John Benjamín Murphy, sus contribuciones y epónimos

Posted at — Julio César Hernández Perera — noviembre 7th, 2011 — 21:22 under El idioma y la medicina,Epónimos,Historia de la medicina

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

Una mujer de 50 años de edad llegó a un servicio de urgencia por presentar un intenso dolor abdominal a nivel del reborde costal derecho, que irradiaba a la región subescapular del mismo lado. Es asistida por el médico de guardia que recoge como datos de interés, los antecedentes de dispepsia, dolor frecuente en el hipocondrio derecho e intolerancia a algunos alimentos -huevo, chocolate y grasas-. Al momento de ser asistida la enferma refirió tener fiebre elevada, náuseas y vómitos. Al examen se constató a la palpación, dolor en el hipocondrio derecho, con «signo de Murphy positivo»…

Hasta aquí todo parece indicar que estamos ante la presencia de una colecistitis aguda. El solo hecho de tener el último signo hace sospechar la enfermedad, si tenemos en cuenta que alrededor del 90 al 95% de los enfermos tienen esta molestia. El signo de Murphy es un epónimo y se lo debemos a quien lo describió, el reconocido cirujano norteamericano John Benjamín Murphy.

John fue el menor de seis hermanos y nació en una cabaña de madera en Appleton, Wisconsin el 21 de diciembre de 1857. Sus progenitores fueron inmigrantes irlandeses de clase media, dueños de terrenos dedicados a la agricultura. Como muchos otros hicieron, ellos habían llegado a los EE.UU. a raíz de las grandes pérdidas agrícolas provocadas por el azote de plagas que sufrieron las plantaciones de tubérculos en Europa. El padre, aunque era de carácter muy duro, fue siempre amable con sus hijos y ponía mucho interés en la educación. Por eso consagró su vida en aras de proporcionarles el máximo de oportunidades.

El joven Murphy, fue un estudiante talentoso, ávido de conocimientos y muy laborioso. Se graduó de bachiller en Appleton, California, en 1876. Al inicio, mostró vocación por la enseñanza, pero al final, el rumbo de su vida fue otro, influido por su admiración hacia un médico local, el Dr. W. H. Reilly. De manera apasionada lo seguía con mucha constancia en visitas realizadas a enfermos, observaba atentamente la manera en que se realizaban las curas de las heridas y la reducción de las luxaciones y fracturas. También le imbuía de sobremanera el respeto y la consideración que se ganaba el médico dentro de la comunidad. Una vez que había decidido que era lo que quería ser en el futuro, le expresó a su madre: «el alivio del sufrimiento humano es el trabajo más importante en el mundo».

Fue aprendiz del Dr. Reilly y desde el inicio hizo gala de valores éticos, dormía poco, trabajaba incansablemente los siete días de la semana, ocupado en sus lecturas y viendo enfermos. Después de un año, continuó sus estudios en el Colegio médico de Rush (Illinois, Chicago, EE.UU). Había escogido un programa de estudios donde los tres primeros años serían en ese centro educacional. Rápidamente mostró interés y motivación por la cirugía. Al final fue evaluado como el primero del escalafón y se había ganado un puesto como interno por 18 meses en el hospital del Condado de Cook, Illinois, Chicago, que en aquellos momentos era una institución líder dentro de ese país nórdico.

La vida de un interno se caracterizaba por «cumplir al pie de la letra» con la denominación que recibía: pasaba la mayor parte del tiempo dentro del hospital. El exceso de trabajo nunca lo amilanó ni hizo mella en sus aspiraciones de ser un buen médico, todo lo contrario, acogía con beneplácito cada cosa nueva que pudiera contribuir con su formación, ya sean aspectos técnicos de la cirugía, como la microbiología y la patología. Fueron momentos históricos donde también se introdujeron los primeros elementos relacionados con la antisepsia. Al término de su estancia en Cook, sus mentores tuvieron en cuenta las condiciones especiales del muchacho y consideraron que debía pasar un tiempo adicional de entrenamiento en Alemania. Este fue realizado por dos años en Heidelberg, una ciudad situada en el valle del río Neckar en el noroeste de Baden-Wurtemberg, Alemania. El lugar había ganado fama mundial por tener la universidad más antigua y prestigiosa de ese país, donde se podían encontrar además eminentes profesores. Estuvo bajo la tutela del gran maestro cirujano Theodor Billroth, quien en su tiempo fuera muy famoso. Al culminar esta etapa, ya la vida de Murphy mostraba todas las características que definían a un magistral médico: dedicado, incansable y muy creativo.

Incidentes, contribuciones y enemistades

john-benjamin-murphy-001-cgLa vida profesional de Murphy tuvo momentos señalados. El primero de ellos fue sombrío y estuvo relacionado con la asistencia que brindó a las autoridades después de un cruel enfrentamiento que tuvo lugar el 4 de mayo de 1886 entre las fuerzas policiales y los obreros que demandaban 8 horas diarias de trabajo. En la historia se conoce este hecho como el «incidente de Haymarket» que tuvo lugar en «Near West Side», una de las comunidades de la ciudad de Chicago. Resultó ser este suceso el punto álgido de una cadena de protestas que protagonizaban los obreros en la segunda ciudad de los EE.UU. y donde las condiciones de los trabajadores eran calificadas como las peores del país. El 1 de mayo de 1886 se iniciaba por 200 000 trabajadores una huelga que fue continuada en los días venideros. El 4 de mayo continuaban las protestas y en la noche la fuerza pública desató una brutal represión. Durante el incidente estalló un artefacto explosivo entre los policías que mató a ocho personas. Poco tiempo después las fuerzas represivas abrieron fuego con un saldo importante de muertos, heridos y detenidos.*

Ante un llamado, Murphy asistió a los lesionados en la estación policial. Lo primero que hizo fue clasificar a los heridos, separando aquellos que tenían muy altas probabilidad de fallecer de aquellos con reales posibilidades de vivir con una adecuada asistencia médica y que fueron trasladados con urgencia al hospital. Al final, asistió a 30 hombres, operando durante 18 horas sin descanso y logró así salvar varias vidas. Después de este incidente, fue llamado a declarar a un juicio de alto perfil donde explicó con detalles las heridas causadas por el artefacto explosivo y que lastimosamente fue aprovechado para acusar en ese arbitrario proceso a 8 destacados dirigentes obreros, algunos de ellos condenados a muerte en la horca. Con este acontecimiento, infortunadamente su popularidad se incrementó, y a la vez, se buscó la enemistad de muchos colegas cirujanos que lo criticaban incasablemente de muchas maneras, una de ellas porque se vanagloriaba de su experiencia en los incidentes de aquel ominoso 4 de mayo de 1886.

Otro de los reproches que recibía se relacionada con su actuar terapéutico, contrapuesto a diferentes procederes médicos de la época. Una de ellas fue la manera de tratar las apendicitis: había sido capaz de establecer un patrón de síntomas iniciales y con estos elementos ponderaba su tratamiento quirúrgico temprano -para muchos cirujanos de la época era un proceder muy «anticipado»-. Esto causó la burla e incredulidad entre sus colegas por lo que decidió documentar con pruebas fehacientes y es así que presentó los resultados de más de 200 apendicectomías exitosas ante la Sociedad Médica de Chicago. Al final, la evidencia mostrada permitió dejar estipulada la operación como un tratamiento estándar. Sin embargo, durante y después del proceso de defensa de su teoría, algunos cirujanos -considerados como conservadores y tradicionales- se rehusaban aceptarla, y persistían en considerar que con ello Murphy pretendía aumentar su fortuna financiera, más que reconocerlo como un tratamiento científico y novedoso.

Es considerado como uno de los innovadores más grandes de la cirugía de los últimos siglos. Siempre su mente estuvo muy por delante de la gran mayoría de sus coterráneos e incentivada para el desarrollo de cosas transformadoras. Unas de estas fue la invención de un dispositivo empleado en la realización de la anastomosis intestinal, incluyendo la de la vesícula biliar con el intestino, que posteriormente se conocería como «botón de Murphy». Este mecanismo permitía la unión de dos vísceras huecas sin suturas, y por muchos es considerado como el antecesor de la sutura mecánica. Inicialmente fue experimentado en animales y con posterioridad empleada por primera vez en una mujer de 35 años de edad con marcada ictericia por litiasis biliar. En ella se realizó la colecistoenterostomía con auxilio del mecanismo inventado. El tiempo empleado en esta operación, desde que abrió el peritoneo hasta que lo cerró, fue de solamente 11 minutos y ello significaba ser 10 veces inferior al lapso empleado con una técnica utilizada hasta ese momento de forma habitual.

El 16 de enero de 1897 publicó un trabajo transformador relacionado con la cirugía vascular, al lograr unir de manera exitosa la que puede ser considerada como la primera anastomosis arterial termino-terminal en un ser humano. La intervención fue realizada en un paciente con una arteria femoral seccionada por una herida de bala. También fue pionero en el uso de injertos óseos y contribuyó a la comprensión de la anquilosis. Promovió el tratamiento de la tuberculosis pulmonar con la administración de nitrógeno a la cavidad pleural para colapsar el pulmón, a lo que denominó como «neumotórax terapéutico». Introdujo el método de infusión de solución salina por vía rectal en el tratamiento de la peritonitis. En 1912 realizó la que puede ser considerada en la historia de la medicina como la primera endoscopía del tracto biliar, al introducir un cistoscopio a través del tracto de drenaje de una colecistostomía. Mediante este proceder pudo extraer cálculos biliares. Similar a la maniobra utilizada, en la actualidad es empleada para la extracción de cálculos biliares. También fue el primero en emplear la anestesia local en la cirugía del pulmón y de igual manera se interesó en la neurocirugía de la médula espinal y los nervios periféricos.

El signo de Murphy

Sin embargo, muchas de sus invenciones, tratamientos o técnicas quirúrgicas fueron relegadas al desuso ante el ímpetu de actuales avances cientificotécnicos. Se puede aseverar que sólo su nombre se evoca y pasa a la posteridad por el signo de Murphy. La clásica maniobra fue descrita en 1912 y consiste en introducir a modo de gancho, los dedos de la mano derecha por debajo del reborde costal a la altura de la vesícula e invitar al enfermo a realizar una inspiración profunda. Con este proceder se pretende que la vesícula biliar inflamada se acerque a la mano del examinador; se considera que el signo es positivo cuando aparece dolor. Con el advenimiento de la ecografía, el nombre también pasó a ser usado como el «signo ecográfico de Murphy». Este tiene lugar cuando la presión que se ejerce a través del transductor del ecógrafo provoca similar dolor durante la realización de la exploración imaginológica de la vesícula biliar.

John Benjamín fue miembro del «Colegio americano de cirujanos». Desde 1895 hasta su muerte en 1916 ocupó el cargo de Jefe de cirugía del Hospital Mercy, Chicago. En este centro se le reconocía porque al dar clases dos veces a la semana y era capaz de abarrotar el anfiteatro, de médicos de todas partes de los EE.UU. y del extranjero. Por esta razón fue considerado como el maestro más destacado de su época. Con el objetivo de difundir estas presentaciones a un público más numeroso, comenzaron a ser publicadas, convirtiéndose estas con el tiempo, en las precursoras de las famosas «Clínicas quirúrgicas de Norteamérica».

Murphy falleció el 11 de agosto de 1916 en Mackinac Island, Michigan, EE.UU., después de sufrir mucho por agina de pecho. Dos días antes de su muerte había escrito: «la necropsia mostrará las placas de mi aorta» y de hecho fue así. Murphy fue un sabio cirujano, un técnico capaz y un profesor académico. La alta estima que alcanzó entre sus contemporáneos se expresa mejor con la observación de William Mayo (cofundador de la «Clínica Mayo»): «el fue el genio quirúrgico de nuestra generación».

Bibliografía

Parquet RA. John Benjamin Murphy. Acta Gastronetrol Latinoam. 2010;40:97.

Morgenstern L. J.B. Murphy, M.D. Surg Encdosc. 1998;12:359-60.

Morgenstern L. John Benjamin Murphy (1857-1916): An American Surgical Phenomenon. Surg Innovat. 2006;13:1-3.

George I, Hardy M, Widmann WD. John Benjamin Murphy. Cur Surg. 2004;61:439-41.

Musana K, Yale SH. John Menjamin Murphy (1857-1916). Clin Med Res. 2005;3:110-12.

*A los obreros, víctimas de este brutal hecho, se les conoce como los «Mártires de Chicago». Durante la celebración de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, se establece por acuerdo del Congreso Obrero Socialista la proclamación de cada 1 de mayo como «Día mundial de los trabajadores», fecha que constituye una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a aquellos «Mártires de Chicago».

No responses yet