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Lunes 22 / abril / 2013

Semmelweis y su desvelo por las manos

Filed under: Historia de la medicina,Le recomendamos leer,Lecturas,Puntos de vista — Julio César Hernández Perera — abril 22nd, 2013 — 7:46

Semmelweis y su desvelo por las manos
En la actualidad son usuales los momentos en que las infecciones respiratorias o diarreicas agudas como el cólera adquieren patrones epidémicos. Al presentarse, unas de las principales advertencias dadas por las autoridades sanitarias se relacionan con el oportuno lavado de manos. Esta medida preventivo-educativa adquiere mayor trascendencia si tenemos en cuenta que en el mundo se estiman en más de 3,5 millones los niños muertos anualmente por diarrea y neumonía. [leer el artículo completo]

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Domingo 15 / enero / 2012

17 de enero de 1912. «Muerte del Dr. Joaquín María Albarrán y Domínguez»

Filed under: Efemérides,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — enero 15th, 2012 — 19:44

17 de enero de 1912. «Muerte del Dr. Joaquín María Albarrán y Domínguez»
joaquin-albarran-hEl 17 de enero de 1912, falleció a los 51 años de edad en París, Francia, el Dr. Joaquín María Albarrán Domínguez (9 de mayo de 1860 – 17 de enero de 1912), como consecuencia de una tuberculosis y diabetes. La enfermedad infecciosa fue inconscientemente adquirida a través de una herida sufrida por un escalpelo contaminado, que se empleó en la disección renal de un enfermo joven que padecía de tuberculosis renal.

Emigró a España cuando tenía 13 años, donde inició los estudios de la carrera de Medicina en Barcelona. Se graduó de Licenciado en Medicina y Cirugía en la Facultad correspondiente de la renombrada Universidad barcelonesa. Posteriormente, se trasladó a Madrid, donde alcanzó en 1878 el título de Doctor en Medicina. En 1878 viajó a París, donde trabajó y estudió bajo las órdenes de renombrados médicos. En los inicios de su carrera, el Dr. Albarrán se dedicó a los campos de la microbiología y la anatomía patológica, pero más tarde prefirió la urología donde realizó importantes contribuciones.

Con su genio y su dominio profundo de las fundamentales disciplinas médicas (Morfología, Patología y Fisiología) modernizó su especialidad, levantándola sobre bases científicas. En su obra cumbre «Medicina operatoria de las vías urinarias», sentó y siguió el principio de que la buena técnica operatoria descansa sobre las bases de la anatomía normal y la patológica. Estas ideas prevalecen en toda su obra. Las descripciones anatómicas que realizó son modélicas y superiores a las que hoy día aparecen en muchos materiales de medicina. Su perfecto conocimiento constituye un guía magnífico para determinar el tipo de cirugía apropiada para cada paciente.

Por todo esto, es considerado por muchos como el más completo de los urólogos modernos, también estimado como un símbolo para las generaciones de especialistas dedicadas a la Urología.

Fuentes:
Valores humanos y cubanía del Dr. Joaquín Albarrán
Kaufman A. Joaquín María Albarrán (1860-1912). Gac Med Caracas. 2006;114 (4).
Joaquín Albarrán, gloria de la Medicina
Joaquín Albarrán Domínguez. Orgullo de la medicina universal

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Miércoles 11 / enero / 2012

Thomas Willis

Filed under: Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — enero 11th, 2012 — 12:51

Dr.C. Julio César Hernández Perera

El siglo XVII, se distinguió por el importante desarrollo de las ciencias. Fueron momentos donde tuvo lugar la aparición de mentes creativas de físicos, químicos y médicos; tiempos de grandes avances como el desarrollo del microscopio, la revelación de la circulación de la sangre y de la fisiología en general. Ejes importantes de nuevos conocimientos fueron encontrados en la anatomía del cerebro, donde al inicio eran mínimos, limitados principalmente a los trabajos de da Vinci, Berengario, Vesalio y otras personalidades, principalmente de la escuela italiana.

En este espacio surgió la figura de Thomas Willis, a quien se le atribuye la creación de la palabra «neurología». Para algunos, considerado como uno de los padres de esta ciencia, y puede ser cierto si se tienen en cuenta las sagaces observaciones realizadas por él a determinadas condiciones neurológicas. Pero con frecuencia se olvidan algunas otras de sus contribuciones hechas en otros campos de la medicina como: la patología, la anatomía, la cardiología, la endocrinología y la gastroenterología. Es sobre todo recordado -desde que se comienza a estudiar medicina- por un epónimo: «el círculo o polígono de Willis».

Aunque no fue él quien descubrió o describió por primera vez esta estructura vascular anastomótica ubicada en la base del cerebro, sí se le atribuye la explicación de su significado funcional: sistema vascular arterial de seguridad contra la deficiencia vascular oclusiva. Pudo demostrar esta función en piezas anatómicas cadavéricas por medio de detallados y elegantes estudios realizados con colorantes.

thomas-willis-cgThomas Willis nació el 27 de enero de 1621, en Gran Bedwyn, Wiltshire, una localidad ubicada aproximadamente a 70 millas al noroeste de Londres, Inglaterra. Desde temprana edad vivió en Oxford, donde vivió la mayor parte de su vida. Sus primeros estudios fueron realizados en una escuela privada de esa ciudad. Siguiendo la tradicional orientación escolástica de la universidad, a los 15 años de edad entró como fámulo de un canónigo del «Christchurch College», donde estudió artes liberales. A la edad de 21 años, obtuvo el título de bachiller y maestro de artes.

El mismo año de su graduación (1642), confluyeron en la vida de Willis muchos hechos que lo marcaron por siempre. Se había desatado una guerra civil (Guerra civil inglesa) y Carlos I había establecido su residencia en la ciudad de Oxford, en el «Christchurch College». En esa conflagración perdió a su padre, quien falleció defendiendo al Rey en el asedio de Oxford. También fue el año de comienzo de su carrera como médico después de haberse desviado del camino de la teología a la que estaba destinado.

La carrera de medicina puede ser catalogada como no fue ideal en ese entonces, si se tiene en cuenta el efecto negativo de la guerra y por la enseñanza que ofrecía la ciudad, muy inferior a la que se impartía en otras universidades del continente. Pero encontró la dicha de recibir lecciones de un destacado médico de la época, William Harvey, quien acompañaba a Carlos I como médico de cámara. Con esta influencia aprendió de primera mano uno de los hechos que imprimieron un profundo cambio a la medicina: la doctrina de la circulación de la sangre.

También recibió influencia de las ideas de Paracelso y otras figuras de la época que posibilitaron la aceptación de los medicamentos químicos (ideas iatroquímicas) en la farmacopea del Real colegio médico.

El despunte de una vida profesional y lucrativa a raíz de un incidente «milagroso»

Después de cuatro años de asedio y guerras (1646), Oxford cayó en manos de los puritanos. En diciembre de ese mismo año obtuvo el grado de bachiller en medicina. Hubo depuraciones en la Universidad, se prohibió el culto anglicano y las corrientes tradicionales se sustituyeron por otras completamente renovadoras. Con el tiempo… Oxford se convirtió en el centro de la denominada «ciencia nueva», muy ligada a los puritanos e inspirada en las directrices de Bacon. Empezaron a sobresalir figuras trascendentales como John Wilkins, Jonh Wallis, William Petty y Robert Boyle. Willis se fue uniendo a este círculo de celebridades y colaboró estrechamente con los trabajos anatómicos y filosóficos de Petty, que había sido nombrado como profesor de Anatomía.

En diciembre de 1650 tuvo lugar un hecho muy importante para la vida de Willis: junto a Petty, revivieron el cuerpo de una prisionera supuestamente muerta. La historia es tan extraña que vale la pena detallar este pasaje que comenzó con las razones de la condena de una muchacha de 22 años: Anne Green. Ella fue una criada, y por lo visto, fue seducida por Geoffrey Read, nieto del señor Thomas Read, un rico personaje de Oxford, dueño del hogar donde trabajaba. La pobre mujer quedó embarazada y lo ocultó todo el tiempo hasta que tuvo un parto prematuro, malográndose el feto. Para su desgracia, el niño muerto fue descubierto y fue acusada de asesinato. Detenida en una cárcel de Oxford, permaneció durante tres semanas hasta que fue llevada a juicio y donde fue emplazada y condenada a muerte el 14 de diciembre de 1650.

La ejecución fue realizada del modo acostumbrado: en la horca. Durante la ejecución descollaron algunos comentarios hechos por los presentes en contra del mal actuar de la familia rica y pidiendo clemencia a favor de la infortunada. Al consumar el ajusticiamiento, algunos de los presentes profanaron su figura mediante pellizcos mientras colgaba con la soga alrededor del cuello. Ante este acto desagradable se ordenó a que se bajara el cuerpo de la joven que suponían estaba muerta y se colocó en un ataúd. Posteriormente fue llevado a la casa privada de Petty para ser empleado en clases de disección anatómica, como lo establecían los estatutos de la época.

Cuando el ataúd fue abierto por Petty y Willis, Anne Green tuvo un suspiro y se oyó un ruido que salía de su garganta. Los médicos abandonaron todos los pensamientos de disección y se dedicaron a reanimar el cuerpo inerte a través de muchas maniobras desesperadas como: frotar las manos, brazos, pies; verter agua caliente, hacer cosquillas a nivel de la garganta con una pluma, realizar una sangría, etc. Al final, después de 12 horas de aquella reanimación, según describió Willis en una obra, ella ya abría los ojos y pronunciaba palabras. En dos días ya estaba totalmente recuperada y con todas sus facultades recuperadas.

Con posterioridad Anne Green fue indultada. Se consideró que la mano de Dios la había perdonado. La fama de la muchacha «resucitada» o «perdonada» fue vasta y se fue de la ciudad, llevándose consigo el ataúd donde había sido metida. Se cuenta que vivió durante 15 años más, se casó y tuvo tres hijos.

Después de este incidente, la fama de Willis se acrecentó y con ello la posibilidad de obtener grandes dividendos y fortuna futura por medio de su labor como médico. Al final de su vida, terminó como un médico de Londres rico.

Primera etapa de una vida: «la iatroquímica»

Después del incidente de la resucitación, se enmarca la primera etapa de la vida profesional de Willis, resaltada con la publicación de su libro «Diatribae duae» (1659), en el que expone sus ideas iatroquímicas y su aplicación a la doctrina de las fiebres. Sistematizó la teoría de la circulación de la sangre y otras de carácter fisiológico desde el punto de vista de la iatroquímica. La fisiología de Willis recoge las ideas de Harvey a las que incorpora los hallazgos de Pecquet, Rudbeck y Bartholin.
Sin embargo, los conocimientos de la época no le permitían llegar a ideas más claras y reales. Para él el hígado no desempeña papel alguno en la circulación. La parte más sutil del alimento -es decir, spiritus y aqua-, pasaba directamente del tubo digestivo a la porta. La parte más grosera, en cambio, es convertida en quilo que pasa de los vasos quilíferos al conducto torácico, y de éste a las venas. Ya en el árbol respiratorio, la sustancia alimenticia sufriría dos fermentaciones: una en las venas que la convertirían en sangre venosa, y otra en el corazón, donde se transformaría en sangre arterial.

Interpretó la fiebre como una «fermentación preternatural» o alteración de los procesos fermentativos que provoca un movimiento desordenado y una efervescencia de la sangre que alteran de varias formas el organismo. «Diatribae duae» contiene excelentes representaciones de tipo clínico y epidemiológico y una especie de intención de fundamentar la patología empíricamente, programa que maduró más tarde Sydenham.

Segunda etapa de la vida de Willis: «la neurología»

Con el avance de los años, se restituyó nuevamente en 1660 la monarquía y Oxford fue depurado de elementos puritanos. La fidelidad de Willis a la facción realista y anglicana le valió el nombramiento de profesor de filosofía natural. Sin embargo, la formación adquirida lo colocó en el sentido opuesto de la tradición escolástica nuevamente instaurada.

Es en esta época cuando dedicó gran parte de sus investigaciones al sistema nervioso y a sus enfermedades. En 1664 publicó su obra «Cerebri anatome», que tuvo una gran repercusión en la anatomía descriptiva, posterior a Vesalio. Fue en esta obra donde apareció por primera vez la palabra «neurología» escrita en idioma griego. Tuvo el mérito de haber hecho una investigación donde se incorporaban la embriología, la anatomía patológica y la descriptiva. Se auxilió de la observación macroscópica y microscópica, así como de la inyección de sustancias coloreadas y solidificables; también recurrió a la vivisección. No trabajó de forma individual, sino que sus resultados investigativos fueron fruto de un equipo conformado por varios científicos y por eso, muchos lo consideran como el que comenzó la visión interdisciplinar, diferente al conocimiento del sistema nervioso que prevalecía en la época previa.

En cuanto a la aportación de nuevos conocimientos, introdujo muchas precisiones sobre el sistema nervioso vegetativo y una clasificación de los nervios craneales en nueve pares, que perduró durante mucho tiempo. Describió los cuerpos estriados, el tálamo, los cuerpos mamilares (denominados durante mucho tiempo como: glándulas de Willis), la distribución arborescente de la sustancia gris y blanca del cerebro, los cordones paralelos del cuerpo calloso o «cordones de Willis». En esta obra incluyó la figura, ya clásica, del polígono que lleva su nombre, y descrita previamente por Johann Jacob Wepfer. Otro de los aspectos a destacar en la obra fue la doctrina de la acción refleja.

De igual manera trata de otras enfermedades como las enfermedades convulsivas y dentro de ellas: «la histeria y la hiponcondría». Aunque no eran totalmente ciertas estas aseveraciones, si se daba un paso importante al relacionarlas globalmente como afecciones del sistema nervioso. De esta manera de enfrentaba a otras ideas como las de Highmore, quien planteaba que las convulsiones eran afecciones cardiovasculares.
En 1665 aceptó marchar a Londres, a propuesta del arzobispo de Canterbury Gilbert Sheldon, donde también coincidieron finalmente otros científicos de la época. Pronto se convirtió en el núcleo central de la «ciencia nueva» y acabó por ingresar en la Real sociedad (1667).

En Longres dedicó prácticamente todo su tiempo a la actividad médica y le proveyó de una gran fortuna. En 1672 publicó un libro sobre el «alma animal» o «alma sensitiva» del hombre («De anima brutorum»). Aunque pudiera parecer como un libro muy teórico y especulativo, trató de apoyarse en investigaciones realizadas en diferentes especies de animales, con contribuciones muy avanzadas para la época sobre anatomía comparada. En esta obra realizó una de las primeras exposiciones sistemáticas de las enfermedades neuropsiquiátricas. Hizo detalladas descripciones de diferentes enfermedades: cefalea, trastornos del sueño, coma, apoplejía, vértigo, parálisis, manía, delirios y melancolía, entre otros.

Tercera etapa de la vida de Willis: «la farmacología»

Se destaca la tercera etapa la intención de elaborar una farmacología con fundamentos modernos. Ya en el ocaso de su vida, publicó entre 1674 y 1675 «Pharmaceutice rationalis», una obra donde intenta explicar el mecanismo de acción de los medicamentos en el tubo digestivo, en la sangre y otros órganos. Para él era preciso que se conociera bien la certeza de acción de los medicamentos. Estudió los remedios eméticos, los purgantes, los diuréticos y los diaforéticos, entre otros. En esta obra es donde, al mencionar la medicación diurética, refirió el sabor dulce que presentaba la orina de algunos enfermos. Aunque no puede explicar el por qué, establece en la práctica médica la acción de catar la orina por parte de los médicos para evaluar el diagnóstico y tratamiento de la diabetes mellitus.

Murió en Londres, a finales de 1675 como consecuencia de una afección respiratoria (pleuresía). Fue enterrado en la Abadía de Westminster.

Bibliografía

Dalley AF. Thomas Willis 1621-1675. Clinl Anat. 2002;15:2-3

Hughes JT. Thomas Willis (1621-1675). J Neurol. 2000;247:151-2

Molnár Z. Thomas Willis (1621-1675), the founder of clinical neuroscience. Nature Rev. 2004; 5:329-35.

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Domingo 25 / diciembre / 2011

John Hughlings Jackson y las epilepsias

Filed under: El idioma y la medicina,Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — diciembre 25th, 2011 — 11:36

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

A lo largo del tiempo, muchos médicos han esculpido en la medicina valiosas huellas de conocimiento en aras del desarrollo de la civilización humana. Entre ellos, podemos encontrar a John Hughlings Jackson, por muchos, considerado como uno de los precursores de la neurología. Su mayor y más reconocido aporte estuvo relacionado con una enfermedad tan antigua como la misma existencia del hombre: la epilepsia.

Los que la han padecido y padecen, a pesar de que la inmensa mayoría de ellos pueden y han podido desempeñar funciones normales como cualquier otro ser humano, han sufrido en diferentes momentos históricos y lugares, castigos y purgatorios que los han marginalizado en el seno de impías sociedades.

Tanto desconocimiento la llevó a ser tildada como «ominosa» y «execrable»enfermedad. Por mucho, existió la creencia generalizada de tener orígenes religiosos y mágicos. Incluso, se pudo llegar al extremo de juzgársele como una especie de posesión demoniaca. Esta última percepción, tuvo su mayor auge durante los llamados «años oscuros», cuando la iglesia católica subyugaba a la ciencia.

Pero por suerte, siempre han surgido «lumbreras» con nuevos y revolucionarios conocimientos que en su momento enfrentaron la ignorancia y el oscurantismo. Recordamos así la célebre figura de Hipócrates, como la primera persona que impugnó esa condición divina y sobrenatural de la epilepsia. El reconocido sabio llegó a expresar: «la enfermedad no es más divina que otras, tiene la misma naturaleza que las otras enfermedades».

Diferentes aportaciones realizadas por hombres de ciencias, insignes y grandes,cambiaron gradualmente los vetustos cánones del conocimiento, por otros nuevos. A la larga, se impusieronlas ideas de que la enfermedad, muchas veces identificadas por espeluznantes crisis convulsivas, era una afección del cuerpo humano, más que un proceso sobrenatural.

En este efímero recorrido histórico, a la vez necesario, volvemos nuevamente a la figura del inglés Jackson. Se puede aseverar que fue una de esaspersonalidades de las ciencias, destacadas por el importante aporte que hizo con nuevos conocimientos, donde se encuentran los relativos a la epilepsia y la neurología en general.

Circunstancias históricas en la que transcurrió la vida de Jackson

john-hughlings-jackson-01-cgJohn Hughlings Jackson, nació el 4 de abril de 1835 en Green Hammerton, Yorkshire del Norte, Inglaterra. Fue el benjamín de cinco hermanos, una hembra y cuatro varones. Samuel Jackson, su padre, fue un próspero granjero y fabricante de cerveza. Sara Hughlings, su madre, fue hija de un recaudador de impuestos y falleció en el transcurso de su primer año de vida.

Tuvo la dicha de venir al mundo en momentos donde preponderaba el auge de grandes cambiosy debates en lo social, moral y científico. Fueron tiempos de grandes innovacionescomo: el desarrollo del ferrocarril, de la prensa yde las construcciones de hierro. Para ayudar a situarnos en el momento histórico que se refiere, se puede destacar entre la construcciones de hierro, la famosa edificación de la sede de la primera Gran exposición universal, el «Palacio de cristal» de Londres,inaugurada en 1851.

Eran también lapsos donde se iniciaba el «camino sin vuelta atrás»hacia el pináculo de la sapiencia y poco a poco se empezaban a abrir surcos que labraban desarrollosy progresos dentro de la sociedad.

La Inglaterra de entonces, se correspondía con la llamada «época victoriana». Tiempos de sobresalientes tributos como la «ley dela conservación de energía». Sin embargo,la pieza más importante fue la evolución y encontró su máximodebate con la publicación realizada por Charles Darwin acerca del origen de las especies.

Pero…, ¿qué pasaba con la medicina? Esta ciencia no escapó de las grandes transformaciones que se vivían. Hasta ese momento se trataban de manera indiferente a las personas que ejercían la profesión de curar: algunos como barberos o boticarios.

La formación del médico se basaba en una jerarquía de practicantes, quienes debían tomar uno o varios exámenes. Si obtenían la licencia de la «Excelentísima sociedad de boticarios» (en inglés Worshipful Society of Apothecaries), les era permitido vender medicamentos y dar orientación médica gratuita al comprador. La «Real sociedad de cirujanos» (en inglés Royal Society of Surgeons) autorizaba tratamiento quirúrgico y seguimiento de los pacientes. Por su parte, la «Real colegio de médicos» (en inglés Royal College of Physicians)era la institución que otorgaba licencia para atender casos clínicos y cobrar por ello, es decir, la que certificaba el ejercicio profesional de la medicina.

Poco se conoce de los primeros momentos de la vida de Jackson. Junto a su hermano Thomas, estudió en diversas escuelas provincianas.

Terminó su educación formal a los 15 años y en ese momento su vida encontró el derrotero que lo identificaría finalmente con la medicina. Fue aprendiz del Dr. William Charles Anderson, un médico de York. Durante los dos años que permaneció junto a él, pudo recibir educación médica teórica y práctica.

Con posterioridad,empezó a recibir clases en la Escuela médica de York. En el centro, una institución privada, se encontraba el Dr. Thomas Laycock, profesor de medicina en Edimburgo, de quien recibió una gran influencia en el estudio del cerebro, del estado de conciencia, de la expresión verbal y la escritura.Laycock es considerado en la historia de la medicina como el primero que consideró el cerebro como algo sometido a las leyes de la acción-reflejo.

En 1855 pasó al «hospital de San Bartolomé», de Londres, donde recibió lecciones de James Paget (1814-1899), un destacado cirujano y patólogo británico que es recordado, junto a Rudolf Virchow, como uno de los fundadores de la patología científica.

Después de aprobar los exámenes que le permitía ser licenciado de la «Excelentísima sociedad de boticarios», miembro del «Real sociedad de cirujanos»y licenciado del «Real colegio de médicos», el joven empezó a ganar prestigio y pasó a ser médico residente del dispensario de York.

Como siempre ocurre en las vidas de las personas, el azar y las oportunidades estuvieron presentes en el camino del Dr. Jackson. En 1859, mientras se encontraba en Londres, conoció a otro grande de la historia de la medicina: el médico Jonathan Hutchinson. Se hospedaba en su casa y ambos forjaron una amistad que duró toda la vida.

En esa época apareció, en el documento «Libro de protocolos de la Sociedad médica de York», que figura comosu primer comentario relativo a la neurología. En el mismo, hacía referencia a trabajos realizados por Todd sobre un tema que en aquel momento era difícil de comprender: la parálisis facial.

Hutchinson y Jackson, jóvenes ambiciosos, llegaron a ser reporteros médicos de revistas como la «Gaceta y tiempos médicos»y «Voces médicas». Jackson cubrió los trabajos de Brown-Sequard y de Todd, quienes ponderaban que el sistema nervioso era un conjunto de componentes u órganos, anatómicos y fisiológicos.

Con el fin de alcanzar el grado de Doctor en Medicina, en 1860 presentó su tesis en la «Universidad de San Andrés». Nos llamaría la atención el hecho de haber realizado este ejercicio sin haber asistido a la universidad, pero en aquel entonces era posible obtener el títulopor correspondenciaen algunas universidades, sin haberse matriculado.

Jackson y la neurología

Posteriormente fue nombrado médico del Hospital libre metropolitano, del Real hospital oftálmico de Londres y conferencista de patología en el Hospital de Londres.

Aunque los médicos del Hospital de Londres ejercían la medicina general, la verdadera vocación del galenoeran las enfermedades relacionadas con el sistema nervioso. Es oportuno explicar, que a comienzos de los años 60 del siglo XIX, no existía la neurología como especialidad médica.

En 1862 recibió el nombramiento como médico auxiliar del «Hospital para el paralítico y el epiléptico».

Dentro de los posteriores cinco años se puede encontrar la publicación del folleto: «Recomendaciones para el estudio del sistema nervioso, en la teoría del profesor Owen».En este trabajo intentó explicar la neurofisiología fundamentado en la teoría del Dr.Owen.

Pasó a ser también médico auxiliar del Hospital de Londres (1863) y a dirigir el Programa de diagnóstico neurológico, donde comenzó a ganar mayor reputación y fama. En su cátedra, ubicada en este centro asistencial, dio a conocer al mundo(1864), una metodología particular para el análisis del cuadro clínico de determinadas enfermedades. En el mismo,relacionabael tejido lesionado, el órgano comprometido y la función afectada. Se trataba de un enfoque integrador de tres elementos esenciales: la patología, la anatomía y la fisiología de la enfermedad. En el mismo, se puede encontrar una de sus mayores contribuciones a la neurología: el principio fundamental del diagnóstico neurológico aplicado al paciente.

Constituyeron parte de su legado, la comprensión de la crisis parcial en la enfermedad cerebrovascular, así como el uso rutinario del oftalmoscopio y del martillo para el examen de los reflejos osteotendinosos. Para demostrar su metodología, hizo público el reporte de 34 casos de hemiplejía, disfasia y cardiopatía valvular. Estas investigaciones contribuyeron al conocimiento del lenguaje.

Tras numerosas publicaciones concluyó, en 1866, que en la afasia de Broca, aunque producida por una lesión del lóbulo frontal izquierdo, la facultad de articulación del lenguaje, como tal, no existe.

Sostuvo que los enfermos afásicos presentabanuna función mental normal pero no son capaces de expresar su lenguaje interior.

Una de sus descripciones más importantes estuvo relacionada con representación de un cuadro de desviación de la mirada durante una crisis epiléptica. Aseveraba que las epilepsias se producían más por excitación que por supresión de la función cerebral.

Al igual que Todd, estimaba con mucha certeza que la hemiplejía y la convulsión unilateral estaban relacionadas.

En 1869 publicó «Un estudio de las convulsiones», obra clásica de la neurología donde escribió: «la convulsión no es apenas un síntoma, implica una descarga del tejido nervioso sobre el músculo».

Inicialmente, Jackson pensó que la corteza cerebral no era excitable y que las crisis se generaban en estructuras subcorticales. Sin embargo, los trabajos de FritscheHitzig en perros y de David Ferrier en monos (1870), demostraron que la estimulación de la corteza sí producía convulsiones.

En 1873 Jackson cambió de posición y afirmó que «epilepsia es el nombre para una descarga local ocasional, súbita e intensa de la materia gris».
En 1874 Hughlings Jackson, en el semanario «Circular y prensa médica»aplicó la teoría evolucionista del filósofo victoriano Herbert Spencer a la neurología. La teoría sustentaba que los centros superiores nerviosos eran más complejos, más numerosos y más especializados que los centros inferiores. La corteza, el más evolucionado centro neurológico, controlaría las funciones del estriado y de los centros inferiores.

En 1875 intentó explicar la relación corteza-ganglios basales mediante el análisis de enfermos en estado posictal.

En 1876 tuvo una irreparable pérdida personal: la muerte de su esposa Elizabeth. Ella había sufrido una infección cerebral durante el embarazo, manifestada como crisis parciales que en la actualidad reciben el nombre de «epilepsia jacksoniana». Una coincidencia dolorosa: eran las mismas que tanto había estudiado. Este hecho lo marcó el resto de su vida y a partir de este acontecimiento y sin descendencia, se convirtió en un hombre solitario y adusto.

En 1877, Jackson incorporó el estudio oftalmológico a la clínica neurológica. Observó algunos signos oculares, la neuritis óptica, los movimientos conjugados y su relación con afecciones del tronco cerebral.

Durante su larga carrera profesional Jackson investigó, escribió y revisó pacientes. Era un destacado y reconocido médico de Londres; elegido presidente de la «Sociedad oftalmológica del Reino unido», la «Sociedad médica de Londres»y la «Sociedad clínica de Londres». Describió la denominada «marcha jacksoniana» en las epilepsias y la organización somatotrópica del cerebro. También sostuvo que las enfermedades neurológicas eran una forma de evolución o disolución del sistema nervioso.
En 1878, cuando tenía 43 años, fue elegido miembro asociado de la «Real sociedad», época en que se fundó la revista «Brain». Fue elegido primer presidente de la «Sociedad neurológica de Londres»(1895.

Recibió grados honorarios de diversas universidades: Edimburgo, Glasgow, Boloña, Leeds y de su natal Yorkshire. A los 65 años de edad, se retiró del Hospital de Londres en 1894 y del «Hospital nacional» en 1900. Sin embargo, este retiro, fue postergado durante cinco años debido a su contribución a la neurología.

Entre los científicos y pensadores que recibieron marcada influencia de Jackson se pueden mencionar los neurólogos: William Gowers, en epilepsia; David Ferrier, en la localización cortical; Charcot, William Osler, Joseph Lister, Pierre Marie; pensadores como Michel Foucault, en la naturaleza de la enfermedad mental y Daniel Dennett en la explicación de la consciencia; también a Sigmund Freud, en los estudios de afasia.

Al final de su vida, Jackson padeció de sordera.Falleció el 7 de octubre de 1911, a los 71 años, en su casa de Londres.

Su nombre es recordado en la medicina al referir varios epónimos:

«Epilepsia jacksoniana», conocida también como epilepsia cortical: se caracteriza por convulsiones de una o varias partes del cuerpo del mismo lado. Las contracciones comienzan como un foco que se extiende a otras áreas. Solo afecta a un lado del cuerpo y el paciente mantiene el estado de conciencia. Esta convulsión indica que existe una lesión focal en el lado contralateral del cerebro, con frecuencia en el área motora de la corteza cerebral.

«Síndrome cerebeloso de Jackson»: síndrome caracterizado por convulsiones secundarias a un tumor de la línea media del cerebelo. La actitud cerebelosa que toma el paciente, se describe como una postura de hiperextensión persistente, que se adopta entre los ataques. La convulsión puede precederse de un fuerte grito. Durante el ataque la cabeza se extiende hacia atrás, se curva la espalda, las manos se cierran, se flexionan los antebrazos, se extienden las piernas y los pies se arquean hacia atrás.

«Ley de Jackson»: las funciones nerviosas son las últimas que se desarrollan y las primeras que se destruyen.

«Regla de Jackson»: después de un ataque epiléptico, las funciones de los nervios que son menos desarrolladas, son las menos afectadas y las que más rápido se recuperan.

«Signo de Jackson»: durante una respiración tranquila, el lado pléjico del tórax desarrolla movimientos más amplios que el lado opuesto. Sin embargo, durante la respiración forzada los movimientos del lado paralizado son menores que el lado contralateral.

Bibliografía
Jacyna LS.Process and progress: John Hughlings Jackson’s philosophy of science.Brain. 2011 Oct;134(Pt 10):3121-6.
Reynolds E. Hughlings Jackson. Arch Neurol. 1988;45:675-8.
Covo PC. JofnHuglings Jackson, un científico victoriano. Acta Neurol Colomb. 2006;22:257-60.

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Sábado 10 / diciembre / 2011

Howard Taylor Ricketts y las rickettsias

Filed under: Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — diciembre 10th, 2011 — 17:53

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

Al hablar de enfermedades por rickettsias remontamos nuestros pensamientos a un grupo integrado por una amplia variedad de entidades clínicas causadas por microorganismos de la familia Rickettsiaceae. Las rickecttsias tienen características comunes como: ser parásitos intracelulares obligados y multiplicarse en una o más especies de artrópodos, igual que en los animales y el hombre. De hecho, la mayoría de estos gérmenes se perpetúan en la naturaleza, gracias a un ciclo en el que interviene un insecto vector y un animal reservorio. Son varias las enfermedades asociadas a las rickettsias, clasificadas en tres grupos principales: fiebre manchada, tifus y otras rickettsiosis.

Dentro de estos grupos podemos encontrar enfermedades como la fiebre Q, la fiebre manchada de las Montañas Rocosas, la fiebre botosa, el tifus epidémico, el tifus murino, etc. De todas estas, el tifus epidémico ha sido catalogado como una de las grandes pestes del mundo, ya que pocas enfermedades como esta, han influido de manera negativa en la civilización humana. Tal denominación nunca podrá ser arrancada como una página negra de la historia, vinculadas sobre todo a las muertes y los sufrimientos durante las guerras, el hacinamiento de grandes poblaciones, la miseria y las necesidades.

Pero como sucede con cada hecho de la vida, una historia -en ocasiones pocas veces conocida y con tendencia a pasar al olvido- la acompaña. En este caso estamos obligados a evocar al Dr. Howard Taylor Ricketts, quien bien pudiera colocarse en el zócalo que enaltece a los microbiólogos más trascendentales en la historia de la medicina.

howard-taylor-ricketts-02-cgNació el 9 de febrero de 1871 en Findlay, una villa ubicada en el condado de Shelby, Illinois, Estados Unidos. Matriculó en la Universidad de Northwestern en 1890. Cuatro años más tarde, ingresó en la Escuela de Medicina de la misma Universidad, donde su mentor, Walter H. Allport, lo ayudó a obtener un empleo en el museo médico de ese centro de altos estudios. Alcanzó el título de Doctor en medicina en 1897 y desde diciembre de ese año hasta junio de 1899, pasó una pasantía en el hospital del condado de Cook. En ese lugar trabajó junto a Ludvik Hektoen, posteriormente reconocido como un gran bacteriólogo dedicado al estudio de los estreptococos. Después de este periodo, aceptó una beca en patología dermatológica en el Colegio médico de Rush, con el fin de estudiar la blastomicosis.

En 1900 viajó a Europa donde estudió en Berlín, a sugerencia de Hetkoen. Con posterioridad, se dirigió al famoso Instituto Pasteur de París. En estos lugares, Ricketts perfeccionó sus técnicas de laboratorio y desarrolló un importante interés por la microbiología teórica.

En 1902 fue designado asistente en el Departamento de patología y microbiología de la Universidad de Chicago. En este lugar desplegó, hasta 1904, varios estudios relacionados con la blastomicosis. En 1904 fue nombrado asistente de John M. Dodson, quien fungía como decano de la Universidad médica. En 1907 pasó a ser profesor por un periodo de cuatro años.

Es muy reconocido el encomiador trabajo desarrollado en el área de la inmunología durante esta última etapa de su vida. Estas investigaciones le sirvieron para realizar varias publicaciones en la prestigiosa revista «Journal of the American Medical Association». Ulteriormente, estos trabajos fueron compilados y publicados en una obra titulada: «Infección, inmunidad y terapia sérica».

Fue también es en este periodo de tiempo donde tuvieron lugar sus mayores aportes a la medicina mundial. Ricketts será por siempre recordado por ser el descubridor del agente etiológico y la vía de transmisión de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas y del tabardillo.

Ricketts y la fiebre manchada de las Montañas Rocosas

En 1906 empezó a mostrar un especial interés en una enfermedad de la que no se conocían sus causas: la fiebre manchada de las Montañas Rocosas. Por esta razón, viajó al estado de Montana para estudiar la enfermedad, que en aquel entonces era causa importante de muertes. Según datos de la época, se estimaba una mortalidad de más del 80 % para quienes la sufrían.

A su llegada a Montana, centró sus estudios en los animales afectados y en los pacientes que eran víctimas de la enfermedad. Le extrañaba de sobremanera la incapacidad de demostrar la presencia del agente causal de la enfermedad en los medios de cultivos. Por esta razón, recurrió a la investigación mediante la inoculación de animales. Logró transmitir la enfermedad en conejillos de indias y en monos, donde encontró agentes específicos en la sangre, posibles causantes de la afección. También logró demostrar cómo la enfermedad podía transmitirse a través de la picada de un insecto conocido como garrapata de madera (Dermacentor andersoni). Entonces, no fue difícil sospechar que este mecanismo de transmisión podía acontecer de forma natural en las regiones de Montana e Idaho.

Con el tiempo, se pudo descubrir que la garrapata podía ser, a su vez, víctima de la infección: el germen era capaz de proliferar dentro del insecto. También se pudo declarar la transmisión a través de los huevos depositados por el insecto, como también en los estados de desarrollo larvario y de ninfa. Como la garrapata adulta podía ser la vía por la que el hombre se contagiaba, este fenómeno solo acontecía durante la primavera, y de esta manera, se explicaba convincentemente el característico patrón, que relacionado con las estaciones del año, mostraba la enfermedad.

Los trabajos de Ricketts, relacionados con la fiebre manchada de las Montañas Rocosas fueron publicados en un artículo titulado: «Observaciones en los virus y formas de transmisión de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas». Determinó además, que mediante el análisis del modo de transmisión se podía prevenir la enfermedad de una manera racional.

En 1919, Simeon Burt Wolbach identificó finalmente el agente etiológico como una nueva forma de microorganismo y lo denominó como Dermacentroxesus rickettsii, en honor a los trabajos de Ricketts. En la actualidad se conoce como Rickettsia rickettsii.

Ricketts y los estudios de la fiebre del tifus

La fiebre manchada de las Montañas Rocosas se parecía, en cuanto al cuadro clínico, a otra enfermedad conocida como fiebre de tifus. Era una afección que se podía conocer en aquel entonces de diferentes maneras: tabardillo (en México), fiebre de los barcos, fiebre de campamento, fiebre de las cárceles o fiebre de hospital.

howard-taylor-ricketts-01-cgEn 1909 el científico aceptó una invitación para estudiar el tabardillo en el Valle de México, una zona geográfica que estaba fuertemente azotada por este mal. Junto a su asistente voluntario, Russell Morse Wilder, elucubraron que la similitud existente entre la fiebre del tifus y la fiebre manchada de las Montañas Rocosas podían llevarlo a las mismas causas etiológicas. Viajó a Ciudad México y trabajó de manera intensa con las personas severamente enfermas. Encontró que el tabardillo podía ser transmitido por un ectoparásito, específicamente el piojo humano del cuerpo (en aquellos momentos denominado Pediculus vestimenti, en la actualidad Pediculus humanus corporis). Ya en 1909, a igual conclusión había llegado el médico francés y director del Instituto Pasteur de Túnez, Charles Jules Henri Nicolle.

Ricketts reconoció que Nicolle había demostrado previamente, la asociación entre el piojo humano del cuerpo y el tifus. Los experimentos de Nicolle fueron convincentes y había logrado la transmisión de la enfermedad desde monos infectados hacia otros animales de la misma especie empleando el piojo como vector. Sin embargo, las investigaciones de Ricketts lograron complementar este descubrimiento con un hallazgo interesante: los monos que se recuperaban, podían desarrollar inmunidad contra la enfermedad.

El 23 de abril de 1910, Ricketts y Wilder estaban a punto de anunciar una importante revelación: el descubrimiento del microorganismo, aparentemente un bacilo, en la sangre de los pacientes con tifus y en los insectos. Desgraciadamente, mientras realizaban trabajos para aislarlo, Ricketts contrajo la enfermedad y murió. Sus trabajos inconclusos fueron asumidos y culminados por otros investigadores.

Los trabajos de Ricketts relacionados con la inmunidad y el suero constituyeron las bases para posteriores avances en el desarrollo de vacunas, y su teoría de que ambas enfermedades estaban estrechamente relacionadas con microorganismos fue probada en años ulteriores.

La fiebre del tifus no solo provocó la muerte de Ricketts. Asociada a la enfermedad, se recogen hechos donde el trabajo heroico del personal médico y paramédico, resalta de manera magnánima en una batalla que estaba encaminada a enfrentar esta peste, a pesar del gran riesgo. En la historia de la medicina se recogen datos escalofriantes como este: en un periodo de 25 años, de 1230 médicos que estuvieron vinculados a diferentes instituciones de salud de Irlanda, 550 murieron por el tifus.

El bacteriólogo y zoólogo austriaco Stanislav von Prowazek es otro ejemplo digno de reconocer. Dedicó parte de su vida al estudio de la fiebre del tifus y durante una investigación realizada en Serbia en 1913, logró probar que similares microorganismos estaban presentes en piojos obtenidos de pacientes con tifus. En 1915, von Prowazek falleció por tifus, en condiciones similares a la de Ricketts.

El término rickettsia se originó de una publicación realizada en el año 1916 por Henrique da Rocha-Lima, un microbiólogo brasilero, quien denominó de esta manera al agente etiológico del tifus epidémico Rickettsia prowazekii en honor a Ricketts y Prowazek, ambos fallecidos mientras investigaban la etiología del tifus. Con posterioridad, aparte de los dos gérmenes referidos, R. rickettsii y R. prowazekii, la comunidad científica denominó una nueva familia taxonómica (Rickettsiaceae) y orden (Rickettsiales).

La voluntad extraordinaria de Ricketts para asumir riesgos, hacen que sea recordado como una leyenda en la medicina, una «víctima de su dedicación y ocupación», para otros… «uno de los médicos mártires de la ciencia».

Bibliografía
Hetkoen L. Howard Taylor Ricketts. Science. 1910;22(826):585-7.
Grob D, Schäfer G. 100th Anniversary of the death of Ricketts: Howard Taylor Ricketts (1871-1910). The namesake of the Rickettsiaceae family. Micr Infect. 2011;13:10-3.

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Miércoles 7 / diciembre / 2011

8 de diciembre de 1937. «Fundación del Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” (IPK)»

Filed under: Efemérides,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — diciembre 7th, 2011 — 20:58

8 de diciembre de 1937. «Fundación del Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” (IPK)»
El 8 de diciembre de 1937, se fundó el Instituto de Medicina Tropical, que en la actualidad lleva el nombre de su fundador, el Dr. Pedro Kourí. Aquel joven médico e investigador había dado previamente certeros pasos en el campo de la medicina dedicados a las enfermedades parasitarias y altamente transmisibles. Se ganó así, el merecido reconocimiento, no sólo por parte de sus colegas nacionales, sino también de otros especialistas del mundo.
Es difícil reseñar los cuantiosos resultados de su productiva obra, pero sin dudas, podríamos destacar la autoría de varios textos imprescindibles dentro de su área; la creación de métodos de diagnóstico y tratamiento para diferentes males como la fasciolosis; sus responsabilidades dentro de sociedades científicas nacionales e internacionales; la fundación de los laboratorios Kuba y de la «Revista de Parasitología Clínica y Laboratorio», actualmente conocida como «Revista Cubana de Medicina Tropical».

Por todas estas razones, el Consejo Universitario aprobó la creación del «Instituto de Medicina Tropical», una idea propuesta por el profesor Kourí.

En 1979 el centro pasa a ser identificado oficialmente como «Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí”» (IPK), en tributo a la obra del eminente científico. Desde esa fecha, sus objetivos y alcance se han extendidos a otras ramas de la medicina.

En 1993, el IPK, que hasta ese momento estaba anexo a la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, se trasladó a otras instalaciones más amplias y modernas, que le permitían continuar su desarrollo. En la actualidad es considerado un centro de excelencia y referencia internacional, colaborador de la OPS/OMS, que contribuye también a la formación de nuevos profesionales dedicados a la microbiología médica, la infectología y las enfermedades transmisibles.

Enlaces relacionados:
IPK
IPK en EcuRed

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Miércoles 9 / noviembre / 2011

14 de noviembre de 1891. «Nacimiento de Frederick G. Banting»

Filed under: Efemérides,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — noviembre 9th, 2011 — 7:39

14 de noviembre de 1891. «Nacimiento de Frederick G. Banting»

El 14 de noviembre de 1891 nació el médico e investigador canadiense Frederick Grant Banting (Alliston, Ontario, Canadá, 14 de noviembre de 1891 – Musgrave Harbor, Terranova, 21 de febrero de 1941). Estudió en la universidad de Toronto y fue médico militar durante la Primera Guerra Mundial.

Tras el final de la guerra, en 1919, regresó a Canadá. Allí ejerció por poco tiempo en Ontario. Estudió ortopedia infantil y se desempeñó como cirujano en el «Hospital for Sick Children». Con posterioridad fue profesor de ortopedia en «University of Western Ontario».

Pero su mayor trascendencia en la historia de la medicina estuvo relacionada con el descubrimiento de la insulina. Manifestó un especial interés por el conocimiento de los aspectos fisiológicos y clínicos relacionados con la diabetes, una enfermedad de la que se tenían pocos conocimientos científicos. Las limitadas nociones científicas del momento que le tocó vivir, estaban circunscritas a la relación existente entre el páncreas y la enfermedad, y a la posibilidad de la existencia de la insulina, una hormona que podía tener efecto hipoglicemiante, y de la que se habían hecho múltiples intentos por aislarla. Durante las primeras dos décadas del siglo XX, algunos investigadores preparaban extractos pancreáticos, que disminuían la glicemia y la glucosuria con una efectividad muy variable y se asociaban con frecuencia a serias reacciones adversas.

Motivado por esta enfermedad, se puso en contacto con John James Richard Macleod, un profesor de fisiología de la Universidad de Toronto, quien le facilitó lo necesario para poder investigar en su laboratorio. Trabajó entonces con Charles Best, estudiante de medicina que fue su asistente y más tarde, con el químico James B. Collip. En sus investigaciones tuvieron la idea de ligar el conducto excretor pancreático de varios perros, con ello provacaban la autodigestión de la glándula. Después, extrajeron lo que quedaba de ese páncreas y obtuvieron un líquido que fue inyectado en una cachorra diabética. Consiguieron reducir en dos horas la glucemia, y así, en agosto de1921, lograron descubrir la insulina. Esta cachorra fue la famosa «Marjorie», primer animal que después de haberle quitado el páncreas pudo vivir varias semanas con la inyección del extracto de Banting y Best.

Repitieron varias veces los experimentos con resultados distintos, en función de la pureza de la insulina utilizada. Fue Collip el que se encargó de lograr una que fuera lo más pura posible.

Poco tiempo después, el 11 de enero de 1922, fue empleada por primera vez en humanos la insulina aislada por Banting y sus colegas. Un joven de 14 años llamado Leonard Thompson tuvo la fortuna de ser la primera persona afectada de diabetes que utilizó la insulina. Le habían diagnosticado la enfermedad dos años antes y se encontraba en grave estado de salud. Como resultado del tratamiento efectuado, su condición clínica mejoró obstenciblemente.

La primera descripción de los resultados obtenidos con el uso de la insulina en la diabetes figura en el artículo «Pancreatic extracts in the treatment of diabetes mellitus», publicado en 1922 en la revista «Canadian Medical Association Journal».

Por este descubrimiento, Banting y Macleod recibieron el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1923. Previamente habían detallado la técnica en un artículo que se publicó en «Journal of Laboratory and Clinical Medicine» en 1921.

El prestigio del científico alcanzado le posibilitó que en 1930, el Parlamento canadiense concediera una ayuda a Banting para la instalación de una laboratorio de investigación -«Banting Institute»- y su universidad creó una cátedra con su nombre. Allí trabajó en distintas líneas como las relacionadas con la silicosis, el cáncer y el ahogamiento.

Fue nombrado médico honorario del Hospital General de Toronto, del Hospital para niños enfermos, y del «Toronto Western Hospital».

Cuando se declaró la segunda guerra mundial actuó como enlace entre los servicios médicos británicos y estadounidenses. El 21 de febrero de 1941 falleció víctima de un accidente aéreo en Newfoundland.

Gracias a los trabajos de Banting, el destino y el pronóstico de los diabéticos empezó a cambiar. En la era preinsulínica, entre el 40 y el 60 % de los pacientes morían a consecuencia de coma diabético. En los primeros treinta años del uso de la insulina, este indicador decreció entre el 1 y el 8 %.

Bibliografía:

Rosenfeld L. Insulin: discovery and controversy. Clin Chem. 2002 Dec;48(12):2270-88.

Shampo MA, Kyle RA. Frederick Banting-Nobel laureate for discovery of insulin. Mayo Clin Proc. 2005 May;80(5):576.

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Lunes 7 / noviembre / 2011

John Benjamín Murphy, sus contribuciones y epónimos

Filed under: El idioma y la medicina,Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — noviembre 7th, 2011 — 21:22

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

Una mujer de 50 años de edad llegó a un servicio de urgencia por presentar un intenso dolor abdominal a nivel del reborde costal derecho, que irradiaba a la región subescapular del mismo lado. Es asistida por el médico de guardia que recoge como datos de interés, los antecedentes de dispepsia, dolor frecuente en el hipocondrio derecho e intolerancia a algunos alimentos -huevo, chocolate y grasas-. Al momento de ser asistida la enferma refirió tener fiebre elevada, náuseas y vómitos. Al examen se constató a la palpación, dolor en el hipocondrio derecho, con «signo de Murphy positivo»…

Hasta aquí todo parece indicar que estamos ante la presencia de una colecistitis aguda. El solo hecho de tener el último signo hace sospechar la enfermedad, si tenemos en cuenta que alrededor del 90 al 95% de los enfermos tienen esta molestia. El signo de Murphy es un epónimo y se lo debemos a quien lo describió, el reconocido cirujano norteamericano John Benjamín Murphy.

John fue el menor de seis hermanos y nació en una cabaña de madera en Appleton, Wisconsin el 21 de diciembre de 1857. Sus progenitores fueron inmigrantes irlandeses de clase media, dueños de terrenos dedicados a la agricultura. Como muchos otros hicieron, ellos habían llegado a los EE.UU. a raíz de las grandes pérdidas agrícolas provocadas por el azote de plagas que sufrieron las plantaciones de tubérculos en Europa. El padre, aunque era de carácter muy duro, fue siempre amable con sus hijos y ponía mucho interés en la educación. Por eso consagró su vida en aras de proporcionarles el máximo de oportunidades.

El joven Murphy, fue un estudiante talentoso, ávido de conocimientos y muy laborioso. Se graduó de bachiller en Appleton, California, en 1876. Al inicio, mostró vocación por la enseñanza, pero al final, el rumbo de su vida fue otro, influido por su admiración hacia un médico local, el Dr. W. H. Reilly. De manera apasionada lo seguía con mucha constancia en visitas realizadas a enfermos, observaba atentamente la manera en que se realizaban las curas de las heridas y la reducción de las luxaciones y fracturas. También le imbuía de sobremanera el respeto y la consideración que se ganaba el médico dentro de la comunidad. Una vez que había decidido que era lo que quería ser en el futuro, le expresó a su madre: «el alivio del sufrimiento humano es el trabajo más importante en el mundo».

Fue aprendiz del Dr. Reilly y desde el inicio hizo gala de valores éticos, dormía poco, trabajaba incansablemente los siete días de la semana, ocupado en sus lecturas y viendo enfermos. Después de un año, continuó sus estudios en el Colegio médico de Rush (Illinois, Chicago, EE.UU). Había escogido un programa de estudios donde los tres primeros años serían en ese centro educacional. Rápidamente mostró interés y motivación por la cirugía. Al final fue evaluado como el primero del escalafón y se había ganado un puesto como interno por 18 meses en el hospital del Condado de Cook, Illinois, Chicago, que en aquellos momentos era una institución líder dentro de ese país nórdico.

La vida de un interno se caracterizaba por «cumplir al pie de la letra» con la denominación que recibía: pasaba la mayor parte del tiempo dentro del hospital. El exceso de trabajo nunca lo amilanó ni hizo mella en sus aspiraciones de ser un buen médico, todo lo contrario, acogía con beneplácito cada cosa nueva que pudiera contribuir con su formación, ya sean aspectos técnicos de la cirugía, como la microbiología y la patología. Fueron momentos históricos donde también se introdujeron los primeros elementos relacionados con la antisepsia. Al término de su estancia en Cook, sus mentores tuvieron en cuenta las condiciones especiales del muchacho y consideraron que debía pasar un tiempo adicional de entrenamiento en Alemania. Este fue realizado por dos años en Heidelberg, una ciudad situada en el valle del río Neckar en el noroeste de Baden-Wurtemberg, Alemania. El lugar había ganado fama mundial por tener la universidad más antigua y prestigiosa de ese país, donde se podían encontrar además eminentes profesores. Estuvo bajo la tutela del gran maestro cirujano Theodor Billroth, quien en su tiempo fuera muy famoso. Al culminar esta etapa, ya la vida de Murphy mostraba todas las características que definían a un magistral médico: dedicado, incansable y muy creativo.

Incidentes, contribuciones y enemistades

john-benjamin-murphy-001-cgLa vida profesional de Murphy tuvo momentos señalados. El primero de ellos fue sombrío y estuvo relacionado con la asistencia que brindó a las autoridades después de un cruel enfrentamiento que tuvo lugar el 4 de mayo de 1886 entre las fuerzas policiales y los obreros que demandaban 8 horas diarias de trabajo. En la historia se conoce este hecho como el «incidente de Haymarket» que tuvo lugar en «Near West Side», una de las comunidades de la ciudad de Chicago. Resultó ser este suceso el punto álgido de una cadena de protestas que protagonizaban los obreros en la segunda ciudad de los EE.UU. y donde las condiciones de los trabajadores eran calificadas como las peores del país. El 1 de mayo de 1886 se iniciaba por 200 000 trabajadores una huelga que fue continuada en los días venideros. El 4 de mayo continuaban las protestas y en la noche la fuerza pública desató una brutal represión. Durante el incidente estalló un artefacto explosivo entre los policías que mató a ocho personas. Poco tiempo después las fuerzas represivas abrieron fuego con un saldo importante de muertos, heridos y detenidos.*

Ante un llamado, Murphy asistió a los lesionados en la estación policial. Lo primero que hizo fue clasificar a los heridos, separando aquellos que tenían muy altas probabilidad de fallecer de aquellos con reales posibilidades de vivir con una adecuada asistencia médica y que fueron trasladados con urgencia al hospital. Al final, asistió a 30 hombres, operando durante 18 horas sin descanso y logró así salvar varias vidas. Después de este incidente, fue llamado a declarar a un juicio de alto perfil donde explicó con detalles las heridas causadas por el artefacto explosivo y que lastimosamente fue aprovechado para acusar en ese arbitrario proceso a 8 destacados dirigentes obreros, algunos de ellos condenados a muerte en la horca. Con este acontecimiento, infortunadamente su popularidad se incrementó, y a la vez, se buscó la enemistad de muchos colegas cirujanos que lo criticaban incasablemente de muchas maneras, una de ellas porque se vanagloriaba de su experiencia en los incidentes de aquel ominoso 4 de mayo de 1886.

Otro de los reproches que recibía se relacionada con su actuar terapéutico, contrapuesto a diferentes procederes médicos de la época. Una de ellas fue la manera de tratar las apendicitis: había sido capaz de establecer un patrón de síntomas iniciales y con estos elementos ponderaba su tratamiento quirúrgico temprano -para muchos cirujanos de la época era un proceder muy «anticipado»-. Esto causó la burla e incredulidad entre sus colegas por lo que decidió documentar con pruebas fehacientes y es así que presentó los resultados de más de 200 apendicectomías exitosas ante la Sociedad Médica de Chicago. Al final, la evidencia mostrada permitió dejar estipulada la operación como un tratamiento estándar. Sin embargo, durante y después del proceso de defensa de su teoría, algunos cirujanos -considerados como conservadores y tradicionales- se rehusaban aceptarla, y persistían en considerar que con ello Murphy pretendía aumentar su fortuna financiera, más que reconocerlo como un tratamiento científico y novedoso.

Es considerado como uno de los innovadores más grandes de la cirugía de los últimos siglos. Siempre su mente estuvo muy por delante de la gran mayoría de sus coterráneos e incentivada para el desarrollo de cosas transformadoras. Unas de estas fue la invención de un dispositivo empleado en la realización de la anastomosis intestinal, incluyendo la de la vesícula biliar con el intestino, que posteriormente se conocería como «botón de Murphy». Este mecanismo permitía la unión de dos vísceras huecas sin suturas, y por muchos es considerado como el antecesor de la sutura mecánica. Inicialmente fue experimentado en animales y con posterioridad empleada por primera vez en una mujer de 35 años de edad con marcada ictericia por litiasis biliar. En ella se realizó la colecistoenterostomía con auxilio del mecanismo inventado. El tiempo empleado en esta operación, desde que abrió el peritoneo hasta que lo cerró, fue de solamente 11 minutos y ello significaba ser 10 veces inferior al lapso empleado con una técnica utilizada hasta ese momento de forma habitual.

El 16 de enero de 1897 publicó un trabajo transformador relacionado con la cirugía vascular, al lograr unir de manera exitosa la que puede ser considerada como la primera anastomosis arterial termino-terminal en un ser humano. La intervención fue realizada en un paciente con una arteria femoral seccionada por una herida de bala. También fue pionero en el uso de injertos óseos y contribuyó a la comprensión de la anquilosis. Promovió el tratamiento de la tuberculosis pulmonar con la administración de nitrógeno a la cavidad pleural para colapsar el pulmón, a lo que denominó como «neumotórax terapéutico». Introdujo el método de infusión de solución salina por vía rectal en el tratamiento de la peritonitis. En 1912 realizó la que puede ser considerada en la historia de la medicina como la primera endoscopía del tracto biliar, al introducir un cistoscopio a través del tracto de drenaje de una colecistostomía. Mediante este proceder pudo extraer cálculos biliares. Similar a la maniobra utilizada, en la actualidad es empleada para la extracción de cálculos biliares. También fue el primero en emplear la anestesia local en la cirugía del pulmón y de igual manera se interesó en la neurocirugía de la médula espinal y los nervios periféricos.

El signo de Murphy

Sin embargo, muchas de sus invenciones, tratamientos o técnicas quirúrgicas fueron relegadas al desuso ante el ímpetu de actuales avances cientificotécnicos. Se puede aseverar que sólo su nombre se evoca y pasa a la posteridad por el signo de Murphy. La clásica maniobra fue descrita en 1912 y consiste en introducir a modo de gancho, los dedos de la mano derecha por debajo del reborde costal a la altura de la vesícula e invitar al enfermo a realizar una inspiración profunda. Con este proceder se pretende que la vesícula biliar inflamada se acerque a la mano del examinador; se considera que el signo es positivo cuando aparece dolor. Con el advenimiento de la ecografía, el nombre también pasó a ser usado como el «signo ecográfico de Murphy». Este tiene lugar cuando la presión que se ejerce a través del transductor del ecógrafo provoca similar dolor durante la realización de la exploración imaginológica de la vesícula biliar.

John Benjamín fue miembro del «Colegio americano de cirujanos». Desde 1895 hasta su muerte en 1916 ocupó el cargo de Jefe de cirugía del Hospital Mercy, Chicago. En este centro se le reconocía porque al dar clases dos veces a la semana y era capaz de abarrotar el anfiteatro, de médicos de todas partes de los EE.UU. y del extranjero. Por esta razón fue considerado como el maestro más destacado de su época. Con el objetivo de difundir estas presentaciones a un público más numeroso, comenzaron a ser publicadas, convirtiéndose estas con el tiempo, en las precursoras de las famosas «Clínicas quirúrgicas de Norteamérica».

Murphy falleció el 11 de agosto de 1916 en Mackinac Island, Michigan, EE.UU., después de sufrir mucho por agina de pecho. Dos días antes de su muerte había escrito: «la necropsia mostrará las placas de mi aorta» y de hecho fue así. Murphy fue un sabio cirujano, un técnico capaz y un profesor académico. La alta estima que alcanzó entre sus contemporáneos se expresa mejor con la observación de William Mayo (cofundador de la «Clínica Mayo»): «el fue el genio quirúrgico de nuestra generación».

Bibliografía

Parquet RA. John Benjamin Murphy. Acta Gastronetrol Latinoam. 2010;40:97.

Morgenstern L. J.B. Murphy, M.D. Surg Encdosc. 1998;12:359-60.

Morgenstern L. John Benjamin Murphy (1857-1916): An American Surgical Phenomenon. Surg Innovat. 2006;13:1-3.

George I, Hardy M, Widmann WD. John Benjamin Murphy. Cur Surg. 2004;61:439-41.

Musana K, Yale SH. John Menjamin Murphy (1857-1916). Clin Med Res. 2005;3:110-12.

*A los obreros, víctimas de este brutal hecho, se les conoce como los «Mártires de Chicago». Durante la celebración de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, se establece por acuerdo del Congreso Obrero Socialista la proclamación de cada 1 de mayo como «Día mundial de los trabajadores», fecha que constituye una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a aquellos «Mártires de Chicago».

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Sábado 5 / noviembre / 2011

7 de noviembre de 1867. «Nacimiento de Marie Curie»

Filed under: Efemérides,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — noviembre 5th, 2011 — 21:31

7 de noviembre de 1867. «Nacimiento de Marie Curie»

Marie Curie, Marja Skłodowska, (conocida también como Maria Sklodowska-Curie) (7 de noviembre de 1867 – 4 de julio de 1934) fue una destacada científica, pionera en el campo de la radioactividad. En su quehacer científico, junto a su esposo Pierre Curie, descubrieron conjuntamente los elementos químicos radio y polonio. El estudio de los elementos radiactivos contribuyó a la comprensión de los átomos en los que se basa la física nuclear moderna. Marie Curie fue la primera persona en la humanidad en emplear el término radiactivo, para describir los elementos que emiten radiaciones cuando se descomponen sus núcleos.

Con sus investigaciones abrió nuevos horizontes en la física y la química, y a la vez, abrió las puertas a trascendentales avances en la ingeniería, la biología y la medicina. Fue la primera mujer en recibir un premio Nobel y la primera mujer en ser profesores en la Universidad de París. También se destaca en la historia por ser la primera persona en el mundo en recibir dos premios Nobel y en tener una hija, Irène Joliot-Curie¸ que también fue laureada con un Nobel. Su ejemplo constituyó un ejemplo para las mujeres de su tiempo a quienes impulsaba en cambiar el papel y la imagen de la mujer ante la ciencia y la academia.

Fuentes:

Mould RF. The discovery of radium in 1898 by Maria Sklodowska-Curie (1867-1934) and Pierre Curie (1859-1906) with commentary on their life and times. Br J Radiol. 1998 Dec;71(852):1229-54.

Coppes-Zantinga AR, Coppes MJ. Madame Marie Curie (1867-1934): a giant connecting two centuries. AJR Am J Roentgenol. 1998 Dec;171(6):1453-7.

Rockwell S. The life and legacy of Marie Curie. Yale J Biol Med. 2003; 76(4-6): 167-180.

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Miércoles 19 / octubre / 2011

Epónimos: «Maniobra de Valsalva»

Filed under: El idioma y la medicina,Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — octubre 19th, 2011 — 22:44

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera.

Muchos saben qué es la maniobra de Valsalva, pero pocos se detienen en conocer de dónde viene ese nombre. Es un epónimo, con el que se rememora a un brillante médico italiano de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Su nombre fue Antonio María Valsalava, nació en junio de 1666 en Imola, un pueblo localizado al norte y centro de Italia, distinguido en aquel entonces por su desarrollo agrícola, mercantil, y por sus cerámicas. Su padre, Pompeo Pinio, fue un joyero que gracias a su trabajo, consiguió que la vida de la familia fuera acomodada. Adoptó el apellido de Valsalva por ser este el nombre de un castillo, propiedad de la familia.

Antonio fue el tercero de ocho hermanos y su vida coincidió con el llamado periodo Barroco. Fueron momentos de célebres obras en el campo de la literatura, la pintura, la arquitectura, la escultura, la danza y la música. También acaecieron señalados enfrentamientos entre la Iglesia católica y diferentes movimientos revolucionarios culturales, del que surgió una nueva ciencia y una nueva corriente dentro del catolicismo. Se conoce esta época como la «era científica», gracias a los grandes avances científicos que tuvieron lugar. De esta manera surgió el pensamiento científico moderno o método científico, gracias a las dos formas en que se empezaron a enfrentar los problemas: el racionalismo y la experimentación. Grandes figuras enriquecieron con su intelecto este periodo, entre ellos se distinguieron: Copérnico, Galileo, Newton y Descartes.

Pero no fueron momentos favorables para los médicos. El prestigio de esa profesión estaba bastante afectado, y los galenos eran centro de burlas y falta de consideración, basados principalmente por los métodos terapéuticos rústicos que empleaban. De manera general, el médico vivía de madera sencilla -muchas veces sumido en la pobreza- y dedicaba largas horas al ejercicio de su labor para conseguir vivir, dado los bajos honorarios que cobraba.

Fue en ese contexto donde se desarrolló la vida de Valsalva, del que se conoce muy poco de sus inicios. La posición social de la familia permitió que recibiera una buena educación en humanidades, matemáticas y ciencias naturales. Con posterioridad estudió en la Facultad de Medicina y Filosofía de la Universidad de Bolonia, Italia, y tuvo la suerte de contar con profesores destacados como eminencias para su tiempo. Uno de ellos fue Marcelo Malpighi, recordado en la historia de las ciencias por ser uno de los pioneros en el uso del microscopio en la Medicina y descubridor de los capilares pulmonares, considerado este hallazgo como «el enlace perdido en la circulación de Harvey». El destacado profesor descubrió en Antonio sus potencialidades para la Medicina, y este por su parte, apreciaba de manera importante la forma clara de enseñar Anatomía.

La vida como médico

valsalva-cgA los 21 años de edad se graduó de médico y filósofo. Para obtener el título presentó su tesis: «Sobre la superioridad de la doctrina experimental», un tema controversial que era motivo de gran debate en la sociedad científica de entonces. Recién graduado, una peste azotaba a la ciudad Bolonia y dado los honores con que se había titulado lo nombraron Inspector público de salud. Aplicó medidas justas y apropiadas y logró destacarse en ese cargo. Tanta fue la autoridad alcanzada, que años después, cuando una epidemia había alcanzado hasta el castillo del rey, el senado decidió mandarlo como encargado para contenerla.

Participaba además en acostumbradas reuniones de intercambio de conocimientos que tenían lugar entre los médicos y dentro de este ambiente sobresalía entre sus contemporáneos. Con solo 39 años fue nombrado Profesor de Anatomía de la Universidad de Bolonia y más tarde, elegido Presidente de la Academia de Ciencias.

Son reconocidos los aportes de Valsalva a la Medicina. Su entusiasmo por el conocimiento no tenía límites y pasaba gran parte del tiempo encerrado en su laboratorio de Anatomía. Incluso, investigó varios tipos de secreciones corporales probándolas el mismo. Fue así que describió que el exudado de la gangrena era muy ácido y dejaba sus papilas gustativas irritadas por el resto del día.

Uno de los aportes más importantes hechos por Valsalva a la Medicina fue la minuciosa descripción que hizo de la Anatomía, Fisiología y Patología del oído. De hecho, fue el primero en establecer la división del oído en sus segmentos externos, medio e interno. Estos elementos fueron presentados en un libro escrito por Valsalava titulado: «Tratado sobre el oído humano». En esta obra se describió la maniobra que lleva su nombre.

La maniobra de Valsalva consiste en que, a través de una coordinación de movimientos musculares, se hace una espiración forzada, mientras se mantiene la nariz y la boca cerrada, cerrando también las cuerdas vocales, y por lo tanto, la glotis. De esta manera aumenta la presión de las trompas de Eustaquio. Si estas están permeables, el aire entrará de manera forzada en el oído medio. Esta maniobra puede ser espontánea, como ocurre cuando se tose o defeca, o ser provocada. Determina además un aumento de la presión intratorácica e intraabdominal, que conlleva a la disminución de la frecuencia cardiaca, disminución del retorno venoso y aumento de la presión venosa. Inicialmente esta maniobra fue empleada para remover cuerpos extraños del oído y para mejorar la hipoacusia. Sin embargo, es ampliamente utilizada para aclarar síntomas o reacciones en el paciente, como para el tratamiento de la taquicardia supraventricular donde se persigue aumentar el tono vagal. También se emplea cuando existe bloqueo del oído durante el descenso de altura y en la investigación de hernias de la pared abdominal o de anomalías vasculares como el varicocele. También tiene aplicación en el buceo, donde se usa para contrarrestar un aumento progresivo de la presión de agua desde el exterior y evitar un barotrauma.

La observación la constancia e inteligencia lo llevaron a otros muchos aportes. Así es como se conocen los senos de Valsalva -o senos aórticos-, los ligamentos de Valsalva -o ligamentos auriculares- y el músculo de Valsalava -también conocido como antro mastoideo-. Con sus investigaciones contribuyó al manejo de los aneurismas, entendió la importancia de la nefrectomía a través de operaciones en animales, inventó instrumentos quirúrgicos que se utilizaron por muchos años y trabajó en diversas áreas que se conocerían posteriormente como Oftalmología, Oncología, Otorrinolaringología e incluso, Psiquiatría. En esta última, fue de los primeros en señalar que los enfermos psiquiátricos requerían de un trato humanitario para sanar.

Al igual que su profesor, Malpighi, fue muy querido por sus alumnos. Sus clases de Anatomía eran esperadas con ansias. Dentro de sus pupilos predilectos se encontraba Giovanni Battista Morgagni. Valsalva dejó sin editar muchos trabajos que publicó posteriormente Morgagni.

Una tarde de 1721, mientras se encontraba en Venecia, Valsalva discutía con Morgagni sobre un tema de interés. De manera súbita comenzó a hablar de manera extraña y no se le entendía nada de lo que decía. Este episodio duró solo algunas horas y en su análisis posterior, tuvo claro lo que le había sucedido, basado en sus estudios relacionados con la fisiopatología de los accidentes vasculares encefálicos. De hecho…, no se equivocó. Dos años más tarde, el 2 de febrero de 1723, Valsalava sufrió un accidente vascular encefálico, que le costó la vida.

No parece justo que los médicos de hoy desconozcan su historia y valoren la contribución a la Medicina. En su momento, quedó para la posteridad la gran admiración de Morgagni por su profesor, reflejada en sus propios escritos: «No hay nadie de esos tiempos que vaya por delante de él, muy pocos son sus iguales»

Bibliografía

García D, García C. Valsalva, mucho más que una maniobra. Antonio María Valsalva (1666-1723). Rev Med Chil. 2006 Aug;134(8):1065-8.

Jellinek EH. The Valsalva manoeuvre and Antonio Valsalva (1666-1723). J R Soc Med. 2006 Sep;99(9):448-51.

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