Profesor Valentín Fuster

Posted at — cardiocirugia — junio 26th, 2011 — 12:57 under Historia y celebridades,tecnología

fotonoticia_200909031100321Un cerebro tras del corazón

Por Paquita Armas Fonseca

Nacido en Corulla, Barcelona en 1943, Valentín Fuster, pudo ser un deportista destacado. Practicó el tenis y tuvo posibilidades de destacarse en él. Hoy con 68 años sigue siendo un ciclista casi de competencia. Y cuando no le puede dar a los pedales a cielo abierto utiliza unos rodillos que según él le proporcionan el mismo efecto bienhechor.

La historia de este cardiólogo catalán, por eso su real nombre es Valenti, parecía predestinada a la medicina: hijo y nieto de profesionales en esta rama, lógicamente su camino debía ser el mismo. Pero el tenis y el ciclismo lo atraían mucho. Y precisamente ese deporte de raquetas y bolas lo hizo acercarse al Dr. Pedro Farreras, autor de un manual de medicina interna, con el que compartía la afición por el deporte.

Farreras, con más experiencia y aval profesional, se convirtió en su mentor. Fuster que admiraba a su maestro tuvo que soportar su muerte por un infarto a los 49 años. Desde ese instante hasta hoy todos sus estudios se han dirigido a la cardiología.

Abandonó su terruño cuando tenía 27 años, estaba graduado de medicina tanto en la universidad de Barcelona como en Edimburgo. En este último centro docente, gracias a una beca de la fundación Juan March, hizo su tesis doctoral que le valió el Premio Extraordinario.

En Estados Unidos trabajó por una década en la clínica Mayo de Rochester y en 1982 logró una plaza de profesor en el Mount Sinai Hospital de Nueva York. Impartió sus conocimientos en la Escuela Médica Harvard de Boston, entre 1991 y 1994, fecha en la que dirigió el Instituto de Cardiología del hospital Monte Sinaí.

Toda su carrera la ha desarrollado en Estados Unidos, pero sin perder el vínculo con España, pues año tras año ha ofrecido conferencias o realizado talleres en centros docentes y asistenciales de su tierra natal y desde hace cerca de un lustro preside el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) en España que intenta liderear parte de las investigaciones que se hacen en Europa.

Es Doctor Honoris causa de numerosas universidades, es director del Instituto Cardiovascular del hospital Mount Sinai de Nueva York, presidente del comité científico del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares español y presidente de la Federación Mundial del Corazón. En 1996 por sus investigaciones recibió el premio Príncipe de Asturias de Investigación. En el 2011 mereció el Gran Premio científico del Instituto de Francia, considerado el Oscar de la medicina.

Se lo entregó el presidente de la Academia de las Ciencias, el Dr. Alain Carpentier, otra celebridad mundial en los avatares del corazón. El Dr. Carpentier dijo “Es uno de los grandes científicos de nuestro tiempo y además en un área que es especialmente de actualidad, dado que se trata de la enfermedad de las arterias coronarias (…) Ha dedicado décadas a investigar los mecanismos que producen esta enfermedad junto con su equipo, y sus contribuciones han sido determinantes para la comprensión de la enfermedad, para su tratamiento y para la prevención”.

Por su parte Fuster señaló: “”Uno piensa enseguida en los colaboradores que uno ha tenido (…) Esto no es un trabajo de una persona sino de varios investigadores, de equipos, algunos de ellos están en España y otros están en Estados Unidos”, y tuvo palabras de elogio para su compañera María Ángeles “Tengo una esposa que me hace un soporte impresionante, yo creo que se lo tenían que haber dado a ella”.

Actualmente, Fuster lucha porque la alimentación forme parte del sistema de educación, incluso publicó el libro Monstruos Supersanos, con la Editorial Planeta dirigido a los menores para que vean a héroes que sólo comen alimentos sanos y son “superfuertes”.

Fuster ha fundado varias asociaciones relacionadas con la infancia y el buen comer. Para este científico hoy comemos peor que en toda la historia del planeta tierra. Exige que los gobiernos adopten medidas y se prohíba expandir la comida chatarra. “La enfermedad cardiovascular ha sido durante muchos años ignorada por Gobiernos, dirigentes políticos y agencias de salud. Este error debe corregirse urgentemente”. El eminente cardiólogo catalán señala que esta enfermedad “es fundamentalmente adquirida, y por ello está en gran medida en nuestras manos el poder evitarla modificando nuestros hábitos”.

El reconocido especialista ha publicado unos doce libros y más de 400 artículos sobre afecciones de la arteria coronaria, arterioesclerosis y trombosis.

Es un investigador que despierta acaloradas polémicas por ejemplo con la polipíldora, que él defiende como conjuradora del infarto y otros también reconocidos especialistas no le confieren ese valor. Acerca de las células madre Fuster cree que aún queda mucho por investigar. Incluso piensa que se adelantó su uso en seres humanos, que se debía haber esperado más en los experimentos con animales.

Hombre reclamado por cardiólogos y periodistas en cualquier lugar del mundo, ha respondido miles de preguntas de las que ponemos algunas a consideración de ustedes.

-¿Qué es peor para el corazón, el estrés o la mala alimentación

-El corazón es mucho más complejo que todo eso. Lo peor, tal vez, sea no enseñar a los niños lo que significa la palabra tolerancia”.

- ¿Una vida sana no es aburrida?

-No. La felicidad es un capítulo en este libro, y se basa simplemente en un sentido de lleno total, físico y mental.

- ¿La felicidad puede adquirirse comiendo una manzanita o abandonando las grasas?

- Pero hablamos de muchos factores: hacer ejercicio, por ejemplo, da fuerza al cerebro, cognitivamente hablando, y una buena sensación física.

- ¿Y usted hace vida sana o en casa del herrero…?

- Yo la hago.

-No será con los faroles que se marca de que sube en bici los puertos del Tour de Francia.

-He hecho todos, menos uno que haré este año: el Puy de Dôme.

-¿Gastro-nómicamente qué es lo que pierde?

-A mí me gusta mucho la comida. Pero soy de los que, cuando voy a un restaurante, tomo dos aperitivos, nunca un plato principal. Escojo lo que más me gusta, pero platos pequeños.

- ¿Usted es todo corazón?

-No. Hay mucho cerebro.

- ¿En el cole ya apuntaba maneras de megacardiólogo?

-No. Yo no era un buen estudiante. Jugaba muchas horas al tenis, y un día me dije: vas a hacer algo en serio. Entré en medicina. Y soy muy obsesivo: cuando me responsabilizo de algo, me entrego.

- ¿Cuál es su sueño más recurrente: arterias y ventrículos o Sharon Stone en su consulta?

-Ni lo uno ni lo otro. Es la gente joven con la que trabajo.

-¿Es usted una eminencia?

- Mire usted, yo soy una persona muy normal.

- ¿Cuándo nos enamoramos se entera el corazón?

- El corazón puede palpitar. Pero no tiene nada más que ver.

-¿La prensa o los programas del corazón tienen grasa, caspa o colesterol?

-Yo no los miro. Creo que es absurdo.

- Deme una receta antiestrés.

-Tres puntos fundamentales: el ejercicio físico, la relajación como el yoga y la reflexión de, al menos, veinte minutos al día, en los que usted piensa y se organiza.

- ¿Usted se divierte?

- Leo mucho, hago mucho deporte, hablo con mucha gente y tengo una vida muy variada.

- Sin olvidar que debe de ser una fiera con la bici.

- Llevo diez años con el ciclismo. Y en realidad me entreno sin bicicleta.

- Pues eso sí que tiene mérito.

- Me entreno con el rodillo, utilizando la musculatura que luego usaré con la bicicleta. Creo que si subo todos esos puertos, el cincuenta por ciento es mental, confianza en mí mismo. Esto es básico para todo.

- Y a usted le sobra esa confianza.

- La he ganado. Yo tengo confianza en mis inseguridades. Hago lo que mi responsabilidad me dicta. Y esto me da tranquilidad. Vivimos en un mundo completamente loco al que tengo miedo.

- El año pasado predijo una trágica epidemia mundial de la enfermedad cardiovascular.

-Y por desgracia los hechos me están dando la razón. Este año tenemos datos más precisos de la Organización Mundial de la Salud y del Banco Mundial. Es así, y tenemos que hacer algo, porque las razones de esta epidemia están muy claras. Las principales son la obesidad y la diabetes. En los países en desarrollo se están empezando a consumir demasiadas calorías. Por otro lado, no me da la impresión de que la prevención sea una prioridad para los países desarrollados. Debería serlo.

- Pocas decisiones hay más personales que la cantidad de calorías que uno ingiere al día. ¿Qué pueden hacer los Gobiernos para evitar que comamos demasiado?

- Uno siempre tiembla cuando se habla de prohibiciones, pero esto no puede seguir así, y los Gobiernos tienen que tomar decisiones, deben controlar más la alimentación. Un simple programa de alimentación en el este de Finlandia ha logrado reducir el 10% los índices de colesterol de la población. Un pequeño cambio de alimentación tiene un impacto enorme en la población. Los Gobiernos pueden influir. Se puede limitar el contenido calórico de ciertos productos alimentarios. Se pueden hacer campañas para informar a la gente de los riesgos.

- Comer lo que uno quiere es un ejercicio de libertad, ¿no?

- Depende de la definición de libertad que uno adopte. No sé cómo podemos hablar de libertad cuando los presupuestos de salud crecen de tal forma que pronto será imposible asumirlos. La libertad no es incompatible con un cierto control. Nadie cuestiona que los medicamentos se controlen, por ejemplo. Mi impresión es que las cadenas de comida rápida acabarán como las tabacaleras.

- ¿Cómo ve los ensayos clínicos en curso para reparar los corazones infartados mediante células madre adultas?

- Son una realidad, pero la cuestión es si tendrán impacto. Mi impresión es que inyectar células madre una sola vez no tendrá mucho efecto. Hay que encontrar una forma de estimularlas farmacológicamente de manera continua. Nuestro laboratorio trabaja en esa línea.

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