pueden tolerarlos”.
En algunos estudios no se observaron diferencias en las variables duras
En el metanálisis del Dr. Bangalore, la media de seguimiento fue 3,8 años. Quince estudios comparaban los antagonistas del SRA con un antagonista de los canales del calcio, tres con un diurético tiazídico y dos con un betabloqueante. En 14 estudios, los antagonistas del SRA eran inhibidores de la ECA y en seis eran ARA.
Todos excepto dos estudios alistaron a pacientes con diabetes e hipertensión, pero solo tres incluyeron a individuos con microalbuminuria o proteinuria.
Cabe hacer notar que los investigadores habían descartado los estudios que incluyeron a pacientes con insuficiencia cardiaca dada la eficacia conocida de los antagonistas del SRA en tal grupo, así como los estudios que compararon a los antagonistas del SRA con placebo, ya que el tratamiento antihipertensor es el patrón de tratamiento actual.
En comparación con otros compuestos antihipertensores, los antagonistas del SRA se relacionaron con un riesgo similar para la muerte por todas las causas (13 estudios; riesgo relativo [RR] 0,69), muerte por causas cardiovasculares (10 estudios; RR: 1,02), infarto de miocardio (nueve estudios; RR: 0,87), angina de pecho (cuatro estudios; RR: 0,80), accidente cerebrovascular (13 estudios; RR, 1,04), insuficiencia cardiaca (ocho estudios: RR: 0,90) y revascularización (cuatro estudios; RR: 0,97).
La variable combinada de efectos cardiovasculares adversos importantes no fue diferente entre los dos grupos [antagonistas del SRA frente a otros antihipertensores; RR; 0,97], ni la frecuencia de la etapa terminal (tres estudios; RR 0,99) o retirada del fármaco debido a efectos secundarios adversos (cinco estudios; RR: 0,89).
Así mismo, hubo diferencias en los resultados en las comparaciones de los antagonistas del SRA con cada una de las otras clases de antihipertensores individuales, excepto que los antagonistas del SRA se relacionaron con una reducción importante en la insuficiencia cardiaca en comparación con los bloqueantes de los canales del calcio (RR: 0,78).
Solo tres estudios compararon los antagonistas del SRA con diuréticos y solo dos con betabloqueantes, de manera que los intervalos de confianza para estas dos comparaciones fueron amplios, señalan los autores.
Así mismo, aunque las cifras son muy pequeñas, no hubo ninguna diferencia en los desenlaces para los pacientes que tenían nefropatía al inicio (p > 0,05)
¿Más allá de reducir la presión arterial?
Hubo y todavía hay un debate en torno a si el efecto nefroprotector de los bloqueantes del SRA se extiende más allá de su capacidad para reducir la presión arterial.
Como lo explica el Dr. Majumdar: “los agrupadores” concluyen que las ventajas de los antagonistas del SRA son atribuibles del todo a la disminución de la presión arterial, en tanto que los “separadores” señalan ventajas protectoras vasculares adicionales. “Los separadores” reconocen pero a menudo descartan los 3 a 5 mm Hg de reducción de la presión sistólica comunicados en los grupos de estudio con antagonista del SRA, aun cuando esta sea una reducción clínicamente útil.
Tal vez debiéramos también invertir menos tiempo y menos recursos en distraernos con cuál fármaco específico utilizar primeramente y solo tratar a estos pacientes con alto riesgo.
El Dr. Bangalore dijo que básicamente está de acuerdo en que para los pacientes con nefropatía con o sin diabetes, los antagonistas del SRA posiblemente sean la mejor opción. Sin embargo, señaló, esto se basa en estudios más antiguos en que se compara el bloqueo del SRA con placebo, no con otros compuestos.
Sin embargo, “al menos existen algunos datos que indican que el empleo de estos en pacientes con problemas renales podrían ser una buena opción”.
Sin embargo, el Dr. Ratner contestó que hay varios estudios directos que muestran el beneficio de los antagonistas del SRA con respecto a los otros compuestos.
Estos comprenden el estudio FACET (estudio aleatorizado de episodios cardiovasculares con fosinopril frente a amlodipino) en pacientes con hipertensión y diabetes de tipo 2 (Diabetes Care, 1998; 21:597-603); el Estudio de Nefropatía Diabética e Irbesartán en pacientes con diabetes de tipo 2 y nefropatía manifiesta (Ann Intern Med. 2003; 138: 542-549); y el estudio LIFE (Intervención con losartán para la reducción del objetivo en hipertensión, The Lancet; 2002: 359: 995-1003).
Ninguna ventaja se observó con los antagonistas del SRA en el estudio ALLHAT  (Tratamiento antihipertensor e hipolipidemiante para evitar el infarto de miocardio; Arch. Intern med. 2005; 165:1401-1409); pero este fue un estudio “muy mal efectuado”, dijo el Dr. Ratner.
Al final, comenta el Dr. Majumdar, la elección del antihipertensor específico puede realmente no ser tan importante como otras medidas.
“Dadas las tasas abismales de control de la presión arterial en esta población con alto riesgo… en conjunto necesitamos invertir más tiempo y recursos en descifrar cómo reducir de manera constante y persistente la presión arterial utilizando métodos de sistemas, nuevos recursos tecnológicos, profesionales de la salud afines y diversas estrategias de educación y cooperación del paciente”.
Continuó: “Dada toda la evidencia sintetizada ya disponible, tal vez debiéramos también invertir menos tiempo y recursos en distraernos con cual fármaco especifico utilizar primeramente y solo continuar con el tratamiento de estos pacientes con alto riesgo”.
El Dr. Bangalore recibe honorarios de Abbott, Boehringer Ingelheim, Daiichi Sankyo, Merck, Gilead y Pifzer; las declaraciones de conflicto de interés de los coautores se enuncian en el artículo. El Dr. Majumdar y el Dr. Ratner no tienen conflictos de interés económico pertinente que declarar.
BMJ. Publicado en versión electrónica el 11 de febrero de 2016. Artículo, Editorial.
Miriam E Tucker
03 de marzo de 2016

http://espanol.medscape.com/verarticulo/5900225_3

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Autor: Arturo Hernández Yero | Contáctenos
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