Archive for the 'Historia y celebridades'

mar 15 2018

Semblanza del profesor Gilberto Pardo Gómez en su 92 aniversario

Prof. Gilberto Pardo GómezHijo de Gilberto Pardo Machado y de Catalina Gómez Torres, nació en la ciudad de Holguín, el 2 de marzo de 1926. Cursó los estudios primarios en su ciudad natal y los estudios secundarios y el bachillerato en el Colegio de “La Salle”, en El Vedado, en la capital del país.

Estimulado con el ejemplo de su padre, comenzó sus estudios de medicina en octubre de 1944, en la Universidad de La Habana. Fue Alumno Interno del Hospital “Las Animas” desde 1947 hasta 1949 y más tarde obtuvo una plaza de Alumno Interno en el Hospital “General Calixto García” para realizar los dos últimos años de la carrera, 6º y 7º, graduándose el 27 de octubre de 1951. Según él mismo confesara tuvo buenos maestros en la práctica quirúrgica y en la ética médica, los profesores: José Antonio Presno Albarrán y Roberto Guerra Valdés, quienes guiaron sus pasos al inicio y con su ejemplo le ayudaron a hacerse cirujano y luego le estimularon a hacerse profesor.

Obtuvo una plaza de médico interno de Cirugía en el propio hospital “General Calixto García”, cargo que desempeñó en la Clínica del Estudiante hasta 1953, en que obtuvo una plaza de Interno Rotativo, por un año, en el Hospital “Michael Reese”, en Chicago, Illinois, EUA.

De regreso a Cuba en 1955, obtuvo la plaza de Residente de Cirugía General en el Hospital “General Calixto García” y ese mismo año contrajo matrimonio con Irma Olivé Santana, con quien tiene tres hijos: Gilberto, Luis Manuel e Irma y tiene una nieta, Arianna y un biznieto, Rolando.

El triunfo revolucionario lo encontraría en el Hospital “General Calixto García”, donde ocupaba aun la plaza de Residente de Cirugía General y desde donde se había vinculado con la lucha clandestina contra la dictadura batistiana. Fue nombrado entonces como cirujano del Hospital de la Policía Nacional Revolucionaria, cargo que desempeñó hasta 1962, simultaneando esa actividad con la de Jefe de Cirugía del Hospital Nacional “Enrique Cabrera” desde 1960 hasta 1961 y cirujano del Hospital “General Calixto García”, desde 1961 hasta 1962 en que fue ubicado en el Hospital “Joaquín Albarrán”, donde permanece en la actualidad.

Pero el brillante cirujano no se dedicó a brillar solo, sino que ha dedicado la mayor parte de su vida profesional a formar a jóvenes cirujanos de diferentes promociones. Su desempeño en la docencia data del año 1960 y ha compartido sus saberes y habilidades, no solo con los estudiantes de pre y posgrado del antiguo Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana –hoy Universidad de Ciencias Médicas de La Habana- sino también con las Facultades de Medicina de Santiago de Cuba y de Santa Clara, en la antigua provincia de Las Villas.

El Profesor Pardo Gómez es especialista de II Grado en Cirugía General y Profesor Titular. Fue Miembro de la Comisión de Docencia de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, desde 1965 hasta 1969 y a lo largo de su trayectoria docente y científica ha asumido diversas responsabilidades, entre las que se destacan: Miembro del Comité de Convalidación de Especialidades Quirúrgicas (MINSAP – 1966), Miembro de la Comisión que elaboró y perfeccionó los programas de la Residencia de Cirugía General (1966, 1973, 1986 y 2008), Miembro del Tribunal para la ratificación y/o evaluación de las categorías de Profesor Auxiliar o Titular del personal nombrado con posterioridad al año de 1966 en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana (1976), Miembro de la Comisión Asesora del Director de la Escuela de Medicina de la Universidad de la Habana (1968 – 1976), Presidente de un Tribunal Estatal de Cirugía de la Provincia de la Ciudad de La Habana (abril – octubre de 1975, 1976, 1977 y 1978), Miembro de la Comisión Central Metodológica del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana (1977 – 1986), Miembro de la Comisión Nacional de Grados Científicos – Sección Biomedicina (1975- 2009), Autor del Programa de la asignatura Cirugía en el Plan de Estudios de Medicina, vigentes (1982) y del nuevo (2015), Miembro de la Comisión Nacional de Grados Científicos, que elaboró el programa para el examen de Candidatura de Especialidades Quirúrgicas (1983), Miembro del Tribunal de la Comisión de Grados Científicos – Sección Biomedicina, para hacer análisis de expedientes de aspirantes a convalidación de los grados de Candidato a Doctor y Doctor en Ciencias (enero 1983), Autor del programa de la parte de Cirugía del Internado General de Adultos (1983), Presidente de uno de los dos Tribunales para la Especialización de 2º grado en Cirugía General (1983 hasta la fecha), Miembro del Tribunal Permanente de Especialidades Quirúrgicas para obtener Grados Científicos (1985 hasta la fecha), Miembro de la Comisión que elaboró el programa de la Residencia de Cirugía Cardiovascular (1985), Presidente del CARE del ISCM-H hasta la actualidad y Presidente del Tribunal Permanente de Especialidades Quirúrgicas para obtener Grados Científicos (2006-2009).

A lo anterior se suma las actividades que ha realizado, dado su compromiso social y político, entre las cuales sobresalen: Director del Hospital Universitario “General Calixto García” (enero y febrero 1959), Jefe de la Unidad Quirúrgica (1960 – 1961) y Subdirector Facultativo del Hospital “General Calixto García” (1961 – 1962), Jefe de Departamento de Cirugía y Servicios (1962 – 1976), Subdirector Facultativo (1963 – 1965), Director  (1965 – 1967) y de nuevo Subdirector Facultativo del Hospital “Joaquín Albarrán” (1968 – 1970) y Jefe del Departamento Docente de Cirugía de la Facultad de Ciencias Médicas (1969 – 1976), responsabilidad que desempeñó simultáneamente con la de Subdirector Docente del Hospital “Joaquín Albarrán” (1970 – 1975) y Vice – Decano Docente de la Facultad # 3 “Finlay – Albarrán” (1976 – 1988). Es el Profesor Principal de Cirugía del antiguo ISCM-H –hoy UCM-H- desde 1977 hasta la actualidad.

El Profesor Pardo Gómez obtuvo el Grado Científico de Doctor en Ciencias Médicas el 10 de febrero de 1981, alcanzó la categoría de Profesor Consultante de Cirugía en 1997 y la categoría de Profesor de Mérito en el año 2002. Ha recibido 50 cursos de posgrado y ha impartido 55. Ha participado en 40 Tribunales de especialistas de I Grado, 20 de II Grado y 15 de Grados Científicos. Ha tutoreado 35 tesis, 30 para especialistas de Cirugía y 3 para Grados Científicos.

Fue Secretario del Grupo Nacional Cirugía desde 1968 hasta 2008 y desde esa fecha hasta la actualidad es el Jefe del Grupo Nacional de Cirugía y, en correspondencia con esa responsabilidad que ostenta, ha asumido otras responsabilidades, tales como: Secretario del Comité Organizador de la 2ª Jornada Nacional de Normación de Cirugía  (MINSAP, 1974), Presidente de la Comisión del problema de investigación “Diagnóstico precoz de las enfermedades” (MINSAP – 1978), Miembro de la Comisión del Vice – Ministerio de Asistencia del MINSAP para revisar el Reglamento Hospitalario (1990), Miembro del Jurado del Premio al mejor Trabajo Científico del MINSAP (mayo 1992) y Miembro del Tribunal de Cirugía General para evaluar los candidatos a la colaboración médica en la República de Sudáfrica (1995 – 1997).

Ha participado en 77 eventos nacionales y 30 internacionales, tiene en su haber científico 15 investigaciones y 59 publicaciones, de las cuales 10 son internacionales.

El Profesor Pardo Gómez es Miembro activo de diversas Sociedades Científicas, nacionales e internacionales. Entre las primeras destacan: Miembro Titular de la Sociedad Cubana de Cirugía, Miembro Asociado de la Sociedad Cubana de Gastroenterología, Miembro Asociado de la Sociedad Cubana de Coloproctología, Miembro de la Sociedad Cubana de Infectología (desde 1996) y Director de la Revista Cubana de Cirugía desde 1991 hasta la fecha. Entre las Sociedades Internacionales están: Miembro correspondiente honorífico de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Granada, España, Miembro Titular de la Societé Internationale de Chirurghie (desde 1967 hasta la actualidad.), Miembro de la Federación Latinoamericana de Cirujanos (FELAC),  desde 1988 hasta la actualidad, Miembro fundador de la Asociación Mundial de Cirugía del Hígado, Páncreas y Vías Biliares (1986 – 1994), Miembro del Comité Internacional de la Sociedad Internacional de Cirugía (2001-2004), Delegado de Cuba en la Sociedad Internacional de Cirugía (1966 hasta 1991) y desde el 2001 hasta la actualidad y Miembro de la Asociación Internacional de Cirujanos y Gastroenterólogos (desde 2004).

Por su valiosa trayectoria laboral, profesional, profesoral, de la ciencia y como directivo, ha recibido numerosas distinciones y condecoraciones, entre las cuales destacan:

Nacionales: Diploma por haber cumplido la misión de trabajador internacionalista en Nicaragua, durante el terremoto de 1972; Distinción como Obrero Internacionalista (Nicaragua, 1972 – 1977); Medalla 250 Aniversario de la Universidad de La Habana (noviembre 1979); Medalla “Victoria de Playa Girón” (abril 1981); Medalla “José Tey” (enero 1983); Medalla “Manuel Fajardo” (diciembre 1983); Orden “Frank País” II Grado (diciembre 1992); Orden “Carlos J. Finlay” (marzo 1993); Diploma de la “Dignidad Universitaria” (diciembre 1994); Reconocimiento Al Mérito Docente; Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Cirugía (1999); Placa 70 años de la Sociedad Cubana de Cirugía y Placa del 20 aniversario del CIMEQ.

Internacionales: Placa de Miembro Honorífico correspondiente, de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Granada, España (2001); Condecoración del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, de primera clase, otorgada por la república Bolivariana de Venezuela y el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (noviembre 2004) y Placa de Reconocimiento, del Instituto de Altos Estudios “Dr. Arnoldo Gabaldón” en Salud de Maracay, República Bolivariana de Venezuela (septiembre 2007).

Como hombre comprometido con su tiempo y con su Patria, ha sido también reconocido con varias distinciones, entre las que destacan: Medalla de la lucha Clandestina; Distinción “28 de Septiembre” CDR; Medallas Conmemorativas “30, 40 y 50 aniversario de las FAR”; Distinción Servicio en el MININT (10, 15 y 20 años); Sello conmemorativo de los Órganos de la Seguridad del Estado (20 y 30 años) y Sello conmemorativo 20 años de la Policía Nacional Revolucionaria.

Para finalizar esta semblanza biográfica de un hombre excepcional, no solo por sus amplios conocimientos y habilidades de su especialidad y su magisterio, sino también por los valores asumidos, que forman parte de su personalidad, sencilla y modesta, hacemos uso de las propias reflexiones del Profesor Pardo Gómez: “De mis años como interno y residente de Cirugía en el Hospital Universitario “General Calixto García”, guardo inolvidables recuerdos, de mis innumerables guardias y trabajo quirúrgico que me forjaron como médico y cirujano y en todos los demás aspectos de esta noble profesión y puedo decir plenamente que si volviera a nacer me haría nuevamente médico y cirujano, pues la sensación que uno percibe al salvar o aliviar la vida de un ser humano, es una emoción que pienso que no posee otra profesión. En el largo ejercicio de mi profesión he tenido momentos buenos como los que uno experimenta al salvar una vida y malos como cuando a pesar de todos nuestros esfuerzos muere un ser humano”.

Fuente: Irma Pardo Olivé (hija); María del Carmen Amaro Cano (Vice-Presidenta Sociedad Cubana Historia de la Medicina)

 

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ene 02 2018

Fidelidad imperecedera a la Declaración de Principios de “Las Ardillas”

Prof. Esteban Regalado GarcíaFidelidad imperecedera a la Declaración de Principios de “Las Ardillas
En este artículo se mencionan algunos aspectos de la acrisolada historia de vida del médico cubano Esteban Roberto Regalado García.
Peña Sánchez, MA MEDISAN 2017; 21(12):7064

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sep 18 2016

Profesor José Antonio Presno Albarrán (1916-1978)

José Antonio Presno AlbarránConsiderado el más destacado cirujano de vías digestivas de América Latina en su época. Profesor Titular en 1960 y Jefe del Departamento de Cirugía en 1961. Více-Decano en 1962 y Decano de la Facultad de Medicina en 1963. Primer Cirujano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Miembro Extranjero Activo de la Academia de Ciencias de la antigua URSS. Miembro Titular y Presidente del Capítulo Cubano de la Sociedad Internacional de Cirugía.

Nació en La Habana, el 3 de julio de 1916, hijo del destacado médico y cirujano general, José Antonio Presno y Bastiony (1876-1953) y de María Albarrán Machín -hija del eminente urólogo y cirujano Pedro Albarrán Domínguez (1854-1911)- por lo que era nieto y sobrino nieto de dos grandes de la Urología, Pedro y Joaquín Albarrán Domínguez.

La familia Presno -según la bibliografía que recoge la historia y el escudo de ese apellido- tuvieron radicación, entre otros lugares, en Galicia, Asturias y Portugal. Esta rama de los Presno pertenecía a uno de los 19 barrios de la Parroquia del Concejo de Castropol, situada en la parte occidental del Principado de Asturias, muy cerca de la provincia de Lugo.

Realizó sus estudios médicos en la Universidad de La Habana, obteniendo 31 sobresalientes, de 32 asignaturas y 14 premios ordinarios.

En su época de estudiante, la Universidad fue un foco revolucionario importante y Presno no fue ajeno a ese proceso, participando en la distribución de propaganda y en la huelga general del año 1935.

De 1935 a 1937 trabajó como alumno externo, cargo que obtuvo por concurso en el Hospital Universitario “General Calixto García”. De 1937 a 1940 fue alumno interno por su expediente.

Se graduó en 1940, y ese propio año, por su expediente, obtuvo el cargo de Médico Interno, plaza que desempeñó hasta 1942. Este mismo año obtuvo por oposición la categoría de Médico Residente, y se mantuvo en ella por espacio de dos años.

Inició su carrera docente en la Cátedra de Clínica Terapéutica y Operaciones: De 1944 a 1946 Profesor Adscripto, de 1946 a 1950 Instructor, de 1950 a 1954 Asociado. Este año 1954, dos años después que su padre alcanzara la categoría de Profesor Emérito, realizó ejercicios de oposición en los que obtuvo la plaza de Profesor Agregado, primer paso de la por entonces carrera profesoral universitaria. A partir de ese momento comienza su carrera ascendente al ser nombrado Cirujano Jefe de la Sala Mestre del Hospital Universitario “General Calixto García”.

Simultáneamente con dichas actividades, desde 1946 se desempeñaba como Cirujano Auxiliar en la Clínica “La Milagrosa”, fundada y dirigida por su padre, en la cual ascendió a Cirujano Titular en 1950 y a Jefe de Cirugía, en 1952, donde permaneció hasta 1960.

Tras el cuartelazo del 10 de marzo -inicio de la dictadura batistiana- formó parte del núcleo de Profesores de la Facultad de Medicina adscrito al Movimiento de Resistencia Cívica, dirigido por el entonces Decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Profesor Titular de Historia de las Doctrinas Sociales, Doctor Raúl Roa García. Participó en la recolección y envío de instrumental y medicinas a los frentes de combate, y brindó atención médica a revolucionarios heridos.

En marzo de 1958 denunció ante el Tribunal Supremo, la prensa nacional, el Colegio Médico y los organismos internacionales, los atropellos cometidos por la dictadura en la persona de la distinguida pedagoga, Dra. Esterlina Milanés Dantín.

Durante la Huelga del 9 de abril de 1958, brindó sus servicios personales como cirujano, así como su consulta para hospital de sangre.

Al triunfo de la Revolución, integró la Comisión de Gobierno de los Hospitales Universitarios, desde 1959 hasta 1963, en que se incorporaron al Ministerio de Salud Pública.

Al producirse el éxodo de profesores, integró junto a Eugenio Torroella Mata, Roberto Guerra Valdés, Enrique J. Echevarría Vaillant, Eugenio Torroella Martínez – Fortún y Carlos Ramírez Corría, el grupo que garantizó la continuidad de la Escuela Cubana de Cirugía.

En 1960 ascendió a Profesor Titular. Dedicó gran parte de su esfuerzo a la urgente tarea de reformar los hospitales universitarios y el propio Plan de estudios de la Facultad de Medicina, que culminaría con la Reforma Universitaria de 1962.

De 1961 a 1967, fue Jefe del Departamento de Cirugía, estructura que se adoptó tras la unificación de las antiguas Cátedras de Patología Quirúrgica, Clínica Terapéutica Quirúrgica y Operaciones, Clínica Quirúrgica 1° Curso y Clínica Quirúrgica 2° Curso.

En franco abandono de los intereses de la clase burguesa -a la que pertenecía- ingresó en 1960 en las Milicias Médicas Revolucionarias. Poco después fue ascendido a Capitán y Primer Cirujano de los Servicios Médicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

En 1961, integra las filas de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), en 1963, miembro del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y en 1966 del Partido Comunista de Cuba (PCC).

El alto nivel de su compromiso social le mueve a aceptar en el período 1962-63, el Vicedecanato de la Facultad de Medicina y en el período 1963-64 asumió las funciones de Decano. Fue miembro del Consejo de la Facultad, responsable de superación profesoral y miembro de la Comisión para el estudio de la Formación de Investigadores, en la propia institución docente.

Pero ni sus responsabilidades docentes ni políticas le hicieron abandonar la práctica de su especialidad, en la que había adquirido y consolidado saberes en el orden teórico y grandes habilidades quirúrgicas. Realizó 7 701 intervenciones quirúrgicas, de ellas 6 537 de cirugía mayor. Contribuyó al desarrollo de la Cirugía Experimental y del Trasplante de Órganos en Cuba.

Su espíritu solidario y de justicia social se puso también de manifiesto en su responsabilidad de compartir sus conocimientos por medio de las publicaciones científicas. Publicó 12 libros, 5 monografías, 10 folletos, 45 trabajos científicos y 12 no científicos. Sus trabajos aparecieron en diversas publicaciones como: la Revista de Medicina y Cirugía de La Habana; los Archivos Médicos de San Lorenzo; los Archivos del Hospital Universitario; la Revista Cubana de Gastroenterología; y la Revista Cubana de Cancerología, entre otras.

Presentó 38 trabajos en Congresos nacionales e internacionales.

En 1972 sufre un infarto de miocardio y luego de su recuperación, se sintió obligado a retirarse de la práctica quirúrgica, decisión que asumió con gran pesar; pero con mucha entereza y, sobre todo, con un alto nivel de ética profesional, pues estaba consciente del peligro al que podía exponer a un paciente si él continuaba ejerciendo la cirugía y, en medio de un acto quirúrgico sufría otro infarto.

Desde el año anterior había iniciado estudios de Cibernética aplicada a la Medicina y había presidido la primera Comisión de Computación que se dedicó al estudio de las necesidades de desarrollo de la Informática en la Salud Pública cubana. Comenzaba así otra etapa de su fructífera trayectoria científica y docente.

Luego de recuperarse del infarto de miocardio sufrido, asumió la responsabilidad fundacional, en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de La Habana, del Departamento de Computación Aplicada a la Biomedicina, que se oficializó en 1973. Esta institución se convierte, por ley oficial del Estado de fecha 1976, en Centro de Cibernética Aplicada a la Medicina (CECAM), subordinada al entonces Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana -hoy Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Desde los inicios del CECAM, fungió como su Director, hasta su fallecimiento.

Desde su surgimiento, el trabajo del Centro se proyectó hacia la creación de una cultura computacional entre los profesionales de la salud y por tanto, de un lenguaje común que facilitara el desarrollo de la computación en el sector salud en general y en la especialidad de cirugía en particular, a partir de investigaciones en el campo de la modelación matemática y del desarrollo de aplicaciones en el campo de la Salud realizadas bajo la dirección del Profesor Presno, quien propuso un proyecto de automatización de salas de cirugía, con el apoyo del Director del Instituto Vishniesky de Moscú. Este proyecto no cristalizó, a pesar de su denodado esfuerzo, por inconvenientes burocráticos.

En 1975, el Centro que dirigía, CECAM, propuso la creación de la especialidad de Informática Médica o de Computación Aplicada a la Medicina (nombre que recibía en la década de los años 70s), pero no fue aprobada en esos momentos por el Ministerio de Salud Pública.

Perteneció a 9 Sociedades Científicas nacionales y a 7 extranjeras. Fue Miembro Titular y de Honor (1966) de la Sociedad Cubana de Cirugía, así como Miembro Titular y Presidente del Capítulo Cubano de la Sociedad Internacional de Cirugía.

En 1965 recibió el título de Miembro Extranjero Activo de la Academia de Ciencias de la antigua URSS. En Cuba, también recibió Órdenes y Condecoraciones, en reconocimiento a sus aportes, entre ellas, las más relevantes: Medalla “Manuel Fajardo” por más de 25 años de trabajo en el sector salud, Orden “Frank País”, por su dedicación a la docencia y Medalla del “250 Aniversario de la Fundación de la Universidad de La Habana.”

Falleció en la misma ciudad donde nació, el 14 de octubre de 1978.

ALGUNOS TÍTULOS DE SU BIBLIOGRAFÍA ACTIVA:

“Concepto actual del Shock: su diagnóstico precoz, diagnóstico diferencial y tratamiento”. Compañía Editora de libros y folletos, La Habana, 1943

“Pancreatitis agudas”. Compañía Editora de libros y folletos, La Habana, 1944

“Sarcoma neurogénico abdominal”. Compañía Editora de libros y folletos, La Habana, 1947

“Comunicación previa sobre la relación del asa aferente con las molestias post prandiales del gastrectomizado”. s/e, La Habana, 1951

“Moral Médico Quirúrgica”. Editorial Unión Americana. La Habana, s/a.

“Técnicas especiales en las resecciones gastroduodenales”. Instituto Cubano del Libro. La Habana, 1963.

En colaboración con Selman-Houssein Abdo Eugenio, García Gutiérrez Alejandro y Miyares Ibarra Carlos. “Esofagocoloplastia retroesternal extrapleural”. Revista Cubana de Cirugía. 1964;3(5):513-23.

Teniendo como colaboradores a Selman-Houssein Eugenio, García Gutiérrez Alejandro y Miyares Ibarra Carlos. “La esofagogocoloplastia en los procesos benignos y malignos del esófago”. Instituto Cubano del Libro. La Habana, 1966.

Teniendo como colaboradores a García Gutiérrez Alejandro, Rojas Hernández Marino, Pérez Oramas Hernán, Mederos Pazos Guillermo, Sainz Menéndez Benito. “Empleo de los instrumentos de sutura mecánica en la cirugía del aparato digestivo”. Revista Cubana de Cirugía. 1966;5:277-317.

Teniendo como colaboradores a García Gutiérrez Alejandro, Pérez Oramas Hernán, Pascual Chirino Claudio. “Transplante e interposición yeyunal con ayuda de un aparato de sutura mecánica”. Revista Cubana de Cirugía. 1967;6:299-306.

Teniendo como colaborador a Selman-Houssein Abdo, Eugenio. “Esofagocoloplastia retroesternal extrapleural en los procesos benignos y malignos del esófago”. Revista Cubana de Cirugía. 1967;6:497-502.

Teniendo como colaboradores a García Gutiérrez Alejandro, Pérez Oramas Hernán, Rojas Hernández Marino, Del Sol Castañeda Octavio. “Empleo del aparato PKS-25 en la cirugía del tractus digestivo”. Revista Cubana de Cirugía. La Habana, 1967;6:306-73.

“Cirugía de guerra. Doctrina única de tratamiento”. Servicios Médicos del MINFAR. La Habana, 1969.

En colaboración con otros autores. “Normas de Cirugía” Ministerio de Salud Pública. Editorial Científico-Médica. La Habana, 1969.

Fuente: Colaboración de la profesora MSc. María del Carmen Amaro Cano. Vice-Presidenta Sociedad Cubana Historia de la Medicina

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nov 07 2013

Medio siglo después de su muerte, continúa entre nosotros

Comandante Manuel Piti Fajardo RiveroComandante Manuel “Piti” Fajardo Rivero. Medio siglo despúes de su muerte, continúa entre nosotros
La autora recuerda que, en 1963, siendo Vallejo médico de Fidel; pero se desempeñaba también como cirujano del recién fundado Instituto Nacional de Cirugía y Anestesiología (INCA) -ubicado en el Hospital de Emergencias- al comentar en la entrega de guardia un difícil caso quirúrgico que se había presentado en la noche, dijo: “Y en ese momento extrañé a mi compañero y amigo, al cirujano Piti Fajardo”.

Lic. María del Carmen Amaro Cano. Profesora Consultante y Vicepresidenta de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina. FCM “General Calixto García”, La Habana, Cuba.

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oct 14 2013

Tavito, el compañero inolvidable

Dr. Octavio de la Concepción y de la PedrajaEl Dr. Octavio de la Concepción y de la Pedraja (Tavito), formado como médico y cirujano en los servicios de nuestro querido Hospital General Calixto García, permanecerá eternamente en nuestro recuerdo, por su entera dedicación a la causa de la libertad, la dignidad y la justicia social.

El 8 de octubre de 1967, el Che había intentado romper el cerco durante la noche, con la intención de llegar a Valle Grande. Durante el desigual combate de ese día, el Che y un reducido grupo de compañeros aguantan heroicamente el ataque del Ejército para que los compañeros que se encuentran en malas condiciones de salud, entre ellos, Tavito (el Moro, Muganga, Morogoro), puedan salir escoltados.

Solo tres de los dieciséis cubanos combatientes sobrevivieron. Parte de ese grupo, comandados por Ernesto Guevara, logran llegar hasta la Quebrada del Yuro, donde este último sería herido, capturado y asesinado al día siguiente.

Tavito se encontraba entonces muy enfermo, con una fuerte ciatalgia que no le permitía apenas caminar, motivo por el cual el Che lo envió con un grupo de enfermos y heridos, que su pelotón cubriría.

Después de tres jornadas de caminata continua, sin alimentos y con sed, llegan el 12 de octubre a la confluencia de los ríos Mizque y Grande, punto custodiado por tropas para evitar que pudieran obtener agua. Cuando los guerrilleros tratan de llegar al río en busca del necesario líquido, los soldados abren fuego. Ellos ripostan y continúan decididos su avance hasta que todos caen acribillados por las balas enemigas.

El grupo logró llegar hasta Cajones donde fueron alcanzados por las tropas del ejército boliviano y ultimados el 12 de octubre, siendo enterrados clandestinamente.

A solo 4 días de cumplir 32 años de edad, caía en combate “Muganga” -que en swahili significa “médico” o “adivino”- sobrenombre que había adquirido en la lucha de Liberación de El Congo, en la que había participado con el grupo de cubanos, dirigidos por el Che.

Tavito está indisolublemente ligado a la historia del Hospital General Calixto García. En su Sala de Maternidad nació el 16 de octubre de 1935. En los distintos Servicios de Clínica del hospital, realizaría sus prácticas de medicina, carrera que tuvo que interrumpir en 1957, por el cierre de la Universidad, durante la dictadura batistiana.

Regresó a Tacajó, donde se habían instalado sus padres desde la época de su niñez, y allí se vinculó al M-26-7. Poco después tomó el camino de la montaña y se unió a las fuerzas rebeldes de Raúl Castro, con las que permaneció hasta el fin de la guerra.

Al triunfo de la Revolución ocupó responsabilidades en la Jefatura de la Sanidad Militar y en la Organización Nacional de Inválidos (ONDI). Paralelamente reanudó y finalizó sus estudios de medicina. Tras un curso de medicina militar de batallón, fue nombrado Jefe de la Sanidad Militar y cirujano en el hospital de Baracoa, donde realizó su Servicio Médico Rural. Allí fue electo trabajador ejemplar e integró las filas del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC), con sólo 27 años.

Con estos créditos regresó al Hospital General Calixto García, su lugar natal –en el sentido literal de la palabra- a iniciar su Residencia en Cirugía, con el privilegio de contar como Profesor al Jefe del Departamento, Doctor José Antonio Presno Albarrán, paradigma de médico, cirujano y hombre comprometido socialmente con su tiempo, quien fallecería once años más tarde de la caída en combate de su alumno, el 14 de octubre de 1978.

José Ramón Machado Ventura, ex ministro de Salud Pública y ya por ese entonces Miembro del CC del PURSC, fue quien propuso a Tavito al Che para acompañar a éste en su lucha africana.

En Congo fueron varios los médicos que participaron con el Che en la guerrilla, de diferentes especialidades: cirugía general, ortopedia, medicina interna y epidemiología. Todos ellos de profundas convicciones revolucionarias y, aunque jóvenes, con buena preparación científico-técnica. Entre ellos, el Che eligió a Tavito para acompañarle a Bolivia. Se convertía así en combatiente-médico y médico-combatiente, en la Sierra, en El Congo y en Bolivia.

Tavito es la suma y compendio de un hombre común y corriente que supo alcanzar el grado de extraordinario en los momentos necesarios. “Ser hombre es dificilísima y pocas veces lograda tarea” -dijo el Apóstol.

Al pensar en aquel joven que asumiera la responsabilidad de luchar por las mejores causas en África y América, después de haber participado en la lucha por la liberación de su Patria y en la fase inicial de la construcción de una nueva sociedad mas justa para todos los cubanos, vienen a la memoria aquellas palabras del Che en El socialismo y el hombre en Cuba: “El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible”.

No cabe duda que Tavito fue un hombre que amó intensamente la vida, que no pudo ocultar ante nadie su profundo amor hacia Hilda, su madre; que disfrutó del cariño de su familia, del afecto y reconocimiento sinceros de sus pacientes, camaradas y amigos; y que ofreció su generoso corazón a la Revolución y al trabajo de su profesión; pero también al trabajo voluntario agrícola y de la construcción de nuevas obras para la sociedad en la que vivió, y que contagió a todos con su juvenil entusiasmo y alegría.

Hoy, a pocos días de conmemorar el aniversario 78 de su natalicio, y recordar con profundo dolor y tristeza su desaparición física, hace ya 46 años, queremos patentizar, una vez más, nuestra fidelidad a su recuerdo.

¡Su ejemplo constituye, hoy y por siempre, modelo de combatiente por la libertad, la dignidad y la unidad de la Patria Americana y de todos los pueblos del mundo que aspiran a un mañana mejor!.

María del Carmen Amaro Cano
Profesora Consultante
FCM “General Calixto García”

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jul 13 2013

Entre Esculapio y el Evangelio

Dra. Lidia Torres AjáEn Cruces, pueblo natal, escapó de la casa a los 15 años, pues los padres detractaban la vocación religiosa. Por la calle Abreu, del barrio de “La Trocha”, transcurrió la niñez de Lidia; estuvo en la escuela primaria “Carlos Manuel de Céspedes”.  La capital habanera fue el escenario donde entreveraron sus dos vocaciones durante la juventud, las primeras incursiones como devota y su carrera de Medicina hasta los 23 años:

“Me desbandé de mi hogar y en La Habana fui monja de clausura “Carmelita Descalza”, en el Convento de Calle 13, entre 20 y 22, en El Vedado; alternaba con la carrera de Medicina, estuve allí nueve años, pero la salud no me acompañó para esa vida y debí regresar.

“Más tarde, la Hermana Catalina, de la congregación “Hijas Mínimas de María Inmaculada”, que vivía en México, vino a Cruces para cuidar a su mamá enferma.
“Aunque yo me sentía parte de “las Carmelitas”, accedí mediante ella a la agrupación, cuyo objetivo consiste en estar donde haga falta y así me puse a ayudar a niños, ancianos y enfermos”.

¿Cuando se reinserta en  la Medicina de la provincia sureña?

“El sexto curso de  la carrera lo pasé en Santa Clara; ya hace siete lustros que egresé de allí. Posteriormente me hice cirujana en el hospital villaclareño ‘Celestino Hernández’, la ubicación en Cienfuegos resultó casual”.

“La Mastología también fue al azar, pues de improviso llegué aquí a los dos días de graduada. En 1989 se inauguró en este territorio el grupo provincial de la especialidad y me dediqué a eso; así desarrollé mi segundo perfil  y para eso viajaba al  “Oncológico”, de La Habana; luego realicé mi tesis en patología de mama”.

Durante un Congreso Internacional esta doctora  recibió el título de “Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Cirugía” y  la medalla por el aniversario 80 de la fundación de esa institución.

¿Cuándo usa los hábitos?

“Tengo una dispensa en Roma para prescindir de ellos en instituciones de Salud, sólo los llevo en actos místicos. Hoy soy una religiosa con votos perpetuos y me siento orgullosa de que el suceso se hiciera en mi patria”.

“En la ceremonia, monseñor Emilio Aranguren Echeverría, entonces obispo de Cienfuegos, tuvo el detalle de presentar mis ropas de cirujana. Estoy satisfecha con mi vida, de ser una trabajadora más, que espera coches, marca tarjetas y regresa en botella para Cruces. Además, soy especialista de segundo grado de cirugía y profesora auxiliar, a punto de discutir la  tesis doctoral”.     

 ¿Alguna contradicción entre la monja y la cirujana?
     
 “No,  nuestro país aboga por el respeto a lo diverso”     

El reverendo Pablo Odén Marichal, diputado a la Asamblea Nacional del  Poder Popular y secretario ejecutivo del Consejo de Iglesias de Cuba, expresó al periódico “Trabajadores”,  que cuando alguien se humaniza es por sus valores y puede llevarlos en cualquier fila. ¿Comparte su  opinión?
 
“Sí, hay muchas razones para que desde todas las posiciones luchemos por la razón y la justicia, en contra de discriminaciones”.     

¿Cuáles son sus mayores satisfacciones ahora, luego de tantos años en el servicio de Mastología?     

“Cienfuegos es la única provincia del país que ha generalizado a la atención primaria las consultas de mama y realizan incluso los ultrasonidos en las áreas. Los casos con diagnósticos positivos se llevan a la consulta multidisplinaria del Hospital Provincial “Gustavo Aldereguía  Lima” (GAL). Ello posibilita que el 70 por ciento sean curables, por la  precocidad del diagnóstico.

“Me siento  contenta con los avances, porque Cuba y Cienfuegos no escapan al aumento de cáncer de mama, el carcinoma se detecta cada vez más”
 
¿Qué amó primero, el decálogo de Esculapio o el evangelio?
     
“Considero que ambas actitudes nacieron conmigo, no podría prescindir de ninguna de las dos. Creo que sirvo a Dios en mis enfermos, esa es mi mayor felicidad”.

Lic. Dagmara Barbieri López.
Periodista Cienfueguera

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ene 31 2013

Consideraciones en las heridas producidas por armas de fuego

Consideraciones sobre la intervención quirúrgica en las heridas producidas por armas de fuego*

por el Dr. Enrique Núñez de Villavicencio Palomino** 
 

A la memoria de los médicos cubanos muertos en campaña

Sr. Presidente, señores:

Tres años han pasado desde que la lucha política dispersó á la familia médica cubana, encaminando á cada uno de sus hijos por los rumbos á que le condujera su temperamento, y por una feliz coincidencia al reanudar las relaciones que nos ligan con esta Sociedad, que logró mantenerse constituida en medio de las borrascas que enlutaron la existencia de este pueblo, encuentro de nuevo en el sitial á los mismos amigos que en otros tiempos nos alentaron con su benevolencia.

Y al sentarme de nuevo entre vosotros, á presentaros mi primer trabajo científico en la paz, permitedme dedicarlo ¡á la memoria de los que alejados para siempre de nuestra compañía, reposan en sus tumbas diseminadas por los campos de la patria á la que ofrecieron el sacrificio de su bienestar y su vida! 
 

I

La historia quirúrgica de nuestra campañas es una tarea imposible de realizar por las condiciones en que ésta se desenvolvía; pero los que hemos conservado apuntes sobre los casos asistidos estamos en el deber ineludible de dar á conocer la experiencia adquirida, como contribución personal á obra tan útil y conveniente.

Las heridas producidas por armas de fuego son comparativamente raras en la práctica civil y las que se observan son determinadas por armas distintas á las usadas en la guerra, ofreciendo en consecuencia una característica diferente.

Son tan particulares las heridas de armas de guerra que Dupuytren al referirse á ellas, las hacía constituir una rama especial de la Cirugía; y esa peculiaridad se ha hecho mucho más notable en estos últimos tiempos en que el proyectil diariamente se reforma en su construcción y estructura, modificando forzosamente los conocimientos que se poseen sobre las lesiones que determinan.

Las condiciones en que se encuentra un herido en el campo de batalla, son tan diferentes de las que le rodean en la vida civil, que el tratamiento tiene que variar, aún con heridas semejantes. En la práctica civil, disponiendo el cirujano de todos los recursos, puede conservar un miembro en casos en que sus colegas militares quedarían satisfechos con salvar la vida del paciente.

Las exigencias de toda campaña hacen de la cirugía militar una especialidad por más que derive sus doctrinas del origen común de la Cirugía; y las condiciones más que especialísimas de nuestra guerra nos han obligado con frecuencia á proceder contrariamente al criterio científico de antemano formado, aplazando intervenciones que practicadas inmediatamente beneficiarían al herido, sacrificando miembros que en otras circunstancias hubiéramos tratado de conservar y practicando mutilaciones, obligados por el abandono de los primeros momentos, del que no puede inculparse al cirujano militar. 
 

II

Limítanse nuestros propósitos á hacer las ligeras consideraciones que sobre el tratamiento de las heridas de armas de fuego nos sugiere la pequeña práctica adquirida en la campaña; y nos concretamos á las heridas de armas de fuego, porque la efectividad de los rifles modernos á largas distancias y la táctica desconocida de nuestra guerra nos han privado de observar heridas de arma blanca, pudiendo hacer análoga manifestación respecto á las heridas producidas por proyectiles de la artillería, cuya eficacia ha sido ridiculizada por uno de nuestros jefes militares al decir que su resultado era el bombardeo de los bosques.

El ejército español usaba fusiles del modelo Maüsser y del Remington. Los proyectiles del Maüsser por lo general producen heridas poco graves por su pequeño volumen, su gran velocidad y su considerable fuerza de penetración, se les ha llamado bala humanitaria por más que en algunos casos han estado muy lejos de justificar esa denominación.

El proyectil Remington de mayor diámetro y menos consistencia, sufre alteraciones de forma y determinan heridas muy diversas. Existe una variedad del fusil, modelo español llamado de María Cristina, de mayor calibre y alcance y cuyo proyectil compuesto de un núcleo de plomo y una camisa ó envoltura bronceada, produce grandes destrozos debidos á la doble acción del núcleo y de la cáscara metálica, que con frecuencia penetran separadamente en los tejidos. La causa de esa separación se atribuye al diverso coeficiente de dilatación de ambos metales, que, originando la rotura en el aire de la camisa metálica, produce un estallido característico que ha hecho llamarlas balas explosivas.

En las operaciones de Guisa, que comprenden el bombardeo y capitulación de la villa y las acciones sostenidas contra las fuerzas que acudían al auxilio de los sitiados, tuvimos la oportunidad de extraer dos proyectiles de Remington deformados y con la envoltura metálica rota y casi desprendida, y en otro caso extrajimos una envoltura aislada, de proyectil del mismo sistema. En los tres casos las lesiones se asemejaban á otras que observamos anteriormente en el ataque de Victoria de las Tunas, producidas por parque bronceado del fusil “María Cristina”.

 

III

Pasaron ya los tiempos en que el tratamiento de las heridas de guerra consistía en la aplicación local de ungüentos, bálsamos, astringentes, etc., que traían como consecuencias necesarias profusas supuraciones que aniquilaban á los heridos, manteniéndolos en los hospitales por tiempo ilimitado; y ha desaparecido también aquella vieja práctica del desbridamiento con que se convertían estrechas aberturas en grandes heridas abiertas para dar salida á los exudados inflamatorios considerados como resultado natural de toda cicatrización.

Cuantos cambios se han realizado en los métodos de curar las heridas, han tenido por objeto evitar la concurrencia de las infecciones quirúrgicas que en las ambulancias militares eran secuelas obligadas de las heridas de campaña; pero ningún resultado feliz premió esos esfuerzos, hasta que los métodos de Lister y Pasteur fueron adoptados por los cirujanos militares.

Las curas antisépticas, que por primera vez se usaron en campaña por los alemanes en su guerra con Francia, dieron algunos resultados satisfactorios; pero fueron las guerras turco-rusa, la del Tonkín, la anglo egipcia, la civil de Chile y la chino-japonesa las que con sus éxitos verdaderamente inesperados demostraron su indiscutible superioridad y hoy puede decirse que en ninguna rama de la cirugía el método antiséptico ha causado tantas maravillas como en el tratamiento de las heridas de guerra.

Hace muy poco tiempo aún, considerábase natural que aquellas heridas que no cicatrizasen por primera intención lo hiciesen por granulación y supuración, y la aparición del pus loable era esperada como un proceso saludable y necesario, pasando la herida entre el fracaso de la unión por primera intención y la aparición del pus por un período inflamatorio acompañado de fiebre; y como á la caída de ésta precediese la supuración en la superficie de la herida, esta falsa relación de causa á efecto, hizo adoptar por norma de conducta en el tratamiento de las heridas la práctica de estimular la supuración.

Hoy se sabe, que si preservamos una herida de todo contacto con materia extraña, cicatrizará sin supuración y el paciente no tendrá fiebre, ni dolor, ni otra clase de inconvenientes que los inseparables de la existencia de la lesión.

La teoría y práctica del tratamiento antiséptico, reconoce por única base el hecho de que ninguna materia infecciosa contamine la herida y aunque su observancia sea más difícil en la guerra que en la práctica civil, es preciso no abandonarla, ya que los resultados obtenidos han destruido el fantasma que para los hospitales militares constituían las infecciones quirúrgicas.

Un herido en campaña está sujeto a traslaciones frecuentes de un hospital á otro, asistido por muchos cirujanos que no siempre siguen el mismo plan de tratamiento; y es muy posible que al principio sea tratado por un cirujano, de los que aún existen, adversario del método antiséptico y más tarde otro, conocedor más concienzudo de la moderna cirugía, tenga que esforzarse por recobrar el tiempo y terreno perdidos.

De la primera curación del herido depende siempre el éxito del método antiséptico, y como en nuestra campaña ha sido la más difícil de practicar sobre el campo, nos hemos limitado á la oclusión é inmovilización de la parte herida, no explorándola con los dedos, ni con instrumentos, ni emprendiendo operación alguna excepto en casos de absoluta urgencia.

Para llenar esos propósitos hemos utilizado con buen éxito las curas personales, que agrupaciones profesionales del Exterior nos remitían con constante irregularidad, y esas curas, que por primera vez fueron usadas por el ejército inglés en la guerra de Crimea, pueden reducirse á un material-estéril para cubrir y proteger la herida, un vendaje y un par de alfileres de seguridad. Nos han prestado incalculables servicios, de utilidad apreciable, sobre todo después de un encuentro en que el número de heridos era grande y hallábamos curados los casos ligeros, sin necesidad de ocuparnos inmediatamente de ellos.

Como conducta general de tratamiento en todas las heridas, nos ocupamos de hacer una buena desinfección de ella y de la piel vecina, de mantenerla seca, utilizando el drenage lo menos posible, de espolvorearla con iodoformo ó aristol ó cubrirla con grasa antiséptica, de aplicar una gruesa capa de algodón que proteja la herida y proximidades, y de colocar un vendaje gradualmente comprimido, para conservar las superficies heridas aproximadas y evitar la exudación y acumulación de líquidos.

El absoluto descanso de la parte herida es tan necesario como la curación, y siempre fué el obstáculo con que tropezábamos en campaña, pues era necesario trasladar los heridos con los medios disponibles que hubiera, á lugares que brindaran seguridad y recursos abundantes para la existencia.

Ningún ejército en el mundo ha estado en ese particular en tan deplorables condiciones como el nuestro, pues ni podíamos curar los heridos sobre el campo de la acción, ni dejarlos confiados á la protección de la Cruz Roja y mucho menos á la desconocida generosidad del enemigo que nos batía. Enfermos y heridos constituían un impedimento á la libertad de acción de que tanto necesitábamos, lo que explica el terror que se apoderaba de nuestra gente, cuando una herida obligábales á permanecer inactivos y ocultos hasta su completa curación; y en ciertas localidades de Occidente, donde la crueldad de la lucha exigía que los hombres útiles fueran los atendidos, se consideraban á los heridos como bajas definitivas hasta que su reincorporación á las filas los hiciera de nuevo utilizables.

 

IV

Con el exclusivo objeto de simplificar nuestro trabajo, dividiremos las heridas que hemos observado, en simples, de asiento en las partes blandas sin entrañar gravedad ó importancia alguna, y complicadas, que interesando huesos, articulaciones y regiones como el cráneo, cuello, tórax y vientre, no se ajustan á una descripción general y exigen indicaciones especiales.

Las heridas simples, producidas por pequeños proyectiles requieren como tratamiento la desinfección de la piel en las proximidades de los orificios de entrada y salida, la oclusión de las aberturas por una cura seca, absorbente y aséptica, sostenida con un vendaje y la inmovilización de la región herida.

En esta clase de heridas jamás nos ocupamos del trayecto seguido por el proyectil, convencidos de que nada se obtiene con esa exploración que aumentaría los riesgos de la contaminación. Nuestra práctica en 217 heridas de esa clase nos estimula á perseverar en esos propósitos, declarados con toda la insistencia posible por antiguos autores de cirugía militar al recomendar que no se explorasen las heridas de balas si por algún medio podía evitarse. Las circunstancias varían cuando el proyectil ú otro cuerpo extraño queda retenido en los tejidos. En estos casos nuestra conducta invariable ha sido la extracción inmediata cuando la bala ha podido localizarse sin necesidad de exploración instrumental, y la extracción tardía si su retención determina fenómeno alguno. Fuera de esas circunstancias, jamás nos ha preocupado la permanencia indefinida del proyectil en las partes blandas.

De 28 extracciones de balas, en 4 intervenimos por la supuración provocada por el proyectil, 17 fueron originados por molestias producidas por el cuerpo extraño y la facilidad de localizar su alojamiento.

En 23 casos de retención indefinida del proyectil, no hemos sabido de ocurrencia extraordinaria por la permanencia del cuerpo extraño en los tejidos.

Nada hay más difícil en la cirugía de campaña, que determinar la localización de un proyectil en las partes blandas. Por mi parte me he arrepentido de haber intentado en tres casos la extracción de proyectiles cuyo alojamiento me era desconocido y que un exceso de complacencia obligóme á una intervención inútil y con seguridad poco acreditativa en opinión de los pacientes.

Los exploradores de Lecomte y Nelaton prestan buenos servicios denunciando la presencia de proyectiles de plomo, pero son inútiles para los modernos de envoltura metálica. Los exploradores eléctricos y la radiografía, que tan útiles han resultado en estos últimos tiempos, no han sido probados en nuestra campaña y en la imposibilidad de juzgar por experiencia personal su eficacia, es preferible abstenerse de dar opinión.

En los casos de heridas en las partes blandas, en que por un descuido en las curaciones, se infestaban las heridas, la irrigación, el drenage, la renovación frecuente de las curas y, sobre todo, las aplicaciones de cloruro de zinc en solución, á diverso título, según el grado y extensión de la infección, nos han suministrado grandes beneficios.

 

V

Entre las heridas que denominamos complicadas son las de los huesos las más frecuentes y las que mejor y más provechoso campo ofrecen á la cirugía conservadora.

De la gran velocidad del proyectil y de la considerable resistencia ósea dependen los grandes destrozos que las balas de pequeño calibre ocasionan al lesionar los huesos; efectos verdaderamente explosivos que han merecido la atención cuidadosa de numerosos investigadores y que constituyen el objeto de la tesis de Doctorado que prepara mi amigo y jefe el Dr. Molinet.

Si en los casos de heridas de las partes blandas nos oponemos á su exploración, por ser innecesaria, nuestra opinión varía cuando la herida se complica con lesión del hueso. Entonces debe hacerse una minuciosa exploración para darnos cuenta exacta de la lesión y de las medidas quirúrgicas que deben observarse, pues las apariencias exteriores en las lesiones óseas producidas por pequeños proyectiles, no dan indicaciones positivas sobre el daño interior que existe y la mejor información se obtiene únicamente con la exploración digital, que mecánicamente no daña, y que bajo el punto de vista de la infección no es peligrosa si se observan las precauciones oportunas.

Los cirujanos de épocas anteriores pensaban que una exploración en caso de fractura por herida de bala, era una curiosidad diagnóstica que resultaba dañina é inútil. Al expresarse así eran lógicos y enseñaban los que su desastrosa experiencia les había dado, pues la supuración y las enfermedades sépticas seguían con tanta frecuencia á sus exploraciones, que para ellos era evidente la relación de causa y efecto. Era natural que con esa experiencia echaran á un lado la exploración de esas heridas y sentaran como ley que únicamente debían examinarse para determinar la porción de miembro que era necesario amputar; pero en la actualidad que los cirujanos han reconocido que con aguja, jabón, cepillo de uñas y una solución antiséptica tienen medios suficientes para impedir que sus manos é instrumentos lleven la infección á las heridas, esas enseñanzas de la vieja cirugía caen por tierra y los métodos modernos se les imponen.

La exploración es un preliminar necesario del tratamiento; pero bajo ninguna circunstancia se hará en el campo de la acción, donde debe reducirse nuestro objetivo á evitar la contaminación de las heridas con manos é instrumentos sucios, cubriéndolas con material aséptico que prevenga la infección en el lapso de tiempo que ha de pasar hasta su curación definitiva.

Con la cuidadosa exploración de la herida ósea, por las incisiones precisas que facilita al cirujano conservador se abrevia el período de reparación.

El método conservador en las heridas óseas y articulares, no es el método expectante, pues requiere constantes y activos cuidados, encaminados á la asepsia de la herida, incluye operaciones delicadas para la remoción de esquirlas, exploración digital, irrigación, curación esmerada é inmovilización del miembro.

Era casi una ley, dictada por Larrey, Guthrie y Baudens, la amputación inmediata en los casos de fractura de los miembros; pero todas las campañas posteriores al año 1850, han establecido una superioridad indiscutible á favor de la conservación sobre la amputación.

Si hace pocos años, la extensión y grado de la fractura eran factores indicativos de la amputación, hoy ningún cirujano se preocupa de la lesión ósea y la destrucción de las partes blandas, las lesiones vasculares y nerviosas son las que determinan la posibilidad del éxito de la conservación.

Gran número de cirujanos han recomendado la amputación en casos de sección de la arteria principal del miembro; pero hay que no olvidarse que la indicación depende de la altura de la lesión más bien que del hecho de la herida vascular, pues si ésta se encuentra por debajo de las colaterales importantes, no urge amputar, sino esperar vigilando atentamente el miembro é interviniendo al presentarse el menor signo de gangrena.

Cuando la destrucción de las partes blandas es extensa y los vasos y nervios principales están heridos, la conservación es imposible y la amputación se impone.

Por lesiones óseas he practicado tres amputaciones inmediatas, seguidas de éxito; una del muslo, exigida por gangrena de la pierna izquierda, á consecuencia de fractura conminuta de los huesos, producida por un casco de metralla en el bombardeo de nuestro campamento de Banes por la escuadra española; una de la pierna izquierda por destrucción de la articulación tibio-tarciana y fractura conminuta de la tibia, causada por proyectil bronceado Remington en el asalto de Guisa; una del brazo por fractura del codo y del húmero é infección de las heridas. Tratábase de un soldado español, prisionero al capitular la plaza de Guisa, que llevaba 29 horas de herido por un casco de proyectil de cañón pneumático Sims Dudley.

En los comienzos de nuestra cirugía de campaña, practicamos en un caso la amputación metacarpo-falángica de tres dedos de la mano izquierda, pero la experiencia adquirida ulteriormente nos ha permitido conservar dedos que anquilosados y aún deformados, siempre resultan útiles en la vida. No sucede lo mismo con los dedos del pie, porque en éstos una anquilosis causa dolor y dificulta la locomoción.

Con la certeza de que las heridas tendrán un curso aséptico, la conservación de la vida y del miembro, restringirá la amputación á los casos desesperados.

En casos de fractura de los huesos hay que asegurarse del estado de la circulación y sensibilidad del miembro, hacer después una minuciosa exploración digital, si es posible, bajo la anestesia, para apreciar con exactitud la naturaleza de la lesión; procediendo á la extracción de las esquirlas con el dedo y una pinza, irrigando la herida con una solución antiséptica, drenándola é inmovilizando el miembro. Con esa conducta hemos evitado las profusas supuraciones observadas en épocas anteriores y las operaciones tardías que tienen que practicarse, después de agotadas las fuerzas del herido, para extraer los secuestros productores de la inflamación y supuración.

En la guerra de Tonkin, Chauvel extraía sistemáticamente los secuestros. Nosotros hemos seguido análoga práctica, habiendo obtenido consolidaciones de huesos destrozados, sin la más ligera supuración. Entre esos casos citaré dos del brazo, para uno de los cuales preparábase un compañero á amputar, lo que no realizó por la oposición del Dr. Molinet y la mía; y uno de fractura del fémur. Tratábase de un Teniente coronel herido en el muslo izquierdo cuando la toma de las Tunas, presentando un amplio orificio de entrada, el trayecto en forma de embudo, las paredes formadas por tejidos musculares desgarrados y reenversados y otras adheridas á lengüetas de periosteo; las extraje todas, exploré sin encontrar el proyectil que no había salido y que me decidí á abandonar; y hice una buena irrigación antiséptica, cure la herida con gasa iodoformica y apliqué un aparato de extensión continua. A pesar de que tres veces tuvimos que trasladar al herido, por los movimientos activos de las columnas enemigas, la herida cicatrizó sin supuración á los dos meses, con un acortamiento imperceptible; mi paciente montaba á caballo y emprendía larga marcha atravesando todo el territorio camagüeyano de E. á O. Hoy presta su servicio en el Cuerpo de Policía de esta ciudad, sin que el proyectil haya originado fenómenos de intolerancia y se comprenderá por el cargo que desempeña que el acortamiento del miembro pasa desapercibido.

He tratado cinco casos más de fractura del muslo con remoción de esquirlas en dos y conservación en todos; siete de la pierna, con dos extracciones inmediatas y dos tardías; cuatro del pie con remoción de esquirlas metatarsianas en uno, y siete de la mano con extracción de esquirlas del metacarpo en cuatro, dos de los cuales cicatrizaron por primera intención por haber ampliado la herida y suturado enseguida.

 

Algunos autores de cirugía de campaña, entre ellos Stevenson, hacen de la movilización y transporte de los heridos, una indicación para la amputación. ¡Desgraciados de los heridos cubanos, en constante peregrinación huyendo siempre del audaz querrillero que rastreaba los hospitales, si por esas circunstancias nos hubiéramos precisado á sacrificar los miembros fracturados! 
 

VI

El tratamiento de las heridas articulares en los tiempos pre-antisépticos no admitía incertidumbres, el miembro era amputado cuando la lesión radicaba en grandes articulaciones; pero desde que la terapéutica antiséptica demostró que la amputación no es necesaria en la mayoría de los casos de herida articular, un considerable número de pacientes conservan sus miembros, á veces con toda su integridad funcional.

La intervención conservadora en las lesiones articulares requiere para el éxito toda la energía, minuciosidad y familiaridad con los modernos procederes que un cirujano es capaz de poseer.

La gravedad de una herida articular á los fines de la conservación, depende más que de la extensión de las lesiones óseas, de la destrucción de las partes blandas y del estado de la circulación é inervación del miembro.

Todas las grandes guerras en que los cirujanos militares ganaron experiencia y renombre, ocurrieron en los tiempos pre-antisépticos; y el hecho de que sobre las guerras de Tonkin, la anglo-egipcia y la chilena no se hayan publicado sus historias quirúrgicas, lo que no permite tener conocimiento exacto del resultado del tratamiento conservador, no debe hacernos vacilar, pues los métodos antisépticos con sus éxitos repetidos en la práctica civil, los casos aislados que se han publicado en las guerras recientes, y los cuarenta y tres que constituyen nuestra práctica en campaña, autorizan á pensar que la cirugía conservadora se impone en las lesiones articulares.

En caso de heridas articulares en fractura, sin que existan en las partes blandas otras lesiones que los orificios de entrada y salida del proyectil, recomendamos la abstención absoluta de intervención y hasta exploración, limitándonos á curar la herida é inmovilizar la articulación. El éxito satisfactorio obtenido en cinco casos -dos del hombro, uno del codo, uno de la rodilla y uno de la tibio tarsiana,- nos obliga á perseverar en esa conducta hasta que nuevos hechos lleven á desestimarla.

En casos en que las superficies articulares no estén lesionadas y la herida es sencillamente capsular, ningún examen se necesita realizar; los movimientos para investigar la crepitación se harán con prudencia para aminorar el daño que puedan causar. Las heridas y superficie cutánea próxima serán lavadas y aseptizadas, cubriéndolas con gasa iodofórmica y gruesa capa de algodón, inmovilizándose en absoluto la articulación.

El peligro en esta clase de herida está en la supuración y cuando se la evita, el proceso cicatricial es rápido, sin perjuicios para la función articular.

En caso de que los orificios de entrada y salida sean grandes y los huesos hayan sufrido extensas fracturas, hay que proceder -como expusimos al ocuparnos de las heridas óseas- á la remoción de todas las esquirlas aún de las adheridas á lengüetas de periosteo, á la irrigación, drenaje, curación é inmovilización del miembro; así lo hicimos en un caso de herida del codo con fractura humeral y conservamos el miembro anquilosado en flexión.

Haciendo estadística de las heridas articulares que asistí en campaña, diré: que en 14 heridas del hombro, once fueron sin fractura, dos con fracturas del cuello del húmero y uno con la fractura de la cabeza del húmero y penetración del proyectil en la cavidad torácica, muriendo el paciente á las pocas horas; en nueve del codo, dos tuvieron ligera fractura humeral, en uno de ellos extraje dos esquirlas y en otro me abstuve de toda intervención y curaron, y otro complicado con extensa fractura conminuta del húmero me obligó á practicar la amputación por la infección existente; siete casos de heridas en la muñeca, sanaron con rapidez sin complicación alguna. En ocho casos de herida de la rodilla, uno que tenía fractura de la rótula, y cóndilo interno del fémur derecho, curó sin intervención, y siete fueron heridas simples que curaron rápidamente. Tardíamente intervine en un subteniente, herido ocho meses antes y en el que por un lamentable descuido del médico que le asistió en los primeros momentos, la pierna anquilosó en flexión. La secuestrotomía y el raspado del hueso mejoraron visiblemente las condiciones generales y locales del paciente á quien perdí de vista obligado por las necesidades del servicio.

Son las heridas de la rodilla las que con más frecuencia se infectaban y obligaban á intervenir con mutilaciones injustificadas en los tiempos, no lejanos aún, en que la amputación era ley para esas lesiones. Hoy el método antiséptico permite esperar la conservación del miembro y con frecuencia su juego articular. Los ocho casos que yo he asistido curaron sin trastornos funcionales posteriores.

Las heridas de la articulación tibio tarsiana si no son fatales para la vida, aportan, ó la pérdida del miembro ó imperfecciones funcionales. Rodeada la articulación de gran número de tendones, la herida de éstos trae constantemente adhesiones que dificultan su movilidad normal; y con frecuencia se ven orificios muy pequeños con lesiones interiores extensas que nada permite suponer. Así nos sucedió con un caso en que tuvimos que extraer dos esquirlas de la tibia á los siete días, cuando en un principio juzgamos la herida sin importancia.

Tres casos más de herida tibio-tarsiana observamos en Guisa: uno con fractura, que curó sin intervención y dos con fractura conminuta de los huesos articulares. En uno, toda la parte anterior articular estaba destruida y practicamos con éxito la amputación de la pierna; y el otro, que á más de la lesión articular, presentaba una herida con fractura de la misma pierna, murió al llegar á la ambulancia.

El complicado mecanismo articular del pie, las relaciones de huesos y articulaciones entre sí, la comunidad sinobial para varias articulaciones, hacen que las lesiones del pie no se limiten al hueso ó articulación inmediatamente interesado, y que las infecciones cuando ocurren sean extensas. La conducta en estos casos es difícil de fijar en líneas generales, no hay que olvidarse de que la necropsis, la esfoliación ósea, la inutilidad prolongada, la anquilosis tibio-tarsiana, la pérdida del arco del pie, ocurren con frecuencia y hacen difícil la función locomotiva. Con esos precedentes creemos que la inmediata remoción de esquirlas, la irrigación antiséptica, el drenage y la inmovilidad se impondrán en el ánimo del cirujano. 

 

VII

De las heridas del cráneo puede decirse con Guthrie, que son traidoras en su curso y la mayor parte funestas en sus consecuencias.

Quince casos constituyen nuestra práctica y sólo en uno hemos intervenido para extraer varios fragmentos desprendidos, aseptizando la herida y curándola precipitadamente momentos antes de la muerte. Tratábase de una desgraciada joven, vecina del pueblo de Guisa, á quien un pedazo de proyectil de cañón pneumático destruyó la parte derecha de la región frontal. Veintiocho horas después al capitular la plaza fué curada más bien por complacer á la familia atribulada que por llenar indicaciones que resultaban de todo punto innecesarias é inútiles.

En los 14 casos restantes nos hemos limitado á la desinfección de las heridas y á la expectación. Tres curaron, consistiendo las lesiones: en uno, penetración del proyectil por el ángulo interno de la órbita derecha, sin salida, limitándose los trastornos á paresia del miembro superior izquierdo y pérdida de la visión; en otro, el proyectil penetró por encima de la apófisis mastoides derecha, saliendo por la órbita del mismo lado y vaciando el globo ocular. En este caso los fenómenos de conmoción persistieron algún tiempo y el paciente curó con pérdida de las funciones auditiva y visual del lado derecho; y en el tercer caso, el proyectil penetró por la región temporal izquierda, saliendo á la misma altura por el opuesto. El herido toleró el trauma sin protesta del organismo, al mes se incorporaba á sus fuerzas para reanudar su labor patriótica.

De los 11 casos restantes fallecidos, en uno que sobrevivió cuatro días, si no hubiera sido por el incesante trabajo que monopolizó á los médicos en la memorable jornada de Victoria de las Tunas, hubiéramos intervenido quirúrgicamente, estimulados por la localización de la fractura y la prolongada lucha que sostuvo aquella naturaleza deseosa de vivir; pero es práctica inexcusable de campaña el atender primero á los heridos que puedan derivar beneficios ciertos de la curación rápida, dejando para momentos de más calma y tranquilidad á los que heridos mortalmente, poco ganarían con nuestra intervención para otros más necesario y eficaz.

La pequeñez de la lesión visible, comparada con la extensión real del daño interior, no permiten trazar una regla general de conducta para las heridas del cráneo, y por otra parte con la práctica tan ceñida á una abstención forzosa, que hemos tenido, no es posible hacer deducciones de fijar un derrotero para el tratamiento de esas lesiones. Sin embargo, la frecuencia de las complicaciones sépticas de las heridas del cráneo, nos permiten afirmar que la asepsia perfecta es más necesaria en ésta que en otra clase de heridas.

La supuración en una herida articular es una grave complicación que puede conducir á la pérdida del miembro; pero la meningitis y la encefalitis séptica constituyen una complicación funesta en cirugía y la infección de la herida es su fuente originaria, sin que haya nada inherente al cerebro y sus membranas que le haga particularmente susceptible al proceso inflamatorio, más que la contaminación por los microorganismos.

Las precauciones todas asépticas y antisépticas por fútiles que parezcan, se imponen por las heridas del cráneo, única manera de evitar la contaminación y sus consecuencias tan desesperantes para el práctico y funestas para el paciente.

En cuanto á la oportunidad de la trepanación en estas heridas, ninguna apreciación personal estaría justificada; y sin embargo, ningún cirujano negará que los métodos modernos hacen más segura la operación en nuestras manos, que en las de los cirujanos de los tiempos pre-antisépticos; y que cuando se aprecie un hundimiento en los fragmentos óseos, con lesión probable del cerebro ó sus membranas, esté ó no acompañado de fenómenos indicativos de compresión ó irritación cerebral, es un deber imperioso el intervenir quirúrgicamente. 
 

VIII

Un gran número de heridas del cuello resultan mortales por las lesiones de los vasos y nervios que regulan el proceso de la circulación y respiración. De nueve casos presentados á nuestra observación, sólo en dos fueron interesados los vasos del cuello, que en otros dos casos escaparon á la injuria del proyectil, cuando la dirección del trayecto parecía indicar su lesión inevitable; hecho que únicamente puede explicar la excesiva movilidad de las estructuras de la región.

Cinco de nuestros casos murieron: tres al ser heridos, uno á las pocas horas y el otro al segundo día. Los cuatro casos curados nada ofrecieron de particular; eran heridas simples de partes blandas en que sorprendía la suerte afortunada del individuo. 

 

IX

En las heridas del pecho conviene distinguir las penetrantes de las que no lo son, pues mientras que éstas no entrañan gravedad y su tratamiento no exige indicación especial, aquellas constituyen una clase de lesiones serias por la importancia vital de los órganos contenidos en la cavidad.

De 19 casos de heridas penetrantes han muerto 5, cuatro en las primeras horas y uno á los 42 días por septicemia originada por una pleuresía purulenta, que motivó dos intervenciones de un distinguido compañero.

El tratamiento de estas lesiones cuando no las acompaña alguna grave complicación es muy sencillo. La desinfección de la herida y sus proximidades es tan importante como en cualquier otra clase de heridas y su abandono no deja de ser funesto por las complicaciones secundarias que siguen á las lesiones de la pleura y del pulmón, dependientes únicamente de la infección.

En caso de existir fractura de los huesos de las paredes, es oportuna la exploración para remover las esquirlas óseas y regularizar los bordes de los fragmentos, como hicimos en uno de nuestros casos que había sufrido fractura de la 5ª y 6ª costillas derechas.

En dos casos practicamos la oclusión de los orificios de entrada y salida del proyectil, por suturas cubiertas con capas de gasa y colodión iodoformado; método preconicado por Howard, cirujano del ejército americano, y que no está llamado á generalizarse, porque su empleo ha de limitarse á los casos en que no hay complicaciones, tales como el hemo y pneumo tórax, y sabido es que en dichas circunstancias bastaría con una sencilla curación aséptica.

Son las complicaciones inmediatas y tardías de las heridas penetrantes del pecho, las llamadas á dirigir su tratamiento, y creemos, que mientras ningún fenómeno anormal se presente, la abstención por parte del cirujano está justificada.

De nuestros 19 casos, con 5 muertos, en dos extrajimos el proyectil alojado bajo la piel en regiones que molestaba al paciente para acostarse; en uno removimos las esquirlas de dos costillas fracturadas, regularizando el extremo de un fragmento por temor de que lesionara la pleura ó el pulmón; y en los 11 restantes nos limitamos á la curación antiséptica renovada cada 48 horas, sin que sobrevinieran accidentes.

 

X

Las heridas del vientre en nuestra estadística constituyen las de más fatales consecuencias. De 12 casos que se presentaron á nuestra observación; sólo uno curó, pagando los restantes con su vida un tributo contrario á las estadísticas, que pretenden demostrar las ventajas de la expectación en el tratamiento de las lesiones penetrantes de vientre.

Muy pocos años hace aún, que todas las heridas de vientre eran tratadas con la administración del opio, esperándose siempre que la naturaleza realizara la curación. Y si en un tiempo las bellezas teóricas de la expectación armada nos hicieron su decidido partidario, hoy la desastrosa experiencia que llevamos adquirida nos hace ver en la palabra expectación un pronóstico siniestro, pues no otra cosa que la muerte rápida del paciente puede obtenerse antes de ver realizadas las esperanzas concebidas al ponerla en práctica.

Cuando un proyectil ha penetrado y salido del abdomen, la conclusión deber ser que su trayecto corresponde á una línea recta entre los orificios de entrada y salida: pero cuando la bala ha penetrado y no salido, es imposible afirmar otra cosa que la perforación de la pared abdominal, y aunque algunos pretenden obtener enseñanzas prácticas explorando el trayecto seguido por el proyectil; nosotros nos oponemos al empleo de la sonda exploradora como instrumento de diagnóstico por la dificultad de seguir el trayecto tortuoso de la bala sin arriesgar el crear una falsa vía, á más de que los datos que suministra se prestan á torcida interpretación.

El método de Senn, la inyección de hidrógeno por el trayecto, quizás resulte un buen medio de diagnóstico, pues si existe perforación peritoneal el gas determina un timpanismo general y en caso contrario, el enfisema á lo largo del trayecto disipa todas las dudas.

La insuflación de hidrógeno por la vía rectal recomendada también por Senn para el diagnóstico de la perforación intestinal, puede tener el inconveniente de arrastrar las materias fecales á la cavidad abdominal por la abertura del intestino.

El shock, consecuencia casi habitual de las heridas penetrantes del vientre, es un síntoma variable que no puede utilizarse como signo diagnóstico de la penetración, pues suele ser pronunciado en heridas insignificantes y faltar en otras graves, siendo á veces el resultado de una postración originada por el terror, de una profusa hemorragia ó de la rápida extravasación de líquidos viscerales.

La experiencia y la observación clínica han desacreditado el valor de los síntomas aceptados como característicos de la perforación visceral, y como no hay más signo físico absoluto que la expulsión por la herida parietal del contenido de las vísceras, que se observa muy raras veces, hay que apoyar el diagnóstico de la lesión visceral sobre consideraciones relativas al trayecto seguido por el proyectil.

Es posible que no esté lejano el día, en que se aceptará como el mejor proceder de exploración la incisión de la herida y la inspección directa de la serosa y de las vísceras; procedimiento que por su inocuidad y la exactitud de sus resultados, debe ponerlo en práctica el cirujano moderno habituado á las prodigiosas conquistas de la asepsia y antisepsia.

Una vez formado el juicio de la herida por el examen directo y demostrada la existencia de la perforación peritoneal, sólo la operación hará posible la curación, que será, si se quiere un remedio desesperado, pero sin duda preferible á la abstención.

En las heridas penetrantes de vientre hay dos lesiones que exigen medios mecánicos en sus tratamientos: la hemorragia capaz de producir la muerte inmediata y la extravasación intestinal origen de graves accidentes que conducen con más ó menos rapidez al mismo resultado fatal.

En absoluto ignoramos si algún otro tratamiento que no sea la intervención directa puede reparar ambas lesiones, pues creer que la hemorragia sea susceptible de detenerse espontáneamente, es olvidarse de que los tejidos que rodean á los vasos del mesenterio y del epiplón no pueden ejercer presión sobre ellos y además de que falta la innegable acción coagulante del aire sobre la sangre. En uno de mis casos que murió por hemorragia interna, detuvo la intervención no el prolongado colapso del paciente originado por la abundante pérdida de sangre, sino la aglomeración de heridos que no permitió practicar inmediatamente la operación que estábamos decididos á realizar, á pesar de las desventajosas condiciones que nos rodeaban por el íntimo convencimiento que teníamos de que era el único medio hábil de ligar el vaso y cohibir la hemorragia. No intervine y la muerte del herido sobrevino con rapidez.

La creencia de que la extravasación del contenido visceral no es consecuencia necesaria de la perforación porque la impide el estupor ó parálisis de los elementos musculares, no puede admitirse, porque al empezar á contraerse las fibras musculares cesará el estupor y la extravasación se efectuará con libertad. Y apoyarse en experiencias animales que demuestran el poder que posee el peritoneo de desembarazarse de los líquidos sépticos, para no temer al derrame del contenido intestinal, es olvidarse de que esa particularidad peritoneal ejerce muy mínima influencia en la disminución de la mortalidad de esa clase de heridas.

Pensar con Reclus que los esfuerzos de la naturaleza, auxiliada con recursos médicos apropiados, bastan para hacer evolucionar hacia la curación á los dos tercios de casos de herida intestinal, sin necesidad de intervención quirúrgica, no está justificado después de los hechos de que tengo exacto conocimiento. Dejar morir á ese tercio de casos condenado en la estadística, sin realizar un esfuerzo por reparar las lesiones, es una práctica funesta y censurable que debe abandonarse.

La estadística de Reclus, basándose sobre casos publicados, es falsa, porque numerosos casos de muerte no se han publicado.

Si es un hecho aceptado que las perforaciones viscerales son múltiples en la mayoría de los casos de penetración y que los accidentes que originan sobrevienen con lentitud para estallar fulminantes y mortales en un plazo imposible de precisar, hay que llegar á la conclusión de que siempre debe abrirse el vientre para cohibir la hemorragia, suturar las perforaciones y limpiar el peritoneo.

Sin duda de que muchos casos así tratados morirán, pero morirán á pesar de los esfuerzos de la cirugía, que les dio todas las posibilidades de vida, sin abandonarlos á una muerte inevitable, con la esperanza de que la naturaleza realizara algo menos que un milagro.

La extravasación fecal es la causa inmediata del proceso séptico más grave en cirugía y los casos en que así no ocurre son excepcionales. Tillaux, Reclus y Beck, para intervenir esperan la aparición de los fenómenos hemorrágicos ó peritoneales; Trelat, Smith, Mac Cormac y otros recomiendan la operación consecutiva al diagnóstico, porque consideran inevitable la peritonitis en todos los casos de penetración.

Hay que hacer siempre la laparatomía; es el único medio que tenemos para apreciar el estado de los órganos internos, ligar los vasos, suturar las heridas y librar al peritoneo de la materia séptica y de la sangre en que aquella encuentra tan excelente medio de cultivo. Si hecha la laparatomía resulta que hay penetración sin lesión visceral, nada se habrá perdido ni se originará daño alguno porque la mortalidad en las laparotomías exploradoras es muy reducida.

Los medios alternativos exponen al paciente á una muerte casi cierta y no hay término medio hábil que al adoptarlo pueda tranquilizarnos. Hay que escoger entre la laparatomía y no hacer nada, y para nosotros la duda no está ni siquiera permitida.

La intervención se impone en todos los casos y más seguro será su éxito cuanto más precozmente sea realizada, pues así los efectos de la infección periotoneal estarán menos avanzados y las fuerzas del paciente más conservadas.

El gran peligro está en que el cirujano espere la aparición de los síntomas indicativos de la lesión visceral para proceder á la intervención. Esperar la aparición de los síntomas peritoneales, revela una timidez quirúrgica inexcusable y expone á intervenir demasiado tarde con todas las probabilidades de éxito en contra.

Algunos cirujanos creen que el shock y el colapso prolongado contraindican la intervención. Si el shock y la hipotermia resultan de una hemorragia interna, es preciso buscar su fuente originaria; y en presencia de un herido que tiene pocas horas de vida, aunque se abrigue la convicción de que la hipotermia no es consecuencia de la hemorragia, la laparatomía no debe discutirse. Dura necesidad representa para el cirujano el correr los riesgos de que el herido se le quede sobre la mesa de operaciones, pero se registran repetidos casos de curación, después de la ligadura del vaso, á pesar del estado de shock del paciente, condenado irrevocablemente á morir si se hubiera dejado de intervenir.

Cuando han pasado algunas horas y han aparecido los signos de la infección peritoneal, todos los cirujanos están de acuerdo en que la única probabilidad de curación está en la intervención á pesar de las dificultades con que se tropieza al operar en esa condición.

Si han pasado más de 24 horas y los síntomas de la infección no se han presentado, bien porque el proyectil no interesó al peritoneo, ó si penetró no haya lesionado las vísceras, la laparatomía debe aplazarse y el paciente será cuidadosamente vigilado, obligándole al reposo y á una dieta de precaución.

Para no cansar más vuestra benévola atención, terminaré con las siguientes consideraciones generales, sugeridas por la observación de 334 heridos que hemos asistido en campaña.

 

1ª. La benignidad de las heridas que llamamos simples se debe más que al pequeño proyectil moderno, á los procedimientos de asepsia y antisepsia y al personal encargado de su aplicación.

2ª. La exploración en las heridas de armas de fuego tiene sus indicaciones restringidas.

3ª. La retención de un proyectil en los tejidos no daña al organismo y su extracción está sometida á indicaciones especiales.

4ª. La intervención conservadora en campaña reserva grandes prodigios al cirujano y llegará á imperar en absoluto cuando las ambulancias militares no ofrezcan las desventajosas condiciones que al presente.

5ª. Las operaciones mutilantes, tan frecuentes en pasadas guerras, y tan raras en las recientes, están llamadas á desaparecer del grupo de las intervenciones de campaña.

Y 6ª. La laparotomía en las heridas penetrantes de vientre constituye una operación de urgencia.

 

Antes de concluir, Sres., voy á haceros una súplica; disculpad los errores que haya cometido, y pensad que si pertenecer á la Sanidad de un ejército regular, -con personal idóneo que comparte responsabilidades, auxilie y aconseje, con elementos para atender los variados accidentes de la campaña y con absoluta seguridad para los heridos y personal sanitario,- es tarea científica que enaltece y aprovecha, prestar servicio de Sanidad en una fuerza irregular y en guerra de sorpresas, asistir heridos y enfermos sin compañeros que auxilien ó aconsejen, sin recursos quirúrgicos, ni medicamentosos para salvar vidas que se extinguen, presenciar la desaparición de amigos queridos, recibir diariamente noticias de hospitales asaltados, de heridos y médicos acuchillados por un enemigo brutal y despiadado, sufrir uno y otro día privaciones incalculables, y arrastrar una existencia insoportable física y moralmente………… ha sido la tarea reservada á los médicos cubanos que marcharon con su pueblo á la conquista de la libertad. 
 

*Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana. 9 (3): 62-87. Abril 1899.

**Coronel del Ejército Libertador de Cuba.

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may 31 2012

Elogio del Dr. Eugenio Torroella Mata

Elogio del Profesor Eugenio Torroella Mata (1896-1984), maestro de cirujanos cubanos realizada por el profesor Gregorio Delgado Historiador del MINSAP

INTRODUCCIÓN

Reactivada la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina, con la sesión inaugural de su segunda etapa, el 3 de julio de 1974, en que presenté mi trabajo de ingreso “Los estudios de historia de la medicina en Cuba”,1 unos meses después, en la sesión científica del 14 de enero de 1975tuve la alta satisfacción de hacer la presentación de nuestro Presidente de Honor, el profesor doctor Eugenio Torroella Mata, quien nos expuso su trabajo “Recordando a dos Maestros”,3 los profesores José Varela Zequeira y José A. Presno Bastiony.

Dos años después de su fallecimiento (1986), le dediqué a su vida y obra el Cuaderno de Historia de la Salud Pública No. 71,4 en el cual se recogen su importante autobiografía “Historia de mi vida”, así como otros diez trabajos suyos relacionados con la historia de la medicina, mi artículo “Documentos para la biografía del profesor Eugenio Torroella Mata” y otros tres trabajos sobre el profesor Torroella, entre ellos el discurso del profesor Alejandro García Gutiérrez en el acto solemne en que fue investido como Profesor de Mérito y las palabras de duelo en su sepelio leídas por el profesor Francisco Lancís Sánchez.

Seguramente por esa devoción que siempre he sentido por la vida y la obra del profesor Torroella, es que se me ha encargado su Elogio como Presidente de Honor, fallecido, de nuestra querida Sociedad Cubana de Historia de la Medicina.

Nacimiento y estudios

El doctor Eugenio Felipe Torroella Mata nació en la ciudad de La Habana, calle Crespo número 2 a las cuatro de la mañana, el 5 de febrero de 1896, hijo de Gustavo Torroella Romaguera, natural de La Habana, del comercio y de María Ana Mata Trujillo, natural de Cienfuegos, ama de casa.5

Cursó la enseñanza primaria en el Colegio “Mimó” de La Habana, fundado y dirigido por el prestigioso pedagogo doctor Claudio Mimó Cava.

Se graduó de Bachiller en Letras y Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de la propia ciudad, donde se le expidió el título el 18 de julio de 1913.

La carrera de medicina la cursó en la Universidad habanera por el plan de estudios de cinco años o Plan Varona, en la que logró en 32 asignaturas, 28 sobresalientes y 20 premios ordinarios, así como sobresaliente en los ejercicios de grado, de cuyo tribunal formaron parte, como presidente, el doctor José M. Valdés Anciano; secretario, el doctor Domingo F. Ramos Delgado y vocal, el doctor Enrique Fortún André y se le extendió el título de Doctor en Medicina el 19 de julio de 1918.

Por estos resultados alcanzó matrícula de honor en todos los cursos y el primer expediente, sin poder aspirar a la Beca de Viaje, que como alumno eminente le correspondía, pues la imperiosa necesidad de ayudar a su familia le obligó a comenzar inmediatamente el ejercicio de su carrera.6

Ejercicio de la cirugía y estudios especializados

De 1920 a 1923 se desempeñó como oficial médico del Ejército Nacional y comenzó la práctica de la cirugía. Fue cirujano de la asociación de Damas de la Purísima Concepción y de la Casa de Salud del Centro Castellano de La Habana. Pero donde siempre ejerció la cirugía, sentando cátedra, lo fue en los salones de operaciones del viejo Hospital “Nuestra Señora de las Mercedes”, después Hospital Clínico Quirúrgico Docente “Cmdte. Manuel Fajardo” (1961).

En los años de la década de 1930 realizó numerosos viajes de estudios a Estados Unidos: Hospital “Baylor”, Houston; Clínica de los Hermanos Mayo, Rochester; Clínica “Lahey”, Boston; Hospital “John Hopkins”, Baltimore y los Hospitales de New York “Bellevue”, “Mont Sinaí”, “Prebisterian” y “Metropolitan”.7

Labor docente

La vocación por la enseñanza apareció tempranamente en el profesor Torroella Mata y así en su etapa de estudiante de medicina (1913-1918) impartió repasos de Física a estudiantes de bachillerato, que aunque a precio módico, representaban una ayuda a la familia para cubrir sus gastos. A escasos dos meses de haber recibido su título de Doctor en Medicina comienza oficialmente su carrera docente universitaria, una de las más prolongadas y brillantes de la Facultad de Medicina de la Universidad habanera, al obtener por oposición el cargo de Ayudante Graduado de la Cátedra de Microscopía y Química Clínica y ser nombrado por Decreto Rectoral de 13 de septiembre de 1918. Estos cargos eran por un año y al siguiente repite los ejercicios de oposición y se mantiene en él por igual Decreto de 8 de diciembre de 1919. El 24 de marzo de 1920 presenta la renuncia, que se le acepta cinco días después, para ejercer como oficial médico del Ejército Nacional y comienza a practicar la cirugía.


Tres años más tarde se da de baja del Ejército Nacional y se le nombra Profesor Auxiliar honorario de la Cátedra de Clínica Quirúrgica No. 9 de la Facultad de Medicina, por la Junta de Catedráticos, el 17 de mayo de 1923 y toma posesión el 7 de junio siguiente. El 19 de enero de 1925, el Consejo Universitario lo designa Profesor Auxiliar Interino de la Escuela de Medicina, adscripto a la Cátedra Clínica Quirúrgica No. 9 y toma posesión dos días después.

Para mantenerse en el cargo se presenta a concurso y lo obtiene interinamente en la nueva Cátedra Clínica Quirúrgica No. 9 A y es nombrado por Decreto Presidencial de 8 de junio de 1927 y toma posesión el 24 del propio mes.

Pero para asegurarse en el mismo, asiste a ejercicios de concurso-oposición que realiza brillantemente y se le nombra por Decreto Presidencial de 28 de diciembre de 1928. En estas funciones docentes se mantiene por tres décadas en el Hospital Universitario “Nuestra Señora de las Mercedes”, en su local de El Vedado comprendido entre las calles 23, 25, K y L, en las salas “San Salvador” y “San Ramón”, donde contaba además con un salón de curaciones con todos los aparatos necesarios, así como los de exploración, cámara oscura y equipo de rayos X, un laboratorio de microscopía clínica, un salón de autopsias y un salón de operaciones.

Allí se mantuvo hasta 1958 en que se trasladaron para el nuevo local del hospital en las laderas de la loma de El Príncipe, en la calle D esquina a Zapata, en las salas 5A, 5B y 5C. Este hospital, en 1961, cambió su nombre por el de Hospital Universitario Clínico-Quirúrgico Docente “Cmdte. Manuel Fajardo”.

Al producirse el triunfo revolucionario, el 1 de enero de 1959, se van a llevar a cabo cambios en el plan de estudios de la carrera de medicina y numerosas cátedras adoptan nuevos nombres.

Por Decreto Rectoral de 15 de julio de 1959 fue ascendido a Profesor Titular de la nueva cátedra Cirugía 2º curso y tomó posesión ese día.

Por elecciones en el claustro de medicina, el 18 de septiembre del propio año, fue electo Vice-Decano de la Facultad, junto al Decano, también cirujano eminente, profesor Amador Guerra Sánchez y tomaron posesión al siguiente día.

Fue del grupo de 23 profesores de la Facultad de Medicina que se mantuvieron fieles a la Revolución y no renunciaron a sus cátedras. La Junta Superior de Gobierno de la Universidad le concedió la jubilación el 29 de septiembre de 1960 y cesó como Profesor Titular el 30 de noviembre de ese año. La Junta Superior de Gobierno de la Facultad de Medicina recomendó y la Junta Superior de Gobierno de la Universidad aprobó su nombramiento de Profesor Consultante el 25 de mayo de 1961.

En este cargo se mantendrá durante 15 años para acogerse a la jubilación definitiva el 31 de julio de 1976. Un año más tarde, en acto solemne celebrado en el Hemiciclo “Camilo Cienfuegos” de la Academia de Ciencias de Cuba, el 15 de noviembre de 1977, fue investido como Profesor de Mérito, la más alta categoría docente de nuestro país y el discurso de presentación estuvo a cargo del también profesor eminente de cirugía doctor Alejandro García Gutiérrez. Llegaba así a la culminación de su extraordinaria carrera como Maestro de cirujanos cubanos, la cual se extendió hasta el final de su vida.8

Obra científica

Su notable bibliografía docente comprende los libros: “Lecciones de Clínica Quirúrgica. Explicadas en el Hospital Mercedes”. Ed. Moderna Poesía, La Habana, 1926, 197 páginas, el cual lo integran 18 conferencias tomadas en clase por sus ayudantes, los doctores Armando Fernández Fernández y Jesús L. Cornide Salvá, años después notables profesores de la Facultad de Medicina; “Lecciones de Clínica Quirúrgica. Explicadas en el Hospital Mercedes”. Cultural S.A., La Habana, 1944, 986 páginas; “Lecciones de Clínica Quirúrgica. Explicadas en el Hospital Mercedes”. Cultural S.A., La Habana, 1951, 1 271 páginas, en colaboración con su hijo el doctor Eugenio Torroella Martínez-Fortún, también eminente cirujano y profesor y comprende 56 conferencias y “Cirugía”. Ed. Pueblo y Educación, La Habana. Tomo I (1967), Tomo II (1971) y Tomo III (1976), en colaboración con los profesores del Departamento de Cirugía de la Escuela de Medicina, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad de La Habana.

El resto de su bibliografía quirúrgica no solo es extensa sino de gran valor y comprende más de medio centenar de artículos de los que citaremos: “Nefropepsia. Método Revsing modificado” (1925), “Nuestra experiencia en raquianestesia” (1925), “Tratamiento quirúrgico del cáncer de colon” (1937), “Forma tumoral de la tuberculosis pulmonar tratada con éxito por la neumectomía de Graham” (1940), “Algunas consideraciones críticas sobre la cirugía de las vías biliares” (1949), “Tratamiento quirúrgico de las esplenomegalias crónicas” (1949), “Tumores quirúrgicos del mediastino” (1954) que fue trabajo de ingreso como académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, “Estado actual del tratamiento del cáncer de la vejiga” (1957) y “Nuevo enfoque para el tratamiento de las fístulas vesicorrectales” (1962).

En los primeros años de su ejercicio profesional, antes de dedicarse a la cirugía, publicó numerosos artículos, como: “Procedimiento para determinar la urea en la sangre” (1920), “Método rápido para el examen histológico” (1920), “Valoración del Azúcar Total, Virtual e Inmediato en sangre” (1920), “Estudio clínico del Beri-Beri” (1920), “Influencia del amboceptor natural en la serorreacción de Warsserman” (1921) y “Pielitis de la infancia” (1923), Premio “Federico Grande Rossi” de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana.9

No podemos dejar de citar sus trabajos autobiográficos, “Historia de mi vida” y “Viajes al extranjero” (1986), publicaciones póstumas y sus numerosos estudios relacionados con la historia de la medicina como: “Homenaje de la Sociedad Nacional de Cirugía a José Varela Zequeira” (1945), “Aniversario del fallecimiento de Albarrán” (1948), “Conmemoración del octogésimo octavo aniversario de la fundación de la Academia” (1949), “En Memoria de Finlay” (1950), “Historia de la Cirugía en Cuba” (1965), “Nicolás J. Gutiérrez, cirujano” (1965) y “Recordando a dos Maestros” (1975) [José Varela Zequeira y José A. Presno Bastiony].10

CONSIDERACIONES FINALES

Perteneció a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, a la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, a la Sociedad de Urología, fue Vicepresidente de la Sociedad Nacional de Cirugía, Presidente de Honor de la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina y miembro de numerosas sociedades científicas nacionales y extranjeras. Presidió el Consejo Científico del Ministerio de Salud Pública.

Al crearse en Cuba el Sistema de Grados Científicos su nombre figuró a la cabeza de los que recibieron en 1981 el de Doctor en Ciencias Médicas. Ese mismo año se le otorgó la recién instituida Orden “Carlos J. Finlay”, la más alta condecoración científica nacional, y dos años después, al crearse la Orden “Frank País” para honrar a los “educadores por sus extraordinarios méritos adquiridos en la educación y por haber contribuido de manera relevante y abnegada a la formación intelectual y educacional de los ciudadanos”, se le confirió con la categoría superior de Primer Grado.

Cargado de años, de honores y de la satisfacción del deber cumplido de manera cabal en todas las manifestaciones de la vida, falleció en La Habana el 23 de noviembre de 1984. Ante su tumba, sabiendo la fecundidad de su obra y de su ejemplo, pudo decir el eminente Profesor de Mérito de Medicina Legal Doctor en Ciencias Francisco Lancís Sánchez: “Algo nace, Maestro, cuando mueres”.11

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Delgado García G. Los estudios de historia de la medicina en Cuba. En: Delgado García G. Estudios sobre Historia Médica Cubana. Cuad. Hist. Sal. Púb. No. 66. La Habana. 1983:4-27.

2. Delgado García G. Palabras de presentación del profesor doctor Eugenio Torroella Mata en la Sociedad Cubana de Historia de la Medicina. Cuad. Hist. Sal. Púb. No. 71. La Habana. 1986:196.

3. Torroella Mata E. Recordando a dos Maestros. Cuad. Hist. Sal. Púb. No. 71. La Habana. 1986:198-205.

4. Torroella Mata E. Historia de mi vida y otros trabajos. Cuad. Hist. Sal. Púb. No. 71. La Habana. 1986:260.

5. Torroella Mata E. Certificado de nacimiento. En: Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. 5297.

6. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. 5297.

7. Delgado García G. Torroella Mata, Eugenio (1896-1984). Diccionario Biográfico Médico Hispanoamericano. Editorial ARTEPROCA. Caracas. 2007:577.

8. Torroella Mata E. Expediente laboral No. 201538. Archivo de la Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública. La Habana.

9. Delgado García G. Bibliografía activa del profesor Eugenio Torroella Mata. En: Torroella Mata E. Historia de mi vida y otros trabajos. Cuad. Hist. Sal. Púb. No. 71. La Habana. 1986:142-5.

10. Delgado García G. Documentos para la biografía del profesor Eugenio Torroella Mata. En: Torroella Mata E. Historia de mi vida y otros trabajos. Cuad. Hist. Sal. Púb. No. 71. La Habana. 1986:98-142.

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jun 06 2011

Miembros hoy de la Sociedad Cubana de Cirugía, ayer integrantes del Ejército Rebelde

Dr. Rómulo SolerPuedo decir que comencé a formar parte del ejército rebelde a partir del 1ro de agosto de 1958.

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ago 03 2010

Caduceo de la medicina

SÍMBOLO DISTINTIVO Y EMBLEMA OFICIAL DE LA SALUD PÚBLICA CUBANA

Vidal Ledo. María, Borroto Cruz E. Radamés, Delgado, Gregorio. ENSAP, Ciudad de la Habana, 2003.

Sobre el origen de los emblemas que tienen que ver con la medicina mucho se ha escrito en el mundo y en nuestro país. De hecho existe en los Cuadernos de Historia de la Salud Pública, uno de ellos, el No. 87 del 2000, dedicado a los Caduceos y Juramentos Médicos, que recoge un conjunto de artículos y testimonios sobre sus luchas y significación histórica.

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