Archivo para 'Epónimos'

Sábado 18 / Febrero / 2012

¿Escodismo? ¿Eskodismo?

Archivado en: El idioma y la medicina, Epónimos — Julio César Hernández Perera — Febrero 18th, 2012 — 10:17

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera.

Una residente de Medicina Interna nos propone indagar en un tema que motivó debates durante un pase de visita. El profesor advertía a sus alumnos, después del examinar minuciosamente a un enfermo: «el paciente tenía hipersonoridad a la percusión pulmonar por encima del derrame pleural». De manera inmediata destaca: «eso se llama skodismo».

Sin embargo, al consultar varias obras médicas, ya sean revistas o libros, podemos advertir que en oportunidades las escriben como «escodismo» o «eskodismo». Para ejemplificar este hecho, les propongo revisar cuatro citas de un texto, que con frecuencia los profesionales y los estudiantes consultan: «Propedéutica clínica y semiología médica» de Llanio Navarro y Perdomo González (Editorial Ciencias Médicas, 2003):

«La suplencia funcional aparece en las regiones sanas del pulmón. Así, por ejemplo, la encontramos a nivel de la región infraclavicular acompañando al aumento de intensidad del sonido percutorio o escodismo y a la respiración pueril de los derrames pleurales de mediano calibre.» (Página 457, tomo 1).

«En los derrames de mediano volumen encontramos la percusión por arriba de estos fondos, sonoridad en el plano posterior y verdadera hiperresonancia a veces timpánica en el plano anterior llamada esta última escodismo en honor al autor (Skoda) que la descubrió.» (Página 459, tomo 1).

«Derrames pleurales: en este caso se oye en la región infraclavicular acompañando al escodismo y al aumentode vibraciones en los derrames de mediano calibre,o bien, en el otro lado, en los grandes derrames.» (Página 460, tomo 1).

«Por encima del derrame hay hipersonoridad o timpanismo (escodismo) por función de suplencia delparénquima no colapsado por el líquido.» (página 488, tomo 1).

Podríamos aceptar esta grafía como está escrito en estos ejemplos, pero los invito a repasar esta esclarecedora opinión escrita por José Antonio Díaz Rojo, en el trabajo «Nociones de neología. La formación de derivados y compuestos a partir de nombres propios» (Panacea. 2001;2: 25-30):

«Los nombres propios extranjeros presentan algunos problemas fonéticos y gráficos de adaptación al español. Como principio general, el antropónimo -o nombre propio de persona- suele sufrir pocas modificaciones morfológicas, pues con el derivado se pretende que se identifique y reconozca el nombre propio, y, para ello, es conveniente no deformarlo enexceso.»

Más adelante se aclara y se toma casualmente como ejemplo el término que motivó esta reflexión:

«[...] En ocasiones, algunos grupos se simplifican, como la -th- en interior de palabra (maltusianismo, de Th.Malthus). Sin embargo, en otros casos no existe adaptación, y el antropónimo se conserva en suforma original: skodismo (de J. Skoda), graafiano (de R. de Graaf), bartholinitis (de C. Bartholin).»

Por lo tanto, siguiendo las «lógicas» recomendaciones antes señaladas, y como la terminología descrita es un epónimo, que hace referencia al médico y profesor checo Josef Skoda (Pilsen, actual República Checa, 10 de diciembre de 1805 - Viena, 13 de junio de 1881) fundador de la Escuela moderna de Medicina de Viena, lo correcto sería escribirlo como: skodismo y no como «escodismo» o «eskodismo».

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Miércoles 11 / Enero / 2012

Thomas Willis

Archivado en: Epónimos, Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — Enero 11th, 2012 — 12:51

Dr.C. Julio César Hernández Perera

El siglo XVII, se distinguió por el importante desarrollo de las ciencias. Fueron momentos donde tuvo lugar la aparición de mentes creativas de físicos, químicos y médicos; tiempos de grandes avances como el desarrollo del microscopio, la revelación de la circulación de la sangre y de la fisiología en general. Ejes importantes de nuevos conocimientos fueron encontrados en la anatomía del cerebro, donde al inicio eran mínimos, limitados principalmente a los trabajos de da Vinci, Berengario, Vesalio y otras personalidades, principalmente de la escuela italiana.

En este espacio surgió la figura de Thomas Willis, a quien se le atribuye la creación de la palabra «neurología». Para algunos, considerado como uno de los padres de esta ciencia, y puede ser cierto si se tienen en cuenta las sagaces observaciones realizadas por él a determinadas condiciones neurológicas. Pero con frecuencia se olvidan algunas otras de sus contribuciones hechas en otros campos de la medicina como: la patología, la anatomía, la cardiología, la endocrinología y la gastroenterología. Es sobre todo recordado -desde que se comienza a estudiar medicina- por un epónimo: «el círculo o polígono de Willis».

Aunque no fue él quien descubrió o describió por primera vez esta estructura vascular anastomótica ubicada en la base del cerebro, sí se le atribuye la explicación de su significado funcional: sistema vascular arterial de seguridad contra la deficiencia vascular oclusiva. Pudo demostrar esta función en piezas anatómicas cadavéricas por medio de detallados y elegantes estudios realizados con colorantes.

thomas-willis-cgThomas Willis nació el 27 de enero de 1621, en Gran Bedwyn, Wiltshire, una localidad ubicada aproximadamente a 70 millas al noroeste de Londres, Inglaterra. Desde temprana edad vivió en Oxford, donde vivió la mayor parte de su vida. Sus primeros estudios fueron realizados en una escuela privada de esa ciudad. Siguiendo la tradicional orientación escolástica de la universidad, a los 15 años de edad entró como fámulo de un canónigo del «Christchurch College», donde estudió artes liberales. A la edad de 21 años, obtuvo el título de bachiller y maestro de artes.

El mismo año de su graduación (1642), confluyeron en la vida de Willis muchos hechos que lo marcaron por siempre. Se había desatado una guerra civil (Guerra civil inglesa) y Carlos I había establecido su residencia en la ciudad de Oxford, en el «Christchurch College». En esa conflagración perdió a su padre, quien falleció defendiendo al Rey en el asedio de Oxford. También fue el año de comienzo de su carrera como médico después de haberse desviado del camino de la teología a la que estaba destinado.

La carrera de medicina puede ser catalogada como no fue ideal en ese entonces, si se tiene en cuenta el efecto negativo de la guerra y por la enseñanza que ofrecía la ciudad, muy inferior a la que se impartía en otras universidades del continente. Pero encontró la dicha de recibir lecciones de un destacado médico de la época, William Harvey, quien acompañaba a Carlos I como médico de cámara. Con esta influencia aprendió de primera mano uno de los hechos que imprimieron un profundo cambio a la medicina: la doctrina de la circulación de la sangre.

También recibió influencia de las ideas de Paracelso y otras figuras de la época que posibilitaron la aceptación de los medicamentos químicos (ideas iatroquímicas) en la farmacopea del Real colegio médico.

El despunte de una vida profesional y lucrativa a raíz de un incidente «milagroso»

Después de cuatro años de asedio y guerras (1646), Oxford cayó en manos de los puritanos. En diciembre de ese mismo año obtuvo el grado de bachiller en medicina. Hubo depuraciones en la Universidad, se prohibió el culto anglicano y las corrientes tradicionales se sustituyeron por otras completamente renovadoras. Con el tiempo… Oxford se convirtió en el centro de la denominada «ciencia nueva», muy ligada a los puritanos e inspirada en las directrices de Bacon. Empezaron a sobresalir figuras trascendentales como John Wilkins, Jonh Wallis, William Petty y Robert Boyle. Willis se fue uniendo a este círculo de celebridades y colaboró estrechamente con los trabajos anatómicos y filosóficos de Petty, que había sido nombrado como profesor de Anatomía.

En diciembre de 1650 tuvo lugar un hecho muy importante para la vida de Willis: junto a Petty, revivieron el cuerpo de una prisionera supuestamente muerta. La historia es tan extraña que vale la pena detallar este pasaje que comenzó con las razones de la condena de una muchacha de 22 años: Anne Green. Ella fue una criada, y por lo visto, fue seducida por Geoffrey Read, nieto del señor Thomas Read, un rico personaje de Oxford, dueño del hogar donde trabajaba. La pobre mujer quedó embarazada y lo ocultó todo el tiempo hasta que tuvo un parto prematuro, malográndose el feto. Para su desgracia, el niño muerto fue descubierto y fue acusada de asesinato. Detenida en una cárcel de Oxford, permaneció durante tres semanas hasta que fue llevada a juicio y donde fue emplazada y condenada a muerte el 14 de diciembre de 1650.

La ejecución fue realizada del modo acostumbrado: en la horca. Durante la ejecución descollaron algunos comentarios hechos por los presentes en contra del mal actuar de la familia rica y pidiendo clemencia a favor de la infortunada. Al consumar el ajusticiamiento, algunos de los presentes profanaron su figura mediante pellizcos mientras colgaba con la soga alrededor del cuello. Ante este acto desagradable se ordenó a que se bajara el cuerpo de la joven que suponían estaba muerta y se colocó en un ataúd. Posteriormente fue llevado a la casa privada de Petty para ser empleado en clases de disección anatómica, como lo establecían los estatutos de la época.

Cuando el ataúd fue abierto por Petty y Willis, Anne Green tuvo un suspiro y se oyó un ruido que salía de su garganta. Los médicos abandonaron todos los pensamientos de disección y se dedicaron a reanimar el cuerpo inerte a través de muchas maniobras desesperadas como: frotar las manos, brazos, pies; verter agua caliente, hacer cosquillas a nivel de la garganta con una pluma, realizar una sangría, etc. Al final, después de 12 horas de aquella reanimación, según describió Willis en una obra, ella ya abría los ojos y pronunciaba palabras. En dos días ya estaba totalmente recuperada y con todas sus facultades recuperadas.

Con posterioridad Anne Green fue indultada. Se consideró que la mano de Dios la había perdonado. La fama de la muchacha «resucitada» o «perdonada» fue vasta y se fue de la ciudad, llevándose consigo el ataúd donde había sido metida. Se cuenta que vivió durante 15 años más, se casó y tuvo tres hijos.

Después de este incidente, la fama de Willis se acrecentó y con ello la posibilidad de obtener grandes dividendos y fortuna futura por medio de su labor como médico. Al final de su vida, terminó como un médico de Londres rico.

Primera etapa de una vida: «la iatroquímica»

Después del incidente de la resucitación, se enmarca la primera etapa de la vida profesional de Willis, resaltada con la publicación de su libro «Diatribae duae» (1659), en el que expone sus ideas iatroquímicas y su aplicación a la doctrina de las fiebres. Sistematizó la teoría de la circulación de la sangre y otras de carácter fisiológico desde el punto de vista de la iatroquímica. La fisiología de Willis recoge las ideas de Harvey a las que incorpora los hallazgos de Pecquet, Rudbeck y Bartholin.
Sin embargo, los conocimientos de la época no le permitían llegar a ideas más claras y reales. Para él el hígado no desempeña papel alguno en la circulación. La parte más sutil del alimento -es decir, spiritus y aqua-, pasaba directamente del tubo digestivo a la porta. La parte más grosera, en cambio, es convertida en quilo que pasa de los vasos quilíferos al conducto torácico, y de éste a las venas. Ya en el árbol respiratorio, la sustancia alimenticia sufriría dos fermentaciones: una en las venas que la convertirían en sangre venosa, y otra en el corazón, donde se transformaría en sangre arterial.

Interpretó la fiebre como una «fermentación preternatural» o alteración de los procesos fermentativos que provoca un movimiento desordenado y una efervescencia de la sangre que alteran de varias formas el organismo. «Diatribae duae» contiene excelentes representaciones de tipo clínico y epidemiológico y una especie de intención de fundamentar la patología empíricamente, programa que maduró más tarde Sydenham.

Segunda etapa de la vida de Willis: «la neurología»

Con el avance de los años, se restituyó nuevamente en 1660 la monarquía y Oxford fue depurado de elementos puritanos. La fidelidad de Willis a la facción realista y anglicana le valió el nombramiento de profesor de filosofía natural. Sin embargo, la formación adquirida lo colocó en el sentido opuesto de la tradición escolástica nuevamente instaurada.

Es en esta época cuando dedicó gran parte de sus investigaciones al sistema nervioso y a sus enfermedades. En 1664 publicó su obra «Cerebri anatome», que tuvo una gran repercusión en la anatomía descriptiva, posterior a Vesalio. Fue en esta obra donde apareció por primera vez la palabra «neurología» escrita en idioma griego. Tuvo el mérito de haber hecho una investigación donde se incorporaban la embriología, la anatomía patológica y la descriptiva. Se auxilió de la observación macroscópica y microscópica, así como de la inyección de sustancias coloreadas y solidificables; también recurrió a la vivisección. No trabajó de forma individual, sino que sus resultados investigativos fueron fruto de un equipo conformado por varios científicos y por eso, muchos lo consideran como el que comenzó la visión interdisciplinar, diferente al conocimiento del sistema nervioso que prevalecía en la época previa.

En cuanto a la aportación de nuevos conocimientos, introdujo muchas precisiones sobre el sistema nervioso vegetativo y una clasificación de los nervios craneales en nueve pares, que perduró durante mucho tiempo. Describió los cuerpos estriados, el tálamo, los cuerpos mamilares (denominados durante mucho tiempo como: glándulas de Willis), la distribución arborescente de la sustancia gris y blanca del cerebro, los cordones paralelos del cuerpo calloso o «cordones de Willis». En esta obra incluyó la figura, ya clásica, del polígono que lleva su nombre, y descrita previamente por Johann Jacob Wepfer. Otro de los aspectos a destacar en la obra fue la doctrina de la acción refleja.

De igual manera trata de otras enfermedades como las enfermedades convulsivas y dentro de ellas: «la histeria y la hiponcondría». Aunque no eran totalmente ciertas estas aseveraciones, si se daba un paso importante al relacionarlas globalmente como afecciones del sistema nervioso. De esta manera de enfrentaba a otras ideas como las de Highmore, quien planteaba que las convulsiones eran afecciones cardiovasculares.
En 1665 aceptó marchar a Londres, a propuesta del arzobispo de Canterbury Gilbert Sheldon, donde también coincidieron finalmente otros científicos de la época. Pronto se convirtió en el núcleo central de la «ciencia nueva» y acabó por ingresar en la Real sociedad (1667).

En Longres dedicó prácticamente todo su tiempo a la actividad médica y le proveyó de una gran fortuna. En 1672 publicó un libro sobre el «alma animal» o «alma sensitiva» del hombre («De anima brutorum»). Aunque pudiera parecer como un libro muy teórico y especulativo, trató de apoyarse en investigaciones realizadas en diferentes especies de animales, con contribuciones muy avanzadas para la época sobre anatomía comparada. En esta obra realizó una de las primeras exposiciones sistemáticas de las enfermedades neuropsiquiátricas. Hizo detalladas descripciones de diferentes enfermedades: cefalea, trastornos del sueño, coma, apoplejía, vértigo, parálisis, manía, delirios y melancolía, entre otros.

Tercera etapa de la vida de Willis: «la farmacología»

Se destaca la tercera etapa la intención de elaborar una farmacología con fundamentos modernos. Ya en el ocaso de su vida, publicó entre 1674 y 1675 «Pharmaceutice rationalis», una obra donde intenta explicar el mecanismo de acción de los medicamentos en el tubo digestivo, en la sangre y otros órganos. Para él era preciso que se conociera bien la certeza de acción de los medicamentos. Estudió los remedios eméticos, los purgantes, los diuréticos y los diaforéticos, entre otros. En esta obra es donde, al mencionar la medicación diurética, refirió el sabor dulce que presentaba la orina de algunos enfermos. Aunque no puede explicar el por qué, establece en la práctica médica la acción de catar la orina por parte de los médicos para evaluar el diagnóstico y tratamiento de la diabetes mellitus.

Murió en Londres, a finales de 1675 como consecuencia de una afección respiratoria (pleuresía). Fue enterrado en la Abadía de Westminster.

Bibliografía

Dalley AF. Thomas Willis 1621-1675. Clinl Anat. 2002;15:2-3

Hughes JT. Thomas Willis (1621-1675). J Neurol. 2000;247:151-2

Molnár Z. Thomas Willis (1621-1675), the founder of clinical neuroscience. Nature Rev. 2004; 5:329-35.

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Domingo 25 / Diciembre / 2011

John Hughlings Jackson y las epilepsias

Archivado en: El idioma y la medicina, Epónimos, Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — Diciembre 25th, 2011 — 11:36

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A lo largo del tiempo, muchos médicos han esculpido en la medicina valiosas huellas de conocimiento en aras del desarrollo de la civilización humana. Entre ellos, podemos encontrar a John Hughlings Jackson, por muchos, considerado como uno de los precursores de la neurología. Su mayor y más reconocido aporte estuvo relacionado con una enfermedad tan antigua como la misma existencia del hombre: la epilepsia.

Los que la han padecido y padecen, a pesar de que la inmensa mayoría de ellos pueden y han podido desempeñar funciones normales como cualquier otro ser humano, han sufrido en diferentes momentos históricos y lugares, castigos y purgatorios que los han marginalizado en el seno de impías sociedades.

Tanto desconocimiento la llevó a ser tildada como «ominosa» y «execrable»enfermedad. Por mucho, existió la creencia generalizada de tener orígenes religiosos y mágicos. Incluso, se pudo llegar al extremo de juzgársele como una especie de posesión demoniaca. Esta última percepción, tuvo su mayor auge durante los llamados «años oscuros», cuando la iglesia católica subyugaba a la ciencia.

Pero por suerte, siempre han surgido «lumbreras» con nuevos y revolucionarios conocimientos que en su momento enfrentaron la ignorancia y el oscurantismo. Recordamos así la célebre figura de Hipócrates, como la primera persona que impugnó esa condición divina y sobrenatural de la epilepsia. El reconocido sabio llegó a expresar: «la enfermedad no es más divina que otras, tiene la misma naturaleza que las otras enfermedades».

Diferentes aportaciones realizadas por hombres de ciencias, insignes y grandes,cambiaron gradualmente los vetustos cánones del conocimiento, por otros nuevos. A la larga, se impusieronlas ideas de que la enfermedad, muchas veces identificadas por espeluznantes crisis convulsivas, era una afección del cuerpo humano, más que un proceso sobrenatural.

En este efímero recorrido histórico, a la vez necesario, volvemos nuevamente a la figura del inglés Jackson. Se puede aseverar que fue una de esaspersonalidades de las ciencias, destacadas por el importante aporte que hizo con nuevos conocimientos, donde se encuentran los relativos a la epilepsia y la neurología en general.

Circunstancias históricas en la que transcurrió la vida de Jackson

john-hughlings-jackson-01-cgJohn Hughlings Jackson, nació el 4 de abril de 1835 en Green Hammerton, Yorkshire del Norte, Inglaterra. Fue el benjamín de cinco hermanos, una hembra y cuatro varones. Samuel Jackson, su padre, fue un próspero granjero y fabricante de cerveza. Sara Hughlings, su madre, fue hija de un recaudador de impuestos y falleció en el transcurso de su primer año de vida.

Tuvo la dicha de venir al mundo en momentos donde preponderaba el auge de grandes cambiosy debates en lo social, moral y científico. Fueron tiempos de grandes innovacionescomo: el desarrollo del ferrocarril, de la prensa yde las construcciones de hierro. Para ayudar a situarnos en el momento histórico que se refiere, se puede destacar entre la construcciones de hierro, la famosa edificación de la sede de la primera Gran exposición universal, el «Palacio de cristal» de Londres,inaugurada en 1851.

Eran también lapsos donde se iniciaba el «camino sin vuelta atrás»hacia el pináculo de la sapiencia y poco a poco se empezaban a abrir surcos que labraban desarrollosy progresos dentro de la sociedad.

La Inglaterra de entonces, se correspondía con la llamada «época victoriana». Tiempos de sobresalientes tributos como la «ley dela conservación de energía». Sin embargo,la pieza más importante fue la evolución y encontró su máximodebate con la publicación realizada por Charles Darwin acerca del origen de las especies.

Pero…, ¿qué pasaba con la medicina? Esta ciencia no escapó de las grandes transformaciones que se vivían. Hasta ese momento se trataban de manera indiferente a las personas que ejercían la profesión de curar: algunos como barberos o boticarios.

La formación del médico se basaba en una jerarquía de practicantes, quienes debían tomar uno o varios exámenes. Si obtenían la licencia de la «Excelentísima sociedad de boticarios» (en inglés Worshipful Society of Apothecaries), les era permitido vender medicamentos y dar orientación médica gratuita al comprador. La «Real sociedad de cirujanos» (en inglés Royal Society of Surgeons) autorizaba tratamiento quirúrgico y seguimiento de los pacientes. Por su parte, la «Real colegio de médicos» (en inglés Royal College of Physicians)era la institución que otorgaba licencia para atender casos clínicos y cobrar por ello, es decir, la que certificaba el ejercicio profesional de la medicina.

Poco se conoce de los primeros momentos de la vida de Jackson. Junto a su hermano Thomas, estudió en diversas escuelas provincianas.

Terminó su educación formal a los 15 años y en ese momento su vida encontró el derrotero que lo identificaría finalmente con la medicina. Fue aprendiz del Dr. William Charles Anderson, un médico de York. Durante los dos años que permaneció junto a él, pudo recibir educación médica teórica y práctica.

Con posterioridad,empezó a recibir clases en la Escuela médica de York. En el centro, una institución privada, se encontraba el Dr. Thomas Laycock, profesor de medicina en Edimburgo, de quien recibió una gran influencia en el estudio del cerebro, del estado de conciencia, de la expresión verbal y la escritura.Laycock es considerado en la historia de la medicina como el primero que consideró el cerebro como algo sometido a las leyes de la acción-reflejo.

En 1855 pasó al «hospital de San Bartolomé», de Londres, donde recibió lecciones de James Paget (1814-1899), un destacado cirujano y patólogo británico que es recordado, junto a Rudolf Virchow, como uno de los fundadores de la patología científica.

Después de aprobar los exámenes que le permitía ser licenciado de la «Excelentísima sociedad de boticarios», miembro del «Real sociedad de cirujanos»y licenciado del «Real colegio de médicos», el joven empezó a ganar prestigio y pasó a ser médico residente del dispensario de York.

Como siempre ocurre en las vidas de las personas, el azar y las oportunidades estuvieron presentes en el camino del Dr. Jackson. En 1859, mientras se encontraba en Londres, conoció a otro grande de la historia de la medicina: el médico Jonathan Hutchinson. Se hospedaba en su casa y ambos forjaron una amistad que duró toda la vida.

En esa época apareció, en el documento «Libro de protocolos de la Sociedad médica de York», que figura comosu primer comentario relativo a la neurología. En el mismo, hacía referencia a trabajos realizados por Todd sobre un tema que en aquel momento era difícil de comprender: la parálisis facial.

Hutchinson y Jackson, jóvenes ambiciosos, llegaron a ser reporteros médicos de revistas como la «Gaceta y tiempos médicos»y «Voces médicas». Jackson cubrió los trabajos de Brown-Sequard y de Todd, quienes ponderaban que el sistema nervioso era un conjunto de componentes u órganos, anatómicos y fisiológicos.

Con el fin de alcanzar el grado de Doctor en Medicina, en 1860 presentó su tesis en la «Universidad de San Andrés». Nos llamaría la atención el hecho de haber realizado este ejercicio sin haber asistido a la universidad, pero en aquel entonces era posible obtener el títulopor correspondenciaen algunas universidades, sin haberse matriculado.

Jackson y la neurología

Posteriormente fue nombrado médico del Hospital libre metropolitano, del Real hospital oftálmico de Londres y conferencista de patología en el Hospital de Londres.

Aunque los médicos del Hospital de Londres ejercían la medicina general, la verdadera vocación del galenoeran las enfermedades relacionadas con el sistema nervioso. Es oportuno explicar, que a comienzos de los años 60 del siglo XIX, no existía la neurología como especialidad médica.

En 1862 recibió el nombramiento como médico auxiliar del «Hospital para el paralítico y el epiléptico».

Dentro de los posteriores cinco años se puede encontrar la publicación del folleto: «Recomendaciones para el estudio del sistema nervioso, en la teoría del profesor Owen».En este trabajo intentó explicar la neurofisiología fundamentado en la teoría del Dr.Owen.

Pasó a ser también médico auxiliar del Hospital de Londres (1863) y a dirigir el Programa de diagnóstico neurológico, donde comenzó a ganar mayor reputación y fama. En su cátedra, ubicada en este centro asistencial, dio a conocer al mundo(1864), una metodología particular para el análisis del cuadro clínico de determinadas enfermedades. En el mismo,relacionabael tejido lesionado, el órgano comprometido y la función afectada. Se trataba de un enfoque integrador de tres elementos esenciales: la patología, la anatomía y la fisiología de la enfermedad. En el mismo, se puede encontrar una de sus mayores contribuciones a la neurología: el principio fundamental del diagnóstico neurológico aplicado al paciente.

Constituyeron parte de su legado, la comprensión de la crisis parcial en la enfermedad cerebrovascular, así como el uso rutinario del oftalmoscopio y del martillo para el examen de los reflejos osteotendinosos. Para demostrar su metodología, hizo público el reporte de 34 casos de hemiplejía, disfasia y cardiopatía valvular. Estas investigaciones contribuyeron al conocimiento del lenguaje.

Tras numerosas publicaciones concluyó, en 1866, que en la afasia de Broca, aunque producida por una lesión del lóbulo frontal izquierdo, la facultad de articulación del lenguaje, como tal, no existe.

Sostuvo que los enfermos afásicos presentabanuna función mental normal pero no son capaces de expresar su lenguaje interior.

Una de sus descripciones más importantes estuvo relacionada con representación de un cuadro de desviación de la mirada durante una crisis epiléptica. Aseveraba que las epilepsias se producían más por excitación que por supresión de la función cerebral.

Al igual que Todd, estimaba con mucha certeza que la hemiplejía y la convulsión unilateral estaban relacionadas.

En 1869 publicó «Un estudio de las convulsiones», obra clásica de la neurología donde escribió: «la convulsión no es apenas un síntoma, implica una descarga del tejido nervioso sobre el músculo».

Inicialmente, Jackson pensó que la corteza cerebral no era excitable y que las crisis se generaban en estructuras subcorticales. Sin embargo, los trabajos de FritscheHitzig en perros y de David Ferrier en monos (1870), demostraron que la estimulación de la corteza sí producía convulsiones.

En 1873 Jackson cambió de posición y afirmó que «epilepsia es el nombre para una descarga local ocasional, súbita e intensa de la materia gris».
En 1874 Hughlings Jackson, en el semanario «Circular y prensa médica»aplicó la teoría evolucionista del filósofo victoriano Herbert Spencer a la neurología. La teoría sustentaba que los centros superiores nerviosos eran más complejos, más numerosos y más especializados que los centros inferiores. La corteza, el más evolucionado centro neurológico, controlaría las funciones del estriado y de los centros inferiores.

En 1875 intentó explicar la relación corteza-ganglios basales mediante el análisis de enfermos en estado posictal.

En 1876 tuvo una irreparable pérdida personal: la muerte de su esposa Elizabeth. Ella había sufrido una infección cerebral durante el embarazo, manifestada como crisis parciales que en la actualidad reciben el nombre de «epilepsia jacksoniana». Una coincidencia dolorosa: eran las mismas que tanto había estudiado. Este hecho lo marcó el resto de su vida y a partir de este acontecimiento y sin descendencia, se convirtió en un hombre solitario y adusto.

En 1877, Jackson incorporó el estudio oftalmológico a la clínica neurológica. Observó algunos signos oculares, la neuritis óptica, los movimientos conjugados y su relación con afecciones del tronco cerebral.

Durante su larga carrera profesional Jackson investigó, escribió y revisó pacientes. Era un destacado y reconocido médico de Londres; elegido presidente de la «Sociedad oftalmológica del Reino unido», la «Sociedad médica de Londres»y la «Sociedad clínica de Londres». Describió la denominada «marcha jacksoniana» en las epilepsias y la organización somatotrópica del cerebro. También sostuvo que las enfermedades neurológicas eran una forma de evolución o disolución del sistema nervioso.
En 1878, cuando tenía 43 años, fue elegido miembro asociado de la «Real sociedad», época en que se fundó la revista «Brain». Fue elegido primer presidente de la «Sociedad neurológica de Londres»(1895.

Recibió grados honorarios de diversas universidades: Edimburgo, Glasgow, Boloña, Leeds y de su natal Yorkshire. A los 65 años de edad, se retiró del Hospital de Londres en 1894 y del «Hospital nacional» en 1900. Sin embargo, este retiro, fue postergado durante cinco años debido a su contribución a la neurología.

Entre los científicos y pensadores que recibieron marcada influencia de Jackson se pueden mencionar los neurólogos: William Gowers, en epilepsia; David Ferrier, en la localización cortical; Charcot, William Osler, Joseph Lister, Pierre Marie; pensadores como Michel Foucault, en la naturaleza de la enfermedad mental y Daniel Dennett en la explicación de la consciencia; también a Sigmund Freud, en los estudios de afasia.

Al final de su vida, Jackson padeció de sordera.Falleció el 7 de octubre de 1911, a los 71 años, en su casa de Londres.

Su nombre es recordado en la medicina al referir varios epónimos:

«Epilepsia jacksoniana», conocida también como epilepsia cortical: se caracteriza por convulsiones de una o varias partes del cuerpo del mismo lado. Las contracciones comienzan como un foco que se extiende a otras áreas. Solo afecta a un lado del cuerpo y el paciente mantiene el estado de conciencia. Esta convulsión indica que existe una lesión focal en el lado contralateral del cerebro, con frecuencia en el área motora de la corteza cerebral.

«Síndrome cerebeloso de Jackson»: síndrome caracterizado por convulsiones secundarias a un tumor de la línea media del cerebelo. La actitud cerebelosa que toma el paciente, se describe como una postura de hiperextensión persistente, que se adopta entre los ataques. La convulsión puede precederse de un fuerte grito. Durante el ataque la cabeza se extiende hacia atrás, se curva la espalda, las manos se cierran, se flexionan los antebrazos, se extienden las piernas y los pies se arquean hacia atrás.

«Ley de Jackson»: las funciones nerviosas son las últimas que se desarrollan y las primeras que se destruyen.

«Regla de Jackson»: después de un ataque epiléptico, las funciones de los nervios que son menos desarrolladas, son las menos afectadas y las que más rápido se recuperan.

«Signo de Jackson»: durante una respiración tranquila, el lado pléjico del tórax desarrolla movimientos más amplios que el lado opuesto. Sin embargo, durante la respiración forzada los movimientos del lado paralizado son menores que el lado contralateral.

Bibliografía
Jacyna LS.Process and progress: John Hughlings Jackson’s philosophy of science.Brain. 2011 Oct;134(Pt 10):3121-6.
Reynolds E. Hughlings Jackson. Arch Neurol. 1988;45:675-8.
Covo PC. JofnHuglings Jackson, un científico victoriano. Acta Neurol Colomb. 2006;22:257-60.

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Sábado 10 / Diciembre / 2011

Howard Taylor Ricketts y las rickettsias

Archivado en: Epónimos, Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — Diciembre 10th, 2011 — 17:53

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

Al hablar de enfermedades por rickettsias remontamos nuestros pensamientos a un grupo integrado por una amplia variedad de entidades clínicas causadas por microorganismos de la familia Rickettsiaceae. Las rickecttsias tienen características comunes como: ser parásitos intracelulares obligados y multiplicarse en una o más especies de artrópodos, igual que en los animales y el hombre. De hecho, la mayoría de estos gérmenes se perpetúan en la naturaleza, gracias a un ciclo en el que interviene un insecto vector y un animal reservorio. Son varias las enfermedades asociadas a las rickettsias, clasificadas en tres grupos principales: fiebre manchada, tifus y otras rickettsiosis.

Dentro de estos grupos podemos encontrar enfermedades como la fiebre Q, la fiebre manchada de las Montañas Rocosas, la fiebre botosa, el tifus epidémico, el tifus murino, etc. De todas estas, el tifus epidémico ha sido catalogado como una de las grandes pestes del mundo, ya que pocas enfermedades como esta, han influido de manera negativa en la civilización humana. Tal denominación nunca podrá ser arrancada como una página negra de la historia, vinculadas sobre todo a las muertes y los sufrimientos durante las guerras, el hacinamiento de grandes poblaciones, la miseria y las necesidades.

Pero como sucede con cada hecho de la vida, una historia -en ocasiones pocas veces conocida y con tendencia a pasar al olvido- la acompaña. En este caso estamos obligados a evocar al Dr. Howard Taylor Ricketts, quien bien pudiera colocarse en el zócalo que enaltece a los microbiólogos más trascendentales en la historia de la medicina.

howard-taylor-ricketts-02-cgNació el 9 de febrero de 1871 en Findlay, una villa ubicada en el condado de Shelby, Illinois, Estados Unidos. Matriculó en la Universidad de Northwestern en 1890. Cuatro años más tarde, ingresó en la Escuela de Medicina de la misma Universidad, donde su mentor, Walter H. Allport, lo ayudó a obtener un empleo en el museo médico de ese centro de altos estudios. Alcanzó el título de Doctor en medicina en 1897 y desde diciembre de ese año hasta junio de 1899, pasó una pasantía en el hospital del condado de Cook. En ese lugar trabajó junto a Ludvik Hektoen, posteriormente reconocido como un gran bacteriólogo dedicado al estudio de los estreptococos. Después de este periodo, aceptó una beca en patología dermatológica en el Colegio médico de Rush, con el fin de estudiar la blastomicosis.

En 1900 viajó a Europa donde estudió en Berlín, a sugerencia de Hetkoen. Con posterioridad, se dirigió al famoso Instituto Pasteur de París. En estos lugares, Ricketts perfeccionó sus técnicas de laboratorio y desarrolló un importante interés por la microbiología teórica.

En 1902 fue designado asistente en el Departamento de patología y microbiología de la Universidad de Chicago. En este lugar desplegó, hasta 1904, varios estudios relacionados con la blastomicosis. En 1904 fue nombrado asistente de John M. Dodson, quien fungía como decano de la Universidad médica. En 1907 pasó a ser profesor por un periodo de cuatro años.

Es muy reconocido el encomiador trabajo desarrollado en el área de la inmunología durante esta última etapa de su vida. Estas investigaciones le sirvieron para realizar varias publicaciones en la prestigiosa revista «Journal of the American Medical Association». Ulteriormente, estos trabajos fueron compilados y publicados en una obra titulada: «Infección, inmunidad y terapia sérica».

Fue también es en este periodo de tiempo donde tuvieron lugar sus mayores aportes a la medicina mundial. Ricketts será por siempre recordado por ser el descubridor del agente etiológico y la vía de transmisión de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas y del tabardillo.

Ricketts y la fiebre manchada de las Montañas Rocosas

En 1906 empezó a mostrar un especial interés en una enfermedad de la que no se conocían sus causas: la fiebre manchada de las Montañas Rocosas. Por esta razón, viajó al estado de Montana para estudiar la enfermedad, que en aquel entonces era causa importante de muertes. Según datos de la época, se estimaba una mortalidad de más del 80 % para quienes la sufrían.

A su llegada a Montana, centró sus estudios en los animales afectados y en los pacientes que eran víctimas de la enfermedad. Le extrañaba de sobremanera la incapacidad de demostrar la presencia del agente causal de la enfermedad en los medios de cultivos. Por esta razón, recurrió a la investigación mediante la inoculación de animales. Logró transmitir la enfermedad en conejillos de indias y en monos, donde encontró agentes específicos en la sangre, posibles causantes de la afección. También logró demostrar cómo la enfermedad podía transmitirse a través de la picada de un insecto conocido como garrapata de madera (Dermacentor andersoni). Entonces, no fue difícil sospechar que este mecanismo de transmisión podía acontecer de forma natural en las regiones de Montana e Idaho.

Con el tiempo, se pudo descubrir que la garrapata podía ser, a su vez, víctima de la infección: el germen era capaz de proliferar dentro del insecto. También se pudo declarar la transmisión a través de los huevos depositados por el insecto, como también en los estados de desarrollo larvario y de ninfa. Como la garrapata adulta podía ser la vía por la que el hombre se contagiaba, este fenómeno solo acontecía durante la primavera, y de esta manera, se explicaba convincentemente el característico patrón, que relacionado con las estaciones del año, mostraba la enfermedad.

Los trabajos de Ricketts, relacionados con la fiebre manchada de las Montañas Rocosas fueron publicados en un artículo titulado: «Observaciones en los virus y formas de transmisión de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas». Determinó además, que mediante el análisis del modo de transmisión se podía prevenir la enfermedad de una manera racional.

En 1919, Simeon Burt Wolbach identificó finalmente el agente etiológico como una nueva forma de microorganismo y lo denominó como Dermacentroxesus rickettsii, en honor a los trabajos de Ricketts. En la actualidad se conoce como Rickettsia rickettsii.

Ricketts y los estudios de la fiebre del tifus

La fiebre manchada de las Montañas Rocosas se parecía, en cuanto al cuadro clínico, a otra enfermedad conocida como fiebre de tifus. Era una afección que se podía conocer en aquel entonces de diferentes maneras: tabardillo (en México), fiebre de los barcos, fiebre de campamento, fiebre de las cárceles o fiebre de hospital.

howard-taylor-ricketts-01-cgEn 1909 el científico aceptó una invitación para estudiar el tabardillo en el Valle de México, una zona geográfica que estaba fuertemente azotada por este mal. Junto a su asistente voluntario, Russell Morse Wilder, elucubraron que la similitud existente entre la fiebre del tifus y la fiebre manchada de las Montañas Rocosas podían llevarlo a las mismas causas etiológicas. Viajó a Ciudad México y trabajó de manera intensa con las personas severamente enfermas. Encontró que el tabardillo podía ser transmitido por un ectoparásito, específicamente el piojo humano del cuerpo (en aquellos momentos denominado Pediculus vestimenti, en la actualidad Pediculus humanus corporis). Ya en 1909, a igual conclusión había llegado el médico francés y director del Instituto Pasteur de Túnez, Charles Jules Henri Nicolle.

Ricketts reconoció que Nicolle había demostrado previamente, la asociación entre el piojo humano del cuerpo y el tifus. Los experimentos de Nicolle fueron convincentes y había logrado la transmisión de la enfermedad desde monos infectados hacia otros animales de la misma especie empleando el piojo como vector. Sin embargo, las investigaciones de Ricketts lograron complementar este descubrimiento con un hallazgo interesante: los monos que se recuperaban, podían desarrollar inmunidad contra la enfermedad.

El 23 de abril de 1910, Ricketts y Wilder estaban a punto de anunciar una importante revelación: el descubrimiento del microorganismo, aparentemente un bacilo, en la sangre de los pacientes con tifus y en los insectos. Desgraciadamente, mientras realizaban trabajos para aislarlo, Ricketts contrajo la enfermedad y murió. Sus trabajos inconclusos fueron asumidos y culminados por otros investigadores.

Los trabajos de Ricketts relacionados con la inmunidad y el suero constituyeron las bases para posteriores avances en el desarrollo de vacunas, y su teoría de que ambas enfermedades estaban estrechamente relacionadas con microorganismos fue probada en años ulteriores.

La fiebre del tifus no solo provocó la muerte de Ricketts. Asociada a la enfermedad, se recogen hechos donde el trabajo heroico del personal médico y paramédico, resalta de manera magnánima en una batalla que estaba encaminada a enfrentar esta peste, a pesar del gran riesgo. En la historia de la medicina se recogen datos escalofriantes como este: en un periodo de 25 años, de 1230 médicos que estuvieron vinculados a diferentes instituciones de salud de Irlanda, 550 murieron por el tifus.

El bacteriólogo y zoólogo austriaco Stanislav von Prowazek es otro ejemplo digno de reconocer. Dedicó parte de su vida al estudio de la fiebre del tifus y durante una investigación realizada en Serbia en 1913, logró probar que similares microorganismos estaban presentes en piojos obtenidos de pacientes con tifus. En 1915, von Prowazek falleció por tifus, en condiciones similares a la de Ricketts.

El término rickettsia se originó de una publicación realizada en el año 1916 por Henrique da Rocha-Lima, un microbiólogo brasilero, quien denominó de esta manera al agente etiológico del tifus epidémico Rickettsia prowazekii en honor a Ricketts y Prowazek, ambos fallecidos mientras investigaban la etiología del tifus. Con posterioridad, aparte de los dos gérmenes referidos, R. rickettsii y R. prowazekii, la comunidad científica denominó una nueva familia taxonómica (Rickettsiaceae) y orden (Rickettsiales).

La voluntad extraordinaria de Ricketts para asumir riesgos, hacen que sea recordado como una leyenda en la medicina, una «víctima de su dedicación y ocupación», para otros… «uno de los médicos mártires de la ciencia».

Bibliografía
Hetkoen L. Howard Taylor Ricketts. Science. 1910;22(826):585-7.
Grob D, Schäfer G. 100th Anniversary of the death of Ricketts: Howard Taylor Ricketts (1871-1910). The namesake of the Rickettsiaceae family. Micr Infect. 2011;13:10-3.

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Lunes 7 / Noviembre / 2011

John Benjamín Murphy, sus contribuciones y epónimos

Archivado en: El idioma y la medicina, Epónimos, Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — Noviembre 7th, 2011 — 21:22

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Una mujer de 50 años de edad llegó a un servicio de urgencia por presentar un intenso dolor abdominal a nivel del reborde costal derecho, que irradiaba a la región subescapular del mismo lado. Es asistida por el médico de guardia que recoge como datos de interés, los antecedentes de dispepsia, dolor frecuente en el hipocondrio derecho e intolerancia a algunos alimentos -huevo, chocolate y grasas-. Al momento de ser asistida la enferma refirió tener fiebre elevada, náuseas y vómitos. Al examen se constató a la palpación, dolor en el hipocondrio derecho, con «signo de Murphy positivo»…

Hasta aquí todo parece indicar que estamos ante la presencia de una colecistitis aguda. El solo hecho de tener el último signo hace sospechar la enfermedad, si tenemos en cuenta que alrededor del 90 al 95% de los enfermos tienen esta molestia. El signo de Murphy es un epónimo y se lo debemos a quien lo describió, el reconocido cirujano norteamericano John Benjamín Murphy.

John fue el menor de seis hermanos y nació en una cabaña de madera en Appleton, Wisconsin el 21 de diciembre de 1857. Sus progenitores fueron inmigrantes irlandeses de clase media, dueños de terrenos dedicados a la agricultura. Como muchos otros hicieron, ellos habían llegado a los EE.UU. a raíz de las grandes pérdidas agrícolas provocadas por el azote de plagas que sufrieron las plantaciones de tubérculos en Europa. El padre, aunque era de carácter muy duro, fue siempre amable con sus hijos y ponía mucho interés en la educación. Por eso consagró su vida en aras de proporcionarles el máximo de oportunidades.

El joven Murphy, fue un estudiante talentoso, ávido de conocimientos y muy laborioso. Se graduó de bachiller en Appleton, California, en 1876. Al inicio, mostró vocación por la enseñanza, pero al final, el rumbo de su vida fue otro, influido por su admiración hacia un médico local, el Dr. W. H. Reilly. De manera apasionada lo seguía con mucha constancia en visitas realizadas a enfermos, observaba atentamente la manera en que se realizaban las curas de las heridas y la reducción de las luxaciones y fracturas. También le imbuía de sobremanera el respeto y la consideración que se ganaba el médico dentro de la comunidad. Una vez que había decidido que era lo que quería ser en el futuro, le expresó a su madre: «el alivio del sufrimiento humano es el trabajo más importante en el mundo».

Fue aprendiz del Dr. Reilly y desde el inicio hizo gala de valores éticos, dormía poco, trabajaba incansablemente los siete días de la semana, ocupado en sus lecturas y viendo enfermos. Después de un año, continuó sus estudios en el Colegio médico de Rush (Illinois, Chicago, EE.UU). Había escogido un programa de estudios donde los tres primeros años serían en ese centro educacional. Rápidamente mostró interés y motivación por la cirugía. Al final fue evaluado como el primero del escalafón y se había ganado un puesto como interno por 18 meses en el hospital del Condado de Cook, Illinois, Chicago, que en aquellos momentos era una institución líder dentro de ese país nórdico.

La vida de un interno se caracterizaba por «cumplir al pie de la letra» con la denominación que recibía: pasaba la mayor parte del tiempo dentro del hospital. El exceso de trabajo nunca lo amilanó ni hizo mella en sus aspiraciones de ser un buen médico, todo lo contrario, acogía con beneplácito cada cosa nueva que pudiera contribuir con su formación, ya sean aspectos técnicos de la cirugía, como la microbiología y la patología. Fueron momentos históricos donde también se introdujeron los primeros elementos relacionados con la antisepsia. Al término de su estancia en Cook, sus mentores tuvieron en cuenta las condiciones especiales del muchacho y consideraron que debía pasar un tiempo adicional de entrenamiento en Alemania. Este fue realizado por dos años en Heidelberg, una ciudad situada en el valle del río Neckar en el noroeste de Baden-Wurtemberg, Alemania. El lugar había ganado fama mundial por tener la universidad más antigua y prestigiosa de ese país, donde se podían encontrar además eminentes profesores. Estuvo bajo la tutela del gran maestro cirujano Theodor Billroth, quien en su tiempo fuera muy famoso. Al culminar esta etapa, ya la vida de Murphy mostraba todas las características que definían a un magistral médico: dedicado, incansable y muy creativo.

Incidentes, contribuciones y enemistades

john-benjamin-murphy-001-cgLa vida profesional de Murphy tuvo momentos señalados. El primero de ellos fue sombrío y estuvo relacionado con la asistencia que brindó a las autoridades después de un cruel enfrentamiento que tuvo lugar el 4 de mayo de 1886 entre las fuerzas policiales y los obreros que demandaban 8 horas diarias de trabajo. En la historia se conoce este hecho como el «incidente de Haymarket» que tuvo lugar en «Near West Side», una de las comunidades de la ciudad de Chicago. Resultó ser este suceso el punto álgido de una cadena de protestas que protagonizaban los obreros en la segunda ciudad de los EE.UU. y donde las condiciones de los trabajadores eran calificadas como las peores del país. El 1 de mayo de 1886 se iniciaba por 200 000 trabajadores una huelga que fue continuada en los días venideros. El 4 de mayo continuaban las protestas y en la noche la fuerza pública desató una brutal represión. Durante el incidente estalló un artefacto explosivo entre los policías que mató a ocho personas. Poco tiempo después las fuerzas represivas abrieron fuego con un saldo importante de muertos, heridos y detenidos.*

Ante un llamado, Murphy asistió a los lesionados en la estación policial. Lo primero que hizo fue clasificar a los heridos, separando aquellos que tenían muy altas probabilidad de fallecer de aquellos con reales posibilidades de vivir con una adecuada asistencia médica y que fueron trasladados con urgencia al hospital. Al final, asistió a 30 hombres, operando durante 18 horas sin descanso y logró así salvar varias vidas. Después de este incidente, fue llamado a declarar a un juicio de alto perfil donde explicó con detalles las heridas causadas por el artefacto explosivo y que lastimosamente fue aprovechado para acusar en ese arbitrario proceso a 8 destacados dirigentes obreros, algunos de ellos condenados a muerte en la horca. Con este acontecimiento, infortunadamente su popularidad se incrementó, y a la vez, se buscó la enemistad de muchos colegas cirujanos que lo criticaban incasablemente de muchas maneras, una de ellas porque se vanagloriaba de su experiencia en los incidentes de aquel ominoso 4 de mayo de 1886.

Otro de los reproches que recibía se relacionada con su actuar terapéutico, contrapuesto a diferentes procederes médicos de la época. Una de ellas fue la manera de tratar las apendicitis: había sido capaz de establecer un patrón de síntomas iniciales y con estos elementos ponderaba su tratamiento quirúrgico temprano -para muchos cirujanos de la época era un proceder muy «anticipado»-. Esto causó la burla e incredulidad entre sus colegas por lo que decidió documentar con pruebas fehacientes y es así que presentó los resultados de más de 200 apendicectomías exitosas ante la Sociedad Médica de Chicago. Al final, la evidencia mostrada permitió dejar estipulada la operación como un tratamiento estándar. Sin embargo, durante y después del proceso de defensa de su teoría, algunos cirujanos -considerados como conservadores y tradicionales- se rehusaban aceptarla, y persistían en considerar que con ello Murphy pretendía aumentar su fortuna financiera, más que reconocerlo como un tratamiento científico y novedoso.

Es considerado como uno de los innovadores más grandes de la cirugía de los últimos siglos. Siempre su mente estuvo muy por delante de la gran mayoría de sus coterráneos e incentivada para el desarrollo de cosas transformadoras. Unas de estas fue la invención de un dispositivo empleado en la realización de la anastomosis intestinal, incluyendo la de la vesícula biliar con el intestino, que posteriormente se conocería como «botón de Murphy». Este mecanismo permitía la unión de dos vísceras huecas sin suturas, y por muchos es considerado como el antecesor de la sutura mecánica. Inicialmente fue experimentado en animales y con posterioridad empleada por primera vez en una mujer de 35 años de edad con marcada ictericia por litiasis biliar. En ella se realizó la colecistoenterostomía con auxilio del mecanismo inventado. El tiempo empleado en esta operación, desde que abrió el peritoneo hasta que lo cerró, fue de solamente 11 minutos y ello significaba ser 10 veces inferior al lapso empleado con una técnica utilizada hasta ese momento de forma habitual.

El 16 de enero de 1897 publicó un trabajo transformador relacionado con la cirugía vascular, al lograr unir de manera exitosa la que puede ser considerada como la primera anastomosis arterial termino-terminal en un ser humano. La intervención fue realizada en un paciente con una arteria femoral seccionada por una herida de bala. También fue pionero en el uso de injertos óseos y contribuyó a la comprensión de la anquilosis. Promovió el tratamiento de la tuberculosis pulmonar con la administración de nitrógeno a la cavidad pleural para colapsar el pulmón, a lo que denominó como «neumotórax terapéutico». Introdujo el método de infusión de solución salina por vía rectal en el tratamiento de la peritonitis. En 1912 realizó la que puede ser considerada en la historia de la medicina como la primera endoscopía del tracto biliar, al introducir un cistoscopio a través del tracto de drenaje de una colecistostomía. Mediante este proceder pudo extraer cálculos biliares. Similar a la maniobra utilizada, en la actualidad es empleada para la extracción de cálculos biliares. También fue el primero en emplear la anestesia local en la cirugía del pulmón y de igual manera se interesó en la neurocirugía de la médula espinal y los nervios periféricos.

El signo de Murphy

Sin embargo, muchas de sus invenciones, tratamientos o técnicas quirúrgicas fueron relegadas al desuso ante el ímpetu de actuales avances cientificotécnicos. Se puede aseverar que sólo su nombre se evoca y pasa a la posteridad por el signo de Murphy. La clásica maniobra fue descrita en 1912 y consiste en introducir a modo de gancho, los dedos de la mano derecha por debajo del reborde costal a la altura de la vesícula e invitar al enfermo a realizar una inspiración profunda. Con este proceder se pretende que la vesícula biliar inflamada se acerque a la mano del examinador; se considera que el signo es positivo cuando aparece dolor. Con el advenimiento de la ecografía, el nombre también pasó a ser usado como el «signo ecográfico de Murphy». Este tiene lugar cuando la presión que se ejerce a través del transductor del ecógrafo provoca similar dolor durante la realización de la exploración imaginológica de la vesícula biliar.

John Benjamín fue miembro del «Colegio americano de cirujanos». Desde 1895 hasta su muerte en 1916 ocupó el cargo de Jefe de cirugía del Hospital Mercy, Chicago. En este centro se le reconocía porque al dar clases dos veces a la semana y era capaz de abarrotar el anfiteatro, de médicos de todas partes de los EE.UU. y del extranjero. Por esta razón fue considerado como el maestro más destacado de su época. Con el objetivo de difundir estas presentaciones a un público más numeroso, comenzaron a ser publicadas, convirtiéndose estas con el tiempo, en las precursoras de las famosas «Clínicas quirúrgicas de Norteamérica».

Murphy falleció el 11 de agosto de 1916 en Mackinac Island, Michigan, EE.UU., después de sufrir mucho por agina de pecho. Dos días antes de su muerte había escrito: «la necropsia mostrará las placas de mi aorta» y de hecho fue así. Murphy fue un sabio cirujano, un técnico capaz y un profesor académico. La alta estima que alcanzó entre sus contemporáneos se expresa mejor con la observación de William Mayo (cofundador de la «Clínica Mayo»): «el fue el genio quirúrgico de nuestra generación».

Bibliografía

Parquet RA. John Benjamin Murphy. Acta Gastronetrol Latinoam. 2010;40:97.

Morgenstern L. J.B. Murphy, M.D. Surg Encdosc. 1998;12:359-60.

Morgenstern L. John Benjamin Murphy (1857-1916): An American Surgical Phenomenon. Surg Innovat. 2006;13:1-3.

George I, Hardy M, Widmann WD. John Benjamin Murphy. Cur Surg. 2004;61:439-41.

Musana K, Yale SH. John Menjamin Murphy (1857-1916). Clin Med Res. 2005;3:110-12.

*A los obreros, víctimas de este brutal hecho, se les conoce como los «Mártires de Chicago». Durante la celebración de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, se establece por acuerdo del Congreso Obrero Socialista la proclamación de cada 1 de mayo como «Día mundial de los trabajadores», fecha que constituye una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a aquellos «Mártires de Chicago».

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Miércoles 19 / Octubre / 2011

Epónimos: «Maniobra de Valsalva»

Archivado en: El idioma y la medicina, Epónimos, Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — Octubre 19th, 2011 — 22:44

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Muchos saben qué es la maniobra de Valsalva, pero pocos se detienen en conocer de dónde viene ese nombre. Es un epónimo, con el que se rememora a un brillante médico italiano de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Su nombre fue Antonio María Valsalava, nació en junio de 1666 en Imola, un pueblo localizado al norte y centro de Italia, distinguido en aquel entonces por su desarrollo agrícola, mercantil, y por sus cerámicas. Su padre, Pompeo Pinio, fue un joyero que gracias a su trabajo, consiguió que la vida de la familia fuera acomodada. Adoptó el apellido de Valsalva por ser este el nombre de un castillo, propiedad de la familia.

Antonio fue el tercero de ocho hermanos y su vida coincidió con el llamado periodo Barroco. Fueron momentos de célebres obras en el campo de la literatura, la pintura, la arquitectura, la escultura, la danza y la música. También acaecieron señalados enfrentamientos entre la Iglesia católica y diferentes movimientos revolucionarios culturales, del que surgió una nueva ciencia y una nueva corriente dentro del catolicismo. Se conoce esta época como la «era científica», gracias a los grandes avances científicos que tuvieron lugar. De esta manera surgió el pensamiento científico moderno o método científico, gracias a las dos formas en que se empezaron a enfrentar los problemas: el racionalismo y la experimentación. Grandes figuras enriquecieron con su intelecto este periodo, entre ellos se distinguieron: Copérnico, Galileo, Newton y Descartes.

Pero no fueron momentos favorables para los médicos. El prestigio de esa profesión estaba bastante afectado, y los galenos eran centro de burlas y falta de consideración, basados principalmente por los métodos terapéuticos rústicos que empleaban. De manera general, el médico vivía de madera sencilla -muchas veces sumido en la pobreza- y dedicaba largas horas al ejercicio de su labor para conseguir vivir, dado los bajos honorarios que cobraba.

Fue en ese contexto donde se desarrolló la vida de Valsalva, del que se conoce muy poco de sus inicios. La posición social de la familia permitió que recibiera una buena educación en humanidades, matemáticas y ciencias naturales. Con posterioridad estudió en la Facultad de Medicina y Filosofía de la Universidad de Bolonia, Italia, y tuvo la suerte de contar con profesores destacados como eminencias para su tiempo. Uno de ellos fue Marcelo Malpighi, recordado en la historia de las ciencias por ser uno de los pioneros en el uso del microscopio en la Medicina y descubridor de los capilares pulmonares, considerado este hallazgo como «el enlace perdido en la circulación de Harvey». El destacado profesor descubrió en Antonio sus potencialidades para la Medicina, y este por su parte, apreciaba de manera importante la forma clara de enseñar Anatomía.

La vida como médico

valsalva-cgA los 21 años de edad se graduó de médico y filósofo. Para obtener el título presentó su tesis: «Sobre la superioridad de la doctrina experimental», un tema controversial que era motivo de gran debate en la sociedad científica de entonces. Recién graduado, una peste azotaba a la ciudad Bolonia y dado los honores con que se había titulado lo nombraron Inspector público de salud. Aplicó medidas justas y apropiadas y logró destacarse en ese cargo. Tanta fue la autoridad alcanzada, que años después, cuando una epidemia había alcanzado hasta el castillo del rey, el senado decidió mandarlo como encargado para contenerla.

Participaba además en acostumbradas reuniones de intercambio de conocimientos que tenían lugar entre los médicos y dentro de este ambiente sobresalía entre sus contemporáneos. Con solo 39 años fue nombrado Profesor de Anatomía de la Universidad de Bolonia y más tarde, elegido Presidente de la Academia de Ciencias.

Son reconocidos los aportes de Valsalva a la Medicina. Su entusiasmo por el conocimiento no tenía límites y pasaba gran parte del tiempo encerrado en su laboratorio de Anatomía. Incluso, investigó varios tipos de secreciones corporales probándolas el mismo. Fue así que describió que el exudado de la gangrena era muy ácido y dejaba sus papilas gustativas irritadas por el resto del día.

Uno de los aportes más importantes hechos por Valsalva a la Medicina fue la minuciosa descripción que hizo de la Anatomía, Fisiología y Patología del oído. De hecho, fue el primero en establecer la división del oído en sus segmentos externos, medio e interno. Estos elementos fueron presentados en un libro escrito por Valsalava titulado: «Tratado sobre el oído humano». En esta obra se describió la maniobra que lleva su nombre.

La maniobra de Valsalva consiste en que, a través de una coordinación de movimientos musculares, se hace una espiración forzada, mientras se mantiene la nariz y la boca cerrada, cerrando también las cuerdas vocales, y por lo tanto, la glotis. De esta manera aumenta la presión de las trompas de Eustaquio. Si estas están permeables, el aire entrará de manera forzada en el oído medio. Esta maniobra puede ser espontánea, como ocurre cuando se tose o defeca, o ser provocada. Determina además un aumento de la presión intratorácica e intraabdominal, que conlleva a la disminución de la frecuencia cardiaca, disminución del retorno venoso y aumento de la presión venosa. Inicialmente esta maniobra fue empleada para remover cuerpos extraños del oído y para mejorar la hipoacusia. Sin embargo, es ampliamente utilizada para aclarar síntomas o reacciones en el paciente, como para el tratamiento de la taquicardia supraventricular donde se persigue aumentar el tono vagal. También se emplea cuando existe bloqueo del oído durante el descenso de altura y en la investigación de hernias de la pared abdominal o de anomalías vasculares como el varicocele. También tiene aplicación en el buceo, donde se usa para contrarrestar un aumento progresivo de la presión de agua desde el exterior y evitar un barotrauma.

La observación la constancia e inteligencia lo llevaron a otros muchos aportes. Así es como se conocen los senos de Valsalva -o senos aórticos-, los ligamentos de Valsalva -o ligamentos auriculares- y el músculo de Valsalava -también conocido como antro mastoideo-. Con sus investigaciones contribuyó al manejo de los aneurismas, entendió la importancia de la nefrectomía a través de operaciones en animales, inventó instrumentos quirúrgicos que se utilizaron por muchos años y trabajó en diversas áreas que se conocerían posteriormente como Oftalmología, Oncología, Otorrinolaringología e incluso, Psiquiatría. En esta última, fue de los primeros en señalar que los enfermos psiquiátricos requerían de un trato humanitario para sanar.

Al igual que su profesor, Malpighi, fue muy querido por sus alumnos. Sus clases de Anatomía eran esperadas con ansias. Dentro de sus pupilos predilectos se encontraba Giovanni Battista Morgagni. Valsalva dejó sin editar muchos trabajos que publicó posteriormente Morgagni.

Una tarde de 1721, mientras se encontraba en Venecia, Valsalva discutía con Morgagni sobre un tema de interés. De manera súbita comenzó a hablar de manera extraña y no se le entendía nada de lo que decía. Este episodio duró solo algunas horas y en su análisis posterior, tuvo claro lo que le había sucedido, basado en sus estudios relacionados con la fisiopatología de los accidentes vasculares encefálicos. De hecho…, no se equivocó. Dos años más tarde, el 2 de febrero de 1723, Valsalava sufrió un accidente vascular encefálico, que le costó la vida.

No parece justo que los médicos de hoy desconozcan su historia y valoren la contribución a la Medicina. En su momento, quedó para la posteridad la gran admiración de Morgagni por su profesor, reflejada en sus propios escritos: «No hay nadie de esos tiempos que vaya por delante de él, muy pocos son sus iguales»

Bibliografía

García D, García C. Valsalva, mucho más que una maniobra. Antonio María Valsalva (1666-1723). Rev Med Chil. 2006 Aug;134(8):1065-8.

Jellinek EH. The Valsalva manoeuvre and Antonio Valsalva (1666-1723). J R Soc Med. 2006 Sep;99(9):448-51.

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Jueves 6 / Octubre / 2011

Epónimos: «William Heberden, los nódulos, la angina y otros aportes importantes a la Medicina»

Archivado en: Epónimos — Julio César Hernández Perera — Octubre 6th, 2011 — 22:13

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

Desde la carrera de Medicina, los estudiantes que cursan por la asignatura de Propedéutica clínica rápidamente aprenden a reconocer en el examen físico los nódulos de Heberden y de Bouchard. Relacionados ambos, con la degeneración osteoarticular, los primeros tienen características específicas que las diferencian de otros procesos articulares, dados por: agrandamiento del dorso de las articulaciones interfalángicas distales, ser duros e indoloros cuando están totalmente desarrollados, que se mantienen por el resto de la vida. Por su parte, los de Bouchard, aunque son similares, se diferencian por estar localizados en las articulaciones interfalángicas proximales.

nodulos-de-heberdenLos nódulos de Heberden deben su nombre a quien los describió, el médico inglés William Heberden, quien por los trascendentales aportes que hizo es considerado por muchos como una de las figuras más importantes de la Medicina del siglo XVIII. Nació en Londres en el año 1710. A la edad de 7 años entró en la escuela de San Saviour. Ese mismo año -en 1717- quedó huérfano de padre, por lo que no pudo contar en su formación con la influencia paterna. No obstante, su madre supo reconocer ciertas habilidades y potencialidades del muchacho, por lo que en 1724 decidió enviarlo a Cambridge, donde matriculó en el Colegio San Jonh. En 1728 obtuvo el grado de Bachiller en Artes, y así, pudo adquirir una adecuada educación clásica. Además, aprendió a la perfección el idioma hebreo y el latín.

Con posterioridad continuó sus estudios en Medicina en Cambridge y en Londres. En 1739 alcanzó el grado de Doctor en Medicina. Continuó en Cambridge por nueve años ejerciendo la profesión y educando. En 1746 fue elegido miembro asociado del «Real colegio de médicos de Londres». Invitado por Sir Edward Hulse, quien era médico del rey George III, se estableció en Londres en el año 1748. En esa urbe, su reputación como médico se enalteció de manera vertiginosa, a tal punto que a solo un año de su llegada fue elegido como miembro de la «Royal Society».

En 1782, a la edad de 73 años, se retiró de la práctica médica activa. Murió a los 92 años en su residencia en Pall Mall, Lodres. Corría el año 1801 y coincidentemente culminaba el siglo XVIII.

Las contribuciones de Heberden a la Medicina

william-heberden-cgHeberden se distinguió por ser un médico muy observador y un escritor muy prolífico. Uno de sus hábitos fue el de tomar notas de todo lo relacionado con la naturaleza y la cura de las enfermedades. Al final de cada mes, tenía el cuidado de transcribir y organizar estos apuntes. Así, hasta el año 1782 llegó a colectar un vasto y valioso material -escrito en latín e inglés-, que se empleó como fuente primaria para la publicación de «Commentaries en the History and Cure of Diseases». Esta obra fue publicada y editada por su hijo, William Heberden «el joven», después de su muerte en 1802 y persiste como uno de los clásicos de la Medicina más leídos en el mundo. Fue en esta obra donde se describió el «digitorum nodi», que en la actualidad conocemos como «nódulos de Heberden» y que ya han sido descritos al inicio de este trabajo. En una parte de su trabajo se encuentra esta referencia: «¿Qué son los pequeños nódulos duros, de aproximadamente el tamaño de un guisante, que se pueden ver con frecuencia encima de los dedos, especialmente a poca distancia del final y cerca de la articulación? Ellos no tienen relación con la gota, pueden ser vistos en personas que nunca la han padecido; y persisten a lo largo de la vida [...]».

Otro de sus aportes fue la descripción de la «angina pectoris» o «angina de pecho» -en algunos libros de Medicina está también recogida como «angina de Heberden»-. Aunque la enfermedad fue descrita mucho antes, en 1632, por el Conde de Clarendon quien narró la muerte de su padre con suma precisión, fue realmente Heberden quien hizo una descripción pormenorizada del cuadro clínico, caracterizado por dolor agudo en la región precordial. En esta cita se ve como lo detalló y denominó: «Hay una dolencia del pecho con síntomas difíciles y peculiares. Hay que prestarle atención, porque ni está libre de riesgos, ni es particularmente rara. Su localización y la sensación de angustia que tiene el paciente justifican el nombre de “angina pectoris“». Refirió además, que a medida que pasaba el tiempo, en estos pacientes era progresivamente menor el período libre de dolor, así como el esfuerzo que lo desencadenaba. Con sumo cuidado representó las variaciones en el tipo de dolor, su forma de inicio y distribución. Casi todos los enfermos que fueron registrados con este cuadro clínico, fallecieron de manera súbita.

Hizo además, una descripción muy precisa de las razones que pudieron estar vinculadas con el dolor, como «espasmódico y no inflamatorio» en su origen. En aquellos momentos se ignoraba la causa, en la actualidad es bien conocido que se debe a una insuficiencia del riego sanguíneo del miocardio, casi siempre por estrechamiento u obstrucción aterosclerótica de las arterias coronarias. Incluso, con la descripción de la angina de pecho, Heberden propuso que el tratamiento debía ser el reposo, calentarse y administrarle opio y licores fuertes. Escribió que las sangrías y el estímulo del vómito, procederes que se aplicaban con mucha frecuencia en aquel entonces, parecían ser inadecuados.

Otros de sus aportes tienen que ver con la descripción de otras enfermedades como la cefalea, la tuberculosis de la articulación de la cadera, la varicela, la viruela y la púrpura, que en la actualidad se conoce como de Henoch. Con respecto a esta última enfermedad, Henoch la describió en 1874, sin embargo, Heberden realizó similar elucidación en niños 70 años antes y la había denominado como «purpureae maculae».

Para Heberden, el principal objetivo de la educación de la Medicina, era comprender la historia de las enfermedades y conocer cómo prevenirlas, curarlas o paliarlas de la mejor manera. Al aclarar los síntomas de las diferentes afecciones ayudaba a conocerla y a comprenderla. Según su hijo: «tenía un auténtico deseo de ayudar a la humanidad en el camino hacia el bienestar y la felicidad».

Su carácter afable, humano y dedicado a su profesión, le hizo ganarse la simpatía e infinitos halagos por parte de sus amigos a quienes impresionaba además, por sus vastos conocimientos. Uno de ellos, fue una de las figuras literarias más importantes de Inglaterra, Samuel Johnson -también conocido como el Dr. Johnson-. Cuando esta personalidad se encontraba en su lecho de muerte y se enteró de quién lo atendía, apodó a Heberden como el «ultimus romanorum» (el último romano). Así lo glorificaba -a su entender-, como el último de los grandes sabios médicos de su época. Realmente esta expresión bien podría ser sustituida en la época actual como: «el primero de los médicos modernos».

Bibliografía
The Rt Hon The Lord Cohen Of Birkenhead. Heberden Oration, 1961: William Heberden. Ann Rheum Dis. 1962 Mar;21(1):1-10.
Guthrie D. Doctor William Heberden. Ann Rheum Dis. 1951 Sep;10(3):217-20.

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Domingo 11 / Septiembre / 2011

Contribuciones de Edward H. Lambert

Archivado en: Epónimos — Julio César Hernández Perera — Septiembre 11th, 2011 — 11:41

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El médico norteamericano Edward H. Lambert es considerado como una de las figuras en la medicina más importantes en el desarrollo de la neurología y la neurofisiología. Sus principales aportes estuvieron en la investigación y desarrollo de algunos de los conceptos actuales relacionados con los trastornos musculares y de los nervios. Su trabajo en la neurofisiología clínica permitió que se estableciera como una subespecialidad importante en el área de la neurología, por esta razón, es considerado como el «padre de la electromiografía». Realizó también investigaciones en la fisiología cardiovascular y pulmonar. Como profesor, influyó en varias generaciones de neurólogos, algunos de ellos, han sido líderes en el campo de las enfermedades neuromusculares.

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El Dr. Lambert nació en Minneapolis el 30 de agosto de 1915. Desde edad escolar, vislumbraba su marcado interés por la música y la Biología. En 1934 fue aceptado en la Escuela de medicina de la Universidad de Illinois, donde culminó sus estudios en 1938. Durante este periodo de tiempo obtuvo varios premios por sus investigaciones. Posteriormente, después de pasar una pasantía en el hospital Michael Reese junto al profesor Dr. Ernst Gellhorn, quien lo inició en la fisiología cardiovascular, inició su Doctorado en Fisiología en la Universidad de Illionis. Su tesis trataba sobre los efectos del oxígeno y el dióxido de carbono en la presión sanguínea y el sistema vasomotor, y su método para el realizar la lobectomía en perros.

En 1943 comenzó a trabajar en la Clínica Mayo y se consagró en el estudio de las causas y la manera de prevenir las catastróficas consecuencias derivadas de la pérdida de conciencia que experimentaban los pilotos durante determinadas las maniobras aéreas. Para ello diseñó un sistema manométrico para medir la presión intraarterial durante la rotación centrífuga. Él mismo se sometía a pruebas y se recoge que en 23 ocasiones perdió la conciencia y aguantó un tiempo cumulativo de 7,7 minutos de pérdida de perfusión a nivel cerebral. Por esta dedicación e investigaciones obtuvo en el año 1947 el «Certificado presidencial del mérito» y por su prestigio fue promovido en 1958 como «profesor de Fisiología».

A finales de los años 40, Lambert comenzó a realizar estudios en electrofisiología, relacionados principalmente con las enfermedades neuromusculares. Sus descripciones clásicas de conducción nerviosa, las pruebas de transmisión neuromuscular y las ondas básicas electrofisiológicas, sirvieron de base para el desarrollo del campo de la neurofisiología clínica. Su marcado interés en el estudio de las afecciones de la unión neuromuscular, encontraron su punto más destacado con la publicación de un artículo en la revista «Journal of the American Medical Association», bajo el título: «Electromiografía y estimulación eléctrica de los nervios en las enfermedades de la unidad motora». En este trabajo, conjuntamente escrito con el Dr. Lee Eaton, se describía aspectos clásicos electrofisiológicos de una nueva enfermedad, denominada como síndrome miasténico y que se asociaba en ocasiones con el cáncer de pulmón. La enfermedad es conocida en la actualidad con el epónimo de: «Síndrome miasténico de Lambert-Eaton» (SMLE) o «síndrome de Eaton-Lambert».

Durante las próximas décadas Lambert, trabajó intensamente junto a su esposa -Dra. Vanda Lennon- y otros colegas en el mismo campo de investigación. Logró establecer diferentes particularidades que ayudaban a definir con mayor claridad las características neurofisiológicas del SMLE, así como las relacionadas con otras enfermedades como: la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, el síndrome del túnel del carpo, varios síndromes miasténicos congénitos y algunas de las miopatías genéticas, tóxicas y endocrinas. Antes del desarrollo de los equipos de electromiografía, diseñó uno con similares propósitos de estudio y mediante el cual realizó grandes aportes. Por esta razón, se asevera por muchos, como uno de los fundadores de la electromiografía en los EEUU.

Las investigaciones de Lambert se caracterizaban por largas horas dedicadas en la recolección de datos obtenidos en el laboratorio, de los pacientes con enfermedades infrecuentes o raras. Siempre sus estudios fueron muy cuidadosos y meticulosos. Su capacidad para describir la fisiopatología de las enfermedades encontraba como base importante, sus amplios conocimientos y aplicación de las ciencias básicas. Tenía una habilidad extrema para hacer una síntesis de los principales aspectos recogidos en sus detalladas investigaciones.

En 1956 fue presidente de las «Asociación americana de electromiografía y electrodiagnóstico», durante 12 años sirvió como miembro consultivo editorial de la revista «Muscle & Nerve». De igual manera, fue miembro consultivo médico de la «Fundación de la miastenia gravis», desde 1973 hasta 1975; jefe de la Comisión de electromiografía y desde 1965 hasta 1969, miembro del Comité ejecutivo de la «Federación internacional de sociedades para la electromiografía y la neurofisiología clínica». En 1984, la Asociación americana de neurología lo designó miembro honorario.

Fue un hombre tranquilo, modesto, austero. Recibió la admiración de muchos de sus discípulos a quienes transmitió el amor a la ciencia y la necesidad de su aplicación cuidadosa en la búsqueda de solucionar los problemas clínicos. Murió en Rochester, Minnesota, EEUU, el 27 de julio de 2003, a los 88 años de edad.

Bibliografía

Gutmann L, Kennedy W. Edward H. Lambert, MD, PhD (1915-2003). Neurology. 2004;62:870-1.

Daube JR. Edward H. Lambert, MD, PhD (1915-2003). Ann Neurol. 2003;54:690-1.

Daube JR. Edward H. Lambert. Muscle Nerve. 2003;28:523-4.

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Lunes 5 / Septiembre / 2011

Epónimos: «Enfermedad de Béguez César»

Archivado en: El idioma y la medicina, Epónimos — Julio César Hernández Perera — Septiembre 5th, 2011 — 7:38

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Antonio Béguez César fue un destacado médico pediatra que nació en Santiago de Cuba el 12 de marzo de 1895. Se graduó de bachiller en 1914 en el «Instituto de segunda enseñanza» de su ciudad natal. Al terminar, viajó a la capital cubana para estudiar medicina en la Universidad de La Habana. Se graduó como médico en 1919 y regresó a su Santiago de Cuba con la aspiración de obtener una plaza en el hospital «Saturnino Lora». El ansiado anhelo no pudo cumplirse en el recién graduado que buscaba un lugar para poder ejercer su profesión. Tampoco pudo encontrar trabajo en otras instituciones asistenciales de la ciudad oriental, como el «Centro gallego» y la «Clínica española».

No tuvo otra alternativa que marchar a la ciudad de Cárdenas, Matanzas. En esa otra ciudad costera, le habían ofrecido una plaza como médico por un parco sueldo. Estuvo en ese lugar hasta el año 1921, cuando a causa de la enfermedad de su madre, estuvo forzado a regresar a la ciudad que lo vio nacer. Los obstáculos prosiguieron en su vida, siempre saturada de serios problemas financieros, pero a pesar de ello, en no pocas ocasiones brindó asistencia médica sin obtener sueldo alguno. Trabajó en un pequeño hospital de «Comas» y hacía consultas privadas para su sustento y la de su familia. En 1929, junto a otros médicos, fundó en el hospital «Saturnino Lora» una sala para la atención especial de niños, todo ello, sin recibir sueldo alguno. El local contó con la caridad de las «Damas Isabelinas», quienes donaron 30 camas, mesas de cura y algunas sillas. Nació así la sala «Alberto Parreño», considerada por muchos como la semilla de la pediatría en Santiago de Cuba. A partir de este momento se había establecido en el joven galeno su verdadera pasión profesional: la atención médica de los niños.

Su intenso quehacer, dedicación y prestigio, le concedió la fortuna de rodearse de un gran número de amigos y colegas, que buscaban en aquella sala de niños enfermos, adentrarse en ese particular espacio donde se fusionaba la sensibilidad y el conocimiento científico. Su trabajo no se enmarcó solamente en el trabajo clínico, por la necesidad y las condiciones del hospital, que carecía de un servicio de Anatomía Patológica, se vio precisado a realizar las autopsias a los fallecidos, y así estudiar las causas de sus muertes.

En 1936, a golpe de sacrificio, voluntad y autoridad, se materializó unos de sus sueños de recién graduado: un empleo como médico en el hospital «Saturnino Lora», y así, la nueva posibilidad de tener un sueldo. Fue nombrado en aquel entonces como Jefe del servicio de la sala de niños.

El descubrimiento de una nueva enfermedad

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En el tiempo que se desempeñó como médico en la sala de pediatría «Alberto Parreño», aconteció un hecho que le hizo ganar una reputación nacional e internacional. Corría el año 1933, cuando atendió a un niño que procedía de una consulta privada. Por alguna razón especial, le llamó poderosamente la atención. Quizás, fue una particular sensibilidad que le provocaron los ojos tristes y la debilidad del niño gravemente enfermo. Poco tiempo transcurrió para que la muerte llenara de nostalgia el corazón del galeno que poco pudo hacer a pesar de grandes esfuerzos y agotar todas las posibilidades que tenía a su alcance. Le mortificaba haberse sentido incompetente por no poder precisar la causa de esa enfermedad mortal que tanto lo afligía.

No pasó mucho tiempo, cuando causalmente atendió a otros dos enfermos con similares síntomas y signos. Para mayor asombro, eran hermanos del fallecido. El desenlace final de ellos fue la misma y se percató al instante, que algo raro ocurría en esa familia. Dedicó entonces largas horas de estudio para determinar las causas de estas tres muertes, y se convirtió este objetivo, en uno de sus mayores retos científicos. Retomó la revisión exhaustiva de las historias clínicas y llegó a conclusiones sorprendentes. Sin temor a equivocarse refería que estaba en presencia de una misma enfermedad que hasta ese momento era desconocida. La llamó como «neutropenia crónica maligna familiar» y estos hallazgos los publicó en el «Boletín de la Sociedad cubana de pediatría» en 1943.

La enfermedad descrita era un trastorno multisistémico, metabólico y familiar, que se caracterizaba por la existencia de granulaciones anormales en los leucocitos y elevada susceptibilidad para las infecciones. Con posterioridad, en el mundo fue descrita también por los médicos Alexander Moisés Chédiak en 1952 y Otokata Higashi en 1954. Por eso, en el mundo se le conoce con frecuencia como síndrome de Chediak-Higashi o síndrome de Beguez César-Steinbrinck-Chédiak-Higashi, aunque se puede referir también como enfermedad de Béguez César. Esta afección se acompaña de una larga lista de anomalías y malformaciones como el albinismo parcial, la fotofobia y la hiperhidrosis. Puede acontecer en estos enfermos la existencia de neuropatía progresiva con debilidad muscular. Es una enfermedad genética que afecta a ambos sexos -probablemente autosómico recesivo-. Se ha reportado que puede ser vista en hijos de padres consanguíneos. Su pronóstico es malo y los niños mueren generalmente entre los 5 y 10 años de edad, asociados a infecciones o a linfomas. En la actualidad es enmarcada dentro de un grupo de enfermedades conocidas como «raras», si se tiene en cuenta que en el mundo se han reportado menos de 500 casos en los últimos 20 años.

Por la dedicación y el prestigio alcanzado, Béguez, durante la creación de la Sociedad cubana de pediatría de Oriente en 1934, fue nombrado como su primer presidente. Como tal, participó en 1935 en la «Primera jornada nacional de pediatría», celebrada en la ciudad de Camagüey. Otros aportes que hizo a la pediatría fueron: el primer reporte en Cuba -en 1936- de la enfermedad conocida como «Enfermedad de Weir-Mitchell», en 1936, y el primer reporte de craneofaringioma en niños en 1939.

Otros pasajes de la vida de Béguez

En 1940, llegó a asumir la presidencia el dictador Fulgencio Batista y entre las primeras acciones de cambio, Béguez quedó cesante de su cargo como médico del «Saturnino Lora». Pero gracias a la gestión de sus amigos de la Sociedad cubana de pediatría de La Habana se le volvió a conceder el puesto. Estas acciones se repitieron una y otra vez durante cada nuevo periodo presidencial de la época como causa de su postura e ideal, considerado en varias ocasiones como «persona desafecta al régimen». En varias oportunidades se jugó la vida al brindar su hogar como escondite de los jóvenes revolucionarios perseguidos por los esbirros de la tiranía batistiana. Se había identificado rápidamente con el ideal de lucha del Movimiento 26 de julio.

Al llegar el Triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959, Béguez tenía 64 años de edad. Fue de los pocos médicos que optó por quedarse en Cuba y apoyar a su proceso revolucionario. Ahora había encontrado una nueva motivación, siempre vinculada a la salud de los niños. Empezó a dirigir la sala de niños del Hospital provincial de Santiago de Cuba, que se había inaugurado recientemente. Estuvo en este cargo hasta julio de 1960 cuando pasó a dirigir la sala de niños del Hospital Infantil Norte (ONDI) de Santiago de Cuba.

Al cumplir 45 años de vida profesional en el campo de la pediatría fue galardonado con el Diploma de Mérito de la Sociedad cubana de pediatría y Diplona de honor, conferido por el Ministerio de Salud Pública. En el marco de la «Primera jornada latinoamericana de estudios cooperativos en Hematología», que contaba con la asistencia de delegados latinoamericanos, se le declara como descubridor de la mal llamada enfermedad de Chediak-Higashi.

Béguez murió el 11 de febrero de 1975, en su tierra natal de Santiago de Cuba, poco antes de cumplir 80 años de edad. Del legado de este gran médico cubano recordamos con orgullo sus lecciones, no haber guardado en su alcázar sus saberes y poderlo recordar para siempre como el paradigma de médico modesto y humilde para las nuevas generaciones.

Referencias bibliográficas

León Guevara A, Goyo Rivas J. Yo, Antonio Béguez Cesar, médico cubano. Rev Cubana Pediatr. 1999,71:254-8.

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Sábado 20 / Agosto / 2011

Epónimos. «Enfermedad de Chagas»

Archivado en: El idioma y la medicina, Epónimos — Julio César Hernández Perera — Agosto 20th, 2011 — 23:41

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quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera.

No son pocos los desmanes en el mundo que se asocian a la miseria y al subdesarrollo. Entre ellas, existe una que ha afectado desde tiempos inmemoriales a poblaciones de la América Latina: la enfermedad de Chagas. También conocida como tripanosomiasis americana, es transmitida por un insecto conocido como triatoma, chinche americana o barbeiro. La enfermedad ha constituido un verdadero azote para poblaciones de diferentes zonas de América Latina desde hace mucho tiempo. Así ha quedado demostrado en investigaciones realizadas a momias chilenas de 9000 años de antigüedad y en distintas crónicas escritas por los colonizadores europeos.

Como dato histórico adicional e interesante, podemos referir que el propio Charles Darwin, en una etapa de su famoso viaje en el «Beagle», describió y sufrió de las molestas picadas del insecto transmisor en una de sus exploraciones realizadas junto a los gauchos en la zona de Mendoza, Argentina. Según apuntan varios investigadores, la muerte de este célebre naturalista, acaecida el 19 de abril de 1882, posiblemente estuvo relacionada con problemas cardiacos asociados a la forma crónica de la enfermedad de Chagas, cuando aún no se conocía.

En la actualidad la enfermedad es catalogada por muchos como «desatendida», donde a pesar de los años y los avances alcanzados en las ciencias, aún está presente en varios países latinoamericanos. Sigue siendo causa de pavorosos estimados: cerca de 100 millones de personas viven con riesgo de contraerla, 18 millones están parasitados y 6 millones se encuentran afectados del corazón como consecuencia de esta afección. El padecimiento debe su nombre a un gran médico brasileño, quien fue su descubridor, el Dr. Carlos Justiniano Ribeiro das Chagas.

Inicios de la vida de Carlos Chagas

Carlos Chagas fue el primero de cuarto hermanos, nació el 9 de julio de 1879 en Oliveira, un pueblo que se encuentra al oeste de Minas Gerais, Brasil. Su abuelo paterno fue uno de los grandes hacendados de la región. Su padre, José Justiniano Chagas, compró una plantación de café y se casó con su madre, Mariana Cándida Chagas. Al cumplir su cuarto año de vida, Carlos Chagas supo del sufrimiento de un niño por la pérdida de un ser querido: quedó huérfano de padre. Entonces vio cómo su madre, con 24 años de edad, tuvo que hacerse cargo de todo para mantener a la familia. A los 7 años fue enviado a un colegio de jesuitas, en el estado de Sao Paulo. Dos años duró su estancia en esa institución porque huyó para retornar a su hogar, posiblemente angustiado por la suerte de su madre y sus hermanos por la tumultuosa situación que se vivía en el Brasil de entonces, relacionados a la firma de la abolición de la esclavitud. Conmovida por la actitud de su hijo, la madre optó por no tenerlo muy alejado de ella y decidió cambiarlo al colegio de San Juan del Rey, donde estuvo bajo la tutoría del padre Sacramentado. Este maestro inculcó en Chagas el gusto por la observación de la naturaleza, el placer de la lectura y la interpretación artística.

Al terminar este periodo de enseñanza viajó a Oro Prieto, donde matriculó por disposición de su madre en una escuela de ingenieros. Para los jóvenes que en aquel entonces disponían de holgados recursos financieros, la aspiración de ser ingeniero era apreciado como una de las máximas ambiciones, por la promesa de un sueño donde mediaba el dividendo de grandes fortunas. Pero una inesperada enfermedad quebrantó de manera abrupta la salud del joven, y con ello, su vida tomó un nuevo derrotero, hasta ese momento nunca pensado. Asociado a un déficit de vitamina B, la afección conocida como beriberi le había causado una polineuropatía periférica grave. Entonces se vio obligado a regresar a su pueblo natal, donde recibió esmerados cuidados de un tío médico, el Dr. Carlos Riveiro de Castro. Durante su convalecencia y posiblemente influido por la experiencia vivida como paciente, junto al ejemplo de la apasionante dedicación del tío en el ejercicio de su profesión, poco esfuerzo tuvo que ser necesario por parte del familiar médico para persuadirlo a abandonar la ingeniería e iniciarse como estudiante de medicina.Manifestaba su tío con gran pasión, que el país requería con urgencia, resolver sus problemas de salud para poder alcanzar la independencia económica.

Descubrió así Chagas una nueva vocación y fue capaz de convencer a su madre, quién inicialmente había sido intransigente a este cambio de carrera. Matriculó en la Facultad de Medicina de Rio de Janeiro, azotada entonces por la fiebre amarilla. Como estudiante de medicina muchos amigos y profesores distinguían en Carlos Chagas un marcado interés y capacidad para el trabajo y el estudio. Fueron virtudes que lo caracterizaría para el resto de su vida. Para atestiguar con un ejemplo tal consagración, tomamos de una de sus biografías la siguiente cita: «a pesar de que en esos años se introdujo la luz eléctrica, la dedicación de los alumnos se medía todavía por el número de velas en una noche de estudio; Carlos Chagas fue catalogado como “un alumno de dos velas”».

También por aquellos años la figura del Dr. Osvaldo Cruz, ejemplo de generosidad y desinterés, había alcanzado gran renombre porque logró erradicar la fiebre amarilla de los puertos brasileños. En 1903, Cruz fue nombrado como director de Sanidad pública, cargo desde el que reformó, en una obra titánica, la organización sanitaria de su país. Chagas tuvo la dicha de tener como profesor a este eminente médico, a quién tomó como el paradigma que necesitaba para encauzar su formación como médico. Entre el profesor, apenas siete años mayor, y el alumno, medió una gran amistad para toda la vida.

Ya graduado como médico, Chagas negó la oferta como investigador hecha por su profesor, para ingresar en el Instituto que llevaba su nombre. No se podía esperar otra respuesta del joven galeno, tanto altruismo brotaba de sus aspiraciones que accedió en su lugar, a un puesto de menor nivel en un hospital ubicado en el barrio costero de Jurujuba. Poco tiempo pasó, para que aceptara, como consecuencia de las limitaciones económicas, un ofrecimiento de trabajar para la compañía «Docas de Santos» en la prevención de la malaria. La enfermedad provocaba estragos en los trabajadores, y con ello, grandes gastos. En ese lugar desempeñó una brillante labor y con solo 26 años y elevada responsabilidad, logró realizar la primera campaña antipalúdica eficaz en Brasil. Terminada su misión, regresó a Rio de Janeiro e ingresó en el Instituto Osvaldo Cruz, donde se dedicó al estudio de los protozoarios.

En la vida de Chagas, siempre fueron sempiternos los retos. En 1908, a pesar de su señalada juventud -29 años-, Osvaldo Cruz mostró una vez más la confianza que le tenía al encomendarle la dirección de una nueva y compleja campaña contra la malaria. En esta ocasión, en el pueblo de Lassance, Minas Gerais, donde se ejecutaba una importante obra para el desarrollo del país: la construcción del Ferrocarril central brasileño. Esta empresa corría el riesgo de ser cancelada por el gran número de obreros enfermos causados por la malaria. Pero nadie podía imaginar que en ese lugar tendría lugar uno de los descubrimientos más importantes de la medicina. Ahí, en medio de una gran actividad, trabajando en un viejo vagón de ferrocarril -habitado como laboratorio, consultorio y dormitorio-, encontró al transmisor, al parásito, y describió el cuadro clínico de una nueva enfermedad. Poco tiempo después se conoció como enfermedad de Chagas.

Descubrimiento de la enfermedad de Chagas

Instalado en Lassance, una de las primeras cosas que llamó poderosamente la atención del joven médico, fue la gran cantidad de enfermos que existía en la región. Las manifestaciones no coincidían con el cuadro que se describía normalmente en la malaria. Abundaban los pacientes con insuficiencia cardiaca, arritmias, muerte súbita, convulsiones y niños con cuadros febriles prologados. En una ocasión pernoctó en el alojamiento que ocupaba uno de los ingenieros de la empresa constructora y es cuando conoció de la existencia de un insecto hematófago, que llamaban barbeiros y que abundaba en las grietas de las paredes y los techos de todas las casuchas miserables de los trabajadores y habitantes de la zona; muchas de ellas construidas de barro, caña y paja. Supo que los moradores, se quejaban de las molestas picadas causadas por esos insectos, que no pocas veces llegaban a interrumpir el sueño.

Tanto interés mostró, que decidió examinar microscópicamente el contenido intestinal de los insectos. Se percató entonces que tenían unos protozoos flagelados, muy parecidos en cuanto a su morfología y movimiento a los tripanosomas que causan la enfermedad del sueño. Quiso entonces probar en monos, si la picadura del insecto provocaba alguna enfermedad, pero no tenía las condiciones iniciales mínimas para realizar esta investigación. Por esta razón, envió triatomas al Instituto Osvaldo Cruz, con el fin de que fueran analizados e inoculados experimentalmente los protozoos en animales de laboratorio. Poco tiempo después recibió la comunicación de que los animales infectados enfermaban.

Con estos conocimientos, presentía que los hombres podían sufrir una enfermedad causada por este microorganismo, que a su vez era trasmitida a través de los triatomas. El 23 de abril de 1908 encontró el primer caso de infección en humanos. Fue hecha en una niña de dos años llamada Berenice Soares de Moura. La paciente tenía fiebre elevada, infiltración generalizada, inflamación marcada del bazo, del hígado y los ganglios linfáticos. En ella encontró los tripanosomas en la sangre. Entonces, Chagas inoculó dos cobayos y dos monos con la sangre de Berenice. Los animales expuestos mostraron al poco tiempo la presencia de tripanosomas en la sangre. Ante este hallazgo decidió repetir dos veces más el experimento, donde logró iguales resultados. Un año después, en 1909, Chagas anunció su descubrimiento en dos comunicaciones breves. En estas, describió con exquisita redacción, no solo la taxonomía y el ciclo del parásito en el hombre y en el vector, sino las características de la enfermedad aguda en tres pacientes, los métodos de cultivo, las normas de reproducción en el laboratorio y las manifestaciones clínicas. En honor a su mentor y guía en sus estudios, Chagas denominó al parásito como Schizotrypanum cruzi, más tarde sería renombrado como Trypanosoma cruzi. Este respetuoso gesto de Chagas a Cruz, fue solo una pequeña muestra del eterno agradecimiento y reconocimiento hacia su profesor.

Después de una corroboración de sus resultados, por una comisión académica médica presidida por el mismo Osvaldo Cruz, se decide en una solemne cena bautizar la nueva enfermedad con el nombre de su descubridor. Por este descubrimiento recibió el 22 de junio de 1912 el primero y uno de los más preciados merecimientos internacionales, el «Premio Schaudinn» al mejor trabajo de parasitología y medicina tropical, otorgado por aquel entonces cada cuatro años, por uno de los más prestigiosos centros: el Instituto de Medicina Tropical de Hamburgo, Alemania. Se debe reconocer, que en aquella oportunidad optaban por el galardón cuatro prestigiosos Premios Nobel.

A partir de este momento empezó a ser reconocida la eminencia de Chagas y fue colmado de honores y amistad con grandes científicos. Fue nominado dos veces a Premio Nobel de medicina. La primera vez en 1913, y la segunda en 1921; pero nunca le fue concedido por razones que aún en la actualidad parecen muy oscuras y que en otros momentos de la historia de nuestro continente se han repetido. El hecho inédito de que una misma persona logre descubrir el ciclo completo de una nueva enfermedad que afectaba a pueblos enteros, desde el parásito causante, hasta el ciclo biológico, la descripción clínica y los insectos transmisores, hacían más que lógica la expectativa de su premiación. Sin embargo, pudo influir la razón de ser latinoamericano, junto a la presión que hacían ciertas influencias de grupos opuestos y resentidos, que cuestionaban la existencia de la enfermedad de Chagas.

Pero no importó que se objetara su Nobel, su nombre fue desde entonces muy distinguido por la comunidad médica mundial y fue colmado de distinciones como: Caballero de la Orden de la Corona de Italia, Caballero de la Honra de la Legión de Francia, Comendador de la Orden de la Corona de Bélgica y Comendador de la Orden de Isabel la Católica, entre otros. Asumió con gran éxito, responsabilidades importantes, como la de director del Departamento de salud en Brasil y la dirección del Centro Internacional de Leprología en Rio. Tras la muerte de su mentor en 1917, aceptó la dirección del Instituto Osvaldo Cruz, un cargo que mantuvo hasta su muerte. Creó una escuela de enfermería y fue fundador del concepto de medicina sanitaria. Un año antes de su muerte, ante una generación de médicos graduados, había destacado: «Señores, las aplicaciones prácticas de la higiene y de la medicina tropical han destruido el prejuicio de un clima fatal; el método científico ha conquistado la insalubridad de los trópicos».

Carlos Chagas murió el 9 de noviembre de 1934 en Rio de Janeiro, como consecuencia de un infarto cardiaco a los 55 años de edad. La historia de la vida de este científico latinoamericano es una lección de sencillez, humildad, modestia y consagración. Fue ejemplo de inteligencia puesta al servicio de los desposeídos, sus estudios abrieron inmensos campos de la investigación y descubrieron una tragedia continental que aún persevera en la actualidad. Contó su hijo, que el día antes de su muerte había trabajado hasta pasada la media noche en una conferencia que debía dar en la fatídica fecha de su muerte, sobre un tema que conocía mejor que nadie…: «la enfermedad de Chagas».

Fuentes bibliográficas
Moncayo A. Carlos Chagas: biographical sketch. Acta Trop. 2010 Jul-Aug;115(1-2):1-4.
Schapachnik E, Riera AR, Dubner S, Filho CF, Uchida AH, Ferreira C. Dr. Carlos Justiniano Ribeiro das Chagas (1879-1934): A giant of the Third World. Cardiol J. 2009;16(6):592-3.

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