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Miércoles 17 / agosto / 2011

Profesor Eugene Braunwald

Filed under: Historia y celebridades — cardiocirugia — agosto 17th, 2011 — 23:32

braunwald“No se puede pretender la inmortalidad”

Lo dice el padre de la cardiología moderna que junto a otros especialistas ha logrado alargar la vida de los cardiópatas.

Por Paquita Armas Fonseca

 

Si los progenitores del pequeño Eugene Braunwald no hubieran salido huyendo de Viena ante la amenaza de Adolfo Hitler, quizás el cardiólogo más reconocido del planeta hubiera terminado en una cámara de gas. Pero, sus padres estaban conscientes de que el nazismo sería un enemigo jurado de los judíos y por eso fueron a dar a Nueva York.

 

En la ciudad de más rascacielos que nubes, Eugene terminó sus estudios de secundaria. Tuvo que trabajar duro y echó de menos como se divertían otros muchachos de su edad. Esa aciaga circunstancia lo llevó a los conciertos de música clásica de Arturo Toscanini, su músico favorito, convirtiéndose el entretenimiento en virtual pasión, porque la ópera fue la primera amante de Eugene. Estando aún en el instituto obtuvo un asiento en primera fila a fin de presenciar uno de los conciertos para radio de la orquesta sinfónica de la NBC, comandada por el ya reconocido director italiano. Se dice que desde entonces, arreglándoselas de distintas formas, asistió a cerca de un centenar de los conciertos dirigidos por Toscanini. Tanto amaba ese género musical que siendo estudiante de medicina participó como extra en la obra Aída interpretada por la Ópera Metropolitana.

 

Pero, junto a la veneración de esa amante el joven Braunwald, el último alumno en ser admitido en la Facultad de Medicina de Nueva York, se convertiría en el primero de su promoción. Así de fuerte trabajó aquel seguidor de la ópera. En esa facultad recibió clases de dos premios Nobel, el fisiólogo y farmacólogo de origen alemán Otto Loewi y el bioquímico español Severo Ochoa. A muchos de sus profesores Braunwald impresionó, como al Dr Dean Saul J. Farber, con quien el joven empleaba su tiempo libre en realizar investigaciones de laboratorio. Farber afirmó: “Quería identificar problemas importantes, y yo sabía que su curiosidad e imaginación le llevarían lejos”.

 

A la docencia y la atención clínica dedicó una buena parte de su tiempo, pero fue la investigación otra de sus amantes. A ella consagró según sus palabras el 70 por ciento de su trabajo.

 

Considerado el padre de la cardiología moderna, el Dr Braunwald es profesor emérito de la Universidad de Harvard y el primer cardiólogo en integrar la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Esos son algunos de sus reconocimientos porque fue nombrado el científico destacado del American College of Cardiology, obtuvo el Premio por Logros en Investigación y el Premio Herricks de la American Heart Association, así como la medalla de oro de la Sociedad Europea y 16 títulos honorarios de universidades destacadas del mundo. Entre estos reconocimientos se encuentra el premio Honoris Causa de la Universidad de Córdoba, Argentina que recibió en mayo último. Ha publicado más de 1.400 trabajos científicos de la especialidad.

 

La Universidad de Harvard, de cuya Facultad de Medicina fue profesor distinguido, creó en 1996 el galardón Eugene Braunwald Professorship de Medicina, una mención que se otorga con carácter anual. Por su parte, la Asociación Estadounidense de Cardiología inició en 1999 la entrega del premio Eugene Braunwald Academic Mentorship, para reconocer a jóvenes promesas en el ámbito de la investigación coronaria.

 

Y aunque le dedica casi todas las horas de sus días a este trabajo, también se toma su tiempo para disfrutar de la música y su familia. “Tengo tres hijas que me dieron siete nietos. Disfruto mucho de ellos y también de la música, otra de mis grandes pasiones”.

 

Asediado por los periodistas y los cardiólogos, sus libros especialmente Tratado de cardiología publicado en 1975 y renovado periódicamente, son fuentes de consultas en cualquier lugar donde la cardiología sea una especialidad de estudio.

 

Para el Dr Braunwald la prevención es lo más importante y por tal motivo libra una tenaz batalla contra el tabaquismo y la obesidad. Incluso llegó a decir que “son la mejor combinación para matar gente en el mundo (…) Hoy no se puede fumar en los aeropuertos, ni en muchos restaurantes, ni en los aviones, incluso desde hace poco tiempo tampoco se puede fumar en el Central Park. Todo eso es fantástico, pero la gente sí puede fumar en su casa y de esa forma convierte a sus hijos en fumadores pasivos. Entonces hay que trabajar en la educación de esos chicos y en la toma de conciencia de sus padres”, afirmó, y destacó que son las mujeres, a partir de los 15 años, las que más adicción al tabaco presentan.

 

Al preguntarle sobre cuáles son los desafíos de la cardiología, recientemente afirmó: “Nuestro primer desafío, es decir el principal problema que debemos resolver, es la insuficiencia cardíaca (…) No importa cuál sea la situación, es importante tener en cuenta que en algún momento el corazón falla. Lo que hemos logrado hasta ahora es retrasar la presentación clínica de la insuficiencia cardíaca”.

 

Acerca del segundo desafío, mencionó a las arritmias cardíacas. “Necesitamos tener una medicación que sea bien tolerada y económicamente barata. Todavía no la tenemos y debemos hacer mucha investigación sobre esta línea”. Mientras el tercero, en el que está más interesado, tiene que ver con las estatinas, las drogas que utilizan muchos enfermos coronarios con colesterol elevado. Remarcó que “Todos las conocemos y las valoramos porque prolongan la vida, pero tienen efectos residuales. Necesitamos drogas tan fuertes y tan importantes que resuelvan esos riesgos. Estamos investigando esto”.

 

Los primeros estudios del Dr Braunwald pusieron sobre el tapete el papel de los desequilibrios hormonales en el cerebro en relación con la deficiencia cardíaca. Fue el año 1971 el que marcó un hallazgo que revolucionaría a la cardiología cuando descubrió que los ataques al corazón eran el resultado de un deterioro progresivo.

 

Ha realizado múltiples investigaciones que determinaran en una menor morbilidad por los problemas cardiovasculares. El uso del captopril fue un descubrimiento en su momento, por ejemplo. Sus ensayos demostraron que el fármaco reducía el 25 por ciento de padecer un infarto.

 

Tiempo atrás, en Barcelona le realizaron preguntas interesantes

 

“-Llevamos treinta años diciendo que el corazón es una de las principales causas de muerte. ¿Es que no hemos avanzado?

 

-Aunque no lo parezca, sí, tremendamente. Antes las personas morían del corazón a los 45 años y ahora lo hacen a los 85 años. En Europa occidental y Estados Unidos, entre 1960 y 2000 ha descendido un 60 por ciento el número de muertes por cardiopatía. La gente vive más y muere más tarde.

 

-¿En qué fallamos?

 

-En los estilos de vida. Hay mucha obesidad, que causa diabetes e hipertensión, dos factores de riesgo. Necesitamos cambiar los hábitos de la gente. Hay demasiados niños obesos, y un menor obeso en el futuro es un adulto obeso que tendrá infarto, seguramente. Otra costumbre que ataca la salud del corazón es el tabaco.

 

-¿Cree que hay poca prevención primaria?

 

-Desde luego. Se debería organizar una campaña de “screening” en los centros comerciales y las tiendas. Se tomaría la tensión a cada persona y se daría un volante para el médico a quien se le detectara hipertensión, por ejemplo. ¿Sabe que en Estados Unidos sólo una de cada ocho personas hipertensas recibe hoy el tratamiento adecuado? Cuatro de ellas ni siquiera saben que lo son. La prevención secundaria, la que se hace entre enfermos que han sufrido alguna cardiopatía, es importante, pero en Estados Unidos decimos que es como cerrar la cuadra cuando el caballo ya se te ha escapado. Hay que llegar antes.

 

-Algunos científicos creen que el corazón podrá algún día repararse a si mismo, movilizando sus propias células madre. Otros ya están inyectando células madre extraídas de otros tejidos. ¿Cuál es su opinión?

 

-Es demasiado pronto para hablar de ello.

 

-Usted sigue de cerca cualquier avance en Cardiología, pero insiste en el papel humano del médico. ¿Cree que es fundamental para un buen diagnóstico o hay que hacer más caso a las pruebas complementarias?

 

-La relación del médico con el paciente es esencial. Hay que hablar y tocar a la persona. Los pacientes tienen miedo y hay que darles tiempo para que hagan las preguntas que quieran. Cuando era estudiante, me enseñaron a entrar en la habitación del enfermo y ¡sentarme! Sigo pensando que es la mejor manera de ejercer la profesión. El tiempo es importante, sin duda, incluso cuando hablamos de medicina efectuada con alta tecnología. Y les daría un consejo más a todos los cardiólogos del mundo: enseñen a las esposas, que son las que cuidan del enfermo del corazón. Hay que informarles bien.

 

-Usted ha dicho que el futuro de la cardiología pasa por la genética. ¿Qué nos aportará?

 

-El mapa genético nos ayudará a prevenir las enfermedades del corazón desde el útero. Podremos saber, por ejemplo, si alguien es hipertenso antes de que la enfermedad se le manifieste a los 40 años y así ya se le podrá indicar a esta persona que adquiera hábitos como reducir la sal. Por otra parte, ya en 2010 podremos aplicar cada medicamento al paciente que realmente convenga y distinguir grupos específicos de población. Ahorraremos dinero.

-¿Lograremos frenar la muerte por cardiopatía?

 

-No. En el futuro seguirá siendo igual de abundante, aunque sí extenderemos la vida de la gente. No se puede pretender la inmortalidad.”


 

Para los especialistas cubanos, este científico es también una suerte de biblia. A mí pregunta ¿Qué significó para Usted conocer y estudiar las investigaciones realizadas durante más de 50 años por el Dr Braunwald?, obtuve las siguientes respuestas:

 

“Creo que muy pocos de las últimas 20 o 30 generaciones de cardiólogos no han tenido en los textos, investigaciones y definiciones del Prof. E. Braunwald, su libro de consultas principal en sus residencias y en su quehacer cotidiano en el ámbito cardiológico. Es sin dudas para muchos el padre de la cardiología por el mérito de haber logrado revolucionar en primer lugar muchos conceptos en la cardiología por ejemplo en los síndromes coronario agudo, la disfunción diastólica, la viabilidad miocardica en fin, todos avalados por numerosas investigaciones clínicas. En segundo lugar mantener una actualización constante de esa biblia de la Cardiología que es el libro de texto del cual es editor principal, en el cual se aúnan los capítulos escritos por las principales personalidades de la cardiología en sus disímiles áreas. Considero que es el autor de referencia en el mundo Cardiológico”. (Dr.Juan Valiente Mustelier, Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular. La Habana)

 

“Sobre Braunwald te diré que sus textos son the best so far in cardiology desde 1981 en que existía como texto paralelo el de Hurst. Su éxito radica en que supo aglutinar con su liderazgo e influencia a personalidades en aquel momento en desarrollo, con un trabajo editorial por su mano muy exitoso para brindar una coherencia en la comunicación increíble hacia el profesional y educando. Eso garantizaba una presentación del conocimiento sin precedentes. En lo personal tuve el privilegio de verlo en dos ocasiones con sus respectivas lecturas una en Estocolmo 1997 y otra en España y te diría que lo que más me impresiono fue su modestia, su capacidad de decir las grandes cosas en un lenguaje muy directo y asequible, y ser un hombre muy afable con todo el mundo.” (Dr. Juan Prohías Martínez, Hospital Hermanos Ameijeiras. La Habana)

 

“Ya desde antes de escribir su libro, Braunwald se hizo conocer cuando, junto a Edmund Sonnenblik, describieron de un nuevo modo, la mecánica cardiaca. Y eso fue en los años sesenta y pico… De ahí salió entre otros el concepto del Dp/Dt, tan útil y usado cada día. Y bueno, también incursionó de modo exitoso en otros aspectos de la especialidad. Al salir su libro, pues se convirtió en un Best Seller de la cardiología por el renombre que ya él tenía. Por supuesto que yo lo he leído, aunque no totalmente, pues en mi época el libro texto básico de cardiología era otro (el de Willis Hurst) y el suyo salió mucho después. Pero el de Braunwald rápidamente se convirtió en el texto básico en todas partes. Y ese éxito fue gracias a su nivel de actualización, a su nuevo formato, y al prestigio que el le imprimía. Claro, también al Editorial Board de que se acompañó, muchos de los cuales eran como él, figuras claves del desarrollo de la cardiología. En fin, que se trata de un científico que ha dedicado con mucho éxito su vida a la especialidad y ha dejado su impronta para la posteridad.” (Dr. Juan R. Cabrera Cabrera, Hospital Abel Santamaría. Pinar del Rio)

 

Para nosotros haber estudiado a lo largo de nuestra carrera como Cardiólogo y luego durante toda nuestra trayectoria hasta llegar a tener una categoría Docente como Profesor Consultante, ha representado un texto en extremo valioso por toda la enseñanza que él encierra cuando aborda no sólo los aspectos clínicos sino también los anatómicos fisiopatológicos y de tratamiento de forma amena e integral . Es por así decirlo el texto que nuestros estudiantes buscan para enriquecer sus conocimientos , que mantiene vigencia a pesar del tiempo y que en cada edición siempre se encuentran nuevas enseñanzas. (Dra. Elba Garzón, Hospital Hermanos Ameijeiras. La Habana)

 

“Yo era recién graduada como especialista en Medicina General Integral y no conocía la obra del Prof. Eugene Braunwald, pero al comenzar a estudiar la especialidad de Cardiología su nombre devino algo muy cotidiano para mí y para todos mis compañeros de curso. Su texto Tratado de Cardiología rápidamente se convirtió en el libro de consulta obligado de nuestra formación, así como lo fue también para el propio Braunwald en su tiempo, según dice, el libro del Prof. Charles K. Friedberg. El Dr. Braunwald es el editor principal y asesor de un importante libro que reúne la experiencia de un grupo de especialistas de reconocido prestigio mundial en el campo de las enfermedades cardiovasculares, y que ha permitido y permite a las nuevas generaciones de Cardiólogos mantenerse actualizados en el diagnóstico y tratamiento de estas dolencias. El estudio de su obra, no solo es fundamental para el desempeño de nuestra especialidad, sino que le es de gran utilidad a profesionales de otras ramas de las ciencias médicas como medicina interna, pediatría, medicina intensiva y cirugía cardiovascular. Para mi constituye un privilegio poder contar con uno de los textos más completos sobre el corazón dirigido por un hombre que ha dedicado su vida y obra a la docencia y la investigación cardiovascular. (Dra. Lisbeth González González, Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular)

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Miércoles 17 / agosto / 2011

Profesor Alberto Hernández Cañero

Filed under: Historia y celebridades — cardiocirugia — agosto 17th, 2011 — 22:23

canerook2Padre de la Cardiología en Cuba

Por Paquita Armas Fonseca

No todos los seres humanos tienen la suerte de llegar a más de 90 años con la lucidez necesaria para saber que el tiempo pesa. Ese es el caso del Dr.Alberto Hernández Cañero, director fundador del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular (ICCCV), Profesor Titular (consultante) del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, Investigador Titular, Doctor en Ciencias y Miembro Titular de la Academia de Ciencias.

Mereció por sus indiscutibles méritos la Orden Finlay; la medalla 250 Aniversario de la Universidad de La Habana; la medalla Distinción por la Educación Cubana; medalla Comandante Fajardo; Servicios Distinguidos de las FAR; 30 años del Ministerio del Interior; Cardiólogo Distinguido; medalla y diploma de la Sociedad de Cardiología Centroamericana y del Caribe y ha impartido conferencias o presentaciones de trabajos en más de 20 ciudades de países extranjeros.

Reconocido por sus investigaciones, el Dr.Hernández Cañero, o Cañero como le llaman sus pacientes, ha podido ver y protagonizar el avance de la Cardiología y la Cirugía Cardiovascular en el hospital que fundó en 1966.

Gracias a su empeño y empuje se aplicaron en la mayor de las Antillas las más modernas técnicas dirigidas al tratamiento del corazón. Lejos de frenar a los jóvenes los estimuló, de tal suerte que hoy reconocidos profesionales lo llaman el padre de la Cardiología en Cuba.

En un área remodelada de la reconocida institución médica tiene su oficina a la que asiste varias veces en la semana a escribir, ver pacientes o asesorar a los que le han seguido sus pasos.

Aún mantiene su optimismo por el mejoramiento humano porque sigue creyendo en los principios de humanidad que le hicieron quedarse en Cuba en 1959, cuando muchos de sus colegas abandonaron a su país.


-Generalmente durante la niñez y la adolescencia se perfilan los gustos de lo que será una profesión en el adulto ¿Es Usted la norma o la excepción? ¿Qué hacía o le gustaba hacer de niño?

-Mi infancia que yo recuerde, no tuvo otra relación con la medicina que las visitas que yo le hice a su consulta, o las de él a mi casa, del Dr. Ernesto Velarde, un médico de mi pueblo natal San Cristóbal en Pinar del Río, que me trató las enfermedades de la infancia. En ese pueblo cursé la enseñanza primaria, monté a caballo, jugué a las bolas, a los trompos, a la quimbumbia y al base ball, como receptor, donde no fui nada bueno. A los 11 años mis padres me enviaron a la Habana donde vivían mi abuela y tíos maternos para que me preparara para el ingreso en los estudios de bachillerato. Ya en la adolescencia tuve inclinaciones a distintas profesiones, primero quise estudiar abogacía, por la influencia del mayor de mis tíos, un emigrado español, obrero, que trabajaba en una fábrica de bloques de cemento, cuya ideología era la de un comunista utópico, que soñaba con una sociedad sin clases, y sin la existencia de un estado represivo. Por ello tempranamente comencé a interesarme por los problemas sociales, de ahí la profesión de abogado, como el mejor medio para defender mis ideales, hasta trabajé en una notaría. En 1933, después de la caída de la dictadura de Machado, me puse muy contento al conocer, a finales de ese año, la creación de soviets de obreros y campesinos en 10 centrales azucareros, pero se mantuvo poco la alegría pues su duración fue fugaz. La huelga de marzo de 1935 reprimida por Mendieta, Batista, Pedraza y sus sicarios, marcó el camino hacia la profesión de médico, pues mi padre que era secretario de la Junta de Educación de mi pueblo San Cristóbal, fue acusado de guiterista y dejado cesante. Por ello vino para la Habana con mi madre y mi hermana y me fui a vivir con ellos. Mi padre había abandonado la carrera de Farmacia, faltándole solo dos años, cuando se casó con mi madre. Comenzó a estudiar de nuevo y se graduó de Doctor en Farmacia en 1937. Regenteó y trabajó durante año y medio en una botica llamada La Nacional situada en Belascoaín entre San Rafael y San Miguel, donde yo lo ayudaba a despachar, a inyectar clientes y hasta recomendar medicinas, cosas que se hacían frecuentemente en estos establecimientos. En 1938 adquiere, a pagar en cierto número de plazos, una de estas boticas y es ahí que decido matricular la carrera de Doctor en Medicina, sin abandonar mis ideales, ya que esta carrera es un verdadero sacerdocio que puedes ejercer y hacer el bien en cualquier parte sin contradicciones.


- ¿Por qué cardiólogo?

El por qué de esta especialidad puede haber sido un hecho casual. Cuando comencé la carrera, como cualquier otro estudiante de medicina, busqué donde practicar y se me ofreció la consulta de cardiología del Hospital Nuestra Señora de las Mercedes, cuyo jefe era el Dr. Juan Govea Peña, cardiólogo graduado en Francia, famoso en esos años, que tuvo la distinción de brindarme su consulta privada como medio de enseñanza. Con él aprendí a auscultar y a interpretar el lenguaje del corazón, que emitía un ruido de galope cuando estaba enfermo y cansado, o un ruido de soplo si sus válvulas estaban estrechadas, insuficientes o malformadas y se quejaba cuando una arteria coronaria se estrechaba. Tenía para diagnosticar la ayuda del electrocardiograma, la radiología y la angiocardiografía. Tuvo la cardiología un desarrollo impetuoso tanto en sus medios de diagnóstico como la ecocardiografía, la electrofisiología, los estudios hemodinámicos y la coronariografía, así como en los terapéuticos, medicamentosos, la estimulación cardíaca, y otros métodos invasivos como la angioplastia y la cirugía cardiovascular con las que se mejora la calidad o se salvan vidas. Por eso continué como cardiólogo en la Sala Yarini, Cátedra de Clínica Médica No. 8 con otro de mis maestros, el Profesor Rogelio Lavín Padrón.

- ¿Qué significó el triunfo de la Revolución para Usted?

-Para mí fue un renacer dado mis ideales. Miembro del Partido Socialista Popular, seguía la guerra emprendida por Fidel desde la Sierra Maestra a través de la audición de Radio Rebelde, con un radio Punto Azul de onda corta y larga reliquia que aún conservo. Mi amigo, el Comandante Dr. Sergio del Valle Jiménez, me enviaba emisarios, yo ayudaba con lo que podía, me integré de nuevo a la docencia en 1960 y así nos incorporamos a esta Gran Revolución.

-¿Cómo se creó oficialmente la especialidad de cardiología en 1962?

-Igual que en otras especialidades, fue un anhelo de los médicos cubanos, la creación oficial de las mismas para mejorar la salud del pueblo y evitar la charlatanería. En el caso de la cardiología, se había creado en 1937 la Sociedad Cubana de esta especialidad, que estuvo a la vanguardia de esta lucha, pero la oficialización de las especialidades no pudo llevarse a cabo durante la República Burguesa. Con el triunfo de la Revolución tiene lugar una lucha ideológica y entre los años 1959 y 1964, de los 6215 médicos que había en Cuba, emigra cerca del treinta por ciento. Sus causas fueron diversas: unos por haber participado en los desmanes del batistato, fugitivos de la ley, algunos porque habían amasado grandes fortunas en negocios no relacionados con el ejercicio médico, otros siguiendo a sus clientes ricos y los más, confundidos por la propaganda mediática de mentiras y anticomunista. Esto ocasionó que en los tres primeros años de la Revolución, la prioridad estuvo en la formación de médicos generales para cubrir las necesidades médicas primarias de la población. Consideradas éstas cubiertas, en 1962 se emite por el Ministro de Salud Pública, Dr.José Ramón Machado Ventura, el 6 de agosto, el decreto ministerial 13, que crea la Comisión de docencia del interno y del postgrado, que después de estudiar este problema, establece y publica los programas para el internado y residencia de 10 especialidades clínicas, 10 quirúrgicas y tres diagnósticas, para la obtención del grado primero de la especialidad.

- ¿Cuánto tuvo de Hernández Cañero “la primera piedra” del ICCCV que se creó en 1966?

-Antes de la creación del ICCCV en 1966, ya habíamos estado seis años “poniendo piedras” y fue el trabajo realizado durante este tiempo, el que permitió que nuestro grupo de cardiólogos y cirujanos y su servicio en el Hospital Comandante Fajardo, fuera escogido como asiento del ICCCV. Inicialmente solo fue un cambio de nombre.

-¿De dónde sacaron los cardiólogos y los cirujanos?

-Empezamos con un grupo de 10 médicos de los cuales solo yo era realmente cardiólogo, miembro de la Sociedad Cubana de Cardiología (SCC), fui cardiólogo de la Maternidad América Arias, de la Sala Yarini del Hospital General Calixto García y de la Fundación Agustín Castellanos. Los demás se formaron en la marcha y en cuanto a los cirujanos, los primeros, Doctores Noel González, Julio Taín, Felipe Rodiles, Manuel Jacas, José Arango Casado, eran cirujanos generales que también se formaron y adquirieron destreza en su práctica diaria.

- En lo personal tiene Usted decenas de textos publicados y ahora, tengo entendido, escribe las memorias de esa institución que es su segunda casa. ¿Por qué no les adelanta a los lectores una o dos anécdotas de las que Usted narra?

-Como en los 45 años de existencia del ICCC, las anécdotas de hechos vividos fueron muchas, solo voy a referirme a dos: la primera tuvo lugar a finales del año 1968 en que el Dr.Noel González Jiménez, jefe de la sección de Cirugía Cardiovascular del ICCCV, estando éste aún en el Fajardo, propuso al MINSAP, la creación de un Centro de Cirugía Cardiovascular y trasplante de órganos que asentaría en la llamada Clínica Antonetti. Esta fue una clínica mutualista que ya había sido intervenida por el MINSAP y que con otras instituciones de este tipo pertenecían al estado cubano. Yo me opuse a este proyecto en un informe, pues consideraba que ya en esos momentos, la cardiología clínica sola, sin la cirugía cardiovascular no tenía razón de ser. Lo cierto fue que el MINSAP no aprobó el proyecto, pues no lo consideró viable, pero cedió la clínica Antonetti para el ICCCV. Años más tarde, en 1985, ya trabajando como director del Cardiocentro del Hospital Ameijeiras, Noel González realizó el primer trasplante cardiaco exitoso en Cuba, demostrando su capacidad organizativa, destreza y tenacidad. También se hizo evidente, que para obtener éxito en la trasplantología, era necesario su realización en un Hospital general como Ameijeiras, que estuviera dotado de otros servicios de apoyo como el de inmunología, neurología, nefrología y otros laboratorios especializados.

Otra de las anécdotas que narro comenzó el 21 de julio de 1969, cuando la sección de cardiología clínica todavía estaba en el Hospital Fajardo. Recibo en mi oficina una llamaba telefónica de Celia Sánchez Manduley pidiéndome que fuera urgente a la casa del Comandante Dr. René Vallejo Ortiz, ayudante del Comandante en jefe Fidel Castro, que tenía una crisis hipertensiva y vivía en el Reparto Nuevo Vedado. Llegué en minutos, encuentro a Vallejo tirado en la cama, sudoroso, vestido aún con parte del uniforme militar, quejándose de intensa cefalea. Le tomé la presión arterial y tenía más de 230 de máxima y aún no le ha había quitado el manguito del esfigmomanómetro, Vallejo cayó en coma. El Dr.Oscar Suárez Savio cirujano que lo acompañaba, le hizo de inmediato una traqueotomía y acudieron a las llamadas de Celia, Suárez Savio y mía otros médicos a colaborar en su tratamiento, entre los que recuerdo a Rafael Estrada, director del Instituto de Neurología, Raúl Dorticós Torrado, jefe del equipo médico de Fidel, Abelardo Buch Director del Instituto de Nefrología, Hilario Cortina y Gilberto Gil Ramos del ICCCV. Se instaló en casa de Vallejo una unidad de cuidados intensivos completa y a ella asistía diariamente el Comandante en Jefe, al que se le explicó y él observó por primera vez, en qué consistían estos cuidados. Fue precisamente el Comandante en jefe quien los promovió a toda Cuba mediante una atención directa por el grupo de apoyo del Consejo de Estado. El corazón del Comandante Vallejo dejó de latir el 13 de agosto de 1969.

- ¿Qué se siente al llegar a los 90 años, lúcido, vital escribiendo y atendiendo pacientes?

-Exageran mis amigos y ex alumnos, no todo lo que reluce es oro, la vejez es implacable, se olvidan momentáneamente los nombres, disminuye la agudeza visual y auditiva y en general la cognición, se gastan las articulaciones y enlenteces. Pero yo no puedo quejarme, pues el haber sobrevivido 15 años sobre la esperanza de vida en Cuba, me permitió disfrutar este tiempo de toda mi familia y desde hace un año a Camila mi biznieta, de la reciente remodelación y ampliación del Instituto, así como asistir a la implementación de los cambios en nuestra política económica, a la decadencia del sistema capitalista mundial y a los avances en la integración de los pueblos sur americanos y caribeños. También he tomado un pequeño espacio, de esos años, para atender pacientes, para escribir sobre los 70 años de la Historia de la Sociedad Cubana de Cardiología y de sus Congresos, los 45 años del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular y tengo otros proyectos para los cuales, no sé si el tiempo que me queda alcanzará.

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