Howard Taylor Ricketts y las rickettsias

Posted at — Julio César Hernández Perera — diciembre 10th, 2011 — 17:53 under Epónimos,Historia de la medicina

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

Al hablar de enfermedades por rickettsias remontamos nuestros pensamientos a un grupo integrado por una amplia variedad de entidades clínicas causadas por microorganismos de la familia Rickettsiaceae. Las rickecttsias tienen características comunes como: ser parásitos intracelulares obligados y multiplicarse en una o más especies de artrópodos, igual que en los animales y el hombre. De hecho, la mayoría de estos gérmenes se perpetúan en la naturaleza, gracias a un ciclo en el que interviene un insecto vector y un animal reservorio. Son varias las enfermedades asociadas a las rickettsias, clasificadas en tres grupos principales: fiebre manchada, tifus y otras rickettsiosis.

Dentro de estos grupos podemos encontrar enfermedades como la fiebre Q, la fiebre manchada de las Montañas Rocosas, la fiebre botosa, el tifus epidémico, el tifus murino, etc. De todas estas, el tifus epidémico ha sido catalogado como una de las grandes pestes del mundo, ya que pocas enfermedades como esta, han influido de manera negativa en la civilización humana. Tal denominación nunca podrá ser arrancada como una página negra de la historia, vinculadas sobre todo a las muertes y los sufrimientos durante las guerras, el hacinamiento de grandes poblaciones, la miseria y las necesidades.

Pero como sucede con cada hecho de la vida, una historia -en ocasiones pocas veces conocida y con tendencia a pasar al olvido- la acompaña. En este caso estamos obligados a evocar al Dr. Howard Taylor Ricketts, quien bien pudiera colocarse en el zócalo que enaltece a los microbiólogos más trascendentales en la historia de la medicina.

howard-taylor-ricketts-02-cgNació el 9 de febrero de 1871 en Findlay, una villa ubicada en el condado de Shelby, Illinois, Estados Unidos. Matriculó en la Universidad de Northwestern en 1890. Cuatro años más tarde, ingresó en la Escuela de Medicina de la misma Universidad, donde su mentor, Walter H. Allport, lo ayudó a obtener un empleo en el museo médico de ese centro de altos estudios. Alcanzó el título de Doctor en medicina en 1897 y desde diciembre de ese año hasta junio de 1899, pasó una pasantía en el hospital del condado de Cook. En ese lugar trabajó junto a Ludvik Hektoen, posteriormente reconocido como un gran bacteriólogo dedicado al estudio de los estreptococos. Después de este periodo, aceptó una beca en patología dermatológica en el Colegio médico de Rush, con el fin de estudiar la blastomicosis.

En 1900 viajó a Europa donde estudió en Berlín, a sugerencia de Hetkoen. Con posterioridad, se dirigió al famoso Instituto Pasteur de París. En estos lugares, Ricketts perfeccionó sus técnicas de laboratorio y desarrolló un importante interés por la microbiología teórica.

En 1902 fue designado asistente en el Departamento de patología y microbiología de la Universidad de Chicago. En este lugar desplegó, hasta 1904, varios estudios relacionados con la blastomicosis. En 1904 fue nombrado asistente de John M. Dodson, quien fungía como decano de la Universidad médica. En 1907 pasó a ser profesor por un periodo de cuatro años.

Es muy reconocido el encomiador trabajo desarrollado en el área de la inmunología durante esta última etapa de su vida. Estas investigaciones le sirvieron para realizar varias publicaciones en la prestigiosa revista «Journal of the American Medical Association». Ulteriormente, estos trabajos fueron compilados y publicados en una obra titulada: «Infección, inmunidad y terapia sérica».

Fue también es en este periodo de tiempo donde tuvieron lugar sus mayores aportes a la medicina mundial. Ricketts será por siempre recordado por ser el descubridor del agente etiológico y la vía de transmisión de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas y del tabardillo.

Ricketts y la fiebre manchada de las Montañas Rocosas

En 1906 empezó a mostrar un especial interés en una enfermedad de la que no se conocían sus causas: la fiebre manchada de las Montañas Rocosas. Por esta razón, viajó al estado de Montana para estudiar la enfermedad, que en aquel entonces era causa importante de muertes. Según datos de la época, se estimaba una mortalidad de más del 80 % para quienes la sufrían.

A su llegada a Montana, centró sus estudios en los animales afectados y en los pacientes que eran víctimas de la enfermedad. Le extrañaba de sobremanera la incapacidad de demostrar la presencia del agente causal de la enfermedad en los medios de cultivos. Por esta razón, recurrió a la investigación mediante la inoculación de animales. Logró transmitir la enfermedad en conejillos de indias y en monos, donde encontró agentes específicos en la sangre, posibles causantes de la afección. También logró demostrar cómo la enfermedad podía transmitirse a través de la picada de un insecto conocido como garrapata de madera (Dermacentor andersoni). Entonces, no fue difícil sospechar que este mecanismo de transmisión podía acontecer de forma natural en las regiones de Montana e Idaho.

Con el tiempo, se pudo descubrir que la garrapata podía ser, a su vez, víctima de la infección: el germen era capaz de proliferar dentro del insecto. También se pudo declarar la transmisión a través de los huevos depositados por el insecto, como también en los estados de desarrollo larvario y de ninfa. Como la garrapata adulta podía ser la vía por la que el hombre se contagiaba, este fenómeno solo acontecía durante la primavera, y de esta manera, se explicaba convincentemente el característico patrón, que relacionado con las estaciones del año, mostraba la enfermedad.

Los trabajos de Ricketts, relacionados con la fiebre manchada de las Montañas Rocosas fueron publicados en un artículo titulado: «Observaciones en los virus y formas de transmisión de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas». Determinó además, que mediante el análisis del modo de transmisión se podía prevenir la enfermedad de una manera racional.

En 1919, Simeon Burt Wolbach identificó finalmente el agente etiológico como una nueva forma de microorganismo y lo denominó como Dermacentroxesus rickettsii, en honor a los trabajos de Ricketts. En la actualidad se conoce como Rickettsia rickettsii.

Ricketts y los estudios de la fiebre del tifus

La fiebre manchada de las Montañas Rocosas se parecía, en cuanto al cuadro clínico, a otra enfermedad conocida como fiebre de tifus. Era una afección que se podía conocer en aquel entonces de diferentes maneras: tabardillo (en México), fiebre de los barcos, fiebre de campamento, fiebre de las cárceles o fiebre de hospital.

howard-taylor-ricketts-01-cgEn 1909 el científico aceptó una invitación para estudiar el tabardillo en el Valle de México, una zona geográfica que estaba fuertemente azotada por este mal. Junto a su asistente voluntario, Russell Morse Wilder, elucubraron que la similitud existente entre la fiebre del tifus y la fiebre manchada de las Montañas Rocosas podían llevarlo a las mismas causas etiológicas. Viajó a Ciudad México y trabajó de manera intensa con las personas severamente enfermas. Encontró que el tabardillo podía ser transmitido por un ectoparásito, específicamente el piojo humano del cuerpo (en aquellos momentos denominado Pediculus vestimenti, en la actualidad Pediculus humanus corporis). Ya en 1909, a igual conclusión había llegado el médico francés y director del Instituto Pasteur de Túnez, Charles Jules Henri Nicolle.

Ricketts reconoció que Nicolle había demostrado previamente, la asociación entre el piojo humano del cuerpo y el tifus. Los experimentos de Nicolle fueron convincentes y había logrado la transmisión de la enfermedad desde monos infectados hacia otros animales de la misma especie empleando el piojo como vector. Sin embargo, las investigaciones de Ricketts lograron complementar este descubrimiento con un hallazgo interesante: los monos que se recuperaban, podían desarrollar inmunidad contra la enfermedad.

El 23 de abril de 1910, Ricketts y Wilder estaban a punto de anunciar una importante revelación: el descubrimiento del microorganismo, aparentemente un bacilo, en la sangre de los pacientes con tifus y en los insectos. Desgraciadamente, mientras realizaban trabajos para aislarlo, Ricketts contrajo la enfermedad y murió. Sus trabajos inconclusos fueron asumidos y culminados por otros investigadores.

Los trabajos de Ricketts relacionados con la inmunidad y el suero constituyeron las bases para posteriores avances en el desarrollo de vacunas, y su teoría de que ambas enfermedades estaban estrechamente relacionadas con microorganismos fue probada en años ulteriores.

La fiebre del tifus no solo provocó la muerte de Ricketts. Asociada a la enfermedad, se recogen hechos donde el trabajo heroico del personal médico y paramédico, resalta de manera magnánima en una batalla que estaba encaminada a enfrentar esta peste, a pesar del gran riesgo. En la historia de la medicina se recogen datos escalofriantes como este: en un periodo de 25 años, de 1230 médicos que estuvieron vinculados a diferentes instituciones de salud de Irlanda, 550 murieron por el tifus.

El bacteriólogo y zoólogo austriaco Stanislav von Prowazek es otro ejemplo digno de reconocer. Dedicó parte de su vida al estudio de la fiebre del tifus y durante una investigación realizada en Serbia en 1913, logró probar que similares microorganismos estaban presentes en piojos obtenidos de pacientes con tifus. En 1915, von Prowazek falleció por tifus, en condiciones similares a la de Ricketts.

El término rickettsia se originó de una publicación realizada en el año 1916 por Henrique da Rocha-Lima, un microbiólogo brasilero, quien denominó de esta manera al agente etiológico del tifus epidémico Rickettsia prowazekii en honor a Ricketts y Prowazek, ambos fallecidos mientras investigaban la etiología del tifus. Con posterioridad, aparte de los dos gérmenes referidos, R. rickettsii y R. prowazekii, la comunidad científica denominó una nueva familia taxonómica (Rickettsiaceae) y orden (Rickettsiales).

La voluntad extraordinaria de Ricketts para asumir riesgos, hacen que sea recordado como una leyenda en la medicina, una «víctima de su dedicación y ocupación», para otros… «uno de los médicos mártires de la ciencia».

Bibliografía
Hetkoen L. Howard Taylor Ricketts. Science. 1910;22(826):585-7.
Grob D, Schäfer G. 100th Anniversary of the death of Ricketts: Howard Taylor Ricketts (1871-1910). The namesake of the Rickettsiaceae family. Micr Infect. 2011;13:10-3.

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