Epónimos: «La célula y la tinción de Cajal»

Posted at — Julio César Hernández Perera — junio 7th, 2011 — 20:51 under Epónimos,Historia de la medicina

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quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera.

El Dr. Santiago Ramón y Cajal puede ser colocado en ese pedestal que destaca a los científicos más rememorados en la historia de la medicina, y reconocido como la cabeza de la llamada «Generación del 80» o «Generación de los sabios». Especializado en Histología y Anatomía Patológica, creyó que lo único malo era carecer de ideales y someterse a las contingencias de la vida práctica e inmediata, renunciando a la posibilidad de la perfección moral.

Por su contribución en la comprensión de la estructura del sistema nervioso y la revolucionaria teoría denominada como «doctrina de la neurona», obtuvo en 1906 el «Premio Nobel en fisiología y medicina». Fué el primero que se otorga compartido, en este caso con el italiano Camilo Golgi, creador de una técnica de impregnación argéntica que lleva su nombre y empleada para el estudio del sistema nervioso.

ramon-y-cajal-01-cgRamón y Cajal nació el 1 de mayo de 1852 en el pequeño pueblo de Petilla de Aragón, Navarra, España. Su padre, de quién recibió la mayor influencia, fue médico cirujano y tenía un carácter muy demandante y exigente. Su infancia estuvo caracterizada por continuos cambios de residencia y se vislumbró desde pequeña edad su temperamento fuerte, travieso y rebelde. Por esta razón, se ganaba con mucha facilidad la enemistad entre los frailes que le impartían clases, que a su vez, empleaban métodos violentos y autoritarios. Se convirtió en un gran atleta y se le podía reconocer con mucha facilidad un interés especial por los fenómenos de la naturaleza, así como aptitudes para las artes plásticas -especialmente para el dibujo-, la literatura, la fotografía y el ajedrez. Una vez terminado el bachillerato, empezó a estudiar Medicina en la Universidad de Zaragoza; más por orientación del padre que por vocación.

La huella de Cuba en Cajal

En 1873, a la edad de 22 años, terminó la carrera y mostraba solo interés por la Anatomía y la Fisiología. En esta época, España atravesaba por una circunstancia política muy caótica: Se encontraba inmersa en guerras por mantener sus colonias. Así, estuvo forzado a ingresar en el Servicio Militar Obligatorio, donde obtuvo plaza de «médico segundo» -teniente- de Sanidad Militar. Pasó a Cataluña con el Regimiento de Burgos hasta abril de 1874 en que, ya con el cargo de capitán médico, salió en comisión de servicio a Cuba, donde acontecía la «Guerra de los 10 años».

A su llegada a la Isla, se sintió atraído por la vegetación y el clima tropical, pero al poco tiempo sufrió por los rigores y la adversidad que le imponía la manigua cubana. Después de rehusar la gestión de su padre para una ubicación mejor, fue enviado al peor destino: El centro de la provincia de Camagüey. En aquellos momentos, las tropas españolas sufrían mucho por el paludismo y la disentería, y como era de esperar, Cajal las contrajo. Estas enfermedades provocaron el quebrantamiento rápido de su salud, y el ideal romántico y aventurero que se había formado antes de salir de la península Ibérica. Llegó a alcanzar un estado de caquexia tan importante que lo llevó finalmente a ser trasladado a la enfermería de San Isidro, aún más insalubre que las que había estado anteriormente. Es sabido que también fue un momento difícil para el entonces joven galeno, quién se enfrentó también en varias oportunidades a la corrupta administración militar española: El caos en la intendencia militar, junto a la inmoralidad e incapacidad de ciertos mandos del ejército, llevaban a que no existiera coto en el desvío de comida y otros recursos que debían ser destinados para los enfermos y heridos de guerra.

Todas estas amargas experiencias lo condujeron a solicitar su licencia para abandonar Cuba, que finalmente tras difíciles trámites, fue conseguida en mayo de 1875. Fue declarado por su estado de salud como: «inutilizado en campaña». Volvió a Zaragoza para recuperarse, con la ayuda y los cuidados desvelados de su madre y sus hermanas.

Poco tiempo después de pensar que ya estaba curado, mientras comía junto a un amigo en un café ubicado en el centro de Zaragoza, tosió con sangre. Entonces se dio cuenta que estaba enfermo de tuberculosis. Nuevamente, atemorizado por el manto de la muerte y el sufrimiento que acompaña a las enfermedades, decidió después de su segunda convalecencia, sacar todo su esfuerzo en aras de hacer por la vida.

Inicios de su vocación investigadora

Recuperado de todas su enfermedades, se presentó a los exámenes de oposición en la Facultad de Medicina de Valencia. Allí se desempeñó como profesor de Anatomía e Histología. Enfrentó en esa ciudad una epidemia de cólera como higienista y logró controlar la enfermedad. Por ese logro, la cámara de diputados de Valencia le obsequió un microscopio alemán marca Zeiss, lo que causó en él una gran alegría y fue de gran utilidad en su carrera. Viajó posteriormente a Madrid para doctorarse y allí conoció al neuropsiquiatra Luis Simarro, quien le enseñó las técnicas de preparación de tejidos cerebrales mediante impregnación argéntica, diseñada a su vez, por Camillo Golgi.

A su regreso a Valencia comienza a investigar con la tinción de plata. Poco tiempo después se traslada a Barcelona, donde había conseguido por oposición una plaza de profesor, y es en este lugar donde comienza realmente su vida como investigador del sistema nervioso. Se dio cuenta del poder que tiene en sus manos con la tinción de Golgi y experimenta con varias concentraciones. Llegó a la conclusión de que si el tejido nervioso se sumergía dos veces en la solución de bicromato de potasio y en la de nitrato de plata, las tinciones de las células nerviosas se observaban con mayor precisión. Esta modificación del método de Golgi se conocería a partir de ese momento como «doble impregnación argéntica» o con el epónimo de «tinción de Cajal». También inmortalizamos su nombre con otro epónimo: «célula de Cajal»; referida a las células del estrato más superficial de la corteza cerebral, que presentan dos o más prologaciones cilindraxiales y conocidas también como astrocitos.

Gracias a estos avances, Cajal pudo realizar otros aportes en el estudio del sistema nervioso. Mediante detalladas observaciones microscópicas, poco tiempo le tomó llegar a una interpretación acertada, relacionada con la significación funcional del sistema nervioso. Dedujo que las neuronas son estructuras independientes, las dendritas reciben los impulsos y los axones lo transmiten. Se insertaba de esta manera la ley de la polaridad dinámica, capaz de explicar la transmisión unidireccional del impulso nervioso. Se impugnaba así la hipótesis que hasta ese momento se aceptaba: «las neuronas estaban anastomosadas». Todos estos conocimientos básicos llevaron a constituir las bases científicas de los postulados que hasta hoy tienen plena vigencia: «la doctrina de la neurona». Teoría que fue reconocida en 1889 durante el «Congreso de la Sociedad anatómica alemana», celebrado en Berlín.

En 1892 ocupó la cátedra de Histología e Histoquímica normal y Anatomía patológica de la Universidad de Madrid. Logró que el gobierno creara en 1902 el Laboratorio de investigaciones biológicas en el que trabajó hasta 1922, momento en que pasa, hasta su muerte, al Instituto Cajal. Falleció el 17 de octubre de 1934 en Madrid.

La vida de este médico fue también fértil en otros campos de la sociedad, dejó un legado ético y científico para las nuevas generaciones. En uno de sus pensamientos señaló:

«Los grandes hombres son, a ratos genios; a ratos niños, y siempre incompletos.»

Bibliografía

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