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Lunes 3 / junio / 2013

Provocar un susto a un enfermo cardiovascular puede generarle un evento isquémico

Filed under: noticias — cardiocirugia — junio 3rd, 2013 — 11:59

MADRID, 3 Jun. (EUROPA PRESS)- Provocar un susto a un enfermo cardiovascular puede generarle un evento isquémico o una arritmia cardiaca, según ha asegurado a Europa Press el miembro de la fundación Science Health and Education (SHE), el doctor Iñaki Marina.

Así, el representante de esta entidad dirigida por el cardiólogo Valentín Fuster indica que hay dos tipos de mecanismos que el susto y las situaciones estresantes agudas pueden provocar en estos pacientes, siendo el primero de ellos la formación de una placa arteroesclerosa, que puede derivar en “un evento isquémico”.

Para explicar el segundo, señala que en estas situaciones se descarga adrenalina y noradrenalina, lo que aumenta la frecuencia cardiaca y, en una descarga muy severa, “puede provocar lo que conocemos como arritmias cardiacas”. De esta forma, resume que los sustos podrían provocar daño arterial, el cual puede derivar en “un infarto o una angina de pecho”; y la generación de “una arritmia”.

Ahondando en el primer aspecto, Marina destaca que, en una persona con una condición arterial determinada, que aumente la frecuencia cardiaca o la presión arterial en muy poco tiempo, “puede generar inestabilidad en la arteria y romperse”. Ésta arterioesclerosis es la que genera eventos cardiovasculares, como “los infartos agudos de miocardio, las embolias cerebrales o las enfermedades de extremidades periféricas”, sostiene.

NO SE PUEDE RELACIONAR DIRECTAMENTE EL SUSTO CON LA MUERTE

A su juicio, el infarto de miocardio y una arritmia cardiaca, como una fibrilación ventricular, “pueden llevar a la muerte”, sin embargo, sostiene que no se puede relacionar un susto directamente con la muerte “sin pasar por estos mecanismos”. “Como científico, no lo puedo decir”, zanja.

Además, Marina subraya que “no recomendaría tratar a un diabético o a un hipertenso de manera diferente” a la hora de poder darles un susto o no, por el mero hecho de encontrarse un grupos de riesgo de enfermedad cardiovascular. No obstante, sí insiste en que, los pacientes con antecedentes de cardiopatía isquémica “es obvio que cuanto menos se enfrenten a situaciones estresantes, mucho mejor”.

Según señala el experto de la Fundación SHE, el susto genera una situación de ansiedad, ante la que se producen “una serie de reacciones a nivel hormonal nervioso por el sistema nervioso autónomo”. “Se produce una descarga con la que se segregan catecolaminas que aumentan el metabolismo para la huida”, expone.

Además, asustar alguien le provoca a esta persona una descarga neuroendocrina y el aumento “de la frecuencia cardiaca y la presión arterial”. De cualquier forma, sostiene que, en una persona sana, “no tiene que haber ningún problema”, aunque si se puede producir palidez y sudoración “por la vasoconstricción y la activación de las glándulas sudoríparas”, respectivamente, explica.

Por último, y continuando con las personas libres de enfermedad cardiovascular, Marina afirma que hay personas que tienen un sistema nervioso autónomo más activo, el cual “responde con más rapidez y domina más este sistema de respuesta”, mientras que existen otras “que lo pueden tener más parasimpático, más tranquilo”. De cualquier forma, “no lo relacionaría con esto”, concluye.

Fuente: http://www.europapress.es/salud/

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Lunes 3 / junio / 2013

La reanimación cardiopulmonar tiene unas tasas de superviviencia del 8% en general y del 20% en el hospital

Filed under: noticias — cardiocirugia — junio 3rd, 2013 — 11:57

MADRID, 3 Jun. (EUROPA PRESS)- Uno de los momentos más difíciles que enfrentan a los anestesistas y otros profesionales de salud es saber cuándo realizar las prácticas de resucitación de una persona y cuándo dejar de aplicarlos, un dilema a debate en Euroanaesthesia, la reunión anual de la Sociedad Europea de Anestesiología. En la primera sesión, el director de la UCI y presidente del Comité de Ética del Hospital del Mar, en Barcelona, José Solsona, señaló las pobres cifras de supervivencia de las maniobras de reanimación cardiovascular (RCP, en inglés): un 8 por ciento en general y un 20 por ciento en el hospital.

En todo caso, explicó que si el trabajador de la salud ha sido testigo del paro cardiaco, entonces debería comenzar la RCP, pero si no es así, dependerá de si hubo un alguien que pueda saber cuando se produjo el ataque. Si el paro se hubiera producido hace más de 10 minutos, la RCP no se debería iniciar y si no hay testigos del ataque cardiaco o si hay alguna duda, se tendría que comenzar con la reanimación cardiovascular.

Si el paciente (por ejemplo, en el hospital) ha dejado claro que no desea ser resucitado, mediante el llamado “testamento vital”, el clínico debe estar seguro de que el paciente es capaz de tomar sus propias decisiones y comunicarse, comprender, conocer las consecuencias y razonar.

La disparidad entre los testamentos en vida y la decisión clínica se puso de manifiesto en una encuesta, en la que los médicos tomaron una decisión diferente a las directivas del paciente en el 70 por ciento de los casos, según los datos publicados por la revista ‘Archives of Internal Medicine’.

“Se puede hacer una excepción para los pacientes con depresión, ya que estos pacientes deben ser considerados como no competentes para tomar decisiones importantes, como por ejemplo si ser revivido por RCP”, dice Solsona. También resaltó otro ejemplo en el que podría ser difícil de interpretar un claro testamento en vida, el de un paciente con sida que se encuentra hospitalizado después de un grave accidente de tráfico y en cuyo testamento vital optó por no ser reanimado, lo que plantea la duda de si es en caso de fase terminal por su enfermedad o en la situación de gravedad tras el accidente.

También se discutirá en ese foro la presencia de un ‘proxy': cuando el paciente nombra a un pariente cercano o un amigo para representar sus puntos de vista si no puede hacerlo por sí mismo. “Los resultados preliminares de mi propio hospital indican que sólo la mitad de los pacientes desean nominar a un proxy –dice Solsana–. Esto podría deberse a que la persona piensa que la muerte está muy cerca y no quiere hablar de ello”.

El doctor Solsona también indicará que, incluso en presencia de la familia del paciente, anestesistas u otro personal médico de un hospital público no tienen la obligación de iniciar o continuar con lo que están razonablemente considerado por los médicos como los esfuerzos de RCP inútiles.

“Aunque ningún paciente cuya muerte es evitable debe morir, la gran mayoría de los intentos de reanimación fallan y el paciente muere posteriormente”, añade el doctor Janusz Andrés, presidente del Departamento de Anestesiología y Terapia Intensiva del Hospital Universitario Jagellónica en Cracovia (Polonia) y presidente del Consejo de Resucitación polaco.

Las directrices de reanimación indican que después de 20 minutos de reanimación ineficaz, el líder del equipo de reanimación, con mayor frecuencia un anestesista, tiene que decidir si se debe detener la reanimación, teniendo en cuenta varias causas potencialmente reversibles de paro cardiaco. “Un buen resultado neurológico es el objetivo principal y el éxito de la reanimación”, dice el doctor Andrés, quien apunta que los principales requisitos de éxito en todos los casos con compresiones torácidas ininterrumpidas inmediatas y desfibrilación temprana.

Es obligatorio en todos los intentos de reanimación controlar la calidad y la eficacia de la reanimación en curso, por ejemplo con la medición de los niveles de dióxido de carbono exhalado por el paciente (el método llamado “capnografía continua”) que indica la presencia de flujo sanguíneo pulmonar durante la resucitación y podría predecir la probabilidad de ROSC (retorno de la circulación espontánea). La presiones sistólica y diastólica (presión arterial directa relajación arterial) son también valores únicos para el control de la calidad de reanimación, entre otras.

“La extensión de los esfuerzos de reanimación debe ser considerada cuando el seguimiento indica la reversibilidad de un paro cardiaco, así como en otros casos que señalan que la vida podría ser sostenida –afirma Andrés–. Esto incluye situaciones extraordinarias cuando planeamos utilizar circulación extracorpórea, la presencia de fibrilación ventricular persistente durante la reanimación, el retorno temporal de la circulación espontánea, joven edad del paciente y la evidencia de la perfusión de órganos”.

Fuente: http://www.europapress.es/salud/

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