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Miércoles 11 / enero / 2012

Thomas Willis

Filed under: Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — enero 11th, 2012 — 12:51

Dr.C. Julio César Hernández Perera

El siglo XVII, se distinguió por el importante desarrollo de las ciencias. Fueron momentos donde tuvo lugar la aparición de mentes creativas de físicos, químicos y médicos; tiempos de grandes avances como el desarrollo del microscopio, la revelación de la circulación de la sangre y de la fisiología en general. Ejes importantes de nuevos conocimientos fueron encontrados en la anatomía del cerebro, donde al inicio eran mínimos, limitados principalmente a los trabajos de da Vinci, Berengario, Vesalio y otras personalidades, principalmente de la escuela italiana.

En este espacio surgió la figura de Thomas Willis, a quien se le atribuye la creación de la palabra «neurología». Para algunos, considerado como uno de los padres de esta ciencia, y puede ser cierto si se tienen en cuenta las sagaces observaciones realizadas por él a determinadas condiciones neurológicas. Pero con frecuencia se olvidan algunas otras de sus contribuciones hechas en otros campos de la medicina como: la patología, la anatomía, la cardiología, la endocrinología y la gastroenterología. Es sobre todo recordado -desde que se comienza a estudiar medicina- por un epónimo: «el círculo o polígono de Willis».

Aunque no fue él quien descubrió o describió por primera vez esta estructura vascular anastomótica ubicada en la base del cerebro, sí se le atribuye la explicación de su significado funcional: sistema vascular arterial de seguridad contra la deficiencia vascular oclusiva. Pudo demostrar esta función en piezas anatómicas cadavéricas por medio de detallados y elegantes estudios realizados con colorantes.

thomas-willis-cgThomas Willis nació el 27 de enero de 1621, en Gran Bedwyn, Wiltshire, una localidad ubicada aproximadamente a 70 millas al noroeste de Londres, Inglaterra. Desde temprana edad vivió en Oxford, donde vivió la mayor parte de su vida. Sus primeros estudios fueron realizados en una escuela privada de esa ciudad. Siguiendo la tradicional orientación escolástica de la universidad, a los 15 años de edad entró como fámulo de un canónigo del «Christchurch College», donde estudió artes liberales. A la edad de 21 años, obtuvo el título de bachiller y maestro de artes.

El mismo año de su graduación (1642), confluyeron en la vida de Willis muchos hechos que lo marcaron por siempre. Se había desatado una guerra civil (Guerra civil inglesa) y Carlos I había establecido su residencia en la ciudad de Oxford, en el «Christchurch College». En esa conflagración perdió a su padre, quien falleció defendiendo al Rey en el asedio de Oxford. También fue el año de comienzo de su carrera como médico después de haberse desviado del camino de la teología a la que estaba destinado.

La carrera de medicina puede ser catalogada como no fue ideal en ese entonces, si se tiene en cuenta el efecto negativo de la guerra y por la enseñanza que ofrecía la ciudad, muy inferior a la que se impartía en otras universidades del continente. Pero encontró la dicha de recibir lecciones de un destacado médico de la época, William Harvey, quien acompañaba a Carlos I como médico de cámara. Con esta influencia aprendió de primera mano uno de los hechos que imprimieron un profundo cambio a la medicina: la doctrina de la circulación de la sangre.

También recibió influencia de las ideas de Paracelso y otras figuras de la época que posibilitaron la aceptación de los medicamentos químicos (ideas iatroquímicas) en la farmacopea del Real colegio médico.

El despunte de una vida profesional y lucrativa a raíz de un incidente «milagroso»

Después de cuatro años de asedio y guerras (1646), Oxford cayó en manos de los puritanos. En diciembre de ese mismo año obtuvo el grado de bachiller en medicina. Hubo depuraciones en la Universidad, se prohibió el culto anglicano y las corrientes tradicionales se sustituyeron por otras completamente renovadoras. Con el tiempo… Oxford se convirtió en el centro de la denominada «ciencia nueva», muy ligada a los puritanos e inspirada en las directrices de Bacon. Empezaron a sobresalir figuras trascendentales como John Wilkins, Jonh Wallis, William Petty y Robert Boyle. Willis se fue uniendo a este círculo de celebridades y colaboró estrechamente con los trabajos anatómicos y filosóficos de Petty, que había sido nombrado como profesor de Anatomía.

En diciembre de 1650 tuvo lugar un hecho muy importante para la vida de Willis: junto a Petty, revivieron el cuerpo de una prisionera supuestamente muerta. La historia es tan extraña que vale la pena detallar este pasaje que comenzó con las razones de la condena de una muchacha de 22 años: Anne Green. Ella fue una criada, y por lo visto, fue seducida por Geoffrey Read, nieto del señor Thomas Read, un rico personaje de Oxford, dueño del hogar donde trabajaba. La pobre mujer quedó embarazada y lo ocultó todo el tiempo hasta que tuvo un parto prematuro, malográndose el feto. Para su desgracia, el niño muerto fue descubierto y fue acusada de asesinato. Detenida en una cárcel de Oxford, permaneció durante tres semanas hasta que fue llevada a juicio y donde fue emplazada y condenada a muerte el 14 de diciembre de 1650.

La ejecución fue realizada del modo acostumbrado: en la horca. Durante la ejecución descollaron algunos comentarios hechos por los presentes en contra del mal actuar de la familia rica y pidiendo clemencia a favor de la infortunada. Al consumar el ajusticiamiento, algunos de los presentes profanaron su figura mediante pellizcos mientras colgaba con la soga alrededor del cuello. Ante este acto desagradable se ordenó a que se bajara el cuerpo de la joven que suponían estaba muerta y se colocó en un ataúd. Posteriormente fue llevado a la casa privada de Petty para ser empleado en clases de disección anatómica, como lo establecían los estatutos de la época.

Cuando el ataúd fue abierto por Petty y Willis, Anne Green tuvo un suspiro y se oyó un ruido que salía de su garganta. Los médicos abandonaron todos los pensamientos de disección y se dedicaron a reanimar el cuerpo inerte a través de muchas maniobras desesperadas como: frotar las manos, brazos, pies; verter agua caliente, hacer cosquillas a nivel de la garganta con una pluma, realizar una sangría, etc. Al final, después de 12 horas de aquella reanimación, según describió Willis en una obra, ella ya abría los ojos y pronunciaba palabras. En dos días ya estaba totalmente recuperada y con todas sus facultades recuperadas.

Con posterioridad Anne Green fue indultada. Se consideró que la mano de Dios la había perdonado. La fama de la muchacha «resucitada» o «perdonada» fue vasta y se fue de la ciudad, llevándose consigo el ataúd donde había sido metida. Se cuenta que vivió durante 15 años más, se casó y tuvo tres hijos.

Después de este incidente, la fama de Willis se acrecentó y con ello la posibilidad de obtener grandes dividendos y fortuna futura por medio de su labor como médico. Al final de su vida, terminó como un médico de Londres rico.

Primera etapa de una vida: «la iatroquímica»

Después del incidente de la resucitación, se enmarca la primera etapa de la vida profesional de Willis, resaltada con la publicación de su libro «Diatribae duae» (1659), en el que expone sus ideas iatroquímicas y su aplicación a la doctrina de las fiebres. Sistematizó la teoría de la circulación de la sangre y otras de carácter fisiológico desde el punto de vista de la iatroquímica. La fisiología de Willis recoge las ideas de Harvey a las que incorpora los hallazgos de Pecquet, Rudbeck y Bartholin.
Sin embargo, los conocimientos de la época no le permitían llegar a ideas más claras y reales. Para él el hígado no desempeña papel alguno en la circulación. La parte más sutil del alimento -es decir, spiritus y aqua-, pasaba directamente del tubo digestivo a la porta. La parte más grosera, en cambio, es convertida en quilo que pasa de los vasos quilíferos al conducto torácico, y de éste a las venas. Ya en el árbol respiratorio, la sustancia alimenticia sufriría dos fermentaciones: una en las venas que la convertirían en sangre venosa, y otra en el corazón, donde se transformaría en sangre arterial.

Interpretó la fiebre como una «fermentación preternatural» o alteración de los procesos fermentativos que provoca un movimiento desordenado y una efervescencia de la sangre que alteran de varias formas el organismo. «Diatribae duae» contiene excelentes representaciones de tipo clínico y epidemiológico y una especie de intención de fundamentar la patología empíricamente, programa que maduró más tarde Sydenham.

Segunda etapa de la vida de Willis: «la neurología»

Con el avance de los años, se restituyó nuevamente en 1660 la monarquía y Oxford fue depurado de elementos puritanos. La fidelidad de Willis a la facción realista y anglicana le valió el nombramiento de profesor de filosofía natural. Sin embargo, la formación adquirida lo colocó en el sentido opuesto de la tradición escolástica nuevamente instaurada.

Es en esta época cuando dedicó gran parte de sus investigaciones al sistema nervioso y a sus enfermedades. En 1664 publicó su obra «Cerebri anatome», que tuvo una gran repercusión en la anatomía descriptiva, posterior a Vesalio. Fue en esta obra donde apareció por primera vez la palabra «neurología» escrita en idioma griego. Tuvo el mérito de haber hecho una investigación donde se incorporaban la embriología, la anatomía patológica y la descriptiva. Se auxilió de la observación macroscópica y microscópica, así como de la inyección de sustancias coloreadas y solidificables; también recurrió a la vivisección. No trabajó de forma individual, sino que sus resultados investigativos fueron fruto de un equipo conformado por varios científicos y por eso, muchos lo consideran como el que comenzó la visión interdisciplinar, diferente al conocimiento del sistema nervioso que prevalecía en la época previa.

En cuanto a la aportación de nuevos conocimientos, introdujo muchas precisiones sobre el sistema nervioso vegetativo y una clasificación de los nervios craneales en nueve pares, que perduró durante mucho tiempo. Describió los cuerpos estriados, el tálamo, los cuerpos mamilares (denominados durante mucho tiempo como: glándulas de Willis), la distribución arborescente de la sustancia gris y blanca del cerebro, los cordones paralelos del cuerpo calloso o «cordones de Willis». En esta obra incluyó la figura, ya clásica, del polígono que lleva su nombre, y descrita previamente por Johann Jacob Wepfer. Otro de los aspectos a destacar en la obra fue la doctrina de la acción refleja.

De igual manera trata de otras enfermedades como las enfermedades convulsivas y dentro de ellas: «la histeria y la hiponcondría». Aunque no eran totalmente ciertas estas aseveraciones, si se daba un paso importante al relacionarlas globalmente como afecciones del sistema nervioso. De esta manera de enfrentaba a otras ideas como las de Highmore, quien planteaba que las convulsiones eran afecciones cardiovasculares.
En 1665 aceptó marchar a Londres, a propuesta del arzobispo de Canterbury Gilbert Sheldon, donde también coincidieron finalmente otros científicos de la época. Pronto se convirtió en el núcleo central de la «ciencia nueva» y acabó por ingresar en la Real sociedad (1667).

En Longres dedicó prácticamente todo su tiempo a la actividad médica y le proveyó de una gran fortuna. En 1672 publicó un libro sobre el «alma animal» o «alma sensitiva» del hombre («De anima brutorum»). Aunque pudiera parecer como un libro muy teórico y especulativo, trató de apoyarse en investigaciones realizadas en diferentes especies de animales, con contribuciones muy avanzadas para la época sobre anatomía comparada. En esta obra realizó una de las primeras exposiciones sistemáticas de las enfermedades neuropsiquiátricas. Hizo detalladas descripciones de diferentes enfermedades: cefalea, trastornos del sueño, coma, apoplejía, vértigo, parálisis, manía, delirios y melancolía, entre otros.

Tercera etapa de la vida de Willis: «la farmacología»

Se destaca la tercera etapa la intención de elaborar una farmacología con fundamentos modernos. Ya en el ocaso de su vida, publicó entre 1674 y 1675 «Pharmaceutice rationalis», una obra donde intenta explicar el mecanismo de acción de los medicamentos en el tubo digestivo, en la sangre y otros órganos. Para él era preciso que se conociera bien la certeza de acción de los medicamentos. Estudió los remedios eméticos, los purgantes, los diuréticos y los diaforéticos, entre otros. En esta obra es donde, al mencionar la medicación diurética, refirió el sabor dulce que presentaba la orina de algunos enfermos. Aunque no puede explicar el por qué, establece en la práctica médica la acción de catar la orina por parte de los médicos para evaluar el diagnóstico y tratamiento de la diabetes mellitus.

Murió en Londres, a finales de 1675 como consecuencia de una afección respiratoria (pleuresía). Fue enterrado en la Abadía de Westminster.

Bibliografía

Dalley AF. Thomas Willis 1621-1675. Clinl Anat. 2002;15:2-3

Hughes JT. Thomas Willis (1621-1675). J Neurol. 2000;247:151-2

Molnár Z. Thomas Willis (1621-1675), the founder of clinical neuroscience. Nature Rev. 2004; 5:329-35.

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Sábado 10 / diciembre / 2011

Howard Taylor Ricketts y las rickettsias

Filed under: Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — diciembre 10th, 2011 — 17:53

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

Al hablar de enfermedades por rickettsias remontamos nuestros pensamientos a un grupo integrado por una amplia variedad de entidades clínicas causadas por microorganismos de la familia Rickettsiaceae. Las rickecttsias tienen características comunes como: ser parásitos intracelulares obligados y multiplicarse en una o más especies de artrópodos, igual que en los animales y el hombre. De hecho, la mayoría de estos gérmenes se perpetúan en la naturaleza, gracias a un ciclo en el que interviene un insecto vector y un animal reservorio. Son varias las enfermedades asociadas a las rickettsias, clasificadas en tres grupos principales: fiebre manchada, tifus y otras rickettsiosis.

Dentro de estos grupos podemos encontrar enfermedades como la fiebre Q, la fiebre manchada de las Montañas Rocosas, la fiebre botosa, el tifus epidémico, el tifus murino, etc. De todas estas, el tifus epidémico ha sido catalogado como una de las grandes pestes del mundo, ya que pocas enfermedades como esta, han influido de manera negativa en la civilización humana. Tal denominación nunca podrá ser arrancada como una página negra de la historia, vinculadas sobre todo a las muertes y los sufrimientos durante las guerras, el hacinamiento de grandes poblaciones, la miseria y las necesidades.

Pero como sucede con cada hecho de la vida, una historia -en ocasiones pocas veces conocida y con tendencia a pasar al olvido- la acompaña. En este caso estamos obligados a evocar al Dr. Howard Taylor Ricketts, quien bien pudiera colocarse en el zócalo que enaltece a los microbiólogos más trascendentales en la historia de la medicina.

howard-taylor-ricketts-02-cgNació el 9 de febrero de 1871 en Findlay, una villa ubicada en el condado de Shelby, Illinois, Estados Unidos. Matriculó en la Universidad de Northwestern en 1890. Cuatro años más tarde, ingresó en la Escuela de Medicina de la misma Universidad, donde su mentor, Walter H. Allport, lo ayudó a obtener un empleo en el museo médico de ese centro de altos estudios. Alcanzó el título de Doctor en medicina en 1897 y desde diciembre de ese año hasta junio de 1899, pasó una pasantía en el hospital del condado de Cook. En ese lugar trabajó junto a Ludvik Hektoen, posteriormente reconocido como un gran bacteriólogo dedicado al estudio de los estreptococos. Después de este periodo, aceptó una beca en patología dermatológica en el Colegio médico de Rush, con el fin de estudiar la blastomicosis.

En 1900 viajó a Europa donde estudió en Berlín, a sugerencia de Hetkoen. Con posterioridad, se dirigió al famoso Instituto Pasteur de París. En estos lugares, Ricketts perfeccionó sus técnicas de laboratorio y desarrolló un importante interés por la microbiología teórica.

En 1902 fue designado asistente en el Departamento de patología y microbiología de la Universidad de Chicago. En este lugar desplegó, hasta 1904, varios estudios relacionados con la blastomicosis. En 1904 fue nombrado asistente de John M. Dodson, quien fungía como decano de la Universidad médica. En 1907 pasó a ser profesor por un periodo de cuatro años.

Es muy reconocido el encomiador trabajo desarrollado en el área de la inmunología durante esta última etapa de su vida. Estas investigaciones le sirvieron para realizar varias publicaciones en la prestigiosa revista «Journal of the American Medical Association». Ulteriormente, estos trabajos fueron compilados y publicados en una obra titulada: «Infección, inmunidad y terapia sérica».

Fue también es en este periodo de tiempo donde tuvieron lugar sus mayores aportes a la medicina mundial. Ricketts será por siempre recordado por ser el descubridor del agente etiológico y la vía de transmisión de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas y del tabardillo.

Ricketts y la fiebre manchada de las Montañas Rocosas

En 1906 empezó a mostrar un especial interés en una enfermedad de la que no se conocían sus causas: la fiebre manchada de las Montañas Rocosas. Por esta razón, viajó al estado de Montana para estudiar la enfermedad, que en aquel entonces era causa importante de muertes. Según datos de la época, se estimaba una mortalidad de más del 80 % para quienes la sufrían.

A su llegada a Montana, centró sus estudios en los animales afectados y en los pacientes que eran víctimas de la enfermedad. Le extrañaba de sobremanera la incapacidad de demostrar la presencia del agente causal de la enfermedad en los medios de cultivos. Por esta razón, recurrió a la investigación mediante la inoculación de animales. Logró transmitir la enfermedad en conejillos de indias y en monos, donde encontró agentes específicos en la sangre, posibles causantes de la afección. También logró demostrar cómo la enfermedad podía transmitirse a través de la picada de un insecto conocido como garrapata de madera (Dermacentor andersoni). Entonces, no fue difícil sospechar que este mecanismo de transmisión podía acontecer de forma natural en las regiones de Montana e Idaho.

Con el tiempo, se pudo descubrir que la garrapata podía ser, a su vez, víctima de la infección: el germen era capaz de proliferar dentro del insecto. También se pudo declarar la transmisión a través de los huevos depositados por el insecto, como también en los estados de desarrollo larvario y de ninfa. Como la garrapata adulta podía ser la vía por la que el hombre se contagiaba, este fenómeno solo acontecía durante la primavera, y de esta manera, se explicaba convincentemente el característico patrón, que relacionado con las estaciones del año, mostraba la enfermedad.

Los trabajos de Ricketts, relacionados con la fiebre manchada de las Montañas Rocosas fueron publicados en un artículo titulado: «Observaciones en los virus y formas de transmisión de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas». Determinó además, que mediante el análisis del modo de transmisión se podía prevenir la enfermedad de una manera racional.

En 1919, Simeon Burt Wolbach identificó finalmente el agente etiológico como una nueva forma de microorganismo y lo denominó como Dermacentroxesus rickettsii, en honor a los trabajos de Ricketts. En la actualidad se conoce como Rickettsia rickettsii.

Ricketts y los estudios de la fiebre del tifus

La fiebre manchada de las Montañas Rocosas se parecía, en cuanto al cuadro clínico, a otra enfermedad conocida como fiebre de tifus. Era una afección que se podía conocer en aquel entonces de diferentes maneras: tabardillo (en México), fiebre de los barcos, fiebre de campamento, fiebre de las cárceles o fiebre de hospital.

howard-taylor-ricketts-01-cgEn 1909 el científico aceptó una invitación para estudiar el tabardillo en el Valle de México, una zona geográfica que estaba fuertemente azotada por este mal. Junto a su asistente voluntario, Russell Morse Wilder, elucubraron que la similitud existente entre la fiebre del tifus y la fiebre manchada de las Montañas Rocosas podían llevarlo a las mismas causas etiológicas. Viajó a Ciudad México y trabajó de manera intensa con las personas severamente enfermas. Encontró que el tabardillo podía ser transmitido por un ectoparásito, específicamente el piojo humano del cuerpo (en aquellos momentos denominado Pediculus vestimenti, en la actualidad Pediculus humanus corporis). Ya en 1909, a igual conclusión había llegado el médico francés y director del Instituto Pasteur de Túnez, Charles Jules Henri Nicolle.

Ricketts reconoció que Nicolle había demostrado previamente, la asociación entre el piojo humano del cuerpo y el tifus. Los experimentos de Nicolle fueron convincentes y había logrado la transmisión de la enfermedad desde monos infectados hacia otros animales de la misma especie empleando el piojo como vector. Sin embargo, las investigaciones de Ricketts lograron complementar este descubrimiento con un hallazgo interesante: los monos que se recuperaban, podían desarrollar inmunidad contra la enfermedad.

El 23 de abril de 1910, Ricketts y Wilder estaban a punto de anunciar una importante revelación: el descubrimiento del microorganismo, aparentemente un bacilo, en la sangre de los pacientes con tifus y en los insectos. Desgraciadamente, mientras realizaban trabajos para aislarlo, Ricketts contrajo la enfermedad y murió. Sus trabajos inconclusos fueron asumidos y culminados por otros investigadores.

Los trabajos de Ricketts relacionados con la inmunidad y el suero constituyeron las bases para posteriores avances en el desarrollo de vacunas, y su teoría de que ambas enfermedades estaban estrechamente relacionadas con microorganismos fue probada en años ulteriores.

La fiebre del tifus no solo provocó la muerte de Ricketts. Asociada a la enfermedad, se recogen hechos donde el trabajo heroico del personal médico y paramédico, resalta de manera magnánima en una batalla que estaba encaminada a enfrentar esta peste, a pesar del gran riesgo. En la historia de la medicina se recogen datos escalofriantes como este: en un periodo de 25 años, de 1230 médicos que estuvieron vinculados a diferentes instituciones de salud de Irlanda, 550 murieron por el tifus.

El bacteriólogo y zoólogo austriaco Stanislav von Prowazek es otro ejemplo digno de reconocer. Dedicó parte de su vida al estudio de la fiebre del tifus y durante una investigación realizada en Serbia en 1913, logró probar que similares microorganismos estaban presentes en piojos obtenidos de pacientes con tifus. En 1915, von Prowazek falleció por tifus, en condiciones similares a la de Ricketts.

El término rickettsia se originó de una publicación realizada en el año 1916 por Henrique da Rocha-Lima, un microbiólogo brasilero, quien denominó de esta manera al agente etiológico del tifus epidémico Rickettsia prowazekii en honor a Ricketts y Prowazek, ambos fallecidos mientras investigaban la etiología del tifus. Con posterioridad, aparte de los dos gérmenes referidos, R. rickettsii y R. prowazekii, la comunidad científica denominó una nueva familia taxonómica (Rickettsiaceae) y orden (Rickettsiales).

La voluntad extraordinaria de Ricketts para asumir riesgos, hacen que sea recordado como una leyenda en la medicina, una «víctima de su dedicación y ocupación», para otros… «uno de los médicos mártires de la ciencia».

Bibliografía
Hetkoen L. Howard Taylor Ricketts. Science. 1910;22(826):585-7.
Grob D, Schäfer G. 100th Anniversary of the death of Ricketts: Howard Taylor Ricketts (1871-1910). The namesake of the Rickettsiaceae family. Micr Infect. 2011;13:10-3.

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Lunes 7 / noviembre / 2011

John Benjamín Murphy, sus contribuciones y epónimos

Filed under: El idioma y la medicina,Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — noviembre 7th, 2011 — 21:22

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

Una mujer de 50 años de edad llegó a un servicio de urgencia por presentar un intenso dolor abdominal a nivel del reborde costal derecho, que irradiaba a la región subescapular del mismo lado. Es asistida por el médico de guardia que recoge como datos de interés, los antecedentes de dispepsia, dolor frecuente en el hipocondrio derecho e intolerancia a algunos alimentos -huevo, chocolate y grasas-. Al momento de ser asistida la enferma refirió tener fiebre elevada, náuseas y vómitos. Al examen se constató a la palpación, dolor en el hipocondrio derecho, con «signo de Murphy positivo»…

Hasta aquí todo parece indicar que estamos ante la presencia de una colecistitis aguda. El solo hecho de tener el último signo hace sospechar la enfermedad, si tenemos en cuenta que alrededor del 90 al 95% de los enfermos tienen esta molestia. El signo de Murphy es un epónimo y se lo debemos a quien lo describió, el reconocido cirujano norteamericano John Benjamín Murphy.

John fue el menor de seis hermanos y nació en una cabaña de madera en Appleton, Wisconsin el 21 de diciembre de 1857. Sus progenitores fueron inmigrantes irlandeses de clase media, dueños de terrenos dedicados a la agricultura. Como muchos otros hicieron, ellos habían llegado a los EE.UU. a raíz de las grandes pérdidas agrícolas provocadas por el azote de plagas que sufrieron las plantaciones de tubérculos en Europa. El padre, aunque era de carácter muy duro, fue siempre amable con sus hijos y ponía mucho interés en la educación. Por eso consagró su vida en aras de proporcionarles el máximo de oportunidades.

El joven Murphy, fue un estudiante talentoso, ávido de conocimientos y muy laborioso. Se graduó de bachiller en Appleton, California, en 1876. Al inicio, mostró vocación por la enseñanza, pero al final, el rumbo de su vida fue otro, influido por su admiración hacia un médico local, el Dr. W. H. Reilly. De manera apasionada lo seguía con mucha constancia en visitas realizadas a enfermos, observaba atentamente la manera en que se realizaban las curas de las heridas y la reducción de las luxaciones y fracturas. También le imbuía de sobremanera el respeto y la consideración que se ganaba el médico dentro de la comunidad. Una vez que había decidido que era lo que quería ser en el futuro, le expresó a su madre: «el alivio del sufrimiento humano es el trabajo más importante en el mundo».

Fue aprendiz del Dr. Reilly y desde el inicio hizo gala de valores éticos, dormía poco, trabajaba incansablemente los siete días de la semana, ocupado en sus lecturas y viendo enfermos. Después de un año, continuó sus estudios en el Colegio médico de Rush (Illinois, Chicago, EE.UU). Había escogido un programa de estudios donde los tres primeros años serían en ese centro educacional. Rápidamente mostró interés y motivación por la cirugía. Al final fue evaluado como el primero del escalafón y se había ganado un puesto como interno por 18 meses en el hospital del Condado de Cook, Illinois, Chicago, que en aquellos momentos era una institución líder dentro de ese país nórdico.

La vida de un interno se caracterizaba por «cumplir al pie de la letra» con la denominación que recibía: pasaba la mayor parte del tiempo dentro del hospital. El exceso de trabajo nunca lo amilanó ni hizo mella en sus aspiraciones de ser un buen médico, todo lo contrario, acogía con beneplácito cada cosa nueva que pudiera contribuir con su formación, ya sean aspectos técnicos de la cirugía, como la microbiología y la patología. Fueron momentos históricos donde también se introdujeron los primeros elementos relacionados con la antisepsia. Al término de su estancia en Cook, sus mentores tuvieron en cuenta las condiciones especiales del muchacho y consideraron que debía pasar un tiempo adicional de entrenamiento en Alemania. Este fue realizado por dos años en Heidelberg, una ciudad situada en el valle del río Neckar en el noroeste de Baden-Wurtemberg, Alemania. El lugar había ganado fama mundial por tener la universidad más antigua y prestigiosa de ese país, donde se podían encontrar además eminentes profesores. Estuvo bajo la tutela del gran maestro cirujano Theodor Billroth, quien en su tiempo fuera muy famoso. Al culminar esta etapa, ya la vida de Murphy mostraba todas las características que definían a un magistral médico: dedicado, incansable y muy creativo.

Incidentes, contribuciones y enemistades

john-benjamin-murphy-001-cgLa vida profesional de Murphy tuvo momentos señalados. El primero de ellos fue sombrío y estuvo relacionado con la asistencia que brindó a las autoridades después de un cruel enfrentamiento que tuvo lugar el 4 de mayo de 1886 entre las fuerzas policiales y los obreros que demandaban 8 horas diarias de trabajo. En la historia se conoce este hecho como el «incidente de Haymarket» que tuvo lugar en «Near West Side», una de las comunidades de la ciudad de Chicago. Resultó ser este suceso el punto álgido de una cadena de protestas que protagonizaban los obreros en la segunda ciudad de los EE.UU. y donde las condiciones de los trabajadores eran calificadas como las peores del país. El 1 de mayo de 1886 se iniciaba por 200 000 trabajadores una huelga que fue continuada en los días venideros. El 4 de mayo continuaban las protestas y en la noche la fuerza pública desató una brutal represión. Durante el incidente estalló un artefacto explosivo entre los policías que mató a ocho personas. Poco tiempo después las fuerzas represivas abrieron fuego con un saldo importante de muertos, heridos y detenidos.*

Ante un llamado, Murphy asistió a los lesionados en la estación policial. Lo primero que hizo fue clasificar a los heridos, separando aquellos que tenían muy altas probabilidad de fallecer de aquellos con reales posibilidades de vivir con una adecuada asistencia médica y que fueron trasladados con urgencia al hospital. Al final, asistió a 30 hombres, operando durante 18 horas sin descanso y logró así salvar varias vidas. Después de este incidente, fue llamado a declarar a un juicio de alto perfil donde explicó con detalles las heridas causadas por el artefacto explosivo y que lastimosamente fue aprovechado para acusar en ese arbitrario proceso a 8 destacados dirigentes obreros, algunos de ellos condenados a muerte en la horca. Con este acontecimiento, infortunadamente su popularidad se incrementó, y a la vez, se buscó la enemistad de muchos colegas cirujanos que lo criticaban incasablemente de muchas maneras, una de ellas porque se vanagloriaba de su experiencia en los incidentes de aquel ominoso 4 de mayo de 1886.

Otro de los reproches que recibía se relacionada con su actuar terapéutico, contrapuesto a diferentes procederes médicos de la época. Una de ellas fue la manera de tratar las apendicitis: había sido capaz de establecer un patrón de síntomas iniciales y con estos elementos ponderaba su tratamiento quirúrgico temprano -para muchos cirujanos de la época era un proceder muy «anticipado»-. Esto causó la burla e incredulidad entre sus colegas por lo que decidió documentar con pruebas fehacientes y es así que presentó los resultados de más de 200 apendicectomías exitosas ante la Sociedad Médica de Chicago. Al final, la evidencia mostrada permitió dejar estipulada la operación como un tratamiento estándar. Sin embargo, durante y después del proceso de defensa de su teoría, algunos cirujanos -considerados como conservadores y tradicionales- se rehusaban aceptarla, y persistían en considerar que con ello Murphy pretendía aumentar su fortuna financiera, más que reconocerlo como un tratamiento científico y novedoso.

Es considerado como uno de los innovadores más grandes de la cirugía de los últimos siglos. Siempre su mente estuvo muy por delante de la gran mayoría de sus coterráneos e incentivada para el desarrollo de cosas transformadoras. Unas de estas fue la invención de un dispositivo empleado en la realización de la anastomosis intestinal, incluyendo la de la vesícula biliar con el intestino, que posteriormente se conocería como «botón de Murphy». Este mecanismo permitía la unión de dos vísceras huecas sin suturas, y por muchos es considerado como el antecesor de la sutura mecánica. Inicialmente fue experimentado en animales y con posterioridad empleada por primera vez en una mujer de 35 años de edad con marcada ictericia por litiasis biliar. En ella se realizó la colecistoenterostomía con auxilio del mecanismo inventado. El tiempo empleado en esta operación, desde que abrió el peritoneo hasta que lo cerró, fue de solamente 11 minutos y ello significaba ser 10 veces inferior al lapso empleado con una técnica utilizada hasta ese momento de forma habitual.

El 16 de enero de 1897 publicó un trabajo transformador relacionado con la cirugía vascular, al lograr unir de manera exitosa la que puede ser considerada como la primera anastomosis arterial termino-terminal en un ser humano. La intervención fue realizada en un paciente con una arteria femoral seccionada por una herida de bala. También fue pionero en el uso de injertos óseos y contribuyó a la comprensión de la anquilosis. Promovió el tratamiento de la tuberculosis pulmonar con la administración de nitrógeno a la cavidad pleural para colapsar el pulmón, a lo que denominó como «neumotórax terapéutico». Introdujo el método de infusión de solución salina por vía rectal en el tratamiento de la peritonitis. En 1912 realizó la que puede ser considerada en la historia de la medicina como la primera endoscopía del tracto biliar, al introducir un cistoscopio a través del tracto de drenaje de una colecistostomía. Mediante este proceder pudo extraer cálculos biliares. Similar a la maniobra utilizada, en la actualidad es empleada para la extracción de cálculos biliares. También fue el primero en emplear la anestesia local en la cirugía del pulmón y de igual manera se interesó en la neurocirugía de la médula espinal y los nervios periféricos.

El signo de Murphy

Sin embargo, muchas de sus invenciones, tratamientos o técnicas quirúrgicas fueron relegadas al desuso ante el ímpetu de actuales avances cientificotécnicos. Se puede aseverar que sólo su nombre se evoca y pasa a la posteridad por el signo de Murphy. La clásica maniobra fue descrita en 1912 y consiste en introducir a modo de gancho, los dedos de la mano derecha por debajo del reborde costal a la altura de la vesícula e invitar al enfermo a realizar una inspiración profunda. Con este proceder se pretende que la vesícula biliar inflamada se acerque a la mano del examinador; se considera que el signo es positivo cuando aparece dolor. Con el advenimiento de la ecografía, el nombre también pasó a ser usado como el «signo ecográfico de Murphy». Este tiene lugar cuando la presión que se ejerce a través del transductor del ecógrafo provoca similar dolor durante la realización de la exploración imaginológica de la vesícula biliar.

John Benjamín fue miembro del «Colegio americano de cirujanos». Desde 1895 hasta su muerte en 1916 ocupó el cargo de Jefe de cirugía del Hospital Mercy, Chicago. En este centro se le reconocía porque al dar clases dos veces a la semana y era capaz de abarrotar el anfiteatro, de médicos de todas partes de los EE.UU. y del extranjero. Por esta razón fue considerado como el maestro más destacado de su época. Con el objetivo de difundir estas presentaciones a un público más numeroso, comenzaron a ser publicadas, convirtiéndose estas con el tiempo, en las precursoras de las famosas «Clínicas quirúrgicas de Norteamérica».

Murphy falleció el 11 de agosto de 1916 en Mackinac Island, Michigan, EE.UU., después de sufrir mucho por agina de pecho. Dos días antes de su muerte había escrito: «la necropsia mostrará las placas de mi aorta» y de hecho fue así. Murphy fue un sabio cirujano, un técnico capaz y un profesor académico. La alta estima que alcanzó entre sus contemporáneos se expresa mejor con la observación de William Mayo (cofundador de la «Clínica Mayo»): «el fue el genio quirúrgico de nuestra generación».

Bibliografía

Parquet RA. John Benjamin Murphy. Acta Gastronetrol Latinoam. 2010;40:97.

Morgenstern L. J.B. Murphy, M.D. Surg Encdosc. 1998;12:359-60.

Morgenstern L. John Benjamin Murphy (1857-1916): An American Surgical Phenomenon. Surg Innovat. 2006;13:1-3.

George I, Hardy M, Widmann WD. John Benjamin Murphy. Cur Surg. 2004;61:439-41.

Musana K, Yale SH. John Menjamin Murphy (1857-1916). Clin Med Res. 2005;3:110-12.

*A los obreros, víctimas de este brutal hecho, se les conoce como los «Mártires de Chicago». Durante la celebración de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, se establece por acuerdo del Congreso Obrero Socialista la proclamación de cada 1 de mayo como «Día mundial de los trabajadores», fecha que constituye una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a aquellos «Mártires de Chicago».

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Miércoles 19 / octubre / 2011

Epónimos: «Maniobra de Valsalva»

Filed under: El idioma y la medicina,Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — octubre 19th, 2011 — 22:44

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Muchos saben qué es la maniobra de Valsalva, pero pocos se detienen en conocer de dónde viene ese nombre. Es un epónimo, con el que se rememora a un brillante médico italiano de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Su nombre fue Antonio María Valsalava, nació en junio de 1666 en Imola, un pueblo localizado al norte y centro de Italia, distinguido en aquel entonces por su desarrollo agrícola, mercantil, y por sus cerámicas. Su padre, Pompeo Pinio, fue un joyero que gracias a su trabajo, consiguió que la vida de la familia fuera acomodada. Adoptó el apellido de Valsalva por ser este el nombre de un castillo, propiedad de la familia.

Antonio fue el tercero de ocho hermanos y su vida coincidió con el llamado periodo Barroco. Fueron momentos de célebres obras en el campo de la literatura, la pintura, la arquitectura, la escultura, la danza y la música. También acaecieron señalados enfrentamientos entre la Iglesia católica y diferentes movimientos revolucionarios culturales, del que surgió una nueva ciencia y una nueva corriente dentro del catolicismo. Se conoce esta época como la «era científica», gracias a los grandes avances científicos que tuvieron lugar. De esta manera surgió el pensamiento científico moderno o método científico, gracias a las dos formas en que se empezaron a enfrentar los problemas: el racionalismo y la experimentación. Grandes figuras enriquecieron con su intelecto este periodo, entre ellos se distinguieron: Copérnico, Galileo, Newton y Descartes.

Pero no fueron momentos favorables para los médicos. El prestigio de esa profesión estaba bastante afectado, y los galenos eran centro de burlas y falta de consideración, basados principalmente por los métodos terapéuticos rústicos que empleaban. De manera general, el médico vivía de madera sencilla -muchas veces sumido en la pobreza- y dedicaba largas horas al ejercicio de su labor para conseguir vivir, dado los bajos honorarios que cobraba.

Fue en ese contexto donde se desarrolló la vida de Valsalva, del que se conoce muy poco de sus inicios. La posición social de la familia permitió que recibiera una buena educación en humanidades, matemáticas y ciencias naturales. Con posterioridad estudió en la Facultad de Medicina y Filosofía de la Universidad de Bolonia, Italia, y tuvo la suerte de contar con profesores destacados como eminencias para su tiempo. Uno de ellos fue Marcelo Malpighi, recordado en la historia de las ciencias por ser uno de los pioneros en el uso del microscopio en la Medicina y descubridor de los capilares pulmonares, considerado este hallazgo como «el enlace perdido en la circulación de Harvey». El destacado profesor descubrió en Antonio sus potencialidades para la Medicina, y este por su parte, apreciaba de manera importante la forma clara de enseñar Anatomía.

La vida como médico

valsalva-cgA los 21 años de edad se graduó de médico y filósofo. Para obtener el título presentó su tesis: «Sobre la superioridad de la doctrina experimental», un tema controversial que era motivo de gran debate en la sociedad científica de entonces. Recién graduado, una peste azotaba a la ciudad Bolonia y dado los honores con que se había titulado lo nombraron Inspector público de salud. Aplicó medidas justas y apropiadas y logró destacarse en ese cargo. Tanta fue la autoridad alcanzada, que años después, cuando una epidemia había alcanzado hasta el castillo del rey, el senado decidió mandarlo como encargado para contenerla.

Participaba además en acostumbradas reuniones de intercambio de conocimientos que tenían lugar entre los médicos y dentro de este ambiente sobresalía entre sus contemporáneos. Con solo 39 años fue nombrado Profesor de Anatomía de la Universidad de Bolonia y más tarde, elegido Presidente de la Academia de Ciencias.

Son reconocidos los aportes de Valsalva a la Medicina. Su entusiasmo por el conocimiento no tenía límites y pasaba gran parte del tiempo encerrado en su laboratorio de Anatomía. Incluso, investigó varios tipos de secreciones corporales probándolas el mismo. Fue así que describió que el exudado de la gangrena era muy ácido y dejaba sus papilas gustativas irritadas por el resto del día.

Uno de los aportes más importantes hechos por Valsalva a la Medicina fue la minuciosa descripción que hizo de la Anatomía, Fisiología y Patología del oído. De hecho, fue el primero en establecer la división del oído en sus segmentos externos, medio e interno. Estos elementos fueron presentados en un libro escrito por Valsalava titulado: «Tratado sobre el oído humano». En esta obra se describió la maniobra que lleva su nombre.

La maniobra de Valsalva consiste en que, a través de una coordinación de movimientos musculares, se hace una espiración forzada, mientras se mantiene la nariz y la boca cerrada, cerrando también las cuerdas vocales, y por lo tanto, la glotis. De esta manera aumenta la presión de las trompas de Eustaquio. Si estas están permeables, el aire entrará de manera forzada en el oído medio. Esta maniobra puede ser espontánea, como ocurre cuando se tose o defeca, o ser provocada. Determina además un aumento de la presión intratorácica e intraabdominal, que conlleva a la disminución de la frecuencia cardiaca, disminución del retorno venoso y aumento de la presión venosa. Inicialmente esta maniobra fue empleada para remover cuerpos extraños del oído y para mejorar la hipoacusia. Sin embargo, es ampliamente utilizada para aclarar síntomas o reacciones en el paciente, como para el tratamiento de la taquicardia supraventricular donde se persigue aumentar el tono vagal. También se emplea cuando existe bloqueo del oído durante el descenso de altura y en la investigación de hernias de la pared abdominal o de anomalías vasculares como el varicocele. También tiene aplicación en el buceo, donde se usa para contrarrestar un aumento progresivo de la presión de agua desde el exterior y evitar un barotrauma.

La observación la constancia e inteligencia lo llevaron a otros muchos aportes. Así es como se conocen los senos de Valsalva -o senos aórticos-, los ligamentos de Valsalva -o ligamentos auriculares- y el músculo de Valsalava -también conocido como antro mastoideo-. Con sus investigaciones contribuyó al manejo de los aneurismas, entendió la importancia de la nefrectomía a través de operaciones en animales, inventó instrumentos quirúrgicos que se utilizaron por muchos años y trabajó en diversas áreas que se conocerían posteriormente como Oftalmología, Oncología, Otorrinolaringología e incluso, Psiquiatría. En esta última, fue de los primeros en señalar que los enfermos psiquiátricos requerían de un trato humanitario para sanar.

Al igual que su profesor, Malpighi, fue muy querido por sus alumnos. Sus clases de Anatomía eran esperadas con ansias. Dentro de sus pupilos predilectos se encontraba Giovanni Battista Morgagni. Valsalva dejó sin editar muchos trabajos que publicó posteriormente Morgagni.

Una tarde de 1721, mientras se encontraba en Venecia, Valsalva discutía con Morgagni sobre un tema de interés. De manera súbita comenzó a hablar de manera extraña y no se le entendía nada de lo que decía. Este episodio duró solo algunas horas y en su análisis posterior, tuvo claro lo que le había sucedido, basado en sus estudios relacionados con la fisiopatología de los accidentes vasculares encefálicos. De hecho…, no se equivocó. Dos años más tarde, el 2 de febrero de 1723, Valsalava sufrió un accidente vascular encefálico, que le costó la vida.

No parece justo que los médicos de hoy desconozcan su historia y valoren la contribución a la Medicina. En su momento, quedó para la posteridad la gran admiración de Morgagni por su profesor, reflejada en sus propios escritos: «No hay nadie de esos tiempos que vaya por delante de él, muy pocos son sus iguales»

Bibliografía

García D, García C. Valsalva, mucho más que una maniobra. Antonio María Valsalva (1666-1723). Rev Med Chil. 2006 Aug;134(8):1065-8.

Jellinek EH. The Valsalva manoeuvre and Antonio Valsalva (1666-1723). J R Soc Med. 2006 Sep;99(9):448-51.

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Domingo 11 / septiembre / 2011

Contribuciones de Edward H. Lambert

Filed under: Epónimos — Julio César Hernández Perera — septiembre 11th, 2011 — 11:41

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El médico norteamericano Edward H. Lambert es considerado como una de las figuras en la medicina más importantes en el desarrollo de la neurología y la neurofisiología. Sus principales aportes estuvieron en la investigación y desarrollo de algunos de los conceptos actuales relacionados con los trastornos musculares y de los nervios. Su trabajo en la neurofisiología clínica permitió que se estableciera como una subespecialidad importante en el área de la neurología, por esta razón, es considerado como el «padre de la electromiografía». Realizó también investigaciones en la fisiología cardiovascular y pulmonar. Como profesor, influyó en varias generaciones de neurólogos, algunos de ellos, han sido líderes en el campo de las enfermedades neuromusculares.

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El Dr. Lambert nació en Minneapolis el 30 de agosto de 1915. Desde edad escolar, vislumbraba su marcado interés por la música y la Biología. En 1934 fue aceptado en la Escuela de medicina de la Universidad de Illinois, donde culminó sus estudios en 1938. Durante este periodo de tiempo obtuvo varios premios por sus investigaciones. Posteriormente, después de pasar una pasantía en el hospital Michael Reese junto al profesor Dr. Ernst Gellhorn, quien lo inició en la fisiología cardiovascular, inició su Doctorado en Fisiología en la Universidad de Illionis. Su tesis trataba sobre los efectos del oxígeno y el dióxido de carbono en la presión sanguínea y el sistema vasomotor, y su método para el realizar la lobectomía en perros.

En 1943 comenzó a trabajar en la Clínica Mayo y se consagró en el estudio de las causas y la manera de prevenir las catastróficas consecuencias derivadas de la pérdida de conciencia que experimentaban los pilotos durante determinadas las maniobras aéreas. Para ello diseñó un sistema manométrico para medir la presión intraarterial durante la rotación centrífuga. Él mismo se sometía a pruebas y se recoge que en 23 ocasiones perdió la conciencia y aguantó un tiempo cumulativo de 7,7 minutos de pérdida de perfusión a nivel cerebral. Por esta dedicación e investigaciones obtuvo en el año 1947 el «Certificado presidencial del mérito» y por su prestigio fue promovido en 1958 como «profesor de Fisiología».

A finales de los años 40, Lambert comenzó a realizar estudios en electrofisiología, relacionados principalmente con las enfermedades neuromusculares. Sus descripciones clásicas de conducción nerviosa, las pruebas de transmisión neuromuscular y las ondas básicas electrofisiológicas, sirvieron de base para el desarrollo del campo de la neurofisiología clínica. Su marcado interés en el estudio de las afecciones de la unión neuromuscular, encontraron su punto más destacado con la publicación de un artículo en la revista «Journal of the American Medical Association», bajo el título: «Electromiografía y estimulación eléctrica de los nervios en las enfermedades de la unidad motora». En este trabajo, conjuntamente escrito con el Dr. Lee Eaton, se describía aspectos clásicos electrofisiológicos de una nueva enfermedad, denominada como síndrome miasténico y que se asociaba en ocasiones con el cáncer de pulmón. La enfermedad es conocida en la actualidad con el epónimo de: «Síndrome miasténico de Lambert-Eaton» (SMLE) o «síndrome de Eaton-Lambert».

Durante las próximas décadas Lambert, trabajó intensamente junto a su esposa -Dra. Vanda Lennon- y otros colegas en el mismo campo de investigación. Logró establecer diferentes particularidades que ayudaban a definir con mayor claridad las características neurofisiológicas del SMLE, así como las relacionadas con otras enfermedades como: la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, el síndrome del túnel del carpo, varios síndromes miasténicos congénitos y algunas de las miopatías genéticas, tóxicas y endocrinas. Antes del desarrollo de los equipos de electromiografía, diseñó uno con similares propósitos de estudio y mediante el cual realizó grandes aportes. Por esta razón, se asevera por muchos, como uno de los fundadores de la electromiografía en los EEUU.

Las investigaciones de Lambert se caracterizaban por largas horas dedicadas en la recolección de datos obtenidos en el laboratorio, de los pacientes con enfermedades infrecuentes o raras. Siempre sus estudios fueron muy cuidadosos y meticulosos. Su capacidad para describir la fisiopatología de las enfermedades encontraba como base importante, sus amplios conocimientos y aplicación de las ciencias básicas. Tenía una habilidad extrema para hacer una síntesis de los principales aspectos recogidos en sus detalladas investigaciones.

En 1956 fue presidente de las «Asociación americana de electromiografía y electrodiagnóstico», durante 12 años sirvió como miembro consultivo editorial de la revista «Muscle & Nerve». De igual manera, fue miembro consultivo médico de la «Fundación de la miastenia gravis», desde 1973 hasta 1975; jefe de la Comisión de electromiografía y desde 1965 hasta 1969, miembro del Comité ejecutivo de la «Federación internacional de sociedades para la electromiografía y la neurofisiología clínica». En 1984, la Asociación americana de neurología lo designó miembro honorario.

Fue un hombre tranquilo, modesto, austero. Recibió la admiración de muchos de sus discípulos a quienes transmitió el amor a la ciencia y la necesidad de su aplicación cuidadosa en la búsqueda de solucionar los problemas clínicos. Murió en Rochester, Minnesota, EEUU, el 27 de julio de 2003, a los 88 años de edad.

Bibliografía

Gutmann L, Kennedy W. Edward H. Lambert, MD, PhD (1915-2003). Neurology. 2004;62:870-1.

Daube JR. Edward H. Lambert, MD, PhD (1915-2003). Ann Neurol. 2003;54:690-1.

Daube JR. Edward H. Lambert. Muscle Nerve. 2003;28:523-4.

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Lunes 5 / septiembre / 2011

Epónimos: «Enfermedad de Béguez César»

Filed under: El idioma y la medicina,Epónimos — Julio César Hernández Perera — septiembre 5th, 2011 — 7:38

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Antonio Béguez César fue un destacado médico pediatra que nació en Santiago de Cuba el 12 de marzo de 1895. Se graduó de bachiller en 1914 en el «Instituto de segunda enseñanza» de su ciudad natal. Al terminar, viajó a la capital cubana para estudiar medicina en la Universidad de La Habana. Se graduó como médico en 1919 y regresó a su Santiago de Cuba con la aspiración de obtener una plaza en el hospital «Saturnino Lora». El ansiado anhelo no pudo cumplirse en el recién graduado que buscaba un lugar para poder ejercer su profesión. Tampoco pudo encontrar trabajo en otras instituciones asistenciales de la ciudad oriental, como el «Centro gallego» y la «Clínica española».

No tuvo otra alternativa que marchar a la ciudad de Cárdenas, Matanzas. En esa otra ciudad costera, le habían ofrecido una plaza como médico por un parco sueldo. Estuvo en ese lugar hasta el año 1921, cuando a causa de la enfermedad de su madre, estuvo forzado a regresar a la ciudad que lo vio nacer. Los obstáculos prosiguieron en su vida, siempre saturada de serios problemas financieros, pero a pesar de ello, en no pocas ocasiones brindó asistencia médica sin obtener sueldo alguno. Trabajó en un pequeño hospital de «Comas» y hacía consultas privadas para su sustento y la de su familia. En 1929, junto a otros médicos, fundó en el hospital «Saturnino Lora» una sala para la atención especial de niños, todo ello, sin recibir sueldo alguno. El local contó con la caridad de las «Damas Isabelinas», quienes donaron 30 camas, mesas de cura y algunas sillas. Nació así la sala «Alberto Parreño», considerada por muchos como la semilla de la pediatría en Santiago de Cuba. A partir de este momento se había establecido en el joven galeno su verdadera pasión profesional: la atención médica de los niños.

Su intenso quehacer, dedicación y prestigio, le concedió la fortuna de rodearse de un gran número de amigos y colegas, que buscaban en aquella sala de niños enfermos, adentrarse en ese particular espacio donde se fusionaba la sensibilidad y el conocimiento científico. Su trabajo no se enmarcó solamente en el trabajo clínico, por la necesidad y las condiciones del hospital, que carecía de un servicio de Anatomía Patológica, se vio precisado a realizar las autopsias a los fallecidos, y así estudiar las causas de sus muertes.

En 1936, a golpe de sacrificio, voluntad y autoridad, se materializó unos de sus sueños de recién graduado: un empleo como médico en el hospital «Saturnino Lora», y así, la nueva posibilidad de tener un sueldo. Fue nombrado en aquel entonces como Jefe del servicio de la sala de niños.

El descubrimiento de una nueva enfermedad

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En el tiempo que se desempeñó como médico en la sala de pediatría «Alberto Parreño», aconteció un hecho que le hizo ganar una reputación nacional e internacional. Corría el año 1933, cuando atendió a un niño que procedía de una consulta privada. Por alguna razón especial, le llamó poderosamente la atención. Quizás, fue una particular sensibilidad que le provocaron los ojos tristes y la debilidad del niño gravemente enfermo. Poco tiempo transcurrió para que la muerte llenara de nostalgia el corazón del galeno que poco pudo hacer a pesar de grandes esfuerzos y agotar todas las posibilidades que tenía a su alcance. Le mortificaba haberse sentido incompetente por no poder precisar la causa de esa enfermedad mortal que tanto lo afligía.

No pasó mucho tiempo, cuando causalmente atendió a otros dos enfermos con similares síntomas y signos. Para mayor asombro, eran hermanos del fallecido. El desenlace final de ellos fue la misma y se percató al instante, que algo raro ocurría en esa familia. Dedicó entonces largas horas de estudio para determinar las causas de estas tres muertes, y se convirtió este objetivo, en uno de sus mayores retos científicos. Retomó la revisión exhaustiva de las historias clínicas y llegó a conclusiones sorprendentes. Sin temor a equivocarse refería que estaba en presencia de una misma enfermedad que hasta ese momento era desconocida. La llamó como «neutropenia crónica maligna familiar» y estos hallazgos los publicó en el «Boletín de la Sociedad cubana de pediatría» en 1943.

La enfermedad descrita era un trastorno multisistémico, metabólico y familiar, que se caracterizaba por la existencia de granulaciones anormales en los leucocitos y elevada susceptibilidad para las infecciones. Con posterioridad, en el mundo fue descrita también por los médicos Alexander Moisés Chédiak en 1952 y Otokata Higashi en 1954. Por eso, en el mundo se le conoce con frecuencia como síndrome de Chediak-Higashi o síndrome de Beguez César-Steinbrinck-Chédiak-Higashi, aunque se puede referir también como enfermedad de Béguez César. Esta afección se acompaña de una larga lista de anomalías y malformaciones como el albinismo parcial, la fotofobia y la hiperhidrosis. Puede acontecer en estos enfermos la existencia de neuropatía progresiva con debilidad muscular. Es una enfermedad genética que afecta a ambos sexos -probablemente autosómico recesivo-. Se ha reportado que puede ser vista en hijos de padres consanguíneos. Su pronóstico es malo y los niños mueren generalmente entre los 5 y 10 años de edad, asociados a infecciones o a linfomas. En la actualidad es enmarcada dentro de un grupo de enfermedades conocidas como «raras», si se tiene en cuenta que en el mundo se han reportado menos de 500 casos en los últimos 20 años.

Por la dedicación y el prestigio alcanzado, Béguez, durante la creación de la Sociedad cubana de pediatría de Oriente en 1934, fue nombrado como su primer presidente. Como tal, participó en 1935 en la «Primera jornada nacional de pediatría», celebrada en la ciudad de Camagüey. Otros aportes que hizo a la pediatría fueron: el primer reporte en Cuba -en 1936- de la enfermedad conocida como «Enfermedad de Weir-Mitchell», en 1936, y el primer reporte de craneofaringioma en niños en 1939.

Otros pasajes de la vida de Béguez

En 1940, llegó a asumir la presidencia el dictador Fulgencio Batista y entre las primeras acciones de cambio, Béguez quedó cesante de su cargo como médico del «Saturnino Lora». Pero gracias a la gestión de sus amigos de la Sociedad cubana de pediatría de La Habana se le volvió a conceder el puesto. Estas acciones se repitieron una y otra vez durante cada nuevo periodo presidencial de la época como causa de su postura e ideal, considerado en varias ocasiones como «persona desafecta al régimen». En varias oportunidades se jugó la vida al brindar su hogar como escondite de los jóvenes revolucionarios perseguidos por los esbirros de la tiranía batistiana. Se había identificado rápidamente con el ideal de lucha del Movimiento 26 de julio.

Al llegar el Triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959, Béguez tenía 64 años de edad. Fue de los pocos médicos que optó por quedarse en Cuba y apoyar a su proceso revolucionario. Ahora había encontrado una nueva motivación, siempre vinculada a la salud de los niños. Empezó a dirigir la sala de niños del Hospital provincial de Santiago de Cuba, que se había inaugurado recientemente. Estuvo en este cargo hasta julio de 1960 cuando pasó a dirigir la sala de niños del Hospital Infantil Norte (ONDI) de Santiago de Cuba.

Al cumplir 45 años de vida profesional en el campo de la pediatría fue galardonado con el Diploma de Mérito de la Sociedad cubana de pediatría y Diplona de honor, conferido por el Ministerio de Salud Pública. En el marco de la «Primera jornada latinoamericana de estudios cooperativos en Hematología», que contaba con la asistencia de delegados latinoamericanos, se le declara como descubridor de la mal llamada enfermedad de Chediak-Higashi.

Béguez murió el 11 de febrero de 1975, en su tierra natal de Santiago de Cuba, poco antes de cumplir 80 años de edad. Del legado de este gran médico cubano recordamos con orgullo sus lecciones, no haber guardado en su alcázar sus saberes y poderlo recordar para siempre como el paradigma de médico modesto y humilde para las nuevas generaciones.

Referencias bibliográficas

León Guevara A, Goyo Rivas J. Yo, Antonio Béguez Cesar, médico cubano. Rev Cubana Pediatr. 1999,71:254-8.

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Sábado 20 / agosto / 2011

Epónimos. «Enfermedad de Chagas»

Filed under: El idioma y la medicina,Epónimos — Julio César Hernández Perera — agosto 20th, 2011 — 23:41

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No son pocos los desmanes en el mundo que se asocian a la miseria y al subdesarrollo. Entre ellas, existe una que ha afectado desde tiempos inmemoriales a poblaciones de la América Latina: la enfermedad de Chagas. También conocida como tripanosomiasis americana, es transmitida por un insecto conocido como triatoma, chinche americana o barbeiro. La enfermedad ha constituido un verdadero azote para poblaciones de diferentes zonas de América Latina desde hace mucho tiempo. Así ha quedado demostrado en investigaciones realizadas a momias chilenas de 9000 años de antigüedad y en distintas crónicas escritas por los colonizadores europeos.

Como dato histórico adicional e interesante, podemos referir que el propio Charles Darwin, en una etapa de su famoso viaje en el «Beagle», describió y sufrió de las molestas picadas del insecto transmisor en una de sus exploraciones realizadas junto a los gauchos en la zona de Mendoza, Argentina. Según apuntan varios investigadores, la muerte de este célebre naturalista, acaecida el 19 de abril de 1882, posiblemente estuvo relacionada con problemas cardiacos asociados a la forma crónica de la enfermedad de Chagas, cuando aún no se conocía.

En la actualidad la enfermedad es catalogada por muchos como «desatendida», donde a pesar de los años y los avances alcanzados en las ciencias, aún está presente en varios países latinoamericanos. Sigue siendo causa de pavorosos estimados: cerca de 100 millones de personas viven con riesgo de contraerla, 18 millones están parasitados y 6 millones se encuentran afectados del corazón como consecuencia de esta afección. El padecimiento debe su nombre a un gran médico brasileño, quien fue su descubridor, el Dr. Carlos Justiniano Ribeiro das Chagas.

Inicios de la vida de Carlos Chagas

Carlos Chagas fue el primero de cuarto hermanos, nació el 9 de julio de 1879 en Oliveira, un pueblo que se encuentra al oeste de Minas Gerais, Brasil. Su abuelo paterno fue uno de los grandes hacendados de la región. Su padre, José Justiniano Chagas, compró una plantación de café y se casó con su madre, Mariana Cándida Chagas. Al cumplir su cuarto año de vida, Carlos Chagas supo del sufrimiento de un niño por la pérdida de un ser querido: quedó huérfano de padre. Entonces vio cómo su madre, con 24 años de edad, tuvo que hacerse cargo de todo para mantener a la familia. A los 7 años fue enviado a un colegio de jesuitas, en el estado de Sao Paulo. Dos años duró su estancia en esa institución porque huyó para retornar a su hogar, posiblemente angustiado por la suerte de su madre y sus hermanos por la tumultuosa situación que se vivía en el Brasil de entonces, relacionados a la firma de la abolición de la esclavitud. Conmovida por la actitud de su hijo, la madre optó por no tenerlo muy alejado de ella y decidió cambiarlo al colegio de San Juan del Rey, donde estuvo bajo la tutoría del padre Sacramentado. Este maestro inculcó en Chagas el gusto por la observación de la naturaleza, el placer de la lectura y la interpretación artística.

Al terminar este periodo de enseñanza viajó a Oro Prieto, donde matriculó por disposición de su madre en una escuela de ingenieros. Para los jóvenes que en aquel entonces disponían de holgados recursos financieros, la aspiración de ser ingeniero era apreciado como una de las máximas ambiciones, por la promesa de un sueño donde mediaba el dividendo de grandes fortunas. Pero una inesperada enfermedad quebrantó de manera abrupta la salud del joven, y con ello, su vida tomó un nuevo derrotero, hasta ese momento nunca pensado. Asociado a un déficit de vitamina B, la afección conocida como beriberi le había causado una polineuropatía periférica grave. Entonces se vio obligado a regresar a su pueblo natal, donde recibió esmerados cuidados de un tío médico, el Dr. Carlos Riveiro de Castro. Durante su convalecencia y posiblemente influido por la experiencia vivida como paciente, junto al ejemplo de la apasionante dedicación del tío en el ejercicio de su profesión, poco esfuerzo tuvo que ser necesario por parte del familiar médico para persuadirlo a abandonar la ingeniería e iniciarse como estudiante de medicina.Manifestaba su tío con gran pasión, que el país requería con urgencia, resolver sus problemas de salud para poder alcanzar la independencia económica.

Descubrió así Chagas una nueva vocación y fue capaz de convencer a su madre, quién inicialmente había sido intransigente a este cambio de carrera. Matriculó en la Facultad de Medicina de Rio de Janeiro, azotada entonces por la fiebre amarilla. Como estudiante de medicina muchos amigos y profesores distinguían en Carlos Chagas un marcado interés y capacidad para el trabajo y el estudio. Fueron virtudes que lo caracterizaría para el resto de su vida. Para atestiguar con un ejemplo tal consagración, tomamos de una de sus biografías la siguiente cita: «a pesar de que en esos años se introdujo la luz eléctrica, la dedicación de los alumnos se medía todavía por el número de velas en una noche de estudio; Carlos Chagas fue catalogado como “un alumno de dos velas”».

También por aquellos años la figura del Dr. Osvaldo Cruz, ejemplo de generosidad y desinterés, había alcanzado gran renombre porque logró erradicar la fiebre amarilla de los puertos brasileños. En 1903, Cruz fue nombrado como director de Sanidad pública, cargo desde el que reformó, en una obra titánica, la organización sanitaria de su país. Chagas tuvo la dicha de tener como profesor a este eminente médico, a quién tomó como el paradigma que necesitaba para encauzar su formación como médico. Entre el profesor, apenas siete años mayor, y el alumno, medió una gran amistad para toda la vida.

Ya graduado como médico, Chagas negó la oferta como investigador hecha por su profesor, para ingresar en el Instituto que llevaba su nombre. No se podía esperar otra respuesta del joven galeno, tanto altruismo brotaba de sus aspiraciones que accedió en su lugar, a un puesto de menor nivel en un hospital ubicado en el barrio costero de Jurujuba. Poco tiempo pasó, para que aceptara, como consecuencia de las limitaciones económicas, un ofrecimiento de trabajar para la compañía «Docas de Santos» en la prevención de la malaria. La enfermedad provocaba estragos en los trabajadores, y con ello, grandes gastos. En ese lugar desempeñó una brillante labor y con solo 26 años y elevada responsabilidad, logró realizar la primera campaña antipalúdica eficaz en Brasil. Terminada su misión, regresó a Rio de Janeiro e ingresó en el Instituto Osvaldo Cruz, donde se dedicó al estudio de los protozoarios.

En la vida de Chagas, siempre fueron sempiternos los retos. En 1908, a pesar de su señalada juventud -29 años-, Osvaldo Cruz mostró una vez más la confianza que le tenía al encomendarle la dirección de una nueva y compleja campaña contra la malaria. En esta ocasión, en el pueblo de Lassance, Minas Gerais, donde se ejecutaba una importante obra para el desarrollo del país: la construcción del Ferrocarril central brasileño. Esta empresa corría el riesgo de ser cancelada por el gran número de obreros enfermos causados por la malaria. Pero nadie podía imaginar que en ese lugar tendría lugar uno de los descubrimientos más importantes de la medicina. Ahí, en medio de una gran actividad, trabajando en un viejo vagón de ferrocarril -habitado como laboratorio, consultorio y dormitorio-, encontró al transmisor, al parásito, y describió el cuadro clínico de una nueva enfermedad. Poco tiempo después se conoció como enfermedad de Chagas.

Descubrimiento de la enfermedad de Chagas

Instalado en Lassance, una de las primeras cosas que llamó poderosamente la atención del joven médico, fue la gran cantidad de enfermos que existía en la región. Las manifestaciones no coincidían con el cuadro que se describía normalmente en la malaria. Abundaban los pacientes con insuficiencia cardiaca, arritmias, muerte súbita, convulsiones y niños con cuadros febriles prologados. En una ocasión pernoctó en el alojamiento que ocupaba uno de los ingenieros de la empresa constructora y es cuando conoció de la existencia de un insecto hematófago, que llamaban barbeiros y que abundaba en las grietas de las paredes y los techos de todas las casuchas miserables de los trabajadores y habitantes de la zona; muchas de ellas construidas de barro, caña y paja. Supo que los moradores, se quejaban de las molestas picadas causadas por esos insectos, que no pocas veces llegaban a interrumpir el sueño.

Tanto interés mostró, que decidió examinar microscópicamente el contenido intestinal de los insectos. Se percató entonces que tenían unos protozoos flagelados, muy parecidos en cuanto a su morfología y movimiento a los tripanosomas que causan la enfermedad del sueño. Quiso entonces probar en monos, si la picadura del insecto provocaba alguna enfermedad, pero no tenía las condiciones iniciales mínimas para realizar esta investigación. Por esta razón, envió triatomas al Instituto Osvaldo Cruz, con el fin de que fueran analizados e inoculados experimentalmente los protozoos en animales de laboratorio. Poco tiempo después recibió la comunicación de que los animales infectados enfermaban.

Con estos conocimientos, presentía que los hombres podían sufrir una enfermedad causada por este microorganismo, que a su vez era trasmitida a través de los triatomas. El 23 de abril de 1908 encontró el primer caso de infección en humanos. Fue hecha en una niña de dos años llamada Berenice Soares de Moura. La paciente tenía fiebre elevada, infiltración generalizada, inflamación marcada del bazo, del hígado y los ganglios linfáticos. En ella encontró los tripanosomas en la sangre. Entonces, Chagas inoculó dos cobayos y dos monos con la sangre de Berenice. Los animales expuestos mostraron al poco tiempo la presencia de tripanosomas en la sangre. Ante este hallazgo decidió repetir dos veces más el experimento, donde logró iguales resultados. Un año después, en 1909, Chagas anunció su descubrimiento en dos comunicaciones breves. En estas, describió con exquisita redacción, no solo la taxonomía y el ciclo del parásito en el hombre y en el vector, sino las características de la enfermedad aguda en tres pacientes, los métodos de cultivo, las normas de reproducción en el laboratorio y las manifestaciones clínicas. En honor a su mentor y guía en sus estudios, Chagas denominó al parásito como Schizotrypanum cruzi, más tarde sería renombrado como Trypanosoma cruzi. Este respetuoso gesto de Chagas a Cruz, fue solo una pequeña muestra del eterno agradecimiento y reconocimiento hacia su profesor.

Después de una corroboración de sus resultados, por una comisión académica médica presidida por el mismo Osvaldo Cruz, se decide en una solemne cena bautizar la nueva enfermedad con el nombre de su descubridor. Por este descubrimiento recibió el 22 de junio de 1912 el primero y uno de los más preciados merecimientos internacionales, el «Premio Schaudinn» al mejor trabajo de parasitología y medicina tropical, otorgado por aquel entonces cada cuatro años, por uno de los más prestigiosos centros: el Instituto de Medicina Tropical de Hamburgo, Alemania. Se debe reconocer, que en aquella oportunidad optaban por el galardón cuatro prestigiosos Premios Nobel.

A partir de este momento empezó a ser reconocida la eminencia de Chagas y fue colmado de honores y amistad con grandes científicos. Fue nominado dos veces a Premio Nobel de medicina. La primera vez en 1913, y la segunda en 1921; pero nunca le fue concedido por razones que aún en la actualidad parecen muy oscuras y que en otros momentos de la historia de nuestro continente se han repetido. El hecho inédito de que una misma persona logre descubrir el ciclo completo de una nueva enfermedad que afectaba a pueblos enteros, desde el parásito causante, hasta el ciclo biológico, la descripción clínica y los insectos transmisores, hacían más que lógica la expectativa de su premiación. Sin embargo, pudo influir la razón de ser latinoamericano, junto a la presión que hacían ciertas influencias de grupos opuestos y resentidos, que cuestionaban la existencia de la enfermedad de Chagas.

Pero no importó que se objetara su Nobel, su nombre fue desde entonces muy distinguido por la comunidad médica mundial y fue colmado de distinciones como: Caballero de la Orden de la Corona de Italia, Caballero de la Honra de la Legión de Francia, Comendador de la Orden de la Corona de Bélgica y Comendador de la Orden de Isabel la Católica, entre otros. Asumió con gran éxito, responsabilidades importantes, como la de director del Departamento de salud en Brasil y la dirección del Centro Internacional de Leprología en Rio. Tras la muerte de su mentor en 1917, aceptó la dirección del Instituto Osvaldo Cruz, un cargo que mantuvo hasta su muerte. Creó una escuela de enfermería y fue fundador del concepto de medicina sanitaria. Un año antes de su muerte, ante una generación de médicos graduados, había destacado: «Señores, las aplicaciones prácticas de la higiene y de la medicina tropical han destruido el prejuicio de un clima fatal; el método científico ha conquistado la insalubridad de los trópicos».

Carlos Chagas murió el 9 de noviembre de 1934 en Rio de Janeiro, como consecuencia de un infarto cardiaco a los 55 años de edad. La historia de la vida de este científico latinoamericano es una lección de sencillez, humildad, modestia y consagración. Fue ejemplo de inteligencia puesta al servicio de los desposeídos, sus estudios abrieron inmensos campos de la investigación y descubrieron una tragedia continental que aún persevera en la actualidad. Contó su hijo, que el día antes de su muerte había trabajado hasta pasada la media noche en una conferencia que debía dar en la fatídica fecha de su muerte, sobre un tema que conocía mejor que nadie…: «la enfermedad de Chagas».

Fuentes bibliográficas
Moncayo A. Carlos Chagas: biographical sketch. Acta Trop. 2010 Jul-Aug;115(1-2):1-4.
Schapachnik E, Riera AR, Dubner S, Filho CF, Uchida AH, Ferreira C. Dr. Carlos Justiniano Ribeiro das Chagas (1879-1934): A giant of the Third World. Cardiol J. 2009;16(6):592-3.

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Jueves 11 / agosto / 2011

Epónimos. «Fijador Externo-Compresor de Charnley y artroplastia de baja fricción, según Charnley»

Filed under: Epónimos — Julio César Hernández Perera — agosto 11th, 2011 — 22:09

quijote-picaso-01-hProf. Mérito DrCs. Alfredo Ceballos Mesa.

Sir John Charnley (1911- 1982) introdujo en 1948 el fijador externo de compresión progresivo en forma de marco, formado por dos clavos de Steinman transfixantes -proximal y distal al foco de lesión- que se unen, en el plano frontal a dos barras -una a cada lado- por contacto directo, lo que permite que por simple paso de rosca provoquen compresión.

Inicialmente diseñado para artrodesis de rodilla, cuando es necesario solucionar problemas de inestabilidad o dolor articular intenso provocado por distintas afecciones que no responden a tratamientos habituales, ha ampliado su acción a otras articulaciones y fracturas.

En 1961 introdujo la técnica de artroplastia de cadera con prótesis total a la que llamó «de baja fricción» entre los componentes femoral y acetabular. Trató así de acercarse lo más posible al bajo coeficiente de fricción de la articulación normal. Ya que la operación no puede ser solamente la sustitución de los componentes articulares, sino y más importante, reconstruirlos.

Su concepto comprendía:

  • Cómo restaurar la cadera alterada anatómica y funcionalmente.
  • Cómo diseñar superficies artificiales durables.
  • Cómo fijar los implantes al hueso restante, después de quitar el dañado

Para ello diseñó una prótesis total, que lleva su nombre -prótesis de Charnley-, cuyo acetábulo se confeccionaba en teflón. Más tarde, debido a la poca resistencia del teflón y su desgaste en forma de partículas que provocaban osteolisis, las confeccionó de polietileno de alto peso molecular. Para el segmento femoral se introdujo un vástago con cabeza fija no modular, ambos de acero inoxidable.

Para hacer durable ambos implantes manteniendo íntimo contacto con el hueso, fue el primero en utilizar el cemento acrílico de metil-metacrilato, que al fraguar despide cierto calor, se enfría espontáneamente y se adhiere de manera parcial al hueso esponjoso acetabular y canal medular. Se creaba así, un relleno de material insoluble, que garantiza la estabilidad de los componentes protésicos por tiempo indeterminado.

Vida y obra de John Charnley

john-charnley-cgHijo de padre farmaceútico y madre enfermera, John Charnley nació el 29 de agosto de 1911, en Bury, Condado de Lancashire, Inglaterra. Estudió en «Bury Grammar School», donde su director lo consideró potencialmente brillante para la carrera de medicina.

En 1935, obtuvo el grado de Doctor en medicina en la Universidad de Manchester, con el mérito de haber sido el primer expediente de su curso. Optó y obtuvo el grado de «Fellow of the Royal Collegue of Surgeon» -Asociado del Colegio de Cirujanos-, que lo acreditó como cirujano británico al año siguiente.

Inició su vida, como tal, en el «Manchester Royal Infirmary» y en el «Jalford Royal Hospital». Un año se dedicó a estudiar Fisiología en el «Colegio real de Londres». En 1939, al iniciarse la Segunda guerra mundial, pasó de inmediato al cuerpo médico de la Armada real, donde permaneció hasta el final de la misma, en 1945.

Su dedicación a la Ortopedia y la Traumatología se originó en el «63 hospital del Ejército inglés», en Heliópolis, Egipto, bajo la influencia de Brian Thomas Jefe de Ortopedia. Su intelecto mecánico y capacidad de diseño fisiológico, hizo, que estando en dicho centro, hiciera su primer invento: una modificación a la ortesis o caliper de Thomas, que permitía adaptarla a cualquier lesionado y facilitar la deambulación.

Terminada la guerra, completó su entrenamiento ortopédico en el «Robert Jones and Agnes Hunt Orthopedic Hospital», en Oswestry. En 1947 retornó a Manchester. Comenzó sus investigaciones sobre los aspectos fisiológicos de la artritis de rodilla, producto de lo cual desarrolló su «fijador-compresor externo» para la artrodesis de rodilla. Esta, se basada en un contacto amplio del hueso esponjoso metafisario femoral y tibial a nivel de unas superficies de corte paralelas, mantenidas bajo compresión por el fijador externo.

Habiendo comenzado la práctica Clínica en 1948, su publicación en el libro «Artrodesis por Compresión», editado en 1953, y donde mostraba resultados favorable de artrodesis en el 88% de sus pacientes en el plazo de 8 semanas, hizo que se popularizara este proceder en todas las grandes articulaciones afectadas por severas deformidades, en tuberculosis articular, artritis severas y otras infecciones.

El Profesor Alberto Inclán Cosca la introdujo en Cuba al año siguiente. En la actualidad mantiene su valor de uso en especial en secuelas irreversibles de infecciones articulares para dejarlas rígidas y curar la infección.

A su regreso a Manchester trabajó como docente en su Universidad. Bajo la dirección del famoso ortopédico Sir Harry Platt, en 1950 comenzó a trabajar en el «Hospital de Wrightington», alternándolo como cirujano consultante del «Royal Infirmary», al retiro de Sir Harry en 1952.

Habiendo sido un persistente soltero dedicado a su trabajo, en 1957 se casó con Hill Heaver. Charnley publicó más de 100 trabajos científicos, muchos de ellos firmado solo por él. Su libro «Tratamiento cerrado de las fracturas comunes» -Editorial Livingstrone 1950-, constituyó un éxito, basado en el sencillo método y la observación de los más pequeños detalles en el tratamiento conservador de estas lesiones.

Mientras desarrollaba su trabajo diario, estudiaba la realización de artroplastia de cadera con otros materiales que no fuera el metal, como las de Mackee-Farrar, en uso en esos momentos. Estudiaba además, las propiedades de los plásticos adhesivos y lubricantes en las articulaciones artificiales. De ahí surge la artroplastia de baja fricción, donde inicialmente sustituye el segmento acetabular por una capa de teflón (1961). Sus hallazgos sobre la interfase cemento de metilmetacrilato hueso-prótesis en la cadera, junto a 43 imágenes radiográficas de 455 caderas operadas, lo hacen concluir en 1964 que el cemento mantiene bien la fijación de la prótesis pero el teflón en su desgaste por fricción y cargas de peso es el causante de las osteolisis y aflojamiento de las prótesis.

Su honestidad de genio, lo hace suspender las artroplastias con teflón y así lo comunica al mundo. En 1972 introduce el polietileno de alto peso molecular, el cual en la actualidad ha sido sustituido por el de ultraalto peso molecular, menos cristalino y menos denso, pero más resistente al desgaste y de mejores resultados.

Posteriormente se cambiaron metales, cerámicas, variadas formas, distintos diámetros de cabeza y vástago; aparecieron las prótesis modulares, se usan las no cementadas colocadas a presión o roscadas y otras copias más, llegando en la actualidad a 350 modelos, según investigaciones de la Universidad de Harvard. Pero es reconocido que Charnley dejó una operación que todavía hoy es la más efectiva en aliviar el dolor y restaurar la función del paciente coxoartrósico

Pero la artroplastia de cadera requeriría más esfuerzos de la sabia mente de Charnley, ya que, al introducir más de tres distintos materiales en el organismo, en el curso de un acto operatorio prolongado, existe un alto riesgo de infección. Él aseveraba que la infección es exógena, es decir, las bacterias y detritus flotaban en el aire contaminado de los salones de operaciones, mientras más personas y más hablan, mayor cantidad de bacterias son movilizadas, le decían las placas de Petrie colocadas en el interior del salón como parte de sus investigaciones.

Por ello, fue el primero en usar la corriente de aire laminar como flujo, para cambiar el medio ambiente del salón de operaciones haciéndolo más limpio y aséptico, para lograrlo hacía pasar el aire por un sistema de filtros con una efectividad del 99,9% de remover partículas de hasta 0,3 micras. Demostró además, que este flujo de aire, casi estéril, debería circular en sentido vertical para evitar crear turbulencias al chocar con cirujanos y mobiliario de hacerlo de manera horizontal. A partir de ello se crearon los trajes con técnicas y cascos con visibilidad en interior de los cuales se inyecta aire a presión, pasado por filtros, para evitar así el contagio externo de la herida. Al publicar sus resultados con este procedimiento, demostró la reducción del 8% al 1% en las infecciones de sus pacientes.

Sir John murió el 5 de agosto de 1982, a los 71 años y en el esplendor de su celebridad, sus méritos hacen que muchos de sus coetáneos lo reconozcan como «El más destacado Ortopédico del siglo XX».

Referencias:

  • Charnley J. Compresión Arthrodesis,,Ed E y S Livingstone Londres 1953.
  • Charnley J. Arthroplasty of the hip. A new operation Lancet 1961. 1:1129-1132
  • Charnley J. A C.L.E.AN- Air Operating Enclosure. Br.J.Surg. 1964: 51: 202-205
  • Charnley J. Acrylic Cement in Orthopaedic Surgery. Baltimore 1970 the Williams and Wilking Co.

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Domingo 31 / julio / 2011

Epónimos: «El sistema y el alfabeto Braille»

Filed under: El idioma y la medicina,Epónimos — Julio César Hernández Perera — julio 31st, 2011 — 11:52

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

En una modesta casa de la pequeña villa francesa de Coupvray, nació el 4 de enero de 1809 un niño que encontró en su hogar todo el cariño y la atención desmedida de una familia. Se llamó Louis Braille, tenía un carácter dulce e introvertido, y era el menor de cinco hermanos. Mediante su principal invento, el sistema de lectura para los ciegos que lleva su apellido, lograría un método que permitió la equidad del acceso a la educación entre videntes y ciegos, cosa que parecía insólito en aquel entonces.

Fue a los tres años de edad cuando empezó a conocer la dureza de la vida que afecta a un invidente. Su padre, Simón René Braille, mantenía la tradición familiar como talabartero. Siempre acompañado por sus hijos mientras trabajaba en su taller, en una ocasión, en un breve descuido el joven Louis se clavó en el ojo derecho una lezna, posiblemente mientras imitaba las labores que hacían su padre y un hermano. La herramienta punzante y con mango de madera había saltado accidentalmente de sus pequeñas e torpes manos y no perdonó en el instante la vitalidad del órgano de la visión. Pero otro infortunio, aún más dramático, le acechaba: en aquellos tiempos, no se conocían recursos médicos para extraer de manera adecuada el ojo afectado y tampoco los antibióticos. Como era de esperar, adquirió una infección muy severa que afectó a ambos ojos y así fue como a los cuatro años de edad ya había quedado ciego.

El niño no encontró momentos para ser marginado, todo lo contrario, a pesar de la humildad en que se desarrollaba su mundo y el poco nivel cultural que le rodeaba, recibió todo el apoyo afectivo y el sentido común de la familia y vecinos. Guiados por una correcta intuición, los padres siempre trataron de que se sintiera igual que los demás y por eso actuaban con mucha naturalidad. A pesar de ser difícil para ellos, evitaron la sobreprotección. Lo alentaron a que aprendiera a leer y le daban absoluta autonomía para que fuera y viniera libremente por las casas del vecindario. Rápidamente aprendió a orientarse través de los reflejos que ejercitaba diariamente con los pequeños y rítmicos golpes que provocaba con un tiento de madera, que su padre le había fabricado. Así se preparaba para la cruel vida que tenía por delante.

El propio padre enseñó a leer a su hijo con tachas de tapicero que formaban el contorno de las letras sobre una madera o sobre un pedazo de cuero. Los pequeños dedos de Louis recorrían esas formas hasta aprender letras y palabras. No obstante, por más empeño que pusieran resultaba imposible darle la formación que necesitaba. Por esa razón los Braille enviaron a su hijo ciego de nueve años de edad a la escuela de la villa. Su maestro, Antoine Bécheret, se sorprendió de las condiciones intelectuales y el deseo de aprender del niño. Su rendimiento fue muy bueno, a pesar de que su aprendizaje fue totalmente oral.

De estudiante a maestro

Históricamente las personas sordas y ciegas tenían como principal alternativa para subsistir, ser mendicantes. Sin embargo, en aquel entonces Francia transitaba por momentos donde perseveraban grandes cambios dentro de la sociedad, que previamente tuvieron su punto de mayor significación con la Revolución de 1789. La situación fue favorable para que pequeños grupos rechazados socialmente accedieran a la educación. En ese contexto había sido fundado en 1784, por Valentin Haüy, un lugar donde se inició la educación colectiva de los ciegos, conocido como el Instituto Real de Jóvenes Ciegos de París.

Antoine Bécheret, tenía noticias de la existencia del Instituto y pensó que sería una magnífica oportunidad para su alumno predilecto. El problema radicaba en que la familia no tenía recursos para hacerse cargo de los gastos. Pero con la caridad y el apoyo de una aristócrata que vivía en las cercanías, se logró la beca. Su recomendación constituyó además un aval imprescindible, como consecuencia de ciertas exigencias, entre ellas: que no se tratara de un mendigo, de un desposeído o de alguien con malos modales.

El 15 de enero de 1819, Braille fue admitido en el Instituto, aunque su ingreso se produjo un mes después. En aquel entonces, la solución que se buscaba para el aprendizaje de la lectura, era la de reproducir las letras en altorrelieve, para así lograr que los alumnos leyeran al tacto. Además, se incorporaba la enseñanza de la música y de manualidades.

Las condiciones ambientales y sanitarias del Instituto eran precarias. Se hallaba en un edificio antiguo que previamente había sido cárcel, ubicado en una zona de mala reputación. Tal era la situación, que al hablarse de este centro y su alumnado, se hacían referencias a la palidez y a lo desmejorado que lucían la mayoría de los jóvenes. Como era de esperar, el niño de 10 años sufrió mucho el cambio de vida: todo aquello no se parecía en nada al ambiente de su familia y a la ternura que hasta ese momento había recibido. Fue también en este entorno donde posiblemente contrajo una enfermedad que lo acompañó y finalmente lo abatió. Sin embargo, en estas pésimas condiciones, igualmente los alumnos aprendían y con el tiempo, hasta tomaban cariño por su centro educacional.

Poco a poco Braille se fue adaptando a la nueva vida, y como alumno demostró gran avidez por aprender y obtuvo diferentes premios por su rendimiento. Con el tiempo, de alumno se convertiría en maestro, donde trabajó intensamente hasta dar forma definitiva a su sistema de lectura y escritura.

En el Instituto, Braille también aprendió a escribir a lápiz para comunicarse con los videntes: usaba moldes que contenían las letras vaciadas por cuyos bordes había que deslizar el lápiz. Con similar habilidad adquirida para la lectura de las letras en altorrelieve, aprendió matemática y geografía.

En 1823, siendo un joven de 14 años de edad, le nombraron ayudante del maestro del taller de calcetines. Ocupó este cargo hasta 1827 siendo así, alumno y maestro-ayudante a la misma vez. En 1828 su vida tuvo un nuevo cambio: se le nombró repetidor, pasando a actuar como un profesor a los 19 años de edad. Se le describía como un buen docente y muy poco partidario de los castigos corporales, muy frecuentes en aquellos tiempos.
Nunca se frustró por falta de oportunidades, las tuvo y las supo aprovechar para sí y para los demás. Enseñó más de una materia y preparó especialmente algunos manuales de historia y aritmética para sus alumnos. Particularmente resultó muy útil su compendio de aritmética para uso de los principiantes. Además de enseñar a los ciegos, enseñó a niños videntes que matriculaban en el Instituto para darles instrucción. Todo ello, a cambio de cierta cooperación que prestaban a los jóvenes ciegos: guiarlos, leerles y escribirles correspondencia.

La idea del nuevo sistema de lectura para ciegos

louis-braille-hPero existía una dificultad con la lectura en altorrelieve: se hacía lenta y engorrosa. Las letras comunes estaban dirigidas en sentido de la vista y no del tacto, por eso, más que leer, los invidentes deletreaban. Era este un incentivo para la búsqueda de un nuevo sistema que se adecuara a los ciegos.

En abril de 1821 Braille conoció a Charles Barbier de la Serre (1767-1841), un capitán de artillería, ya retirado, que había desarrollado un sistema conocido como «escritura nocturna». Este sistema fue presentado en el Instituto con la idea de que fuera empleada por los alumnos. Al joven Louis se le abrió un mundo de posibilidades al conocer el sistema de Barbier.

Barbier había desarrollado su método cuando se encontraba en el ejército, con el objetivo de poderse comunicar en la oscuridad y burlar al enemigo. Presentaba como virtudes: el empleo del punto como elemento clave en la captación táctil y no utilizaba la letra común, sino que creaba otras representaciones. Pero tenía también inconvenientes: no era un alfabeto, sino una representación de grupos de sonidos que no contenía los signos de puntuación u otros elementos necesarios para la escritura completa. Además, su base contaba con 12 puntos, que permitía la astronómica cifra de 4096 combinaciones; demasiado compleja.

Después de mucho estudio del sistema de Barbier, creó un sistema más adecuado para la lectura de los ciegos. Este sistema sufrió varias modificaciones que fueron realizadas por el mismo Braille y que la perfeccionaban con la ayuda de las opiniones de los propios ciegos del Instituto. La primera versión del sistema la presentó cuando tenía 16 años. A ello dedicó muchos años de vida. Antes de cumplir 30 años de edad, Louis Braille presentaba el mundo el sistema como lo conocemos hoy. Había logrado resolver el insoluble problema de idear un sistema que psicológica, estructural y fisiológicamente se adecuara a las características del sentido del tacto. El triunfo del sistema se debió, entre otras cosas, a que el signo braille estaba compuesto por un máximo de seis puntos que se adapta perfectamente a la captación táctil. La yema del dedo lo aprehende en su totalidad y lo transmite como un todo, como una imagen, al cerebro. El sistema presentaba todas las letras del alfabeto, los números, los signos de puntuación y los símbolos para la aritmética. Ya se podía transcribir cualquier texto con fidelidad y precisión.

Es admirable la modestia del joven ciego. En las ediciones de sus libros, siempre reconocía a Barbier como el promotor de la idea del sistema que presentaba, aun cuando muchos sabían que su sistema superaba en mucho al del capitán.

La enfermedad

La humanidad tuvo el infortunio de que Braille muriera joven como consecuencia de la tuberculosis. Como a otros muchos grandes hombres de la época, acortó su vida útil. Los primeros síntomas los tuvo cuando solo tenía 26 años. Viajó entonces a Coupvray para reponerse. Quizás de ese período provenga la imagen que de él dejaron varios agricultores del lugar. Parece que, al encontrarlo en el jardín de su casa, escribiendo con regleta y punzón, decían: «¿Qué haces ahí con tanto picoteo?».

Mejorado temporalmente regresó al Instituto. Pero en 1844 una nueva y violenta hemorragia, lo obliga a abandonar el profesorado. En 1847 tuvo una recuperación y retomó algunas de sus clases. Por esos años su sistema comenzaba a usarse cada vez más en el Instituto. Pero el mal avanzaba más y más. Cuanto más se reconocía y valoraba su talento y su invención, se aproximaba la muerte que le impidió disfrutar del merecido reconocimiento. En 1850 su estado de salud se agrava de tal manera que decide renunciar y pidió que lo jubilaran.

El 6 de enero de 1852, a las 7.30 de la tarde, rodeado de alumnos y compañeros del Instituto, dejó de existir quien por su espíritu, su creatividad y su fe en los demás, nunca dejó de ser el joven Louis. Tenía al morir 43 años de edad y los restos, reclamados por su madre, fueron trasladados a Coupvray. Un siglo más tarde, el 21 de junio de 1952, fue trasladado al Panteón de hombres ilustres de Francia. En Coupvray, en una pequeña y modesta urna de mármol, quedaron para siempre sus manos.

En el Panteón, Louis Braille descansa en el cuerpo número 25. Junto a él, en el cuerpo 24, descansa otra gloria de Francia: Víctor Hugo. En el registro se dice de Louis Braille: «La Nación lo ha reconocido como benefactor de la humanidad en el centenario de su muerte».

En 1949, la Unesco reconoció el sistema braille como lenguaje universal. En la actualidad, a pesar del desarrollo tecnológico, el sistema mantiene su actualidad, y como se ha podido ver, toda la vida de Braille giró en torno a la comunicación, en aras de lograr que las personas ciegas no vivieran aisladas en la oscuridad.

Bibliografía

Jiménez J, Olea J, Torres J, Alonso I, Harder D, Fischer K. Biography of louis braille and invention of the braille alphabet. Surv Ophthalmol. 2009 Jan-Feb;54(1):142-9.

Bullock JD, Galst JM. The story of Louis Braille. Arch Ophthalmol. 2009 Nov;127(11):1532-3.

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Martes 7 / junio / 2011

Epónimos: «La célula y la tinción de Cajal»

Filed under: Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — junio 7th, 2011 — 20:51

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quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera.

El Dr. Santiago Ramón y Cajal puede ser colocado en ese pedestal que destaca a los científicos más rememorados en la historia de la medicina, y reconocido como la cabeza de la llamada «Generación del 80» o «Generación de los sabios». Especializado en Histología y Anatomía Patológica, creyó que lo único malo era carecer de ideales y someterse a las contingencias de la vida práctica e inmediata, renunciando a la posibilidad de la perfección moral.

Por su contribución en la comprensión de la estructura del sistema nervioso y la revolucionaria teoría denominada como «doctrina de la neurona», obtuvo en 1906 el «Premio Nobel en fisiología y medicina». Fué el primero que se otorga compartido, en este caso con el italiano Camilo Golgi, creador de una técnica de impregnación argéntica que lleva su nombre y empleada para el estudio del sistema nervioso.

ramon-y-cajal-01-cgRamón y Cajal nació el 1 de mayo de 1852 en el pequeño pueblo de Petilla de Aragón, Navarra, España. Su padre, de quién recibió la mayor influencia, fue médico cirujano y tenía un carácter muy demandante y exigente. Su infancia estuvo caracterizada por continuos cambios de residencia y se vislumbró desde pequeña edad su temperamento fuerte, travieso y rebelde. Por esta razón, se ganaba con mucha facilidad la enemistad entre los frailes que le impartían clases, que a su vez, empleaban métodos violentos y autoritarios. Se convirtió en un gran atleta y se le podía reconocer con mucha facilidad un interés especial por los fenómenos de la naturaleza, así como aptitudes para las artes plásticas -especialmente para el dibujo-, la literatura, la fotografía y el ajedrez. Una vez terminado el bachillerato, empezó a estudiar Medicina en la Universidad de Zaragoza; más por orientación del padre que por vocación.

La huella de Cuba en Cajal

En 1873, a la edad de 22 años, terminó la carrera y mostraba solo interés por la Anatomía y la Fisiología. En esta época, España atravesaba por una circunstancia política muy caótica: Se encontraba inmersa en guerras por mantener sus colonias. Así, estuvo forzado a ingresar en el Servicio Militar Obligatorio, donde obtuvo plaza de «médico segundo» -teniente- de Sanidad Militar. Pasó a Cataluña con el Regimiento de Burgos hasta abril de 1874 en que, ya con el cargo de capitán médico, salió en comisión de servicio a Cuba, donde acontecía la «Guerra de los 10 años».

A su llegada a la Isla, se sintió atraído por la vegetación y el clima tropical, pero al poco tiempo sufrió por los rigores y la adversidad que le imponía la manigua cubana. Después de rehusar la gestión de su padre para una ubicación mejor, fue enviado al peor destino: El centro de la provincia de Camagüey. En aquellos momentos, las tropas españolas sufrían mucho por el paludismo y la disentería, y como era de esperar, Cajal las contrajo. Estas enfermedades provocaron el quebrantamiento rápido de su salud, y el ideal romántico y aventurero que se había formado antes de salir de la península Ibérica. Llegó a alcanzar un estado de caquexia tan importante que lo llevó finalmente a ser trasladado a la enfermería de San Isidro, aún más insalubre que las que había estado anteriormente. Es sabido que también fue un momento difícil para el entonces joven galeno, quién se enfrentó también en varias oportunidades a la corrupta administración militar española: El caos en la intendencia militar, junto a la inmoralidad e incapacidad de ciertos mandos del ejército, llevaban a que no existiera coto en el desvío de comida y otros recursos que debían ser destinados para los enfermos y heridos de guerra.

Todas estas amargas experiencias lo condujeron a solicitar su licencia para abandonar Cuba, que finalmente tras difíciles trámites, fue conseguida en mayo de 1875. Fue declarado por su estado de salud como: «inutilizado en campaña». Volvió a Zaragoza para recuperarse, con la ayuda y los cuidados desvelados de su madre y sus hermanas.

Poco tiempo después de pensar que ya estaba curado, mientras comía junto a un amigo en un café ubicado en el centro de Zaragoza, tosió con sangre. Entonces se dio cuenta que estaba enfermo de tuberculosis. Nuevamente, atemorizado por el manto de la muerte y el sufrimiento que acompaña a las enfermedades, decidió después de su segunda convalecencia, sacar todo su esfuerzo en aras de hacer por la vida.

Inicios de su vocación investigadora

Recuperado de todas su enfermedades, se presentó a los exámenes de oposición en la Facultad de Medicina de Valencia. Allí se desempeñó como profesor de Anatomía e Histología. Enfrentó en esa ciudad una epidemia de cólera como higienista y logró controlar la enfermedad. Por ese logro, la cámara de diputados de Valencia le obsequió un microscopio alemán marca Zeiss, lo que causó en él una gran alegría y fue de gran utilidad en su carrera. Viajó posteriormente a Madrid para doctorarse y allí conoció al neuropsiquiatra Luis Simarro, quien le enseñó las técnicas de preparación de tejidos cerebrales mediante impregnación argéntica, diseñada a su vez, por Camillo Golgi.

A su regreso a Valencia comienza a investigar con la tinción de plata. Poco tiempo después se traslada a Barcelona, donde había conseguido por oposición una plaza de profesor, y es en este lugar donde comienza realmente su vida como investigador del sistema nervioso. Se dio cuenta del poder que tiene en sus manos con la tinción de Golgi y experimenta con varias concentraciones. Llegó a la conclusión de que si el tejido nervioso se sumergía dos veces en la solución de bicromato de potasio y en la de nitrato de plata, las tinciones de las células nerviosas se observaban con mayor precisión. Esta modificación del método de Golgi se conocería a partir de ese momento como «doble impregnación argéntica» o con el epónimo de «tinción de Cajal». También inmortalizamos su nombre con otro epónimo: «célula de Cajal»; referida a las células del estrato más superficial de la corteza cerebral, que presentan dos o más prologaciones cilindraxiales y conocidas también como astrocitos.

Gracias a estos avances, Cajal pudo realizar otros aportes en el estudio del sistema nervioso. Mediante detalladas observaciones microscópicas, poco tiempo le tomó llegar a una interpretación acertada, relacionada con la significación funcional del sistema nervioso. Dedujo que las neuronas son estructuras independientes, las dendritas reciben los impulsos y los axones lo transmiten. Se insertaba de esta manera la ley de la polaridad dinámica, capaz de explicar la transmisión unidireccional del impulso nervioso. Se impugnaba así la hipótesis que hasta ese momento se aceptaba: «las neuronas estaban anastomosadas». Todos estos conocimientos básicos llevaron a constituir las bases científicas de los postulados que hasta hoy tienen plena vigencia: «la doctrina de la neurona». Teoría que fue reconocida en 1889 durante el «Congreso de la Sociedad anatómica alemana», celebrado en Berlín.

En 1892 ocupó la cátedra de Histología e Histoquímica normal y Anatomía patológica de la Universidad de Madrid. Logró que el gobierno creara en 1902 el Laboratorio de investigaciones biológicas en el que trabajó hasta 1922, momento en que pasa, hasta su muerte, al Instituto Cajal. Falleció el 17 de octubre de 1934 en Madrid.

La vida de este médico fue también fértil en otros campos de la sociedad, dejó un legado ético y científico para las nuevas generaciones. En uno de sus pensamientos señaló:

«Los grandes hombres son, a ratos genios; a ratos niños, y siempre incompletos.»

Bibliografía

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