Volver a vivir

Posted at — Julio César Hernández Perera — noviembre 27th, 2011 — 9:57 under CIMEQ en la noticia

Cumple 25 años de vida con el corazón trasplantado Maximiliano Velázquez Montesino, más conocido por Malanga

María de las Nieves Galá. Foto: Agustín Borrego / 21-11-2011

malangaMaximiliano Leovigildo Velázquez Montesino, a quien todos cariñosamente llaman Malanga, nació dos veces. Por ley natural la primera fue el 21 de de agosto de 1935 y gracias a la ciencia cubana su segundo onomástico es el 21 de noviembre de 1986, cuando se le realizó un trasplante de corazón, hace exactamente hoy 25 años.

Ese cuarto de siglo ha sido un renacer y una oportunidad para seguir sus sueños. En la actualidad es el trasplantado de más tiempo de sobrevivencia en Cuba y en América Latina, lo cual demuestra el desarrollo de la transplantología en el país.

Elegante con su camisa a cuadros y una sonrisa de felicidad, nos recibe en la puerta de su casa, ubicada en Artemisa, justo al lado de la dirección municipal de los CDR. Según afirma, el éxito se debe a la estricta disciplina en cumplir las indicaciones médicas: “me hago todos los chequeos, como bajo de sal y sin picante, a veces con un poquito de aceite, no fumo y evado que lo hagan a mi lado, evito todo tipo de estrés. Mi presión es de 120 con 80, y ahora tengo los achaques propios de cualquier persona de mi edad, además de las secuelas de un accidente que me afectó la cadera. Pero de mi operación estoy perfecto”.

Yo voy a ganar
Cerca de las ocho de la noche, el teléfono de la casa sonó y al recibir la llamada, al estomatólogo Armando Castillo le pareció que se habían equivocado. “Por favor, ¿usted pudiera avisarle a Gladys que a Malanga le van hacer el trasplante de corazón?” “¿Está segura de eso?”, se limitó a decir el sorprendido hombre.

No había dudas. Desde el otro extremo del auricular, Zoraida, la hermana de Maximiliano, confirmó la noticia, que enseguida Armando comunicó a la esposa de Maximiliano.

A esa hora Armando y Gladys fueron para la Terminal de Artemisa, para viajar a La Habana. Cuando llegaron al Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) ya Malanga estaba en el quirófano confiado de que ganaría esa batalla por la vida.

Los hechos se apresuraron más de lo previsto. Para la familia y los vecinos nada hacia indicar que aquel fornido estibador tuviera serios problemas cardiacos. Según cuenta, desde los 12 o 13 años de edad empezó a cooperar con la familia; unas veces cortando leña para hacer carbón, otras en el corte de caña, ayudando a una viejita llamada Alberta, quien al concluir la faena le pagaba algo.

La prueba mayor sería en el puerto del Mariel. A los 16 años se presentó en el lugar para buscar un “chance”. “¿Tú crees que puedas ser estibador?”, le preguntaron. Y sin meditarlo, respondió que sí. “Los estibadores que estaban cerca no lo creyeron; eran fuertes, como de 200 libras, con cintas coloradas en la cintura. Por ese entonces yo no llegaba a las 130 libras. Esa gente se sorprendió cuando me vieron cargar aquellos sacos. De ahí salió el nombre de Malanga. Comentaban: ‘Qué se cree el guajirito malangón este’.

“Estuve como ‘caballo’ o ‘chancero’ desde 1950 hasta el triunfo de la Revolución, no había plaza fija, les doblaba el turno a los que estaban emplantillados y ellos nos pagaban la mitad del sueldo”.

Su vida se transformó después del 1º de enero de 1959, cuando logró una plaza fija como estibador. Ahí se ganó el cariño y el aprecio de sus compañeros; empezó a destacarse por su disposición a participar en los trabajos voluntarios y en cuanta tarea sindical apareciera. Ocupó el frente de las finanzas en su sindicato y se mantuvo durante años como miembro de los comités provincial y nacional del otrora Sindicato de Trabajadores de Marina Mercante,

Puertos y Pesca
“Yo comía exageradamente, cuando me levantaba, a plena madrugada, mi desayuno era un plato de arroz, frijoles o lo que hubiera, un estibador se tiene que alimentar bien.

“En 1986 durante una actividad en Guantánamo, me di un atracón grandísimo, carne de puerco, cerveza, terminé en el hospital de lo mal que me puse. Ahí me dijeron que tenía que hacerme un chequeo.

“Cuando fui al CIMEQ pensé que sería un examen de rutina. El médico me dijo que no me podía ir, que estaba a punto de un infarto. Y en efecto, a los pocos días me dio un preinfarto”.

Fue el doctor Ángel Obregón quien le recomendó un trasplante, pues padecía una miocardiopatía dilatada primaria con un déficit de la función cardiaca muy avanzado en aquellos momentos.

“El profesor doctor Noel González, quien me operó me dijo: ‘Con usted hablaron bien’. Le respondí que me habían dicho muchas cosas. Expresó que era una operación riesgosa. También se lo explicaron a mi familia. Le manifesté que no me iba a morir en un salón de operaciones: ‘quisiera morir siendo útil a la Revolución'”.

En sus palabras hay un agradecimiento a todos los médicos, enfermeras y técnicos que lo han atendido durante estos años. Al profesor Noel González, Doctor en Ciencias y pionero de este tipo de operaciones en Cuba; a los doctores, Ángel Obregón, Luis Reynaldo Suárez, Luis Guevara y Antonio Cabrera; las doctoras Edelsis Hernández y Ana María Duque de Estrada; a las enfermeras Martha Corpiño y Mireya Spengler, entre muchos otros.

“Tanto al personal del CIMEQ como del hospital Hermanos Ameijeiras lo considero como una familia, siempre encuentro una sonrisa, una palabra de afecto, de estímulo”, manifestó.

No había pasado un año de la operación cuando Malanga se reincorporó al trabajo en el puerto como planificador y jefe de brigada. Mantuvo su condición de vanguardia nacional de su sindicato durante 25 años y el 1º de mayo de 1992 recibió de manos del Comandante en Jefe Fidel Castro el título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

“Volví a vivir, he sido un hombre dichoso”, asegura, y mira a Gladys Herrera Villalón, su compañera durante 52 años, quien lo ha cuidado con amor y ha sido vital en el sostenimiento de su salud. Sin todos esos detalles hubiera sido imposible el éxito.

Un éxito de la medicina cubana
Durante estos 25 años, el doctor Ángel Gaspar Obregón Santos, jefe del Cardiocentro del CIMEQ, ha dado seguimiento a Maximiliano Velázquez y considera que su sobrevivencia es muestra del resultado de la medicina en Cuba, pues la transplantología es una ciencia de países desarrollados.

Al valorar el caso de su paciente dijo que desde su punto de vista ha llegado a este cuarto de siglo con el trasplante por varias razones:

“En primer lugar no cabe dudas de que es un paciente muy disciplinado y cumple rigurosamente las indicaciones médicas; en segundo, gracias al sistema de salud nuestro, el cual le suministra los medicamentos antirrechazo y de todo tipo -que son muy caros-, para que él pueda sostener una adecuada terapéutica.

“Tercero, con Maximiliano Velázquez ha existido un seguimiento muy estrecho de la atención médica y paramédica”.

¿Doctor, cuál debe ser la dinámica de vida de una persona que tenga este tipo de trasplante?
“Muchas personas se preguntan si una persona a la que se le hace un trasplante puede realizar una vida normal. Mira, el ejemplo demostrativo es Maximiliano que después de ser operado fue Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

“Un paciente trasplantado de corazón puede reincorporarse a su vida socialmente útil. Obviamente tiene algunas limitaciones sobre todo en labores que no tengan riesgo biológico”.

Los trasplantes de corazón se iniciaron en Cuba en 1985 lideradas por el profesor Noel González. Las expectativas de vida para las personas operadas está entre 10 y 15 años.

Tomado de Trabajadores

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