Epónimos. «El bacilo y la enfermedad de Hansen»

Posted at — Julio César Hernández Perera — mayo 21st, 2011 — 11:49 under El idioma y la medicina,Epónimos

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quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera.

Desde el surgimiento de la civilización humana, la lepra ha acompañado al hombre como uno de los males que más lo ha castigado. Su expansión mundial ha sido favorecida por las guerras de conquistas, cruzadas y colonizaciones. Esta enfermedad «maldita» ha provocado en quienes la han padecido un drama inimaginable causado por las mutilaciones, la deformidad física y la exclusión social. Aún en la actualidad, a pesar de los avances alcanzados, constituye un grave problema de salud mundial, sobre todo, en los llamados países del Tercer Mundo. Acompaña con mucha frecuencia, a grandes dramas sociales como: la pobreza, el hambre, la insalubridad, el analfabetismo, y el hacinamiento.

La enfermedad también es citada como enfermedad de Hansen. ¿Por qué ese nombre? ¿Qué historia puede ocultarse detrás de ese epónimo? El verdadero conocimiento científico de esta afección tuvo lugar a partir del siglo XIX, y es en la ciudad noruega de Bergen, donde se dieron los mayores aportes en estos inicios. Precisamente, podemos hallar en esta historia, el nombre del Dr. Gerhard Henrik Armauer Hansen, nacido en esa urbe, el 19 de julio de 1841.

armauer-hansen-cgHansen fue el octavo de 15 hermanos y desde temprana edad conoció la pobreza al declararse su padre en bancarrota. Pero la mala situación económica no cambió el derrotero trazado por su vocación hacia la Medicina. En 1859 matriculó en la Universidad de Christiania -actualmente Oslo-; con esfuerzo propio sufragó los gastos: Fue profesor de una escuela para niñas, y posteriormente suplente de Anatomía. Como describió ulteriormente en una autobiografía, consideró este periodo de tiempo como «muy duro» para él, capaz de producirle gran agotamiento físico y mental.

En 1866 se graduó con honores, continuó su internado en el Hospital Nacional de Christiania y tomó el cargo de médico de una compañía pesquera en una isla norteña de Noruega. Dos años más tarde, en 1868, regresó a su ciudad natal. Por aquel entonces, la lepra en Noruega era considerada como un grave problema de salud y por esa razón existían varios hospitales destinados a la atención de estos enfermos.

Entró a trabajar en un leprosorio que estaba bajo la dirección del Dr. Daniel C. Danielssen, uno de los más destacados en este campo, con amplios conocimientos clínicos y patológicos. A partir de este momento, desarrolló una febril actividad investigativa y asistencial. Junto a Danielssen, trabajó de manera intensa, en aras de disminuir el sufrimiento de los pacientes con lepra. Visitaron lugares muy apartados en busca de enfermos, a quienes auxiliaban y se adentraban en el apasionante y fértil ámbito del conocimiento clínico de la enfermedad.

Mediante detalladas observaciones y análisis con un perfil epidemiológico, llegó a la conclusión de que la enfermedad tenía una causa que apuntaba a una causa infecciosa. Esta idea no fue aceptada por la comunidad médica de entonces: se enfrentaba a la que prevalecía, «la causa hereditaria». Para probar su teoría, era necesario descubrir al microorganismo y por eso necesitaba aumentar sus conocimientos de histopatología. En 1870 viajó con este fin a la ciudad alemana de Bonn y luego a la ciudad austriaca de Viena.

Al regresar a Noruega empezó a trabajar diferentes preparaciones histológicas que personalmente coloreaba con viejas técnicas de tinción. En 1873 Hansen, quien tenía 32 años de edad, sintió la gran emoción de descubrir por primera vez en el mundo el agente causal de la lepra. Este hallazgo fue publicado en un reporte de más de 80 páginas, pero una vez más encontró el antagonismo por parte de muchos científicos. Sin embargo, su ánimo no decayó. Por el contrario, continuó con su intento de demostrar la validez de su descubrimiento.

Conflictos profesionales y problemas éticos en la vida de Hansen

Las investigaciones del noruego cruzaron las fronteras y llamó la atención de otros médicos. En una oportunidad recibió la visita del bacteriólogo alemán Alberto Neisser. Con la sinceridad de un verdadero científico, le presentó todo lo que sabía de la enfermedad, le facilitó el estudio de sus preparaciones y mostró los hallazgos por él descubiertos. De regreso a Alemania, Neisser llevó consigo varias muestras proporcionadas por Hansen y les realizó técnicas más depuradas de tinción. Comprobó en casi todos los casos, la presencia de los bacilos que identificaban a la enfermedad, descritos como «varas pequeñas, delgadas, cuya longitud venía a ser la mitad del diámetro de un hematíe y la anchura equivalía a una cuarta parte de la longitud».

El médico alemán no vaciló en publicar los resultados. Sin comunicárselo primero a Hansen, se atribuyó el honor de descubrir el microorganismo que causaba la enfermedad; a la vez, trató de desacreditarlo. No hay duda, que con esta acción Neisser pensó robar la autoría del descubrimiento.

La reacción noruega no se hizo esperar y motivó gran indignación, sobre todo porque ya se empezaba a emplear el término de «bacteria de Neisser». Animado por sus colegas, Hansen defendió su posición sin entrar en la polémica de forma directa. Reunió sus trabajos sobre el tema y los publicó en noruego, alemán, inglés y francés. El conflicto creado duró mucho tiempo, y no fue hasta el congreso sobre la lepra que se celebró en Berlín, cuando se reconoció oficialmente a Hansen como el verdadero descubridor del bacilo de la lepra.

Pero se necesitaba algo más para dar total credibilidad al descubrimiento. El próximo paso consistía en poder cultivar in vitro el bacilo y provocar la enfermedad a conejos. Todavía hoy sigue siendo imposible. Era tanta la obsesión que tenía, que llegó al punto de cometer un grave y lamentable error. Inoculó el germen procedente de una lesión cutánea, en el ojo de una mujer que padecía la forma neurológica de la lepra. No hubo ninguna consecuencia clínica para la paciente, pero ésta aseguró que le afectó la vista y le causó dolor. Se procedió entonces con una denuncia, y el demandado reconoció que realizó la prueba sin el debido consentimiento. Explicó que lo había hecho después de fracasar en el intento de inocular a animales, de demostrar la naturaleza infecciosa de la enfermedad y porque no podía poner en cuarentena a los afectados para proteger a los sanos.

En 1880 la corte lo encontró culpable y tuvo que pagar una fuerte indemnización. Fue cesado de su cargo en el hospital, aunque conservó un puesto oficial para luchar contra la lepra en su país. Pudo desarrollar así sus planes teniendo en cuenta la etiología de la enfermedad y la guía de su acción permitió disminuir en Noruega el número de casos de lepra en más de la mitad, en un corto periodo de tiempo.

Momentos finales

Hansen recibió muchos reconocimientos y premios por sus estudios sobre la lepra. Fue presidente de honor de la sección de dermatología y sífilis del Congreso Médico Internacional que se celebró en Copenhague en 1884. Fue presidente del «International Leprosy Committee». En 1897 fue elegido presidente honorario de la «Conférence Internationale de la Lèpre», que se celebró en Berlín; y fue presidente de la segunda, que tuvo lugar en Bergen en 1909. En 1892 él recibió la condecoración de la Orden de San Olav por sus contribuciones científicas

Aparte de sus trabajos sobre la lepra, Hansen cultivó también la historia natural, especialmente la zoología. Dedicó mucho tiempo a estudiar especies de moluscos y gusanos. Fue nombrado director del Museo de Historia Natural de Bergen en 1847. También jugó un papel destacado en la difusión de las ideas de Darwin, que le habían atraído desde el principio. Dio también numerosas conferencias acerca de la teoría de la evolución y publicó varios artículos en la prensa popular, lo que le valió la enemistad del clero. Armauer Hansen fue un radical en su tiempo, un ateo con una actitud hostil hacia la iglesia. Las personas de su círculo más íntimo describieron a Hansen como una persona amable, de buen corazón y poco ambicioso.

Enfermo de sífilis, sufrió los primeros síntomas graves en 1900. Por eso, estaba retirado del trabajo durante largos periodos de tiempo. Cuando se sentía bien reanudaba los viajes alrededor del país para realizar inspecciones oficiales. Murió el 12 de febrero de 1912, durante una de estas acciones en Florø, un pueblo de la costa occidental de Noruega.

Bibliografía

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Tan SY, Graham C. Armauer Hansen (1841-1912): discoverer of the cause of leprosy. Singapore Med J. 2008 Jul;49(7):520-1.

Jay V. The legacy of Armauer Hansen. Arch Pathol Lab Med. 2000 Apr;124(4):496-7.

Haas LF. Armauer Gerhard Heinrik Hansen (1841-1912). J Neurol Neurosurg Psychiatry. 1999 Jul;67(1):14.

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