Diabetes mellitus

18 febrero 2015

Las bacterias intestinales son responsables de que la carne roja aumente el riesgo de enfermedad cardiovascular

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 11:12

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La gamma-butirobetaína, que se genera en mayor medida por las bacterias del intestino después de ingerir L-carnitina, contribuye a la aterosclerosis
Una nueva investigación ofrece detalles sobre cómo las bacterias del intestino transforman un nutriente que se encuentra en la carne roja en metabolitos que aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades del corazón. Los hallazgos, que se publican en la edición de noviembre de ‘Cell Metabolism’, podrían conducir a nuevas estrategias para salvaguardar la salud cardiovascular de las personas.
La investigación anterior dirigida por el doctor Stanley Hazen, del Instituto de Investigación Lerner y el Instituto Familiar Miller del Corazón y Vascular en la Clínica Cleveland, ambos en Estados Unidos, reveló una vía por la que la carne roja puede promover la aterosclerosis o el endurecimiento de las arterias. Las bacterias en el intestino convierten L-carnitina, un nutriente abundante en la carne roja, en un compuesto llamado trimetilamina, que a su vez cambia a un metabolito llamado N-óxido de trimetilamina (TMAO), que promueve la aterosclerosis.
Con este nuevo trabajo, Hazen y su equipo amplían su investigación anterior e identifican otro metabolito, llamado gamma-butirobetaína, que se genera en mayor medida por las bacterias del intestino después de ingerir L-carnitina, y también contribuye a la aterosclerosis.
Los investigadores encontraron que la gamma-butirobetaína se produce como un metabolito intermediario por los microbios en una tasa mil veces mayor que la formación de trimetilamina en el intestino, siendo el metabolito más abundante generado a partir de la ingesta de L-carnitina por microbios en los modelos de ratón examinados.
Por otra parte, gamma-butirobetaína puede convertirse en trimetilamina y TMAO. Sin embargo, curiosamente, las bacterias que producen gamma-butirobetaína a partir de L-carnitina son diferentes de las especies bacterianas que producen trimetilamina a partir de L-carnitina.
El descubrimiento de que el metabolismo de la L-carnitina implica dos vías microbianas del intestino diferentes, así como distintos tipos de bacterias, sugiere nuevos objetivos para la prevención de la aterosclerosis, por ejemplo  mediante la inhibición de diversas enzimas bacterianas o cambiando la composición bacteriana del intestino con probióticos y otros tratamientos.
“Los hallazgos identifican las vías y los participantes implicados con mayor claridad y ayudan a señalar objetivos para las terapias para intervenciones de bloqueo o prevención del desarrollo de enfermedades del corazón”, celebra  Hazen. “Aunque sea en el futuro, los estudios actuales pueden ayudarnos a desarrollar una intervención que permita comernos carnes rojas con menos preocupación por el desarrollo de enfermedades del corazón”, concluye.

http://www.elmedicointeractivo.com/noticias/internacional/130027/las-bacterias-intestinales-son-responsables-de-que-la-carne-roja-aumente-el-riesgo-de-enfermedad-cardiovascular

Relación entre obesidad e hipertensión arterial

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 11:01

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Los investigadores ahora están estudiando si el bloqueo del receptor de la leptina puede ser una manera de reducir la incidencia de la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares en la obesidad
La hormona leptina, que es secretada por las células de grasa, se eleva significativamente después del aumento de peso y la obesidad, actuando en el cerebro para incrementar la presión arterial, según han descubierto un equipo de investigadores de la Universidad de Monash en Australia; Warwick y Cambridge, en Reino Unido, y varias universidades estadounidenses, cuyos resultados se publican en la revista ‘Cell’. De esta forma, aclaran las dudas de la relación entre la obesidad y la hipertensión.
El vínculo entre la obesidad y las enfermedades cardiovasculares es bien conocido, por lo que ser obeso o tener sobrepeso es un factor de riesgo importante para el desarrollo de la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares. Pero no se ha sabido con claridad cómo la obesidad aumenta el riesgo de presión arterial alta, lo que hace difícil el desarrollo de terapias basadas en la evidencia para la obesidad, la hipertensión y las enfermedades del corazón.
Esta investigación realizó experimentos en animales y humanos, entre ellos una cohorte única de pacientes que carecen de la hormona leptina o que no tienen el receptor de leptina. Los resultados demostraron que tanto bloquear la leptina para que no actúe en el cerebro como eliminar los receptores de leptina desde el cerebro resultaron eficaces en la reducción de la obesidad inducida por la hipertensión.
Cerca del 80 por ciento de la hipertensión común es causada por un exceso de grasa corporal y este estudio, dirigido por el profesor Michael Cowley, director del Instituto Monash de Obesidad y Diabetes dentro de la Escuela de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Monash, Australia, describe el mecanismo por el que la obesidad eleva la presión sanguínea y abre nuevos enfoques para tratar la obesidad inducida por la presión arterial alta.
En modelos experimentales modificados genéticamente, sólo aquellos con una señalización normal de la leptina mostraron un aumento en la presión arterial cuando se convirtieron en obesos. Estos datos en modelos experimentales fueron confirmado en estudios en humanos, en los que los pacientes con deficiencia de leptina y que carecían del receptor de la leptina tenían menor presión arterial sistólica en comparación con controles emparejados por edad e índice de masa corporal (IMC).
Restaurar los receptores de leptina en el cerebro de modelos experimentales obesos sin receptores de la leptina elevó su presión arterial y múltiples métodos de bloqueo del receptor de la leptina en el cerebro redujeron la hipertensión de modelos experimentales obesos.
La obstrucción aguda de la actividad eléctrica de las células del receptor de la leptina en el cerebro de los modelos experimentales obesos hipertensos reduce inmediatamente su presión arterial, lo que confirma el papel de estas neuronas en la elevación de la presión arterial en la obesidad. “Este estudio muestra que una hormona secretada por la grasa (leptina) aumenta la presión arterial y explica el mecanismo de la conocida relación entre la obesidad y la hipertensión arterial”, según sus autores.
“Nuestros datos sugieren que los enfoques farmacológicos basados en alterar el efecto de la leptina en el hipotálamo dorsomedial del cerebro podrían representar potencialmente una diana terapéutica para el tratamiento de la obesidad inducida por la hipertensión y potencialmente podrían ser explotados para aliviar la incidencia de la obesidad inducida por enfermedades cardiovasculares”, añaden.
Los investigadores ahora están estudiando si el bloqueo del receptor de la leptina puede ser una manera de reducir la incidencia de la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares en la obesidad.

http://www.elmedicointeractivo.com/noticias/internacional/130642/hallada-la-relacion-entre-obesidad-e-hipertension-arterial

La combinación de losartán e hidroclorotiazida

Filed under: Temas varios — Arturo Hernández Yero @ 10:54

Autor: Shiga Y, Miura S, Saku K y colaboradores. Fukuoka University, Fukoka, Japón Fuente: J Renin Angiotensin Aldosterone Syst. 2014 Aug 20. Efficacy and Safety of Combination Therapy of High-Dose Losartan and Hydrochlorothiazide in Patients With Hypertension
Introducción
Un gran porcentaje de pacientes con hipertensión arterial requieren una combinación de dos o más fármacos para alcanzar sus objetivos de presión arterial. Diversas normativas terapéuticas recomiendan combinar bloqueantes de los receptores de angiotensina II y diuréticos tiazídicos para el tratamiento de la hipertensión arterial. La combinación de telmisartán en altas dosis (80 mg/día) e hidroclorotiazida (HCTZ) (12.5 mg/día) produce un fuerte efecto reductor de la presión arterial. No obstante, esta combinación ha sido asociada con un incremento significativoen los niveles séricos de ácido úrico.
Aún es materia de controversia si los altos niveles séricos de ácido úrico representan un factor de riesgo para ateroesclerosis y coronariopatías. Los estudios que han investigado este tema han arrojado resultados contradictorios. Si bien tanto losartán como telmisartán han demostrado bloquear significativamente el transportador de uratos de tipo 1 en experimentos in vitro, sólo losartán presentó acción uricosúrica en seres humanos.
La hipótesis del presente trabajo postula que combinar altas dosis de losartán e HCTZ produciría una reducción similar en la presión arterial y un descenso significativo en los niveles de ácido úrico en comparación con la combinación de altas dosis de telmisartán e HCTZ. Por lo tanto, se analizó si cambiar la combinación de altas dosis de telmisartán e HCTZ por una combinación de altas dosis de losartán e HCTZ constituye una opción más segura y eficaz para el tratamiento de la hipertensión.
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Métodos
Un total de 40 pacientes medicados con altas dosis de telmisartán e HCTZ fueron incluidos en el estudio. Los participantes recibían una combinación fija de 80 mg/día de telmisartán y 12.5 mg/día de HCTZ, que luego fue reemplazada por una combinación fija de 50 mg/día de losartán y 12.5 mg/día de HCTZ. Los pacientes fueron divididos en dos grupos: un grupo integrado por aquellos que alcanzaron sus objetivos de presión arterial antes del cambio de medicación (grupo controlado), y otro grupo compuesto por los que no lograron alcanzarlos (grupo no controlado).
La presión arterial sistólica (PAS), la presión arterial diastólica (PAD), la frecuencia cardíaca, el peso corporal y los niveles urinarios y séricos de distintos parámetros bioquímicos fueron evaluados a nivel basal y 3 meses después del cambio de medicación. Además, se calculó el índice de masa corporal. Las características de los pacientes respecto de antecedentes de dislipidemia, diabetes mellitus, hiperuricemia, tabaquismo y uso de fármacos fueron obtenidas a partir de los antecedentes clínicos de cada caso.
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Resultados
Del total de 40 participantes, 9 (23%) eran varones. La prevalencia de dislipidemia, diabetes mellitus, hiperuricemia y nefropatía era del 63%, 13%, 35% y 40%, respectivamente. El 98% de los casos utilizaba bloqueantes de los canales de calcio, el 35%, beta bloqueantes, y el 10%, alfa bloqueantes. No se hallaron diferencias significativas en las características basales entre el grupo controlado y el no controlado.
A nivel basal, los pacientes contaban, en promedio, con una PAS de 126 ± 17 mm Hg, una PAD de 69  ± 11 mm Hg y una frecuencia cardíaca de 69 ± 9 latidos/minuto. Luego de 3 meses del cambio de medicación, la PAS se redujo significativamente de 126 ± 17 mm Hg a 119 ± 13 mm Hg; el grupo no controlado es el que obtuvo un descenso de mayor magnitud (de 143 ± 12 mm Hg a 126 ± 11 mm Hg). En cambio, no se produjeron modificaciones en la PAD ni en la frecuencia cardíaca durante el período en estudio.
Por otra parte, no hubo cambios significativos en diversos parámetros bioquímicos, tales como nitrógeno ureico, creatinina sérica, potasio, hemoglobina glucosilada y péptido natriurético cerebral, ni tampoco en el perfil lipídico en ninguno de los grupos. No obstante, la combinación de losartán a altas dosis e HCTZ disminuyó significativamente la concentración sérica de ácido úrico luego de 3 meses de tratamiento en todos los casos, mientras que no se observaron cambios en la relación ácido úrico urinario/creatinina urinaria ni en la excreción fraccional de ácido úrico.
Por último, a partir de los valores de ácido úrico, potasio y hemoglobina glucosilada definidos como normales para la institución en la que se llevó a cabo el estudio, se dividió a los participantes en dos grupos para cada parámetro, uno “con valores relativamente altos” y otro “con valores relativamente bajos”. En los grupos con valores de ácido úrico relativamente altos y relativamente bajos se produjo una reducción significativa desde el nivel basal hasta los 3 meses de tratamiento.
En el grupo con valores de potasio relativamente altos, si bien se observó una disminución significativa a los 3 meses, el valor promedio aún se hallaba dentro del intervalo normal. Asimismo, no se produjeron cambios significativos luego de 3 meses ni en el grupo con valores de potasio relativamente bajos ni en los grupos con valores de hemoglobina glucosilada relativamente altos y relativamente bajos.
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Discusión y conclusión
En el presente estudio, la combinación de altas dosis de losartán e HCTZ redujo significativamente la PAS y el ácido úrico sérico luego de reemplazar a la terapia combinada de altas dosis de telmisartán e HCTZ. Asimismo, no se produjeron efectos adversos graves en ninguno de los participantes.
El control de la presión arterial es la mejor estrategia para alcanzar importantes beneficios clínicos respecto de la protección renal y cardiovascular. El uso de altas dosis de losartán e HCTZ logró una reducción de -7 mm Hg en la PAS de todos los sujetos examinados, lo cual representa un importante beneficio clínico si se tiene en cuenta que una disminución de 2 mm Hg brindaría una reducción del 10% en la incidencia de mortalidad por accidente cerebrovascular y de alrededor de un 7% en la mortalidad por coronariopatías u otras afecciones vasculares.
El losartán ha demostrado tener acción uricosúrica en pacientes hipertensos. No obstante, en este estudio, la relación ácido úrico urinario/creatinina urinaria y la excreción fraccional de ácido úrico no se modificaron luego del cambio de medicación. La clasificación de hiperuricemia en dos tipos (por hiperproducción o por disminución en la excreción urinaria de ácido úrico) podría ser de suma importancia para determinar la estrategia terapéutica; no obstante, aún no se cuenta con métodos estandarizados para poder determinar esta diferencia, por lo que se requieren más estudios para esclarecer este tema.
Se ha postulado que telmisartán, a diferencia de losartán, mejoraría la sensibilidad a la insulina, por lo que podría ser útil en pacientes hipertensos con resistencia a la insulina o con diabetes mellitus. Sin embargo, en el presente estudio, los niveles de hemoglobina glucosilada y de glucosa en ayunas no se modificaron luego de 3 meses del cambio de fármaco, por lo que se deduce que el efecto de telmisartán a este respecto no parece ser clínicamente significativo.
Un estudio previo ha señalado que la hipopotasemia inducida por tiazidas podría revertir la intolerancia a la glucosa. Aunque el nivel de potasio se redujo significativamente luego de 3 meses del cambio de medicación en el grupo con potasio relativamente alto, el valor promedio se mantuvo dentro del intervalo de la normalidad, por lo que el nivel de potasio parece no haber tenido efecto sobre el grado de intolerancia a la glucosa.
En conclusión, la combinación de altas dosis de losartán e HCTZ logró reducir significativamente la PAS y la concentración sérica de ácido úrico luego de 3 meses de tratamiento, y no produjo efectos adversos graves en ninguno de los participantes.
Fuentes:

SIIC – Sociedad Iberoamericana de Información Científica

http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=85838&uid=445164&fuente=inews

Localizaciones en el ADN y su relación con la obesidad

Filed under: Noticias — Arturo Hernández Yero @ 10:49

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Recientes investigaciones aportan  más evidencias de la influencia de los genes sobre la obesidad.
Estos  hallazgos pueden ayudar a explicar por qué ciertas personas son más propensas a aumentar de peso y a contraer enfermedades relacionadas con la obesidad. Un grupo de investigadores analizaron muestras genéticas de más de 300,000 personas e identificaron más de 140 localizaciones en sus muestras de ADN que podrían tener un papel en la obesidad. También localizaron  vías biológicas que tenían un papel importante en el peso corporal y en la distribución de la grasa corporal.
Estos resultados son presentados en dos investigaciones sobre la temática que fueron publicados el 11 de febrero en la revista Nature. De acuerdo a sus observaciones se considera un primer paso para  la identificación de los genes individuales implicados en la forma y el tamaño corporal, según los investigadores. Algunas de las proteínas producidas por los genes deben servir como objetivo para el desarrollo de nuevos medicamentos para combatir el sobrepeso corporla y  la obesidad.
Uno de los estudios se centró en los genes que afectan al lugar en que se almacena la grasa en el cuerpo, que afecta al riesgo para la salud. Por ejemplo, las personas con más grasa en el abdomen tienen más probabilidades de sufrir afecciones metabólicas como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares que las que tienen más grasa en las caderas o distribuida por todo el cuerpo.
“Necesitamos conocer estas localizaciones genéticas porque los distintos depósitos de grasa suponen riesgos distintos para la salud”, dijo en un comunicado de prensa del Sistema de Salud de la Universidad de Michigan la autora principal, Karen Mohlke, profesora de genética de la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte.
“Si podemos averiguar qué genes influyen en el lugar donde se deposita la grasa, eso podría ayudarnos a comprender el mecanismo biológico que conduce a varias afecciones de la salud, como la resistencia a la insulina y la diabetes, el síndrome metabólico y las enfermedades cardiacas”, explicó.
El otro estudio observó el vínculo entre los genes y el índice de masa corporal (IMC), un estimado de la grasa corporal basado en la estatura y en el peso. Los investigadores dijeron que hallaron 97 asociaciones genéticas vinculadas con el IMC. También hallaron que las localizaciones genéticas asociadas con el IMC estaban vinculadas con áreas que controlan factores como el apetito y el uso energético.
“Nuestro trabajo muestra con claridad que la predisposición a la obesidad y un IMC más alto no se deben a un solo gen o un solo cambio genético”, señaló en el comunicado de prensa la Dra. Elizabeth Speliotes, autora principal del estudio del IMC. Speliotes es profesora asistente de medicina interna y de medicina computacional y bioinformática del Sistema de Salud de la Universidad de Michigan.
“La gran cantidad de genes hace que sea menos probable que una solución para vencer a la obesidad funcione para todo el mundo, y abre la puerta a maneras posibles que podemos usar las pistas genéticas para que nos ayuden a vencer a la obesidad”, añadió.
El próximo paso, dijeron los investigadores, es averiguar exactamente cómo funcionan los genes y cómo influyen en que  las personas se hagan más susceptibles a la obesidad.

FUENTE: University of Michigan Health System, news release, Feb. 11, 2015
HealthDay

Autor: Arturo Hernández Yero | Contáctenos
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