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Domingo 11 / diciembre / 2011

¿Sabes cuanta sal podés comer?

Filed under: noticias — cardiocirugia — diciembre 11th, 2011 — 20:53

Por Dr. Francisco Javier Martínez Dearreaza

Tres cuartas partes de la sal que se ingiere al día no provienen del salero de su mesa, sino de la que se ha utilizado en la preparación industrial para el procesamiento masivo de los alimentos envasados.

Aproximadamente usted consume un promedio de 3,400 miligramos por día de sal (más o menos una cucharadita y media), cuando en los años 70 el promedio de consumo a nivel mundial andaba por los 2,400 miligramos. Pero lo que en realidad preocupa no es la sal de consumo doméstico, sino la sal que viene utilizada en los restaurantes y en la industria para el procesamiento masivo de los alimentos envasados.

En la antigüedad la sal era una sustancia preciosa. Los soldados romanos recibían su paga en sal, de allí la palabra “salario”. Con la llegada de los avances tecnológicos la extracción de sal se convirtió en un producto muy barato. Con ella, los fabricantes de alimentos desarrollaron el sistema más eficiente del mundo para  la producción masiva de alimentos envasados. Es también, el elemento fundamental en el procesamiento de los enlatados.

En las décadas del ‘70 y ‘80 los médicos comenzaron a hacer sonar la alarma. Había que reducir el consumo de sal porque su uso excesivo aumenta la presión sanguínea. Muchos relacionan también alta presión con riesgo cardíaco, aunque sobre este punto no hay consenso. Pero, a pesar de las advertencias, el consumo promedio per cápita en Estados Unidos continúa en aumento. Tres cuartas partes de la sal que la gente ingiere no provienen del salero de la mesa sino de la que se ha utilizado en la preparación industrial de los alimentos: Productos envasados o procesados como pan, queso, jamón, productos tomatados y lácteos (que también contienen sal), traen un gran concentrado de sal según constató un estudio reciente publicado en el Journal of the American Dietetic Association.

Sazonador por excelencia, pero…

La sal resuelve problemas en productos imperfectos y extiende la vida de los alimentos envasados. Mejora el sabor porque reduce lo amargo y aumenta lo dulce. Es el elemento que impide que el pan se vuelva rancio, o que los vegetales sobre-cocidos se pongan grises o que la carne de las salchichas se separe.

Hoy, en Estados Unidos, se está convirtiendo en tema prioritario de la agenda de la salud. El Center for Science in the Public Interest acaba de radicar una demanda contra la Food and Drug Administration, FDA, alegando inacción gubernamental sobre reducción de sal.

Pretende que la FDA regule el uso de la sal con más energía. La perspectiva de que se renueven los esfuerzos en una campaña anti-sal es uno de los más grandes temores de la industria alimentaria en Estados Unidos.

El exceso es el problema

Se ha comprobado que es mucho más fácil acostumbrar a la gente a más sal, que a menos. Luego de reiteradas advertencias oficiales, varias marcas sacaron líneas completas de alimentos con bajo contenido de sodio.

En la década del ‘90, 14% de los lanzamientos de nuevos productos traían bajo contenido de sal, pero esos productos no gustaron y fueron un fracaso de ventas. Paralelamente, las empresas seguían tratando de encontrar sustitutos de sal que no alteraran el sabor del producto verdadero.

Consumir una cantidad moderada de sal sería más saludable que ingerir muy poco o demasiado sodio, informaron investigadores en un estudio que seguramente volverá a encender el debate sobre los efectos cardíacos de la sal en la dieta.

Los médicos por años han advertido que la ingesta elevada de sal incrementa el riesgo de presión arterial alta y otros problemas cardíacos, aunque estudios recientes han comenzado a cuestionar esa teoría.

Si bien se sabe, que reducir el consumo de sal disminuye la presión, la investigación aún debe demostrar si eso se traduce en una salud cardíaca general mejor en la población. Una amplia revisión de estudios publicada este mes sugirió que reducir el consumo de sal no mejoraría la salud de la población general.

Ingerir o no ingerir sal, ¡He allí el dilema!

En la última zaga del debate, expertos de la McMaster University en Canadá, encontraron que las personas que consumían una cantidad moderada de sal tenían menor riesgo de desarrollar problemas cardíacos, mientras que quienes tenían dietas con alto contenido de sal presentaban más riesgo de ataque cardíaco y otros eventos cardiovasculares, ACV.

Los participantes del estudio que ingerían dietas con alto contenido de sal corrían más riesgo de muerte por cardiopatía y de hospitalización por insuficiencia cardíaca, informó el equipo en Journal of the American Medical Association.

“Nuestros resultados destacan la importancia de reducir la ingesta de sal en los que consumen dietas elevadas en sal, y la necesidad de disminuir el contenido de sodio en los alimentos manufacturados que tienen mucha sal”.

“No obstante, para aquellos con ingesta moderada (o promedio), aún es una interrogante abierto si una mayor reducción de sal en la dieta será beneficiosa”.

Un nuevo estudio reveló que por cada gramo de sal menos en la dieta diaria se podrían producir 250,000 nuevos casos menos de enfermedad cardiaca y se evitarían más de 200,000 muertes en una década, según el estudio de la Universidad de California en San Francisco.

La investigación se ha hecho pública durante la reunión anual sobre Epidemiología y Prevención de la Enfermedad Cardiovascular de la Asociación Americana del Corazón que se celebra en Florida.

Según los investigadores, una reducción de tres gramos diarios en el consumo de sal, daría lugar a un 6% menos de nuevos casos de enfermedad cardiaca, un 8% menos de infartos de miocardio y un 3% en menor número de muertes.

Para estimar los beneficios de reducir el consumo de sal, los investigadores utilizaron una simulación informática sobre la enfermedad cardiaca en la población adulta de los Estados Unidos.

El modelo puede utilizarse para evaluar el impacto de los cambios en las políticas sanitarias y ha sido utilizado para proyectar el futuro de la enfermedad cardiaca en los Estados Unidos dada la tasa de obesidad infantil.

Los investigadores utilizaron el modelo para estimar el impacto de una reducción inmediata del consumo de sal en gramos sobre la incidencia de la enfermedad cardiovascular entre 2010 y 2020.

El modelo sugiere que se podrían salvar más de 800,000 vidas por cada gramo de sal que se redujera. Las reducciones más amplias tendrían mayores beneficios, así, seis gramos menos daría lugar a 1,4 millones menos de casos de enfermedad cardiaca y 1,1 millón menos de muertes.

Otro estudio afirma que las personas con insuficiencia cardíaca, y que tienen una dieta rica en sal, son más propensas a ser hospitalizadas.

“Un alto consumo de sal es especialmente peligroso para esos pacientes, aun para aquellos que evolucionan bien y cumplen el tratamiento”, dijo el autor, doctor Gary E. Newton, del Hospital Mount Sinai, en Ontario.

Los participantes del estudio que consumían unos 3,8 gramos de sodio por día (unas dos cucharadas de té de sal), el doble de lo que recomienda la Asociación Estadounidense del Corazón para la población sana, tuvieron dos veces más riesgo de ser hospitalizados por insuficiencia cardíaca en tres años que los participantes que ingerían menos alimentos.

La Asociación Estadounidense del Corazón, recomienda que las personas sanas ingieran menos de 1,5 gramos de sodio por día. Pero, en promedio, los estadounidenses consumen casi 3,5 gramos diarios.

El sodio es peligroso para los pacientes con insuficiencia cardíaca porque causa retención de líquidos, que se acumulan en los pulmones, el abdomen y los tobillos.

Fuente: http://www.elnuevodiario.com.ni

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Domingo 11 / diciembre / 2011

La anticoagulación de «puenteo» puede no ser necesaria en la gran mayoría de los pacientes

Filed under: noticias — cardiocirugia — diciembre 11th, 2011 — 20:51

Por Lisa Nainggolan

Orlando, FL. Un estudio financiado por National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI) sobre el tema de «puenteo» en los pacientes con anticoagulación a largo plazo que deben someterse a procedimientos invasivos proporcionará información en torno a muchas interrogantes no resueltas con respecto a este tema debatido, dice un experto en el campo.

En una conferencia ante un auditorio multitudinario en las Sesiones Científicas de la American Heart Association 2011 esta mañana, la cual fue transmitida por televisión para quienes no alcanzaron a entrar, el Dr. Samuel Z Goldhaber (Brigham and Women’s Hospital, Boston, MA) hizo una rápida encuesta entre el auditorio y descubrió que 90% habían aplicado el «puenteo» a los pacientes. Observó: «Sin embargo, no se cuenta con datos suficientes. No se dispone de estudios clínicos aleatorizados que confirmen que el puenteo es el camino a seguir».

De hecho, dijo, el puenteo «crea toda clase de errores en la comunicación y pesadillas logísticas, y es difícil lograr que todos se coordinen». Hizo notar que pese a la creencia de que es necesario el puenteo -sin ninguna prueba científica que lo respalde- hay algunos datos indicativos de que es innecesario en la mayoría de los pacientes y que el puenteo sistemático puede hacer más daño que bien. De hecho, señaló, uno de los pocos estudios publicados en los que se ha analizado esta cuestión demostró que la tromboembolia (TE) es infrecuente en pacientes con riesgo bajo o intermedio que interrumpen la warfarina por cinco días o menos [1].

Y, lejos de ser benigno, el puenteo conlleva complicaciones hemorrágicas frecuentes y éstas pueden ser causa de dolor en la incisión, más días de hospitalización y predisponen a los pacientes a infecciones, advirtió Goldhaber

¿En quienes no aplicar el puenteo? En pacientes odontológicos, con cataratas o en los que se va a realizar colonoscopia.

Traduciendo a los asistentes alguna de la terminología utilizada, explicó que «iniciar el puenteo» significa suspender la warfarina antes de la operación o procedimiento y sustituirla con otra forma de anticoagulación; «suspender el puenteo» se refiere al periodo postoperatorio; «puenteo completo» significa el empleo de anticoagulantes de intensidad completa, como la heparina no fracciona IV, y «puenteo profiláctico» indica una baja dosis preventiva de fármacos como la heparina de bajo peso molecular.

Goldhaber dijo que el estudio del NHLBI debiera proporcionar más respuestas pero lamentablemente no se comunicarán sus resultados hasta 2015 «y de aquí a entonces tenemos que utilizar el puenteo».

Hizo algunas recomendaciones con respecto a los pacientes que considera que definitivamente no precisan puenteo: las personas que se someten a limpieza dental y extracción simple de piezas dentarias, una recomendación que es respaldada en las últimas directrices de la American Dental Association, hizo notar. Y quienes se someten a operaciones de cataratas «simplemente no necesitan interrumpir su warfarina», observó, añadiendo que «la mayoría de los cirujanos oftálmicos están de acuerdo con esto».

Por último, hizo notar, los pacientes en quienes es necesaria una colonoscopia tampoco necesitan puenteo, señalando que «hay una nueva generación de endoscopistas, por lo general los que tienen menos de 45 años de edad, que por lo general están dispuestos a resecar los pólipos con asa cuando los pacientes están recibiendo warfarina en dosis completa».

Señaló que también es importante que las directrices de ACC/AHA de 2006 para el manejo terapéutico de los pacientes con valvulopatía cardiaca recomiendan no aplicar el puenteo en pacientes con válvulas aórticas mecánicas que no tienen otros factores de riesgo [2].

Por el contrario, observó, en los que tienen «un alto riesgo» definitivamente se debiera utilizar el puenteo, citando entre estos pacientes a los que tienen múltiples prótesis valvulares o valvulopatía mitral «avanzada» y los que presentan fibrilación auricular con una calificación en CHADS de 3 o más. En estas personas, hizo notar Goldhaber, es importante no olvidar la opción de la heparina no fraccionada intravenosa que se administra en el hospital.

Se está realizando el estudio del NHLB, pero ¿volverán innecesario el puenteo los fármacos más nuevos?

El estudio del NHLBI hasta el momento ha incorporado 686 de unos 3.600 pacientes con FA planeados que precisan interrupción temporal de la warfarina; su objetivo es comparar la eficacia de la anticoagulación de puenteo (con una dosis terapéutica de dalteparina de bajo peso molecular, 100 UI/por vía subcutánea dos veces al día) con ningún puenteo (placebo) sobre la frecuencia de episodios tromboembólicos arteriales (ETA) y de hemorragia importante.

Las hipótesis del estudio consisten en que suspender la warfarina durante cinco días antes de la intervención quirúrgica y reiniciarla después resultará no inferior a una estrategia de puenteo en cuanto a la variable de ETA a los 30 días y que este enfoque será superior a la estrategia de puenteo por lo que respecta a la variable de hemorragia importante a los 30 días.

Desde luego, termina diciendo Goldhaber, el empleo de anticoagulantes nuevos en última instancia volverá innecesario el puenteo; sin embargo, observó que hay «instrucciones sobre el puenteo con dabigatrán [Pradaxa®, Boehringer Ingelheim]» en la información para prescribir el nuevo fármaco.

Dependiendo de la función renal, se ha de suspender dabigatrán entre uno y cinco días antes del procedimiento, aunque se han de tomar en cuenta periodos más prolongados en quienes se someten a operaciones mayores, punción raquídea o inserción de un catéter epidural. Hizo notar que el riesgo de hemorragia en estos pacientes se puede valorar mediante el tiempo de coagulación con ecarina (TCE) o el tiempo de tromboplastina parcial activado (aPTT). 

Referencias

   1. Garcia DA, Regan S, Henault LE, et al. Risk of thromboembolism with short-term interruption of warfarin therapy. Arch Intern Med 2008; 168:63-69.

   2. Bonow RO, Carabello BA, Chatterjee K, et al. ACC/AHA 2006 guidelines for the management of patients with valvular heart disease: A report of the American College of Cardiology/American Heart Association Task Force on Practice Guidelines. Circulation 2006; 114:e84-e231.

Fuente: http://www.theheart.org/article/1323663.do

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