Archive for marzo, 2012

Jueves 29 / marzo / 2012

Prueban inyección que reduce en 50% muertes por ataque al corazón

Filed under: noticias — cardiocirugia — marzo 29th, 2012 — 22:25

Por Cecilia Yáñez

Si de urgencias cardíacas se trata, son más los pacientes que mueren fuera del hospital que aquellos que alcanzan a llegar al recinto. Conscientes de esta realidad y de lo necesario de encontrar una medida que pueda ser aplicada en medio de la crisis, científicos del Instituto de Investigación Clínica del Centro Médico Tufts, en Boston, probaron cómo una inyección que contiene glucosa, insulina y potasio fue capaz de reducir en 50% las posibilidades de morir por un paro cardíaco. Incluso, cuando se aplicó en pacientes que estaban con un síndrome coronario (obstrucción parcial que puede o no terminar en un ataque cardíaco), también redujo en un 50% el riesgo de tener un paro.

Eso no fue todo. Además, disminuyó en 40% las probabilidades de tener un ataque al corazón, morir o ser hospitalizados por insuficiencia cardíaca, a un mes de ocurrido el primer evento en el que se les aplicó este tratamiento, conocido como GIK. Y redujo el daño del tejido cardíaco: los pacientes que recibieron la inyección tuvieron, en promedio, sólo un 2% de su músculo cardíaco dañado, mientras que aquellos que recibieron placebo, se vieron afectados en un 10%.

El nuevo estudio, presentado en la Sesión Científica Anual del Colegio Americano de Cardiología, revela que este tratamiento, creado hace más de 40 años, pero que a la fecha no está incorporado como parte de los protocolos médicos, funciona cuando se aplica apenas ocurrido el ataque. Así lo comprobaron en los 911 pacientes que fueron tratados con esta solución, que se aplica por vía endovenosa. “Cuando se aplica la inyección en el hogar o en el camino al hospital -incluso antes de que el diagnóstico se haya estableció por completo-, GIK parece reducir el tamaño de los ataques al corazón y reducir a la mitad el riesgo de sufrir un paro cardíaco o de morir”, dijo Harry P. Selker, director ejecutivo del instituto.

Lo que hace esta inyección en concreto es restablecer la irrigación del corazón durante un ataque y, al mismo tiempo, disminuir la muerte de células cardíacas.

Paramédicos

Otro elemento que destacan los especialistas es el costo que tiene. Cada aplicación de GIK cuesta menos de 50 dólares, poco más de 24 mil pesos. Como la aplicación precoz del tratamiento es lo que lo hace efectivo, para este estudio, los investigadores entrenaron a paramédicos de 36 sistemas de servicio de emergencia en 13 ciudades de Estados Unidos en el uso y aplicación de GIK. “Debido a que este estudio es el primero en mostrar que GIK es eficaz cuando se utiliza por los paramédicos en las comunidades del mundo real, podría tener importantes implicancias para el tratamiento de ataques cardíacos”, señaló Selker.

El cardiólogo y miembro de la Sociedad Chilena de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, Edgardo Escobar, explica que cuando ocurre un infarto se produce una muerte de las células cardíacas, las que liberan el potasio que mantienen en su interior. La insulina inyectada ayudaría -en este caso- a destapar la arteria obstruida y, además, permitiría que ingrese nuevamente potasio y glucosa a la célula cardíaca dañada.

El doctor Alejandro Fajuri, académico del Departamento de Enfermedades Cardiovasculares de la UC, dice que en estudios anteriores, GIK también se mostró útil en pacientes diabéticos que sufrían ataques cardíacos. “Para que sea parte del protocolo habitual se requieren estudios más grandes, con mayor cantidad de población sobre las que se haya probado, pero el mecanismo de acción tiene lógica”, indicó.

Fuente: http://diario.latercera.com

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Miércoles 21 / marzo / 2012

Dr. Alexis Carrel

Filed under: Historia y celebridades — cardiocirugia — marzo 21st, 2012 — 22:36

untitled111112Genial en la ciencia y equivocado en la vida

Por Paquita Armas Fonseca

Julius H. Comroe, profesor emérito del Cardiovascular Research Institute (University of California at San Francisco) afirmó “Carrel ganó el Premio Nobel en Fisiología o Medicina en 1912, y no lo ganó por alguna investigación oscura y esotérica, sino “en reconocimiento a su trabajo acerca de sutura vascular, y trasplante de vasos sanguíneos y de órganos”.

Se refería al  francés Alexis Carrel nacido en Sainte-Foy-lés-Lyon el  28 de junio de 1873 y muerto en París, el 5 de noviembre de 1944, donde ya era muy mal mirado porque había sido para muchos un colaborador de los nazis. Pero allá llegaremos.

Este hombre era hijo de Alexis Carrel Billiard, un fabricante de telas  y de  Anne-Marie Ricard.  Cuando a los 17 años al graduarse en el colegio St. Joseph (Lyon), tuvo que escoger una carrera se decidió por la Facultad de Medicina en la Universidad de Lyon. No tenía ningún médico en su familia. En 1889 obtuvo la Licenciatura en Letras, y en 1890 la de Cirugía. Los dos años siguientes sirvió en el Hospital de la Cruz Roja y en el Hospital Antiguaille. Posteriormente, hizo cinco años de práctica en diferentes centros asistenciales de Lyon.

En 1894, siendo un joven practicante de medicina,  el presidente francés, Marie Fracois Sadi Carnot murió al ser acuchillado  por un anarquista.  Carrel se dio cuenta que faltaba una sutura eficaz para evitar el sangramiento, y parece que se juró resolver ese problema. Dedicó todo su tiempo a la cirugía vascular experimental, se especializó y en 1900, Carrel era doctor en medicina.

Experimentaba con animales, publicó sus trabajos en importantes revistas pero al sustituir a un médico en una peregrinación hacia Lourdes se encontró con Marie Bailly, una joven afectada de peritonitis tuberculosa en último estadío. La moribunda, diagnosticada por el propio Carrel se curó con el agua del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, según dijo la prensa y puso de testigo al médico. Aún no se conoce qué sucedió realmente.

Desde ese momento Carrel, también escritor, comenzó a publicar textos con cierto grado de esoterismo y pronto sus colegas franceses iniciaron un ataque sistemático hacia sus concepciones poco convencionales de la medicina.

El aún joven doctor partió hacia Estados Unidos en mayo de 1904. Hizo una escala en Canadá donde presentó un documento en Montreal sobre la anastomosis vascular para el II Congreso de Medicina de la lengua francesa de América del Norte. Entre los asistentes estaba el Dr. Carl Beck,  reconocido cirujano de Chicago, que quería a Carrell en su ciudad. El galeno francés tenía dos opciones: la Universidad de Illinois con Beck, y otra en el Departamento de Fisiología de la Universidad de Chicago.

 G.N. Stewart, un fisiólogo cardiovascular de renombre,  director de ese Departamento logró convencer a  Carrel, probablemente porque estaba interesado en experiencias como la del cirujano americano Rudolph Matas sobre el tratamiento de aneurismas. Sus trabajos prosiguieron en el Instituto Rockefeller de Nueva York, donde  permaneció hasta 1939 cuando regresó a Europa, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.

En su biografía se afirma que entre 1901 y 1910, Carrel efectuó todas las acciones y desarrolló todas las técnicas conocidas hoy en cirugía vascular con  animales de experimento, ideó un sistema que evitaba unir directamente los bordes vasculares. Logró evitar hemorragias y formación de cóagulos sanguíneos porque con la sutura de los extremos hacia fuera o revertidos, conseguía que en el interior no quedaran hilos sueltos que favorecieran la formación posterior de trombos.

Junto al investigador  Charles Guthrie fue el primero en percatarse que si se usaba una vena para reemplazar un pedazo de arteria, la vena devenía arteria y al revés, lo que facilitó el uso de tales conductos sanguíneos en operaciones cardiovasculares realizadas décadas después con los famosos baypass 

La técnica que inventó Carrel permitía unir vasos sanguíneos de apenas un milímetro. Todo lo que había hecho hasta el momento lo publicó en un artículo en 1910.

El impulso de esos hallazgos lo llevó a los trasplantes valvulares. Entre sus aportes se encuentran los autoinjertos en animales, y trasplantes de orejas, tiroides, riñón y bazo y muy importante consiguió la conservación de los vasos sanguíneos para trasplantar que evitase la espera de un posible donante (para ello utilizó el almacenamiento en frío o cold storage).  Tales avances  aparecen en  “Latent life of arteries”. Journal of Experimental Medicine 12:  p. 460-486 y en “The preservation of tissues and its applications in surgery”. Journal of the American Medical Association 59: p. 523-527.

Si se considera a Christian Neethlinhg Barnard el primer cirujano en lograr el trasplante de corazón, hay que decir que su idea no era nueva: Carrel y Guthrie lo habían hecho en un perro ya en 1905.

Otro aporte de Carrel fue que junto al químico británico Henry Dakin consiguió la solución Carrel-Dakin, suerte de antiséptico, con muy buenos resultados en heridas ocasionadas durante las guerras.

Para más, en 1930, junto con el piloto Charles A. Lindberh, el primer aviador que cruzó el Atlántico, construyó  una bomba de corriente sanguínea o “corazón artificial, o sistema de respiración estéril” con objeto de poder conservar los órganos de los animales de experimentación.

Los textos de Carrel sobre cirugía vascular experimental fueron publicados en las revistas más afamadas: Journal of the American Medical Association (18 artículos), Journal of Experimental Medicine (25 artículos), Science (7 artículos), Surgery, Gynecology and Obstetrics (5 artículos), Annals of Surgery (3 artículos), Transactions of the American Surgical Society (3 artículos), Bulletin of the Johns Hopkins Hospital y British Medical Journal.

Carrel fue honrado con la membrecía de sociedades científicas en los EE.UU., España, Rusia, Suecia, Países Bajos, Bélgica, Francia, la Ciudad del Vaticano, Alemania, Italia y Grecia, y doctorados honoríficos de las Universidades de Belfast, Princeton, California, Nueva York, Brown y Columbia. Recibió la orden de la Legión de Honor de Francia, y la Orden de Leopoldo de Bélgica. Fue “Gran Comandante” en la Orden de la Estrella Polar de Suecia, y el destinatario de otras condecoraciones en España, Serbia, Gran Bretaña y la Santa Sede.

Ahora bien, este hombre tan brillante, cuando regresó a Francia en 1939 aceptó colaborar con el  régimen de Vichy que encabezaba el general Petain, aliado de la Alemania nazi.  A Carrel Se le acusó de negociar con ellos en representación del Instituto para el Estudio de los Problemas Humanos, del que era fundador y que dirigía con mucho celo en aquel momento.

En tanto escritor en el prólogo a su libro La incógnita del hombre afirma “La civilización occidental no se ha encontrado jamás en tan grave peligro como hoy. Incluso si evita el peligro por la guerra, se encamina hacia la degeneración a causa de la esterilidad de los grupos humanos más fuertes y más inteligentes. La jurisdicción de la ciencia se extiende a todo aquello que es observable, lo espiritual, tanto como lo intelectual y fisiológico. El hombre, en su totalidad, puede ser aprendido por el método científico. Pero la ciencia del hombre difiere de todas las otras ciencias.

Debe ser sintética al mismo tiempo que analítica, porque el hombre es a la vez unidad y multiplicidad. Sólo ella es capaz de engendrar una tecnología aplicable a la construcción de la sociedad”, propuesta que le iba de maravillas a Goebels y Hitler.

Este hecho hizo que se le considerara colaboracionista y traidor, tanto que en 1944 cuando él murió algunos de sus colegas aseguraron que era bueno pues así no tendría que sufrir la vergüenza de ser juzgado luego del triunfo aliado.

Otro hecho que cuestiona su largo historial científico  es que sirve de testigo de un milagro en el Santuario de Lourdes en su libro Le voyage à Lourdes, en el que asegura que es posible curarse  por la oración.

Durante 45 años, hasta que fue rescatado por el Frente Nacional, Alexei Carrel fue borrado de la historia médica.  Su nombre fue retirado de las calles de más de 20 ciudades de Francia, con excepción de París.

E l científico Julius H. Comroe señaló “En 1974, antes de iniciar una charla a un grupo de científicos cardiovasculares en su reunión anual, le entregué a cada uno una tarjeta que tenía en la parte superior esta requisitoria: “Sin consultar a nadie, por favor escriba a continuación del nombre de cada persona (mencionada), aquélla que considera fue su mayor contribución a la ciencia biomédica”. Seguían cuatro nombres, uno de los cuales era Alexis Carrel. Cuando las respuestas fueron tabuladas, encontré que sólo 7 de los 111 que retornaron sus tarjetas conocían sus grandes contribuciones a la cirugía vascular, 33 sólo conocían sus últimos trabajos sobre cultivos de órganos, y 71 escribieron después del nombre de Carrel: NOADE -nunca oí acerca de él-.”

Póstumamente, en 1972, la Oficina Postal sueca honró a Alexis Carrel con un sello que fue parte de su serie de sellos postales Nobel;  en 1979, se denominó Carrel a un cráter lunar como un homenaje a sus avances científicos y en  febrero de 2002, la Universidad Médica de Carolina del Sur en Charleston (EE.UU.) estableció el Premio Lindbergh-Carrel, como parte de las celebraciones por el centenario del cumpleaños de Charles Lindbergh, con quien Carrel desarrolló colaboraciones científicas.

La genialidad de Carrel no pudo darse cuenta que colaborar con Vichy era hacerlo con los nazis. Y ante un régimen tan sanguinario no hay vínculo posible si se es un hombre de bien. Lo más seguro es que metido en su ciencia se olvidó de la sociedad.  Como no le encontró explicación al caso de Marie Bailly, acuñó que se trataba de un milagro. No es el único caso de personas brillantes que han profesado ideas equivocadas, algunas verdaderamente dañinas, pero sus aportes científicos no se pueden negar.

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