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La Cuba en que nació Antonio Maceo La Cuba en que nació Antonio Maceo

By bmn | enero 10, 2013

Selección: Maria del Carmen Gonzalez Rivero

Fuente
Por María Elena Balán

Cuando el 14 de junio de 1845, se escucharon los primeros gemidos del pequeño Antonio, la Patria que defendería cuando fuera hombre vivía un panorama político y social que no podía ser más desolador.

España gobernaba con mano de hierro, ahogando en sangre cualquier intento independentista. Los de la raza negra eran quienes sufrían más aquel régimen de oprobio.

Un año antes del nacimiento de Antonio Maceo habían ocurrido los sucesos de la Conspiración de la Escalera, que culminaron con la polémica ejecución del poeta mestizo Plácido y varios de sus compañeros, bajo una acusación no comprobada, de conspirar para instaurar una República de negros.

Era tanto el odio a esa raza, que el Capitán General de la metrópoli fue calificado de liberal por llamar niños a hijos de esclavos libertos.

Maceo tuvo una infancia feliz

No obstante todos los prejuicios raciales y la situación que vivía Cuba, Antonio Maceo tuvo una infancia feliz. Su padre, Marcos Maceo, se había casado con Mariana Grajales en 1843, después que ésta tuvo cuatro hijos con su primer esposo.

Marcos era un mulato, de origen venezolano, que se había abierto paso en los negocios. Cuando nació Antonio, su progenitor poseía una finca de nueve caballerías, llamada La Granada, en las estribaciones de la Sierra Maestra, lo que le garantizaba mantener a su familia decorosamente.

Antonio cursó solamente la primera enseñanza, nivel permitido a un niño negro en aquella época, pero su educación se consolidó con la formación moral que recibió en su hogar y su afán por cultivar sus conocimientos, en lo que influyó también su padrino, quien vivía en la ciudad de Santiago de Cuba.

Con apenas 17 años Antonio Maceo comenzó a ir a la ciudad de Santiago de Cuba, para comerciar los productos que cultivaban y atender los asuntos de la hacienda familiar. En esos viajes entró en contacto con patriotas y hombres ilustres, que influyeron en la decisión que tomaría en el futuro: Hacer libre a Cuba.

Integró la Logía Oriente, donde se nuclearon revolucionarios cubanos y personas de ideas avanzadas. Allí se completó una etapa de la formación del joven Maceo, que pocos años después se sumaría a la gesta independentista, para ir conquistando, tras relevantes triunfos frente al enemigo, cada uno de sus grados militares y un prestigio que lo hizo ser respetado hasta por los representantes de la metrópoli.

La goleta Compétitor y el combate de Cacarajícara

El 27 de abril de 1896, el General Antonio Maceo recibió el aviso de que por la playa La Mulata estaba a la vista una expedición en apoyo de los insurrectos. En la goleta Compétitor venían cerca de 45 hombres con 100 rifles y 24 000 tiros, enviados por los emigrados cubanos en Cayo Hueso para apoyar a Maceo.

En su desembarco fueron sorprendidos por una lancha cañonera española, con la cual sostuvieron intercambio de disparos. Ese hecho conllevó a que los expedicionarios, si bien pudieron salvar los fusiles, sólo lograron desembarcar 10 000 cartuchos.

En su camino hacia el lugar donde se encontraban los ocupantes de la goleta, el jefe insurrecto conoció de la presencia del General español Suárez Inclán, quien al parecer había cambiado sus planes.

Maceo tomó la delantera a los peninsulares

Previendo un cambio de plan del general español Suárez Inclán, quien había abandonado la zona de Tapia, Antonio Maceo decidió situar al coronel Sotomayor en Cacarajícara, para apoyar a los guardianes de los talleres y el hospital mambí.

Todo parecía indicar que Suárez Inclán se dirigía al lugar. Más tarde se comprobó que fue el propio Weyler quien tramó aquel ataque para acabar con el coronel Socarrás.

Al realizar personalmente una exploración el 30 de abril, Maceo divisó algunos soldados de la columna enemiga que quedaron en la retaguardia y sacó la conclusión de que las tropas se dirigían, efectivamente, a Cacarajícara.

Su reacción fue rápida, sin perder tiempo tomó, junto a sus compañeros, por los atajos que le permitirían coger la delantera a los peninsulares.

Un lugar ideal para la victoria

Cacarajícara está situada al sur de Bahía Honda, en una loma de dos leguas de extensión, con un río al fondo y espesos parajes que ubicaban a los mambises en óptimas condiciones para hacerle frente al enemigo.

Maceo sólo tenía a su disposición los 25 hombres de guardia en el lugar y los soldados y los oficiales que le acompañaban, los cuales sumaban unos 170 en conjunto.

La vanguardia enemiga fue sorprendida por una emboscada y los españoles establecieron un intenso fuego, pero sin poder avanzar. Las municiones de los independentistas cubanos comenzaron a agotarse, y cuando en esa crisis del combate Antonio Maceo y sus oficiales echaron mano a sus revólveres gritando ¡Al machete!, para atemorizar al enemigo, llegó un refuerzo armado con la carga de la expedición.

¡Que cáscara de Jicara!

Los primeros y únicos 10 000 tiros recibidos en toda la campaña le llegaron a Maceo en pleno combate en Cacarajícara, cuando el coronel Ducasse arribó con un refuerzo de 150 hombres bien armados.

Maceo dispuso a las tropas en otras posiciones, muy efectivas para detener el grueso de la columna española. En sus crónicas, José Miró Argenter señaló que los soldados caían como espigas segadas por la hoz.

Ante la aplastante victoria mambisa, el Titán de Bronce exclamó: ¡Qué cáscara de jícara! y la satisfacción del caudillo contagió a su tropa, que prorrompió en vítores entusiastas.

El general Suárez Inclán pudo escapar a duras penas, con un resultado de más de 200 muertos y heridos, contra cinco muertos y 13 heridos mambises.

Las hazañas de Maceo trascienden fronteras

Tan significativas eran las hazañas de Antonio Maceo en los primeros seis meses de 1896, que el diplomático y periodista inglés Charles Eikers, representante del diario London Time, publicó el 6 de junio de aquel año: ¨Con un ejército de 175 000 hombres, con materiales de todas clases en cantidad ilimitada, tiempo hermoso, poca o ninguna enfermedad entre las tropas, en una palabra, teniéndolo todo a su favor, el general Weyler se siente satisfecho sólo permaneciendo a la defensiva.

Y no puede argüirse la excusa de que los insurrectos no se reconcentran suficientemente para que tengan efecto serios encuentros. A 18 millas del centro de las líneas españolas, se encuentra acampado desde marzo último el general rebelde Antonio Maceo con su ejército.

El artículo publicado por el diplomático y periodista inglés Charles Eikers, del London Time, el 6 de junio de 1896, daba a entender que los españoles sufrían su derrotismo, aún sin enfrentarse directamente al general Antonio Maceo, quien estaba en el mismo campamento pinareño desde hacía algún tiempo.

Eikers daba a conocer que, incluso, un general español le había señalado el lugar donde se encontraba el jefe mambí, y añadía que los oficiales peninsulares sólo concentraban su atención en si maceo podría cruzar la Trocha de Mariel a Majana.

Sin duda alguna –afirmaba el periodista y diplomático inglés- cuando le convenga al líder insurrecto procurará romper la línea, y mientras tanto le basta con quedarse donde está y obligar a más de la tercera parte del ejército español a estar a la defensiva.

Mientras la fama de Antonio Maceo crecía dentro y fuera de Cuba, el jefe mambí se encontraba ocupado en determinar el mejor plan contra el enemigo, apoyado por el valioso servicio de agentes secretos organizado por él.

El 6 de junio de 1896 recibió de su informante, el patriota Perfecto Lacoste, los planos del estado mayor español en Pinar del Río, sustraídos audazmente por el joven cubano Emilio Carrera Peña-Redonda de las propias oficinas del Palacio de los Capitanes Generales.

Lacoste le comunicó en su carta a Maceo detalles del último bando de Weyler sobre la producción tabacalera y el estado de la conspiración en La Habana.

Coincidentemente, el 6 de junio de 1961, 65 años después, fue creado el Ministerio del Interior, que tuvo en la red secreta de Maceo un valioso antecedente.

El 8 de junio de 1896, el general Antonio Maceo le escribió a su agente secreto Diego González, seudónimo de Perfecto Lacoste, confirmándole que había recibido documentos y manejaba la posibilidad de salir temporalmente de Pinar del Río, donde su estancia resultaba peligrosa, según valoraban muchos patriotas y jefes mambises.

El propio Máximo Gómez había pedido al Titán de Bronce que dejara aquella zona de operaciones tan riesgosa. En carta a Lacoste, Maceo le solicitó informaciones exactas sobre la política internacional y la situación española, ya que saldría de Vueltabajo para entrevistarse con el Generalísimo, y trazar nuevos planes de acción. Pero aquel viaje no se realizó. El Titán de Bronce había decidido no abandonar Pinar del Río.

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