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Domingo 15 / enero / 2012

17 de enero de 2001. «Muerte del Dr. Orfilio Peláez Molina»

Filed under: Efemérides — Julio César Hernández Perera — enero 15th, 2012 — 20:11

17 de enero de 2001. «Muerte del Dr. Orfilio Peláez Molina»
El 17 de enero de 2001, falleció en La Habana, el notable oftalmólogo y científico cubano Orfilio Peláez Molina. Se le conoce internacionalmente por haber concebido un nuevo tratamiento para la retinosis pigmentaria.

Nació el 17 de noviembre de 1923 en Magarabomba -actual poblado del mismo nombre, perteneciente al municipio Céspedes de la provincia Camagüey-, Cuba.

Se graduó como médico en la Universidad de La Habana en 1951, e inició su actividad profesional en el Hospital “Pedro Borrás”, donde se dedicó a la Pediatría Oftalmológica. Con posterioridad ejerció en la Clínica Acción Médica, en la Liga contra la Ceguera (actual Hospital Oftalmológico “Ramón Pando Ferrer”), y en el Servicio de Neuroftalmología del Hospital “Calixto García”. Llegó a alcanzar las categorías de Especialista de Segundo Grado en Oftalmología y de Doctor en Ciencias Médicas. Recibió adiestramientos en Queratoplastia, Microcirugía Ocular y Traumatología durante los años 1968-1970, en España y la U.R.S.S., país este último donde fue becario de los Institutos Krasnov y Fiódorov.

Tras concebir un nuevo tratamiento para la retinosis pigmentaria, logró con éste que la enfermedad se detuviera, en un 75% de los casos atendidos, así como una mejoría de la visión, en un 16% de ellos. Esta innovación quirúrgica, que comenzó su aplicación en 1987, comprende la introducción en el espacio subesclerótico de tejido vascular retro-orbital, del propio paciente, para la revitalización de las células fotorreceptoras retinianas. El Dr. Peláez combinó además dicho procedimiento operativo con la aplicación intravenosa de ozono y suplementos vitamínicos, así como con la terapia electromagnética. Reconoció la importancia del diagnóstico precoz de la afección, el cual posibilita una mejoría de hasta un 90% de los casos.

Otro de sus aportes científicos a la medicina cubana fue el estudio sobre el “signo del tatuaje”, en la localización de cuerpos extraños intraoculares magnéticos. Entre sus principales investigaciones estuvieron: la epidemiología de los traumatismos oculares; la epidemiología y ensayos clínicos en el tratamiento de la conjuntivitis hemorrágica en Cuba; las quemaduras y causticaciones oculares. En relación con la retinosis pigmentaria, llevó adelante estudios epidemiológicos, heredo-familiares y de sus características clínicas y oftalmológicas en el niño, el adulto y el anciano cubanos. Realizó, además, experimentos quirúrgicos en animales de laboratorio, en instituciones científicas de Cuba y Suecia.

Recibió la distinción de Miembro de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba, en 1998, y la de Miembro de Honor del Colegio de Ópticos de la Facultad de Medicina de San Juan, Puerto Rico, en 1997. Formó parte de varias organizaciones científicas internacionales, entre las que se encuentran: la Academia de Ciencias de México, la Sociedad Mundial de Ergoftalmia, la Sociedad Española de Ergoftalmia y la Association for Research in Vision and Oftalmology (ARVO) de Estados Unidos.

Fue estimulado con numerosas distinciones, entre las que se encuentran: la condecoración y medalla “Dr. Carlos J. Finlay”, por su aporte a la medicina cubana; la Medalla de la Academia de Ciencias de Sofía, Bulgaria (1993), como reconocimiento al Mérito Científico; y el Premio Visión en California, Estados Unidos (1994), por haberse dedicado durante 40 años al estudio e investigaciones en Retinosis Pigmentaria. Asimismo, recibió en tres ocasiones el Trofeo a la Calidad en los Servicios Médicos, en las ciudades de Madrid y New York, durante los años 1995-1997. En el orden político nacional, se desempeñó como diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y se le distinguió como Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba, así como Vanguardia Nacional del Sindicato de los Trabajadores de la Salud, por más de quince años.

Fuente:
Ecured

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Domingo 15 / enero / 2012

17 de enero de 1912. «Muerte del Dr. Joaquín María Albarrán y Domínguez»

Filed under: Efemérides,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — enero 15th, 2012 — 19:44

17 de enero de 1912. «Muerte del Dr. Joaquín María Albarrán y Domínguez»
joaquin-albarran-hEl 17 de enero de 1912, falleció a los 51 años de edad en París, Francia, el Dr. Joaquín María Albarrán Domínguez (9 de mayo de 1860 – 17 de enero de 1912), como consecuencia de una tuberculosis y diabetes. La enfermedad infecciosa fue inconscientemente adquirida a través de una herida sufrida por un escalpelo contaminado, que se empleó en la disección renal de un enfermo joven que padecía de tuberculosis renal.

Emigró a España cuando tenía 13 años, donde inició los estudios de la carrera de Medicina en Barcelona. Se graduó de Licenciado en Medicina y Cirugía en la Facultad correspondiente de la renombrada Universidad barcelonesa. Posteriormente, se trasladó a Madrid, donde alcanzó en 1878 el título de Doctor en Medicina. En 1878 viajó a París, donde trabajó y estudió bajo las órdenes de renombrados médicos. En los inicios de su carrera, el Dr. Albarrán se dedicó a los campos de la microbiología y la anatomía patológica, pero más tarde prefirió la urología donde realizó importantes contribuciones.

Con su genio y su dominio profundo de las fundamentales disciplinas médicas (Morfología, Patología y Fisiología) modernizó su especialidad, levantándola sobre bases científicas. En su obra cumbre «Medicina operatoria de las vías urinarias», sentó y siguió el principio de que la buena técnica operatoria descansa sobre las bases de la anatomía normal y la patológica. Estas ideas prevalecen en toda su obra. Las descripciones anatómicas que realizó son modélicas y superiores a las que hoy día aparecen en muchos materiales de medicina. Su perfecto conocimiento constituye un guía magnífico para determinar el tipo de cirugía apropiada para cada paciente.

Por todo esto, es considerado por muchos como el más completo de los urólogos modernos, también estimado como un símbolo para las generaciones de especialistas dedicadas a la Urología.

Fuentes:
Valores humanos y cubanía del Dr. Joaquín Albarrán
Kaufman A. Joaquín María Albarrán (1860-1912). Gac Med Caracas. 2006;114 (4).
Joaquín Albarrán, gloria de la Medicina
Joaquín Albarrán Domínguez. Orgullo de la medicina universal

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Miércoles 11 / enero / 2012

Thomas Willis

Filed under: Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — enero 11th, 2012 — 12:51

Dr.C. Julio César Hernández Perera

El siglo XVII, se distinguió por el importante desarrollo de las ciencias. Fueron momentos donde tuvo lugar la aparición de mentes creativas de físicos, químicos y médicos; tiempos de grandes avances como el desarrollo del microscopio, la revelación de la circulación de la sangre y de la fisiología en general. Ejes importantes de nuevos conocimientos fueron encontrados en la anatomía del cerebro, donde al inicio eran mínimos, limitados principalmente a los trabajos de da Vinci, Berengario, Vesalio y otras personalidades, principalmente de la escuela italiana.

En este espacio surgió la figura de Thomas Willis, a quien se le atribuye la creación de la palabra «neurología». Para algunos, considerado como uno de los padres de esta ciencia, y puede ser cierto si se tienen en cuenta las sagaces observaciones realizadas por él a determinadas condiciones neurológicas. Pero con frecuencia se olvidan algunas otras de sus contribuciones hechas en otros campos de la medicina como: la patología, la anatomía, la cardiología, la endocrinología y la gastroenterología. Es sobre todo recordado -desde que se comienza a estudiar medicina- por un epónimo: «el círculo o polígono de Willis».

Aunque no fue él quien descubrió o describió por primera vez esta estructura vascular anastomótica ubicada en la base del cerebro, sí se le atribuye la explicación de su significado funcional: sistema vascular arterial de seguridad contra la deficiencia vascular oclusiva. Pudo demostrar esta función en piezas anatómicas cadavéricas por medio de detallados y elegantes estudios realizados con colorantes.

thomas-willis-cgThomas Willis nació el 27 de enero de 1621, en Gran Bedwyn, Wiltshire, una localidad ubicada aproximadamente a 70 millas al noroeste de Londres, Inglaterra. Desde temprana edad vivió en Oxford, donde vivió la mayor parte de su vida. Sus primeros estudios fueron realizados en una escuela privada de esa ciudad. Siguiendo la tradicional orientación escolástica de la universidad, a los 15 años de edad entró como fámulo de un canónigo del «Christchurch College», donde estudió artes liberales. A la edad de 21 años, obtuvo el título de bachiller y maestro de artes.

El mismo año de su graduación (1642), confluyeron en la vida de Willis muchos hechos que lo marcaron por siempre. Se había desatado una guerra civil (Guerra civil inglesa) y Carlos I había establecido su residencia en la ciudad de Oxford, en el «Christchurch College». En esa conflagración perdió a su padre, quien falleció defendiendo al Rey en el asedio de Oxford. También fue el año de comienzo de su carrera como médico después de haberse desviado del camino de la teología a la que estaba destinado.

La carrera de medicina puede ser catalogada como no fue ideal en ese entonces, si se tiene en cuenta el efecto negativo de la guerra y por la enseñanza que ofrecía la ciudad, muy inferior a la que se impartía en otras universidades del continente. Pero encontró la dicha de recibir lecciones de un destacado médico de la época, William Harvey, quien acompañaba a Carlos I como médico de cámara. Con esta influencia aprendió de primera mano uno de los hechos que imprimieron un profundo cambio a la medicina: la doctrina de la circulación de la sangre.

También recibió influencia de las ideas de Paracelso y otras figuras de la época que posibilitaron la aceptación de los medicamentos químicos (ideas iatroquímicas) en la farmacopea del Real colegio médico.

El despunte de una vida profesional y lucrativa a raíz de un incidente «milagroso»

Después de cuatro años de asedio y guerras (1646), Oxford cayó en manos de los puritanos. En diciembre de ese mismo año obtuvo el grado de bachiller en medicina. Hubo depuraciones en la Universidad, se prohibió el culto anglicano y las corrientes tradicionales se sustituyeron por otras completamente renovadoras. Con el tiempo… Oxford se convirtió en el centro de la denominada «ciencia nueva», muy ligada a los puritanos e inspirada en las directrices de Bacon. Empezaron a sobresalir figuras trascendentales como John Wilkins, Jonh Wallis, William Petty y Robert Boyle. Willis se fue uniendo a este círculo de celebridades y colaboró estrechamente con los trabajos anatómicos y filosóficos de Petty, que había sido nombrado como profesor de Anatomía.

En diciembre de 1650 tuvo lugar un hecho muy importante para la vida de Willis: junto a Petty, revivieron el cuerpo de una prisionera supuestamente muerta. La historia es tan extraña que vale la pena detallar este pasaje que comenzó con las razones de la condena de una muchacha de 22 años: Anne Green. Ella fue una criada, y por lo visto, fue seducida por Geoffrey Read, nieto del señor Thomas Read, un rico personaje de Oxford, dueño del hogar donde trabajaba. La pobre mujer quedó embarazada y lo ocultó todo el tiempo hasta que tuvo un parto prematuro, malográndose el feto. Para su desgracia, el niño muerto fue descubierto y fue acusada de asesinato. Detenida en una cárcel de Oxford, permaneció durante tres semanas hasta que fue llevada a juicio y donde fue emplazada y condenada a muerte el 14 de diciembre de 1650.

La ejecución fue realizada del modo acostumbrado: en la horca. Durante la ejecución descollaron algunos comentarios hechos por los presentes en contra del mal actuar de la familia rica y pidiendo clemencia a favor de la infortunada. Al consumar el ajusticiamiento, algunos de los presentes profanaron su figura mediante pellizcos mientras colgaba con la soga alrededor del cuello. Ante este acto desagradable se ordenó a que se bajara el cuerpo de la joven que suponían estaba muerta y se colocó en un ataúd. Posteriormente fue llevado a la casa privada de Petty para ser empleado en clases de disección anatómica, como lo establecían los estatutos de la época.

Cuando el ataúd fue abierto por Petty y Willis, Anne Green tuvo un suspiro y se oyó un ruido que salía de su garganta. Los médicos abandonaron todos los pensamientos de disección y se dedicaron a reanimar el cuerpo inerte a través de muchas maniobras desesperadas como: frotar las manos, brazos, pies; verter agua caliente, hacer cosquillas a nivel de la garganta con una pluma, realizar una sangría, etc. Al final, después de 12 horas de aquella reanimación, según describió Willis en una obra, ella ya abría los ojos y pronunciaba palabras. En dos días ya estaba totalmente recuperada y con todas sus facultades recuperadas.

Con posterioridad Anne Green fue indultada. Se consideró que la mano de Dios la había perdonado. La fama de la muchacha «resucitada» o «perdonada» fue vasta y se fue de la ciudad, llevándose consigo el ataúd donde había sido metida. Se cuenta que vivió durante 15 años más, se casó y tuvo tres hijos.

Después de este incidente, la fama de Willis se acrecentó y con ello la posibilidad de obtener grandes dividendos y fortuna futura por medio de su labor como médico. Al final de su vida, terminó como un médico de Londres rico.

Primera etapa de una vida: «la iatroquímica»

Después del incidente de la resucitación, se enmarca la primera etapa de la vida profesional de Willis, resaltada con la publicación de su libro «Diatribae duae» (1659), en el que expone sus ideas iatroquímicas y su aplicación a la doctrina de las fiebres. Sistematizó la teoría de la circulación de la sangre y otras de carácter fisiológico desde el punto de vista de la iatroquímica. La fisiología de Willis recoge las ideas de Harvey a las que incorpora los hallazgos de Pecquet, Rudbeck y Bartholin.
Sin embargo, los conocimientos de la época no le permitían llegar a ideas más claras y reales. Para él el hígado no desempeña papel alguno en la circulación. La parte más sutil del alimento -es decir, spiritus y aqua-, pasaba directamente del tubo digestivo a la porta. La parte más grosera, en cambio, es convertida en quilo que pasa de los vasos quilíferos al conducto torácico, y de éste a las venas. Ya en el árbol respiratorio, la sustancia alimenticia sufriría dos fermentaciones: una en las venas que la convertirían en sangre venosa, y otra en el corazón, donde se transformaría en sangre arterial.

Interpretó la fiebre como una «fermentación preternatural» o alteración de los procesos fermentativos que provoca un movimiento desordenado y una efervescencia de la sangre que alteran de varias formas el organismo. «Diatribae duae» contiene excelentes representaciones de tipo clínico y epidemiológico y una especie de intención de fundamentar la patología empíricamente, programa que maduró más tarde Sydenham.

Segunda etapa de la vida de Willis: «la neurología»

Con el avance de los años, se restituyó nuevamente en 1660 la monarquía y Oxford fue depurado de elementos puritanos. La fidelidad de Willis a la facción realista y anglicana le valió el nombramiento de profesor de filosofía natural. Sin embargo, la formación adquirida lo colocó en el sentido opuesto de la tradición escolástica nuevamente instaurada.

Es en esta época cuando dedicó gran parte de sus investigaciones al sistema nervioso y a sus enfermedades. En 1664 publicó su obra «Cerebri anatome», que tuvo una gran repercusión en la anatomía descriptiva, posterior a Vesalio. Fue en esta obra donde apareció por primera vez la palabra «neurología» escrita en idioma griego. Tuvo el mérito de haber hecho una investigación donde se incorporaban la embriología, la anatomía patológica y la descriptiva. Se auxilió de la observación macroscópica y microscópica, así como de la inyección de sustancias coloreadas y solidificables; también recurrió a la vivisección. No trabajó de forma individual, sino que sus resultados investigativos fueron fruto de un equipo conformado por varios científicos y por eso, muchos lo consideran como el que comenzó la visión interdisciplinar, diferente al conocimiento del sistema nervioso que prevalecía en la época previa.

En cuanto a la aportación de nuevos conocimientos, introdujo muchas precisiones sobre el sistema nervioso vegetativo y una clasificación de los nervios craneales en nueve pares, que perduró durante mucho tiempo. Describió los cuerpos estriados, el tálamo, los cuerpos mamilares (denominados durante mucho tiempo como: glándulas de Willis), la distribución arborescente de la sustancia gris y blanca del cerebro, los cordones paralelos del cuerpo calloso o «cordones de Willis». En esta obra incluyó la figura, ya clásica, del polígono que lleva su nombre, y descrita previamente por Johann Jacob Wepfer. Otro de los aspectos a destacar en la obra fue la doctrina de la acción refleja.

De igual manera trata de otras enfermedades como las enfermedades convulsivas y dentro de ellas: «la histeria y la hiponcondría». Aunque no eran totalmente ciertas estas aseveraciones, si se daba un paso importante al relacionarlas globalmente como afecciones del sistema nervioso. De esta manera de enfrentaba a otras ideas como las de Highmore, quien planteaba que las convulsiones eran afecciones cardiovasculares.
En 1665 aceptó marchar a Londres, a propuesta del arzobispo de Canterbury Gilbert Sheldon, donde también coincidieron finalmente otros científicos de la época. Pronto se convirtió en el núcleo central de la «ciencia nueva» y acabó por ingresar en la Real sociedad (1667).

En Longres dedicó prácticamente todo su tiempo a la actividad médica y le proveyó de una gran fortuna. En 1672 publicó un libro sobre el «alma animal» o «alma sensitiva» del hombre («De anima brutorum»). Aunque pudiera parecer como un libro muy teórico y especulativo, trató de apoyarse en investigaciones realizadas en diferentes especies de animales, con contribuciones muy avanzadas para la época sobre anatomía comparada. En esta obra realizó una de las primeras exposiciones sistemáticas de las enfermedades neuropsiquiátricas. Hizo detalladas descripciones de diferentes enfermedades: cefalea, trastornos del sueño, coma, apoplejía, vértigo, parálisis, manía, delirios y melancolía, entre otros.

Tercera etapa de la vida de Willis: «la farmacología»

Se destaca la tercera etapa la intención de elaborar una farmacología con fundamentos modernos. Ya en el ocaso de su vida, publicó entre 1674 y 1675 «Pharmaceutice rationalis», una obra donde intenta explicar el mecanismo de acción de los medicamentos en el tubo digestivo, en la sangre y otros órganos. Para él era preciso que se conociera bien la certeza de acción de los medicamentos. Estudió los remedios eméticos, los purgantes, los diuréticos y los diaforéticos, entre otros. En esta obra es donde, al mencionar la medicación diurética, refirió el sabor dulce que presentaba la orina de algunos enfermos. Aunque no puede explicar el por qué, establece en la práctica médica la acción de catar la orina por parte de los médicos para evaluar el diagnóstico y tratamiento de la diabetes mellitus.

Murió en Londres, a finales de 1675 como consecuencia de una afección respiratoria (pleuresía). Fue enterrado en la Abadía de Westminster.

Bibliografía

Dalley AF. Thomas Willis 1621-1675. Clinl Anat. 2002;15:2-3

Hughes JT. Thomas Willis (1621-1675). J Neurol. 2000;247:151-2

Molnár Z. Thomas Willis (1621-1675), the founder of clinical neuroscience. Nature Rev. 2004; 5:329-35.

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Miércoles 11 / enero / 2012

15 de enero. «Día de la ciencia cubana»

Filed under: Celebraciones,Efemérides — Julio César Hernández Perera — enero 11th, 2012 — 7:00

15 de enero. «Día de la ciencia cubana»
academia-de-ciencias-de-cubaEl 15 de enero de 1960, en el paraninfo de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, durante la celebración del vigésimo aniversario de la «Sociedad Espeleológica de Cuba», el Comandante en Jefe Fidel Castro pronunció un histórico discurso donde esbozó las bases de la política de formación humana y desarrollo profesional y científico de la Revolución. En esa alocución expresó: «El futuro de nuestra patria tiene que ser, necesariamente, un futuro de hombres de ciencia». Por esa razón, esta fecha ha sido escogida para celebrar cada año el «Día de la Ciencia Cubana».

«Ciencia y técnica significa preparar un país, crear un país», destacó Fidel y posteriormente a finales de la década de los años sesenta, manifestó «cuando les hablo de ciencia y técnica, les hablo de la necesidad de crear las condiciones que nos permitan vivir de nuestro sudor y de nuestra inteligencia». En la actualidad Cuba exhibe importantes logros de la ciencia en diferentes ramas y la colaboración internacional en la salud, educación, el deporte y otros frentes.

Enlaces: Discurso pronunciado por el comandante Fidel Castro Ruz, en el acto celebrado por la Sociedad Espeleológica de Cuba, en la Academia de Ciencias, el 15 de enero de 1960 | Cincuenta hitos de la ciencia revolucionaria | Cinco décadas de una definición histórica de las ciencias | Sesión solemne por el Día de la Ciencia Cubana

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Miércoles 4 / enero / 2012

5 de enero de 1728. «Fundación de la Universidad de La Habana»

Filed under: Celebraciones,Efemérides — Julio César Hernández Perera — enero 4th, 2012 — 18:51

5 de enero de 1728. Fundación de la «Universidad de La Habana»
El 5 de enero de 1728 nace en el convento de «San Juan de Letrán» la primera universidad de Cuba, denominada inicialmente como «La Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana». En aquel entonces, junto a las primeras facultades de Artes y Filosofía, Teología, Cánones y Leyes, se encontraba también la de Medicina. En mayo de 1902 se trasladó al lugar que ocupa actualmente en lo alto de la colina universitaria, en una antigua instalación militar de los españoles conocida como la «Colina de Aróstegui» o la «Loma de la pirotecnia».

Desde su constitución, la Universidad ha sufrido grandes transformaciones docentes y estructurales. Ha sido sitial de grandes figuras de la ciencia y la pedagogía como José de la Luz, Félix Varela, Agustín Caballero, Tomás Romay, Felipe Poey, Carlos Manuel de Céspedes, Francisco de Arango y Parreño, Antonio Bachiller y Morales, Enrique José Varona, Luis de Soto, Vicentina Antuña, Mirta Aguirre y Hortensia Pichardo.

Desde su fundación, su próspera historia se ha caracterizado por un constante desarrollo científico y la fragua del pensamiento patrio que devino en compromiso revolucionario para las nuevas generaciones de cubanos. Muchos hechos trascendentales vinculados a este centro de altos estudios, enriquecieron la historia de nuestra nación, como el asesinato de ocho estudiantes de medicina en 1871, la graduación de la primera mujer (Mercedes Riba) el 23 de septiembre de 1885, la fundación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), la relevancia política de figuras como José Antonio Echeverría y el movimiento revolucionario «13 de marzo», y el descenso por su amplia y ancha escalinata de la generación del centenario en su histórica marcha de las antorchas.

Al poco tiempo del triunfo revolucionario en 1959, se reabrieron sus puertas, que estuvieron cerradas por 3 años. A partir de ese momento, se empezó a materializar la idea de una verdadera universidad al alcance de todos y la aplicación de la ciencia como eje principal de la educación, finalmente alcanzada después de la «Reforma Universitaria de 1962». Esta nueva universidad es protagonista de una importante contribución al desarrollo de la Revolución.
Del «Alma Mater» habanera nacieron y se consolidan otros centros universitarios del país, como el Instituto Politécnico «José Antonio Echeverría», el de Ciencias Médicas, el Superior Pedagógico y el de Ciencias Agropecuarias.

Enlaces: Historia de la Universidad de La Habana | Sitio web de la Universidad de La Habana | Universidad de La Habana celebra hoy su aniversario 282

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Domingo 25 / diciembre / 2011

John Hughlings Jackson y las epilepsias

Filed under: El idioma y la medicina,Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — diciembre 25th, 2011 — 11:36

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

A lo largo del tiempo, muchos médicos han esculpido en la medicina valiosas huellas de conocimiento en aras del desarrollo de la civilización humana. Entre ellos, podemos encontrar a John Hughlings Jackson, por muchos, considerado como uno de los precursores de la neurología. Su mayor y más reconocido aporte estuvo relacionado con una enfermedad tan antigua como la misma existencia del hombre: la epilepsia.

Los que la han padecido y padecen, a pesar de que la inmensa mayoría de ellos pueden y han podido desempeñar funciones normales como cualquier otro ser humano, han sufrido en diferentes momentos históricos y lugares, castigos y purgatorios que los han marginalizado en el seno de impías sociedades.

Tanto desconocimiento la llevó a ser tildada como «ominosa» y «execrable»enfermedad. Por mucho, existió la creencia generalizada de tener orígenes religiosos y mágicos. Incluso, se pudo llegar al extremo de juzgársele como una especie de posesión demoniaca. Esta última percepción, tuvo su mayor auge durante los llamados «años oscuros», cuando la iglesia católica subyugaba a la ciencia.

Pero por suerte, siempre han surgido «lumbreras» con nuevos y revolucionarios conocimientos que en su momento enfrentaron la ignorancia y el oscurantismo. Recordamos así la célebre figura de Hipócrates, como la primera persona que impugnó esa condición divina y sobrenatural de la epilepsia. El reconocido sabio llegó a expresar: «la enfermedad no es más divina que otras, tiene la misma naturaleza que las otras enfermedades».

Diferentes aportaciones realizadas por hombres de ciencias, insignes y grandes,cambiaron gradualmente los vetustos cánones del conocimiento, por otros nuevos. A la larga, se impusieronlas ideas de que la enfermedad, muchas veces identificadas por espeluznantes crisis convulsivas, era una afección del cuerpo humano, más que un proceso sobrenatural.

En este efímero recorrido histórico, a la vez necesario, volvemos nuevamente a la figura del inglés Jackson. Se puede aseverar que fue una de esaspersonalidades de las ciencias, destacadas por el importante aporte que hizo con nuevos conocimientos, donde se encuentran los relativos a la epilepsia y la neurología en general.

Circunstancias históricas en la que transcurrió la vida de Jackson

john-hughlings-jackson-01-cgJohn Hughlings Jackson, nació el 4 de abril de 1835 en Green Hammerton, Yorkshire del Norte, Inglaterra. Fue el benjamín de cinco hermanos, una hembra y cuatro varones. Samuel Jackson, su padre, fue un próspero granjero y fabricante de cerveza. Sara Hughlings, su madre, fue hija de un recaudador de impuestos y falleció en el transcurso de su primer año de vida.

Tuvo la dicha de venir al mundo en momentos donde preponderaba el auge de grandes cambiosy debates en lo social, moral y científico. Fueron tiempos de grandes innovacionescomo: el desarrollo del ferrocarril, de la prensa yde las construcciones de hierro. Para ayudar a situarnos en el momento histórico que se refiere, se puede destacar entre la construcciones de hierro, la famosa edificación de la sede de la primera Gran exposición universal, el «Palacio de cristal» de Londres,inaugurada en 1851.

Eran también lapsos donde se iniciaba el «camino sin vuelta atrás»hacia el pináculo de la sapiencia y poco a poco se empezaban a abrir surcos que labraban desarrollosy progresos dentro de la sociedad.

La Inglaterra de entonces, se correspondía con la llamada «época victoriana». Tiempos de sobresalientes tributos como la «ley dela conservación de energía». Sin embargo,la pieza más importante fue la evolución y encontró su máximodebate con la publicación realizada por Charles Darwin acerca del origen de las especies.

Pero…, ¿qué pasaba con la medicina? Esta ciencia no escapó de las grandes transformaciones que se vivían. Hasta ese momento se trataban de manera indiferente a las personas que ejercían la profesión de curar: algunos como barberos o boticarios.

La formación del médico se basaba en una jerarquía de practicantes, quienes debían tomar uno o varios exámenes. Si obtenían la licencia de la «Excelentísima sociedad de boticarios» (en inglés Worshipful Society of Apothecaries), les era permitido vender medicamentos y dar orientación médica gratuita al comprador. La «Real sociedad de cirujanos» (en inglés Royal Society of Surgeons) autorizaba tratamiento quirúrgico y seguimiento de los pacientes. Por su parte, la «Real colegio de médicos» (en inglés Royal College of Physicians)era la institución que otorgaba licencia para atender casos clínicos y cobrar por ello, es decir, la que certificaba el ejercicio profesional de la medicina.

Poco se conoce de los primeros momentos de la vida de Jackson. Junto a su hermano Thomas, estudió en diversas escuelas provincianas.

Terminó su educación formal a los 15 años y en ese momento su vida encontró el derrotero que lo identificaría finalmente con la medicina. Fue aprendiz del Dr. William Charles Anderson, un médico de York. Durante los dos años que permaneció junto a él, pudo recibir educación médica teórica y práctica.

Con posterioridad,empezó a recibir clases en la Escuela médica de York. En el centro, una institución privada, se encontraba el Dr. Thomas Laycock, profesor de medicina en Edimburgo, de quien recibió una gran influencia en el estudio del cerebro, del estado de conciencia, de la expresión verbal y la escritura.Laycock es considerado en la historia de la medicina como el primero que consideró el cerebro como algo sometido a las leyes de la acción-reflejo.

En 1855 pasó al «hospital de San Bartolomé», de Londres, donde recibió lecciones de James Paget (1814-1899), un destacado cirujano y patólogo británico que es recordado, junto a Rudolf Virchow, como uno de los fundadores de la patología científica.

Después de aprobar los exámenes que le permitía ser licenciado de la «Excelentísima sociedad de boticarios», miembro del «Real sociedad de cirujanos»y licenciado del «Real colegio de médicos», el joven empezó a ganar prestigio y pasó a ser médico residente del dispensario de York.

Como siempre ocurre en las vidas de las personas, el azar y las oportunidades estuvieron presentes en el camino del Dr. Jackson. En 1859, mientras se encontraba en Londres, conoció a otro grande de la historia de la medicina: el médico Jonathan Hutchinson. Se hospedaba en su casa y ambos forjaron una amistad que duró toda la vida.

En esa época apareció, en el documento «Libro de protocolos de la Sociedad médica de York», que figura comosu primer comentario relativo a la neurología. En el mismo, hacía referencia a trabajos realizados por Todd sobre un tema que en aquel momento era difícil de comprender: la parálisis facial.

Hutchinson y Jackson, jóvenes ambiciosos, llegaron a ser reporteros médicos de revistas como la «Gaceta y tiempos médicos»y «Voces médicas». Jackson cubrió los trabajos de Brown-Sequard y de Todd, quienes ponderaban que el sistema nervioso era un conjunto de componentes u órganos, anatómicos y fisiológicos.

Con el fin de alcanzar el grado de Doctor en Medicina, en 1860 presentó su tesis en la «Universidad de San Andrés». Nos llamaría la atención el hecho de haber realizado este ejercicio sin haber asistido a la universidad, pero en aquel entonces era posible obtener el títulopor correspondenciaen algunas universidades, sin haberse matriculado.

Jackson y la neurología

Posteriormente fue nombrado médico del Hospital libre metropolitano, del Real hospital oftálmico de Londres y conferencista de patología en el Hospital de Londres.

Aunque los médicos del Hospital de Londres ejercían la medicina general, la verdadera vocación del galenoeran las enfermedades relacionadas con el sistema nervioso. Es oportuno explicar, que a comienzos de los años 60 del siglo XIX, no existía la neurología como especialidad médica.

En 1862 recibió el nombramiento como médico auxiliar del «Hospital para el paralítico y el epiléptico».

Dentro de los posteriores cinco años se puede encontrar la publicación del folleto: «Recomendaciones para el estudio del sistema nervioso, en la teoría del profesor Owen».En este trabajo intentó explicar la neurofisiología fundamentado en la teoría del Dr.Owen.

Pasó a ser también médico auxiliar del Hospital de Londres (1863) y a dirigir el Programa de diagnóstico neurológico, donde comenzó a ganar mayor reputación y fama. En su cátedra, ubicada en este centro asistencial, dio a conocer al mundo(1864), una metodología particular para el análisis del cuadro clínico de determinadas enfermedades. En el mismo,relacionabael tejido lesionado, el órgano comprometido y la función afectada. Se trataba de un enfoque integrador de tres elementos esenciales: la patología, la anatomía y la fisiología de la enfermedad. En el mismo, se puede encontrar una de sus mayores contribuciones a la neurología: el principio fundamental del diagnóstico neurológico aplicado al paciente.

Constituyeron parte de su legado, la comprensión de la crisis parcial en la enfermedad cerebrovascular, así como el uso rutinario del oftalmoscopio y del martillo para el examen de los reflejos osteotendinosos. Para demostrar su metodología, hizo público el reporte de 34 casos de hemiplejía, disfasia y cardiopatía valvular. Estas investigaciones contribuyeron al conocimiento del lenguaje.

Tras numerosas publicaciones concluyó, en 1866, que en la afasia de Broca, aunque producida por una lesión del lóbulo frontal izquierdo, la facultad de articulación del lenguaje, como tal, no existe.

Sostuvo que los enfermos afásicos presentabanuna función mental normal pero no son capaces de expresar su lenguaje interior.

Una de sus descripciones más importantes estuvo relacionada con representación de un cuadro de desviación de la mirada durante una crisis epiléptica. Aseveraba que las epilepsias se producían más por excitación que por supresión de la función cerebral.

Al igual que Todd, estimaba con mucha certeza que la hemiplejía y la convulsión unilateral estaban relacionadas.

En 1869 publicó «Un estudio de las convulsiones», obra clásica de la neurología donde escribió: «la convulsión no es apenas un síntoma, implica una descarga del tejido nervioso sobre el músculo».

Inicialmente, Jackson pensó que la corteza cerebral no era excitable y que las crisis se generaban en estructuras subcorticales. Sin embargo, los trabajos de FritscheHitzig en perros y de David Ferrier en monos (1870), demostraron que la estimulación de la corteza sí producía convulsiones.

En 1873 Jackson cambió de posición y afirmó que «epilepsia es el nombre para una descarga local ocasional, súbita e intensa de la materia gris».
En 1874 Hughlings Jackson, en el semanario «Circular y prensa médica»aplicó la teoría evolucionista del filósofo victoriano Herbert Spencer a la neurología. La teoría sustentaba que los centros superiores nerviosos eran más complejos, más numerosos y más especializados que los centros inferiores. La corteza, el más evolucionado centro neurológico, controlaría las funciones del estriado y de los centros inferiores.

En 1875 intentó explicar la relación corteza-ganglios basales mediante el análisis de enfermos en estado posictal.

En 1876 tuvo una irreparable pérdida personal: la muerte de su esposa Elizabeth. Ella había sufrido una infección cerebral durante el embarazo, manifestada como crisis parciales que en la actualidad reciben el nombre de «epilepsia jacksoniana». Una coincidencia dolorosa: eran las mismas que tanto había estudiado. Este hecho lo marcó el resto de su vida y a partir de este acontecimiento y sin descendencia, se convirtió en un hombre solitario y adusto.

En 1877, Jackson incorporó el estudio oftalmológico a la clínica neurológica. Observó algunos signos oculares, la neuritis óptica, los movimientos conjugados y su relación con afecciones del tronco cerebral.

Durante su larga carrera profesional Jackson investigó, escribió y revisó pacientes. Era un destacado y reconocido médico de Londres; elegido presidente de la «Sociedad oftalmológica del Reino unido», la «Sociedad médica de Londres»y la «Sociedad clínica de Londres». Describió la denominada «marcha jacksoniana» en las epilepsias y la organización somatotrópica del cerebro. También sostuvo que las enfermedades neurológicas eran una forma de evolución o disolución del sistema nervioso.
En 1878, cuando tenía 43 años, fue elegido miembro asociado de la «Real sociedad», época en que se fundó la revista «Brain». Fue elegido primer presidente de la «Sociedad neurológica de Londres»(1895.

Recibió grados honorarios de diversas universidades: Edimburgo, Glasgow, Boloña, Leeds y de su natal Yorkshire. A los 65 años de edad, se retiró del Hospital de Londres en 1894 y del «Hospital nacional» en 1900. Sin embargo, este retiro, fue postergado durante cinco años debido a su contribución a la neurología.

Entre los científicos y pensadores que recibieron marcada influencia de Jackson se pueden mencionar los neurólogos: William Gowers, en epilepsia; David Ferrier, en la localización cortical; Charcot, William Osler, Joseph Lister, Pierre Marie; pensadores como Michel Foucault, en la naturaleza de la enfermedad mental y Daniel Dennett en la explicación de la consciencia; también a Sigmund Freud, en los estudios de afasia.

Al final de su vida, Jackson padeció de sordera.Falleció el 7 de octubre de 1911, a los 71 años, en su casa de Londres.

Su nombre es recordado en la medicina al referir varios epónimos:

«Epilepsia jacksoniana», conocida también como epilepsia cortical: se caracteriza por convulsiones de una o varias partes del cuerpo del mismo lado. Las contracciones comienzan como un foco que se extiende a otras áreas. Solo afecta a un lado del cuerpo y el paciente mantiene el estado de conciencia. Esta convulsión indica que existe una lesión focal en el lado contralateral del cerebro, con frecuencia en el área motora de la corteza cerebral.

«Síndrome cerebeloso de Jackson»: síndrome caracterizado por convulsiones secundarias a un tumor de la línea media del cerebelo. La actitud cerebelosa que toma el paciente, se describe como una postura de hiperextensión persistente, que se adopta entre los ataques. La convulsión puede precederse de un fuerte grito. Durante el ataque la cabeza se extiende hacia atrás, se curva la espalda, las manos se cierran, se flexionan los antebrazos, se extienden las piernas y los pies se arquean hacia atrás.

«Ley de Jackson»: las funciones nerviosas son las últimas que se desarrollan y las primeras que se destruyen.

«Regla de Jackson»: después de un ataque epiléptico, las funciones de los nervios que son menos desarrolladas, son las menos afectadas y las que más rápido se recuperan.

«Signo de Jackson»: durante una respiración tranquila, el lado pléjico del tórax desarrolla movimientos más amplios que el lado opuesto. Sin embargo, durante la respiración forzada los movimientos del lado paralizado son menores que el lado contralateral.

Bibliografía
Jacyna LS.Process and progress: John Hughlings Jackson’s philosophy of science.Brain. 2011 Oct;134(Pt 10):3121-6.
Reynolds E. Hughlings Jackson. Arch Neurol. 1988;45:675-8.
Covo PC. JofnHuglings Jackson, un científico victoriano. Acta Neurol Colomb. 2006;22:257-60.

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Miércoles 21 / diciembre / 2011

21 de diciembre de 1857. «Nacimiento de John Benjamín Murphy»

Filed under: Efemérides — Julio César Hernández Perera — diciembre 21st, 2011 — 8:43

21 de diciembre de 1857. «Nacimiento de John Benjamín Murphy»
john-benjamin-murphy-hEl 21 de diciembre de 2011, nació en Appleton, Wisconsin, EE.UU., el desataco médico John Benjamín Murphy. Recordado por muchos médicos por la maniobra que tiene su nombre (maniobra de Murphy), tuvo una vida próspera en la medicina, especialmente en la cirugía, en la que se realizó grandes aportes e invenciones.

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Martes 20 / diciembre / 2011

21 de diciembre de 1764. «Nacimiento del científico cubano Tomás Romay Chacón»

Filed under: Celebraciones,Efemérides — Julio César Hernández Perera — diciembre 20th, 2011 — 12:30

21 de diciembre de 1764. «Nacimiento del científico cubano Tomás Romay Chacón»
tomas-romay-hEl Dr. Tomás Romay (1764-1849) es considerado en la historia de la medicina en Cuba como el primer higienista por su consagración durante tres décadas a la vacunación antivariólica. Este reconocimiento también se hace por su contribución al estudio de la fiebre amarilla, su actividad en la prevención de enfermedades y por su preocupación en promover el adelanto de la Medicina y las ciencias en el país. Su vasta obra científica abarca las materias más disímiles. Su campaña contra los enterramientos en las iglesias propició la construcción el 2 de febrero de 1806 del primer cementerio de La Habana, el Cementerio de Espada. La labor más meritoria que inmortalizó su nombre fue haber propagado la vacunación contra la viruela iniciando esta práctica con sus propios hijos pequeños a partir de febrero de 1804. Fue reconocido con muchos títulos y distinciones entre la que están el de Miembro Corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid, Médico de la Real Cámara, Catedrático de Clínica de la Real Universidad, Presidente e Individuo de Mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País, Miembro de la Comisión de Vacuna de París y de las Sociedades Médicas de Burdeos y Nueva Orleans y Caballero Comendador de Isabel la Católica. Falleció el 30 de marzo de 1849 en La Habana.

Enlaces: Tomás Romay, síntesis biográfica | Precursores de la docencia médica en Cuba. Dr. Tomás Romay | Tomás Romay. Precursor del movimiento científico cubano

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Sábado 17 / diciembre / 2011

19 de diciembre de 1915. «Muerte de Alois Alzheimer»

Filed under: Efemérides — Julio César Hernández Perera — diciembre 17th, 2011 — 9:53

19 de diciembre de 1915. «Muerte de Alois Alzheimer»
alois-alzheimer-hEl 19 de diciembre de 1915, murió Alois Alzheimer en Bresvalia, Alemania -en la actualidad Wroclaw, Polonia-. Médico de profesión, dedicó gran parte de su vida a la atención y el estudio de las enfermedades neurológicas y psiquiátricas, entre ellas la demencia. El 25 de noviembre de 1901, describió en una paciente la enfermedad que en la actualidad lleva su nombre: enfermedad de Alzheimer. Al principio fue considerada como una afección rara, pero en los momentos actuales, se estima que se diagnostican anualmente entre cinco a ocho casos por cada 1000 personas, y se corresponde con el 50 al 60% de todas las demencias. [Más…]

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Sábado 10 / diciembre / 2011

Howard Taylor Ricketts y las rickettsias

Filed under: Epónimos,Historia de la medicina — Julio César Hernández Perera — diciembre 10th, 2011 — 17:53

quijote-picaso-01-hDr.C. Julio César Hernández Perera

Al hablar de enfermedades por rickettsias remontamos nuestros pensamientos a un grupo integrado por una amplia variedad de entidades clínicas causadas por microorganismos de la familia Rickettsiaceae. Las rickecttsias tienen características comunes como: ser parásitos intracelulares obligados y multiplicarse en una o más especies de artrópodos, igual que en los animales y el hombre. De hecho, la mayoría de estos gérmenes se perpetúan en la naturaleza, gracias a un ciclo en el que interviene un insecto vector y un animal reservorio. Son varias las enfermedades asociadas a las rickettsias, clasificadas en tres grupos principales: fiebre manchada, tifus y otras rickettsiosis.

Dentro de estos grupos podemos encontrar enfermedades como la fiebre Q, la fiebre manchada de las Montañas Rocosas, la fiebre botosa, el tifus epidémico, el tifus murino, etc. De todas estas, el tifus epidémico ha sido catalogado como una de las grandes pestes del mundo, ya que pocas enfermedades como esta, han influido de manera negativa en la civilización humana. Tal denominación nunca podrá ser arrancada como una página negra de la historia, vinculadas sobre todo a las muertes y los sufrimientos durante las guerras, el hacinamiento de grandes poblaciones, la miseria y las necesidades.

Pero como sucede con cada hecho de la vida, una historia -en ocasiones pocas veces conocida y con tendencia a pasar al olvido- la acompaña. En este caso estamos obligados a evocar al Dr. Howard Taylor Ricketts, quien bien pudiera colocarse en el zócalo que enaltece a los microbiólogos más trascendentales en la historia de la medicina.

howard-taylor-ricketts-02-cgNació el 9 de febrero de 1871 en Findlay, una villa ubicada en el condado de Shelby, Illinois, Estados Unidos. Matriculó en la Universidad de Northwestern en 1890. Cuatro años más tarde, ingresó en la Escuela de Medicina de la misma Universidad, donde su mentor, Walter H. Allport, lo ayudó a obtener un empleo en el museo médico de ese centro de altos estudios. Alcanzó el título de Doctor en medicina en 1897 y desde diciembre de ese año hasta junio de 1899, pasó una pasantía en el hospital del condado de Cook. En ese lugar trabajó junto a Ludvik Hektoen, posteriormente reconocido como un gran bacteriólogo dedicado al estudio de los estreptococos. Después de este periodo, aceptó una beca en patología dermatológica en el Colegio médico de Rush, con el fin de estudiar la blastomicosis.

En 1900 viajó a Europa donde estudió en Berlín, a sugerencia de Hetkoen. Con posterioridad, se dirigió al famoso Instituto Pasteur de París. En estos lugares, Ricketts perfeccionó sus técnicas de laboratorio y desarrolló un importante interés por la microbiología teórica.

En 1902 fue designado asistente en el Departamento de patología y microbiología de la Universidad de Chicago. En este lugar desplegó, hasta 1904, varios estudios relacionados con la blastomicosis. En 1904 fue nombrado asistente de John M. Dodson, quien fungía como decano de la Universidad médica. En 1907 pasó a ser profesor por un periodo de cuatro años.

Es muy reconocido el encomiador trabajo desarrollado en el área de la inmunología durante esta última etapa de su vida. Estas investigaciones le sirvieron para realizar varias publicaciones en la prestigiosa revista «Journal of the American Medical Association». Ulteriormente, estos trabajos fueron compilados y publicados en una obra titulada: «Infección, inmunidad y terapia sérica».

Fue también es en este periodo de tiempo donde tuvieron lugar sus mayores aportes a la medicina mundial. Ricketts será por siempre recordado por ser el descubridor del agente etiológico y la vía de transmisión de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas y del tabardillo.

Ricketts y la fiebre manchada de las Montañas Rocosas

En 1906 empezó a mostrar un especial interés en una enfermedad de la que no se conocían sus causas: la fiebre manchada de las Montañas Rocosas. Por esta razón, viajó al estado de Montana para estudiar la enfermedad, que en aquel entonces era causa importante de muertes. Según datos de la época, se estimaba una mortalidad de más del 80 % para quienes la sufrían.

A su llegada a Montana, centró sus estudios en los animales afectados y en los pacientes que eran víctimas de la enfermedad. Le extrañaba de sobremanera la incapacidad de demostrar la presencia del agente causal de la enfermedad en los medios de cultivos. Por esta razón, recurrió a la investigación mediante la inoculación de animales. Logró transmitir la enfermedad en conejillos de indias y en monos, donde encontró agentes específicos en la sangre, posibles causantes de la afección. También logró demostrar cómo la enfermedad podía transmitirse a través de la picada de un insecto conocido como garrapata de madera (Dermacentor andersoni). Entonces, no fue difícil sospechar que este mecanismo de transmisión podía acontecer de forma natural en las regiones de Montana e Idaho.

Con el tiempo, se pudo descubrir que la garrapata podía ser, a su vez, víctima de la infección: el germen era capaz de proliferar dentro del insecto. También se pudo declarar la transmisión a través de los huevos depositados por el insecto, como también en los estados de desarrollo larvario y de ninfa. Como la garrapata adulta podía ser la vía por la que el hombre se contagiaba, este fenómeno solo acontecía durante la primavera, y de esta manera, se explicaba convincentemente el característico patrón, que relacionado con las estaciones del año, mostraba la enfermedad.

Los trabajos de Ricketts, relacionados con la fiebre manchada de las Montañas Rocosas fueron publicados en un artículo titulado: «Observaciones en los virus y formas de transmisión de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas». Determinó además, que mediante el análisis del modo de transmisión se podía prevenir la enfermedad de una manera racional.

En 1919, Simeon Burt Wolbach identificó finalmente el agente etiológico como una nueva forma de microorganismo y lo denominó como Dermacentroxesus rickettsii, en honor a los trabajos de Ricketts. En la actualidad se conoce como Rickettsia rickettsii.

Ricketts y los estudios de la fiebre del tifus

La fiebre manchada de las Montañas Rocosas se parecía, en cuanto al cuadro clínico, a otra enfermedad conocida como fiebre de tifus. Era una afección que se podía conocer en aquel entonces de diferentes maneras: tabardillo (en México), fiebre de los barcos, fiebre de campamento, fiebre de las cárceles o fiebre de hospital.

howard-taylor-ricketts-01-cgEn 1909 el científico aceptó una invitación para estudiar el tabardillo en el Valle de México, una zona geográfica que estaba fuertemente azotada por este mal. Junto a su asistente voluntario, Russell Morse Wilder, elucubraron que la similitud existente entre la fiebre del tifus y la fiebre manchada de las Montañas Rocosas podían llevarlo a las mismas causas etiológicas. Viajó a Ciudad México y trabajó de manera intensa con las personas severamente enfermas. Encontró que el tabardillo podía ser transmitido por un ectoparásito, específicamente el piojo humano del cuerpo (en aquellos momentos denominado Pediculus vestimenti, en la actualidad Pediculus humanus corporis). Ya en 1909, a igual conclusión había llegado el médico francés y director del Instituto Pasteur de Túnez, Charles Jules Henri Nicolle.

Ricketts reconoció que Nicolle había demostrado previamente, la asociación entre el piojo humano del cuerpo y el tifus. Los experimentos de Nicolle fueron convincentes y había logrado la transmisión de la enfermedad desde monos infectados hacia otros animales de la misma especie empleando el piojo como vector. Sin embargo, las investigaciones de Ricketts lograron complementar este descubrimiento con un hallazgo interesante: los monos que se recuperaban, podían desarrollar inmunidad contra la enfermedad.

El 23 de abril de 1910, Ricketts y Wilder estaban a punto de anunciar una importante revelación: el descubrimiento del microorganismo, aparentemente un bacilo, en la sangre de los pacientes con tifus y en los insectos. Desgraciadamente, mientras realizaban trabajos para aislarlo, Ricketts contrajo la enfermedad y murió. Sus trabajos inconclusos fueron asumidos y culminados por otros investigadores.

Los trabajos de Ricketts relacionados con la inmunidad y el suero constituyeron las bases para posteriores avances en el desarrollo de vacunas, y su teoría de que ambas enfermedades estaban estrechamente relacionadas con microorganismos fue probada en años ulteriores.

La fiebre del tifus no solo provocó la muerte de Ricketts. Asociada a la enfermedad, se recogen hechos donde el trabajo heroico del personal médico y paramédico, resalta de manera magnánima en una batalla que estaba encaminada a enfrentar esta peste, a pesar del gran riesgo. En la historia de la medicina se recogen datos escalofriantes como este: en un periodo de 25 años, de 1230 médicos que estuvieron vinculados a diferentes instituciones de salud de Irlanda, 550 murieron por el tifus.

El bacteriólogo y zoólogo austriaco Stanislav von Prowazek es otro ejemplo digno de reconocer. Dedicó parte de su vida al estudio de la fiebre del tifus y durante una investigación realizada en Serbia en 1913, logró probar que similares microorganismos estaban presentes en piojos obtenidos de pacientes con tifus. En 1915, von Prowazek falleció por tifus, en condiciones similares a la de Ricketts.

El término rickettsia se originó de una publicación realizada en el año 1916 por Henrique da Rocha-Lima, un microbiólogo brasilero, quien denominó de esta manera al agente etiológico del tifus epidémico Rickettsia prowazekii en honor a Ricketts y Prowazek, ambos fallecidos mientras investigaban la etiología del tifus. Con posterioridad, aparte de los dos gérmenes referidos, R. rickettsii y R. prowazekii, la comunidad científica denominó una nueva familia taxonómica (Rickettsiaceae) y orden (Rickettsiales).

La voluntad extraordinaria de Ricketts para asumir riesgos, hacen que sea recordado como una leyenda en la medicina, una «víctima de su dedicación y ocupación», para otros… «uno de los médicos mártires de la ciencia».

Bibliografía
Hetkoen L. Howard Taylor Ricketts. Science. 1910;22(826):585-7.
Grob D, Schäfer G. 100th Anniversary of the death of Ricketts: Howard Taylor Ricketts (1871-1910). The namesake of the Rickettsiaceae family. Micr Infect. 2011;13:10-3.

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