Epónimos: «El sistema y el alfabeto Braille»

Posted at — Julio César Hernández Perera — julio 31st, 2011 — 11:52 under El idioma y la medicina,Epónimos

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

En una modesta casa de la pequeña villa francesa de Coupvray, nació el 4 de enero de 1809 un niño que encontró en su hogar todo el cariño y la atención desmedida de una familia. Se llamó Louis Braille, tenía un carácter dulce e introvertido, y era el menor de cinco hermanos. Mediante su principal invento, el sistema de lectura para los ciegos que lleva su apellido, lograría un método que permitió la equidad del acceso a la educación entre videntes y ciegos, cosa que parecía insólito en aquel entonces.

Fue a los tres años de edad cuando empezó a conocer la dureza de la vida que afecta a un invidente. Su padre, Simón René Braille, mantenía la tradición familiar como talabartero. Siempre acompañado por sus hijos mientras trabajaba en su taller, en una ocasión, en un breve descuido el joven Louis se clavó en el ojo derecho una lezna, posiblemente mientras imitaba las labores que hacían su padre y un hermano. La herramienta punzante y con mango de madera había saltado accidentalmente de sus pequeñas e torpes manos y no perdonó en el instante la vitalidad del órgano de la visión. Pero otro infortunio, aún más dramático, le acechaba: en aquellos tiempos, no se conocían recursos médicos para extraer de manera adecuada el ojo afectado y tampoco los antibióticos. Como era de esperar, adquirió una infección muy severa que afectó a ambos ojos y así fue como a los cuatro años de edad ya había quedado ciego.

El niño no encontró momentos para ser marginado, todo lo contrario, a pesar de la humildad en que se desarrollaba su mundo y el poco nivel cultural que le rodeaba, recibió todo el apoyo afectivo y el sentido común de la familia y vecinos. Guiados por una correcta intuición, los padres siempre trataron de que se sintiera igual que los demás y por eso actuaban con mucha naturalidad. A pesar de ser difícil para ellos, evitaron la sobreprotección. Lo alentaron a que aprendiera a leer y le daban absoluta autonomía para que fuera y viniera libremente por las casas del vecindario. Rápidamente aprendió a orientarse través de los reflejos que ejercitaba diariamente con los pequeños y rítmicos golpes que provocaba con un tiento de madera, que su padre le había fabricado. Así se preparaba para la cruel vida que tenía por delante.

El propio padre enseñó a leer a su hijo con tachas de tapicero que formaban el contorno de las letras sobre una madera o sobre un pedazo de cuero. Los pequeños dedos de Louis recorrían esas formas hasta aprender letras y palabras. No obstante, por más empeño que pusieran resultaba imposible darle la formación que necesitaba. Por esa razón los Braille enviaron a su hijo ciego de nueve años de edad a la escuela de la villa. Su maestro, Antoine Bécheret, se sorprendió de las condiciones intelectuales y el deseo de aprender del niño. Su rendimiento fue muy bueno, a pesar de que su aprendizaje fue totalmente oral.

De estudiante a maestro

Históricamente las personas sordas y ciegas tenían como principal alternativa para subsistir, ser mendicantes. Sin embargo, en aquel entonces Francia transitaba por momentos donde perseveraban grandes cambios dentro de la sociedad, que previamente tuvieron su punto de mayor significación con la Revolución de 1789. La situación fue favorable para que pequeños grupos rechazados socialmente accedieran a la educación. En ese contexto había sido fundado en 1784, por Valentin Haüy, un lugar donde se inició la educación colectiva de los ciegos, conocido como el Instituto Real de Jóvenes Ciegos de París.

Antoine Bécheret, tenía noticias de la existencia del Instituto y pensó que sería una magnífica oportunidad para su alumno predilecto. El problema radicaba en que la familia no tenía recursos para hacerse cargo de los gastos. Pero con la caridad y el apoyo de una aristócrata que vivía en las cercanías, se logró la beca. Su recomendación constituyó además un aval imprescindible, como consecuencia de ciertas exigencias, entre ellas: que no se tratara de un mendigo, de un desposeído o de alguien con malos modales.

El 15 de enero de 1819, Braille fue admitido en el Instituto, aunque su ingreso se produjo un mes después. En aquel entonces, la solución que se buscaba para el aprendizaje de la lectura, era la de reproducir las letras en altorrelieve, para así lograr que los alumnos leyeran al tacto. Además, se incorporaba la enseñanza de la música y de manualidades.

Las condiciones ambientales y sanitarias del Instituto eran precarias. Se hallaba en un edificio antiguo que previamente había sido cárcel, ubicado en una zona de mala reputación. Tal era la situación, que al hablarse de este centro y su alumnado, se hacían referencias a la palidez y a lo desmejorado que lucían la mayoría de los jóvenes. Como era de esperar, el niño de 10 años sufrió mucho el cambio de vida: todo aquello no se parecía en nada al ambiente de su familia y a la ternura que hasta ese momento había recibido. Fue también en este entorno donde posiblemente contrajo una enfermedad que lo acompañó y finalmente lo abatió. Sin embargo, en estas pésimas condiciones, igualmente los alumnos aprendían y con el tiempo, hasta tomaban cariño por su centro educacional.

Poco a poco Braille se fue adaptando a la nueva vida, y como alumno demostró gran avidez por aprender y obtuvo diferentes premios por su rendimiento. Con el tiempo, de alumno se convertiría en maestro, donde trabajó intensamente hasta dar forma definitiva a su sistema de lectura y escritura.

En el Instituto, Braille también aprendió a escribir a lápiz para comunicarse con los videntes: usaba moldes que contenían las letras vaciadas por cuyos bordes había que deslizar el lápiz. Con similar habilidad adquirida para la lectura de las letras en altorrelieve, aprendió matemática y geografía.

En 1823, siendo un joven de 14 años de edad, le nombraron ayudante del maestro del taller de calcetines. Ocupó este cargo hasta 1827 siendo así, alumno y maestro-ayudante a la misma vez. En 1828 su vida tuvo un nuevo cambio: se le nombró repetidor, pasando a actuar como un profesor a los 19 años de edad. Se le describía como un buen docente y muy poco partidario de los castigos corporales, muy frecuentes en aquellos tiempos.
Nunca se frustró por falta de oportunidades, las tuvo y las supo aprovechar para sí y para los demás. Enseñó más de una materia y preparó especialmente algunos manuales de historia y aritmética para sus alumnos. Particularmente resultó muy útil su compendio de aritmética para uso de los principiantes. Además de enseñar a los ciegos, enseñó a niños videntes que matriculaban en el Instituto para darles instrucción. Todo ello, a cambio de cierta cooperación que prestaban a los jóvenes ciegos: guiarlos, leerles y escribirles correspondencia.

La idea del nuevo sistema de lectura para ciegos

louis-braille-hPero existía una dificultad con la lectura en altorrelieve: se hacía lenta y engorrosa. Las letras comunes estaban dirigidas en sentido de la vista y no del tacto, por eso, más que leer, los invidentes deletreaban. Era este un incentivo para la búsqueda de un nuevo sistema que se adecuara a los ciegos.

En abril de 1821 Braille conoció a Charles Barbier de la Serre (1767-1841), un capitán de artillería, ya retirado, que había desarrollado un sistema conocido como «escritura nocturna». Este sistema fue presentado en el Instituto con la idea de que fuera empleada por los alumnos. Al joven Louis se le abrió un mundo de posibilidades al conocer el sistema de Barbier.

Barbier había desarrollado su método cuando se encontraba en el ejército, con el objetivo de poderse comunicar en la oscuridad y burlar al enemigo. Presentaba como virtudes: el empleo del punto como elemento clave en la captación táctil y no utilizaba la letra común, sino que creaba otras representaciones. Pero tenía también inconvenientes: no era un alfabeto, sino una representación de grupos de sonidos que no contenía los signos de puntuación u otros elementos necesarios para la escritura completa. Además, su base contaba con 12 puntos, que permitía la astronómica cifra de 4096 combinaciones; demasiado compleja.

Después de mucho estudio del sistema de Barbier, creó un sistema más adecuado para la lectura de los ciegos. Este sistema sufrió varias modificaciones que fueron realizadas por el mismo Braille y que la perfeccionaban con la ayuda de las opiniones de los propios ciegos del Instituto. La primera versión del sistema la presentó cuando tenía 16 años. A ello dedicó muchos años de vida. Antes de cumplir 30 años de edad, Louis Braille presentaba el mundo el sistema como lo conocemos hoy. Había logrado resolver el insoluble problema de idear un sistema que psicológica, estructural y fisiológicamente se adecuara a las características del sentido del tacto. El triunfo del sistema se debió, entre otras cosas, a que el signo braille estaba compuesto por un máximo de seis puntos que se adapta perfectamente a la captación táctil. La yema del dedo lo aprehende en su totalidad y lo transmite como un todo, como una imagen, al cerebro. El sistema presentaba todas las letras del alfabeto, los números, los signos de puntuación y los símbolos para la aritmética. Ya se podía transcribir cualquier texto con fidelidad y precisión.

Es admirable la modestia del joven ciego. En las ediciones de sus libros, siempre reconocía a Barbier como el promotor de la idea del sistema que presentaba, aun cuando muchos sabían que su sistema superaba en mucho al del capitán.

La enfermedad

La humanidad tuvo el infortunio de que Braille muriera joven como consecuencia de la tuberculosis. Como a otros muchos grandes hombres de la época, acortó su vida útil. Los primeros síntomas los tuvo cuando solo tenía 26 años. Viajó entonces a Coupvray para reponerse. Quizás de ese período provenga la imagen que de él dejaron varios agricultores del lugar. Parece que, al encontrarlo en el jardín de su casa, escribiendo con regleta y punzón, decían: «¿Qué haces ahí con tanto picoteo?».

Mejorado temporalmente regresó al Instituto. Pero en 1844 una nueva y violenta hemorragia, lo obliga a abandonar el profesorado. En 1847 tuvo una recuperación y retomó algunas de sus clases. Por esos años su sistema comenzaba a usarse cada vez más en el Instituto. Pero el mal avanzaba más y más. Cuanto más se reconocía y valoraba su talento y su invención, se aproximaba la muerte que le impidió disfrutar del merecido reconocimiento. En 1850 su estado de salud se agrava de tal manera que decide renunciar y pidió que lo jubilaran.

El 6 de enero de 1852, a las 7.30 de la tarde, rodeado de alumnos y compañeros del Instituto, dejó de existir quien por su espíritu, su creatividad y su fe en los demás, nunca dejó de ser el joven Louis. Tenía al morir 43 años de edad y los restos, reclamados por su madre, fueron trasladados a Coupvray. Un siglo más tarde, el 21 de junio de 1952, fue trasladado al Panteón de hombres ilustres de Francia. En Coupvray, en una pequeña y modesta urna de mármol, quedaron para siempre sus manos.

En el Panteón, Louis Braille descansa en el cuerpo número 25. Junto a él, en el cuerpo 24, descansa otra gloria de Francia: Víctor Hugo. En el registro se dice de Louis Braille: «La Nación lo ha reconocido como benefactor de la humanidad en el centenario de su muerte».

En 1949, la Unesco reconoció el sistema braille como lenguaje universal. En la actualidad, a pesar del desarrollo tecnológico, el sistema mantiene su actualidad, y como se ha podido ver, toda la vida de Braille giró en torno a la comunicación, en aras de lograr que las personas ciegas no vivieran aisladas en la oscuridad.

Bibliografía

Jiménez J, Olea J, Torres J, Alonso I, Harder D, Fischer K. Biography of louis braille and invention of the braille alphabet. Surv Ophthalmol. 2009 Jan-Feb;54(1):142-9.

Bullock JD, Galst JM. The story of Louis Braille. Arch Ophthalmol. 2009 Nov;127(11):1532-3.

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