Epónimos. Contribuciones de Joaquín María Albarrán y Domínguez

Posted at — Julio César Hernández Perera — enero 16th, 2011 — 8:55 under El idioma y la medicina,Epónimos

Por. Dr.C. Julio César Hernández Perera.

El nombre de Joaquín Albarrán (Sagua la Grande, Villa Clara, Cuba 9 de mayo de 1860 – París, Francia, 17 de enero de 1912) va unido al desarrollo de la Urología y es reconocido como uno de los médicos cubanos más importantes. Por sus contribuciones es considerado como el más completo de los urólogos modernos, también juzgado como un símbolo para las generaciones de especialistas dedicadas a la Urología.

Nació el 9 de mayo de 1860 en el poblado de Sagua la Grande, en la actual provincia de Villa Clara. Fue fruto de un matrimonio constituido por Don Pedro Albarrán y de la Calle -natural de Cádiz, España-, y Micaela Domínguez -cubana nacida en Matanzas. La familia gozaba de una buena posición económica, pero desde temprana edad quedó huérfano junto a sus cinco hermanos.
Bajo la tutela de su padrino, el Dr. Joaquín Fábregas, es enviado a La Habana donde recibe educación en el colegio de Belén desde los 9 años de edad.

Por recomendación de su tutor, el 20 de junio de 1872 es enviado, junto con su hermano Pedro, a Barcelona, donde continuó los estudios de bachiller. Posiblemente, el principal hecho que influyó en esta decisión fue el horrendo crimen perpetrado por las autoridades españolas, con el fusilamiento de ocho estudiantes de medicina en La Habana, que había acontecido apenas siete meses antes, el 27 de noviembre de 1871. Muchas familias de la época, en justo temor por la vida de sus hijos, decidieron enviarlos a estudiar lejos del convulso ambiente que se vivía en la isla. Por otra parte, existía un mandato real donde se le prohibía a la juventud criolla emigrar para estudiar en Francia o en EEUU a fin de evitar la aparición de ideas independentistas, que predominaban en ambos países.

A su llegada a Barcelona, el joven Albarrán se involucró, mediante una logia masónica, con el apoyo a la causa independentista cubana y empezó a aportar fondos para la lucha.

Con 13 años de edad inició los estudios preparatorios para ingresar en la Facultad de Medicina. Se destacó como un alumno aventajado y el acogido por famosos maestros. Alcanzó el título de Licenciado en Medicina con solo 17 años de edad.

Al término de esta meta, se traslada a Madrid con el objetivo de rendir el grado de doctor, que fue alcanzado en noviembre de 1878, con las más altas notas. La tesis de grado que presentó llevaba el titulo de «Contagio de la Tisis», fue el primer trabajo importante como escritor científico.

Ya graduado de Doctor en Medicina, con solo 18 años, resultaba demasiado joven para ejercer la profesión en Cuba, además, la Constitución se lo prohibía. Por eso, antes de regresar a su patria decide marchar a Francia con el objetivo de ampliar sus conocimientos y tomar cursos de posgrado. Lo atraía el renombre justificado de la enseñanza médica en la facultad de París.

En el viaje, aconteció un hecho que marcó la vida de éste joven médico cubano, que tomó la determinación de reiniciar la carrera de medicina olvidándose que ya era médico.

El vagón en el que viajaba desde Madrid a La Habana sufrió un accidente cerca de la frontera y se descarriló. Habían heridos y la conmoción entre los pasajeros era unánime. Uno de los pasajeros era Albarrán que fingía no oír a un empleado del tren que preguntaba a gritos si había entre los pasajeros algún médico para que asistiera a varios heridos. Posiblemente ante el caos, el temor y la inexperiencia del galeno, escondía el maletín donde se podía observar su tarjeta de identificación como médico.

Avergonzado por la actitud asumida, prometió olvidar que se había graduado de médico y decidió empezar de nuevo los estudios de medicina en París, poniendo todo su empeño y toda su voluntad e inteligencia, que eran muy grandes, en el estudio profundo y concienzudo de la bella y humana profesión que tanto amaba y acababa de negar.

Tenía el firme propósito de acrecentar sus conocimientos para luego regresar a su patria, que se encontraba inmersa en una cruenta lucha libertaria.

Reinicia los estudios de medicina y se adentra en los laboratorios del colegio de Francia, donde, el célebre profesor Louis Antoine Ranvier, deslumbrado por su talento, le dio todas las facilidades posibles en sus investigaciones, y además, acude al laboratorio de Pasteur para estudiar bacteriología.

Al graduarse en 1883, el profesor Ranvier se entera de que Albarrán tiene intensiones de regresar a Cuba, hizo todo lo posible para que desistiera. Para lograrlo, le mostró las grandes perspectivas que podrían abrírsele en Francia para su carrera científica y su sombrío futuro profesional si regresaba a la isla. Además, le aseguraba que desde París podía crecerse como científico y ayudar a sus compatriotas.

Aceptó quedarse y comenzó entonces su carrera desenfrenada de acopios de triunfos. Logró en 1883 la promoción de externo y un año mas tarde, en 1884, obtuvo el primer puesto de interno de los hospitales en oposición con competidores cómo Widal, Vázquez y Sebileau, que en el futuro habrían de ser como él, profesores de la facultad y representantes eminentes de la medicina francesa. Este hecho se hizo célebre y causó admiración al ver a un extranjero quedar a la cabecera de aquella élite de contrincantes.

Trabajó y estudió infatigablemente en las cátedras de reputados profesores, como el célebre Bacteriólogo Pasteur, el gran Guyon, maestro de fama universal y fundador de la cátedra de las vías urinarias, conocido como el «padre de la Urología francesa».

El 14 de Noviembre de 1906 Albarrán sucede a su maestro Guyon, ha cumplido entonces 46 años y alcanzó así la cumbre de su carrera profesional.

Fue el primer cirujano en Francia que realizó la prostatectmía perineal para el tratamiento del cáncer prostático. Está reconocido como el inventor de un instrumento conocido como uña de Albarrán y con ello hizo que la cateterización ureteral fuera una práctica urológica más fácil. En el escenario clínico fue el primero en proyectar la nefrostomía y observó que en la anuria secundaria a los cálculos renales, el drenaje mediante nefrostomía era esencial antes del tratamiento definitivo del cálculo.

Ganó tres veces el Premio Goddard -de la Academia Francesa de Medicina- y el premio Tremblay. En 1908 dirigió el «Primer Congreso Internacional de Urología».

Este excepcional clínico, urólogo, histólogo y bacteriólogo, falleció en París el 17 de enero de 1912 a los 51 años de edad como consecuencia de una tuberculosis. La enfermedad la había contraído en el Hospital Necker al terminar una nefrectomía a un paciente joven que padecía de tuberculosis renal. Accidentalmente, un escalpelo contaminado se deslizó más allá del pretendido objetivo y produjo una pequeña incisión en la mano del afamado médico. Albarrán era diabético desde hacía un tiempo. Veinte días después de este accidente encontró la muerte, un hecho que tuvo lugar en el mismo año que había sido nominado para el «Premio Nobel de Medicina».

El hecho de permanecer casi toda su vida en el exterior no lo desligó de Cuba, su tierra natal. La visitó en dos oportunidades. La primera en 1885, a la edad de 25 años, donde fueron rendidos varios honores, brillantes discursos por grandes personalidades y profesores de la isla a los cuales condicionadamente contestó:
«Las canas aplaudiendo a un imberbe, son un bálsamo a mi corazón y un estímulo a mi inteligencia»

La segunda visita la realizó en 1890, a los treinta años de edad, disfrutando de un acogedor recibimiento, donde le enaltecieron con la distinción de hijo predilecto, que el municipio de Sagua le otorgó. Durante el banquete que le ofrecieron sus colegas en la patria, levantó su copa para decir:
«Brindo, señores, porque se le den a Cuba los elementos que le faltan para su completo desarrollo científico y por el porvenir de la ciencia, que tendrá consigo el porvenir moral y material de la tierra en que nacimos».

Por aquellas fechas, en 1890, el semanario «El Fígaro» reconocía las palabras del ilustre médico que para acceder a tan elevados cargos debió adoptar la ciudadanía francesa:
«Si los azares de la vida me han hecho adoptar por patria a la gran nación francesa, nunca olvido que soy cubano y siempre tenderán mis esfuerzos a hacerme digno de la patria en que nací».

Así era Albarrán de amante a su patria, y si alguien ofendía de palabra a Cuba, o menospreciaba a algún cubano valioso, allí estaba él presto para la defensa. Así ocurrió con cierto señor que pretendió mancillar la fama y gloria bien ganada del sabio cubano Carlos J. Finlay, a quien le querían arrebatar el ser descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla. En esa ocasión Albarrán salió en defensa de su compatriota y afrontó al señor con parecidas palabras:
«¡Atrás, nada contra Cuba, nada contra los Cubanos!»

Epónimos relacionados con Joaquín María Albarrán y Domínguez

  • Síndrome de Albarrán-Ormond -también puede ser conocido como «Fascitis de Geronta», «Síndrome de Geronta», «Enfermedad de Ormond» o «Síndrome de Ormond». Es una fibrosis retroperitoneal de causa desconicida, que se puede extender hacia la cavidad torácica y pélvica, y se asocia con frecuencia a obstrucción urinaria. Clínicamente se caracteriza por dolor de espalda de intensidad variable, que puede progresar y tener un patrón de irradiación como un cólico, o un dolor abdominal sin localización específica. El dolor puede persistir por un mes. Con frecuencia se asocia a otros síntomas como vómitos, fatiga, pérdida de peso, estreñimiento o diarrea, oliguria o anuria. Con frecuencia ocurre con más frecuencia en el sexo masculino que femenino, y la edad promedio de inicio es de 46 años para los hombres y 32 años para las mujeres. La primera descripción de la enfermedad fue realizada por Albarrán en 1905, le continuaron Oberling en 1925, Bachrach en 1928, Putschar en 934 y Diekow en 1942. Fue redescubierta por el urólogo norteamericano John Kelso Ormond en 1948, quien profundizó en su descripción clínica y patológica.
  • Enfermedad de Albarrán: Se le da este nombre a la colibaciluria
  • Signo de Albarrán. Es un signo de cáncer en la pelvis renal. Descrito por primera vez en 1903 y utilizado para diagnosticar el cáncer de la pelvis renal mediante la detección de células malignas en la orina aspirada de la pelvis renal. Más tarde mejoró su descripción cuando, ante la presencia de cáncer en la pelvis renal, sobrevenía una una hemorragia ureteral después que se inyectaba líquido y provocaba distención de la pelvis renal.
  • Prueba de Albarrán. Es una prueba clínica de para la insuficiencia renal que se basa en el principio de que cuanto mayor es la disfunción del riñón, menos probable es que el órgano responda a la ingestión de grandes cantidades de agua con un mayor aumento de diuresis. Por lo tanto, consiste en valorar el grado de pérdida de tejido renal midiendo volumen y concentración de la orina eliminada.
  • Operación de Albarrán. Resección de una parte de la pelvis renal dilatada y sutura consecutiva.
  • Glándulas de Albarrán -también llamadas como «túbulos de Albarrán». Son los túbulos subtrigonales muy pequeños o glándulas submucosas que se observan en la región subcervical de la próstata. Albarrán introdujo esta clasificación basado en su origen embriológico.
  • Uña de Albarrán. Complemento que se añadió al citoscopio inventado por Nitze, que permitía el cateterismo separado de los uréteres. Este fue el origen de los primeros trabajos sobre la capacidad funcional del riñón.
  • Uretrótomo de Albarrán. Es un instrumento que sirve para realizar cortes a ciegas y con una guía flexible para atravesar la estrechez.

Fuentes bibliográficas.
Who named it?
Valores humanos y cubanía del Dr. Joaquín Albarrán
Kaufman A. Joaquín María Albarrán (1860-1912). Gac Med Caracas. 2006;114 (4).
Joaquín Albarrán, gloria de la Medicina
Joaquín Albarrán Domínguez. Orgullo de la medicina universal

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