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Domingo 10 / junio / 2012

Profesor José A. Valdés Rucabado

Filed under: cardiopatía isquémica,Historia y celebridades — cardiocirugia — junio 10th, 2012 — 10:13

sdc10736Prefiero desarrollar mi trabajo directamente con los pacientes

Por Paquita Armas Fonseca

Matancero por origen, y capitalino por adopción, el Profesor José A. Valdés Rucabado acumula una extensa hoja de servicios a favor de la medicina en general y de la cardiología en particular. Guarda un buen recuerdo de sus inicios en los campos de la antigua provincia de Oriente y de su labor en Argelia. Además de una amplia labor asistencial, el Dr Rucabado ha desarrollado diversas líneas de investigación como su estudio sobre estreptoquinasa liofilizada libre de albúmina sérica humana, que le mereció sendos premios uno institucional y otro personal. También participó con ingenieros soviéticos en la creación del primer prototipo de equipos de trasmisión telefónica de electrocardiogramas.

Como profesor ha contribuido a la formación de decenas de cardiólogos de todo el país, acumula un importante número de reconocimientos, ha participado en numerosos congresos en Cuba y el extranjero y ha publicado diversos textos con el resultado de sus investigaciones.

Es Profesor Consultante e Investigador Agregado, de su segunda casa, el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, reconocido centro en el que actualmente se desempeña como Jefe de Auditoría Médica.

¿Dónde Usted nació? ¿Tenía o tiene algún familiar médico que lo hizo inclinarse por esa profesión?

Nací en la ciudad de Matanzas, el 4 de mayo de 1937, en el seno de una familia de la clase media, donde mi padre y varios tíos eran profesionales, entre ellos uno era médico, pero creo que no influyó mucho en elegir mi profesión ya que, de todos los tíos, era con el que tenia menos comunicación. No se si nací predestinado para ser médico, lo que si puedo decir es que desde muy pequeño mis familiares decían que yo iba a ser médico y mi hermano abogado, y así fue. Es posible que en mi determinación haya influido una pequeña clínica infantil que había próxima a mi casa y recuerdo que desde niño ayudaba al médico a organizar sus papeles y las medicinas.

¿Por qué trabajó inicialmente en la antigua provincia de Oriente?

Al principio de la Revolución uno de los programas principales del MINSAP fue llevar a todo el país la atención médica, por lo tanto al graduarme de médico en 1964 y después de haber renunciado al ejercicio de la práctica médica privada fui llamado a cumplir dos años de trabajo en el Servicio Médico Rural. Me designaron en la antigua provincia de Oriente y por necesidades de la región en vez de dos años, como estaba estipulado, estuve cuatro, primero como médico rural, después coordinador del Servicio Médico Rural y finalmente Director de la antigua Clínica Colonia Española de Santiago de Cuba al pasar del mutualismo al Sistema Nacional de Salud.

¿Qué recuerdos guarda de su primera experiencia en esta profesión? ¿Son los campesinos pacientes agradecidos?

Fue un cambio fuerte al principio, ya que, de no haber salido nunca de las provincias occidentales, fui a trabajar prácticamente solo a un hospital rural recién inaugurado en la región de Calabazas de Sagua en el II Frente Oriental.

Al pasar el tiempo y conocer mejor el área me percaté de la necesidad de realizar mi trabajo allí y me fui acostumbrando, y aunque después me cambiaron de zona (siempre en Oriente) al finalizar el compromiso, a los dos años, me dijeron que no podían liberarnos pues no teníamos relevo y lo acepté, me quedé dos años más en dicha provincia.

Aunque no todos los pacientes y familiares, la mayoría campesinos, expresaban su sentimiento de agradecimiento de igual forma, en general puedo decir que muchos se entristecían cuando me trasladaban de un lugar a otro, aunque comprendían dicha situación, algunos me ayudaron en los primeros tiempos a mi adaptación a aquella nueva etapa de mi vida en la que me encontraba y compartían conmigo lo poco que tenían como agradecimiento a la labor que desempeñaba en aquellos recónditos lugares. Toda esta experiencia me fortaleció como profesional y como persona.

¿Cuán difícil le fue su experiencia en Argelia?

Mi labor en Argelia también comenzó muy dura ya que en los inicios fui a trabajar solo a un dispensario en una región apartada en ese país durante unos meses, sin conocer el lugar, ni las características de los argelinos ni los idiomas que hablaban (eran más de uno). A veces chocaba la ciencia con las creencias religiosas de la población.

Más adelante estuve trabajando en diferentes hospitales como jefe del colectivo de los cubanos y finalmente como Jefe de la Misión Medica.

Al terminar con mi compromiso en el país, que era de un año, me pidieron que me quedara un año más asesorando al nuevo Jefe de la Misión, un funcionario del MINSAP. Para aquel momento había crecido mucho en cantidad y calidad profesional, y como yo al principio, el funcionario desconocía todo respecto a la situación de los médicos cubanos y necesitaba de mi ayuda para desarrollar una mejor labor médica dentro del país. Fue una experiencia dura pero muy importante en mi profesión: me dio la posibilidad de desarrollarme como médico internacionalista.

¿Por qué se inclinó por la cardiología?

Al terminar mi trabajo en la antigua provincia de Oriente, del cual salí destacado por la labor realizada, decidí continuar mi superación pensando hacer la residencia de Medicina Interna, pues no acepté algunas proposiciones del MINSAP para pasar cursos en el extranjero de Organización de la Salud, prefería desarrollar mi trabajo directamente con los pacientes.

En una entrevista en el departamento de Docencia del MINSAP con el viceministro del ramo, es que decidí hacer la residencia en Cardiología y tuvo que ver con esta decisión la poca cantidad de cardiólogos que había en el país en aquellos momentos, ya que una parte importante había emigrado al Triunfo de la Revolución.

Fue una decisión acertada por todo lo que me motivó el estudio de la cardiología y mi dedicación a ella.

¿Qué significa para Usted el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular? ¿Cómo llega a esa institución?

El Instituto viene a ser mi segunda casa, ya que llevo casi la mitad de mi vida trabajando en la institución. Fue ahí donde me formé como especialista y después de una corta estancia en el Hospital Salvador Allende llevo más de 30 años desempeñándome como cardiólogo ininterrumpidamente en él. Esta larga estancia la pasé en la Sala de Cuidados Intensivos Coronarios, la cual dirigí durante más de 25 años y desde el 2010 ocupo la responsabilidad de Médico Auditor del centro.

Es por todo esto que me siento muy unido a la institución ya que he formado parte de su desarrollo tanto en lo médico como en lo científico y he contribuido a formar un gran número de los cardiólogos del país, especialidad que he visto incrementarse todos estos años progresivamente a la par que el Instituto.

Procedente del Hospital Manuel Fajardo donde realicé el primer año de la especialidad, llegué a este centro como médico residente en el año 1972, a continuar la residencia en cardiología, me gradué de especialista en 1975. Por disposición ministerial, los graduados de ese año y de los dos siguientes participamos en un concurso de ubicación, (donde el instituto no saco plazas), siendo asignado cardiólogo por cuatro años en el Hospital Salvador Allende. Al cumplir ese período y después de participar en un concurso de promoción es que obtuve en el año 1981 una plaza en el instituto y desde esa fecha hasta el presente he estado laborando en esta institución.

Entre sus investigaciones se encuentra la realizada con la estreptoquinasa liofilizada sin albúmina ¿Podría decirme por qué ese estudio y explicarme sus resultados?

La estreptoquinasa es una sustancia obtenida de los estreptococos, que tiene la propiedad de lisar (destruir) los trombos que se forman en los vasos circulatorios que son responsables de la oclusión de los mismos. Este producto se utiliza desde los años 80 del siglo pasado en nuestro país, primeramente en su forma natural en las trombosis de los vasos coronarios, causa principal del infarto del miocardio. Con el desarrollo de la técnica, en Cuba, se ha podido obtener una sustancia de forma artificial semejante a la natural ya referida (estreptoquinasa liofilizada), que ha permitido un incremento de su producción de una forma más económica, a la que también se le ha liberado de la albúmina para evitar los efectos desagradables que puedan desarrollarse.

La aplicación de este producto en su forma recombinante, que se fabrica en grandes cantidades el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de nuestro país, nos ha permitido lo siguiente:

· Por su poder trombolítico ha logrado la reperfusión de los vasos coronarios, con lo que se obtiene disminuir la extensión del infarto cardiaco a cerca de un 40% de los pacientes y con ello reducir la mortalidad marcadamente, sobre todo, cuando se aplica en las primeras horas del infarto.

· Este proceder se ha podido distribuir por todo el país aplicándolo en los diferentes niveles de atención médica hospitales, policlínicos) con muy buenos resultados.

· Este producto se ha intentado utilizar también en otras especialidades, aunque los resultados son mejores en la cardiología.

Usted participó en la Beca de Cardiología Nuclear en el Hospital Henry Mondor de Paris, Francia ¿se utiliza la cardiología nuclear en Cuba? ¿En qué consiste?

La medicina nuclear se aplica en Cuba, por lo menos, desde los años 70 del siglo XX en el Instituto de Oncología y fue allí, entre otros, donde se inició los primeros estudios de cardiología nuclear. Posteriormente el Instituto de Cardiología adquiere una Cámara Gamma y es en los primeros años de la década del 80 que se comenzaron a realizar estos estudios en la institución. Como se sabe este proceder utiliza material nuclear que es necesario adquirir fuera del país, por lo que se hace costosa y laboriosa su transportación. No obstante lo anterior expuesto y la situación económica que atraviesa el país, con el paso de los años dicha actividad ha continuado desarrollándose, ampliando su campo científico-investigativo-asistencial progresivamente.

Los materiales nucleares más utilizados en nuestro medio son el tecnesio y el talium, que nos permiten hacer los estudios, tanto de la función del corazón como de la perfusión miocárdica, de valiosos resultados en la clínica cardiológica y en la cirugía cardiovascular.

¿Considera que se ha avanzado en la cirugía en Cuba? ¿Qué camino le ve a ese proceder terapéutico en nuestro país?

No cabe dudas que no obstante las dificultades que ha tenido la cirugía cardiovascular para su desarrollo, desde su aplicación en el Instituto de cardiología se ha ido incrementando progresivamente y en la actualidad existen, además de nuestra institución, varios centros en La Habana así como en el interior del país donde se lleva a cabo este proceder quirúrgico.

Han sido miles los cardiópatas congénitos, valvulares, coronarios, etc., a los que se han intervenido y la mayoría con buenos resultados. Es cierto que hay años en los que se operan más pacientes que otros, dependiendo casi siempre de los recursos con los que se dispongan. Es muy posible que con la gran remodelación y ampliación del servicio de cirugía en el instituto este importante proceder pueda seguir desarrollándose, ya que es indispensable para muchos pacientes que no tienen otras opciones para su recuperación, pues la solución de su afección no es posible por otros métodos terapéuticos (angioplastia, valvuloplastia).

Por lo anterior expuesto y por ser una parte importante de la cardiología, la cirugía cardiovascular necesita seguir desarrollándose, incrementando la calidad de sus servicios con la incorporación de nuevas técnicas quirúrgicas, para lograr una mayor superación de los equipos quirúrgicos en las diferentes unidades del país.

Otro asunto que Usted quisiera agregar

Desde su inauguración en mayo de 1973 hasta diciembre del 2010, la Unidad de Cuidados Intensivos Coronarios, en la cual he trabajado por más de 30 años, ha ingresado 16,459 pacientes, de ellos 6,608 con infartos.

Antes de ser inaugurada esta sala, la institución tenia una letalidad por infarto agudo del miocardio de cerca de un 25%. Con la nueva instalación esa letalidad ha disminuido progresivamente por décadas de tal forma que en los años 70 fue de un 16,8% y, con el incremento de la experiencia en su manejo y la incorporación de nuevos procederes como la trombolisis y la angioplastia, en la década del 2000 al 2010 la cifra se ha reducido a un 7,4%, resultados estos semejantes a otras instituciones en el mundo.

La trombolisis sistémica se viene administrando en esta enfermedad desde 1991 y se ha empleado en un 45% de los casos ingresados y la angioplastia primaria, que se comienza a aplicar en la primera década de este siglo, se ha utilizado en el 30,7% de los pacientes, siendo estos procederes los mayores responsables de la disminución marcada de su letalidad.

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Sábado 9 / junio / 2012

Profesor René Favorolo

Filed under: Historia y celebridades — cardiocirugia — junio 9th, 2012 — 11:02

favaloroMerecía una vida más allá de la muerte

Por Paquita Armas Fonseca

La religión católica, o casi ninguna creencia aprueban el suicidio. Lo consideran un asesinato sobre la persona que se quita la vida. ¿Y si ese ser humano ha salvado a miles de hombres y mujeres, no sólo por su atención personal sino por un descubrimiento trascendental, también merece ir a las calderas de ese infierno del que se habla?. Yo creo que no, y si se trata del médico argentino René Favaloro mucho menos, a él en lo particular, de existir una vida más allá de la muerte, yo se la daría plena y cumpliendo todos sus deseos.

Es que cuando René Favorolo se apuntó con un arma en el corazón el 29 de julio del 2000, había tomado una decisión sensata para un hombre de principios que le había escrito pidiendo ayuda hasta a Fernando de la Rúa, presidente entonces de Argentina, que siguiendo los patrones de Carlos Menen había sumido a su país en la más despiadada crisis.

En su carta de despedida Favorolo, luego de realizar una intensa crítica al gobierno argentino y explicar cómo lo han llevado a tan drástica decisión dice “ No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano. Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.

Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.

En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.

En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.

A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.

Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.

Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.”

Razón de sobra tuvieron algunos académicos norteamericanos para presentarlo como lo que siempre fue un hombre bueno. René Gerónimo Favaloro había nacido en La Plata, el 12 de julio de 1923, hijo de un carpintero y de una modista. Vivió sus primeros años en el barrio El Mondongo, de inmigrantes. De su padre logró una sorprendente habilidad manual y en los terrenos cercanos amó el futbol, fue un alumno aplicado, que hizo de la autodisciplina una filosofía de vida.

A pesar de que pudo optar por otras carreras se inclinó por la medicina y en 1949 se graduó en la Universidad Nacional de La Plata. A la par de los griegos consideraba a esta profesión como un apostolado. Su tesis la dedicó a una mujer que le mostró el valor de la tierra “A mi abuela Cesárea, que me enseñó a ver belleza hasta en una pobre rama seca”.

Al ser un excelente alumno pudo quedarse como residente en un hospital de La Plata, pero para hacerlo tenía que firmar un documento en el que decía que era peronista. No lo aceptó y un año después de graduarse, por gestiones de su tío se instaló en Jacinto Aráuz, un perdido pueblito de La Pampa.

Allí se hizo lo que siempre consideró un gran mérito: médico rural. En ese medio vivió con María Antonia, su esposa que fue su novia de la escuela secundaria. Años después un cáncer se la llevaría.

En uno de sus libros Recuerdos de un médico rural, cuenta: “En ella empezamos a organizar eso que llamamos clínica y que, en verdad, era sólo un centro asistencial adecuado a las necesidades de la zona”.

Pero el investigador que llevaba dentro lo hizo buscar nuevos horizontes. Con muy poco recursos viajó a los Estados Unidos, a la Cleveland Clinic, para acrecentar sus conocimientos en cardiología. Trabajó duro y su talento logró imponerse.

Ya en 1967 Favaloro comenzó a pensar en la posibilidad de utilizar la vena safena en la cirugía coronaria. Practicó tal técnica en mayo de ese mismo año. Cuando se estandarizó tal proceder quirúrgico llamado del bypass o cirugía de revascularización miocárdica, realizó el trabajo fundamental de su carrera. Su fama corrió hacia los cuatro puntos cardinales porque el procedimiento cambió totalmente la historia de la enfermedad coronaria.

En 1970 publicó su libro Surgical Treatment on Coronary Arteriosclerosis, que fue editado en español como Tratamiento Quirúrgico de la Arteriosclerosis Coronaria. Actualmente sólo en Estados Unidos se realizan entre 600.000 y 700.000 cirugías de ese tipo por año.

El aporte de Favoloro no fue fruto de la casualidad sino la consecuencia de horas dedicadas a la investigación y dijo que no era su mérito personal sino del equipo con el que trabajaba.

“Siempre hablo en plural: creo que el mundo individualista se terminó. El que crea que tiene dotes sobrenaturales y poderes de superdotado está totalmente equivocado. Se le han ido muchos humos a la cabeza. El hombre vive hoy en un mundo colectivo, nos guste o no nos guste. Un mundo social. En medicina es igual: el hombre superdotado no puede hacer nada sin un grupo de gente trabajando” le confesó a un reportero

Reconocido en los Estados Unidos y con posibilidad de trabajar en cualquier lugar del mundo, en 1971 decidió regresar a la Argentina, su patria, para conseguir un sueño: un centro de excelencia similar al de la Cleveland Clinic, que combinara atención médica, investigación y educación.

Con ese fin forjó la Fundación Favaloro en 1975 junto con otros colaboradores. Para este hombre de la Pampa su mayor orgullo fue haber formado más de cuatrocientos cincuenta residentes provenientes de todos los puntos de la Argentina y de América latina (Alumni).

Además de otros aportes, en 1992 logró inaugurar en Buenos Aires el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, entidad sin fines de lucro. Enarboló un lema “tecnología de avanzada al servicio del humanismo médico”, por eso al lado de los servicios altamente especializados en cardiología, cirugía cardiovascular y trasplante cardíaco, pulmonar, cardiopulmonar, hepático, renal y de médula ósea, continuó su labor en la prevención de enfermedades.

En el año 2000 Argentina gracias al patrón neoliberal se había sumergido en una total crisis económica y política. La Fundación Favaloro estaba endeudada en unos 75 millones de dólares, y a las solicitudes de su fundador la única respuesta que llegaba es que se plegara a las reglas del mercado: pocos médicos, altos costos de la asistencia y llevar a cero las investigaciones hasta que llegaran tiempos mejores.

Favaloro que fue miembro activo de 26 sociedades, correspondiente de 4, y honorario de 43, mereció los más altos galardones en países altamente desarrollados, publicó seis libros –incluso uno de historia sobre José de San Martín- además de centenares de ensayos sobre su especialidad, decía de que “era un mendigo en su país”.

En una entrevista el prominente cirujano dijo “lo planifiqué muy bien, profundicé mi inglés y me fui a los Estados Unidos. Ahí estuve diez años, y a pesar de que a los cuatro años casi es una exigencia hacerse ciudadano de ese país, yo nunca me hice, me toleraron. Quizás porque me necesitaban. No porque creo mucho en eso de la nacionalidad en ese sentido, pero nunca me hice y puedo volver a los Estados Unido en cualquier momento. Yo pecaría de muy centrista o no sé cómo llamarlo si contara todas las ofertas que tengo a diario para volver a los Estados Unidos. A lo mejor se me critica por eso, pero lo tengo que decir: en febrero, en la última reunión del Colegio Americano de Cardiología se me ofreció la jefatura de uno de los servicios más importantes de cardiología de los Estados Unidos. Mi respuesta fue: “Los huesos míos se van a enterrar en la Argentina”, porque cuando yo decidí venir, volví en forma definitiva. Me dijeron que me iban a esperar dos años y les contesté que había decidido jugarme acá, en mi país. Y entonces, además de contribuir con lo mucho o poco que sé con todo este equipo de hombres maravillosos que me secundan y esta juventud que realmente estudia y se sacrifica, quiero también hacer algo para obrar así, públicamente, insisto, no como político, porque jamás lo voy a ser, no tengo aspiración en ese sentido, soy médico y nada más que médico, pero quiero decir que el país entienda que esta tragedia tremenda que vivimos no es una cosa de casualidad, tiene una explicación y si no se la queremos encontrar es porque queremos ponernos la careta, sin ninguna duda.”

Lo más triste de esta historia es que una buena parte de los argentinos se enteraron de que un compatriota suyo era uno de los cirujanos cardiovasculares más grande del mundo, cuando el 29 de julio se dio a conocer la muerte de Favorolo.

Su suicidio lo veo como una forma de llamar la atención para que su fundación no desapareciera del mapa tal y como él la había concebido, altamente científica y a la vez humana. No logró sus objetivos aunque su carta de despedida fue y es una alerta para todos los médicos que como él hacen de su profesión un sacerdocio.

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